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KARBALA: LA DIGNIDAD DE LOS QUE RESISTEN

Bruno Carpinetti*

La primera vez que viajé a Irán fue en enero de 2023. Llegué con la curiosidad de quien quiere comprender un país sobre el que Occidente habla mucho, pero escucha poco. La segunda vez regresé en octubre de 2025, en un contexto regional muy distinto, marcado por la reciente escalada militar en Medio Oriente y por una atmósfera de tensión que se percibía incluso en las conversaciones más cotidianas.

Entre esos dos viajes entendí algo que no aparece en los informes de inteligencia ni en los análisis geopolíticos tradicionales. En esos textos suele dominar una mirada fría: mapas, misiles, alianzas militares, capacidad tecnológica. Pero hay guerras que no pueden comprenderse únicamente con ese instrumental.

En Medio Oriente, el conflicto entre Israel, Estados Unidos e Irán revela algo más profundo: la persistencia de imaginarios históricos que moldean la forma en que los pueblos conciben el sacrificio, la justicia y el tiempo.

Para comprender la resiliencia iraní —y la capacidad de ese país para sostener una resistencia prolongada frente a adversarios militarmente superiores— es necesario mirar hacia un episodio ocurrido hace más de trece siglos: el martirio de Hussein ibn Ali en la Batalla de Karbala.

En esa escena fundacional del islam chiita se condensa una postura existencial y una ética política que atraviesa la historia iraní contemporánea: la convicción de que la justicia puede exigir sacrificio, que la derrota inmediata no es necesariamente el final de la historia y que la dignidad puede sobrevivir incluso frente a fuerzas aparentemente invencibles.

El Golfo en guerra

El conflicto actual se desató tras los ataques coordinados de Israel y Estados Unidos contra instalaciones militares y nucleares iraníes el 28 de febrero de 2026, en una operación denominada Operación Furia Épica.

Los bombardeos alcanzaron diversas ciudades iraníes y eliminaron a varios dirigentes políticos y militares del país. La respuesta iraní fue inmediata: misiles balísticos y drones golpearon objetivos militares israelíes y bases estadounidenses desplegadas en la región.

En pocos días, el conflicto se extendió a otros escenarios: enfrentamientos con «Proxys» o milicias aliadas de Irán —entre ellas Hezbollah—, ataques contra infraestructuras militares en el Golfo y tensiones crecientes en el estratégico Estrecho de Ormuz.

La muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei durante los ataques elevó el conflicto a un plano aún más simbólico.

Desde un punto de vista estrictamente militar, el desequilibrio es evidente. La potencia tecnológica y aérea de Estados Unidos e Israel supera ampliamente a las capacidades convencionales iraníes. Pero esa asimetría no es una novedad para la historia de Irán. Y precisamente allí radica uno de los rasgos más notables de su cultura política: la capacidad de transformar la vulnerabilidad en perseverancia y virtud.

Karbala: el origen de una ética

El episodio fundacional del chiismo ocurrió en el año 680, cuando Hussein ibn Ali ―nieto del profeta Muhammad― decidió enfrentarse al ejército del califa omeya Yazid I.

El conflicto no fue simplemente una batalla militar. Fue, ante todo, una disputa por la legitimidad moral del poder en la joven comunidad islámica. Tras la muerte del profeta, el liderazgo del mundo musulmán había pasado a manos de diferentes califas, pero una parte de la comunidad consideraba que la autoridad debía permanecer en la familia del profeta. En ese contexto, Hussein rechazó reconocer el gobierno de Yazid, a quien consideraba un gobernante injusto y carente de legitimidad espiritual.

La confrontación culminó en una batalla, en la llanura de Karbala, en el actual Irak. Allí, Hussein y un pequeño grupo de familiares y seguidores ―entre ellos miembros de su propia familia― fueron rodeados por un ejército muy superior en número. Durante días fueron privados de agua y finalmente aniquilados.

Desde una perspectiva estrictamente militar, la batalla fue breve y desigual. Pero en la memoria del chiismo el episodio adquirió un significado completamente distinto.

Karbala dejó de ser una derrota para convertirse en una epifanía moral: el momento en que un hombre decidió sostener la justicia incluso sabiendo que esa decisión lo conduciría a la muerte.

