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LAS CONTRADICCIONES DE LA UE EN ÁFRICA Y LAS PROPUESTAS REALISTAS DE LOS BRICS

Giancarlo Elia Valori*

Artículo publicado originalmente en Nuovo Giornale Nazionale*

 

La marginación de la Unión Europea y los países europeos en África tiene causas recientes. En este continente rico en recursos y en rápido crecimiento, las grandes potencias compiten por las oportunidades de cooperación más ventajosas.

Las relaciones entre la UE y algunos países del África mediterránea, y en consecuencia con los países del Magreb y del África subsahariana (región del Sahel), revelan complejos cambios geopolíticos y diplomáticos. ¿Cuáles son las causas fundamentales de la ruptura entre la UE y algunos países africanos? ¿Qué errores ha cometido la UE? ¿Qué impacto han tenido estos errores en sus interacciones? En el mundo actual, en rápida evolución y plagado de crisis, ¿qué ajustes geopolíticos y diplomáticos son necesarios para superar estas divisiones y revitalizar la cooperación?

Según Omar al-Bah, profesor del Centro de Diplomacia y Estudios Estratégicos de París y asesor de las Naciones Unidas y de la Unión Africana, los tres principales errores cometidos por la UE en África y su impacto en las relaciones diplomáticas y estratégicas bilaterales son: la intervención de la OTAN en Libia, apoyada por la UE; la ambigüedad de la UE en la cuestión del Sáhara; los dobles raseros de la UE; y la cuestión de las tradiciones africanas que los occidentales quieren borrar en nombre de una «modernización» de la moral.

El bombardeo de Libia por parte de la OTAN excedió el alcance de la autorización otorgada por la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (17 de marzo de 2011). Esta resolución solo preveía una zona de exclusión aérea y no autorizaba el uso de la fuerza contra Libia. Sin embargo, los países occidentales utilizaron esta autorización para afirmar ante la opinión pública internacional que la OTAN tenía un mandato de la ONU para derrocar al régimen libio, atacar a Gadafi y destruir Libia. Esto parecía apoyar a los rebeldes «prodemocráticos» que abogaban por una Libia «moderna y progresista». Sin embargo, desde 2011, Libia se encuentra sumida en una guerra civil y carece de un gobierno unificado y universalmente aceptado. En 2020, Libia seguía dividida en tres regiones distintas y mutuamente hostiles.

Esta división tripartita indica que hay tres gobiernos: a) el gobierno de unidad nacional en Trípoli, liderado por el primer ministro Abdul Hamid Dbeibah, que controla la capital y la parte occidental del país, apoyado por la comunidad internacional y Turquía; b) el gobierno de Bengasi/Este: liderado por el primer ministro Osama Hammad, apoyado por el parlamento (Cámara de Representantes) con sede en Tobruk, y controlado por el general Khalifa Haftar y su Ejército Nacional Libio; c) el Alto Consejo de Estado: un órgano consultivo con sede en Trípoli que, si bien no es un gobierno ejecutivo independiente, desempeña un papel crucial en las negociaciones políticas y se opone al parlamento en Tobruk. Además, existen zonas grises dominadas por milicias armadas: fuerzas con características terroristas intrínsecas que abogan por un estado teocrático en Libia.

Esta situación socava gravemente el proceso de reconstrucción nacional, perturba un diálogo nacional inclusivo y sostenible, obstaculiza la celebración de elecciones periódicas e impide las reformas estructurales encaminadas a promover una recuperación de alta calidad de la crisis y lograr la revitalización nacional posterior al conflicto.

El error resultante radica en que los países occidentales optaron por una vía intervencionista ideológicamente motivada y aparentemente benigna: el uso de la fuerza contra un Estado soberano en el contexto de la «Primavera Árabe», ignorando las reservas planteadas por la Unión Africana. La UA había abogado claramente por una solución pacífica a la crisis mediante mecanismos de mediación liderados por África.

El fracaso de Occidente y la UE en proponer una solución clara para la posguerra constituyó un error fundamental, que va más allá de la mera violación de los Artículos 2(3) y 4 de la Carta de las Naciones Unidas. La mayoría de las voces a favor de la intervención invocaron la llamada «responsabilidad de proteger», considerándola una herramienta para socavar tanto la soberanía de Libia como el principio de no injerencia en los asuntos internos.

De hecho, tanto a nivel macroeconómico como microeconómico, la situación de Libia bajo el gobierno de Gadafi era mucho mejor que la actual. Por otro lado, el Consejo Nacional de Transición, que asumió el poder después del Líder Supremo, nunca ha logrado aclarar el destino final de los activos financieros libios congelados y confiscados a nivel mundial. Se estima que estos activos, ubicados principalmente en Estados Unidos y la UE, tienen un valor de entre 100.000 y 160.000 millones de dólares.

El colapso de Libia también afectó negativamente al proceso de integración monetaria panafricana promovido por la UA, obstaculizando significativamente el lanzamiento de una moneda única africana (la ECO, Comunidad Económica de Estados de África Occidental), que se pospuso hasta 2027 debido a obstáculos económicos y políticos. Si bien algunas iniciativas vinculan la integración monetaria a largo plazo con la Agenda 2063 de la UA, 2027 sigue siendo el objetivo actual para África Occidental.

De hecho, la UA inicialmente dependió en gran medida del sustancial apoyo financiero de Libia para iniciar el proceso de unificación monetaria en el marco de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (ZLCAF). La ZLCAF, el mayor acuerdo de libre comercio del mundo por número de países participantes entró en vigor el 1° de enero de 2021. Impulsada por la UA, su objetivo es crear un mercado único para 54 Estados (excluyendo a Eritrea), eliminando el 90% de los aranceles aduaneros para aumentar el comercio intraafricano, industrializar el continente y facilitar la circulación de bienes y servicios. Esto concuerda con la teoría del economista canadiense Robert Mundell sobre las zonas monetarias óptimas y su impacto positivo en la movilidad laboral, así como con la visión general de la XXXVIII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UA, celebrada en Adís Abeba en febrero de 2025.

