Archivo de la etiqueta: Seguridad Internacional

LA TRADICIÓN MILENARIA DEL PENSAMIENTO DE XI JINPING Y LAS DISPUTAS ENTRE CHINA Y LA UE

Giancarlo Elia Valori*

Foto: Spanish.Xinhuanet.Com

El 70º aniversario de la promulgación de los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica es un gran acontecimiento para la comunidad internacional. También es de gran importancia que el presidente Xi Jinping lleve adelante la tradición milenaria de China de cooperación amistosa entre los ciudadanos de todos los países para promover la paz y el desarrollo mundiales. La República Popular China no está de acuerdo con la teoría de que un país fuerte debe buscar la hegemonía. El pueblo chino no lleva en la sangre el gen de oprimir a otros pueblos a través del militarismo o del llamado poder blando condicionante, o a través de bombas humanitarias que traen «libertad».

Hace setenta años, durante el movimiento de descolonización que surgió después de la Segunda Guerra Mundial, la causa de la independencia y la liberación nacional floreció en los países afroasiático-americanos, y esos nuevos países aspiraban a establecer relaciones internacionales igualitarias con aquellos Estados que hasta entonces habían dictado e impuesto sus leyes de manera imperial-colonialista.

Los países recién independizados siguieron esa tendencia histórica y defendieron conjuntamente los Cinco Principios chinos de respeto mutuo, soberanía, integridad territorial, no agresión mutua y no injerencia en los asuntos internos, sobre la base de la igualdad y el beneficio mutuo de la coexistencia pacífica.

Ya en 1954, la República Popular China y algunos países asiáticos emitieron declaraciones conjuntas en las que confirmaban que esos Cinco Principios se aplicarían en sus relaciones mutuas y en las relaciones de sus respectivos países con otros países de Asia y de todo el mundo. Se trata de una iniciativa importante en la historia de las relaciones internacionales y una contribución histórica a la creación de un nuevo tipo de relaciones internacionales justas y razonables.

Mirando hacia atrás, el presidente Xi Jinping no sólo expresa su profunda gratitud a la primera generación de líderes de China Popular, sino que también desarrolla y reafirma que estos Cinco Principios son una forma de respeto y solidaridad con las personas con visión de futuro en varios países que han insistido durante mucho tiempo en promover los valores de igualdad e independencia en el mundo.

Esto significa explorar la mejor manera de llevar adelante el establecimiento de un nuevo tipo de relaciones internacionales y construir juntos un orden mundial basado en la cooperación de beneficio mutuo.

Los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica se desarrollaron en Asia porque heredan la tradición ideológica de los pueblos asiáticos que abogan por la paz. Pueblos que nunca han intentado imponer sus ideas en otros continentes, ni en niveles políticos y económicos de pensamiento diferente, como sabemos que sucedió en Europa, que durante siglos se consideró la fuente de la verdad en todos los niveles, desde el social hasta el religioso.

La nación china siempre ha apoyado conceptos armoniosos en los que no debe haber uniformidad ni violencia que los impongan. No en vano, los países asiáticos siempre han defendido conceptos como la benevolencia, la caridad y la paz. Tagore, el gran poeta indio, escribió: «¿Crees que puedes lograr la amistad a través de la guerra? La primavera se escurrirá ante tus ojos».

El Presidente Xi Jinping siempre ha sostenido que los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica reflejan vívidamente las metas y objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y les ofrecen una connotación visible, factible y alcanzable. No sólo representan las nuevas expectativas de los países asiáticos en materia de relaciones internacionales, sino que también encarnan el espíritu del estado de derecho internacional que debe unificar los derechos y las obligaciones, así como las responsabilidades de todos los países del mundo.

A través de esos principios, ya en el decenio de 1950, la República Popular China y algunos países asiáticos resolvieron viejas controversias. Por ejemplo, en la década de 1960, China y Myanmar (Birmania) resolvieron adecuadamente la cuestión fronteriza: los dos países firmaron un tratado fronterizo, que fue el primero de este tipo firmado por Nueva China con los países vecinos. Los dos países también firmaron el Tratado de Amistad y No Agresión, que nuevamente fue el primer tratado de paz y amistad entre países asiáticos.

