12 de enero de 1896. Artículo publicado por el Diario The New York Times sobre el Atlas Mundial «Lavoisne», publicado en el Reino Unido, en donde se aprecian mapas de América del Sur cuya frontera entre Venezuela y la Guyana Británica es en el río Esequibo. Fuente: Mi Mapa de Venezuela incluye nuestro Esequibo.
Desde el pasado mes de noviembre nos mantenemos a la expectativa —como se encuentra toda Venezuela— por la resolución que pueda tomar la Corte a partir de las Audiencias Públicas que se celebraron, en las cuales nuestra elogiable representación expuso la narrativa de los hechos y la fundamentación en derecho; todo lo anterior en base a la Excepción Preliminar que introdujimos, como cuestión incidental, a lo cual tenemos legítima opción como parte demandada.
En tal fecha, nuestro Agente, Coagentes y asesores dieron significativa e inequívoca manifestación de voluntad de contenido peticional, al solicitar en el mismo acto procesal que la Sala Sentenciadora se pronuncie, previamente, desestimando la acción interpuesta por Guyana contra nosotros; antes de ir a conocer el fondo del asunto controvertido. Válido y legítimo todo cuanto hicimos entonces.
Jamás hemos perdido de vista o perspectiva que el presente hecho litigioso comporta el más importante tema-asunto de las relaciones exteriores de Venezuela; por lo tanto, debe concitar una absoluta unidad nacional; sin imprudentes exclusiones, sin dejar a nadie a un costado porque tenga una ideología divergente, o piense y milite en organización política contraria al gobierno.
Lo vengo diciendo en todas mis conferencias, en los siguientes términos: actuaría de muy mala fe, en contra de los sagrados objetivos de la patria y sumamente equivocado quien crea que puede aprovechar este caso para sacarle dividendo político-partidista.
En la controversia internacional en que nos encontramos imbuidos es obligante constituir un tejido hermoso de plena solidaridad. Controversia internacional que trasciende el pleito interno.
Requerimos de las mejores inteligencias de Venezuela, indistintamente donde se encuentren ubicadas políticamente; dado que, no es poca cosa la que estamos encarando en el reclamo por fronteras interestatales más prolongado, en el conteniente americano.
Como ya he mencionado, nos aprestamos a esperar la decisión sentencial del Cuerpo Juzgador de la ONU, a partir de la Excepción Preliminar que, como parte demandada, planteamos conforme al artículo 79 de su Reglamento:
“1. Cualquier excepción a la competencia de la Corte o a la admisibilidad de la solicitud, o cualquier otra excepción sobre la cual el demandado pide que la Corte se pronuncie antes de continuar el procedimiento sobre el fondo…”
“9. La Corte, oídas las partes, decidirá por medio de un fallo, en el que aceptará o rechazará la excepción o declarará que la excepción no tiene, en las circunstancias del caso, un carácter exclusivamente preliminar. Si la Corte rechazara la excepción o declarara que no tiene un carácter exclusivamente preliminar, fijará los plazos para la continuación del procedimiento…”
No hay absolutamente nada de qué temer, ya que estamos apertrechados de documentos de todo tipo, cartográficos, históricos, jurídicos para desplegar en el juicio —propiamente— en las fases postulatoria y probatoria, de llegarse el caso.
La contraparte lo sabe; como también están enterados los jueces que sentenciarán en este proceso jurídico.
La delegación guyanesa está consciente que esos 159.500 km2, nunca les ha pertenecido.
Algunos voceros guyaneses han dicho que si Venezuela gana les estaría quitando dos terceras partes de su territorio; que los dejaría prácticamente infuncionales.
Nosotros no le estamos quitando nada a Guyana; estamos reclamando que se haga justicia.
Calificamos de muy mala fe y de temeridad procesal de Guyana sostener su Pretensión (y ratificarlo en las audiencias públicas, de noviembre, ya aludidas) en el reposicionamiento de un Laudo que quedó desterrado, de pleno derecho —ipso jure—: sin validez, sin eficacia jurídica y sin ser oponible a nada.
Ellos estarían impelidos a demostrar —en una hipotética fase probatoria— los elementos estructurantes de su causa peticional; sin embargo, hasta el día de hoy no tienen con qué. Todo lo pretendido requiere pruebas, y no las tienen.
Frente a tamaño fraude procesal, nosotros, con suficiente entereza podemos concluir fáctica y jurídicamente, sometibles a cualquiera acreditación, que cuando se negoció, suscribió y ratificó el Acuerdo de Ginebra el 17 de febrero de 1966, por la representación del Reino Unido (Sr. Stewart); así también admitido por el Sr. Forbes Burnham (para entonces, primer ministro de la Guayana Británica) y por nuestro país el excelso canciller Ignacio Iribarren Borges; en ese instante y mediante tan importante acto quedó sepultado —per saecula saeculorum— el laudo tramposo, gestado mediante una tratativa perversa en contra de los legítimos derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba.
Expongo otra breve conclusión fáctica; ya en concreto, atinente a la justificación estrictamente histórica.
Veamos. Hasta este momento —al día de hoy— Guyana no ha presentado el más mínimo documento que avale su petición ante la Corte Procesal. No poseen “partida de nacimiento” que les confiera fidelidad histórica de absolutamente nada.
Contrariamente, hemos asumido, con la mayor responsabilidad, permanentemente en esta contención, una deuda histórica, con nuestros libertadores que no puede quedar insolvente.