El segundo error se refiere a la ambigua postura de la UE respecto a la República Árabe Saharaui Democrática. Fue y sigue siendo un juego estratégico basado en el supuesto equilibrio entre el Reino de Marruecos, la mencionada República Árabe Saharaui Democrática y la República Argelina Democrática y Popular.

Los cambios de postura, complejos y sutiles, son habituales en la política exterior de la UE. El 4 de octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó tres sentencias que exigían a los Estados miembros garantizar el respeto de los derechos sobre los bienes y servicios originarios de la RASD al aplicar dos acuerdos comerciales firmados con el Reino de Marruecos. Ese mismo día, el Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores francés emitió una declaración reafirmando los principios fundamentales de la política exterior francesa en la región del Magreb. Francia declaró que nunca comenta las sentencias judiciales, pero reiteró que el presidente y el gobierno franceses siempre priorizan la «colaboración estratégica especial» entre Francia y Marruecos más allá de la UE.

Así pues, esta postura diplomática, paralela a las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, ha generado una tensión significativa entre el Estado de derecho de la UE y los intereses nacionales franceses a nivel diplomático, económico, financiero e incluso estratégico e histórico (durante la época del colonialismo directo, la actual RASD era el Sáhara español). Esta contradicción no sólo no ha logrado calmar los ánimos de las partes implicadas en la región del Magreb, sino que tampoco ha logrado aclarar sustancialmente la verdadera postura de Bruselas sobre este delicado asunto. Para fortalecer su credibilidad y coordinar sus posiciones diplomáticas y estratégicas, la UE debería haber demostrado una mayor coherencia.

Mientras tanto, la UE se encuentra atrapada entre dos principios sobre la cuestión de la RASD: por un lado, el apoyo de Argelia al derecho de autodeterminación del pueblo de la RASD; por otro, la reivindicación de soberanía de Marruecos sobre ciertos territorios de la RASD (miembro de la antigua Organización de la Unidad Africana desde 1982 y ahora miembro de la UA), basada en el principio de fronteras inviolables. Marruecos propone conceder autonomía a la región dentro de lo que Rabat define como sus «fronteras naturales», enfatizando su prioridad histórica y geográfica. La postura algo sesgada del Consejo de Seguridad de la ONU respecto al enfoque marroquí podría ofrecer a la UE la oportunidad de afinar su postura diplomática.

El tercer error se refiere a la doble moral de la UE en nombre de la democracia, el Estado de derecho, la moral, la buena gobernanza y los derechos humanos. En la mayoría de los países del Magreb y el África subsahariana, la UE, al igual que otros actores occidentales, suele enfatizar estos conceptos ideológicos para justificar su intervención en los asuntos internos de los países africanos, imponiendo sanciones o condiciones. Estos discursos suelen tener un tono condescendiente y «civilizado», con el objetivo de debilitar a los regímenes y élites desobedientes, fomentando así la creación de intermediarios y salvaguardando sus propios intereses estratégicos. Esta práctica ha suscitado críticas generalizadas sobre la doble moral de la UE en África.

A pesar de que la UE ha subrayado reiteradamente su firme compromiso con estos valores, declarando que su objetivo es defender «valores universales» como la paz, la seguridad, la estabilidad, el estado de derecho, la moralidad, el buen gobierno, la lucha contra la corrupción, los derechos humanos, etc., la brecha entre la UE y África persiste.

La división es particularmente pronunciada en la región del Sahel. Las intervenciones de seguridad de la UE y la comunidad internacional, como 1) la Fuerza de Tarea Takuba de la UE desde 2021 (un instrumento concebido por Macron para involucrar a Europa en el Sahel, donde las fuerzas francesas luchan por mantener la estabilidad en la región; cabe mencionar también que, a pesar de haberse declarado inicialmente a favor de la iniciativa francesa, no todos los once países firmantes de la declaración de adhesión han enviado unidades operativas al terreno, mientras que uno de ellos, Alemania, ha rechazado dos veces la solicitud de Francia); 2) el G5 del Sahel (un marco de cooperación intergubernamental establecido en 2014 por Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger para abordar los desafíos comunes de seguridad y desarrollo); y 3) la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí, no han logrado erradicar por completo el terrorismo y la delincuencia transnacional. Incluso con la retirada de las tropas extranjeras, estas amenazas persisten. Si bien los soldados franceses y europeos han logrado detener el avance de las fuerzas yihadistas en algunas zonas, el fracaso en alcanzar un objetivo decisivo ha exacerbado aún más los malentendidos entre Francia, la UE y la Asociación de Estados del Sahel, empujando a esta última hacia Moscú, Beijing y el sistema BRICS. Este cambio geopolítico representa un desafío diplomático extremadamente difícil para la UE y Francia.

Además, cabe destacar que el mecanismo de patrullaje antinmigrantes Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, con sede en Varsovia) de la UE y su presión diplomática y estratégica sobre los países de tránsito del Magreb y los países africanos de origen han exacerbado aún más las tensiones entre la UE y África. Las rutas marítimas del Mediterráneo y el Atlántico se han convertido en vías de entrada para la inmigración ilegal, causando miles de muertes cada año. Esto no sólo genera fricciones entre los países costeros del sur de la UE y los países de destino del norte, sino que también exacerba los conflictos con el Magreb y África en su conjunto.

Muchos africanos creen que la UE está explotando los recursos naturales de África al negarse a proporcionar canales legales para la migración africana. Al mismo tiempo, la UE se enfrenta a la presión del auge del nacionalismo de extrema derecha y antiinmigrante, que explota los cambios demográficos, los abusos de la asistencia social y la «teoría del reemplazo demográfico» para sembrar el pánico y presentar la migración como una amenaza. Esta retórica suele exagerarse en el contexto de una realidad compleja e interdependiente.

