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¿LA ÚLTIMA «GUERRA» DE NETANYAHU?

Roberto Mansilla Blanco*

El proyecto supremacista del «Gran Israel» impulsado por el primer ministro Benjamín Netanyahu y sus aliados gubernamentales se someterá al escrutinio de las urnas el próximo 27 de octubre, con la celebración de elecciones para renovar la Knéset, el Parlamento israelí.

Estos comicios abordan un clima político y electoral polarizado por una histórica crisis de identidad dentro del Estado de Israel, principalmente determinado por la caída internacional de su imagen y credibilidad producto de la política belicista y expansionista de Netanyahu, materializada con el genocidio en Gaza desde 2023, el incremento de la colonización de Cisjordania y una nueva invasión del sur del Líbano.

Esta caída en desgracia de la imagen internacional israelí se evidencia ante un inédito nivel de distanciamiento, al menos en apariencia, por parte de aliados irrestrictos como EEUU y Europa. En el plano interno comienza a ser frecuente un debate público sobre cuestiones clave como el sionismo, el judaísmo, la conciencia nacional y el mito perenne de la invencibilidad militar israelí.

Si bien grosso modo el establishment político israelí, aunque atomizado en diversas formaciones políticas, se aprecia aparentemente cohesionado, el proyecto supremacista de Netanyahu ha provocado una fuerte polarización dentro de la sociedad israelí, una variable para tener en cuenta con las elecciones a la vuelta de la esquina.

El «Gran Israel» se somete a las urnas

A la cita electoral se han presentado un total de 38 formaciones que competirán por los 120 escaños del Knéset. El partido derechista Likud de Netanyahu busca mantener el poder pero las expectativas electorales prevén la continuidad del proceso de atomización y la conformación de bloques parlamentarios, algo ya tradicional en la política israelí.

Para renovar el que sería su sexto mandato en tres períodos distintos desde 1996, Netanyahu seguirá dependiendo del apoyo de líderes ultraderechistas como el actual ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir (partido Otsmá Yehudit, Poder Judío) y el actual ministro de Finanzas Belazel Smotrich (Partido Sionista Religioso), ambos políticos controvertidos por sus posiciones supremacistas y racistas hacia los palestinos y otras comunidades no hebreas.

En el nuevo mapa político que se avecina en Israel destacan el avance de nuevas alianzas opositoras, básicamente enroladas en la derecha nacionalista sionista con algunas opciones centristas  encabezadas por el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot (del centrista Yashar), además del ex primer ministro y ex ministro de Defensa Naftali Bénnet (Nueva Derecha), Yair Lapid (del centrista Yesh Atid) y Avigdor Líberman, ex ministro de Relaciones Exteriores y de Defensa, líder del partido Israel Beitenu, de carácter derechista, laico y nacionalista.

Otros actores electorales son los partidos ultraortodoxos Judaísmo de la Torá (de la comunidad ashkenazi), Shas (sefarditas), nacionalistas religiosos como Amja Israel (Tu Pueblo Israel) y las formaciones árabes Raam y Liga Árabe Conjunta.

Las tendencias preelectorales muestran una marcada polarización política entre Netanyahu y Eisenkot, de acuerdo a las encuestas realizadas e mediados de septiembre por Kantar/Kan, The Jewish People Policy Institute, Canal 13 y The Times of Israel.

Con su ideología reaccionaria y supremacista, Netanyahu ha marcado el paso de varias de las crisis que ha vivido Oriente Próximo en las últimas tres décadas toda vez se acrecentaba la complejidad religiosa y étnica del Estado de Israel.

Los ataques del movimiento islamista palestino Hamás contra objetivos israelíes el 7 de octubre de 2023, que provocó más de 2.000 muertes, marcó un punto de inflexión para Netanyahu. Este suceso, el peor ataque registrado en territorio israelí, cuestionó el mito de la seguridad e inviolabilidad del país al mismo tiempo que sirvió de condicionante para abrir las compuertas del proyecto del «Gran Israel», materializado con la invasión de Gaza y actualmente del sur del Líbano, sin descartar una intervención indirecta dentro del complicado rompecabezas sirio.