Que sepa el mundo que la gesta independentista de nuestros próceres no estará completa hasta que no hayamos reivindicado y por ende haber logrado la restitución de esa séptima parte de nuestra geografía nacional, que vilmente nos la arrebataron, en una manipulación ominosa de los imperios.
Nuestro Libertador Simón Bolívar consciente de lo que estaba sucediendo a partir de 1814 hizo los debidos reclamos y posteriores advertencias en el Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826.
Para reforzar todo lo anterior, añádase que poseemos íntegramente los Justos Títulos (que se hicieron traslaticios por cesión de derechos a nuestro favor) con lo cual quedó determinantemente garantizada, para la posteridad, que esa zona y su proyección atlántica siempre ha sido nuestra. ¿Desde cuándo?, desde el 8 de septiembre 1777, al crearse la Capitanía General de Venezuela, por Real Cédula de Carlos III.
Entonces, caben las preguntas, ¿sobre qué elemento obligacional o compromisorio la excolonia británica ha deducido la Causa de pedir ante el precitado Alto Tribunal de La Haya? ¿Acaso se basó en el laudo arbitral que nunca nació a la vida jurídica o en el supuesto acuerdo de demarcación de 1905, derivado del nombrado adefesio firmado en París el 3 de octubre de 1899?
Hemos hecho los estudios respectivos y nos conseguimos que la Corte ha resuelto en una serie de sentencias, que han creado jurisprudencias; asentadas en los siguientes términos: un título jurídico preexistente de un Estado prevalece en una ocupación de un territorio en controversia, que se encuentre usurpado por otro Estado.
De tal manera que no hay la más mínima posibilidad de que Guyana pueda salir airosa en esta controversia, que ellos llevaron a la Corte, unilateralmente, para arreglo judicial.
* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Asesor de la Comisión para la Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba.
La política pesquera nacional se constituye en directrices y lineamientos mediante los cuales el Poder Ejecutivo Nacional orienta a los organismos competentes en materia pesquera en la consecución del objetivo de lograr el uso sustentable, eficaz y eficiente de los recursos pesqueros, mediante la aplicación de un enfoque precautorio, ecosistémico y sostenible en la explotación pesquera; la salvaguarda de los ecosistemas marinos en que existan esos recursos; el máximo aprovechamiento de los recursos disponibles en la Zona Económica Exclusiva y más allá de ella, de los recursos migratorios originarios y asociados de esta; su distribución equitativa y el desarrollo del litoral marítimo y, de las distintas provincias del territorio nacional mediante la práctica de criar, reproducir y engordar peces, crustáceos y moluscos en un medio natural o artificialmente creado al efecto.
Para ello, el Estado argentino debe reconocer que la pesca y la acuacultura son actividades que fortalecen la soberanía alimentaria y territorial de la nación, contribuyen a la seguridad nacional y son prioridad en la planificación del desarrollo nacional y, fomenta el ejercicio de la pesca marítima y la acuicultura en procura del máximo desarrollo compatible con el aprovechamiento racional de los recursos vivos marinos en la industria pesquera nacional y la acuicultura ambientalmente sostenible, con el apoyo de la industria naval pesquera nacional, la investigación y el desarrollo tecnológico.
Del mismo modo, promoverá la protección efectiva de los intereses nacionales relacionados con la pesca y garantizará la sustentabilidad y sostenibilidad de la actividad pesquera, fomentando la investigación y la conservación a perpetuidad de los recursos, favoreciendo su equitativa distribución entre los industriales y poblaciones de todo el país e incentivando la transformación total de las materias primas en plantas radicadas en el territorio continental e insular nacional, mediante procesos de calidad, sanitarios y, de forma ambientalmente apropiada; asegurando la obtención del máximo valor agregado; el mayor empleo de mano de obra argentina y promoviendo el consumo nacional.
El Estado Nacional y/o Provinciales podrían explotar y/o industrializar y/o comercializar los recursos pesqueros en forma directa o por asociación con empresas, comunidades, cooperativas y otras entidades o personas nacionales y promover y constituir con otras personas jurídicas de derecho público o privado, sociedades o compañías para el ejercicio de la actividad pesquera en sus respectivas jurisdicciones según lo indicado en la Ley 24.922, u otorgar concesiones a empresas nacionales para la explotación de los recursos pesqueros.
En el Artículo 1° de la ley 24.922 define el objeto de su sanción y es, sin lugar a dudas, uno de los artículos más destacados de ésta, sin embargo, no alcanza a definir que el aprovechamiento del recurso debe tener como destino principal la industria pesquera nacional, como ocurre en la legislación de muchos otros Estados de Latinoamérica y el Caribe y que, tratándose de un recurso de todos, debe ser distribuido en forma equitativa y preferentemente industrializado en plantas en tierra para agregar el máximo valor posible y no transferir la mano de obra a terceros países desarrollados que, por el contrario, deberían adquirir los productos argentinos terminados y no materias primas para su transformación. Además de ello, la industria pesquera debe servir para generar la producción industrial naval y retroalimentar la investigación y tecnología.
