Y EL MUNDIAL CONOCIÓ A BURELA

Roberto Mansilla Blanco*

Aficionados de Cabo Verde el lunes 15 de junio en Burela (Lugo).EFE

Desde hace medio siglo, la comunidad caboverdiana en Galicia está principalmente concentrada en la Mariña lucense, específicamente en las localidades de Burela, Ribadeo, Viveiro y Cervo, al norte de la provincia de Lugo. Los inmigrantes caboverdianos destacaron principalmente por su oficio en el mar hasta asentarse como una de las comunidades más prolíficas, con su lengua propia (el crioulo), cultura, tradiciones y asimilación a tal punto que coloquialmente se conoció el «modelo Burela» como ejemplo de integración.

En esa localidad aproximadamente un 10% de la población es de origen caboverdiana. Es tal el impacto de los caboverdianos en Burela que, en 2024, el entonces presidente caboverdiano José Maria Peres Neves, visitó esa localidad y declaró que Burela «es una isla más de nuestro archipiélago».

Burela fue noticia «mundial» este 15 de junio. Cabo Verde, una ex colonia portuguesa hasta 1975 y un archipiélago de diez islas con poco más de medio millón de habitantes, debutaba por primera vez en su historia en una Copa del Mundo. El encuentro fue en Seattle (EEUU) y contra España, actual campeona de Europa, campeona del mundo en 2010 y considerada como la principal favorita para llevarse este Mundial 2026. En el ranking FIFA para el 12 de junio, antes de la inauguración del Mundial, España ocupaba la 2º posición tras Argentina. Cabo Verde estaba en el puesto 67.

El resultado, un empate a cero, no pudo ser más histórico para el archipiélago que vio nacer a líderes independentistas y «panafricanistas» como Amílcar Cabral y a cantantes como Cesárea Évora. Una selección digna y alegre que encumbró a su portero y capitán, Vozinha, de 40 años y profesión electricista, como la figura del partido. Minutos antes del encuentro, la red social de Vozinha contaba con 50.000 seguidores. Después del partido superó los 7 millones.

Burela, como otros lugares de la Mariña lucense, fue una fiesta en las calles. Pero con el sabor caboverdiano: alegría, batukada musical con tambores y sobre todo convivencia, algo que hoy en día precisamente escasea. Un ambiente totalmente diferente a lo que vivió, por ejemplo, París tras la victoria del PSG en la final de la Champions.

Tanto los medios españoles como otros internacionales (Telesur; Infobae) se hicieron eco de la épica caboverdiana y de ese minúsculo rincón de la Mariña lucense donde habita una gran comunidad de ese país. El Mundial conoció a Cabo Verde pero también a Burela como ejemplo de convivencia, integración y también de dignidad en este mundo del fútbol dominado por los «petrodólares», los escándalos y la banalidad.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

 

Artículo originalmente publicado en idioma gallego en Editorial Nuevas del Eixo Atlántico: https://www.novasdoeixoatlantico.com/e-o-mundial-coneceu-burela-roberto-mansilla-blanco/

LA GUERRA ENTRE EEUU, ISRAEL E IRÁN EN 9 CLAVES PROSPECTIVAS

Roberto Mansilla Blanco*

Más de cien días desde el comienzo de la guerra entre EEUU e Israel contra Irán, su impacto define un nuevo equilibrio geopolítico y militar en Oriente Medio con sus inevitables consecuencias y riesgos a nivel global.

En este análisis destacamos algunas claves y escenarios geopolíticos, económicos y militares que podrían definir un conflicto que se desliza entre las incertidumbres de las negociaciones aleatorias y los ataques de ida y vuelta.

1.

Hablemos de un ganador: la Guardia Revolucionaria Islámica. Más allá de las sanciones exteriores y del inevitable daño causado por el conflicto resulta evidente el fortalecimiento del poder del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en Irán, factor que abre la posibilidad de configuración de un sistema de pretorianismo militar con mayor cohesión social, debilitando así cualquier pretensión de EEUU e Israel por propiciar un cambio de régimen en Teherán.