Otra falla es el discurso occidental sobre el género y sus diversas formas, que ha encontrado una fuerte resistencia por parte de los valores tradicionales, religiosos y culturales en África y el Sur Global. Esto subraya la importancia de respetar la identidad y las costumbres en las relaciones internacionales para preservar la diversidad de los países y los Estados-nación.

La UE es reconocida como un socio estratégico importante para África y viceversa. Sin embargo, las frecuentes fracturas en sus relaciones reflejan la incapacidad de la UE para adaptar su política exterior a los cambios en las élites africanas, la opinión pública y el sistema internacional multipolar. Estas fracturas geopolíticas deberían impulsar a ambas partes a replantear sus modelos de interacción multidimensional basados en el respeto mutuo.

África defiende los principios de igualdad entre los Estados, respeto a la soberanía y no injerencia en los asuntos internos, evitando la sustitución de una hegemonía por otra, manteniendo así una auténtica autonomía estratégica. De hecho, sólo preservando la no alineación, la resiliencia y la iniciativa puede África promover con mayor eficacia las agendas globales, como la reorganización del sistema económico y financiero mundial y la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU). Esto se basa en el Consenso de Ezulwini, la posición común de la UA adoptada en 2005 para la reforma del CSNU, cuyo objetivo era corregir la injusticia histórica de la falta de representación de África. Exige al menos dos puestos permanentes (con derecho a veto) y cinco no permanentes para África, dejando el resto sin cambios.

En este proceso, la UE sigue siendo un socio indispensable para África. El Magreb, el África subsahariana, la UE y otras grandes potencias tienen la responsabilidad de construir un nuevo sistema de relaciones internacionales más pacífico, ordenado, justo y mutuamente beneficioso mediante el diálogo y la confianza mutua, y de promover el establecimiento de un nuevo orden mundial no excluyente, basado no en la palabrería políticamente correcta, sino en el respeto mutuo, los intereses comunes y el derecho internacional como garantía duradera de la paz, la seguridad y la estabilidad mundiales.

Sin embargo, más allá de las bellas palabras de la UE, que representa a los países que siempre han explotado a África, son los BRICS los que están ganando credibilidad ante los ojos de los países de ese continente.

La cooperación entre los países BRICS y África se está fortaleciendo rápidamente. Egipto y Etiopía también se han convertido en miembros de pleno derecho, mientras que Nigeria y Uganda son estados asociados, y Argelia y Senegal son estados candidatos. Esto representa el auge del «Sur Global», que busca promover la multipolaridad geopolítica, la desdolarización del comercio y el desarrollo de infraestructuras, fortaleciendo así significativamente la influencia de África en el panorama político y económico internacional.

Por lo tanto, los países BRICS y la UA están conformando un modelo interconectado, centrado en plataformas de negociación multilateral para promover la descolonización económica, la cooperación energética y los acuerdos sobre monedas locales. Su objetivo común es centrarse en la reforma de las instituciones de gobernanza global y promover la representación de los países en desarrollo en los asuntos internacionales.

En materia de infraestructura y desarrollo, los países BRICS se han comprometido a apoyar al continente africano en el desarrollo de recursos y el fortalecimiento de la infraestructura. Mediante su alianza con África, los países BRICS fortalecen la solidaridad en el Sur Global y trabajan para construir un orden internacional más equitativo.

Desde la ampliación de 2024, África cuenta ahora con dos nuevos Estados miembros de pleno derecho (los ya mencionados Egipto y Etiopía): la adhesión de estos países refuerza la influencia estratégica de los BRICS en el noreste de África.

En materia de moneda digital y desdolarización, India ha propuesto discutir la integración de las monedas digitales de los bancos centrales en la cumbre BRICS de 2026 para agilizar los acuerdos comerciales entre África y otros estados miembros y reducir la dependencia del dólar estadounidense.

En términos de ejercicios militares conjuntos, el primer ejercicio Peace Will 2026, liderado por la República Popular China, se celebró en aguas frente a las costas de Sudáfrica en enero de 2026, lo que marcó un paso adelante en la cooperación en materia de seguridad.

Las principales áreas de cooperación son: financiamiento de infraestructura: el Nuevo Banco de Desarrollo continúa otorgando préstamos a los países africanos, habiendo aprobado más de 30 mil millones de dólares para proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible a partir de 2023.

En materia de agricultura y seguridad alimentaria, el objetivo de la cooperación es compartir tecnologías agrícolas para mejorar la productividad y erradicar la pobreza en el continente africano.

En materia de cooperación energética, China y Rusia están impulsando varios proyectos de gran envergadura en África, como la central nuclear de El-Dabaa en Egipto y la construcción de varias redes de energía solar.

Los países BRICS han ofrecido a África una alternativa a los sistemas dominados por Occidente, como el FMI o el Banco Mundial. Los países africanos utilizan la plataforma BRICS para promover el desarrollo del Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA) y buscar una mayor representación y autonomía en la gobernanza global. Esto a pesar de los clichés de la UE y las potencias occidentales, quienes, en cuanto África intenta resolver sus problemas por sí sola, intervienen para establecer zonas de influencia, explotación y división. El caso de Libia, con el que iniciamos este artículo, es un claro ejemplo.

 

* Honorable de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia Profesor honorario de la Universidad de Beijing.

 

Artículo publicado en italiano el 27/01/2026 en Nuovo Giornale Nazionale, https://www.nuovogiornalenazionale.com/index.php/articoli-recenti/geopolitica/27420-le-contraddizioni-dellunione-europea-in-africa-e-le-proposte-fattive-e-realistiche-dei-brics.html

SIRIA Y EL «ATLANTISMO»

Roberto Mansilla Blanco*

La caída del régimen de Bashar al Asad en Siria tras la toma de Damasco por parte de los rebeldes recuerda levemente dos precedentes con desenlaces distintos: el final del régimen libio de Muammar al Gadafi en medio de las hoy inexistentes Primaveras árabes de 2011; y el regreso al poder en Afganistán por parte de los talibanes en 2021.

