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LA ACTITUD DE INDIA Y PAKISTÁN HACIA AFGANISTÁN

Giancarlo Elia Valori*

La CIA, el MI6 y el Consejo de Seguridad ruso han señalado recientemente que India está emergiendo como un centro global para el desarrollo de operaciones de inteligencia en suelo afgano, al tiempo que se convierte en el patrocinador vital de la oposición militar a los talibanes.

Un grupo de trabajo conjunto sobre Afganistán establecido por el Servicio Secreto de Inteligencia (Secret Intelligence Service, SIS)-MI6, y el servicio de inteligencia externo de la India, el Ala de Investigación y Análisis (Research and Analysis Wing, RAW), están comenzando a tomar medidas en este sentido.

La nueva estructura fue inaugurada los días 3 y 4 de septiembre de 2021 en presencia de los Directores de ambos Servicios, Richard Moore y Samant Goel. El servicio británico está proporcionando inteligencia y datos sobre el sudeste y el suroeste de Afganistán, donde operó en las últimas dos décadas, mientras que el servicio indio proporciona actualizaciones diarias sobre el norte de Afganistán, donde tiene estrechos vínculos con el grupo étnico no pastún en la región.

Desde la caída de Kabul en agosto pasado, el RAW ha estado estrechamente involucrado en la unión de las fuerzas anti-talibanes en un frente común con el Frente de Resistencia Nacional de Afganistán (NRF), que consiste principalmente en antiguos grupos y organizaciones de la Alianza del Norte.

El servicio indio también ha traído a varios oficiales de la Dirección de Seguridad Nacional (NSD), el antiguo servicio de inteligencia afgano, al campo de operaciones.

Gran Bretaña también puede estar interesada en el vínculo logístico que la India ha establecido con Tayikistán para apoyar a la NRF. También está buscando asistencia india para facilitar el envío, con fines de observación, de drones desde el Aeropuerto Militar Gissar (GMA) de la Fuerza Aérea de la India (IAF) en la aldea de Ayni, cerca de la capital tayika, Dusambé.

La base de GMA también fue el foco de una visita del jefe de la CIA, William Burns, el 8 de septiembre de 2021, cuando se reunió con funcionarios de RAW y Ajit Doval, asesor de seguridad nacional del primer ministro Narendra Damodardas Modi.

Funcionarios estadounidenses discutieron la posible transferencia de unos 20 antiguos aviones de la Fuerza Aérea Afgana y un número igual de helicópteros desde la base de Termez en Uzbekistán a la GMA, donde se pondrían a disposición de la NRF. El ejército estadounidense aceptaría mantenerlos, pero tal acuerdo requeriría un convenio intergubernamental, que requeriría que la Fuerza Aérea de la India comprara piezas de repuesto y otros equipos para los aviones afganos procedentes de la antigua URSS. Los aviones serían operados por el personal de la antigua Fuerza Aérea Afgana, mientras que el gobierno de los Estados Unidos recibiría el pago de las piezas de repuesto.

Mientras tanto, el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (USSOCOM) podría trasladarse a bases indias en Ladakh, en la frontera con Pakistán, para llevar a cabo operaciones antiterroristas. Este último acuerdo entre la Casa Blanca y el enemigo tradicional de Pakistán ha causado cierta tensión en Islambad. Después de visitar la India, Burns se reunió con el jefe de las fuerzas armadas de Pakistán, el mayor Qamar Javed Bajwa, y con Faiz Hamid, jefe de la conocida y poderosa Inteligencia Inter-Servicios (ISI), que siempre ha apoyado a los talibanes actualmente en el poder en Kabul.

Burns estaba en Islamabad el mismo día en que Nikolai Platonovič Patrushev, el Jefe del Consejo de Seguridad ruso, visitó Nueva Delhi, donde también se reunió con Ajit Doval. En una conversación telefónica entre el presidente Vladimir Vladimirovič Putin y Modi el 24 de agosto, los servicios de inteligencia rusos e indios comenzaron a trabajar juntos para establecer una nueva actitud hacia Afganistán. Rusia aceptó la solicitud de la India de asistencia financiera y militar a la NRF. Las fuerzas rusas ya han fortalecido sus posiciones en la vecina Tayikistán. Al Kremlin le gustaría involucrar a Irán en las discusiones y el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores iraní, Hossein Amir-Abdollahian, pronto visitará Nueva Delhi.

