ENTRE GENOCIDIOS, DESPLAZAMIENTOS Y LIMPIEZAS ÉTNICAS

Agustín Saavedra Weise*

Imagen de Studiolarsen en Pixabay 

A lo largo de la historia, el ser humano —la especie más cruel del planeta— ha infligido sobre sus semejantes infinitas perversidades. En estos miles de años variaron modalidades y tecnologías, pero la maldad sigue siendo la misma, aún peor. Las atrocidades más frecuentes han tenido que ver con desplazamientos, limpiezas étnicas y genocidios, ello sin contar muchas que aún proliferan, con la guerra (interna y externa) en  primer lugar.

Sin ir lejos, muy cerca de nosotros los incas oprimían a los aimaras y cada tanto además organizaban sus temibles “mitimaes”. Estos eran traslados forzosos de población hacia  lugares más inhóspitos del imperio o a sitios  lejanos dónde se quería asentar la soberanía. No importaba que murieran mujeres, niños y ancianos; el desplazamiento debía realizarse a como dé lugar. Procesos similares se han repetido en Eurasia por muchos pueblos de cada época. Y en casos de guerra prolongada el triunfador eliminaba al pueblo vencido y destruía sus ciudades, como hizo Roma con Cartago. Mucho después hizo lo mismo con Jerusalén, expulsando a los judíos del lugar, expulsión que duró hasta la creación del estado de Israel en 1948. En el ínterin el pueblo hebreo sufrió por siglos discriminaciones y matanzas; éstas culminaron con el más horrendo crimen colectivo de la historia: el genocidio judío, episodio que marcó a la Segunda Guerra Mundial como una expresión de máxime barbarie humana. Dicho holocausto trajo profundas reverberaciones. Y mientras, en simultáneo, las fuerzas totalitarias gestaron otros traslados forzados a lo largo del Báltico. Al terminar el conflicto —mayo de 1945— el proceso de desplazamientos siguió pero de otra forma, ya en manos de los aliados. Fue así como entre fines de 1945 y 1947 se expulsaron más de 12 millones de alemanes de los territorios perdidos al este de la línea Oder-Neisse, que quedaron en manos polacas, rusas, checas y eslovacas. Fue un acto socio-geopolítico que apenas tuvo publicidad y no se le dio importancia. El mundo estaba al concluir 1945 preocupado por la recuperación y además, la magnitud de los crímenes colectivos del Tercer Reich opacó cualquier secuela posterior, pero sin duda la expulsión de germanos de sus tierras de origen fue otra expresión de máxima crueldad. El traslado fue avalado en la cumbre de Potsdam por las potencias vencedoras, dónde —entre otros asuntos— se instruyó además la “etnificación” de Europa central por nacionalidades: nunca más habrían pueblos de etnias diferentes en un solo estado. En esa región no habría más pluralidad nacional ni margen  para futuros conflictos étnicos. Fue así como —en un marco de injusticias múltiples— se inició el reacomodo poblacional de los alemanes expulsados propiciado por los aliados y donde abundaron sufrimientos e injusticias de toda laya.

Los dramas vienen de lejos y no terminan. En una incompleta lista recordemos además el genocidio de los indígenas norteamericanos y el cruel sistema de la esclavitud, recién derogado en Estados Unidos en el año 1863. Asimismo, la hambruna de Irlanda (1845-49) debido a fallas en la cosecha de papas y ante la indiferencia del gobierno inglés de la época; las matanzas de kurdos y de armenios por los turcos, el drama de Cambodia con la muerte de cientos de miles en manos de Pol Pot y el Khmer Rouge; los desaparecidos durante las dictaduras militares latinoamericanas y muchas atrocidades más. Últimamente, a fines del siglo XX, tenemos presente el drama de los Balcanes y sus terribles luchas étnicas. Antes del conflicto europeo (1939-45) tuvo lugar la muerte por hambre de millones de ucranianos que ordenó el dictador soviético Stalin. En todos esos trágicos escenarios —y otros más que ya no citamos por falta de espacio— la comunicad internacional poco y nada hizo. En conjunto con los episodios citados advinieron varios otros conflictos étnicos, entre ellos la espantosa matanza de tutsis por los hutus en Ruanda, donde fallecieron 800.000 personas. Tampoco el mundo hizo nada para parar esa atroz acción y reaccionó solo ante los hechos consumados.

Hoy en 2021 —según datos de la ONU— hay más de 80 millones de refugiados luego de las incursiones del ejército islámico en Siria y zonas aledañas. También hay millones de venezolanos huidos de la dictadura en su país. Bajo premisas presuntamente “civilizadas y ordenadas”, está visto que la persecución ancestral entre humanos continúa. Y la falta de memoria colectiva también.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com 

Publicado originalmente en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, https://eldeber.com.bo/opinion/entre-genocidios-desplazamientos-y-limpiezas-etnicas_227568

 

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