Por tanto, las elecciones del 27 de octubre no decidirán únicamente el futuro de Netanyahu sino el modelo de sociedad que Israel quiere construir. Son palpables los síntomas de desgaste y malestar por las atrocidades cometidas por las IDF contra la población palestina y libanesa, al mismo tiempo que existe una profunda reacción contra el alistamiento militar obligatorio, una de las señas de identidad estatal. Estos factores pueden terminar decantando las expectativas electorales de Netanyahu, en este caso de forma desfavorable.

Un ejemplo de ello ha sido la decisión de la formación de izquierda israelí Partido de los Demócratas de solicitar a la Comisión Electoral Central la retirada del partido ultraderechista Poder Judío de Ben Gvir, alegando su racismo y el hecho de que su presencia «niega la existencia del Estado de Israel como Estado democrático».

En perspectiva y a diferencia de comicios anteriores, el debate político y social en Israel ya no se centra exclusivamente en torno a la cuestión palestina sino en torno a la cohesión interna, el contrato social y el equilibrio entre identidad religiosa, democracia y seguridad. Más allá de la potencialidad militar y tecnológica israelí, la sociedad observa una actitud distante y crítica, rayando incluso en la falta de confianza, por parte de sus aliados occidentales. Incluso diversos sectores políticos israelíes se muestran preocupados ante la percepción de pérdida de prioridad y de exclusividad de los intereses israelíes entre sus aliados exteriores.

«Bibi, todo el mundo de odia»

Más allá de las opciones electorales y los manejos políticos internos, el principal foco de atención está en el deterioro de la imagen internacional de Israel. En julio pasado, durante la visita de Netanyahu a la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump le espetó personalmente al primer ministro israelí una acusación inusual: «todo el mundo odia a Israel por esto».

Son prolíficas las imágenes e informaciones en las redes sociales sobre «mobbing» y acoso contra turistas israelíes, algunos de ellos identificados como miembros de las fuerzas armadas, el IDF, en diversas partes del mundo, incluso con señales expresas de prohibición para atender a estos turistas, especialmente en países asiáticos con comunidades musulmanas.

El inusual tono de Trump escenificaba este nivel de desconfianza internacional hacia Netanyahu en un momento en que Israel sigue adelante con la invasión militar directa en el Líbano y de intervención indirecta en Siria a través de aliados como las fuerzas de la comunidad drusa, acciones que han provocado irritación en la Casa Blanca en un momento delicado por el enfrentamiento militar con Irán.

Si bien no ha dejado de mostrarse como un ferviente aliado israelí, Trump y su equipo de gobierno observan con desagrado que la guerra contra Irán iniciada el pasado 27 de enero se realizó más bien para preservar los imperativos estratégicos de Israel en detrimento de los intereses geopolíticos y geoeconómicos estadounidenses. Este contexto es particularmente preocupante en la Casa Blanca a escasos dos meses de otros comicios trascendentales, las elecciones del mid-term en EEUU, donde se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Una prueba electoral que medirá los apoyos populares de Trump y del «trumpismo» de cara a las presidenciales de 2028.

Las elecciones parlamentarias israelíes anteceden al mid-term en EEUU (3 de noviembre), una variable que puede resultar condicionante para las expectativas de Trump, cuyas cotas de popularidad están en su peor momento mientras la sociedad estadounidense comienza a experimentar una ola de creciente simpatía por Palestina y de rechazo hacia Israel.

Es por ello que Trump podría estar barajando otras opciones menos condicionantes en Israel como apostar por una derrota de su aliado Netanyahu a favor de una coalición levemente más moderada que ralentice la radicalización y polarización interna en torno al proyecto supremacista del «Gran Israel».