El enfoque ecosistémico es la administración pesquera desde lo global a lo particular. Gestiona el ecosistema y dentro de esto, a las especies y sus interrelaciones ecológicas y alimentarias y los efectos socioeconómicos vinculados con la explotación de los recursos; implica, una visión integrada del manejo de las tierras, aguas y recursos vivos, que tiene por finalidad su conservación y uso sostenible de un modo equilibrado. Incluye el análisis de todos los procesos, funciones e interacciones entre los componentes y recursos (vivos y no) del ecosistema e involucra el manejo de las especies y de otros servicios y bienes ecosistémicos. Bajo este enfoque se reconoce, además, que el ser humano y la diversidad de culturas son componentes integrales de los ecosistemas, considerándose los impactos acumulativos derivados de sus múltiples actividades, así como la relevancia socioeconómica de estas.
Este enfoque implica tener muy presente la regulación de las capturas de los recursos migratorios originarios de la ZEE en alta mar por parte de los buques de Estados de pabellón, como una forma imprescindible para la administración del ecosistema, ya que no es posible dar sostenibilidad a los recursos en la ZEE, sino se da sostenibilidad al ecosistema. Por otra parte, ello adquiere una dimensión superlativa, cuando, como casi todos países de Latinoamérica y El Caribe han dado preeminencia a «los aspectos sociales, económicos, tecnológicos, productivos, biológicos y ambientales» e, incluso, cuando la pesca y la acuicultura forman parte de los programas de seguridad alimentaria del país, cuyas proteínas son de alto valor biológico y, por cierto, muy superiores, al resto de las proteínas animales.
El Estado Nacional y/o Estados Provinciales debieran reservarse el derecho de explotar, industrializar o comercializar directamente los recursos que son de dominio y jurisdicción de esos Estados y, en ese sentido el Artículo 13º inciso 9º y 10º de la Ley 13/990 de Colombia ya lo regula y, ello, es bastante razonable, ya que, habría que preguntarse por qué el Estado debería obligarse a concesionar toda la explotación del recurso cuando este es de dominio público y, en el caso de Argentina en la ZEE de dominio y jurisdicción del Estado Nacional o hasta las 12 millas de las provincias del litoral marítimo. Este tipo de decisiones podrían dar lugar a la explotación de los recursos por parte de los Estados con destino a atender, por ejemplo, el consumo nacional y la atención de servicios sociales; recuperar las capturas destinadas a ser descartadas; establecer valores de referencia y, además, llevar las embarcaciones a competir en alta mar compitiendo con las embarcaciones extranjeras que subsidiadas y trabajo esclavo, entre otras irregularidades, se hacen en alta mar, de los recursos migratorios originarios de las ZEE. Pero, concesionada la explotación de los recursos, debe administrarse de tal modo que, atendiendo las necesidades del consumidor nacional, se exporten con alto valor agregado. No es posible regalarles a los países desarrollados la mano de obra que debe quedar en la Argentina.
Por otra parte, no podemos perder de vista que en la Argentina los gobiernos no han hecho prácticamente nada respecto al aumento en la dieta de los argentinos del consumo de esta proteína esencial, estando, con 4,8 Kg. per cápita/año, según el Consejo para el Cambio Estructural del Ministerio Desarrollo Productivo (marzo, 2021) entre los más bajos de Latinoamérica y El Caribe en el consumo de productos pesqueros, cuyo promedio es de 9,8 Kg; de África 10,1 Kg; de la Unión Europea de 23,97 Kg y del mundo de 20,2 Kg (2020).
Varios países de Latinoamérica tienen políticas de promoción del Consumo interno de pescado y entre ellos Panamá que, producto de esas políticas, tiene un consumo per cápita anual de 20,5 kg (2020), por encima del promedio mundial y un 427% más que Argentina. Su legislación pesquera promueve ello, tal es el caso del Artículo 12º del Decreto 204 del 18/3/2021 donde se indican una serie de objetivos que refieren a “la conservación y administración sostenible”; al “desarrollo equitativo de las comunidades, erradicando la pobreza y mejorando la situación socioeconómica de los pescadores”; “mejorar la aportación de la pesca y la acuicultura a la seguridad alimentaria y la nutrición, así como apoyar la realización progresiva del derecho a una alimentación adecuada” e “incorporar valor agregado con el propósito de hacer más rentable a estas”. Todos aspectos centrales de la actividad pesquera y el objetivo de legislar al respecto.
Por otra parte, resulta impostergable que la Argentina fomente el desarrollo de una acuicultura ambientalmente sostenible, ya que mientras esta actividad en la producción mundial representa el 50%, en la Argentina está por debajo del 3% de la producción nacional.
Es interesante tener en cuenta lo reglado por México en el Artículo 17º de la Ley General de Pesca y Acuacultura sustentables (Diario Oficial de la Federación el 24/7/2007. Última reforma publicada DOF 24/04/2018) donde se definen los principios en los que se debe basar la Política Nacional de Pesca y es muy importante observar que «El Estado Mexicano reconoce que la pesca y la acuacultura son actividades que fortalecen la soberanía alimentaria y territorial de la nación, que son asuntos de seguridad nacional y una prioridad para la planeación nacional del desarrollo» que, «la pesca y la acuacultura se orienten a la producción de alimentos para el consumo humano directo y el abastecimiento de proteínas de alta calidad y de bajo costo para los habitantes de la nación» y, que «Los sectores pesquero y acuícola se desarrollarán desde una perspectiva sostenible, que integre y concilie los factores económicos, sociales y ambientales, a través de un enfoque estratégico y ecoeficiente»; es decir, le asigna un importante rol a la Pesca, que entiende de soberanía territorial y alimentaria, al que califica de seguridad nacional y una prioridad en el desarrollo nacional y, esto, es exactamente así, porque la actividad pesquera, no es solo una cuestión económica, sino que es una herramienta estratégica ocupacional y poblacional continental y marítima, proveedora de proteínas de alta calidad biológica, que debe ser administrada de forma tal, que concilie el interés económico con el social y con el cuidado de los recursos a perpetuidad.