Desde finales de la década de 1960, los Cinco Principios no sólo han echado raíces en Asia, sino que también se han arraigado profundamente y se han extendido por todo el mundo. El presidente Xi Jinping cree que, resumiendo la práctica de las relaciones internacionales, los Cinco Principios tienen una fuerte vitalidad. La propia India declaró hace poco que si se reconocieran los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica en las relaciones entre todos los países, casi no habría conflictos ni guerras en el mundo.

Es indiscutible que desde la época del liderazgo del Presidente Xi Jinping, los Cinco Principios, como principios abiertos e inclusivos del derecho internacional, han resistido la prueba de las vicisitudes de la situación mundial y encarnan los valores de la soberanía, la justicia, el estado de derecho y la democracia, entendida como la independencia de los Estados frente a la voluntad opresiva de los Estados más poderosos y no en el sentido propagandístico liberal como expresión política de partidos que representan a las clases privilegiadas y explotadoras que manejan el capital financiero.

De hecho, los Cinco Principios se están convirtiendo en las reglas fundamentales de las relaciones internacionales. Enmarcan científicamente las características esenciales del nuevo tipo de relaciones exteriores. Son una unidad interconectada, que se refuerza mutua e indivisiblemente, y son aplicables a las relaciones entre países de diversos sistemas sociales, niveles de desarrollo y tamaños.

En 1955, por ejemplo, los Diez Principios adoptados por la Conferencia de Bandung fueron una extensión y desarrollo de los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica. El Movimiento de los Países No Alineados, que surgió en el decenio de 1960, adoptó los Cinco Principios como guía fundamental. Las declaraciones pertinentes adoptadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1970 y 1974 aceptaron los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica. Estos han sido adoptados por una serie de organizaciones internacionales y pactos y tratados en el mundo actual y han sido ampliamente reconocidos y respetados por la comunidad internacional.

De hecho, los Cinco Principios salvaguardan los derechos e intereses de los países en desarrollo. La esencia de los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica es que todos los países tienen la misma soberanía y se oponen al monopolio de cualquier país en los asuntos internacionales. Esto proporciona una poderosa arma ideológica para que los países en desarrollo defiendan su soberanía nacional y su independencia. Se convierten en una bandera para que estos países se unan, cooperen y se fortalezcan mutuamente a través de la solidaridad militante, que profundiza el entendimiento y la confianza mutuos, promueve la cooperación Sur-Sur, al tiempo que desarrolla y aumenta la cooperación Norte-Sur. El objetivo principal de los Cinco Principios es actualmente su contribución al establecimiento de un orden político y económico internacional más justo y razonable. Los Cinco Principios rechazan la ley de la selva en la que los fuertes pueden aprovecharse de los débiles. Ha sido un claro signo antiimperialista y anticolonialista desde las independencias de la década de 1960 que aceleraron el colapso del sistema colonial formal. En el contexto de la Guerra Fría, las «esferas de influencia» y otros métodos no lograron gestionar adecuadamente las relaciones entre los países, lo que llevó a conflictos regionales periféricos por la creciente interferencia. En marcado contraste, los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica abrieron un nuevo camino para la resolución pacífica de problemas de larga data y controversias internacionales entre países.

El mundo actual está experimentando cambios profundos y complejos. La tendencia de los tiempos de paz, desarrollo, cooperación y situaciones de ganar-ganar se está convirtiendo cada vez más en una comunidad de destino donde «nosotros estamos entre vosotros y vosotros estáis entre nosotros». Al mismo tiempo, la injusticia y la desigualdad en las relaciones internacionales siguen siendo evidentes, los desafíos globales están surgiendo uno tras otro, y varios conflictos regionales y guerras locales están teniendo lugar en muchos países sin la pantalla de las ideologías, pero con un claro intento de apoderarse de territorios ricos en recursos. Las personas, especialmente los niños, siguen viviendo en el fuego de la guerra, y muchos países en desarrollo siguen en las llamas de la guerra. La gente sigue padeciendo hambre y frío. Todavía queda un largo camino por recorrer para mantener la paz mundial y promover el desarrollo común.