Ante el eventual escenario de Netanyahu fuera del poder y a la espera de la tendencia política que asumiría un nuevo gobierno en Tel Aviv, está por ver cuál será la capacidad de Washington para impulsar ante la comunidad internacional una política de recuperación de la imagen de un Israel menos beligerante, con perspectivas de apertura de negociación para, al menos momentáneamente, reducir las tensiones en los conflictos abiertos  en Gaza, Irán, Líbano, Siria y Yemen ante la reciente ofensiva de las milicias hutíes, aliadas de Teherán.

Un caso particularmente significativo ha sido la revelación informativa de que Emiratos Árabes Unidos, uno de los países que reconoce oficialmente a Israel tras los Acuerdos de Abraham de 2020, advirtió a Netanyahu sobre el ataque de Hamás el 7-O.

Mientras la atención mediática y política se centra en intentar descifrar hasta qué punto Netanyahu, las IDF y la inteligencia israelí estaban al tanto de estas advertencias, Washington podría manejar otro escenario, reduciendo su apoyo a un Netanyahu cada vez más incómodo y díscolo para los intereses estadounidenses. Con ello, EEUU no despreciaría la posibilidad de un cambio de gobierno en Tel Aviv que permita “lavar la imagen” internacional de Israel, contribuyendo con ello a exculpar su responsabilidad por haber apoyado al primer ministro israelí en su política cada vez más belicista en Oriente Medio.

El desastre de la guerra contra Irán, particularmente ante el control que ejerce Teherán con el cierre del Estrecho de Ormuz, así como la ofensiva de los hutíes yemenitas contra los intereses de Arabia Saudita atacando las redes de suministro energético, ponen en entredicho los intereses conjuntos de EEUU e Israel en Oriente Medio, así como, entre otros factores, la viabilidad y solidez del reciente pacto de seguridad entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán.

El reforzamiento del poder regional de Irán ha disuadido a Netanyahu a blandir de nuevo la amenaza del programa nuclear iraní, buscando con ello recuperar la iniciativa pero ahora en clave electoral. No obstante, Tel Aviv calcula que los recientes equilibrios y alianzas en Oriente Medio, particularmente la apuesta por mecanismos de cooperación y alianzas propias dentro del mundo árabe e islámico, marcan una dinámica divergente con los intereses israelíes, así como de un aliado estadounidense cada vez más suspicaz a la hora de atender incondicionalmente las demandas de Tel Aviv.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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ESE ESTRECHO TAN GRANDE

Roberto Mansilla Blanco*

Tras amenazar con «llevar a la edad de piedra» y «desaparecer una civilización en una noche», el estridente Donald Trump finalmente dio marcha atrás a sus amenazas aceptando un plan de paz de diez puntos ofrecido por Irán que, grosso modo, se erige como el hipotético vencedor de esta surrealista guerra de 40 días lanzada por Estados Unidos e Israel.

Entre otras, la propuesta iraní estipula reabrir por dos semanas el estrecho de Ormuz, ruta de tránsito del 20% del mercado energético mundial, a cambio de suspender durante ese tiempo los ataques. La propuesta también incluye demandas prioritarias para Teherán: levantar la totalidad de las sanciones occidentales y permitir el enriquecimiento de uranio. Washington, como su aliado israelí, insisten en que Irán no debe tener un programa nuclear. Otro foco de interés para Teherán es ampliar esta tregua hacia el Líbano, azotada por ataques israelíes.

Probablemente a instancias de Trump, Israel también aceptó el acuerdo pero dejando claro que el mismo no debe incluir al Líbano, la «nueva Gaza» que Netanyahu piensa ampliar dentro de su mesiánico y supremacista proyecto del «Gran Israel» que tanto entusiasma a Trump y su «línea dura». De hecho, y tras abrirlo brevemente una vez consumada la tregua, Irán volvió a cerrar temporalmente el estrecho de Ormuz tras los ataques israelíes contra posiciones del movimiento islamista Hizbulá, aliado iraní, al sur del Líbano.

