Cuando se establece históricamente un límite —sin protestas— debe aceptarse su permanencia inalterable; salvo arreglo pactado entre los Estados concernidos, para sus posibles modificaciones.
Suficientemente es conocido que los componentes estructurantes de un Estado: el territorio que ha sido adquirido legítima y legalmente, así, además, la población como la dimensión humana que se posesiona de tal espacio y el sistema jurídico que regula y norma los comportamientos sociales, para hacer factible la convivencia; en fin, se constituye un entramado tridimensional que fija el destino y señala las acciones; atendiendo, permanentemente, al absoluto respeto y acatamiento al orden estatal.
El otro factor viene a ser el reconocimiento; complementario —tal vez— para la plena condición de Estado.
El problema del reconocimiento de Estados siempre ha sido controversial entre las doctrinas que se rivalizan según los caracteres constitutivo o declarativo del reconocimiento.
Todavía La contraposición de esas dos teorizaciones domina la discusión sobre este aspecto.
Cuando nace un Estado es porque ha habido una conjugación de bastantes elementos antecedentes que materializan ese hecho social, histórico y jurídico.
Digamos que un Estado no surge a la vida comunitaria internacional por medio de instrumentos de prestidigitación, cualquiera que sea su extensión y organización.
Un Estado no aparece de improviso sobre la tierra, sino que se forja progresivamente a través de la textura sociopolítica de su sociedad.
Se le ha conferido —en algunos casos específicos— mucha importancia al asiento físico del Estado, a su delimitación y demarcación; por cuanto, comporta el elemento quizás de mayor significación histórica; de allí que, si se intenta torcer las determinaciones limítrofes, de manera arbitraria , se quebrantaría el Principio de Estabilidad de las fronteras; trayendo graves consecuencias a los Justos Títulos que respaldan y soportan la consolidación espacial de los Estados (cuando en verdad los poseen; más aún si es frontera heredada, como en nuestro caso); así igual, el señalado hecho absurdo irrumpe contra al valor de la geografía; desnaturaliza la política y la historia en la comprensión del fenómeno limítrofe, el cual siempre ha sido abarcativo en muchos aspectos; no solo líneas divisorias.
Hemos sostenido, por más de un siglo la contención por la extensión que nos arrebataron y estamos dispuestos a alegar en pro de la justicia en La Haya, si así lo determina el Jefe de Estado porque tenemos suficientes elementos probatorios: históricos, jurídicos, cartográficos, sociales, políticos y morales que nos asisten. Justificamos nuestro reclamo basados en el Principio de la intangibilidad de nuestra frontera heredada; de tal manera que no son elucidaciones trasnochadas o caprichos antojadizos
La contraparte en el litigio —amparada en prebendas dinerarias e intereses de las empresas transnacionales— sabe que poseemos bastantes documentos de pleno derecho, que no admiten prueba en contrario.
A propósito de la audiencia pública que recién finalizaron en la Corte —motivadas a la Excepción Preliminar de inadmisibilidad que plateamos— la numerosa y cara delegación guyanesa pudo percatarse que nos asiste la razón y que estamos dispuestos, una vez conocida la sentencia de la Corte, a alcanzar una solución definitiva a este pleito.
La mayoría de los jueces de la Corte conocen, además, que nos encontramos apertrechados y munidos con los Justos Títulos (iuris et de iure) que avalan la histórica propiedad incuestionable de Venezuela, sobre la Guayana Esequiba.
Esa extensión territorial de 159.500 km2, con su incalculable riqueza de todo tipo y su legítima proyección atlántica desde siempre ha sido nuestra.
Ha habido innumerables jurisprudencias —a partir de anteriores resoluciones sentenciales de la Corte Internacional de Justicia— que refuerzan nuestra posición para mantener con firmeza los límites heredados por Venezuela.
En el Derecho Internacional Público es válidamente aceptado, sin la menor discusión, que la Cesión de Derechos se impone a cualquier dictamen de fuerza; por lo que en nuestro caso —según sentencia esperada de la Corte, si admite o no la demanda que nos hizo Guyana— no será distinto; siempre y cuando la posible resolución de la citada Sala Juzgadora se circunscriba en estricto derecho.