En esta situación, el espíritu de los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica no es obsoleto, sino que sigue siendo plenamente pertinente. El significado de los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica no se diluye, sino que se profundiza; no se debilita, sino que se fortalece con el tiempo. La soberanía es el símbolo fundamental de la independencia nacional y la manifestación básica y garantía fehaciente de los intereses nacionales. La soberanía y la integridad territorial no pueden ser violadas y los países deben respetar los intereses fundamentales y las principales preocupaciones de los demás. Estas son verdades duras que no se pueden eludir en ningún momento y nunca debemos vacilar ante ellas.

El presidente Xi Jinping afirma que los países, grandes o pequeños, fuertes o débiles, ricos o pobres, son todos miembros iguales de la comunidad internacional y tienen los mismos derechos para participar en los asuntos internacionales. Los asuntos de cada país deben ser manejados por el pueblo de ese país. Debemos respetar los sistemas sociales y las vías de desarrollo elegidas independientemente por cada país y oponernos al uso de medios ilegales para subvertir el poder político legítimo de otros países por intereses u opiniones egoístas.

Además, la seguridad debe ser universal. Todos los países tienen derecho a participar en los asuntos de seguridad internacional y regional en pie de igualdad, y todos tienen la responsabilidad de mantener la seguridad internacional y regional.

Debe defenderse el concepto de seguridad común, mundial, cooperativa y sostenible y debe respetarse y protegerse la seguridad de cada país. Un país no puede estar seguro mientras otros países no lo estén, mientras que algunos países son seguros y otros no, por no hablar de la llamada seguridad absoluta a expensas de la seguridad de los demás. Por lo tanto, debemos fortalecer la cooperación internacional y regional, responder conjuntamente al creciente número de amenazas no tradicionales a la seguridad, luchar resueltamente contra todas las formas de terrorismo y erradicar su caldo de cultivo.

Cuando se trata de diferencias y controversias entre países, debemos insistir en resolverlas pacíficamente mediante el diálogo y la consulta, aumentar la confianza mutua mediante el diálogo y no recurrir a la fuerza ni amenazarla. La voluntad de usar la fuerza es un signo de pobreza moral. Solo la seguridad basada en la ética puede tener una base sólida y ser verdaderamente duradera. Tenemos que promover la construcción de una nueva arquitectura para la cooperación en materia de seguridad en Asia y el Pacífico que sea abierta, transparente y justa, y alentar a todos los países a salvaguardar conjuntamente la paz y la seguridad regionales y mundiales.

Algunos países se están volviendo cada vez más ricos, mientras que otros siguen siendo pobres y atrasados desde hace mucho tiempo. Esta situación es insostenible. Debemos salvaguardar y desarrollar conjuntamente una economía mundial abierta, promover conjuntamente un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado de la economía mundial, promover la liberalización y la facilitación del comercio y la inversión, adherirnos a la cooperación regional abierta, oponernos a todas las formas de proteccionismo y oponernos a cualquier política de asistencialismo y chantaje.

Xi Jinping sostiene que debemos combinar los intereses nacionales de cada Estado con los intereses comunes de todos los países y esforzarnos por ampliar la convergencia en todas las direcciones posibles, porque no se trata de resolver un problema y dejar otro sin resolver, sino de encontrar soluciones aceptables para todas las partes. Tenemos que establecer activamente el nuevo concepto de ganar-ganar y ganar múltiplemente, y renunciar al viejo enfoque basado en la idea de que tú pierdes, yo gano y el ganador se lo lleva todo.

Teniendo esto en cuenta, los derechos y las responsabilidades deben ser compartidos, trabajar juntos para abordar los crecientes problemas mundiales como el cambio climático, la seguridad energética y de los recursos, la seguridad de las redes y los grandes desastres naturales, y para proteger conjuntamente la tierra, nuestro hogar, del que depende la humanidad.