En la interpretación chiita, el gesto de Hussein no fue un error estratégico ni un acto de imprudencia. Fue un acto deliberado de testimonio moral. Su sacrificio estableció un principio que atravesaría siglos de pensamiento religioso y político: la legitimidad moral puede ser más importante que la victoria material.

Por eso, en la tradición chiita, Hussein no aparece simplemente como una víctima, sino como un modelo ético. Su figura encarna la idea de que la fidelidad a la justicia exige, en ciertos momentos, una disposición radical al sacrificio.

Cada año, durante la conmemoración de Ashura, millones de creyentes recuerdan aquel episodio. Las ceremonias no son meros actos de memoria histórica. A través de procesiones, elegías, representaciones dramáticas y rituales colectivos, la comunidad revive simbólicamente la tragedia de Karbala y la transforma en una pedagogía moral transmitida de generación en generación.

En esas ceremonias, la historia se vuelve presente. El sufrimiento de Hussein y de sus compañeros no se recuerda como un acontecimiento distante, sino como un paradigma permanente de resistencia frente a la injusticia.

Ese relato ha moldeado durante siglos una sensibilidad política particular.

En esa sensibilidad, la relación de fuerzas no es el único criterio para juzgar la justicia de una causa. Una minoría puede tener razón frente a una mayoría poderosa. La derrota material puede convertirse en una victoria moral. Y el sacrificio puede adquirir un significado que trasciende la vida individual para inscribirse en una memoria colectiva.

Por eso Karbala no es simplemente un episodio de la historia islámica. Es, para millones de creyentes, una ética de la resistencia: la convicción de que incluso frente al poder más abrumador existe un deber de mantenerse fiel a la justicia.

Una ética que enseña que la dignidad no depende de la victoria inmediata, sino de la capacidad de permanecer de pie cuando todo indica que la derrota es inevitable.

La paciencia estratégica

En las guerras asimétricas, el tiempo se convierte en un arma.

Las potencias imperiales suelen apostar por campañas rápidas, decisivas, apoyadas en su superioridad tecnológica. Pero los movimientos de resistencia rara vez juegan bajo esa lógica. Su fuerza reside en la paciencia.

La historia reciente ofrece múltiples ejemplos.

Durante la Guerra de Vietnam, el liderazgo revolucionario encabezado por Ho Chi Minh sostuvo durante décadas una lucha contra la potencia militar más avanzada del planeta. La victoria vietnamita no fue producto de una superioridad tecnológica sino de una voluntad política que se negó a desaparecer.

Algo similar ocurrió en la Guerra de Independencia de Argelia, cuando el Frente de Liberación Nacional logró derrotar al colonialismo de Francia tras años de resistencia.

Incluso en el siglo XXI, las invasiones estadounidenses a Afganistán e Irak demostraron que la superioridad militar no garantiza la victoria cuando el adversario interpreta el conflicto como una lucha existencial.

En esos escenarios, el desenlace de las guerras dependió menos de la potencia de fuego que de la profundidad de las convicciones colectivas.

La arquitectura de la resistencia

Irán ha construido su estrategia precisamente sobre esa comprensión histórica.

En lugar de competir directamente con la superioridad tecnológica occidental, el país ha desarrollado una arquitectura de defensa basada en la dispersión y la resiliencia: misiles balísticos, drones, redes regionales de aliados y una compleja estructura de disuasión indirecta.

Este sistema —conocido como el Eje de la Resistencia— conecta actores en el Líbano, Irak, Siria y Yemen, creando una red que dificulta cualquier intento de neutralización rápida.

Pero detrás de esa arquitectura militar existe también una arquitectura simbólica.

La memoria de Karbala permite convertir la resistencia en un deber moral y el sacrificio en una forma de continuidad histórica.

La dignidad de los que no se rinden

Hay algo profundamente poderoso en ese imaginario.

En la historia de Karbala, el pequeño grupo de Hussein representa a una minoría que se niega a someterse al poder injusto. La debilidad material no es una vergüenza, sino una prueba de fidelidad.

Ese marco simbólico permite transformar la adversidad en dignidad.

Permite sostener la convicción de que incluso en los momentos más oscuros la historia no ha terminado.

Desde la Revolución de 1979, la historia contemporánea de Irán ha estado marcada por episodios de resistencia prolongada frente a presiones externas.