Aceptar negociar con Irán cuando se amenazaba con su destrucción así como convencerse de que Teherán controla prácticamente la totalidad del tránsito en el estrecho de Ormuz implica para Israel y Estados Unidos una severa derrota militar y geopolítica, lo cual determina su descrédito ante el mundo. La oposición israelí interpretó esta situación como el «mayor desastre histórico», culpando a Netanyahu de no alcanzar ninguno de sus objetivos en esta guerra. Fuentes militares en Estados Unidos analizaron del mismo modo este contexto en cuanto a los planes de Trump.

Con el apoyo de Teherán, este acuerdo estuvo precedido por los incesantes esfuerzos de un actor exterior, Pakistán, que ya había presentado un borrador de negociación similar días antes de la decisión de Trump de desactivar el ultimátum contra Irán. A partir del 10 de abril, la capital pakistaní Islamabad acogerá la ronda de contactos entre Estados Unidos e Irán para avanzar en las negociaciones, un aspecto que fortalece el peso geopolítico de Pakistán.

Pero no es Pakistán el único actor detrás de este acuerdo. Turquía, Rusia y China ejercieron igualmente un factor de influencia. Moscú y Beijing votaron en el Consejo de Seguridad de la ONU contra la petición de Trump de reabrir el estrecho de Ormuz, argumentando que esa era más bien una decisión soberana de Irán. Así, el estrecho de Ormuz demostró ser un coloso geopolítico difícil de sortear, y más ahora ante la evidencia de un Irán que, resistiendo a las pretensiones imperialistas de Estados Unidos e Israel, se erige como el actor que controla el tráfico por ese estratégico espacio.

La tregua deja a Trump en un difícil contexto político, con su popularidad en caída en este 2026 electoral y una crisis dentro de su movimiento MAGA, con sectores contrarios a esta guerra. El alza desmesurada de los precios del combustible debido al cierre del estrecho de Ormuz aumentó el malestar social en Occidente contra esta guerra impopular. Por otra parte, los pretendidos planes de intervención militar directa en Irán tampoco contaron con el apoyo irrestricto por parte de los aliados regionales de Estados Unidos, en especial Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Catar, golpeados por las respuestas militares iraníes y persuadidos ante la posibilidad de una catástrofe global en caso de eventual invasión del país persa.

Con paciencia estratégica y una enorme capacidad de resiliencia, Irán logró asestar una victoria geopolítica contra sus principales enemigos, Estados Unidos e Israel, incluso desarticulando sus alianzas. Un ejemplo fue la posición europea, reacia a participar en este conflicto a tal punto que países como España e Italia no permitieron el uso de sus bases militares para los intereses de Trump. Aparcando su trumpismo, la primera ministra italiana Giorgia Meloni marcó distancias con Washington en cuanto al apoyo a esta guerra.

La surrealista aventura militar de Trump y Netanyahu se definió en un fracaso ante un Irán que demostró su capacidad militar, política, estatal y social para resistir y asestar golpes estratégicos contra objetivos regionales de Estados Unidos e Israel así como de otros rivales como Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. La lección fue clara: Teherán puso «patas arriba» el comercio mundial y las pretensiones hegemónicas del desacreditado eje Trump-Netanyahu. Utilizó un arma geoeconómica como el estrecho de Ormuz para obligar a sus agresores a sentarse a negociar sus propuestas.

La paranoia de Trump y Netanyahu por el cambio de régimen en Teherán se confirmó como una falacia y una ilusión poco realista tomando en cuenta que, por convicción o por coacción, la población iraní se plegó a las exigencias del régimen teocrático, hoy visiblemente en manos del pretorianismo militar del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), que semanas antes de los ataques había tenido que afrontar protestas internas.

Los errores de cálculo de Washington y Tel Aviv fueron tan notorios como la asertividad de Teherán para resistir, responder y obligar a sus enemigos a sentarse en la mesa de negociación. Pese a la cruenta represión oficial de las protestas, la respuesta de los iraníes ante la guerra de Trump y Netanyahu fue claramente ilustrativa: defender con una cadena humana sus principales activos nacionales. El costo humanitario del eslogan trumpiano de «desaparecer a una civilización» muy probablemente persuadió a Washington para aceptar esta negociación a última hora.