No lo han entendido ni el Secretario de Malvinas ni el Subsecretario de Pesca que son meros continuadores del orden establecido, en el mejor de los casos. No entienden el daño económico, social y a la soberanía nacional que ocasiona la pesca ilegal. La administración de la Pesca en el Atlántico Suroccidental es central para recuperar la soberanía no solo en los espacios marinos argentinos, sino en los territorios invadidos por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Sur. El equivalente, al 52% de la Zona Económica Exclusiva Argentina.
Me reitero: La incapacidad se pone de manifiesto poniendo a las personas en la máxima posibilidad de sus capacidades y, en muchas ocasiones, este umbral es muy bajo.
* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente de la Fundación Agustina Lerena (Fundada el 21/10/2002), Presidente Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana, CESPEL (Fundada el 02/04/1989).
Autor de “Malvinas 1982-2022. Una gesta heroica y 40 años de entrega” (2021) y de “Pesca Ilegal y Recursos Pesqueros Migratorios Originarios de los Estados Ribereños de Latinoamérica y El Caribe” (2022).
Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina.
Preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina
El pasado 8 de diciembre, día en que se conmemora la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Erika Denise Edwards, quien se presenta como profesora asociada de la University of Texas de El Paso, experta en identidades raciales y autora premiada de «Argentina Negra», escribió un artículo publicado en The Washington Post titulado «Why doesn’t Argentina have more Black players in the World Cup? Argentina is far more diverse than many people realice, but the myth that it is a White nation has persisted» («¿Por qué Argentina no tiene más jugadores negros en el Mundial? Argentina es mucho más diversa de lo que mucha gente cree, pero el mito de que es una nación blanca ha persistido»).
Erika Denise Edwards ha publicado un libro —según ella premiado— titulado Hiding in plain sight. Black women, the law, and the making of a white Argentine Republic (Escondiéndose a plena vista. Mujeres negras, la ley y la construcción de una República Argentina blanca). Ese mismo texto está en la imagen de su cuenta de Twitter.
En su página web, en español, expresa:
¡Bienvenidos!
Soy un erudito que se inspira en el presente para profundizar en las complejidades del pasado. Me concentro en la formación de identidades raciales en las Américas. En particular, estoy interesado en la creación de la negrura y su legado perdurable. Me concentro en la diáspora africana desde 1500-1900. Más recientemente, publiqué un libro premiado que profundizó en las raíces del blanqueamiento en Argentina. Es un análisis de género que centra a las mujeres negras. Sigo enfocándome en las mujeres negras al examinar la Ley de útero libre en mi proyecto actual. Yo comparo Filadelfia y Buenos Aires. En mi tiempo libre, disfruto pasarlo con mi familia y amigos, ¡y me encanta bailar! [1]
Perfil de Twitter de Erika Denise Edwards.
En su artículo se pregunta «¿Por qué el equipo de Argentina no tiene más jugadores negros?»[2] y luego agrega que «En marcado contraste con otros países sudamericanos como Brasil, el equipo de fútbol de Argentina palidece en comparación con su representación negra» y que en 2014, «los observadores bromearon sobre cómo incluso el equipo de fútbol de Alemania tenía al menos un jugador negro, mientras que Argentina parecía no tener ninguno». No sabemos quiénes eran esos «observadores» ni que tan relevante es hacer esa comparación. Luego añade que el censo de 2010 reveló que en Argentina había 149.493 personas negras, lo que equivale al «1% » de la población. Luego este porcentaje fue corregido por el propio The Washington Post porque, matemáticamente, ese número es menor al 1% de la población argentina de 2010. En este sentido, debe tenerse en cuenta que a veces las preguntas de los censos están mal formuladas o son capciosas.
Agrega información histórica, por ejemplo, que 200.000 cautivos africanos desembarcaron en las orillas del Río de la Plata y que «a fines del siglo XVIII un tercio de la población era negra». A continuación afirma que «la idea de Argentina como una nación blanca no solo es inexacta», sino afirma que los negros fueron borrados de la historia argentina, lo cual se explica a través de varios «mitos». Por tanto, aclaremos que significa «mito». El diccionario de la Real Academia Española nos da varias acepciones para el término «mito»:
Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico.
m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto universal de la condición humana.
¡Interesante! La autora del artículo dice que lo que los historiadores han investigado, lo que han escrito durante años, no es más que una «narración maravillosa» o una «historia ficticia».
Erika Denise Edwards expresa que «Los argentinos tienen varios mitos que supuestamente “explican” la ausencia de argentinos negros» y menciona, por ejemplo, que los hombres negros fueron utilizados como «carne de cañón» en los ejércitos que participaron de la guerra de independencia de Argentina «contra las fuerzas españolas, con la promesa de libertad después de cinco años de servicio». Añade que muchos desertaron para no morir en el campo de batalla, siguiendo al historiador George Reid Andrews, quien en un libro de su autoría expresa que su estudio «Es tambien un intento por explicar que motivó a los argentinos a negar a los negros el lugar que les corresponde en el registro del pasado del país»[3].
