Estamos en un desequilibrio que espirala en forma caótica.
En enero 2020 la Revista de la Bolsa de Comercio de Rosario, amablemente, publicó una nota donde urjo a las personas con intereses en la producción agropecuaria a: a) acercarse a la política —la polis, el lugar común donde se tratan los temas que nos atañen a todos—, b) leer el artículo primero de la Constitución Nacional, donde se establecen las reglas de juego para nuestra convivencia, y c) representar los intereses de sus familias donde corresponde, esto es, en los órganos colegiados de nuestra República.
¿Por qué? Porque el status quo está en manos de unas personas que creen que es su derecho vivir a costa de una parte de la sociedad, más precisamente, a costa de quienes producen bienes agropecuarios.
Antes de que salten los que ven a los trabajadores como el enemigo, aclaro. No. No me refiero a los beneficiarios de planes sociales. Ellos son sólo una parte de nuestros males y, en todos casos, son personas a las que la propia política les ha acotado su libertad de acción, esto es, su posibilidad de ganarse la vida con un trabajo en blanco y bien pago. Es una voz comprada al sólo efecto de ser silenciada.
Me refiero a todos aquellos que integran la coalición gobernante y han armado una serie de artilugios para apropiarse de dinero ajeno como: 1) la banca con su bola gigante de Letras del BCRA; 2) los proveedores del Estado; 3) el Club de la Obra Pública (Cámara Argentina de la Construcción); 4) el Club “Traigamos autos berretas y caros de Brasil” (ADEFA); 5) laboratorios de medicamentos proveedores de hospitales públicos, PAMI, Plan Nacional de Vacunación y Plan Nacional de Castración de Niños y Adolescentes [1] también conocidos como Big Pharma (Grandes Empresas Farmacéuticas); 6) empresas de servicios públicos (actualmente en manos de fondos de inversión que no son más que los administradores de patrimonios de políticos argentinos); 7) transportistas de pasajeros corta, media y larga distancia, también en manos de políticos; 8) las fundaciones y asociaciones civiles (mal llamadas ONG’s); 9) “industriales” que viven lloriqueando créditos a tasa real negativa y preferentemente no reembolsable, subsidios, aranceles preferenciales y, ahora, no pagar indemnizaciones al personal; 10) los mil y un kioskos para quedarse con el dinero público.
Los que ejecutan la transferencia de riqueza desde las familias y las empresas al Estado y desde el Estado a todos los ya nombrados son los políticos. Como los montos involucrados son cada vez más grandes, la parte que piden los miembros de la “política” para ser los responsables operativos de la maniobra es, a su vez, cada vez mayor.
Así estamos en un desequilibrio que espirala en forma caótica.
A este esquema político y económico le doy el nombre de “VIVAMOS TODOS DEL CAMPO”. No se trata más que del viejo plan Prebisch (el que se aplicó en 1955). Raúl Prebisch ha sido ascendido a calidad de prócer por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Su concepción económica es la base del desarrollismo, del radicalismo (en cualquiera de sus versiones), de la incomprensible izquierda local (problemas de brújula), y post-Alianza, del kirchnerismo. Todo lo que regurgitan los supuestos economistas del Instituto Patria no es más ni menos que refritos de Prebisch. No debe extrañarnos, ya que sus ideas son el corazón ideológico de la CEPAL, del cual fue director, institución que abandonó para asumir como Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.
Como verán, el plan “Vivamos todos del campo” ya cuenta con varios añitos. Es curioso como los antiperonistas endilgan al peronismo este plan que en su cara pública es más o menos así: “saquémosle dinero a los productores agropecuarios, total ganan demasiado dinero, y se lo damos a gente que quiera establecer una industria, o subsidiamos la energía eléctrica para abaratarle los costos a dichos industriales o para inventar empleo público que maquille el índice de desocupación”.
El plan es exitoso, por lo menos en lo más importante: perdurar. Sobrevive porque tiene una masa de beneficiados numerosa y porque los damnificados se quedan piolas en el molde mascullando bronca pero quietitos.
Esto no quiere decir que entre los beneficiados no haya reyertas internas (y/o peleas a sangre y fuego). Que la coalición gobernante esté en estado de ebullición permanente no impide mantener la voluntad de quitarle la rentabilidad al sector más productivo del país con el objeto de apropiársela.
¿Qué hacen los miembros de la coalición gobernante con ese dinero? Algunos la embolsan y la sacan del país. Si bien nunca les pasó nada en los últimos 70 años, siempre puede aparecer un juez codicioso y/o traidor que les embargue los bienes. Por eso desde funcionarios de tercera como Romina Picolotti o el secretario privado de Kirchner ponen su dinero en el exterior, hasta sindicalistas (Santamaría) y grandes popes de los grupos empresarios nombrados colocan parte de sus fortunas a resguardo de la justicia local.
No sólo es por miedo a una inexistente justicia. También porque el esquema económico que tan útil es para apropiarse de la rentabilidad del agro hace imposible que cualquier negocio legítimo sea rentable en la Argentina. O una cosa o la otra. Eligen, entonces, seguir como estamos.