Desde entonces, la Libia post-Gadafi está sumida en una caótica confrontación entre «señores de la guerra» y crisis humanitaria a las puertas de las costas mediterráneas europeas. Por su parte, Afganistán con el retorno Talibán vuelve al redil del islamismo salafista más radical pero bajo un prisma geopolítico diferente tras la retirada estadounidense y con Rusia y China como actores de mayor influencia regional y global. Ambos contextos, el libio y el afgano, pueden resultar clarividentes a la hora de intentar descifrar qué es lo que le espera a la Siria post-Asad.

No se debe pasar por alto un elemento histórico: la caída del régimen de al Asad pone punto final al predominio de los regímenes nacionalistas, socialistas y panarabistas que, bajo el influjo del nasserismo y del partido Ba’ath, ejercieron una importante repercusión política desde la década de 1950 en países como Egipto, Siria, Irak y Sudán. Visto en perspectiva histórica, lo recientemente ocurrido en Siria marca una nueva etapa.

Obviamente la actual crisis siria implica observar importantes pulsos geopolíticos que deben también analizarse bajo el prisma de las crisis libia y afgana. Más allá de las revueltas populares propiciadas por la denominada Primavera árabe, la caída de Gadafi bajo presión de la ONU y la OTAN significó una pírrica victoria para el «atlantismo» y un revés para Rusia y China, que tenían en Gadafi a un aliado regional. Un revés geopolítico mucho más significativo para Beijing, que tenía en Libia un importante entramado de inversiones petroleras y de infraestructuras.

Por otro lado, el retorno al poder de los talibanes en Afganistán supuso un duro golpe para el prestigio de EEUU y una victoria geopolítica para Rusia y China, que veían con ello alejar la presencia de Washington en sus esferas de influencia en Asia Central. Puede intuirse que, en este caso y tras la caída de Gadafi, Moscú y Beijing le devolvieron el golpe al Occidente «atlantista».

Estos sórdidos pulsos geopolíticos explicarían la crisis actual en Siria. La caída del régimen del clan al Asad (en el poder desde 1970) supone notoriamente una victoria para el primer ministro Benjamín Netanyahu y, tangencialmente, para los intereses «atlantistas» que están a la espera de reconfigurarse ante la toma de posesión presidencial de Donald Trump el próximo 20 de enero de 2025. El duro golpe asestado en Siria al denominado eje chiíta (también propagandísticamente conocido como «Eje de la Resistencia») en Oriente Próximo, manejado desde Teherán con apoyo ruso y chino, abre el compás a una súbita e inesperada recomposición de piezas y de equilibrios geopolíticos en la región.

La reciente tregua de Netanyahu con el movimiento islamista libanés Hizbulá resultó clarividente porque precedió a la espectacular ofensiva de los rebeldes sirios liderados por un hasta ahora desconocido Hayat Tahrir al Sham (HTS), un grupo islamista yihadista cuyo nombre literal es Organización para la Liberación del Levante, antiguo Frente al Nursa y con vínculos con Al Qaeda.

Con presunto apoyo turco, país miembro de la OTAN, aliado del eje sino-ruso con incómodas relaciones con el régimen de al Asad y que tiene intereses estratégicos en Siria a la hora de evitar la posibilidad de un reforzamiento en sus fronteras del irredentismo kurdo, la «nueva Siria» que auguran los rebeldes se asemeja al rompecabezas de fuerzas militares, paramilitares y políticas que han dominado en el Afganistán de los últimos treinta años y en la Libia post-Gadafi. Un delicado equilibrio que no necesariamente augura un marco de estabilidad regional.

El inesperado final de la dinastía al Asad debe medirse igualmente como un notorio revés geopolítico para Rusia, Irán e incluso China, país con importantes inversiones en infraestructuras en ese país árabe. El factor geoeconómico también está presente en la caída de al Asad. Siria aspiraba ingresar en los BRICS, cuya cumbre en Kazán (Rusia) en octubre pasado impulsó toda serie de mecanismos orientados a «desdolarizar» la economía global y procrear alternativas al esquema económico occidental predominante desde el final de la II Guerra Mundial.

Moscú cuenta con una base militar en Tartus, en las costas mediterráneas sirias, una importante posición geoestratégica que obstaculiza los intereses «atlantistas» manejados desde Washington. Una Rusia absolutamente concentrada en la guerra en Ucrania y un Irán ocupado en la guerra cada vez menos híbrida y más directa con Israel son factores que igualmente pueden explicar la súbita caída del régimen sirio, en especial a la hora de tomar en cuenta la aparente incapacidad de Moscú y Teherán para asistir a su aliado y mantenerlo en el poder. Tras aterrizar en la capital rusa, el Kremlin concedió el asilo humanitario a Bashar al Assad y su familia.

Por otro lado, Teherán nutría de apoyo logístico y militar a al Asad, siendo éste su principal aliado en la región. Su caída, así como la neutralización por parte israelí del Hizbulá y del movimiento islamista palestino Hamás, deja a Irán en una difícil posición geopolítica a nivel regional, mucho más a la defensiva y sin aliados estratégicos con capacidad para asestar una respuesta asertiva.

El propio Trump arrojó más suspicacias sobre lo que sucede en Siria asegurando que la caída de al Asad se debió porque a Rusia «dejó de interesarle» el suministro de apoyo militar y político a su aliado árabe. Esta declaración, unida al asilo otorgado por Moscú a la familia al Asad, es una clave para nada descartable a la hora de confirmar que, a pesar de las confrontaciones geopolíticas, detrás del final del régimen sirio podría estar operándose un tácito quid pro quo entre Rusia y el Occidente «atlantista».