A pesar de la cercanía entre la inteligencia de Islamabad y los nuevos gobernantes en Kabul, el fortalecimiento del componente paquistaní de los talibanes, aliado con el Estado Islámico en Jorasán, no le gusta al liderazgo paquistaní del ISI.

Como efecto secundario de la toma del poder por parte de los talibanes en Afganistán, la contraparte paquistaní del movimiento Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) está fortaleciendo su posición en Islamabad, especialmente desde que los nuevos líderes en Afganistán han liberado a varios de sus miembros de la prisión.

Esto está causando cierta preocupación al ISI, especialmente desde que el TTP estableció una alianza con el Estado Islámico en la mencionada provincia de Jorasán (EIPK), que estuvo involucrada en ataques contra una mezquita en Kunduz y el aeropuerto de Kabul el 26 de agosto. Los líderes del ISI pidieron la ayuda de los talibanes para prevenir el desarrollo del TTP.

El primer ministro paquistaní, Imran Khan, anunció que era posible una amnistía para los militantes del TTP que entregaron sus armas y juraron lealtad a la Constitución de Pakistán, pero por el momento los talibanes paquistaníes se han negado a comprometerse. El ISI cree que el TTP está respaldado por el RAW indio, que busca desestabilizar a Pakistán mientras la situación en Afganistán está cambiando.

Liderados desde 2018 por Nour Wali Mehsud, un pariente cercano de Baitullah Mehsud, fundador del movimiento, quien fue asesinado por un avión no tripulado en 2009, los miembros del TTP incluyen a ex miembros de las fuerzas armadas paquistaníes, algunos de los cuales se unieron rápidamente al EIPK.

Otra fuente de preocupación para el ISI es la alianza entre el EIPK y el TTP, que asusta a Kabul, especialmente desde que los ataques en Afganistán han aumentado. El mulá Abdul Haqq Wathiq, jefe del nuevo servicio de inteligencia talibán en Kabul, ha admitido que el EIPK ha logrado crear células durmientes en la capital y ahora está tratando de atacar a funcionarios paquistaníes y afganos y agencias de aplicación de la ley.

El ISI cree que el RAW también está tratando de infiltrarse en el EIPK, pero la expansión del movimiento tiene que ver principalmente con el colapso del régimen de Ashraf Ghani el 15 de agosto y la débil capacidad de seguridad e inteligencia de las nuevas autoridades talibanes.

Como se ha dicho durante mucho tiempo, India y Pakistán son enemigos tradicionales y los amigos cercanos de Pakistán son obviamente enemigos de la India.

Por lo tanto, cuando los talibanes comenzaron a luchar contra el gobierno afgano pro-estadounidense, India continuó invirtiendo dinero y armas para apoyar la alianza anti-talibán. Después de que los Estados Unidos de América invadieran Afganistán, India no dudó en apoyar al nuevo gobierno instalado por la Casa Blanca.

Las estadísticas muestran que desde la guerra en Afganistán en 2001, India ha participado en la construcción de escuelas, carreteras, presas y hospitales en 34 provincias de Afganistán, con una inversión total de más de tres mil millones de dólares.

Incluso antes de la caída final del gobierno de Ghani, India aún estaba invirtiendo dinero y todavía a la espera de un milagro. El milagro, sin embargo, no ocurrió y los talibanes regresaron. Tanto es así que los medios indios se quejaron: tanta inversión e influencia desperdiciada al mismo tiempo.

Los medios de comunicación indios son ampliamente leídos y observados en Afganistán, a pesar de ser escépticos de las promesas liberales de los talibanes.

De hecho, la India está particularmente preocupada. Los mayores desastres extranjeros en la historia de la India han venido de las montañas Hindu Kush en el norte. Aquellos que están familiarizados con la historia saben que la dinastía mogol musulmana, que gobernó la India durante siglos (1526-1803), se originó en Afganistán y luego se dirigió al sur para conquistar la India.

La verdadera preocupación de la India es que el ascenso de los talibanes inspire al pueblo musulmán en la India (cien millones de creyentes) e intensifique el conflicto sectario, particularmente sobre el tema de la Cachemira india.

Lo que más impresionó a los indios fue una declaración de Suhail Shaheen, portavoz del actual gobierno en Kabul. Dijo que los talibanes no tenían ninguna política para lanzar operaciones armadas contra ningún país, pero como musulmanes tenían derecho a hablar de Cachemira a la propia India y a otros países: por primera vez, los talibanes comentaron sobre el tema de Cachemira.