En cada uno de esos momentos, la narrativa de Karbala reapareció como una fuente de sentido colectivo.

Los combatientes muertos fueron recordados como mártires. Las dificultades materiales fueron reinterpretadas como pruebas de fidelidad. Y la continuidad de la comunidad se convirtió en una victoria en sí misma.

Esa memoria histórica ayuda a explicar por qué el país ha demostrado una capacidad notable para absorber golpes y reorganizarse.

El poder de las historias

Las guerras del siglo XXI siguen librándose con armas sofisticadas, inteligencia artificial y tecnología avanzada. Pero siguen dependiendo, en última instancia, de algo mucho más antiguo: las historias que los pueblos cuentan sobre sí mismos.

Cuando una sociedad cree que su causa es justa, que su sacrificio tiene sentido y que forma parte de una larga cadena de resistencia histórica, su capacidad de resiliencia puede superar cálculos puramente militares. La memoria de Karbala representa precisamente eso.

No sólo una tragedia del pasado, sino una forma de comprender el presente. Una forma de recordar que, en ciertas circunstancias, la dignidad de resistir puede ser tan poderosa como la victoria misma.

 

* Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública, entre otros fue director de la Administración de Parques Nacionales y Subsecretario de Coordinación de Política Ambiental de la Secretaría de Ambiente de la Presidencia de la Nación durante los gobiernos de Eduardo Duhalde y Nestor Kirchner.

 

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Y AHORA IRÁN

Roberto Mansilla Blanco*

Los ataques conjuntos realizados este 28 de febrero entre EEUU e Israel contra objetivos militares y políticos dentro de la República Islámica de Irán tienen claramente el sello del primero ministro israelí, Benjamín Netanyahu y de su aliado estadounidense Donald Trump en la pretensión por propiciar un incierto cambio de régimen en Teherán, neutralizando así al principal rival geopolítico regional israelí pero también estadounidense.

Días antes de este ataque, Pakistán y Afganistán iniciaban una guerra en pleno corazón de Asia Central que bien puede servir de apéndice ante los constantes «cantos de sirena» bélicos que Trump lanzaba contra Teherán mientras representantes de su gobierno negociaban con sus homólogos iraníes la minimización del programa nuclear. En el caso de Pakistán, que rivaliza con la India por el control de esferas de influencia en Asia Central, Islamabad acusa a los Talibanes afganos de interferir en su territorio vía movimientos islamistas como TT-P y, con menor intensidad, el ISIS-Khorasán.

En esa coyuntura conflictiva entre Pakistán y Afganistán, el presidente indio Narendra Modi visitaba Israel, siendo recibido por todo lo alto por Netanyahu. De este modo quedaba marcada la puesta en escena de contactos entre actores previamente al ataque contra Teherán, tomando en cuenta que Irán y Pakistán forman parte del sistema de alianzas geopolíticas de China y Rusia, los dos principales rivales de EEUU. El territorio pakistaní, especialmente su puerto de Gawdar, es estratégico para el paso de los proyectos de la Ruta de la Seda impulsados por Beijing.

Resta por saber si este conflicto entre EEUU e Israel contra Irán implicará una escalada militar en la que aliados de Teherán, especialmente Rusia, finalmente entren en escena. Moscú tiene un acuerdo militar estratégico con Irán firmado en diciembre de 2024 pocos días después de la caída de Bashar al Asad en Siria. El Kremlin ha sido lo principal vector de cooperación en el programa nuclear iraní. Por otra parte, Teherán puede responder vía proxy wars que impliquen a aliados como el movimiento islamista libanés Hizbulá, los hutíes de Yemen y los chiíes de Irak.

Otro foco de atención será el papel de China. Tradicionalmente, Beijing manifiesta una posición de respeto al derecho internacional y a la soberanía nacional de los países, instando a la desescalada del conflicto. Pero tras las caídas de aliados geopolíticos como Bashar al Asad en Siria y Nicolás Maduro en Venezuela, Beijing se observa en una situación aún más apremiante se ese mismo escenario se repite en Irán, país estratégico para Beijing y muy próximo a sus fronteras. Esa misma diagnosis se observa en la posición china con el respeto a los choques militares entre Pakistán y Afganistán.