Con todo, este escenario no descarta la plasmación de pulsos geopolíticos en otras latitudes orientados a disminuir la capacidad de influencia entre uno y otro contendiente. Un caso significativo es la crisis georgiana tras las elecciones legislativas de octubre pasado.

Mientras que el gobierno del partido Sueño Georgiano ha congelado el proceso de negociación para una eventual admisión en la Unión Europea (un evidente triunfo geopolítico para Rusia), en las calles de Tbilisi, la capital georgiana, se presentaba una serie de protestas que parecían recrear un nuevo «Maidán» similar al acontecido en Kiev durante el invierno de 2013-2014 y que implicó la caída del presidente ucraniano Viktor Yanúkovich, pieza estratégica del Kremlin.

 

Desde Europa hasta Asia Oriental

El prudencial optimismo que se ha observado en Occidente tras la caída de al Asad, aparentemente sin percatarse demasiado ante el hecho de que los rebeldes sirios están dominados por un oscuro movimiento yihadista con redes de conexión con Al Qaeda y el Estado Islámico, implica observar cómo la crisis siria define un margen de actuación del «atlantismo» que viene acelerándose en las últimas semanas como política preventiva ante la asunción al poder de Trump, cuyas declaraciones definen la posibilidad de contraer los compromisos de Washington con los intereses «atlantistas».

Estos marcos de actuación se han observado en las últimas semanas desde Europa hasta Asia Oriental. Comencemos por el rocambolesco escenario electoral en Rumanía tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales de noviembre pasado.

El 2 de diciembre la Comisión Electoral validó la victoria de Calin Georgescu, considerado un candidato prorruso. Tres días después, las autoridades electorales en Bucarest desconocieron esos resultados toda vez que en Francia se escenificaba la caída del gobierno del primer ministro Michel Barnier tras una moción de censura impulsada por la ultraderechista Marine Le Pen (conocida por sus lazos con el Kremlin) y la izquierda francesa.

La caída de Barnier muestra a una Europa que observa atónita como el histórico eje franco-alemán, que marcó los cimientos de la UE, se sume en sendas crisis políticas que afectan los intereses «atlantistas» y que cambian los delicados equilibrios de poder de Bruselas con Rusia.

El adelanto de elecciones generales en Alemania para febrero de 2025 es sintomático porque podría confirmar el progresivo ascenso de la ultraderecha de Alternativa por Alemania (AfD), señalada como aliada del Kremlin. Así, desde París hasta Berlín el clásico bipartidismo entre socialdemócratas y conservadores se ve alterado ante el ascenso de opciones más populistas y críticos con el establishment europeísta que la actual presidente de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, intenta mantener en pie a toda costa con el apoyo de las fuerzas «atlantistas» vía Washington y la OTAN.

Por otro lado, el cada vez más opaco presidente ucraniano Volodymir Zelenski ha dejado entrever su presunta aceptación de una tregua con Moscú incluso aparentemente aceptando las ganancias territoriales rusas desde que comenzó el conflicto en 2022.

En medio de las tensiones entre Moscú y la OTAN, las expectativas de Zelenski evidenciarían la incapacidad ucraniana y «atlantista» para mantener el esfuerzo militar contra una Rusia demasiado concentrada en varios frentes dentro de sus esferas de influencia geopolítica en su espacio contiguo euroasiático. En caso de eventualmente darse esta tregua ruso-ucraniana anunciada por Zelenski, la OTAN estaría persuadida a observar con atención en qué medida sus intereses en Ucrania no se verán afectados manteniendo firme su apoyo militar a Kiev.

Pero dejemos Europa y concentremos la atención en Asia Oriental. El 3 de diciembre se observó una surrealista escenificación de un intento de golpe de Estado en Corea del Sur, cuando el presidente Yoon Suk-yeol intentó impulsar la Ley Marcial para, horas después, postergarla por el rechazo parlamentario. Esto dio paso a inesperadas protestas en la capital, Seúl, la destitución del ministro de Defensa y la salvación in extremis del propio presidente surcoreano de ser objeto de una moción de censura similar a la de Barnier en París.

El mandatario surcoreano atribuyó su fracasada decisión de imponer la Ley Marcial a una presunta interferencia de Corea del Norte vía parlamentarios opositores. Unos días antes, el ministro de Defensa ruso, Andrei Belousov, estuvo en Pyongyang para reforzar la alianza estratégica militar entre Rusia y Corea del Norte.

En medio de estos acontecimientos, la UE y MERCOSUR rescataban un histórico acuerdo de libre comercio congelado durante 25 años con la intención de eventualmente construir la mayor área de integración a nivel global. A falta de ser ratificado y con no menos críticas sobre su operatividad, el objetivo en Bruselas con este acuerdo buscaría atar compromisos geoestratégicos ante el regreso de un Trump que ya ejerce de presidente anunciando fuertes aranceles proteccionistas, y al mismo tiempo neutralizar el peso geoeconómico y geopolítico de China en América Latina.

Vistos todos estos pulsos geopolíticos, la caída del régimen de Bashar al Asad en Siria no deja de explicar cómo los grandes actores de la política internacional intentan recomponer piezas a su favor ante las incertidumbres que se ciernen con Trump en la Casa Blanca.

Mientras ese Occidente «atlantista» clama por una transición pacífica en Siria surgen ahora tres interrogantes de calado geopolítico. La primera, ¿cuáles serán a partir de ahora las expectativas e intenciones de unos rebeldes sirios dominados por un desconocido grupo yihadista con conexiones exteriores que deberán ahora presumiblemente asumir un nuevo gobierno en un Oriente Próximo cada vez más convulsionado? En segundo lugar, la Siria post-al Asad, ¿se convertirá en la «nueva Libia» o en el «nuevo Afganistán» de Oriente Próximo?

