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UCRANIA Y EL «NUEVO ORDEN MUNDIAL». UNA RETROSPECTIVA EN ESTE INQUIETANTE 2025

Roberto Mansilla Blanco*

Este artículo lo escribí el 24 de febrero de 2022, horas después de que las tropas rusas invadieran Ucrania. En ese momento advertí de algunas bases de ese «nuevo orden mundial» de la «post-postguerra fría» que anunciaban el retorno del militarismo, de la geopolítica «pura y dura» y de los intereses de poder.

Entonces muchos pensaban que Ucrania sería «el cementerio de Putin» y que Zelenski se encaminaba a ser un «nuevo Churchill». El panorama hoy, en este volátil e inquietante 2025, es radicalmente distinto. Putin parece convertirse en el «mainstream» de la guerra y de la paz en Ucrania con el beneplácito de un Trump que rompe completamente con décadas de enfoque exterior de Washington, particularmente en lo relativo sus relaciones con Rusia.

Muchas cosas han cambiado en vísperas del tercer aniversario de la guerra en Ucrania cuando EEUU y Rusia negocian una paz a espaldas de Europa y de la OTAN. Y, como viene siendo costumbre, China en plan expectante, observando con discreción pero no menos atención cómo se encaminan los acontecimientos, sabedora de que el pulso de la gran geopolítica global se juega en Asia Pacífico, en esa confrontación entre EEUU y China con sus respectivos aliados, y ya no tanto en el Atlántico.

En estos tres años también hemos observado los «eternos retornos» (Mircea Eliade dixit) en la política global. Un Donald Trump de regreso a la Casa Blanca que mezcla las bases del poder imperial de EEUU bajo expectativas de aislamiento táctico en determinados aspectos. Un Benjamín Netanyahu que regresa por enésima vez al poder en Israel con dos guerras (Gaza y Líbano) brevemente paralizadas por sendas treguas que amenazan con saltar por los aires en cualquier momento pero sin perder de vista el proyecto mesiánico del «Gran Israel», por cierto no muy diferente del «Make America Great Again» de Trump. Y si hablamos de retornos, los fascismos barnizados en una imagen «post-fascista», más edulcorada y modernizada, vuelven a crecer políticamente ya no solo en Europa sino también en la ribera transatlántica, saludos fascistas mediante (Elon Musk y Steven Bannon). Este 23 de febrero, la ultraderecha de Alternativa por Alemania (AfD), un aliado de Rusia, China y del «trumpismo», consiguió un resultado histórico en las elecciones generales alemanas, convirtiéndose en el principal partido de la oposición a un gobierno conservador que deberá gestionar coaliciones para poder gobernar.

Lo cierto es que, tres años después del comienzo de la guerra ucraniana, la propia Ucrania se sumerge en sus dilemas existenciales sin saber si tendrá capacidad real para superar este envite de negociación entre EEUU y Rusia. Un tema serio cuando el propio Trump llamó la Zelenski «dictador» espetándole incluso que «Ucrania puede algún día volver a ser rusa». Europa vuelve a hacer gala de su irrelevancia en la política de poder global; EEUU y Rusia vuelven a canalizar mecanismos propios de la «guerra fría»; la OTAN, en su momento (2022) revitalizada con la guerra ucraniana tras una inesperada ampliación (Finlandia y Suecia, abandonando su tradicional neutralidad) pero observando cómo Trump erosiona por dentro casi ocho décadas de «atlantismo», y China, el «Reino del Medio», la esperada futura superpotencia que sigue a paso firme, fortaleciendo un eje euroasiático con Rusia e Irán (y con menos intensidad Turquía e India) que tiene dimensión en otros ámbitos (BRICS principalmente) Pero que sabe que la colisión con Occidente será la gran tónica geopolítica para este siglo XXI.

La guerra ucraniana, así como la de Gaza y un Oriente Medio convulsionado, anuncian que el mundo unipolar en manos de EEUU tras la disolución de la URSS se vino abajo dando paso a un concierto internacional mucho más similar al mundo de la primera preguerra mundial, esa balanza de poder entre varios actores que definió la política europea y mundial entre 1880 y 1914. Como comenté en este artículo que reproduzco íntegro a continuación, para reflexión de nuestros lectores, «vuelven la geopolítica y el militarismo, con sus espurios intereses». 