Trump anunció «operaciones militares masivas» en Irán instando incluso a la rebelión popular contra el régimen de los ayatolás. La declaración certifica la pretensión de Washington y Tel Aviv por un cambio de régimen, cuando menos incierto, en Teherán, toda vez las protestas iniciadas en diciembre pasado fueron progresivamente desarticuladas. Con todo, esta acción militar unilateral puede significar un efecto contraproducente: un mayor reforzamiento del régimen iraní, esta vez en manos de un sistema pretoriano militar.

En la Conferencia de Seguridad de Múnich celebrada a comienzos de febrero, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio clamó por un «nuevo orden mundial» en la que Washington pretende reacomodar los equilibrios geopolíticos de manera unilateral. Un plan que comenzó negociando una pax rusa en Ucrania, fomentando un inédito protectorado de Washington en Venezuela y ahora atacando a Irán para derribar un actor con mayor capacidad de resistencia y de articulación de intereses con China y Rusia, un eje geopolítico euroasiático incómodo para EEUU, el atlantismo e Israel.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

 

Artículo originalmente publicado en idioma galego en Editorial Novas do Eixo Atlántico: https://www.novasdoeixoatlantico.com/e-agora-iran-roberto-mansilla-blanco/

EL DOMINIO MUNDIAL ANTICRISTIANO

Hugo Reinaldo Abete

San Carlos de Bariloche, 10 de febrero de 2026

† Fiesta de San José Sánchez del Río, Héroe y Mártir de la Guerra Cristera Mejicana (1926-1929)

 

El título del presente escrito expresa fielmente lo que está ocurriendo en el mundo actual, tan disparatado, tan soberbio, tan degenerado y tan violento, en síntesis, un mundo totalmente alejado de Dios, carente de valores y principios espirituales que tanto han afectado la ética y moral cristiana. Y esto por supuesto es el resultado de la revolución mundial anticristiana sobre la cual hemos escrito muchas cartas de lectores y artículos, hemos dado charlas, conferencias, alocuciones, se han grabado videos y hemos difundido el tema por todos los medios que han estado a nuestro alcance.

La revolución anticristiana

Y en este proceso revolucionario hemos advertido que, para comprenderlo en su verdadera dimensión, era imprescindible entender que estamos viviendo tiempos teológicos, tiempos de Dios, tiempos apocalípticos que, aunque a gran parte de la sociedad le cueste creer que esto es verdaderamente así, intentaré demostrar lo contrario en este escrito. Para ello es necesario y oportuno recordar quién o quiénes encabezan la revolución anticristiana desde los primeros tiempos hasta la fecha. Y cuando queremos ponerle un nombre para poder identificarlo con precisión, no hay otra explicación válida y fundamentada que las que nos lleva al principio de todo, al origen de esa revolución que no es otro que el rechazo del pueblo judío a Nuestro Señor Jesucristo. Los judíos que comprendieron quién era en realidad Jesús, lo aceptaron y se convirtieron a la Fe Cristiana, otros lo ignoraron, les resultó indiferente, no creyeron en Él, pero no lo combatieron. En cambio, una parte importante de ese pueblo judío, desde un principio, no sólo no quiso creer en Él, sino que lo odió, lo combatió y lo crucificó. Nació ahí el poder de la revolución anticristiana que, a partir de entonces, estuvo presente en todos los acontecimientos importantes que ocurrieron en el mundo. Por citar algunos de ellos, menciono: la Reforma Protestante de 1517, la creación de la masonería en 1717, la revolución francesa de 1789, la creación del sionismo moderno en 1897, la revolución rusa de 1917, la creación del Estado de Israel en 1948 y actualmente, el Nuevo Orden Mundial, con sus políticas antinaturales y degeneradas que buscan destruir todo vestigio del orden social cristiano. Y a lo largo de estos siglos ese poder revolucionario mundial anticristiano, ha estado apoyado, financiado y sostenido por lo que en los tiempos modernos se conoce como «el poder del dinero» que, por supuesto, encabezan las fortunas más importantes del mundo en manos de capitales judeosionistas.

Dicho esto, para intentar ayudar en la comprensión a los más incrédulos respecto de la revolución anticristiana, ahora voy a entrar en el análisis de lo que yo creo ocurre en estos tiempos en el mundo y en particular en nuestro país, la República Argentina, como consecuencias de la mencionada revolución mundial.

¡Gaza el punto de inflexión!