En realidad, es casi imposible resolver todo tipo de contradicciones durante más de veinte años. Sobre todo teniendo en cuenta las profundas contradicciones geopolíticas. Pero después de todo, India es un país vecino y los talibanes no tienen interés en chocar directamente con él.

Ciertamente habrá conflictos y reclamos, pero hay áreas donde habrá cooperación y un juego de ganar-ganar. El mayor problema en Afganistán ahora es la reconstrucción después de la guerra. Entre los países vecinos, la fortaleza económica de la India es superada solo por China y no es imposible invertir en Afganistán.

Depende de la sabiduría de todas las partes. Ahora, el mundo entero está observando para ver si los talibanes pueden cumplir sus promesas. La ansiedad de la India, sin embargo, es incuestionablemente un hecho fisiológico.

Los talibanes quieren cambiar, ser abiertos y tolerantes, cumplir sus promesas y no tener quejas pasadas con la India. India necesita cambiar su mentalidad. En el pasado, los talibanes eran hermanos de Pakistán, pero ahora, como se señaló anteriormente, hay desacuerdos y contrastes entre Kabul e Islamabad, entre un aliado tradicional y algunos componentes afganos de origen paquistaní que juegan en la desestabilización.

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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GUERRAS, ARMAS Y PROHIBICIONES

Marcos Kowalski*

Imagen de Michal Jarmoluk en Pixabay 

Muchísimas veces se ha escuchado decir que en las guerras todo vale, pero no es así. En la comunidad internacional hay un marcado rechazo a los conflictos sin restricciones, los tratados internacionales del último siglo demuestran que en el frente de batalla no todo vale. Incluso las armas “convencionales” (las que no son nucleares, por ejemplo) tienen regulaciones.

Todos los días vemos conflictos armados, están a la orden de la historia, pero las armas y las formas de usarlas han evolucionado volviéndose más letales, sobre todo en los últimos doscientos años. A partir del siglo XIX, ejércitos cada vez más grandes y mejor equipados han provocado más destrucción y muertes de militares, pero también de civiles. Ante esa escalada de víctimas, la comunidad internacional ha intentado fijar “reglas” para la guerra, con mayor o menor éxito.

Las Conferencias de la Haya de 1899 y 1907 y las dos primeras Convenciones de Ginebra de 1929 fueron esfuerzos pioneros para mitigar los daños de los conflictos armados. La “ley de la Haya” regulaba los principios y límites de la guerra, mientras que la “ley de Ginebra” buscaba proteger a las víctimas y a los más vulnerables.

Con el tiempo, la unión de ambas dio paso al derecho internacional humanitario para la guerra. Mediante distintos tratados, este derecho ha amparado a los “no combatientes”, como civiles, prisioneros de guerra y heridos, mientras limita el desarrollo o uso de armas para así evitar o reducir el impacto de los conflictos en los seres humanos.

Recordemos, como antecedente a estas prohibiciones, a la declaración de San Petersburgo de 1868. Tras el desarrollo de balas explosivas, el Imperio ruso las consideró demasiado violentas y evitó usarlas, así que sugirió una prohibición universal para que otros Estados tampoco las fabricasen. Por primera vez se prohibía un arma antes de haber sido probada en combate.

Surge así la idea que armas de ese estilo, que agravan los sufrimientos de los combatientes heridos o hicieran inevitable su muerte, iban en contra de la idea extendida de que el propósito de la guerra era debilitar la fuerza militar del enemigo, no destruirlo. Para finales del siglo XIX y ante una creciente rivalidad de las potencias militares de la época, se celebraron las Conferencias de la Haya de 1899 y 1907.

No pudieron evitar el conflicto pero de allí surgieron iniciativas para limitar distintas armas que estaban en desarrollo o que empezaban a usarse, como los proyectiles que difunden gases asfixiantes o nocivos, o los proyectiles que se expanden o deforman en el cuerpo humano, conocidas como balas “Dum-dum” y que incluyen las de punta hueca y punta blanda.

Estas prohibiciones no incluyeron otros avances de la industria militar, como el tanque, los bombarderos o los submarinos, proyectos de sistemas de armas que siguieron su curso e incluso se desplegaron a gran escala en la experiencia traumática de la primera guerra mundial, llamada la “gran guerra” conflicto que provoco millones de muertos entre militares y civiles.