Entre otros «mitos» destaca el alto número de muertes de hombres negros causado por las guerras del siglo XIX, lo que llevó a que «las mujeres negras en Argentina no tuvieran más remedio que casarse, cohabitar o entablar relaciones con hombres europeos, lo que llevó a la “desaparición” de los negros». Este sería el origen que ha llevado a que la población se fuera tornando más blanca.
Saltearé algunos «mitos» y mencionaré el que se refiere a la epidemia de fiebre amarilla que asoló la ciudad en 1871, sobre todo en las zonas donde habitaba una mayor población negra. Afortunadamente, la autora no hizo mención a que podría haberse debido a una «guerra bacteriológica» destinada a borrar la negritud de la Argentina.
Pasemos página
En verdad, no quisiera seguir hablando sobre ese artículo porque me he dado cuenta que hace poco, cuando me invitaron a participar de un panel sobre África en la Biblioteca Nacional y reparé en la historia que unía a la Argentina con ese continente, le ofrecí a los asistentes una serie de «narraciones maravillosas», es decir que siguiendo a la esta autora les mentí. Seguramente mentí al mencionar que el valiente Sargento Cabral era de raza negra, que María Remedios del Valle —conocida también como «Remedios Rosas», la Madre de la Patria— era negra, al igual que Antonio Ruiz, conocido como el «Negro Falucho». Otro ejemplo digno de mencionar es el de Cayetano Silva, (nacido en 1873 en la ciudad de San Carlos, en el Departamento de Maldonado, en la Banda Oriental), compositor de la Marcha de San Lorenzo, sin letra, estrenada oficialmente el 28 de octubre de 1902 en el Convento de San Carlos, donde tuvo lugar la batalla de San Lorenzo. Su caso pone en evidencia el racismo de su época: fue músico del Teatro Colón, autor de otras conocidas marchas militares y empleado policial en Santa Fe, pero debido a que era de raza negra —su madre había sido esclava—, la policía de Santa Fe le negó ser enterrado en el panteón policial, siendo inhumado en una fosa común. Estamos aquí, en presencia de un ejemplo más entre tantos de lo que se ha dado en llamar la «invisibilidad» de los afroargentinos y de los afrodescendientes, una injusticia que aún precisa de una reparación histórica. Sin embargo, todos cuando eramos niños, en los actos escolares que se remontaban al período de la Revolución de Mayo se recordaba que la vendedora de mazamorra o el de velas podían ser negros. No entraré aquí en el debate que le encanta a la progesía de que esos vendedores eran esclavos. Sí lo eran o no no es lo que intento destacar sino que teníamos presente que había población negra en esa época de nuestra historia pero si mirábamos a nuestros compañeros de escuela difícilmente encontrámos a uno de piel negra por lo que las maestras o madres debían recurrir a pintar el rostro de algún alumno. Es decir, el negro estaba presente en los actos con lo que sabíamos de su existencia. Es probable que no conociéramos más acerca de la importancia que tuvieron en la sociedad de la época y es ahí donde podemos hablar de la «invisibilidad» del negro.
Espero que nadie se moleste por usar el término «negro», más aún siendo blanco —o eso creo porque soy la segunda generación de argentinos, nieto de europeos trasplantados a América— pero detesto lo «políticamente correcto» y demás imposiciones de este mundo de la postverdad —el de las «medias verdades» o el de las mentiras que se dicen sin sonrojarse— y del progresismo que en pos de la libertad nos impide hablar de casi todo. Sé que prefieren el término de «afrodescendiente», «afroamericano» o «afroargentino», tal como se impone desde la mentalidad imperialista, porque no hay nada más funcional al imperialismo que el progresismo.
El listado de negros relevantes en nuestra historia es largo pero para cerrar quiero destacar al esclavo africano Manuel Costa de los Ríos quien en 1630 fue testigo del milagro de la Virgen de Luján y que en la actualidad se encuentra en proceso de beatificación. Su papel ha sido de gran importancia para que la Virgen de Luján sea hoy la Patrona de la Argentina.
Hacia el final de mi carrera de licenciatura me orienté sobre los temas referidos a África y sobre esa cuestión giró mi tesis de grado. Los primeros años como graduado también me ligaron a los estudios africanos hasta que pasé a los estudios generalistas en el marco de las relaciones internacionales.
No repararé en ciertos hechos sabidos por los argentinos, como la Asamblea del Año XIII que otorgó la libertad de vientres y otros tantos «mitos» como podría rotularlos Erika Denise Edwards.
Lo que no ha podido esta autora es dar respuesta a su pregunta porque precisamente en su extenso dislate lo que llega a considerar es que la Argentina «no es blanca» y tiene «morochos» como Maradona. Ahora, tampoco la Selección de Marruecos tenía jugadores negros, tampoco tiene jugadores negros la de Paraguay ni la de Chile ni otras.
Lo que imprudentemente la autora denomina «mitos» son los argumentos que los hitoriadores han podido ofrecer para, precisamente, dar una respuesta a la «desaparición» de los negros en la Argentina pero tampoco el autor sobre el que se basa, el historiador George Reid Andrews, puede ser considerado una autoridad en la materia porque también plantea las dificultades para establecer el número y su propio libro habla de los «afroargentinos» en Buenos Aires y cabe mencionar que esa pequeña ciudad era un punto en un territorio mucho mayor que el de la actual Argentina, el Virreinato del Río de la Plata, al que ingresaron los esclavos africanos.