Con todo, esta incierta tregua abre varios interrogantes: ¿desistirán Trump y Netanyahu en su empresa de destruir Irán?; ¿o se impondrá una táctica realpolitik que obligará a un reacomodo ante un nuevo statu quo? En este paranoico mundo de Trump, nada es seguro.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

 

Este artículo fue publicado originalmente en idioma gallego en Editorial Novas do Eixo Atlántico: https://www.novasdoeixoatlantico.com/ese-estreito-tan-grande-roberto-mansilla-blanco/.

«EL PROYECTO DEL “GREATER ISRAEL»: EXPANSIÓN TERRITORIAL EN MEDIO ORIENTE Y SUS IMPLICANCIAS GEOPOLÍTICAS»

Don Juan de Eslavonia

Basado en las ideas principales del libro «Oded Yinon», del autor Mr. Frederick Michael Taikowski. 2016. Yinon: A Greater Israel. ISBN-10 ‏1539346498

 

Introducción

En los últimos meses, se ha renovado el debate en torno al denominado proyecto del «Greater Israel» —la idea de que el Estado de Israel persigue una expansión territorial que trasciende los límites reconocidos actualmente— y sus implicancias sobre la seguridad, la paz y la estabilidad en Medio Oriente. Algunos analistas argumentan que esta visión influyente, aunque polémica, ya está moldeando decisiones políticas, militares y demográficas que podrían redefinir las fronteras de la región.

Orígenes e ideas fundamentales

El término «Greater Israel» remite a varias corrientes ideológicas y geopolíticas:

  • Su génesis se vincula al sionismo temprano, con figuras como Theodor Herzl y otros que imaginaron un Estado judío que se extendiera más allá de las fronteras del Mandato Británico (1).
  • En la década de 1980 apareció el ensayo atribuido a Oded Yinon («A Strategy for Israel in the 1980s»), que propone la fragmentación de los Estados árabes próximos a Israel como una forma de garantizar su seguridad y dominación regional (2).
  • El análisis reciente sugiere que esta visión está tomando forma a través de asentamientos, políticas demográficas, control estratégico de recursos y consolidación territorial.

Las ideas principales que emergen de esa corriente pueden resumirse en:

  1. Expansión territorial: incorporar o controlar territorios más allá del «Israel de 1948» o de los «límites de 1967».
  2. Control estratégico de recursos naturales y rutas geográficas: agua, gas, petróleo, rutas marítimas, altitudes geográficas clave (3).
  3. Colonización, demografía y asentamientos: asegurar poblaciones judías, desplazar o marginar poblaciones no-judías, afirmar soberanía de facto (4).
  4. Fractura de los Estados árabes o debilitamiento de sus estructuras estatales: la lógica de «balcanización» del entorno árabe para aumentar la ventaja estratégica de Israel.
Planificación estratégica y estado actual

A través del prisma de la «planificación estratégica» se pueden observar varios componentes que aparecen repetidamente:

  • Actores involucrados: gobierno israelí, fuerzas armadas israelíes (Israel Defence Forces – IDF), colonos israelíes, élites políticas y económicas israelíes, y en algunos análisis aliados como EE.UU. o actores regionales tácitos.
  • Espacio geográfico y etapas de expansión: territorios palestinos (Cisjordania, Gaza), los Altos del Golán (Siria), zonas fronterizas con Líbano, y más allá según algunas interpretaciones (5).
  • Mecanismos estratégicos:
  • Infraestructura de asentamientos y colonos.
  • Políticas demográficas (incentivos para judíos, restricciones para palestinos).
  • Acciones militares y presencia en zonas ocupadas o en disputa.
  • Control de recursos naturales (agua, gas, petróleo).
  • Diplomacia, propaganda, alianzas estratégicas (por ejemplo, con países árabes que normalizaron relaciones) (6).
  • Fines declarados o inferidos: asegurar una posición de seguridad reforzada, expandir la soberanía territorial, transformar el entorno estratégico de Israel para reducir amenazas fronterizas, aprovechar recursos naturales.
  • Estado actual de implementación:
  • En diciembre de 2024, el gobierno de Israel anunció un plan para duplicar la población israelí en los Altos del Golán, territorio ocupado desde 1967 y anexado en 1981 (no reconocido internacionalmente) (7).
  • En Julio de 2025, se filtró un debate de políticos israelíes de ultraderecha sobre convertir la Franja de Gaza en un mega-resort para israelíes, desplazando a la población palestina (plan «Gaza Riviera») (8).
  • Situaciones de demolición de viviendas, ampliación de asentamientos, declaraciones de líderes israelíes en apoyo de la visión de «Greater Israel» (9).
Implicancias geopolíticas, sociales y éticas
  • Soberanía y derecho internacional: la ocupación y anexión de territorios (Golán, Cisjordania, Gaza) plantean retos en cuanto a la legislación internacional (Convención de Ginebra, resoluciones de la ONU) (10).
  • Desplazamiento y derechos humanos: los planes de asentamiento, demografía y desarrollo apuntan a cambios profundos en la composición poblacional, lo que genera acusaciones de limpieza étnica o desplazamiento forzado (11).
  • Inestabilidad regional: una estrategia de expansión tan ambiciosa incrementa el riesgo de guerras prolongadas, conflictos múltiples y reacción de alianzas árabes, iraníes o de otros actores externos.
  • Dimensión económica y de recursos: el control de agua, gas, petróleo, rutas comerciales y asentamientos costeros tiene un impacto directo en la economía regional, en la dependencia de Israel y en la geopolítica de recursos (12).
  • Implicaciones internas para Israel: si bien sectores israelíes promueven esta visión, también enfrenta desafíos de legitimidad internacional, costos militares y tensiones demográficas internas (por ejemplo, entre judíos y ciudadanos árabes israelíes) (13).
¿Hacia dónde va el proyecto?

El proyecto «Greater Israel», si bien no ha sido declarado oficialmente en todos sus detalles por el Estado israelí como un plan único y formal, aparece con fuerza en declaraciones, políticas de asentamientos, demografía y diplomacia. Por ello, cabe plantear dos escenarios:

  1. Escenario de consolidación: Israel consolida territorios ya ocupados, expande asentamientos, incrementa control de recursos y estabiliza sus fronteras, sin necesariamente una expansión masiva hacia Siria, Egipto o Irak.
  2. Escenario de ambición ampliada: llevando la visión más allá de 1967, hacia Siria oriental, el valle del Jordán, zonas de Líbano o incluso Irak como algunos análisis sugieren. Este escenario incrementaría la tensión regional dramáticamente y requeriría recursos, alianzas y riesgos aún mayores.
 Conclusión

El llamado proyecto del «Greater Israel» representa más que una idea geográfica: es una matriz estratégica que combina demografía, control territorial, recursos naturales, infraestructuras y poder militar-diplomático. Aunque su ejecución total esté lejos de alcanzarse —y esté sujeta a interpretación, oposición internacional y realidades políticas—, los síntomas de su implementación ya son visibles: asentamientos, política de población, incursiones militares, proyectos de desarrollo en territorios disputados.

Para la comunidad internacional, los medios y los investigadores, resulta clave vigilar los indicadores de expansión: nuevas anexiones, incentivos demográficos, control de recursos estratégicos, cambios en fronteras de facto y el efecto en la población local. A medida que la normalización diplomática entre Israel y los países árabes avanza, también se abren oportunidades para que esta visión se traduzca en políticas de Estado o en dinámicas regionales que transformen el mapa del Medio Oriente.