El respeto del derecho internacional es la base de los principios fundamentales universalmente reconocidos de las relaciones internacionales. Utiliza normas uniformemente aplicables para distinguir el bien del mal, promover la paz y buscar el desarrollo. En la comunidad internacional, el derecho debe ser la norma común. No hay ley que se aplique solo a los demás pero no a nosotros, y no hay ley que se aplique solo a nosotros pero no a los demás. No debe haber dobles raseros en la aplicación de la ley. Debemos salvaguardar conjuntamente la autoridad y la seriedad del derecho internacional y el orden internacional, que han sido violados en los últimos años. En nombre del estado de derecho, todos los países deben ejercer sus derechos de conformidad con la ley y oponerse a la distorsión del derecho internacional y a la violación de los intereses legítimos de otros países y a la amenaza a la paz y la estabilidad.

En cuanto al desarrollo de las tesis de Xi Jinping, cinco años después de la pandemia, el reciente viaje a Francia ―con motivo del 60º aniversario de las relaciones diplomáticas entre China y Francia―, Hungría y Serbia, dio al líder chino la oportunidad de reafirmar sus tres iniciativas para el desarrollo global, la seguridad global y la civilización global, señalando la dirección de la sociedad humana hacia estas tres dimensiones, proporcionar orientación estratégica a las relaciones internacionales de China.

Xi Jinping ya ha argumentado recientemente que la recuperación económica mundial es frágil y débil. Uno tras otro están surgiendo varios desafíos de seguridad. Siguen existiendo malentendidos, distanciamientos e incluso conflictos entre diferentes civilizaciones, y los déficits en materia de paz, desarrollo, seguridad y gobernanza siguen aumentando.

Centrándose en promover el desarrollo y el progreso de la sociedad humana, en los últimos años el presidente Xi Jinping ha contribuido a la mejora del escenario internacional y a la gestión y mediación en los desafíos globales y la solución de problemas.

La paz, la estabilidad, la abundancia de materiales y la riqueza espiritual son los objetivos fundamentales del desarrollo. El desarrollo es la base material de la seguridad y la civilización, y la seguridad es el requisito previo fundamental para todo esto. El presidente Xi Jinping enfatiza que se complementan y unen a la comunidad internacional para fortalecer la cooperación y abordar los desafíos juntos, una vez que se cree un amplio consenso que beneficie a todos, pero que sea equilibrado, coordinado e inclusivo.

Más de 100 países y organizaciones internacionales han apoyado la Iniciativa para el Desarrollo Mundial; más de 70 se han unido al Grupo de la Iniciativa de Desarrollo Global, y casi 30 países y organizaciones internacionales han firmado memorandos de entendimiento sobre cooperación con la República Popular China. Además, la Iniciativa para el Desarrollo Mundial está plenamente en consonancia con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y sigue de cerca las necesidades más urgentes de los países en desarrollo para satisfacer las necesidades de subsistencia de las personas, promueve la creación de plataformas de cooperación y asociaciones en ámbitos clave como la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria, la industrialización y la conectividad en la era digital, así como profundizar la cooperación práctica y fortalecer el intercambio de conocimientos sobre el desarrollo en beneficio de la mayoría de los países en desarrollo.

Además, tenemos que insistir en la promoción de la paz y la negociación sobre cuestiones candentes como la crisis ucraniana y el conflicto palestino-israelí, y encontrar soluciones políticas a nuevas crisis mundiales, como la cuestión climática.

La Iniciativa para la Civilización Mundial aboga por el respeto de la diversidad de las civilizaciones del mundo, la promoción de los valores comunes de toda la humanidad, la importancia del patrimonio y la innovación de las civilizaciones, el fortalecimiento de los intercambios internacionales y la cooperación entre los pueblos, y la promoción de la coexistencia inclusiva, los intercambios y el aprendizaje mutuo entre las diferentes civilizaciones.

Las tres iniciativas propugnadas por el Presidente Xi Jinping han echado raíces y están llevando a la comunidad internacional en la dirección correcta del desarrollo común, la paz y la estabilidad a largo plazo. De cara al futuro, China seguirá trabajando con todas las partes para aplicar activamente las tres iniciativas encaminadas a una comunidad mundial de futuro compartido.

En cuanto a las fricciones comerciales entre China y la Unión Europea, surge la siguiente pregunta: ¿cooperación o confrontación? Por lo tanto, la UE se encuentra en una encrucijada crítica en sus relaciones con China.