La coalición gobernante podría dejar parte de la rentabilidad agropecuaria en el propio sector para que éste reinvierta, lo que provocaría un aumento de la producción y por lo tanto de las ganancias (¡más dinero para robar, muchachos!). Sería un ciclo beneficioso no sólo para los gobernantes sino para todo el país por la capacidad de reproducción de riqueza que genera. Pero el cambio que sugiero pone en riesgo la estabilidad de todo el esquema armado. ¿Qué pasaría si algunos miembros de la coalición gobernante se dieran cuenta que ganan más con una Argentina productiva en lugar de una parasitaria y deciden defeccionar? ¿Qué pasaría con los trabajadores del sector que con esta variación cobrarían mejores sueldos? O peor aún, ¿si los paganini levantan la cabeza y quieren decidir sobre los destinos del país? ¿Si la coalición gobernante entra en crisis y pone en riesgo todo el andamiaje?
Lo mejor es dejar todo como está, total la coalición está firme al frente del país y el proyecto “vivamos todos del campo” está fuerte y coleando.
Si tienen dudas de lo que digo, vamos a los hechos. Con una diferencia de cambio del 100% entre oficial y paralelo todo el 2021, (el BCRA se queda con la mitad de la cosecha y de las exportaciones de carne), con derechos de exportación e impuestos al cheque y a las ganancias e inmobiliario, la producción agropecuaria general aumentó respecto al año anterior. Por lo tanto, la coalición gobernante – siempre apoyada por los técnicos del FMI que sugieren una y otra vez aumentar los derechos aduaneros – domina el fino arte de esquilmar casi casi hasta rozar la piel.
El “establishment” prebisheano y el statu quo
Los defensores de la teoría prebischiana (desarrollistas-radicales-Plan Fénix-Instituto Patria-troskos – etc.) dirán que lo importante es industrializar, que los países fuertes no viven del campo y sí de la industria. Que el campo es riqueza primaria (y por lo tanto supuestamente sin valor, como si la riqueza no fuera riqueza venga de donde venga). Que lo que da trabajo es la industria. Estos argumentos los escuchamos miles de veces por décadas. En la actualidad los repiten todos los días en C5N, TN, IP, Diputados TV, Canal Nueve. En fin, todos. Diputados y senadores, no importa de qué facción de la coalición gobernante provengan, son fieles sacerdotes del culto prebisheano.
Sin embargo es todo mentira. La industria no es la única que da trabajo. El campo no es riqueza primaria porque necesita numerosos insumos que forman parte de un combo inescindible. No puedo hacer ganadería sin alambradas; por lo tanto necesito a Acindar. Para criar chanchos requiero obra civil. Para sembrar, semillas y fertilizantes. Camiones y vagones de FFCC para el transporte. Silos. Maquinaria.
Pensar en el sector agropecuario como una actividad económica primaria es tan retrógrado como el Plan Prebish. No es de extrañar. Esa clasificación la inventó un economista ruso-norteamericano (en realidad muy soviético), don Wassily Leontieff, 1906-1999. Creó su tabla de ingreso-producto basada en, ¡sorpresa!, Karl Marx, en 1931, su tabla dinámica en 1953 y recibió el premio Nobel en 1976. Son contemporáneos. Ambos, obviamente, deslumbran a todas las facetas ideológicas argentinas que son el soporte académico y propagandístico del Plan “Vivamos todos del campo”, más conocido como Plan Prebish / Fénix / Instituto Patria / Lavagna-de Mendiguren / UCR / desarrollismo.
Esta propaganda pro industrialismo anti agro también miente cuando dice que los países industrializados no pierden el tiempo con la producción de productos mal llamados primarios. Al pie daré las exportaciones de trigo, soja, maíz, carne vacuna, carne porcina, carne aviar, queso, almendras, nueces de EEUU, Canadá, Francia, Alemania. Países que bajo ningún concepto se pueden calificar de “economías primarias” [2].
Exportar carne de cerdo está bien para EEUU y Alemania. Acá es una actividad que se castiga, más allá de algún negociado con nombre y apellido para tratar de estafar a chinos (¡suerte con eso, campeones!).
Plan Agropecuario – Futuro Posible
Lo que hay que hacer es fácil. Tipo de cambio alto, derechos aduaneros nulos o mínimos, impuesto a las ganancias en cabeza de las provincias. Riego y forestación en las zonas de secano (Andes, Patagonia, oeste de la Región Chaqueña), puertos sobre el Paraná, flota fluvial mercante, flota marina mercante, FFCC.
Llevar los rodeos: i) vacuno a 200 millones de cabezas, ii) ovino a 40 millones, iii) caprino a 10 millones, iv) porcino a 15 millones, v) equino como está o un poco más. Necesitamos para esto una fuerte inversión en frigoríficos y curtiembres en todo el país.
Aumentar la acuicultura en particular de moluscos (Tierra del Fuego y Santa Cruz) y pescados de agua dulce en las lagunas naturales o artificiales (diques). Conquistar el Mar Argentino.
Aumentar la producción de frutas secas, finas y tradicionales (pepita y cítricos), olivares, viñedos, forestación – para las próximas generaciones -, gusanos de seda, legumbres (muy bien conceptuadas en el exterior), maní y otros cultivos de secano de alto valor por tonelada como la alfalfa o el azafrán. En fin, las posibilidades son infinitas y podríamos exportar diez veces los volúmenes actuales. Todos tendríamos trabajo bien pago y viviríamos como reyes.
Pero no con los actuales gobernantes al frente de los destinos de la Nación.
* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).
Lecturas relacionadas
La participación del campo en la vida pública argentina
Presidente Fernández aleja al demonio de la inflación con la asistencia de ministros.
Si les importara el precio de los alimentos bajarían los impuestos.