Y finalmente, una tercera interrogante: en este pulso geopolítico entre las grandes potencias, tras la caída de al Asad, ¿se puede especular con una situación similar en la Venezuela de Nicolás Maduro, aliado precisamente de Rusia, China, Irán, Hizbulá y el hoy derribado régimen de Bashar al Asad y que parece estar en la diana de Trump, a tenor de las declaraciones realizadas por el próximo Secretario de Estado, el cubano-estadounidense Marco Rubio? Como en el caso de al Asad en Siria, ¿se verán obligados Moscú y Teherán a eventualmente dejar caer a un aliado como Maduro?

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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ENERGÍA: EL NUEVO PARADIGMA

Iris Speroni*

Veremos si nuestros líderes políticos saben leer el escenario que se viene, tanto en energía como en alimentos.

Vienen tiempos nuevos. Trataremos de desentrañarlos.

“The Great Deception: The True Story of Britain and the European Union” de Christopher Booker y Richard North es un libro fantástico. En Amazon [1].

Restaurar, por su parte, ha publicado numerosos artículos sobre los problemas energéticos europeos, gracias a la Dra. Laura Canale y a la Sra. @BGSNAFU. Listado al pie.

Esto se complementa con la comprensión del Heartland europeo como tensión geopolítica en el continente. Artículo de @SebaZ3. Al pie.

La construcción de Europa Moderna

La tesis de los autores Booker y North es que hoy la Unión Europea (antes Comunidad Económica Europea) es una construcción del Departamento de Estado de los EEUU. Hecha con paciencia, como quien borda un paño. Documentan en detalle reuniones, actas, convenios, etc. preparatorios y sus posteriores ampliaciones.

Básicamente sostienen que la Unión Europea es el fruto de un golpe de estado, armado en cámara lenta, contra los pueblos de las naciones que la integran.

Uno de los puntos analizados en el libro es la doctrina de la “Soberanía Alimentaria” iniciada en los cincuenta. Aúna el interés político/electoral de Francia con el de la maquinaria industrial alemana proveedora de insumos a los chacareros europeos.

El interés norteamericano consiste en armar un megaestado tapón que impida que Rusia crezca hacia el oeste.

Tras la Segunda Guerra Mundial los políticos norteamericanos y europeos occidentales coincidieron en garantizar una mínima calidad de vida a los europeos, de ahí la construcción de un Estado de Bienestar e industrializar como forma de generar pleno empleo. A esto se suma el engendro alimenticio con el triple propósito de crear (artificialmente) fuentes laborales, mantener el complejo químico y mecánico alemán, y alejar o narcotizar la angustia que el hambre le producía a la población europea luego de dos guerras consecutivas. 

Esta iniciativa generó un enorme desbarajuste en las naciones que antes exportaban alimentos a Europa (EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelandia, Argentina y Uruguay). Cada una tomó una estrategia diferente. En los EEUU creó un cambio notorio en el balance de poder entre las diferentes burguesías locales. Le permitió a la élite Brahmin mayor preponderancia. Tema para otro día.

El caos en el mercado de alimentos mundial se agravó cuando la CEE comenzó a generar surpluses. Actualmente Alemania y España son los principales exportadores de carne de cerdo del mundo con US$ 4.000 MM anuales cada uno. Importan forraje y venden carne de cerdo. Argentina mira. DELICATESSEN.

Energía

Europa ha creado una sociedad altamente urbanizada, desarrollada e intensiva en el consumo de energía. Es un continente sin energía y la poca que tenía la fue desactivando.

Europa posee minas de carbón. En el norte de Inglaterra, Gales y Escocia; todas ellas cerradas por el gobierno de Margaret Thatcher para favorecer las —entonces — recientes inversiones en exploración y explotación de hidrocarburos en el Mar del Norte.

Existen importantes yacimientos de carbón en la zona de Renania, la frontera entre Francia y Alemania, amén de otros adicionales en lo que hoy es UE y antes estaba detrás de la cortina de hierro como Polonia, República Checa, Rumania.

La UE a principios del siglo XXI, con la excusa del fraude del Calentamiento Global, inició un plan de cierre de las plantas de electricidad a base de energía nuclear y de carbón, parcialmente completado.

El carbón, la leña y el petróleo del Mar del Norte son las únicas fuentes de energía que Europa posee sin tener que importar. Depende del resto del mundo para el gas, el uranio y el petróleo. Eso explica gran parte de las relaciones internacionales europeas desde la Segunda Guerra Mundial a hoy.

Francia durante años invirtió en centrales nucleares. El uranio lo obtenía de Chad, en África, por lo que sometió a ese país a tiranías que responden al Elíseo.

Los hidrocarburos en Europa abastecen las necesidades de transporte, electricidad y calefacción. Pero existe otro uso imprescindible: fabricación de fertilizantes, la piedra basal de todo el despropósito agrícola intensivo europeo. Sin eso, se les cae el mundo como lo conocen.

Los oleoductos y gasoductos

En 1998 Elf y Total (Francia) negociaban con Saddam Hussein (Irak) la construcción de un gasoducto/oleoducto [2]. Poco tiempo después los EEUU invaden Irak junto a GB y España.

Europa (léase Francia y Alemania) iniciaron tratativas para construir un gasoducto desde Siria, que pasaba por Turquía y llegaba al corazón Europeo. Los EEUU inventan el Estado Islámico y despedazan Siria.

Libia era el gran proveedor de gas y petróleo a Italia. El Departamento de Estado, en ese momento a las órdenes de Hillary Clinton, generó una gigantesca conmoción política, a la que denominó Primavera Árabe, la cual finalizó con la fragmentación del país en tribus.

Luego de la debacle soviética y tras la invasión a Irak, Alemania vuelca su interés a Rusia. Construyen una serie de gasoductos, algunos que pasan por Polonia más el Nord Stream 1 por el lecho del Mar Báltico. Construye el Nord Stream 2.