En tal sentido reafirmo lo que ya expresara el año pasado en una carta de lectores y en diversos reportajes en cuanto a que, el genocidio cometido por Israel en Gaza constituye el punto de inflexión de la humanidad de las épocas modernas, porque ya nada fue igual a partir de semejante acto de barbarie inexcusable, provocado por la soberbia de ese pueblo anticristiano que, por su condición de tal se considera el pueblo elegido que quiere someter al resto de los pueblos de la tierra. Es a partir del exterminio indiscriminado de la población de Gaza y de la destrucción total, material y edilicia de todas sus instalaciones, que el resto del mundo tomó conocimiento de semejante maldad por parte del pueblo judío al que, por ignorancia o confusión, siempre había considerado como una víctima y no como lo que ahora ha demostrado que es, con toda su soberbia. Es a partir de Gaza que tomamos plena conciencia que la política de EEUU está totalmente manejada por Israel y su sanguinario conductor, Benjamín Netanyahu. Que Donald Trump, fuera reelegido con un discurso de campaña en el que anunciaba que, si llegaba nuevamente a la presidencia, él terminaría con la guerra de Ucrania y los conflictos de Medio Oriente, y cuando llegó al cargo, no sólo no terminó con las guerras, sino que las alimentó cuando por pedido de Israel bombardeó Irán. Es a partir de Gaza que el escándalo Epstein sale a la luz en todo su horror y el mundo toma conciencia que, semejante degenerado no era un simple «play boy» multimillonario al que le gustaban las mujeres, sino una pieza fundamental del MOSAD Israelí, con la misión especial de congraciarse con los principales líderes mundiales de la política, de las finanzas y empresariales, a quienes invitaba a su isla «paradisíaca» para poder fotografiarlos en sus actividades sexuales con menores, para luego extorsionarlos. Y Donald Trump era un asiduo concurrente y uno de los invitados más emblemáticos…

El agente del MOSAD Epstein, pieza clave en la extorsión judeo sionista

En tal sentido, no han faltado los comentaristas que han dilucidado que, es a partir de estas extorsiones que el sanguinario Netanyahu ha logrado el apoyo incondicional de Donald Trump quién, al igual que el presidente argentino Javier Milei, tiene una personalidad totalmente desquiciada y cree que será el nuevo «emperador del mundo», cargo que de existir, de hecho hoy detentaría el sanguinario Netanyahu que, teniendo un pedido de captura de la Corte Penal Internacional bajo la acusación de criminal de guerra, hace caso omiso al mismo y viaja constantemente a EEUU donde es recibido con todos los honores por el desequilibrado Trump. Y por si toda la barbaridad que estamos relatando fuese poco, hay que agregar la conferencia de prensa que ambos «líderes», Trump y Netanyahu han brindado por TV para todo el mundo anunciando un gran proyecto inmobiliario en la franja de Gaza que los israelíes, han arrasado sin piedad…

La soberbia de Trump, Venezuela y el mensaje para América

Y es en este espantoso marco mundial en el que, envalentonados por no encontrar resistencias efectivas, Donal Trump montó nuevamente «el potro de la soberbia» y tomó la decisión de invadir Venezuela para capturar a su dictador, hacerse cargo de la administración y gobierno y, por sobre todas las cosas apoderarse de sus riquezas petroleras, dejando la siguiente lectura para el resto del mundo: «Yo soy el dueño de toda América y hago lo que quiero con sus Naciones». Y todo esto ocurre a partir de Gaza y de la actitud pasiva y tolerante que tomaron las organizaciones internacionales que, precisamente responden a las directivas de quiénes ejercen el poder mundial.