El «Financial Times» del Reino Unido informó el 27 de enero que muchas empresas fotovoltaicas europeas han anunciado recientemente el cierre de fábricas, y que la UE está considerando imponer aranceles punitivos o investigaciones antidumping a los productos fotovoltaicos chinos, así como implementar subsidios para alentar a los países a mantener las fábricas en funcionamiento.

En este sentido, los medios de comunicación alemanes criticaron el hecho de que las empresas fotovoltaicas europeas no tengan ventajas técnicas evidentes y que las llamadas «subvenciones» no tendrán ningún efecto sustancial. Incluso la Asociación Alemana de Energías Renovables advirtió que apuntar ciegamente a la inversión y a las empresas chinas podría amenazar a los trabajadores empleados en trabajos relacionados en Europa.

Europa se beneficia del sistema multilateral de comercio. En un artículo dos días después, «The Wall Street Journal» afirmaba que esta era precisamente la razón por la que Bruselas podría reintroducir el sistema trumpiano, que persigue el «America First» y la antiglobalización. La elección del presidente de Estados Unidos causa preocupación. Algunos observadores creen que la repetida defensa de la Comisión Europea de que la «reducción del riesgo» no equivale a un «desacoplamiento» demuestra que la UE cree que «desacoplar y desconectar» la economía china no le conviene. Tanto el Parlamento Europeo como los Estados Unidos celebrarán importantes elecciones este año. Cómo llevarse bien con China pondrá a prueba la sabiduría política de los líderes europeos. Como es bien sabido, China está dispuesta a entablar un diálogo con la UE sobre la estabilidad de la cadena de suministro para eliminar las dudas mutuas. Y se cree que mientras Europa se adhiera a la independencia estratégica, el mundo no repetirá los errores de la Guerra Fría y la confrontación de bloques.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

©2024-saeeg®

 

ENTRE LA JUNGLA Y LA CIUDAD. EL MUNDO EN TIEMPOS DE INSEGURIDAD

Alberto Hutschenreuter*

Imagen de Prawny en Pixabay

Hace unos meses, el representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad, Josep Borrell, advirtió que la jungla que existía más allá de la UE podría, finalmente, extenderse a este territorio de normas, centralización y cohesión social. Es decir, el lugar donde predomina la lucha por la supervivencia, aquel donde sobrevive el más apto, terminaría invadiendo el sitio de orden posestatal del globo.

El alto funcionario terminó reconociendo que sus palabras no fueron las más convenientes y se disculpó. Seguramente, cuando se refirió a la jungla estaba pensando en Rusia, China, las migraciones, los territorios de fisión, las guerras, las pandemias, el deterioro medioambiental, entre otros. Fue casi como decir, «nosotros y, allá afuera, los bárbaros. Precavamos».

Hay mucho más que podría haber dicho Borrell para traer cierto equilibrio, por ejemplo, que cuatro de los mayores vendedores de armas del mundo pertenecen a esa zona «superada» o «jardín» que es la UE y otros países europeos (Francia, Alemania, Italia y Reino Unido); también podría haber dicho que si la muerte se extiende desde hace más de un año en Ucrania es porque nadie en Europa parece dispuesto a que se imponga un cese de fuego (logrado éste se deberá trabajar por un acuerdo). Esta última observación es pertinente, pues si Europa  se precia de ser la urbanidad moderna en un mundo bajo el imperio del darwinismo, su diplomacia debería ser la más influyente.

En rigor, el mundo no es una jungla, o para decirlo en términos «hobbesianos», un mundo en estado de naturaleza donde todos luchan contra todos para lograr sobrevivir. Es cierto que, a diferencia de lo que sucede en los Estados donde predomina la centralización, es decir, existe un centro o gobierno que establece normas o pautas de convivencia, en la relaciones internacionales predomina la descentralización, esto es, no existe ningún gobierno que, con carácter imperativo, regule o norme dichas relaciones. En términos de Raymond Aron, un pensador desafortunadamente cada vez más olvidado, se trata de «relaciones entre unidades políticas, cada una de las cuales reivindica el derecho de hacerse justicia a sí misma y de ser la única dueña de la decisión de combatir o de no hacerlo».