Una vez más un gobierno nos dice que se ocupará de controlar/frenar/combatir la inflación.
Nada de eso sucederá. Los gobiernos argentinos no acaban con la inflación —son sus generadores y únicos responsables— porque para ellos es un gran negocio. Se les licúan las deudas, en particular salarios y jubilaciones a pagar. No se sabe bien cuánto se emite, por lo que si hay emisión de billetes gemelos, no se entera nadie. Aumenta la recaudación nominal mientras los costos del Estado crecen a menor ritmo, lo que les genera una brecha a favor del Estado. Y, si bien lo pongo en último lugar, no quiere decir que sea la menos importante, el gigantesco negocio que es el déficit cuasifiscal o lo que es lo mismo, los monstruosos intereses que paga el BCRA bajo la amenaza de que si no los paga, “esos pesos van al dólar” y se devaluará el peso. Esa amenaza es un juego extorsivo que en forma conjunta hacen la banca y los funcionarios del sector financiero contra la población en general. Esta maniobra convierte a la banca en uno de los principales proveedores del estado. Esa (y no otra) es la verdadera razón de la emisión masiva (más allá que cada tanto le tiren algunos billetes al Tesoro Nacional) y por lo tanto, verdadera y única razón de la inflación.
La inflación, a diferencia de lo que sostiene el presidente Fernández y el ministro Guzmán, no es multicausal sino monocausada. Hay inflación porque hay emisión.
Sin embargo, el presidente Fernández ha repetido esta mentira en toda oportunidad que tuvo a mano. En los mensajes a la Asamblea Nacional y el 18 de marzo, cuando dio inicio a la pretenciosa “lucha contra la inflación”. El presidente puede alegar ignorancia. No es el caso del ministro Guzmán.
La Constitución es clara: la inflación es responsabilidad del Congreso, quien decide el volumen de emisión. Por esa razón los billetes son firmados por la autoridad de la Cámara.
Definirla como “multicausal” es una treta para no hacerse cargo de la estafa que los gobernantes cometen contra los ciudadanos. La inflación recae sobre todos pero más sobre los más humildes. Sobre quienes tienen ingresos fijos y —Dios no lo permita— algún ahorro en pesos.
Ahora bien: multicausal puede significar infinidad de cosas. Puede estar influenciada por el signo del Zodíaco o por el número de perdices que nacieron en la provincia de La Pampa en enero del 2007.
La inflación crece cuando Géminis está sobre Saturno.
¿Cuáles esgrime el presidente?
“La inflación es un fenómeno histórico [a] en la Argentina, casi una maldición [b]…Llevamos diez años consecutivos con una inflación de dos dígitos [c]…Resolver el problema de la inflación en Argentina nos exige … comprender la complejidad que tiene [c]…El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional [d] nos permite comenzar a ordenar las variables macroeconómicas centrales en la lucha contra la inflación que es, como lo decimos siempre, un fenómeno multicausal. Para atacarla debemos [e] acumular reservas, [f] mejorar el crédito público, [g] desacoplar los precios internos de los internacionales, [h] trabajar sobre las políticas de ingresos y precios al mismo tiempo y [i] tomar una batería de medidas en las que múltiples actores son imprescindibles”.
Veamos
Inflación fenómeno histórico: significa “yo no tengo la culpa, siempre fue así”.
Maldición: ídem anterior pero en modo místico.
El demonio de la inflación.
3. Diez años consecutivos de dos dígitos: y sí. Diez años de dólar retrasado contra pago de LEBACs/LELIQs para dar seguro de cambio a los que entran en la bicicleta; son diez años de canalizar el ahorro por el BCRA para luego transformarlo en divisas baratas (el mejor negocio del mundo); provoca que no se reinvierta en Argentina. El país no crece, con su consecuencia de desempleo, salarios infames y pobreza; la inflación es la consecuencia de los pagos de intereses de las letras del BCRA con emisión. Si durante 10 años se hace lo mismo… sucede lo mismo. Se llama “causa y efecto”. El profesor de derecho y presidente de la Nación Fernández puede ver Matrix Reloaded donde el Merovingio puede explicárselo.
4. Fondo Monetario: ídem a, pero con otra excusa. “En estos dos años no hice nada porque no había abrochado este acuerdo. No es mi culpa, tenía esto pendiente”.
5. Acumular reservas. ¿¿¿Qué??? ¿Necesita acumular reservas para combatir a la inflación? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Cómo sería la cadena de causalidad? Lo que en realidad dice el presidente es que van a usar las reservas para mantener artificialmente bajo el dólar, lo que ya hicieron Cristina Fernández, Mauricio Macri y él. Es decir, volvemos a (c), hacer lo mismo para que suceda lo mismo. Señores: no se necesitan reservas para combatir la inflación. De hecho durante 2021 el país tuvo un superávit comercial de US$ 15.000.000.000, que se esfumaron de entre los dedos, donde el BCRA vendió dólares a $ 100 / $ 111 (a los amigos) y la inflación superó el 52% anual.
6. Mejorar el crédito público. Lo que dice acá es que van a darle créditos a tasa real negativa (nominal inferior a la inflación) a los amigos, como adelantó De Mendiguren (MAS DE LO MISMO), lo que, por supuesto, no servirá para nada, porque las razones de la falta de inversión en Argentina son más profundas (de hecho, son (c); nadie va a invertir cuando el mejor negocio es comprarle dólares subsidiados al BCRA). Argentina no tiene un problema de oferta de bienes y servicios —de hecho el gran problema actual es que la gente gana US$ 300 mensuales y no puede comprar nada— sino que tiene un problema de exceso de oferta monetaria, es decir, emisión.