(…)

Galicia, 24 de febrero de 2022

 

Decía el filósofo Slavoj Žižek que en Ucrania «está ocurriendo algo aún más loco: no una guerra fría sino una paz caliente». En perspectiva, estamos observando un «nuevo orden mundial», la reconfiguración geopolítica a nivel global entre las principales potencias, EEUU, Rusia y China. La OTAN y la Unión Europea son meros actores secundarios que gravitan en torno a este embudo geopolítico. Y la ONU, un actor caduco sin capacidad de maniobra.

Existen razones para considerar el potencial geopolítico global trazado por la crisis ucraniana. Durante su intervención en la reciente Conferencia Seguridad de Múnich, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski aseguró que su país es «la puerta de defensa de Europa frente a la amenaza rusa». Cabe destacar que en este mismo foro de Múnich, en 2007, el presidente ruso Vladímir Putin dio un «golpe en la mesa» exigiendo una nueva arquitectura del poder global de carácter multipolar que acabe con la hegemonía estadounidense.

Esos pasos hacia una nueva arquitectura global los fue dando Putin de forma calculada: en 2008 en la breve guerra entre Rusia y Georgia, que dio paso al reconocimiento ruso de las independencias de facto de Abjasia y Osetia del Sur. En 2014 anexionando la península de Crimea, en manos ucranianas desde 1954. Y ahora en 2022 reconociendo la independencia de facto de las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, mejor conocidas como el Donbás, y quien sabe si ocupando gran parte del territorio ucraniano hasta el estratégico puerto de Odessa. De este modo, Moscú crea «entidades-tapón» en sus fronteras ex soviéticas como «colchón de seguridad» ante la previsible expansión de la OTAN.

Pero el factor más desequilibrante de esta crisis ucraniana, y que anuncia claramente esta reconfiguración del poder global, es la sintonía estratégica de intereses geopolíticos entre Rusia y China. De Ucrania a Taiwán, el presidente chino Xi Jinping y Putin trazaron líneas rojas de actuación común, apuntando claramente de manera disuasoria contra Washington. La sintonía Xi-Putin inaugura una nueva configuración de poder euroasiática sino-rusa contraria al «atlantismo» vía OTAN manejado por Washington, con sus aliados europeos. Y no es solo en Ucrania donde se juega esta partida sino también en Asia Oriental, con el pacto AUKUS suscrito en septiembre pasado entre EEUU, Gran Bretaña y Australia. El eje Xi-Putin ya denunció también este pacto geopolítico claramente dirigido contra China.

Con todo, la agresión militar rusa vía Donbás hacia un país soberano como Ucrania deja otro aspecto en la mesa: la inoperancia de la ONU como actor de resolución de conflictos y la preponderancia de los intereses geopolíticos por encima del respeto al Derecho Internacional. Esta alteración del equilibrio mundial ya fue inaugurado por la OTAN en la guerra de Kosovo (1999), continuado con su invasión a Libia (2011). Pero este desequilibrio principalmente fue trazado por EEUU en la guerra de Irak (2003), pasando por encima de la ONU, caso contrario de lo ocurrido en la guerra de Afganistán (2001).

¿Pasará factura esta guerra ucraniana a Putin y Biden? ¿Sacará provecho China de esta crisis principalmente trazada entre Moscú y Washington? Son interrogantes pertinentes porque definen también los trazos de la geopolítica global de esta crisis ucraniana. Putin reforzará su posición gracias a la difusión del nacionalismo ruso por encima de las consecuencias económicas que para Rusia tendrán las sanciones internacionales. La crisis ucraniana ya está provocando el consecuente «terror bursátil» con las caídas de las principales Bolsas de Valores y la subida imparable del precio del petróleo (superior a los US$ 100). En este último apartado, Putin sale en ganancia porque la sintonía con China le permitirá acceder a ese gran mercado energético chino. Hay que tomar en cuenta que el giro asiático de Putin hacia China con la finalidad de contener las sanciones occidentales ya comenzó con la anexión rusa de Crimea en 2014.

Por su parte, Biden se muestra en una situación complicada, al igual que Zelenski. Tras el fiasco de la retirada estadounidense de Afganistán el año pasado y el retorno de los talibanes al poder, Biden se ve contrariado en esta crisis ucraniana, sin capacidad de llevar la iniciativa, a diferencia de Putin. Un aspecto inquietante para él en un 2022 electoral en EEUU, donde se prevé el retorno de los republicanos en noviembre próximo con el control del Congreso. Incluso, vuelve a asomar la figura del ex presidente Donald Trump, quien ya públicamente mostró su apoyo a Putin.