Es en estas circunstancias que se creó la Sociedad de Naciones en 1920, con el objetivo de propiciar la paz y prevenir futuras guerras. Esta organización promovió la reducción y el control del armamento militar convencional de sus Estados miembros, que resultaron en varios acuerdos durante el periodo de entreguerras hasta 1939. Pero, una vez más, estas iniciativas fracasaron con el rearme generalizado y la Segunda Guerra Mundial.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se produce la denominada “Guerra Fría”, con la aparición de las armas atómicas, desviando los esfuerzos internacionales por el control armamentístico hacia la cuestión nuclear. No obstante, en la recién creada Organización de las Naciones Unidas, ONU, se forma la Comisión sobre armas que precisó en 1948 el concepto de “armas de destrucción masiva”.

Empezarían así a diferenciarse las armas Nucleares, Biológicas y Químicas, como armas de destrucción masiva, cuyo uso, incluso limitado, puede causar estragos a toda la población, civil o militar, del resto de armas que equipan a los ejércitos del mundo, las armas denominadas convencionales. La ONU clasifica estas últimas armas en Pesadas o Livianas.

Las primeras, armas convencionales pesadas, incluyen siete tipos de armamentos de gran tamaño, desde tanques hasta helicópteros de combate o navíos de guerra, mientras que las segundas, armas convencionales livianas, son aquellas que equipan a los soldados aislados, las patrullas e incluso las unidades de combate, sean armas de “puño”, como pistolas y sub fusiles, de “hombro” como rifles de asalto, o “ligeras”, como lanzagranadas, ametralladoras y morteros.

Durante la Guerra Fría, la rivalidad entre Estados Unidos y la URSS por la hegemonía mundial contribuyó a distintos conflictos armados en otros países que les evitaron un enfrentamiento directo. Como era demasiado peligroso desplegar armas nucleares en combate, la proliferación de armas convencionales encontró en Corea, Vietnam o Afganistán oportunidades para probar nuevos modelos y sistemas.

El Comité Internacional de la Cruz Roja, a mediados del siglo XX había instado a prohibir las armas convencionales que no distinguen entre combatientes y no combatientes, y las que causen heridas o sufrimientos innecesarios. Una conferencia de expertos logró definir este armamento en 1974.

Sin embargo, en otra conferencia, esta vez realizada por la Diplomacia y que duró hasta 1977, surgieron diferencias entre Estados, como Suiza o Noruega, y los bloques militares de Estados Unidos y la Unión Soviética, que, más reacios a las prohibiciones, entendían que estas solo podían decidirse en la ONU.

Es de esa forma que se decide reunir la Asamblea General de la ONU para establecer una conferencia específica sobre estas armas. En 1980 nació el Convenio sobre la Prohibición y Restricción de Ciertas Armas Convencionales (CAC). El CAC, reúne reglas generales que llevan a que las armas se regulen mediante protocolos concretos, que en principio fueron tres.

El primero prohíbe las armas que hieren por fragmentos no detectables por rayos X como los explosivos de fragmentación, explosivos hechos de plástico o cristal. Esa prohibición se basa en la idea de que impedir o dificultar la asistencia médica a un combatiente herido y retirado del campo de batalla solo suma daños innecesarios. Dado el uso casi nulo de estas armas, la postura no tuvo opositores.

El segundo protocolo restringe distintos artefactos, como las trampas “caza-bobos”, que son aquellas que atraen a las personas y se activan cuando se acercan o las manipulan. Habituales en la guerra de guerrillas, como las utilizadas por el Vietcong contra los soldados norteamericanos. Una de las principales prohibiciones es su uso en lugares con civiles y dentro de objetos inofensivos. Durante guerra en Siria, el grupo terrorista ISIS llegó a utilizarlas contra civiles con explosivos improvisados dentro de juguetes o televisores.

Este segundo protocolo es el que trata, también, sobre las minas terrestres de gran efecto contra la población civil. Los campos de minas son fáciles de sembrar, pero difíciles de limpiar y décadas después de los combates todavía matan o mutilan. A pesar de la enmienda al Protocolo II en 1996, la falta de consenso para prohibirlas llevó a negociar un tratado aparte, la Convención de Ottawa de 1997.

El último de los tres protocolos originales trata sobre las armas incendiarias, que son aquellas que aparte de incendiar objetos causan quemaduras a las personas mediante llamas o calor, como el napalm o los lanzallamas. Se usaron durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, y volvieron a verse en las guerras de Corea y Vietnam. Su inclusión en el CAC planteó el rechazo por parte de Estados Unidos y el Reino Unido que defendían su uso para operaciones concretas, como, por ejemplo, contra objetivos militares.