Sin embargo, a pesar de esa descentralización (de allí que se hable de anarquía internacional) y esa reivindicación que destaca Aron, los Estados han logrado construir un sistema o modelo basado en el multilateralismo, que tiende a sofrenar los instintos de poder, influencia e intereses de los mismos. Dicho modelo institucional, que es la cara opuesta del denominado modelo relacional o de poder, permite que las relaciones internacionales no sean una jungla ni tampoco una densa urbe sin semáforos, como suelen decir los expertos.

El profesor Fulvio Attinà describe con notable precisión lo relativo con la forma organizativa en la política internacional: «En su conjunto, las reglas o instituciones son los medios para realizar la mediación entre las tendencias situadas en los dos extremos posibles del sistema desigual y paritario de Estados: la tendencia jerárquica que llega hasta el dominio imperial del más poderoso; y la tendencia paritaria del respeto a la autonomía del Estado concreto».

El modelo institucional tiende a reforzarse cuando existe una configuración u orden internacional, que es lo más próximo a lo que habitualmente se conoce como paz. La paz internacional implica la predominancia de un orden internacional.

El problema que afronta el mundo en el siglo XXI es que hace tiempo no hay una configuración internacional, al menos desde 2008 cuando el impacto que produjo la crisis financiera impulsó lo que se considera fue el último esfuerzo de cooperación entre Estados para intentar superar una crisis. A partir de entonces, el multilateralismo fue descendiendo cada vez más y el modelo multipolar o de “Estados primero” volvió a ser la realidad predominante.

Pero, además de la ausencia de un orden, aquellos que deberían diseñarlo se encuentran en discordia, como sucede entre Estados Unidos y China, o bien en situación de confrontación indirecta, como sucede entre Occidente y Rusia, el nivel estratégico de la guerra en Ucrania. Asimismo, las discordias y querellas predominan entre los poderes intermedios, situación que restringe incluso aquello que parece considerar Henry Kissinger: «un concepto de orden dentro de las distintas regiones».

La tendencia del mundo hacia los extremos del modelo relacional lleva a que aumenten la inseguridad entre los Estados, no solo por cuestiones que atañen a retos propios de los Estados, sino en materia de amenazas que no provienen de ellos, por caso, los virus, pues en un mundo donde la concentración en la primacía nacional es cada vez más abrumadora se resiente la necesaria cooperación internacional. 

Es decir, pierden relevancia estratégica los regímenes internacionales, los «semáforos» de la gran urbe internacional. La inseguridad aumenta, los conflictos se disparan, se extienden los territorios desgobernados, se incumplen pactos relativos con el cuidado del planeta, las armas nucleares, etc. En otros términos, se «recarga» la característica central de las relaciones entre Estados: la condición anárquica que reina entre ellos.

En este contexto, que por ahora no presenta salidas, sobre todo considerando lo que puede ocurrir con la guerra en Ucrania, es decir, su posible escalada, pero también sus consecuencias ante un posible (aunque muy difícil) acuerdo, queda una luz encendida: la interdependencia económica, la conectividad, los vínculos transnacionales, etc.

Siempre nos quedará el factor comercio-económico, el que también sufre una serie de realidades disruptivas como consecuencia de la falta de orden, la pandemia y la guerra. En este sentido, dicho factor es un poco un sucedáneo de un orden internacional: solo basta considerar que los lazos económicos entre Estados Unidos y China y entre la UE y este último país ascienden a más de 1,2 billones de dólares.

Pero el factor comercio-económico no implica un orden internacional, es nada más que un «sustituto» para tiempos de incertidumbre e inseguridad. La globalización no supone la superación de la anarquía internacional, es decir, la competencia entre Estados. La experiencia nos dice que los verdaderos órdenes se lograron a partir de los Estados, pues éstos, más allá del avance tecnológico, la digitalización y la inteligencia artificial (nuevas temáticas que podrían implicar nuevas problemáticas), continúan configurando la estructura de las relaciones internacionales.

 

* Alberto Hutschenreuter es miembro de la SAEEG. Su último libro, recientemente publicado, se titula El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre, Almaluz, CABA, 2023.