Contando con el apoyo tácito de aliados de peso como Rusia y China, Irán profundizará sus capacidades militares tanto defensivas como ofensivas a través de una nueva doctrina de seguridad con influencia en sus decisiones de política exterior. La guerra ha evidenciado la capacidad de respuesta iraní contra objetivos estadounidenses e israelíes. Así mismo, Teherán ha demostrado su efectividad para utilizar el Estrecho de Ormuz como arma geoeconómica.

La capacidad de resistencia de Irán ha fortalecido su iniciativa geopolítica en clave disuasiva, especialmente a la hora de imponer, o al menos propiciar, que EEUU atienda sus intereses. Así, Teherán ha demostrado su capacidad para trazar sus propias «líneas rojas» en medio del diseño de nuevos equilibrios de poder regionales.

En Washington han tomado nota de este reforzamiento del poder en Irán propiciando un cambio de enfoque más proclive a la negociación. Un escenario que Israel observa con extrema preocupación, en particular ante la posibilidad de pérdida de influencia en la Casa Blanca.  

2.

EEUU e Israel: ¿crisis, divorcio o reseteo? Tras su fracaso contra Irán, Israel y EEUU podrían observar crisis políticas internas así como en sus relaciones estratégicas ante el aumento del malestar social y las dudas que podrían generar la efectividad de su capacidad militar para lograr objetivos políticos.

Este aspecto es especialmente notorio en el caso israelí por la presión iraní vía proxy wars (Líbano, Yemen) Por ello, Israel buscará aumentar su control en escenarios conflictivos (Líbano, Siria, Gaza, Cisjordania) como medida de disuasión y de seguridad ante Irán y sus aliados regionales (Hizbulá, hutíes de Yemen, Hamás).

Mientras busca una negociación con Irán que le otorgue una tregua ante la caída de índices de popularidad en un año electoral, Trump se ve atrapado en una guerra en la que Netanyahu quiere concretar a toda costa su proyecto mesiánico y supremacista del «Gran Israel», incluso sin apoyo estadounidense.

Las críticas, llegando incluso a descalificativos, por parte de Trump hacia Netanyahu tras la ofensiva israelí en el Líbano suponen un síntoma clave de la crisis en las relaciones entre EEUU e Israel. El estupor internacional y el creciente nivel de descrédito e incluso aislamiento exterior de Israel por su intervención en Gaza y la tragedia del pueblo palestino son factores que también afectan a Netanyahu a nivel interno, al comenzar a observar divisiones políticas y cierto malestar ciudadano por los niveles de inseguridad causados por las guerras en Gaza, Irán y ahora el Líbano.

El movimiento de los colonos israelíes sigue siendo un factor de apoyo para Netanyahu en un momento en que aumentan los casos de violencia contra palestinos en Cisjordania. Pero una parte de la sociedad israelí comienza a desconfiar de Netanyahu por su intransigencia y ante la posibilidad de perder influencia en su principal aliado, EEUU. Dentro de Israel comienzan a aparecer voces críticas y discordantes con el modelo de expansionismo militar abogando por el «despertar» de nuevas expresiones.

Una negociación entre EEUU e Irán para poner fin al conflicto, al menos momentáneamente, alteraría esa histórica prioridad que ha mantenido Israel dentro de la política exterior estadounidense. La «línea dura» en Tel Aviv muestra su preocupación ante este eventual escenario de entendimiento entre Washington y Teherán, amenazando así acrecentar unilateralmente el expansionismo regional israelí y una escalada militar sin precedentes en Oriente Medio.

3.

¿Una OTAN para el Golfo Pérsico? Ante el fortalecimiento militar iraní, las monarquías del Golfo Pérsico, principalmente Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Bahréin, se verán en la necesidad de procrear nuevos esquemas de seguridad con capacidad disuasiva. Un escenario que confirmaría el aumento del gasto armamentista regional.

Con población de mayoría chiíta, Bahréin e Irak podrían convertirse en escenarios de proxy war para Irán. Esto afectaría a Arabia Saudita, con pretensiones de convertirse en una potencia regional con capacidad militar autónoma.