Por su parte, Zelenski corre el riesgo de implosionar su gobierno si no logra el apoyo inmediato y urgente de la OTAN ante la agresión militar rusa. Los sectores nacionalistas extremistas ucranianos pueden ahora ocupar un protagonismo mayor, dando así argumentos a Putin para justificar su intervención militar en Ucrania por el hecho de denunciar un posible «genocidio» contra las comunidades ruso parlantes en el Donbás.

Europa se ve igualmente dividida y contrariada en esta crisis, a pesar de la audaz iniciativa diplomática del presidente francés Emmanuel Macron con Putin y Zelenski. Esto coloca el tema de la seguridad europea como una asignatura pendiente para Bruselas pero que, en el contexto actual, más bien terminará por definir la incapacidad europea para dotarse de un marco común de seguridad, supeditado cada vez más al “atlantismo” de la OTAN.

En perspectiva, en Ucrania tenemos las bases de configuración de un nuevo «orden mundial» del mundo de la «posguerra fría inaugurado en 1991, precisamente con la desintegración de la URSS. En ese momento, el presidente George W. Bush presentó ese «nuevo orden mundial» donde el liberalismo político, económico y cultural ganaba la partida con el famoso «fin de la historia» anunciado también por el politólogo Francis Fukuyama.

Pero en 2022, Putin anuncia otro «orden mundial» completamente diferente. Vuelve la geopolítica, con sus espurios intereses político-militares sin los matices ideológicos que observamos durante la «guerra fría» entre EEUU y la URSS (1947-1991). La arquitectura global de la «posguerra fría» definida por el liberalismo estadounidense se ve seriamente contestada y desafiada. Esa perspectiva de cambio en el orden mundial también predomina en Beijing, donde sus élites están avanzando calculadamente en la legitimación de sus intereses para trazar un siglo XXI definido por el «mundo chino» Por tanto, puede que sí estemos ingresando, como bien decía Žižek, en el caótico mundo de la «paz caliente».

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

 

Artículo publicado en lengua gallega en Novas do Eixo Atlántico, https://www.novasdoeixoatlantico.com/ucraina-e-a-nova-orde-mundial-unha-retrospectiva-neste-inquietante-2025-roberto-mansilla-blanco/

MÚNICH 2025

Roberto Mansilla Blanco*

Putin pronunciando su discurso durante la Conferencia de Seguridad de Múnich.

 

Mucho se ha comparado en los medios de comunicación, principalmente españoles, que la conversación telefónica entre Putin y Trump para iniciar negociaciones de paz en Ucrania, previo a la Conferencia de Seguridad que cada mes de febrero se realiza en la localidad alemana de Múnich, tiene paralelismos con la política de apaciguamiento que Francia y Gran Bretaña tuvieron en 1938 con Hitler y que terminaron en el infame Pacto de Múnich en el que el dictador alemán terminó anexionando por completo a Checoslovaquia.

Esta narrativa mediática intenta sostener que el mismo destino de Checoslovaquia podría tenerlo Ucrania si Trump finalmente logra concretar con Putin esa negociación que, cuando menos temporalmente, ponga en la mesa un alto al fuego en una guerra cada vez más estéril para un Occidente atenazado por el «terremoto Trump» y la paciencia táctica y estratégica de Putin. No debemos olvidar que fue precisamente en la Conferencia de Múnich de 2007 cuando Putin dio un «golpe en la mesa» y puso fin a la etapa de complacencia de la Rusia post-soviética con Occidente, adelantando las directrices de la nueva reorientación geopolítica rusa.

En 2025 no le hizo falta a Putin realizar algún tipo de discurso reivindicativo: la realpolitik se ha encargado de terminar dictando su sentencia, cuando menos temporal, sobre la validez de los intereses geopolíticos rusos y la necesidad del Kremlin de mantener el control sobre sus esferas de influencia, Ucrania obviamente incluida.

Múnich vuelve este 2025 pero el contexto es bastante más complejo que esas referencias de 1938 y 2007. Mientras el vicepresidente estadounidense J. D. Vance se reunió en esa ciudad con el presidente ucraniano Volodymir Zelenski (muy probablemente para anunciarle que Washington no cuenta con Kiev para esta negociación con Rusia), la conferencia de seguridad ocurre en vísperas de unas elecciones generales alemanas donde la ultraderecha de Alternativa por Alemania (AfD), considerado un aliado del Kremlin, cabalga con fuerza para eventualmente formar gobierno.