7. Desacoplar precios internos de los externos. ¡No! ¡No! ¡No! No. Para que quede claro: no. Si uno desacopla los precios, quien ofrece bienes y servicios no sabe qué ofrecer. Si yo quiero producir para exportar, ya sea cerezas, aluminio, centollas, queso de leche de cabra, software o teleteatros (en una época exportábamos al mundo), quien lo produce debe tener sus precios alineados con el exterior. Entonces contrata un buen libretista, un buen productor, un buen director, iluminador, vestuarista, los mejores actores que pueda conseguir y exporta el teleteatro a Colombia, Israel o Polonia. Si no dejo esa cadena de transmisión libre, pierdo innumerables oportunidades de negocios. Que es exactamente lo que sucede ahora, por eso desempleo, salarios bajos, pobreza. Los políticos, como son cínicos, canallas y malas personas, van a decir (de hecho dicen y dijeron) que quieren que los alimentos no sigan los precios internacionales. Es mentira. No les importa. Si les importara el precio de los alimentos bajarían los impuestos. Sólo quieren que los sueldos sigan a US$ 300 mensuales. Pero si la gente gana un cuarto del salario mínimo de EEUU y el pan sale US$ 1 el kilo, saben que los van a colgar. Todo lo que ustedes ven de tratar de controlar el precio del bien A, B o J y el precio del gas y el Kwh, en realidad son malabarismos para poder seguir pagando sueldos míseros (US$ 300) y que no los desposten en un farol de Plaza de Mayo. El objetivo no es controlar el precio de la carne (CARNE Y EL VALOR DEL SALARIO EPISODIO 258.701 BIS). El objetivo del político es pagar un sueldo miserable y que la gente no los mate. El resto es hojarasca. Si el productor de trigo recibiera el precio pleno del bien que produce, produciría más, lo mismo sucedería con las petroleras, los que venden bujías a Ferrari o los desarrolladores de software. Y, por supuesto, lo primero que se va a alinear son los salarios. Si no fuera por el gigantesco ejercicio de intervención estatal, el salario argentino sería el triple o cuádruple del actual, debido a la enorme riqueza que el país produce (hoy) y la inconmensurable que podría producir en un futuro. No sé cómo remarcar lo siguiente: la razón de los salarios bajos es la hercúlea intervención política para que eso suceda. Si se alinearan los precios domésticos con los internacionales: i) exportaríamos cuatro o cinco veces más, ii) produciríamos para exportación y mercado doméstico mucho más que ahora, iii) tendríamos pleno empleo, iv) el salario sería entre US$ 1.000 y US$ 1.400. Pero ese país —muy provechoso para la población— requeriría un ordenamiento interno donde los actuales políticos no tienen cabida, porque, justamente, les pagan para que todo el dinero que se produce no termine en las manos de la población. En resumen: si queremos tener un objetivo operativo de liberación de esta casta infame es, justamente, que los precios domésticos e internacionales se alineen. Sé que puede resultar contraintuitivo, pero es fácilmente demostrable.
8. Políticas de ingresos y precios. Lo antedicho. Mover el mundo para que el salario siga siendo miserable. Subsidiar, dar créditos blandos, hacer quebrar productores y comerciantes. Lo que sea, con tal de que el salario siga en US$ 300. Para poder mantener algo parecido a la paz social, requieren que algunos productos estén tan retrasados como los salarios. De eso habla Fernández.
9. batería de medidas… múltiples actores. El viejo verso de hacer una comisión para no resolver nada.
Comisión de Lucha Permanente y Mística contra la Inflación: COLUPEMI.
Algunos conceptos adicionales
“Este punto de partida nos permite que Argentina pueda contar con más reservas y calmar las expectativas de devaluación que algunos generan solo mirando su propio provecho».
“Fortaleceremos nuestras reservas y podremos terminar con los que siembran expectativas devaluatorias que solo aceleran la inflación”.
Lo antedicho. Usan las reservas para mantener artificialmente bajo el dólar. La excusa: que no influya en la inflación. La verdad: son los políticos y los amigos los que compran esos dólares baratos. La excusa se cae sola. En 2021 la devaluación 2021 fue de 26% y la inflación 52%. Dicen que los precios de los alimentos se relacionan con el dólar y justamente aumentaron mucho más que la “controlada” divisa. Las cosas aumentan porque el BCRA emite.
“He decidido constituir un fondo de estabilización [del precio del trigo] con el objetivo de evitar el traslado de esta suba del precio internacional al precio que pagan los argentinos y argentinas”.
Como todos sabemos, no servirá para nada. El precio internacional subió y ese mejor precio no llegó a los productores (como lo reconoció el Ministro de Agricultura en su conferencia de prensa del 18/03/2022 [1]). Los precios suben porque hay emisión monetaria que impacta en sueldos, electricidad, flete; con impuestos asociados. Por eso sube el precio de la harina, no por la ínfima parte compuesta por el trigo. Pero el fondo será una caja que manejará Kulfas conjuntamente con la industria molinera. El kirchnerismo y esta industria específica han hecho grandes negocios conjuntos (a mi entender ilícitos) a costa de productores y consumidores durante el segundo mandato de Cristina Fernández. Es muy probable que esto sea una reedición de la actividad criminal del ciclo anterior; o como lo es la prohibición actual de exportaciones de carne (2021).