El fortalecimiento del régimen iraní alterará los equilibrios geopolíticos y militares regionales, con particular incidencia para sus rivales EEUU, Arabia Saudita, Israel y Emiratos Árabes Unidos. En un momento de crisis en sus relaciones con Israel, Washington buscará ampliar sus esferas de influencia en el Golfo Pérsico para seguir manteniendo peso geopolítico en la región, en este caso vía cooperación militar.

4.

Trump y el «Gran Oriente Medio» 3.0. La errática guerra contra Irán ha condicionado algunas de las decisiones de la administración Trump sobre la nueva geopolítica en Oriente Medio.

Washington ha intentado resucitar los Acuerdos de Abraham (2020) como eje disuasivo para ampliar el reconocimiento regional del Estado de Israel y recuperar la iniciativa en Oriente Medio. Pero la actual crisis entre Trump y Netanyahu ha obligado a recapitular algunos postulados geopolíticos en Washington sin necesariamente desarticular la alianza estratégica con Israel. Mantener a Israel como prioridad sigue siendo una política inalterable para Washington pero la realpolitik causada por la ineficaz guerra contra Irán obliga a Trump a ampliar el abanico de opciones.

La reciente visita de Trump a Beijing muy probablemente reestructuró las prioridades de Washington en Oriente Medio. Mientras advertía sobre el «declive estadounidense», el presidente chino Xi Jinping marcaba sus «líneas rojas» en torno a la unilateral política de Trump por reconstruir Oriente Medio bajo los imperativos geopolíticos estadounidenses.

Transcurridos más de dos décadas del plan de George W. Bush del «Gran Oriente Medio» desde Marruecos hasta Pakistán (2004), Trump parece apostar ahora por una versión más reducida que busque equilibrar sus tentaciones unilaterales con un inevitable pragmatismo determinado por la realpolitik.

5.

Depender del petróleo sigue siendo un riesgo. Las secuelas geoeconómicas por el encarecimiento de los precios del petróleo y los desajustes para el comercio mundial derivados del cierre del estrecho de Ormuz obligarán a los países consumidores (EEUU, Europa, China) a reforzar nuevos socios energéticos (Venezuela, Azerbaiyán, Argelia) y acelerar los mecanismos de energía renovables para reducir su dependencia de países productores díscolos con sus intereses (Irán, Rusia).

La guerra de Irán ha reforzado la importancia estratégica de no depender de combustibles fósiles. Más allá de las cuestiones ambientales, los países apostarán por energías renovables para mantener su autonomía respecto a los países productores. Así mismo, el control del Estrecho de Ormuz, ruta por la que transita aproximadamente el 15% del comercio energético mundial, condicionará las relaciones entre EEUU e Irán debido a su importancia geoeconómica.

6.

Un nuevo modelo de guerra. Con ciertas similitudes con el conflicto de Ucrania, la guerra contra Irán ha consolidado una nueva estrategia bélica: la intervención de drones y otros sistemas de armas teledirigidos o autónomos, lo cual obliga a los países a rediseñar sus ejércitos, armas y planes operativos.

La guerra ya no es sólo cuestión de ejércitos, territorios, gobiernos, población y maquinaria militar-industrial. Comienzan a definirse las estrategias de guerra híbrida, proxy wars y ciberseguridad, cada vez con un mayor peso en las nuevas doctrinas de seguridad.

7.

Turquía y Egipto: ¿nuevos frentes de guerra? La escalada de conflictos en Oriente Medio obliga a actores como Turquía y Egipto a impulsar políticas de equilibrio y disuasión principalmente dirigidas a contrarrestar el expansionismo israelí.

No obstante, Tel Aviv no descarta aumentar las tensiones, incluso militares, con estos dos países que buscan emerger como nuevos centros de poder geopolítico.

La tragedia de Gaza afecta directamente a Egipto toda vez la posibilidad de expansionismo israelí hacia Líbano e incluso Siria generaría inestabilidad en Turquía. Ankara ya ha advertido a Tel Aviv ante esta posibilidad, lo cual ha llevado al peor nivel de relaciones entre ambos países. No se debe olvidar que en 1949, Turquía se convirtió en el primer país musulmán en establecer relaciones diplomáticas con Israel. Por su parte, Egipto siguió el ejemplo turco al reconocer a Israel en 1979 tras los Acuerdos de Camp David.