Por otro lado, este 17 de febrero, el presidente francés Emmanuel Macron convocó en París a una cumbre urgente de seguridad para intentar fijar (al final infructuosamente) una posición común europea ante el «pacto Trump-Putin». Desplazadas de la atención de Washington y de Moscú, la UE y Ucrania se ven prácticamente incapacitadas para reconducir una negociación en la que los mandatarios de EEUU y de Rusia tienen muchos intereses comunes.

Zelenski pide ahora la creación de un «ejército europeo» para mantener viva la lucha en Ucrania (lo que puede interpretarse como una especie de «canto de sirena» a la desesperada), Macron se comunicó telefónicamente con Trump previo a la cumbre de París, lo que traduce que el anfitrión francés ni siquiera tiene muy claro el guion que debe asumir: si seguir siendo dependiente de las decisiones de Washington o dar el «golpe de timón» con una iniciativa europea propia ante las pretensiones estadounidenses y rusas de apartar a Europa y Ucrania de estas negociaciones.

Pero Europa aparentemente se ve decidida a seguir manteniendo el pulso con Moscú. Estonia, Finlandia y Dinamarca advierten de una Rusia militarmente más fortalecida a mediano plazo y con capacidad para expandir sus fronteras más allá de lo territorialmente ganado en Ucrania. Las repúblicas bálticas, miembros de la OTAN y de la UE, anunciaron a «bombo y platillo» y con la complacencia de Bruselas, su desconexión energética de Rusia. Ahora bien, la nueva factura de la luz, obviamente encarecida, ¿quién la terminará pagando?

EEUU y Rusia enviaron delegaciones a Arabia Saudí este 18 de febrero en previsión de una negociación unilateral Trump-Putin. Ambos mandatarios enviaron como jefes de delegación al Secretario de Estado Marco Rubio y al ministro de Exteriores Serguéi Lavrov. No es poca cosa, obviamente, como tampoco lo es el hecho de que las conversaciones se realizaran en la capital saudita, Riad. Esto fortalece las pretensiones geopolíticas sauditas de jugar fuerte en el tablero internacional, aspiraciones reforzadas a nivel regional tras la caída del régimen de Bashar al Asad en Siria y la influencia de Riad en las nuevas autoridades en Damasco.

Paralelamente, Zelenski se reunía en Ankara con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, otra cumbre a tomar en cuenta porque confirma el papel de Turquía como mediador de importante nivel en estas negociaciones a varias bandas entre Trump y Putin. Como en el caso de Irán para Rusia, Turquía ha sido un prolífico suministrador de drones para Ucrania, toda vez que mantiene equilibrios estratégicos en torno a Rusia, la OTAN, EEUU, China e incluso en la nueva Siria donde tiene una influencia importante en el nuevo gobierno post-Asad.

Tres años después del comienzo de la guerra en Ucrania ya se habla abiertamente de negociación y de paz. Zelenski y Putin están desgastados en un conflicto militar en el que Occidente y la OTAN observaron su incapacidad para doblegar a una Rusia muy probablemente más fortalecida y que avanza en un reordenamiento «patriótico» que presagia una nueva política de seguridad y de defensa, menos condescendiente con Occidente y más orientada a fortalecer los históricos imperativos de seguridad rusos.

Zelenski está sufriendo en carne propia los efectos duros de la realpolitik. En su momento prometió que nunca se sentaría a negociar con Putin los territorios conquistados por Rusia. Pero el contexto 2025 dicta otra sentencia: Trump anuncia la imposibilidad de ingreso de la OTAN y de retorno a las fronteras de 2014 (Crimea fue anexionada por Rusia ese año) mientras especula con que Ucrania «probablemente terminará también siendo rusa».

Así que debemos preguntarnos: ¿Game over en Ucrania ante la realpolitik pura y dura? No está muy claro el panorama pero lo único perceptible es que el principal ganador es Putin, quien llevó a cabo una guerra en la que finalmente está dictando las pautas de la paz básicamente bajo sus condiciones: mantener lo territorialmente conquistado en Ucrania como esferas de influencia irrenunciables; y evitando que Kiev ingrese en la OTAN.