Los demonios de El Bosco
Nuestra Señora del Socorro espanta al demonio de la inflación.
La Argentina tiene un gran problema: su clase dirigente, tanto política, como empresarial está conformada por una banda criminal, la cual padece un gran defecto: la codicia desmedida. Si robaran con mesura, ellos serían multimillonarios y nosotros viviríamos relativamente bien. No pueden. No saben cuándo parar.
Habrá que pararlos de alguna manera.
Clase dirigente argentina. «El Jardín de las Delicias», de El Bosco, detalle.
Cita
[1] Conferencia de prensa Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Julián Domínguez, 18 de marzo 2022.
Anuncio fondo fiduciario trigo.
Discurso del Presidente Alberto Fernández 18 de marzo 2022.
El siguiente es el discurso textual y completo del mensaje que dirigió el presidente Alberto Fernández a la Nación:
«Querido Pueblo Argentino:
«Anoche hemos dado un paso muy importante para empezar a solucionar otro de los enormes problemas de los que tuvimos que hacernos cargo. El Congreso de la Nación convirtió en Ley el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
«Ha sido un momento histórico. Por primera vez la refinanciación de una deuda con el FMI se discute y se aprueba en el Congreso. Fue una decisión de mi gobierno que me enorgullece: nunca más un presidente podrá endeudarse a espaldas de los argentinos y las argentinas.
«Es también un día especial porque llegamos a esta ley con el consenso de legisladores de distintas fuerzas políticas que lograron encontrar los puntos de acuerdo para responder con responsabilidad democrática a una situación que así lo requería.
«El acuerdo obtuvo una abrumadora mayoría en las dos cámaras del Congreso. Pero llegamos hasta aquí también con el consenso y apoyo de gobernadores y gobernadoras, empresarios, sindicatos, organizaciones sociales y dirigentes de muchos sectores que comprendieron la gravedad del momento y unieron su esfuerzo para hacerlo posible.
«A todos y todas, mi sincero reconocimiento.
«Una vez más, la convicción y el trabajo responsable ha servido para superar desafíos que se nos imponen.
«Así lo hicimos también cuando debimos enfrentar la pandemia, cuidando la salud de los argentinos y argentinas y llevando adelante el plan de vacunación más grande de la historia. Hoy el mundo observa el enorme esfuerzo que fuimos capaces de hacer.
«De la misma manera estamos actuando cada día en pos de la recuperación de la economía que viene demostrando un crecimiento sostenido del empleo registrado, de la producción, de las exportaciones y del consumo.
«Nos ha tocado gobernar en un contexto muy adverso. Hemos podido superar los obstáculos que se nos han cruzado. Pero sabiendo de todo lo que hemos logrado, tengo la certeza de que nos encontramos en un momento bisagra de la historia argentina y mundial. Me doy cuenta que hoy se suman nuevas tensiones a viejos desafíos que no supimos o pudimos encarar.
«La inflación es un fenómeno histórico en la Argentina, casi una maldición con la que muchos y muchas hemos crecido. Ha sido un callejón recurrente del que pareciera ser imposible salir. Hemos visto paquetes, planes, grandes anuncios. También los vimos fracasar una y otra vez.
«Llevamos diez años consecutivos con una inflación de dos dígitos. Cuando asumí mis funciones en diciembre de 2019, Argentina registraba una inflación que orillaba el 54 % anual.
«En el 2015, quien me precedió en la Presidencia, aseguraba poder resolver el problema de la inflación de un día para el otro. Aseguraba que era muy sencillo hacerlo. Lo cierto es que se equivocó, profundizó notablemente el problema y dejó su cargo revelando una inflación anual promedio de casi el 41 %.
«Resolver el problema de la inflación en Argentina nos exige revisar nuestra experiencia, comprender la complejidad que tiene y darnos un camino de salida en el que todos nos comprometamos.
«El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional nos permite comenzar a ordenar las variables macroeconómicas centrales en la lucha contra la inflación que es, como lo decimos siempre, un fenómeno multicausal. Para atacarla debemos acumular reservas, mejorar el crédito público, desacoplar los precios internos de los internacionales, trabajar sobre las políticas de ingresos y precios al mismo tiempo y tomar una batería de medidas en las que múltiples actores son imprescindibles.
«Este punto de partida nos permite que Argentina pueda contar con más reservas y calmar las expectativas de devaluación que algunos generan solo mirando su propio provecho.
«Fortaleceremos nuestras reservas y podremos terminar con los que siembran expectativas devaluatorias que solo aceleran la inflación.
«El acuerdo también nos permite mejorar la posición de nuestro país con el resto del mundo y fortalecer proyectos de inversión que ayuden a la inserción de nuestras empresas en el mundo global.
«En estos dos primeros años de gestión, en cada país que visité, se encargaron de advertirme la importancia que tenía que Argentina tuviera regularizada su deuda con el Fondo Monetario Internacional. Eso era necesario para que las empresas argentinas pudieran acceder al crédito. «Ahora podemos desatar todas las oportunidades productivas de nuestro país. Además, podremos financiar el gasto de capital de nuestro gobierno, con organismos internacionales y bilaterales, así como también seguir fortaleciendo el financiamiento interno. Esto nos permitirá depender menos de la emisión monetaria y hacer que nuestro Banco Central se fortalezca.