La oposición de estos dos Estados, finalmente, impidió una prohibición total. Por tanto, este protocolo prohíbe atacar con armas incendiarias por medios aéreos a la población y a objetivos militares en zonas de concentración civil, pero sí pueden utilizarse contra fuerzas enemigas, siempre que se hayan adoptado todas las precauciones posibles para minimizar víctimas colaterales.

En los últimos tiempos con un resurgimiento de amenazas apareció una nueva “guerra fría” donde China y la Federación de Rusia, heredera de la URSS, aparecen como el principal desafío a la hegemonía militar estadounidense.

En la actualidad todas estas potencias han realizado grandes avances en la electróptica y fundamentalmente en las aplicaciones militares de los sistemas láser. Sistemas en pleno desarrollo, todavía experimental, pero que ya en los años noventa aparecían como armas láser antipersonales, provocaron un debate impulsado por el Comité Internacional de la Cruz Roja, donde se consensuó que no eran aceptables, pues con ellas se busca causar ceguera que puede ser permanente. El CAC sumó así un cuarto protocolo en 1995, siendo la primera vez desde aquellas balas explosivas del Imperio ruso que se prohibía un arma antes de haberse visto en combate.

El nuevo contexto de los conflictos desde fines del siglo XX hasta nuestros días, por ejemplo entre 1990 y 1999, se consideraban activos 118 conflictos armados de los cuales solo diez eran internacionales. Como respuesta a esa tendencia el CAC se amplió en 2001 a los denominados conflictos armados internos, los de conmoción interior de los Estados, que ganaron aún más protagonismo con la “guerra contra el terror” que promovió Estados Unidos tras los atentados del 11S. 

Finalmente, en 2003 se añadiría un quinto protocolo del CAC, sobre restos explosivos de guerra que abarca las municiones que el Convenio no contemplaba, como granadas, bombas aéreas o proyectiles de artillería que no explotaron durante los combates y que aún pueden amenazar la vida de las personas.

Con relación a otras armas como las municiones de racimo, que son aquellas que contienen numerosos proyectiles explosivos en su interior que se diseminan sobre un área extensa y que pueden convertirse en restos explosivos de guerra, los esfuerzos por acordar un nuevo protocolo para limitarlas o prohibirlas no han tenido éxito. La causa principal de este punto muerto son los intereses económicos de los fabricantes de municiones de racimo, como Estados Unidos, Rusia, China, Israel, India y Pakistán. Los cuatro primeros también están entre los mayores exportadores de armas del mundo.

Sobre este tema, Noruega inició en 2006 una negociación para prohibir estas armas. La iniciativa culminó en la Convención sobre municiones de Racimo de 2008 con la participación de 123 Estados hasta ahora. Se impulsaron nuevas obligaciones a los Estados miembros y medidas de asistencia a las víctimas. Pese a la ausencia de los grandes productores, la inversión estatal y de instituciones financieras para fabricarlas ha caído un 70% en los últimos años.

El CAC goza de flexibilidad, sus cinco protocolos están ratificados en distinto número por los 125 países que lo suscriben y se han podido revisar en las llamadas conferencias de examen. En los últimos años, por ejemplo, se está discutiendo como proceder con los sistemas de armas autónomos letales como drones o robots militares, pero la decisión está en el aire ante la nueva carrera armamentista y tecnológica entre potencias globales.

Por lo pronto, el uso creciente de aeronaves armadas no tripuladas, por parte de Estados Unidos, China, Rusia, Turquía y otros muchos países en conflicto o en acciones antiterroristas, perfeccionadas incluso con inteligencia artificial se viene incrementando en forma exponencial.

Aunque las armas convencionales provocan daños más limitados que las de destrucción masiva, el número de víctimas provocado en el mundo por estas armas es al día de la fecha muy superior. La Oficina de Asuntos de Desarme de Naciones Unidas estimó que casi el 50% de las muertes violentas entre 2010 y 2015, más de 200.000 al año, involucraron armas livianas.

Ocurre que las armas de destrucción masiva están más controladas. El derecho internacional es clave para limitar las armas convencionales más dañinas o de uso indiscriminado permitiendo a los Estados anticiparse a los desafíos que plantea la aparición de nuevos armamentos. Estas armas, ligadas a los conflictos bélicos y a las distintas amenazas de la actualidad no van a desaparecer, por el contrario, proliferarán.