Por su parte, Trump, desinteresado por el futuro de Ucrania, estaría dispuesto a atender estas demandas de Putin probablemente bajo la perspectiva (quizás ingenua) de intentar alejar a Rusia del eje euroasiático con China, el «dolor de cabeza» de Trump. Esta perspectiva es importante tomando en cuenta que Trump está cortejando a India y Japón como nuevos ejes geopolíticos de influencia para contrarrestar el poder chino. No obstante, India y Rusia tienen a China como un socio estratégico (más importante en el caso ruso) vía BRICS y otros foros multipolares orientados a disminuir la hegemonía occidental y «atlantista».

Por cierto, China también observa con atención estos movimientos. Beijing siempre ha defendido el diálogo como mecanismo de solución de controversias y la participación de todos los actores en la negociación, una paz en Ucrania supone un bálsamo que le permita neutralizar el esfuerzo bélico de su aliado ruso mientras se prepara para la cada vez más indisimulada confrontación geopolítica y geoeconómica por parte de EEUU.

De ser este el caso, Beijing precisará cuando menos del apoyo irrestricto por parte de su aliado ruso, hasta ahora beneficiado por la neutralidad china en el conflicto ucraniano. Un quid pro quo, un factor de reciprocidad de alto nivel geopolítico que pondrá a prueba la alianza sino-rusa ante los embates del «terremoto Trump».

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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SOLDADITOS DE PLOMO

F. Javier Blasco*

Recuerdo que, en mis años de niñez e infancia ―décadas de los 50 y 60 del siglo pasado― era muy frecuente que los chavales tuviéramos una colección, más o menos grande, de soldaditos de plomo con los que jugábamos durante horas, hasta que se nos anunciaba que era la hora de ir a cenar.

Aquellos soldaditos hechos para durar, eran construidos en moldes de hierro, rellenos de plomo candente y que, posteriormente, cuando se enfriaban y sacaban de dichos moldes, se pintarrajeaban con diversos colores dándoles forma y significado. Eran un claro y eficaz precedente o sustituto de lo que vendría a sucederles unos años más tarde con el plástico y mucho mejor con los primeros juegos de ordenador o de la mundialmente famosa Play Station que han sobrevivido hasta la fecha.

Cada chaval se constituía en un mariscal de campo y movía sus tropas, cañones, aviones y carros de combate de plomo a su antojo, enfrentado unos a otros sin cesar y viendo como el bando que más tropas tenía o mejor jugaba sus estrategias, finalmente se alzaba con la victoria.

Pues bien, algo parecido es lo que el mundo y la llamada Comunidad internacional (CI) ―principalmente la UE, la OTAN, la ONU y los EEUU― han venido haciendo sobre el tapete del territorio ucranio donde se manejaban y movían tropas de los dos bandos en liza (Rusia y Ucrania) apoyadas ―más bien menos que más― por una serie de actores externos, que se creían o más bien se auto engañaban con el hecho de que a su entender, estaban haciendo lo correcto para que el conflicto no pudiera durar más. Que Ucrania con nuestro apoyo iba a resistir y que Rusia, agotada de tanto esfuerzo y casi aislada internacionalmente en su empeño, tarde o temprano acabaría por sucumbir.

Han pasado los días, las semanas, los meses y hasta tres años y el conflicto con sus altos y bajos sigue instalado en los mismos confines; algunas conquistas de territorio y unos pocos cientos de miles de bajas entre ambos bandos. Pero no ha servido más que para demostrar aquello que algunos «precipitados» dejamos bien claro negro sobre blanco desde casi el inicio de la confrontación, Rusia acabaría venciendo, Ucrania se vería obligada a claudicar deshonrosamente y la CI en su conjunto con algunos de sus actores en particular, quedarían como lo que verdaderamente son, unos inútiles, zampabollos y bebe fantas que solo sirven para figurar, hacer caja personal y tratar de vender unos productos que no sirven para casi nada y mucho menos para vencer en un conflicto como el presente  con la significancia e importancia de los variopintos medios que han aparecido en escena o mejorado en los últimos tiempos.

Hechos irrefutables, que se verían acelerados, si Trump volvía a ser reelegido en EEUU, ganaba las elecciones y volvía al tablero internacional; pero esta vez, con mayor conocimiento de la capacidad real de los actores en el escenario, memorizadas las lecciones aprendidas de anteriores conflictos y nulas alianzas y con la urgencia de tener que aprovechar al máximo las posibilidades que le brinda este segundo y último período de mandamiento presidencial.