Ahora bien, ¿por qué le preocupa este tema a una autora estadounidense? Más aún cuando tendría que tener una mayor ocupación con la historia de los negros en su país, tanto en la historia como en la actualidad.
Hablemos de «mitos»
La historia estadounidense nos menciona que en la guerra de Secesión se enfrentaron el norte y el sur, los cuales tenían dos sistemas económicos claramente diferenciados: un norte industrialista y un sur agrícola que basaba su riqueza en la mano de obra esclava. En ese conflicto adquirió un protagonismo destacado Abraham Lincoln, quien no se involucró en la guerra con la intención de liberar a los negros de la esclavitud, como románticamente lo quiso mostrar Steven Spielberg en su película de 2012.
Como ya he mencionado en otro artículo en 2020, es importante destacar que el entonces presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, no tuvo como objetivo luchar contra la esclavitud. Howard Temperley, académico de la Universidad East Anglia, Norwich, cita que Lincoln le escribió a Horace Greeley, director del New York Tribune, dejando en claro cuál era su objetivo:
Mi objetivo principal en esta lucha es salvar la Unión, y no salvar la esclavitud ni destruirla; si pudiera salvar la Unión al precio de no libertar a un solo esclavo, lo haría; si pudiera salvarla libertando a todos los esclavos, lo haría; y si pudiera salvarla libertando a unos y abandonando a otros, también lo haría.[4]
Lincoln solo hizo uso de lo que le pareció más conveniente en función de sus intereses estratégicos. En verdad es que no era un abolicionista y ello lo prueba la Proclamación de Emancipación de esclavos del 1º de enero de 1863 que solo afectaba a los estados esclavistas rebeldes, pero no a los estados esclavistas que formaban parte de la Unión— y tenía como propósito debilitar económica y políticamente a los estados secesionistas. La esclavitud en los Estaos Unidos finalizó con la sanción de la decimotercera enmienda, el 31 de enero de 1865, ratificada el 6 de diciembre del mismo año.
Si en la Argentina tenemos el «mito» de que numerosos negros murieron en la guerra de independencia y en la guerra contra el Paraguay, debe recordarse que durante la guerra de Secesión se convocaba a los afroamericanos a tomar las armas.
Cabe aquí mencionar que Liberia fue creada por los Estados Unidos a los efectos de enviar a ese territorio a los negros estadounidenses a partir de planes delineados a principios del siglo XIX. Así fue como mediante la conquista y la adquisición de tierras por parte de sociedades estadounidenses se fue dando origen a la colonia de Liberia que alcanzaría su independencia en 1847.
Los estadounidenses siguieron el modelo de otro estado racista: el Reino Unido. Los británicos a partir de 1787 comenzaron a enviar a la colonia de Sierra Leona los negros de Londres que, cabe destacar, en un gran número eran «afroamericanos» que fueron oportunamente liberados por los británicos en sus colonias americanas del norte para que contribuyeran con el esfuerzo de guerra contra los revolucionarios estadounidenses. Un notable «agradecimiento» que no es extraño por parte de los británicos cuando ya no necesita de quienes los apoyaron: con posterioridad los árabes recibieron el mismo «agradecimiento» tras ser utilizados en la guerra contra el Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial. Vale aquí recordar el tratado secreto que pasó a la historia como Acuerdo Sykes-Picot (1916), mediante el cual el Reino Unido y Francia planearon la división de Medio Oriente para controlar su territorio y la Declaración de Balfour del 2 de noviembre de 1917 por la cual el gobierno británico anunció su apoyo al establecimiento de un «hogar nacional» para el pueblo judío en Palestina, entonces parte integrante del Imperio otomano. Las secuelas de ese acuerdo y de esa declaración subyacen en los actuales conflictos en esa gran región. Sería de interés que estos antecedentes, solo algunos entre tantos, sean tenidos en cuenta para quienes en la región prestan colaboración al Reino Unido en el Atlántico Sur y para aquellos que prefieren denominar «Falklands» a nuestras islas Malvinas.
Hacia Liberia fueron enviados numerosos esclavos estadounidenses liberados a partir de la revolución de 1776 y de la abolición de la esclavitud en los estados del norte y hasta el propio Lincoln también tuvo el plan de trasladar a otros varios para que los Estados Unidos fueran un «país blanco». El presidente sabía que tras la emancipación la «asimilación» con el blanco sería difícil. Y vaya que lo fue porque el siglo XX y el siglo XXI siguen dando muestras de esa diferencia.
Los ejemplos de discriminación en los Estados Unidos desde Lincoln a la fecha son numerosos y durante décadas fueron palpables en las escuelas, las iglesias, el transporte y en los espacios públicos pero vale citar unos pocos, como el Claudette Colvin, una niña negra de quince años que se negó a ceder su asiento en un ómnibus ante el pedido del conductor blanco, quien le solicitó que se lo cediera a un pasajero blanco. Eso fue una gran osadía para la época: el 2 de marzo de 1955.
Claudette fue sacada a rastras del ómnibus por dos policías blancos a pesar que ella gritaba «Es mi derecho constitucional». La niña fue esposada, encarcelada y acusada de violar las leyes de segregación, alterar el orden público y agredir a un oficial de policía. Se declaró inocente, pero fue condenada aunque dos de los cargos fueron retirados tras la apelación.