El CAC, como todo acuerdo internacional, tiene puntos débiles que le restan efectividad, carece de mecanismos de verificación y aplicación así como de un proceso ante incumplimientos. Además, los nuevos protocolos suelen estancarse por los intereses opuestos entre los Estados parte. Estos vacíos han llevado a crear convenciones alternativas como las de Ottawa, sobre minas terrestres, u Oslo, sobre municiones de racimo, pero al final las guerras y los conflictos no desaparecerán y cada Estado deberá procurarse su propia defensa.

 

* Jurista USAL con especialización en derecho internacional público y derecho penal. Politólogo y asesor. Docente universitario. Aviador, piloto de aviones y helicópteros. Estudioso de la estrategia global y conflictos. 

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RUSIA Y LOS PAÍSES DE ASIA CENTRAL LUEGO DE LA VICTORIA TALIBÁN

Giancarlo Elia Valori*

16 y 17 de julio. China, Rusia y los demás miembros de la la Organización de Cooperación de Shanghái (Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán) se reunieron en Dusambé, capital de Tayikistán, en la que se abordó la cuestión del avance de los talibanes en Afganistán. Foto: AsiaNews (Italia), http://www.asianews.it/noticias-es/Rusia,-China-y-los-pa%C3%ADses-de-Asia-Central-se-preparan-para-la-victoria-de-los-talibanes-53655.html

Si bien los Estados interesados prestan atención a la situación en Afganistán, también están ajustando constantemente sus políticas hacia este país. Una nueva ronda de “juegos” sobre la cuestión afgana acaba de comenzar.

La retirada de las tropas soviéticas de Afganistán en 1989 no sólo fue un punto de inflexión en la historia afgana y soviético-rusa, sino que también tuvo un profundo impacto en la geopolítica y la situación internacional. Los abruptos acontecimientos políticos y la situación en Afganistán están catalizando los cambios geopolíticos regionales.

Desde el punto de vista de la orientación política, el factor más importante a los ojos de los Estados Unidos, radica actualmente en las direcciones estratégicas nacionales e internacionales, más que en cuestiones como la lucha contra el terrorismo regional. Después de la eliminación de Bin Laden, la lucha contra el terrorismo ya no se consideraba la cuestión más importante y prioritaria. Tanto el ex presidente Trump como el actual presidente Biden han enfatizado que la Casa Blanca ya no tiene ninguna obligación de ayudar a Afganistán a construir una nación democrática, digan lo que digan los especialistas europeos sobre la cuestión.

El presidente Biden cree que las principales tareas son restaurar la moral y la confianza pública de las agencias gubernamentales que se han visto afectadas por su cambio y mantener el estatus de Estados Unidos como la potencia hegemónica del mundo. En su discurso pronunciado el 16 de agosto, el presidente Biden dijo nuevamente: “Nuestros verdaderos competidores estratégicos, la República Popular de China y Rusia, tienen la mayor esperanza de que Estados Unidos continúe invirtiendo miles de millones de dólares en recursos y atención cada año indefinidamente para estabilizar la situación en Afganistán”.

Por lo tanto, la rápida derrota del gobierno de Ghani en el país no solo no cambió la comprensión de Biden de las políticas de Afganistán, sino que reforzó su creencia de que tenía razón al retirar las tropas: “Los acontecimientos de la semana pasada han demostrado aún más que Estados Unidos ha tomado la decisión correcta de poner fin a la intervención militar en Afganistán”.

Al tiempo que retira las tropas y reduce la inversión, la Administración Biden ha expresado la esperanza de que la República Popular China y Rusia asuman más responsabilidad para mantener la estabilidad afgana, salvando de alguna manera la cara de Estados Unidos al “dejar” un país pacificado. Al hacerlo, los Estados Unidos aprecian la ilusión de que conservarán un mínimo de presencia política al no ceder todo el poder regional a China, Rusia, etc. Por lo tanto, Estados Unidos está ansioso por alcanzar un acuerdo de paz dentro de Afganistán e incluso ha inducido la apariencia del antiguo gobierno afgano a comprometerse con los talibanes en muchas ocasiones. Sin embargo, las políticas de la Administración Biden no han promovido realmente las conversaciones de paz en Afganistán y los talibanes no solo han logrado sus objetivos a través de la fuerza militar, sino también al converger con terceros actores.

Si bien el regreso de los talibanes y la rápida derrota del gobierno títere han demostrado un completo fracaso de la política estadounidense, Estados Unidos seguirá siendo un jugador clave en los asuntos exteriores afganos en el futuro.