El Nuevo Orden Tripolar

Paralelamente a esta descripción y análisis de la actualidad que desgraciadamente estamos viviendo, importantes analistas a nivel internacional también hacen públicas sus interpretaciones sobre cómo se encuentra conformado el poder mundial, sin tener para nada en cuenta ninguna interpretación teológica como la de este escrito. Y a ese respecto, la mayoría coincide en que a partir de todo lo acontecido y que hemos intentado resumir en estas líneas, el mundo se ha dividido en tres partes: EEUU, Rusia y China. EEUU consciente de sus limitaciones respecto de las otras dos potencias, ha resuelto asegurarse la pertenencia de toda América. Y algo similar han hecho los rusos para quedarse con Ucrania y estabilizar su influencia en Europa del este y Asia central, mientras que China hace lo propio para quedarse con Taiwan y su zona de influencia en Asia y África. Algunos autores enuncian a esta repartija del mundo como «una nueva Yalta», en la que los líderes de las tres potencias han acordado quedarse con el control de sus respectivas zonas de influencia. Podríamos agregar que este nuevo orden tripolar se rige por los principios del dinero, el supremacismo y el individualismo, quedando el resto de los países sujetos a una soberanía limitada y sin capacidades para reaccionar ante los abusos de las super potencias por la descomunal diferencia existente respecto de sus capacidades militares.

Y en general, como ya se dijo más arriba, ninguno de estos análisis ha hecho hincapié en el factor de poder que, quien esto escribe, considera por encima de todos los demás y al que más importancia habría que asignarle; me refiero al poder mundial que surge de la alianza judeo sionista masónica, anglo norteamericana, ya que cuenta con el poderío militar más importante de la tierra (EEUU) y el poder financiero también más desequilibrante (Reino Unido – EEUU – Israel) y la voluntad y convencimiento del pueblo de Israel para alcanzar el dominio mundial.

Quieren un mundo sin Dios

Habiendo expresado esto, tal vez alguno se podrá preguntar en qué parte de lo descripto está la revolución anticristiana y cuál sería la situación particular de la Argentina en este análisis. Y a ese respecto contestaré que, todo lo mencionado adolece de la presencia de Dios, aquí hemos descripto una repartija de un nuevo orden tripolar basada en el interés del dinero, el oro, el petróleo, el litio y demás riquezas naturales de cada región, sin importar para nada la existencia de un orden social cristiano en el que la mayoría de la humanidad ha convivido hasta estos últimos tiempos. Hoy la consigna es un mundo sin Dios, priorizando por sobre los valores espirituales, los antivalores del dinero y la riqueza. En este mundo individualista muy identificado con lo que se conoce como «la nueva derecha», y que identifico totalmente con el eje judeo sionista masónico anglo norteamericano, la Argentina, de la mano del agente sionista masónico que ejerce el cargo de presidente, Javier Milei, y de todos los políticos cipayos que cumplen sin chistar cada una de sus infames entregas al poder mencionado, cumple una misión más que importante al haberse convertido en un Estado Fallido con todas las letras al entregarse servilmente al eje del mal que encabeza el sionismo mundial.

La Esperanza está en no perder la Fe y confiar en La Providencia Divina

Para ir cerrando este largo y a la vez resumido análisis o apreciación de situación, como solemos decir los militares, bastaría ahora agregar el mensaje esperanzador, pues si no, más de uno podría concluir que quienes vivimos en países como el nuestro, estamos irremediablemente condenados a vivir servilmente sin posibilidades de ser lo que siempre hemos sido pues, más allá de nuestras debilidades, defectos y miserias, la República Argentina siempre, a lo largo de su historia ha demostrado ser un país con sentido heroico, épico y cristiano de la vida. Hemos sufrido invasiones y acechanzas permanentes para quitarnos lo que por derecho e historia nos pertenece. Hemos rechazado a las potencias militares y navales más importantes de su época, la última confrontación épica fue la Gloriosa Guerra de Malvinas que mostró al mundo cómo un país pequeño con coraje, valor e hidalguía libró el Buen Combate Cristiano contra el enemigo masón tradicional de la Patria Católica. Si sólo pensamos sin Fe, que el enemigo que enfrentamos es tremendamente poderoso y que con las armas modernas de que dispone, podría eliminarnos del mapa en breves minutos, no haríamos nada y ya estaríamos derrotados. Pero si pensamos con Fe en aquello que expresara el gran Padre Leonardo Castellani cuando dijo: «La solución sólo vendrá por la intervención directa de Cristo en la Historia y no en modo alguno por acción humana», eso nos ayudará a no bajar los brazos y a seguir dando Testimonio de lucha para vencer el dominio anticristiano y recuperar la Patria Católica y Sanmartiniana, más allá de cualquier poderío humano que se nos quiera enfrentar. ¡Jesús en Vos Confío!

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina!

¡Por Dios y por la Patria!

 

Hugo Reinaldo Abete

Ex Mayor E.A.