En Turquía observan igualmente con atención cualquier posibilidad de reinicio del irredentismo kurdo en Siria e Irak, tomando en cuenta que, en el caso del Kurdistán iraquí, esta entidad autónoma de facto mantiene niveles de cooperación con Israel y EEUU. El «Gran Israel» de Netanyahu contempla el debilitamiento de Turquía y Egipto, incluso argumentando la colonización de esos territorios.

De escenificarse una guerra entre Israel y Turquía debe recordarse que Ankara es miembro de la OTAN, lo cual comprometería a la Alianza Atlántica a la hora de invocar el artículo 5 de defensa colectiva ante el ataque contra uno de sus países miembro. Un escenario prospectivo clave para la seguridad global si tomamos en cuenta la actual crisis de relaciones transatlánticas, así como la anteriormente mencionada entre Trump y Netanyahu.

8.

Taiwán y Ucrania: ¿víctimas colaterales? China y Rusia tomarán nota de las dificultades militares de EEUU contra Irán principalmente a la hora de ampliar sus respectivas prioridades estratégicas en torno a Taiwán y Ucrania, ambas dependientes de la ayuda militar y política de Washington.

Así, Moscú y Beijing fortalecerán sus alianzas con Teherán, pieza estratégica clave para sus intereses en la región. Por otro lado, Rusia ha retomado la iniciativa en Siria vía acuerdos militares como el reabastecimiento de la base aérea rusa de Jmeimim. La visita a Beijing del presidente ruso Vladimir Putin reforzó la solidez de la alianza estratégica sino-rusa.

El Kremlin toma nota igualmente del distanciamiento entre Trump, la OTAN y Europa aunque las recientes elecciones parlamentarias en Armenia y los acuerdos militares entre Francia, Gran Bretaña y Alemania para seguir ayudando a Ucrania incluso con ataques directos en territorio ruso persuaden a Rusia a prepararse para una eventual guerra contra Europa.

En el caso de Taiwán, Beijing viene acelerando ejercicios navales y aéreos como evidente estrategia disuasiva hacia Taipei y EEUU. Tanto China como Taiwán calculan los efectos del atasco militar estadounidense en Irán y cómo este escenario puede repercutir en la capacidad estadounidense para defender a su aliado taiwanés ante una eventual intervención china en el estrecho.

9.

Europa en fuera de juego. La guerra de Irán ha confirmado la irrelevancia de la Unión Europea, condicionada ante la crisis transatlántica con EEUU, por su dependencia energética (Rusia) e incapacidad diplomática para la resolución de conflictos en Oriente Medio.

De ampliarse el escenario conflictivo regional (Irán-Israel; Líbano; Siria; Palestina; Ucrania), Europa podría verse nuevamente afectada por una crisis humanitaria de refugiados como la acontecida en 2015, pero ahora contextualizada por el auge político y electoral de populismos euroescépticos y antiinmigración dentro de la UE.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG. 

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EN EL MAR ARGENTINO NO SE PUEDE APLICAR NINGÚN PROGRAMA DE PROTECCIÓN DE BIENES COMUNES GLOBALES

César Augusto Lerena*

Artículo publicado en Perfil, 1 de junio de 2026.

 

El Contraalmirante Carlos Sardiello de las U.S. Naval Forces Southern Command y Cuarta Flota de EE.UU. y el Almirante Juan Carlos Romay de la Armada Argentina firmaron una Carta de Intención que según la información oficial de Estados Unidos tendría como objetivo principal “fortalecer la seguridad marítima en el Atlántico Sur; combatir las amenazas de la pesca ilegal, el narcotráfico y otras actividades ilícitas; mejorar la vigilancia, patrullaje y monitoreo conjunto y proporcionar equipamiento avanzado; patrullaje; entrenamiento de élite e interoperabilidad durante 5 años”.