«Pero esto no será suficiente. Necesitamos también fortalecer las expectativas. Esto solo lo conseguiremos si somos capaces de sentarnos en torno a una misma mesa, construyendo los entendimientos necesarios para construir el futuro. No podemos hacerlo mientras sigamos viviendo en un país en el que algunos, por las dudas, suben los precios con total desdén. «No podemos seguir permitiendo que algunos aprovechen un momento de excepción para acumular ganancias en desmedro de la sociedad argentina.
«Para enfrentar esta batalla necesitamos del compromiso de todos y todas. Este problema nos afecta como conjunto social que somos. Afecta a las empresas que no pueden planificar. Afecta a los bolsillos de las familias que no pueden llegar a fin de mes.
«El precio interno del trigo que se utiliza para el pan, que se estaba comercializando en torno a los 26.000 / 27.000 pesos por tonelada antes del 20 de febrero, se elevó rápidamente a valores superiores a los 30.000 pesos apenas iniciado el conflicto, y en los últimos días supera los 35.000 pesos por tonelada.
«Esto claramente nos afecta y se suma a los muchos problemas que ya tenemos y que ya todos conocemos. Sería absurdo cargar en la guerra la culpa de nuestra inflación. Pero la verdad es que está incidiendo negativamente y causando mayores problemas. Tengo el deber de advertirles que este contexto internacional complica aún más las cosas.
«La inflación es un serio problema para los argentinos y argentinas. La guerra lo agrava.
«He escuchado decir que la Argentina no debería tener problemas por ser un país productor de alimentos. Ojalá fuera así. Nosotros producimos muchos de los alimentos que consumimos en nuestros hogares. Pero la formación de sus precios no depende, enteramente, de nosotros. Estos se forman en los mercados internacionales, cuyos valores han trepado y lo seguirán haciendo y, consecuentemente, ya están presionando sobre los precios internos.
«También he oído decir que esta guerra representa para la Argentina una oportunidad. Yo creo que una guerra, sin importar dónde sea, jamás puede volverse una oportunidad. Una guerra es siempre una mala noticia. Una tragedia desde lo humano, pero también desde lo social y lo económico. «Desde el punto de vista humanitario ya lo hemos visto con las crudas imágenes que provienen desde Ucrania. Desde lo social, lo vemos con la enorme crisis migratoria desde sus países vecinos. Y desde lo económico, las consecuencias ya empiezan a hacerse ver.
«Es por ello que como Presidente de la Nación tengo la obligación y la responsabilidad de proteger de esas consecuencias económicas a la mesa de los argentinos. Nuestro objetivo debe ser, por un lado, garantizar la provisión de insumos para que la cadena de abastecimiento se cumpla. Y, por otro, asegurar que los precios de los productos de consumo más relevantes sean accesibles para las familias argentinas. En nuestro país ninguna familia sobra y por lo tanto ninguna familia quedará sola.
«No voy a permanecer pasivo ante esta situación. No hacer nada tendría consecuencias muy claras: el aumento del trigo haría que aumenten los costos de producción del pan, de los fideos, de la harina que millones de argentinos y argentinos consumen. Y no se trata de aumentos que lamentablemente padecemos debido al desorden macroeconómico que nos tocó afrontar, sino de un impacto que golpearía aún más a los hogares con subas inusitadas en la canasta básica.
«He tomado una decisión para proteger a los argentinos y argentinas de este fenómeno inesperado y que ojalá sea transitorio.
«He decidido constituir un fondo de estabilización con el objetivo de evitar el traslado de esta suba del precio internacional al precio que pagan los argentinos y argentinas. He instruido a mis ministros para que tomen las medidas necesarias y ellos serán los encargados de comunicarlas a partir de mañana.
«Garantizar el pan en la mesa de los argentinos es fundamental y está en el centro de las decisiones que estamos tomando ante esta emergencia. Pero es apenas una parte.
«He decidido que el gabinete económico se concentre desde este momento en implementar todas las medidas necesarias para enfrentar a la inflación, en particular la que vemos en los alimentos. He dado indicaciones a mis ministros y ministras para que construyan acuerdos con los diferentes sectores pero que no duden en aplicar todas las herramientas del estado para fijar y hacer cumplir las medidas necesarias. Ellos y ellas serán los encargados de mantenerlos informados diariamente sobre las medidas que se irán implementado desde este mismo momento.
«Estamos en una situación extraordinaria que requiere soluciones extraordinarias.
«Por eso convocaré desde este lunes a los representantes de los sectores productivos, empresarios, trabajadores formales y de la economía popular, representantes del campo y el comercio, la pequeña y mediana empresa y la sociedad civil a una mesa de acuerdo que nos permita diseñar un mañana en la lucha contra la inflación.
«Confiamos en encontrar acuerdos que ayuden a bajar la inflación y a garantizar el aumento del poder adquisitivo de los salarios. No vamos a dejar de controlar y fiscalizar precios, aplicar la ley de abastecimiento si es necesario y utilizar todos los instrumentos con los que cuenta el estado para cumplir con el objetivo de controlar los precios.
Nuestra batalla hoy es contra los especuladores. Contra los codiciosos. «Contra quienes buscan aún en situaciones tan complejas sacar una renta extraordinaria. Contra los agoreros de siempre, que intentarán instalar el sálvese quien pueda o buscar culpables rápidos y respuestas sencillas.
No me cansaré de repetirlo: nadie se salva solo. Escucharé sus propuestas y sus preocupaciones y les transmitiré los caminos que estamos recorriendo. «Es hora que cada sector pueda pensar cuál es su contribución a este momento crucial del mundo y de la Argentina.