Veamos las siguientes decisiones jurisprudenciales emanadas de esa entidad administradora de justicia:
“Una vez acordado, el límite se mantiene; ya que cualquier otro enfoque viciaría el principio fundamental de la estabilidad de los límites, cuya importancia ha sido reiteradamente enfatizada por esta Corte” (Contención entre Libia y Chad, 1994).
Otro ejemplo que nos viene bastante bien, para reinstalar en la memoria algunas decisiones por controversias interestatales en el Alto Tribunal de La Haya:
“…La Corte enfatiza que el principio Uti possidetis iuris requiere no solo que se confíe en los títulos legales existentes, sino también que se tenga en cuenta la manera en que esos títulos fueron interpretados y aplicados por las autoridades públicas competentes en el Poder, en particular en el ejercicio de su poder legislativo”
(Controversia fronteriza, Benín-Níger. 2013).
Nuestra aseveración la basamos y centramos en que, al momento de resolver el anterior caso como en el contenido de la sentencia del pleito que vamos a reseñar a continuación, la Corte le ha conferido suficiente prioridad y preponderancia al Principio del Uti possidetis Iuris.
Leamos lo que la Corte enfatizó para entonces en cuanto al aludido reconocimiento, y lo hizo de la siguiente manera:
“el principio del Uti possidetis iuris ha mantenido su lugar entre los principios jurídicos más importantes, fundamentalmente en lo tocante a los títulos territoriales y la delimitación de las fronteras en el momento de la descolonización”
(Controversia fronteriza (Burkina Faso/ República de Malí), Fallo, I.C.J. Reports 1986, pág. 567, párr. 26).
La contraparte no ha tenido otra causa peticional ante la Corte que solicitar la declaratoria de autoridad de cosa juzgada y que se le constituya como “válido y vinculante” al adefesio denominado Laudo Arbitral de París del 03 de octubre de 1899, que no nació a la vida jurídica, por írrito y nulo. No es que sea anulable es que es nulo de nulidad absoluta.
Eso es todo lo que —en concreto— piden (y lo reiteraron en las réplicas con motivo de la Excepción Preliminar) ante la mencionada Sala Juzgadora de la ONU.
Es que no tienen nada más que soporte tan extravagante pretensión procesal; por cuanto, el citado Laudo —de ingrata recordación— quedó desechado, cuando se firmó, el 17 de febrero de 1966, el Acuerdo de Ginebra.
El citado Laudo quedó invalidado, sin eficacia jurídica y no es oponible a nada; por lo que de llegarse al juicio propiamente y al desarrollarse la fase probatoria la contraparte daría una demostración de supina torpeza al pretender reposicionar ese “Laudo“ante el Cuerpo Sentenciador de las Naciones Unidas.
* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Asesor de la Comisión por la Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial. Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba.
Kissinger ha publicado recientemente algunas reflexiones sobre el curso de la política mundial en las últimas décadas, con referencias al regreso de los conflictos del siglo XX sacados a la luz por el desarrollo de nuevas armas y escenarios estratégicos mediados por la Inteligencia Artificial. Kissinger también se ha referido a la situación en Ucrania y los equilibrios entre Estados Unidos, Rusia y China.
Kissinger ha declarado que la comunicación instantánea y la revolución tecnológica se han combinado para proporcionar un nuevo significado y urgencia a dos cuestiones cruciales que los líderes deben abordar:
1) ¿Qué es esencial para la seguridad nacional?
2) ¿Qué es necesario para la coexistencia internacional pacífica?
Aunque existía una plétora de imperios, las aspiraciones de orden mundial estaban confinadas por la geografía y la tecnología a regiones específicas. Esto también fue cierto para los imperios romano y chino, que abarcaban una amplia gama de sociedades y culturas. Estos fueron órdenes regionales que coevolucionaron como órdenes mundiales.
Desde el siglo XVI en adelante, el desarrollo de la tecnología, la medicina y la organización económica y política amplió la capacidad de Europa para proyectar su poder y sistemas de gobierno en todo el mundo. Desde mediados del siglo XVII, el sistema de Westfalia se basó en el respeto de la soberanía y el derecho internacional. Más tarde, ese sistema se arraigó en todo el mundo y después del fin del colonialismo tradicional condujo a la aparición de Estados que, en gran parte abandonados formalmente por las antiguas patrias, insistieron en definir, e incluso desafiar, las reglas del orden mundial establecido, al menos los países que realmente se libraron de la dominación imperialista, como la República Popular China. la República Popular Democrática de Corea, etc.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad ha vivido en un delicado equilibrio entre seguridad relativa y legitimidad. En ningún período anterior de la historia las consecuencias de un error en este equilibrio habrían sido más graves o catastróficas. La era contemporánea ha introducido un nivel de destructividad que potencialmente permite a la humanidad autodestruirse. Los sistemas avanzados de destrucción mutua tenían como objetivo no perseguir la victoria final, sino más bien prevenir el ataque de otros.