Recortes de periódicos sobre el incidente, conservados por Claudette Colvin. Fuente: The Guardian[5].
El hecho de Claudette Colvin ocurrió solo nueve meses antes de otro caso similar pero mucho más conocido: el de Rosa Parks. Pero a pesar de que su caso fue el que pasó a la historia, el de Claudette es el hito que llevó a este tipo de acciones en favor de los derechos civiles de los negros, entre los cuales se destaca el boicot a las líneas de ómnibus de Montgomery, Alabama.
El 1º de diciembre de 1955, en Montgomery, Rosa Parks —secretaria de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés)— retornaba de su trabajo como costurera en unos grandes almacenes y tomó asiento en la parte de atrás del ómnibus, área permitida para los ciudadanos de color: afrodescendientes, indígenas, orientales. En un momento en que el transporte estaba lleno y había gente blanca de pie, el conductor detuvo el ómnibus para pedirles a tres mujeres negras que se levantaran pero Rosa Parks se negó y no lo hizo ni cuando el conductor amenazó con denunciarla. Rosa Parks fue arrestada, enjuiciada y condenada por transgredir el ordenamiento municipal. Este es uno de los casos emblemáticos de discriminación, a los que se puede añadir numerosos más que incluyen las acciones del Ku Klux Klan hasta condenas a muerte de adolescentes y ciudadanos negros que fueron presionados para confesar delitos que no cometieron.
Rosa Parks. Foto: National Archives and Records Administration Records of the U.S. Information Agency.
Ómnibus en el que viajaba Rosa Parks, actualmente en el Museo Henry Ford en Dearborn, Michigan. Foto: AFP.
Un cartel que advierte: «Sala de espera solo para gente de color -> por orden del departamento de policía». Foto: Getty Images.
La parte delantera de los ómnibus estaba reservada para los blancos mientras que la trasera era el área en la que debían viajar las personas de color, tal como advierte el cartel.
A pesar de que Lincoln no fue un abolicionista sino que optó por la emancipación por cuestiones estratégicas, pasó a la historia como el presidente que luchó por la libertad de los esclavos negros. Fue precisamente para conmemorar el Decreto de Emancipación firmado por el presidente Abraham Lincoln el 1º de enero de 1863 que el 28 de agosto de 1963 el predicador Martin Luther King pronunció su icónico discurso ante el Lincoln Memorial, en Washington, conocido como «I Have a Dream». En ese discurso, expresó:
Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio. Pero 100 años después debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro aún no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación.[6]
Esto acontecía tan solo veintidós años después de otro memorable discurso pronunciado ante el Congreso por otro destacado presidente estadounidense. El 6 de enero de 1941 Franklin D. Roosevelt presentó el Estado de la Unión ante el Congreso, en una memorable disertación conocida como «Discurso de las cuatro libertades» (Four Freedoms Speech). El propio Roosevelt sintetizó los objetivos de Estados Unidos para el mundo de postguerra en «cuatro libertades humanas esenciales»: la libertad de expresión, la libertad religiosa, la libertad de vivir sin penuria y la libertad de vivir sin miedo.
Era evidente que veintidós años después, los objetivos de Roosevelt no se cumplían ni en su propio país. El doctor King, continuaba su discurso diciendo:
En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto con el sello de ‘fondos insuficientes’. Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Por eso hemos venido a cobrar ese cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.[7]
En repetidas oportunidades dijo «Yo tengo un sueño», «un sueño arraigado profundamente en el sueño americano», un sueño que aún hoy es tenido y proclamado en diversas partes del mundo, el sueño de «que todos los hombres son creados iguales».
Martin Luther King levantaba la bandera de los derechos civiles en momentos en que los negros eran discriminados en la que se consideraba la principal democracia pero que, junto a los «hispanos», constituían buena parte de las tropas enviadas a combatir a Vietnam.
Martin Luther King fue asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee, y poco después, el 5 de junio del mismo año, fue asesinado Robert Kennedy, el hermano del presidente John Fitzgerald Kennedy, asesinado el 22 de noviembre de 1963 en Dallas. Kennedy fue el primer presidente católico de los Estados Unidos y el segundo es el actual, Joe Biden, quien dista mucho de ser coherente con su fe, favoreciendo el aborto y siendo funcional a todo lo «reglamentado» por la Agenda 2030. Biden es un verdadero globalista.
Retornando a la cuestión de los negros en Estados Unidos, está claro que están lejos de poder cobrar el «cheque» del que hablaba Martin Luther King. El 25 de mayo de 2020 el ciudadano negro George Floyd fue asesinado en oportunidad de un arresto policial en el vecindario de Powderhorn, en la ciudad estadounidense de Mineápolis: un oficial de policía se arrodilló sobre su cuello durante casi nueve minutos. Este hecho originó protestas por parte de la comunidad negra pero en un operativo, un agente del departamento de Kenosha, en el estado de Wisconsin en Estados Unidos, le disparó siete veces por la espalda a Jacob Blake, quien estaba desarmado, delante de su familia, cuando éste intentaba subirse a su camioneta. Blake sobrevivió al hecho pero fue internado en grave estado. Solo son dos casos entre tantos.