Dado que la acción militar de 20 años de Estados Unidos nunca ha mostrado ningún resultado evidente, Rusia ha cambiado gradualmente su actitud hacia los talibanes afganos y su política, pasando de un apoyo simbólico a las operaciones militares de la OTAN a un llamado a usar medios políticos para resolver el problema afgano de un siglo de antigüedad. Rusia está dispuesta a actuar como intermediario para promover activamente las negociaciones políticas entre los Estados Unidos y los talibanes: por lo tanto, las cautelosas aperturas del presidente Biden a su antiguo enemigo número uno no son sorprendentes.

Desde el comienzo de las negociaciones internas en Afganistán, Rusia ha estado en contacto con varias partes interesadas para garantizar que desempeñará su papel en el futuro. Aunque Rusia siempre se ha opuesto a las organizaciones extremistas (incluidos los talibanes), a medida que las realidades fueron cambiando, ha comenzado a proporcionar un apoyo parcial a los talibanes en los últimos años. Y en julio, cuando la inteligencia de Rusia percibió el colapso y la retirada de Estados Unidos, los dos antiguos enemigos fortalecieron aún más sus lazos políticos. Por lo tanto, a partir de los errores intervencionistas de Brezhnev, hemos pasado a la astucia y la perspicacia del presidente Putin, un ex coronel de la KGB.

Rusia podría desempeñar un papel decisivo en Afganistán. Por un lado, la retirada de Estados Unidos ofrece a Rusia oportunidades y margen de maniobra para profundizar su influencia regional; por otro lado, por razones de seguridad nacional, Rusia no quiere que a la retirada de Estados Unidos prosiga una recaída del terrorismo y del extremismo en un territorio limítrofe con las repúblicas musulmanas que, a su vez, comparten una frontera común con Rusia, sin olvidar la ceniza que cubre el incendio checheno.

El regreso de los talibanes al poder en Afganistán parece una conclusión inevitable basada en el análisis de la situación actual y pasada, teniendo en cuenta su fuerza y determinación militar. Este retorno, sin embargo, ha planteado las preocupaciones del establecimiento de los países de Asia Central (de herencia soviética), por lo que Rusia ha aprovechado la oportunidad para fortalecer su presencia militar e influencia política en Asia Central. No olvidemos que el 5 de agosto, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán realizaron ejercicios militares conjuntos en la zona fronteriza con Afganistán para garantizar el control de la frontera tayika.

La seguridad y la estabilidad de un país clave como Afganistán siempre han sido una parte importante de la seguridad regional en Asia meridional. India, una potencia nuclear y un actor importante en las relaciones internacionales, con su amistad de larga data con Rusia como un socio anti-Pakistán pro-China, siempre se ha posicionado como una potencia líder en el sur de Asia y ve su intervención de mantenimiento de la paz en Afganistán como un canal para fortalecer su influencia internacional tradicional.

Teniendo en cuenta la seguridad nacional y los vínculos inextricables entre los talibanes afganos y Pakistán, la India no quería que Afganistán cayera en manos de los talibanes en absoluto, que es la razón por la cual la India ha apoyado durante mucho tiempo al gobierno afgano, rectius el municipio de Kabul. Desde el comienzo de la retirada militar de Estados Unidos, India ha estado prestando mucha atención a los acontecimientos afganos y ha relajado gradualmente su actitud hostil hacia los talibanes. Cuando, bajo el ataque de los nuevos gobernantes, las endebles fuerzas gubernamentales se retiraron constantemente, la India permaneció en silencio ante la petición de ayuda del municipio de Kabul, pero al menos hizo todo lo posible para acoger y acomodar a los afganos que buscaban refugio.

Por el momento, la situación general en Afganistán está determinada, y el gobierno indio se enfrenta a una doble presión de Afganistán y de Pakistán. Por un lado, a la India le preocupa que una vez que los talibanes controlen Afganistán, los terroristas se extiendan a Cachemira (el área disputada con Pakistán desde 1946); por otro lado, la relación especial entre los talibanes afganos y Pakistán hace que la India esté profundamente preocupada, por no decir amenazada.

Debido a su estrecha relación con los talibanes afganos, Pakistán desempeñará un papel más importante en las relaciones de este país, pero también enfrentará mayores desafíos y presiones. En vista de completar con éxito la retirada de las fuerzas militares, la Administración Biden, para fortalecer las apariencias, ha comenzado a aflojar las relaciones con Pakistán, pero lo ha confirmado como un socio estadounidense a largo plazo. Los rumores recopilados por varias agencias de inteligencia de que Estados Unidos está tratando de establecer bases militares en Pakistán también indican que la posición de Pakistán en la geoestrategia estadounidense ha sido restaurada, en detrimento de la India.