Esta es la razón por la cual poco después de la tragedia nuclear japonesa de 1945, el despliegue de armas nucleares comenzó a ser incalculable, sin restricciones por las consecuencias y basado en la certeza de los sistemas de seguridad. Durante setenta y seis años (1946-2022), mientras que las armas avanzadas crecieron en poder, complejidad y precisión, ningún país fue convencido de usarlas realmente, incluso en conflicto con países no nucleares. Tanto los Estados Unidos de América como la Unión Soviética que aceptaron la derrota a manos de países no nucleares sin recurrir a sus propias armas más letales: como en el caso de la Guerra de Corea, Vietnam, Afganistán (tanto los soviéticos como los estadounidenses en ese caso).
Hasta el día de hoy, esos dilemas nucleares no han desaparecido, sino que han cambiado a medida que más Estados han desarrollado armas más refinadas que la «bomba nuclear» y la distribución esencialmente bipolar de las capacidades destructivas de la antigua Guerra Fría ha sido reemplazada por opciones de muy alta tecnología, un tema abordado en mis diversos artículos.
Las armas cibernéticas y las aplicaciones de inteligencia artificial (como los sistemas de armas autónomas) complican enormemente las peligrosas perspectivas de guerra actuales. A diferencia de las armas nucleares, las armas cibernéticas y la inteligencia artificial son ubicuas, relativamente baratas de desarrollar y fáciles de usar.
Las armas cibernéticas combinan la capacidad de impacto masivo con la capacidad de ocultar la atribución de ataques, lo cual es crucial cuando el atacante ya no es una referencia precisa sino que se convierte en una «prueba».
Como hemos señalado a menudo, la inteligencia artificial también puede superar la necesidad de operadores humanos y permitir que las armas se lancen en función de sus propios cálculos y su capacidad para elegir objetivos con una precisión y exactitud casi absolutas.
Debido a que el umbral para su uso es tan bajo y su capacidad destructiva tan grande, el uso de tales armas —o incluso su mera amenaza— puede convertir una crisis en una guerra o convertir una guerra limitada en una guerra nuclear a través de una escalada involuntaria o incontrolable. Para decirlo en términos simples, ya no habrá la necesidad de lanzar la «bomba» primero, ya que se degradaría a un arma de represalia contra posibles y no ciertos enemigos. Por el contrario, con la ayuda de la inteligencia artificial, terceros podrían asegurarse de que el primer ciberataque se atribuya a aquellos que nunca han atacado.
El impacto de esta tecnología hace que su aplicación sea un cataclismo, haciendo así que su uso sea tan limitado que se vuelva inmanejable. Todavía no se ha inventado ninguna diplomacia para amenazar explícitamente su uso sin el riesgo de una respuesta anticipada. Tanto es así que las Cumbres de control de armas parecen haber sido minimizadas por estas novedades incontrolables, que van desde ataques con drones sin marcar hasta ataques cibernéticos desde las profundidades de la red.
Los desarrollos tecnológicos están acompañados actualmente por una transformación política. Hoy asistimos al resurgimiento de la rivalidad entre las grandes potencias, amplificada por la difusión y el avance de tecnologías sorprendentes. Cuando a principios de la década de 1970 la República Popular China se embarcó en su reingreso en el sistema diplomático internacional por iniciativa de Zhou Enlai y, a fines de esa década, en su pleno reingreso en la arena internacional gracias a Deng Xiaoping, su potencial humano y económico era enorme, pero su tecnología y poder real eran relativamente limitados. Mientras tanto, las crecientes capacidades económicas y estratégicas de China han obligado a los Estados Unidos de América a enfrentarse, por primera vez en su historia, a un competidor geopolítico cuyos recursos son potencialmente comparables a los suyos.