 

Artículo publicado el 29/04/2023 en Abordajes, http://abordajes.blogspot.com/

LA OTAN SE FORTALECE, LA SEGURIDAD INTERNACIONAL SE DEBILITA

Alberto Hutschenreuter*

Imagen de Marek Studzinski en Pixabay

Recientemente, Finlandia se incorporó a la OTAN como miembro pleno. Ello supone, básicamente, que se produjo una nueva ampliación de la Alianza Atlántica, en este caso en el frente norte de la OTAN; que la longitud de fronteras con Rusia se extendió sensiblemente (2.600 kilómetros en total); que hay una nueva “cortina estratégica” interestatal (ligeramente cóncava) que ya se extiende desde Laponia hasta Ankara, y que el grado de acumulación militar a ambos lados de dicha línea será el mayor del mundo.

¿Significa ello un aumento o una disminución de la seguridad internacional?

Sin duda que para Occidente la seguridad internacional “se refuerza”, pues la OTAN, como consecuencia de su victoria en la Guerra Fría y su compromiso con la defensa y promoción de los bienes públicos internacionales que se construyeron tras la Segunda Guerra Mundial (las organizaciones multilaterales, la democracia liberal, la economía abierta, etc.), sería algo así como el único garante posible. Más aún, la Alianza encarna lo que sería el “bien” en  el mundo, por cierto, una  concepción que tiene su origen en los “Padres Fundadores” de Estados Unidos.

Pero para buena parte del “resto” del mundo, para utilizar el término que usa Fareed Zakaria en su libro The Post American World, principalmente para Rusia y China, la asunción de la OTAN relativa con autopercibirse como faro y pacificador internacional y mundial habilitado despierta inquietud, sobre todo cuando la Alianza ha aprobado concepciones que no sólo extienden sus operaciones militares más allá del artículo 5 del Tratado de Washington de 1949, es decir, el que delimita la geografía de la Alianza ante casos de agresión a Europa y América del Norte, sino que ha extendido su eventual accionar en función de lo que pueda suceder en las múltiples dimensiones de la seguridad internacional, desde la militar hasta la seguridad sanitaria, pasando por la nuclear, la energética, la ambiental, la espacial, etc.

Para “graficarlo” en términos más prácticos, la OTAN, con el fin de fortalecer la seguridad en toda su extensión, puede proyectar capacidades a cualquier parte del mundo donde se pueda estar gestando una agresión (ya lo ha hecho). Asimismo, bien podría hacerlo en caso en que se encontraran amenazadas sus fuentes de energía. Además, sobre todo a partir de la invasión rusa a Ucrania, podría poner en marcha acciones preventivas, por caso, en la zona de proyección “pospatriota” de China, es decir, Mar de la China, pero también en “plazas” que este actor considera propias, Taiwán y Hong Kong.

La decisión que adoptó la OTAN en su reunión de Madrid en junio de 2022 proporciona más certidumbres en relación con el designio de Alianza “justiciera” internacional y mundial, pues allí se puso el acento en el incremento de capacidades, es decir, predominó la “línea polaca”, en referencia al país que pasó a ser el que más defiende el enfoque del primus inter pares, Estados Unidos, el de una OTAN ampliada, reforzada y ofensiva.

La guerra fungió como un hecho funcional para Washington, pues le ha permitido fortalecer la asociación y su ascendente sobre Europa. El presidente Emmanuel Macron puede intentar imitar a Charles de Gaulle, como se vio en su viaje a China, pero la talla del general es muy elevada para cualquiera de los líderes de la potencia institucional europea.

La continuación de la OTAN más allá del propósito para la que fue creada puede ser considerada una anomalía internacional. Pero, como sabemos, la victoria proporciona “derechos”. Sin embargo, hay algo que es mucho más preocupante que esa anomalía internacional: la relativa con intentar conseguir seguridad internacional en detrimento de la misma seguridad internacional, es decir, incrementar la seguridad de una parte menoscabando la seguridad de los demás. En buena medida, ello fue lo que produjo la crisis mayor en Europa del este.

 

* Alberto Hutschenreuter es miembro de la SAEEG. Su último libro, recientemente publicado, se titula El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre, Almaluz, CABA, 2023.

 

Artículo publicado el 11/04/2023 en Abordajes, https://abordajes.blogspot.com/2023/04/la-otan-se-fortalece-la-seguridad.html