Siempre ha habido muchos conflictos entre Pakistán y la India sobre cuestiones territoriales, cuestiones étnicas y religiosas y, no menos importante, el problema de los talibanes en Afganistán. La retirada de Estados Unidos podría dar a Pakistán oportunidades para una expansión estratégica y aumentar sus cartas sobre la mesa frente a la India. No en vano, en respuesta a los diversos cambios políticos que podrían tener lugar en Afganistán, Pakistán ha estado participando activamente en el proceso de paz en Afganistán desde que Estados Unidos se retiró. Lo que preocupa a Pakistán es que los líderes talibanes han mostrado una tendencia a deshacerse de la influencia de Pakistán y han buscado una mayor autonomía política. La situación actual en Afganistán parece clara, pero los movimientos y acciones de los líderes afganos, después de tomar con éxito el poder, también están llenos de incertidumbre con Pakistán. Además, el ascenso exitoso del nuevo liderazgo tiene efectos desafiantes y demostrativos en los talibanes que residen en Pakistán (el santuario de los talibanes), así como en el Ejército de Liberación de Baluchistán y otras organizaciones terroristas y separatistas en Pakistán, un problema que enfrenta Pakistán de manera realista. Por razones de seguridad nacional, Pakistán ha bloqueado el punto de cruce más grande en Khyber Pakhtunkhwa (antigua Provincia de la Frontera Noroeste), que limita con Afganistán, y ha entablado negociaciones oficiales con los talibanes.

Turquía, a su vez, siempre ha participado activamente en la cuestión afgana y espera ampliar su influencia en el mundo islámico e incluso gestionar la cuestión afgana. Con un pequeño número de tropas estacionadas en Afganistán, Turquía llegó a un acuerdo con el ejército estadounidense para ayudar voluntariamente en la defensa del aeropuerto de Kabul estratégicamente ubicado, con la esperanza de obtener capital para transacciones con los Estados Unidos, Rusia, Pakistán y partes locales para fortalecer su posición en ese país.

Después de que los talibanes entraron en Kabul, el presidente turco Erdogan mostró su voluntad de mantener las conversaciones de paz, con la esperanza de mantener la presencia militar de Turquía en Afganistán, particularmente en el control del aeropuerto de Kabul. Aunque los talibanes no están contentos de que Turquía haya llegado a un acuerdo con los Estados Unidos para administrar el aeropuerto de Kabul, Turquía seguirá siendo una pieza importante en el tablero de ajedrez afgano en el futuro debido a la base tradicional de sus relaciones con ese antiguo país.

En términos económicos, Afganistán es un canal importante para que los países de Asia central abran el mercado del Asia meridional y lleven a cabo el transporte y el comercio de materiales energéticos. El regreso de los talibanes al poder afecta directamente al comercio con el sur de Asia.

En términos de seguridad, la posible agitación en Afganistán después de la retirada de Estados Unidos amplificará en cierta medida los efectos indirectos del terrorismo en territorio afgano. Causará la propagación de drogas y la afluencia de un gran número de refugiados a Asia Central. Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán limitan con Afganistán. La situación actual ejerce una enorme presión de seguridad sobre los tres países. Bajo tal presión, los tres países pueden revisar los acuerdos bilaterales y multilaterales de defensa y seguridad y los países de Asia Central pueden fortalecer la cooperación dentro de ellos.

Después de la retirada de Estados Unidos, hay señales de que la Casa Blanca y el Kremlin están interesados en reconstruir o expandir las bases militares en Asia Central. Rusia incluso ha organizado un viaje de cinco días de expertos militares a Tayikistán y Uzbekistán, en el campo de tiro de Harb Maidun, cerca de la frontera con Tayikistán.

Mientras que los Estados Unidos y otros países occidentales se están retirando apresuradamente con la cola entre las patas —el embajador italiano fue el primero en hacerlo por orden del Ministro de Relaciones Exteriores de Italia—, los países de Asia Central están extendiendo gradualmente su dependencia de Rusia por razones de seguridad, en caso de que los talibanes no envíen señales de distensión a los Estados de Asia Central en el futuro.

Como escribí hace unos días, los talibanes son ahora mucho más fuertes, respetados y reconocidos internacionalmente de lo que eran en 1996, gracias a los fracasos de los Estados Unidos y sus socios europeos.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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