«En el mismo camino dialogaré con cada gobernador y gobernadora y con todos los intendentes para que las medidas que adoptemos lleguen a cada rincón de la Argentina. Necesitamos luchadores contra la especulación y la inflación en cada comercio, en cada mesa, en cada casa. Esta batalla necesita de cada uno de nosotros y nosotras.
«Vamos a consolidar nuestras reservas del Banco Central. Vamos a promover la inversión y la producción nacional. Vamos a mejorar el financiamiento de las políticas públicas. Vamos a profundizar el diálogo y la búsqueda de acuerdos para contener los precios y mejorar los ingresos.
«Nos pusimos al frente de este problema que nos afecta a todos y a todas. Un problema de todos se resuelve entre todos. Todos y todas debemos ser parte de la construcción de la solución.
«Nos pusimos al frente de los problemas en 2020. Y salimos a combatir la pandemia con una campaña de vacunación histórica.
«Nos pusimos al frente de la recuperación en 2021. Y logramos un crecimiento económico del 10% con récords en industria, construcción, turismo y metalúrgica, entre otros sectores.
«Después de haber resuelto la deuda insostenible con los acreedores privados y con el Fondo Monetario Internacional, debemos defender nuestro desarrollo social y económico. Por eso también nos pondremos al frente en la lucha contra la inflación. Vamos a defender y proteger la mesa de las familias argentinas. Lo vamos a hacer juntos, unidos, entre todos y todas. «Confiando en nuestra fuerza y nuestra perseverancia. Sabemos el rumbo, estamos en el camino. Aunque tengamos que atravesar tiempos difíciles, vamos a construir esa Argentina que soñamos».
* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).
Hemos leído en estos días un documento de la Secretaría de Malvinas de la Cancillería por el que se recomienda a los Periodistas argentinos el tratamiento adecuado de lo que llama “la disputa de soberanía con el Reino Unido” sobre Malvinas e Islas del Atlántico Sur.
Ya opinará la prensa sobre recibir recomendaciones del gobierno para dar un tratamiento adecuado a éste u otros tantos temas que son parte de las relaciones internacionales del país. Nosotros nos ocuparemos de lo que dice y no dice este documento que, según se informa, es parte de la “Agenda 40 Años”.
En contrario a la forma en que se titula esta “Recomendación” de la Secretaría de Malvinas, la Argentina no tiene una disputa de soberanía en Malvinas, sino que tiene un amplísimo territorio marítimo e insular ocupado en forma prepotente por el Reino Unido y la cuestión “a tratar” por los funcionarios del gobierno, es la recuperación de dichos territorios y “el ejercicio pleno de la soberanía” (Filmus, Daniel. Infobae, 10/06/2020). Recordemos que la Nación Argentina «ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional» (Disposición Transitoria Primera C.N. 1994).
Dice este informe “Malvinas e Islas del Atlántico Sur”, sobreentendiendo que estas últimas, comprenden las Georgias del Sur, Sándwich del Sur y otras; aunque ello, no sea una cuestión menor, ya que el Reino Unido mantiene en éstas una ocupación y administración independiente-ilegal y desde ellas su pretensión de proyección a la Antártida.
A pesar de que la “Recomendación a los Periodistas” de la Secretaría dice: “Una comunicación responsable no debe obviar el territorio en disputa y sus cuantiosos recursos naturales” (sic) este documento omite la invasión, ocupación y explotación del Reino Unido de 1.639.900 km2 de los espacios marinos argentinos, que representan un porcentual equivalente del 52% de la Zona Económica Exclusiva Argentina; la extracción de 250.000 toneladas anuales de especies pesqueras argentinas del área de Malvinas, un equivalente a entre 650 y 1.000 millones de dólares por año y la explotación petrolera offshore. Todo ello, violando la Res. 31/49 de las Naciones Unidas que deberían haber impedido al Reino Unido avanzar sobre los territorios argentinos ocupados y, que este documento oficial no menciona para conocimiento de todos la prensa y todos argentinos.
Además, de referir erróneamente (¿?) que la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) con sede en las Naciones Unidas “recomendó” los 1.782.500 km2 presentados por la Argentina, esa Comisión solo recomendó 351.633 km2 ya que 1.430.367 km2 no fueron tratados por la referida Comisión por entender que estos kilómetros de plataforma se encuentran en disputa con el Reino Unido. Omitió también que los trabajos sobre la plataforma se iniciaron en 1996, no en 2009 que es la fecha de presentación y ello debiera destacarse, porque esta labor se constituyó en una de las pocas políticas de Estado que han llevado adelante todos los gobiernos desde 1996 a 2016.
Por otra parte, llama la atención que no elaborase en pleno esta “Recomendación” el Consejo Nacional de Malvinas y solo tres de sus miembros lo hayan hecho; tanto desde el punto de vista político, como, por que conocemos, la Ley 27.558 aprobada en 2020 requiere que toda aprobación en este Cuerpo debe tomarse por consenso en todos aquellos temas que se difundan a la prensa: «(b) Colaborar en la elaboración del sustento de la posición argentina en la disputa de soberanía en sus aspectos geográficos, ambientales, históricos, jurídicos y políticos; (c) Proponer y llevar adelante actividades de docencia e investigación que aporten conocimiento al pueblo argentino sobre la justicia del reclamo del ejercicio pleno de soberanía sobre las Islas Malvinas (…); (d) Realizar acciones destinadas a colaborar en la difusión y promoción de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas (…) y (e) Proponer estrategias que aporten al reconocimiento permanente de los Ex Combatientes de Malvinas y caídos en combate y de sus familiares» (sic).