Vuelven los neocons a la Casa Blanca

Cada vez que Europa pretende asegurarse combustible por fuera de las petroleras norteamericanas, British Petroleum (GB) o Shell (Holanda), ya sea con acuerdos de largo plazo con Rusia, o Turquía, o Siria, o Irak, o los países del África Mediterránea (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto), el país vendedor es desestabilizado con un golpe de estado fogoneado por el Departamento de Estado. El nuevo mandatario, rápidamente, desconoce cualquier acuerdo anterior y pasa a firmar con alguna petrolera “aceptable”.

En lo que va del siglo XXI Bush invadió Irak, Obama desestabilizó Egipto, el resto de los países norafricanos (“Primavera Árabe”), lo intentó infructuosamente con Turquía y destruyó Siria al punto de no dejar piedra sobre piedra.

Todo esto acompañado de la propaganda usual. “Los desestabilizados son malos, tiránicos, no respetan los DDHH, etc” (ver Yarvin).

Los cuatro años del gobierno de Trump se caracterizaron por una paz precaria y el retiro parcial de las tropas norteamericanas de algunas de estas áreas.

Biden

La primera semana de gobierno de Joe Biden en los EEUU estuvo conformada por una diarrea de decretos presidenciales. El primero fue desactivar la construcción del gasoducto desde Canadá a EEUU. También pretendió cerrar centrales eléctricas a carbón en EEUU (esta semana la CS de ese país revirtió esta medida).

En política internacional, uno de sus primeros actos fue pedirle a Alemania que frenara la construcción del Nord Stream 2 en curso, a lo que esa nación se negó. Finalmente tuvo que conceder luego del inicio del conflicto de Rusia con Ucrania.

Los EEUU quieren una Europa próspera, pero dependiente de los EEUU y lo más alejada posible de Rusia. No se trata de la energía. Ésta es sólo una herramienta para que la UE no tenga la peregrina idea de tener vuelo propio (ver Booker libro citado y Spenglerito al pie). Por presión de los EEUU, la UE rechazó la incorporación de Rusia solicitada por el gobierno de Putin hace más de una década. Henry Kissinger reprochó el accionar de la Casa Blanca en ese momento y lo recordó en estos días. HK responsabiliza al Departamento de Estado del dislate que es la guerra en Ucrania.

El Cambio Climático

Con la propaganda del cambio climático y la búsqueda de energías verdes se cruzan diferentes intereses. Coincido con Christopher Booker y James Delingpole, que el Calentamiento Global es un gigantesco fraude de miles de millones de euros.

Christopher Booker [3]

James Delingpole [4]

El fraude es sólo una de las caras de la moneda.

La otra: manotazos de ahogado en la búsqueda de substitutos del petróleo. Sin posibilidades de grandes fuentes de energía hidráulica y con la energía eólica y solar cara y poco confiable, la solución natural es la nuclear. Sin embargo, por influencias varias, se han encargado de desactivarlas, lo que vuelve a Europa más dependiente aún de los hidrocarburos y del grupo EEUU/GB/Holanda. Rusia era entonces la solución lógica; si bien ponía en riesgo la alianza con el mundo anglosajón.

El conflicto militar en Ucrania es la respuesta al coqueteo europeo con Rusia. Boicotearon todo lazo de raíz. En estos días, durante la reunión del G7, los líderes de Francia, Alemania e Italia pidieron a Joe Biden que finalice la guerra.

Les adelanto: van a tener el mismo éxito que tuvieron con Bush cuando EEUU invadió Irak.

Una nueva y distinta relación con Rusia es lo que los líderes europeos deberán definir antes de la llegada del invierno. Panorama incierto si los hay. Mientras, el mundo (léase China, India, Rusia, Brasil) continúa con el plan B, donde Europa no compra hidrocarburos rusos.

Nosotros

Como vemos, estas alianzas llevan décadas en su conformación. Aún los acuerdos de provisión de gas ruso a Alemania post Glasnot, ya tienen varios lustros.

Argentina puede ser un proveedor de energía a Europa y también de alimentos, en el caso que la Unión decida recortar sus producciones. De darse esa situación, nuestros representantes deberían tomar los recaudos del caso; ya le dimos de comer a Europa durante la guerra y la postguerra y nos echaron a patadas en la primera oportunidad. No es gente de confiar.

Entramos a una nueva era que requerirá una posición internacional de nuestra parte.

Argentina desaprovechó en su totalidad las dos décadas de buenos términos de intercambio del siglo XXI. Dicho en criollo: dilapidó la oportunidad de crecer y prosperar que dieron los altos precios de la soja en los últimos 20 años.

Veremos si nuestros líderes políticos saben leer el escenario que se viene, tanto en energía como en alimentos.

Ojalá tengamos la inteligencia y coraje para diseñar las alianzas internacionales correctas que deben incluir necesariamente a China, Rusia, EEUU, Medio Oriente, UE y el resto de América Hispánica. Por lo pronto ingresar a los BRICS sería un buen inicio.

 

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Referencias en Restaurar

 

Dra. Laura Canale

La crisis energética europea. El alza de precios y la inflación. La ventana de Overton

http://restaurarg.blogspot.com/2022/03/la-crisis-energetica-europea-el-alza-de.html

La energía fotovoltaica y los residuos que ella genera

http://restaurarg.blogspot.com/2021/09/la-energia-fotovoltaica-y-los-residuos.html

Energías alternativas I – Aspas de aerogeneradores

http://restaurarg.blogspot.com/2021/08/energias-alternativas-i-aspas-de.html

Gestión de residuos radiactivos

http://restaurarg.blogspot.com/2020/12/gestion-de-residuos-radiactivos.html

 

Sra. @BGSNAFU

Las rutas del gas a Europa

http://restaurarg.blogspot.com/2019/01/las-rutas-del-gas-europa.html

Rusia y el gas

http://restaurarg.blogspot.com/2020/05/rusia-y-el-gas.html

¿Qué es el oleoducto Greenstream?