No está claro si se trata de transferencia de conocimientos, tecnología y equipamiento o si la flota de Estados Unidos tendrá un rol activo dentro de la Zona Económica Exclusiva Argentina o fuera de ella y ello debería ser precisa en forma inmediata por la Armada Argentina, porque conforme ello, esta Institución podría estar violando o no el artículo 75° de la Constitución Nacional.   

Esta Carta de Intención se estaría enmarcando en el Programa para la Protección de Bienes Comunes Globales (Protecting Global Commons Program) y ello lleva a tratar de analizar el alcance de este comunicado porque no hay precisiones públicas sobre el mismo. Hasta el momento parece una admisión de las incapacidades del gobierno argentino para controlar el Atlántico Sudoccidental y un avance de Estados Unidos en la región.

Debemos aclarar, en primer lugar, que semejantes objetivos no pueden estar en manos del Jefe de la Armada argentino y, en todo caso, éste debería limitarse a ejecutar la política del Poder Ejecutivo Nacional y, dependiendo del alcance y el ámbito de intervención de la flota norteamericana, del Congreso de la Nación. No deja de llamar la atención que el Ministerio de Defensa, tampoco haya emitido comunicado alguno, en especial cuando el Ministro es un oficial en actividad y el tema sería de su competencia; en particular, cuando hay una fuerza subordinada suya firmando esta Carta; lo que rompe -al menos- con una de las dos consignas básicas: “Subordinación y Valor”.  

“Fortalecer la seguridad marítima en el Atlántico Sur” es una definición de tal ambigüedad que debemos hacer alguna precisión. No hay “Bienes Comunes Globales” en el mar territorial ni en ninguna Zona Económica Exclusiva (ZEE), ya que son espacios marítimos de jurisdicción y dominio del Estado ribereño y por lo tanto no hay tales “bienes comunes globales”; territorio y bienes cuya responsabilidad, es de exclusividad argentina.

Así, las cosas, entendemos que se trataría de controlar -entre otras- la pesca ilegal en alta mar. Ello sería una novedad, la de reconocer que la pesca ―en la forma que se viene realizando en alta mar― es ilegal. Cuestión que hace años venimos reclamando y nos auto-declaramos “el padre de la criatura”. Todo lo contrario, a la opinión de las autoridades de los distintos gobiernos y, sus fuerzas de navales, que venían interpretando erróneamente la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR); en particular, en lo relativo a la explotación del recurso pesquero migratorio de la ZEE en alta mar. ¿Qué pasó? ¿El Tío Sam dice que es ilegal y nuestras fuerzas armadas van presurosos a firmar una Carta de Intención para controlarla?   

Ahora bien, no podemos ser tan ingenuos para creer que la presencia de la flota norteamericana en el Atlántico Sur está destinada a ayudarnos a eliminar la pesca ilegal; que, dicho sea de paso, ni siquiera intentaron los diferentes Consejos Federales Pesqueros desde que se dictara la Ley Federal de Pesca. Es obvio, que su sola presencia en los puertos y en el mar argentino es un claro mensaje a terceros países, en especial a China.

Queda claro el objetivo de Estados Unidos, cuando su embajada en la Argentina, destinada a representar los intereses de ese país en el nuestro, es quien anuncia -sin detalles- esta intención y, la Cancillería Argentina no informa (Ver portal del MRECIyC, 25/5/26) a los ciudadanos argentinos y al Congreso de la Nación.   

No les falta idoneidad a los miembros de la Armada Argentina y de la Prefectura Naval para llevar una acción eficiente; les falta la disposición política y recursos y, un plan adecuado. Lo primero escapa a sus facultades y el segundo podría significar una transferencia de tecnología de Estados Unidos; nunca, que la flota de este país haga la tarea de responsabilidad argentina (No somos Venezuela). Tampoco alcanza con ello, porque la solución no es solo tecnológica militar; es centralmente metodológica y también escapa a la participación excluyente de las fuerzas navales, que pueden prestar un asesoramiento operativo; ya que las acciones deberían tener su eje en estrategias políticas y acuerdos internacionales para terminar con este flagelo y los efectos accesorios (comercio; subsidios; trabajo esclavo; narcotráfico, etc.).