Preguntas y reflexiones finales
Si siguiéramos el criterio de la autora que se pregunta por qué no hay negros en la Selección Nacional de Fútbol de la Argentina podríamos preguntarnos: ¿Por qué en la historia de los Estados Unidos solo hubo dos presidentes católicos? Más aun si se tiene en cuenta que la primera minoría religiosa de ese país es la católica, alrededor de un 26%, porque el protestantismo llega al 51% teniendo en cuenta las diversas denominaciones cristianas. Esto implicaría que quizás, salvo John F. Kennedy, no haya habido otro presidente descendiente de irlandeses porque en su gran mayoría los irlandeses que inmigraron a los Estados Unidos eran católicos, motivo por el cual sufrieron una fuerte discriminación.
¿Por qué solo hubo un presidente de color en los Estados Unidos cuando el porcentaje de la población negra es de aproximadamente un 16%?
La recurrencia a los «mitos» acerca de la «desaparición» de los afrodescendientes esgrimida por la autora del artículo no sirve para responder a su pregunta acerca de por qué no hay negros en la Selección Nacional Argentina de Fútbol. O se detiene en «desmitificar» lo que los historiadores argentinos escribieron o la autora tiene que pararse en el presente y ahí podrá observar que no hay negros en la selección porque el porcentaje de población afrodescendiente es menor al 0,5% según el censo de 2010 y, muy probablemente, muy pocos integran un equipo de fútbol y eso lleva a que no haya negros en la Selección Nacional. Y si hubiera un gran jugador argentino negro sin duda estaría en esa Selección porque si hay un ámbito —quizás el único— en la Argentina en que funciona la meritocracia es precisamente en el fútbol.
Para ayudarle a intentar responder su duda, la aparición de población negra en la Argentina, que hoy puede apreciarse un poco más a diferencia de hace cuatro décadas, se debe a una nueva oleada de inmigración africana… pero como no son argentinos nativos no pueden integrar la Selección Nacional.
¿Quizás haya siempre una intención de los estadounidenses en poner fuera de sus fronteras el tema de los derechos humanos y de que los ciudadanos de otros países compartan sus culpas? La Argentina fue acosada por el gobierno estadounidense de James Carter y por gobiernos europeos por violar los derechos humanos en la década de 1970 en su guerra contra la subversión y han favorecido —a través de sus fundaciones y organismos de derechos humanos— que los que entonces perdieran la guerra se hicieran con el poder en la Argentina durante esta democracia, inventando un relato que tergirversó la historia, en buena medida apoyado y financiado por esas fundaciones y por los medios masivos de comunicación. Y aquí cabe preguntarles a los estadounidenses y europeos qué pasó en cárceles como la de Abu Ghraib. ¿Qué actitud han tomado los gobiernos estadounidense y europeos ante la propuesta del Reino Unido de deportar a los inmigrantes a Ruanda? ¿Será sancionado el Reino Unido porque recientemente la justicia británica consideró que esas deportaciones son legales?[8]
Las «categorías étnicas» a las que recurren autores como Erika Edwards nada tienen que envidiarle a las usadas en la época colonial o durante el Tercer Reich.
¿Por qué los autores estadounidenses tienen una obsesión cuando de «razas» se trata? El entrecomillado obedece a que solo existe una raza humana pero siguen contando las gotas de sangre negra que puede tener un ciudadano de piel blanca. Si esto no es racismo no sé cuál será su denominación. Del mismo modo, esto es válido para esas categorías de «hispano» o «latino» para que ellos puedan ser los verdaderos «americanos». ¿Quién es hispano y quién es latino? ¿Es latino un francés? ¿Por qué se incluye a los franceses como pueblo latino cuando en su origen fue un pueblo germano? ¿Quizás porque hablan un idioma derivado del latín? Entonces la clasificación sería lingüística. Lo propio es válido para los rumanos y otros pueblos.
¿Quizás lo que les molesta de la Selección Argentina es que aún no se ha logrado una mixtura de etnias como en Europa? Bien, por ahí circula un poco en modo de broma que hoy Europa es un continente al que fueron a vivir africanos, asiáticos, magrebíes y ciudadanos de Medio Oriente mientras que en América viven los europeos que fueron a ese continente desde Europa.
¿Quizás les molesta que además los jugadores argentinos mantuvieron valores que hoy los globalistas detestan? Están casados, tienen hijos, se mostraron como padres cariñosos, al igual que su director técnico.
En verdad, el artículo de Erika Edwards muestra a las claras que no es académico y presenta una gran veta racista, esto sin considerar que ignora ampliamente la historia argentina y es también preocupante que un medio como The Washington Post haya publicado un trabajo muy poco serio en términos académicos. O, quién sabe, solo se trate un «artículo envenenado».
* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director ejecutivo de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Profesor de Inteligencia de la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de la Universidad Nacional de La Plata.
Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.
Embajador Académico de la Fundación Internacionalista de Bolivia (FIB).
Investigador Senior del IGADI, Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, Pontevedra, España.
[3] George Reid Andrews. Los afroargentinos de Buenos Aires. Buenos Aires: Ediciones De la Flor, 1989, p. 12.
[4] Howard Temperley. “Regionalismo, esclavitud, guerra civil y reincorporación del Sur, 1815-1877”. En: Adams, Willi Paul (comp.). Los Estados Unidos de América. (Historia Universal Siglo XXI, vol. 30). Madrid: Siglo XXI, 1980, p. 99-100.
[6] Martin Luther King. “Tengo un sueño”. El Mundo (España), <https://www.elmundo.es/especiales/2013/internacional/martin-luther-king/texto-integro.html>.