http://restaurarg.blogspot.com/2018/12/que-es-el-oleoducto-greenstream.html

La guerra por el gas en Europa

http://restaurarg.blogspot.com/2019/12/la-guerra-por-el-gas-en-europa.html

Moscú está ganando la guerra del gas natural en Europa

http://restaurarg.blogspot.com/2019/12/moscu-esta-ganando-la-guerra-del-gas.html

Turquía vs el gasoducto Eastmed

http://restaurarg.blogspot.com/2020/01/turquia-vs-el-gasoducto-eastmed.html

Allseas se retira, entra Gazprom

http://restaurarg.blogspot.com/2020/01/sigue-la-controversia-por-el-nordstream.html

Las rutas del oro azul

http://restaurarg.blogspot.com/2019/01/las-rutas-del-oro-azul.html

 

El oso y el dragón

http://restaurarg.blogspot.com/2019/10/el-oso-y-el-dragon.html

Libia acusa a Francia

http://restaurarg.blogspot.com/2018/06/libia-acusa-francia.html

París y Berlín no renuncian a Libia

http://restaurarg.blogspot.com/2018/11/asi-macron-y-merkel-quieren-sabotear.html

¿Orden en libia?

http://restaurarg.blogspot.com/2019/02/porque-el-sur-de-libia-apoya-hifter.html

Libia – Otro fracaso de la UE

http://restaurarg.blogspot.com/2018/09/libia-otro-fracaso-de-la-ue.html

Una comunidad olvidada (uranio)

http://restaurarg.blogspot.com/2018/06/una-comunidad-olvidada.html

 

La burocracia en Bélgica. La peor enemiga de la Unión Europea

http://restaurarg.blogspot.com/2021/10/la-burocracia-en-belgica-la-peor.html

 

Spenglerito (@SebaZ3)

La guerra de Eurasia – I

http://restaurarg.blogspot.com/2022/03/la-guerra-de-eurasia.html

 

James Delingpole

Desmitificando el clima

http://restaurarg.blogspot.com/2018/10/desmitificando-el-clima.html

El cambio climático. El fraude más caro de la historia.

http://restaurarg.blogspot.com/2018/11/el-cambio-climatico-el-fraude-mas-caro.html

El gran reseteo es el nuevo NOM

http://restaurarg.blogspot.com/2020/11/el-gran-reseteo-es-el-nuevo-nom.html

 

Santiago González (@gauchomalo140)

Putin y su proyecto euroasiático

http://restaurarg.blogspot.com/2022/04/putin-y-su-proyecto-euroasiatico.html

 

Iris Speroni

Gas

http://restaurarg.blogspot.com/2022/05/gas.html

Delicatessen

http://restaurarg.blogspot.com/2021/11/delitatessen.html

 

Curtis Yarvin

El verdadero great reset (gran reseteo). Segunda parte de dos entregas 

El golpe de estado en Egipto

http://restaurarg.blogspot.com/2021/08/el-verdadero-great-reset-gran-reseteo_23.html

 

* * *

 

Bibliografía

 

[1] “The Great Deception: The True Story of Britain and the European Union”, de Christopher Booker y Richard North.

Amazon.

https://www.amazon.com/Christopher-Booker-ebook/dp/B01DLVZA2W/?_encoding=UTF8&pd_rd_w=Y1hrT&pf_rd_p=91202c6f-1c11-4e3d-b51a-3af958cedd30&pf_rd_r=5DYP8NZB843HXYA8G9NY&pd_rd_wg=hRkQ2&pd_rd_r=3870f047-cdc1-4b7b-9fd1-f110994fb62c&content-id=amzn1.sym.91202c6f-1c11-4e3d-b51a-3af958cedd30&ref_=aufs_ap_sc_dsk

[2] https://elpais.com/diario/1998/02/27/internacional/888534005_850215.html

[3] Christopher Booker

3.1.

The Real Global Warming Disaster: Is the Obsession with ‘Climate Change’ Turning Out to Be the Most Costly Scientific Blunder in History?

https://www.amazon.com/-/es/Christopher-Booker-ebook/dp/B00ARH7K3Q/ref=tmm_kin_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=&sr=

3.2.

Groupthink: A Study in Self Delusion Edición Kindle

https://www.amazon.com/-/es/Christopher-Booker-ebook/dp/B07YSMLSLP/ref=pd_sim_sccl_1_1/139-2030439-3799957?pd_rd_w=53Cc4&content-id=amzn1.sym.262acb63-b997-4c81-83bd-9526eab7f618&pf_rd_p=262acb63-b997-4c81-83bd-9526eab7f618&pf_rd_r=GQ7P5GGHHDNJGM46SJ1A&pd_rd_wg=ybqW8&pd_rd_r=167859e1-47dd-4f93-9bdd-3a605268898c&pd_rd_i=B07YSMLSLP&psc=1

3.3.

Global Warming: A Case Study in Groupthink: How science can shed new light on the most important «non-debate» of our time (GWPF Report Book 28)

https://www.amazon.com/-/es/Christopher-Booker-ebook/dp/B079XNCYFW/?_encoding=UTF8&pd_rd_w=YIgmC&content-id=amzn1.sym.91202c6f-1c11-4e3d-b51a-3af958cedd30&pf_rd_p=91202c6f-1c11-4e3d-b51a-3af958cedd30&pf_rd_r=YK16WT83B05RWRA5HC3C&pd_rd_wg=z6YHM&pd_rd_r=9de86ecd-0157-41ac-b2a5-7dc3142a686d&ref_=aufs_ap_sc_dsk

[4] James Delingpole

Watermelons 

https://www.amazon.com/-/es/James-Delingpole-ebook/dp/B005BE0S02/ref=sr_1_1?keywords=james+delingpole&qid=1656797378&s=books&sprefix=james+delin%2Cstripbooks%2C278&sr=1-1 

 

Artículo publicado originalmente el 02/07/2022 en Restaurar.org, http://restaurarg.blogspot.com/2022/07/energia-el-nuevo-paradigma.html