Ya lo hemos dicho en reiteradas veces: «Ello tiene sustento en la Ley 24.543 con que la Argentina ratifica la CONVEMAR, donde resalta en el Artículo 2° inciso c) que “La República Argentina acepta las disposiciones sobre ordenación y conservación de los recursos vivos en el alta mar pero considera que las mismas son insuficientes, en particular las relativas a las poblaciones de peces transzonales y las poblaciones de peces altamente migratorias, y que es necesario su complementación mediante un régimen multilateral, efectivo y vinculante que, entre otras cosas, facilite la cooperación para prevenir y evitar la sobrepesca, y permita controlar las actividades de los buques pesqueros en alta mar así como el uso de métodos y artes de pesca”, y el gobierno argentino tiene presente “su interés prioritario en la conservación de los recursos que se encuentran en su zona económica exclusiva y en el área de alta mar adyacente a ella, considera que de acuerdo con las disposiciones de la Convención cuando la misma población o poblaciones de especies asociadas se encuentren en la ZEE y en el área de alta mar adyacente a ella, la República Argentina, como Estado ribereño, y los Estados que pesquen esas poblaciones en el área adyacente a su ZEE deben acordar las medidas necesarias para la conservación de esas poblaciones o especies asociadas en el alta mar” y que para ello “…está facultado para adoptar, de conformidad con el derecho internacional, todas las medidas que considere necesarias a tal fin” que luego la CONVEMAR fija en su articulado y, “la libertad de pesca” que refiere el artículo 87° e) no implica que pueda ser depredadora e insustentable, cuestión que ocurre: primero, cuando los buques no tienen control de sus Estados de pabellón o de los países de origen (artículos 87º, 92º, 94º de la CONVEMAR); segundo, cuando no se realizan estudios de investigación para determinar la “Captura Máxima Sostenible” (artículos 117° y 119º de la CONVEMAR) y, tercero, si se capturan especies migratorias originarias de la ZEE en alta mar sin acuerdo con el Estado ribereño afectando sus intereses (artículos 63º, 64º, 116º a 119º de la CONVEMAR)» (César Lerena “La Pesca en alta mar es ilegal”, 29/05/2026).  

La Argentina no podría considerar legal la captura en alta mar de sus recursos migratorios originarios del mar territorial y de la ZEE, y los asociados que intervienen en la cadena trófica, en principio, porque sería desconocer los derechos que reivindica como propios en toda su legislación vigente: el artículo 5º de la ley 23.968; el artículo 2º inc. c) citado de la Ley 24.543 y, los artículos 4º, 5d, 21e, 22 y 23b de la Ley 24.922, de Pesca. Además de ello, hay más de 40 razones para considerar esta captura en alta mar como “Pesca Ilegal”. Por supuesto, a esto se agrega la pesca con redes de arrastre de fondo cuando se pesca sobre la plataforma continental extendida argentina más allá de las 200 millas sin habilitación nacional y tipificar de “piratería” la pesca ilegal que rompe el ciclo biológico de las especies en alta mar, conforme el Artículo 101 a) ii) de la CONVEMAR: «Contra un buque o una aeronave, personas o bienes que se encuentren en un lugar no sometido a la jurisdicción de ningún Estado» (César Lerena “La Pesca en alta mar es ilegal”, 29/05/2026).  

Finalmente, nos preguntamos, cómo habría de actuar la flota estadounidense dentro del 1.639.900 Km2 de mar argentino invadidos por el Reino Unido alrededor de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur; espacios, que en una Carta de Intención como la firmada no podrían omitirse porque se estaría violando la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional y ante la comprobada pesca ilegal de 250.000 toneladas anuales que se realizan en esos territorios por parte de buques coreanos, taiwaneses, españoles y éstos asociados a los isleños británicos de Malvinas, mediante permisos de pesca ilegales, que además de violar toda la legislación citada, contrarían la Res. 31/49 de las Naciones Unidas.

La soberanía es inalienable y directa. “no se delega, se ejerce” (Jean-Jacques Rousseau).

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente del Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana (CESPEL). cesarlerena.com.ar