Quisiera decir que son numerosas las ocasiones en las que he mostrado por escrito este pensamiento y pronóstico en mi blog, pero sobre todo y por no cansar, recomendaría el repaso de los siguientes artículos: Últimos reajustes en el orden mundial de febrero de 2024, Los estertores de la decadente comunidad internacional del pasado mes de enero.

Tal y como pronosticaba en ambos, ha bastado la simple presencia de Trump al mano de EEUU para que todo, absolutamente todo, cambie; pero la razón de ello no es debida a reajustes en la personalidad del presidente norteamericano, sino al hecho de que no se le hizo caso cuando venía avisando de lo que podía ocurrir y lo hizo, además, con tiempo y reiteradas veces desde mediados de su primer mandato.

Ahora todos a rasgarnos las vestiduras, a protestar con la boca pequeña o cuando no nos escucha (como es el caso de España) y a considerarle un loco cuando propone e implementa soluciones rápidas, sencillas y más económicas por muy sangrantes y duras que inicialmente parezcan.

El tiempo de la leche en polvo, el queso de bola y la Coca Cola gratis para Europa acabó hace muchos años, pero nosotros nos hemos venido resistiendo a aceptarlo, tratando, al mismo tiempo, de engañar al rey del engaño y la añagaza.

Trump ya no está dispuesto gastar un dólar más en un continente de vagos que vienen mendigando su seguridad desde el final de la II Guerra Mundial sin gastar, proporcionalmente ni la mitad de lo que nos correspondería a los demás.

Sabe manejarse con los más poderosos y sobre todo con aquellos que lo son de verdad porque no les teme en absoluto, les trata de igual a igual y les deja bien claro que el que se ría, se arrugue o proteste se queda sin salir en la foto o se va a la cama sin cenar. Razón por la que cree poco o nada en la mastodóntica, costosa y poco resolutiva OTAN en Bruselas, organización que para sobrevivir se ha tenido que reinventar en varias ocasiones para convertirse en un club de amigotes militares y diplomáticos de alta graduación donde pasan el tiempo con muy buenos sueldos y poco o nulo resultado. Alianza donde resulta muy difícil la adopción de medidas rápidas y eficaces por los intereses nacionales de cada uno y porque ha crecido tanto que es imposible gobernar. No me extrañaría nada que, como tal, tenga los días contados o se reduzca, en mucho su formato y composición actual.

Necesita, con pocos esfuerzos y a ser posible de simples plumazos, escampar el horizonte, ahorrar medios humanos y economizar gastos y esfuerzos nacionales para dedicarlos a su seguridad inmediata al norte y sur de sus fronteras y en sus flancos principalmente en el Ártico. Y, al mismo tiempo, ganar tiempo para sus desplazamientos logísticos, principalmente por mar, haciéndolos más cortos y seguros que hasta ahora. Tiene mucha necesidad de tierras raras, petróleo y otra serie de materias primas que las obtendrá como sea necesario, ya que no cree mucho en los agoreros que insisten en la necesidad de luchar contra lo que pregonan que influye en el cambio climático de forma sin par.

Oriente medio le preocupa algo, pero menos de lo que muchos piensan porque sabe que con un ligero apoyo a Israel, la paz, la suya, en la zona quedará asegurada o al menos sellada por mucho tiempo y sus principales enemigos allí, serán barridos del mapa en pocos días. No se anda con chiquitas y al puro estilo imperialista, manejará el mundo a su antojo y aquellos otros que aspiren a ser algo en la esfera internacional como Rusia y China o hasta la India podrán jugar a ser mayores, pero deberán seguir su estela porque aún les queda mucho que aprender y desarrollar y sobre todo actuar con mucha cautela para no molestarle en su torpe caminar.

La pobre y desvalida UE, exhausta por la ausencia de potentes liderazgos y capacidades políticas entre sus dirigentes y de tanto malgastar en cosas poco palpables o productivas, pero desarmada y sin política exterior clara y fuerte, se convertirá en un cliente más, a la cola de aquellos otros que por su capacidad de expansión, número de habitantes y posibilidades industriales le interesen mucho más.

Su famoso frase de «Hacer de nuevo grande a EEUU» no es, tal y como muchos piensan, un simple y fácil slogan electoral; al contrario, es algo en lo que él cree de verdad y tal como le van las cosas ―en tan corto espacio de tiempo― veo muy difícil o casi imposible que algo o alguien le sea capaz de frenar.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.