El punto 7 del informe recomienda denominaciones para los isleños y para seudo instituciones británicas que ocupan ilegalmente Malvinas y termina refiriéndose “al conflicto del Atlántico Sur” en lugar de conmemorar el 2 de abril los 40 años de la recuperación de Malvinas, lo que los isleños británicos harán el 14 de junio próximo. En 1982 los británicos ocupaban 11.410 km2 de los archipiélagos más tres millas marinas a su alrededor. Hoy hay una “invasión británica del Atlántico Sur” que ocupa 1.639.900 km2 de territorio marítimo argentino y nos disputan la plataforma continental y la Antártida. ¿No hubiese sido prudente hacer un “copia y pegue” del repudio a la guerra y a la violación de territorial de Ucrania y hacerlo igualmente al Reino Unido respecto a Malvinas? Entendemos, que no se puede construir un “tratamiento mediático de los hechos” (sic) relatando solo antecedentes históricos o jurídicos ¿o no se ha hecho nada más en estos 40 años? Probablemente no. El presidente de la Nación se refirió preocupado días pasados a “la guerra contra inflación” y este documento no cita ni una sola vez “la guerra de Malvinas”, quitándole relevancia a la recuperación de Malvinas y al 2 de abril, que conmemora “el Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas”.
Como dijimos (Lerena, César “La Reconquista de Malvinas del 2 de abril de 1982”, 24/01/2022) el gobierno no quiere (y yo tampoco) atribuir esta Reconquista al dictador Galtieri; pero, en este esfuerzo intelectual fallido y autoritario, que se deja de manifiesto en esta “Recomendación a la Prensa” confunde las motivaciones espurias de Galtieri; la falta de oportunidad y de disponibilidad del armamento indispensable; la pésima planificación y conducción de los principales responsables; la incapacidad estratégica y la falta de consentimiento nacional y autorización de los representantes legítimos del pueblo, entre otras razones (que podrían ser detalladas con mayor precisión y amplitud), con la Gesta Heroica de quienes ejecutaron la recuperación de Malvinas y la posterior defensa del territorio nacional, combatiendo y cumpliendo fielmente con el juramento de “seguir constantemente la bandera y defenderla hasta perder la vida”.
Depreciar la Reconquista, es desvalorizar el esfuerzo de los soldados, suboficiales, oficiales, mercantes, civiles y hasta pescadores combatientes y de sus familiares. Es hacer caer en abstracto y devaluar todas las condecoraciones y reconocimientos a los Veteranos de Guerra. Es una sanción que no puede alcanzar a quienes combatieron con honor y su ocultamiento es una condena explícita y una desmalvinización que se cumple hasta nuestros días devaluando a los combatientes que defendieron el espacio argentino con honor y es mantener a la Nación y a los argentinos postrados ante la Infame Falange de Albión; quien no solo utilizó todo su poderío militar durante la guerra, sino que después de ella nos dice y desculturiza poniéndonos de rodillas: “olviden los argentinos las derrotas británicas de 1806, 1807, 1845 y 1982”. Confraternicemos. ¿Porque no nos referimos a las derrotas infringidas por la diplomacia argentina mediante el Pacto de El Pacto Roca-Runciman (1933), los Acuerdos de Madrid (1989/90), el Pacto de Foradori-Duncan (1916) y otros tantos acuerdos infames, algunos de los cuales mantenemos en vigor, al igual que la Ley 24.184 de protección y promoción de las inversiones británicas.
Está claro que, según lo dicho, Galtieri y otros generales y almirantes merecen la mayor de las humillaciones, pero ésta no puede trasladarse a los combatientes y al conjunto de los argentinos. ¿Por qué los gobiernos, por sancionar legítimamente y justo rigor a Galtieri, privan a los combatientes de Malvinas y a todos los argentinos de semejante orgullo nacional equiparable —o aún más— a la Reconquista de las 40 manzanas de Buenos Aires ocupadas en 1806 en manos de españoles, orientales y criollos? O la resistencia efímera y adversa de la batalla de la Vuelta de Obligado que en un día terminó en derrota argentina, con 250 muertos y 400 heridos. ¿Los detractores del Brigadier Juan Manual de Rosas deberían entonces rechazar la conmemoración de esta fecha como el día de la Soberanía Nacional? (Ley 20.770).
¿No está acaso en la voluntad popular recuperar la soberanía plena de Malvinas? «La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía (…) constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino» (C.N., 1994). ¿No se llenó acaso la Plaza de mayo para repudiar a Galtieri y también para festejar la recuperación de Malvinas? Ningún gobierno puede estar en contra de la Constitución Nacional, de la voluntad popular y del honor eterno que merecen nuestros héroes nacionales.
Vaciar de contenido es quitar «Su memoria, junto con la de quienes combatieron en el conflicto con la legítima convicción de defender el interés nacional, merece ser honrada» (de la “Recomendación para Periodistas” Secretaría de Malvinas, 3/2022).
* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Ex Secretario de Bienestar Social (Corrientes). Ex Profesor Universidad UNNE y FASTA, Ex Asesor en la H. Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación- Autor de 28 libros, el último “Malvinas. 1982-2022. Una Gesta Histórica y 40 años de Entrega. Pesca la moneda de cambio”.