El análisis exige no solo ver los hechos militares o diplomáticos, sino comprender esta arquitectura estratégica global que vincula lo territorial, lo demográfico, lo económico y lo ideológico. Y preguntarse: ¿qué resistencias se movilizan?, ¿cómo responderá la comunidad internacional?, ¿qué impactos tendrán estas dinámicas en las poblaciones locales y en la estabilidad regional?

 

Fuentes principales

(1) BBC Mundo. 5 noviembre 2017. Los otros lugares contemplados para un Estado judío antes de la creación de Israel en territorio palestino. https://www.bbc.com/mundo/noticias-41857911

(2) Fossati, D. J. (2020). El Plan Yinon como estrategia de conformación del «Gran Estado de Israel» en la búsqueda de su espacio vital. http://cefadigital.edu.ar/handle/1847939/2492

(3) geopol21.com. Mapa de los recursos estratégicos de Israel y Palestina, 07/06/2024, https://geopol21.com/mapa-de-los-recursos-estrategicos-de-israel-y-palestina/

(4) www-hrw-org. Un umbral cruzado. Las autoridades israelíes y los crímenes de apartheid y persecución, 27/04/2021, https://www-hrw-org.translate.goog/report/2021/04/27/threshold-crossed/israeli-authorities-and-crimes-apartheid-and-persecution?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc.

(5)- www.bbc.com. Conflicto israelí-palestino: 6 mapas que muestran cómo ha cambiado el territorio palestino en las últimas décadas, 16/09/2020, https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-54162476

(6) www.valladoliddigital24horas.com. ¿Por qué han callado históricamente los países árabes sobre Gaza y siguen sin darle apoyo? 20/09/2025 https://www.valladoliddigital24horas.com/por-que-han-callado-historicamente-los-paises-arabes-sobre-gaza-y-siguen-sin-darle-apoyo/

(7) cnnespanol.cnn.com. Eugenia Yosef y Nadeen Ebrahim Gobierno de Israel aprueba plan de Netanyahu para expandir asentamientos en los Altos del Golán ocupados https://cnnespanol.cnn.com/2024/12/15/mundo/israel-netanyahu-asentamientos-altos-golan-trax

(8) www.theguardian.com. El plan filtrado de la «Riviera de Gaza» es rechazado por considerarlo un intento «insensato» de encubrir una limpieza étnica. 15/12/2024, https://www.theguardian.com/world/2025/sep/01/leaked-gaza-riviera-plan-dismissed-as-insane-attempt-to-cover-ethnic-cleansing

(9) www.ohchr.org/es. Israel debe poner fin a los asesinatos y las demoliciones de viviendas en la Ribera Occidental ocupada. 15/07/2025. https://www.ohchr.org/es/press-briefing-notes/2025/07/israel-must-stop-killings-and-home-demolitions-occupied-west-bank

(10) ONU A/RES/ES-10/24 Asamblea General 18 de septiembre de 2024 https://docs.un.org/es/A/RES/ES-10/24

(11) www.aa.com.tr. La ONU recuerda que el desplazamiento forzado es una «limpieza étnica». 05/02/2025. https://www.aa.com.tr/es/pol%C3%ADtica/la-onu-recuerda-que-el-desplazamiento-forzado-es-una-limpieza-%C3%A9tnica-/3473182

(12) www.realinstitutoelcano.org. Enrique Feás. Los efectos económicos y geopolíticos de la guerra de Gaza. 09/10/2023. https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/los-efectos-economicos-y-geopoliticos-de-la-guerra-de-gaza/

(13)- www.cidob.org. Moussa Bourekba, investigador principal, CIDOB y Francis Ghilès, investigador sénior asociado, CIDOB. Las Tres Consecuencias Inevitables del Conflicto Entre Israel y Gaza, 11/2023, https://www.cidob.org/publicaciones/las-tres-consecuencias-inevitables-del-conflicto-entre-israel-y-gaza

«Oded Yinon», del autor Mr. Frederick Michael Taikowski. 2016. Yinon: A Greater Israel. ISBN-10 ‏1539346498.

 

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