Cada lado se ve a sí mismo como un unicum, pero de una manera diferente. Los Estados Unidos de América actúan partiendo del supuesto de que sus valores son universalmente aplicables y que con el tiempo se adoptarán en todas partes. La República Popular China, en cambio, espera que la singularidad de su civilización ultramilenaria y el impresionante salto económico hacia adelante inspiren a otros países a emularla para liberarse de la dominación imperialista y mostrar respeto por las prioridades chinas.
Tanto el impulso misionero del «destino manifiesto» de Estados Unidos como el sentido chino de grandeza y eminencia cultural —de China como tal, incluido Taiwán— implican una especie de subordinación-miedo mutuo. Debido a la naturaleza de sus economías y alta tecnología, cada país está afectando lo que el otro ha considerado hasta ahora sus intereses fundamentales. En el siglo XXI China parece haberse embarcado en el juego de un papel internacional al que se considera derecho por sus logros a lo largo de los milenios. Los Estados Unidos de América, por otro lado, están tomando medidas para proyectar poder, propósito y diplomacia en todo el mundo para mantener un equilibrio global establecido en su experiencia de posguerra, respondiendo a desafíos tangibles e imaginarios a este orden mundial.
Para los dirigentes de ambas partes, estos requisitos de seguridad parecen evidentes. Son apoyados por sus respectivos ciudadanos. Sin embargo, la seguridad es sólo una parte del panorama general. La cuestión fundamental para la existencia del planeta es si los dos gigantes pueden aprender a combinar la inevitable rivalidad estratégica con un concepto y práctica de convivencia.
Rusia, a diferencia de los Estados Unidos de América y China, carece del poder de mercado, la influencia demográfica y la base industrial diversificada.
Abarcando once zonas horarias y disfrutando de pocas demarcaciones defensivas naturales, Rusia ha actuado de acuerdo con sus propios imperativos geográficos e históricos. La política exterior de Rusia representa un patriotismo místico en una ley imperial al estilo de la Tercera Roma, con una percepción persistente de inseguridad derivada esencialmente de la vulnerabilidad de larga data del país a la invasión a través de las llanuras de Europa del Este.
Durante siglos, sus líderes, desde Pedro el Grande hasta Stalin, quien, por cierto, ni siquiera era ruso, pero sentía que lo era en el espíritu internacionalista que llevó a la creación de la URSS el 30 de diciembre de 1922, han tratado de aislar el vasto territorio de Rusia con un cinturón de seguridad impuesto alrededor de su difusa frontera. Hoy Kissinger nos dice que la misma prioridad se manifiesta una vez más en el ataque a Ucrania y agregamos que pocas personas entienden y muchas otras fingen no entender esto.
El impacto mutuo de estas sociedades ha sido moldeado por sus evaluaciones estratégicas, que se derivan de su historia. El conflicto ucraniano es un buen ejemplo. Después de la disolución del Pacto de Varsovia y la conversión de sus Estados miembros (Bulgaria, Checoslovaquia, República Democrática Alemana, Polonia, Rumania, Hungría) en países «occidentales», todo el territorio, desde la línea de seguridad establecida en Europa central hasta la frontera nacional de Rusia, se ha abierto a un nuevo diseño estratégico. La estabilidad dependía del hecho de que el Pacto de Varsovia en sí mismo, especialmente después de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa celebrada en Helsinki en 1975, disipó los temores tradicionales de Europa de la dominación rusa (de hecho, la dominación soviética, en ese momento) y mitigó las preocupaciones tradicionales de Rusia sobre las ofensivas occidentales, desde los suecos hasta Napoleón y Hitler. Por lo tanto, la geografía estratégica de Ucrania encarna estas preocupaciones que surgen nuevamente en Rusia. Si Ucrania se uniera a la OTAN, la línea de seguridad entre Rusia y Occidente se colocaría a poco más de 500 kilómetros de Moscú, eliminando en realidad el amortiguador tradicional que salvó a Rusia cuando Suecia, Francia y Alemania intentaron ocuparla en siglos anteriores.
Si se estableciera la frontera de seguridad en el lado occidental de Ucrania, las fuerzas rusas estarían a poca distancia de Budapest y Varsovia. La invasión de Ucrania en febrero de 2022 es una violación flagrante del derecho internacional mencionado anteriormente y, por lo tanto, es en gran medida consecuencia de un diálogo estratégico fallido o inadecuadamente emprendido. La experiencia de dos entidades nucleares que se enfrentan militarmente —aunque no recurran a sus armas destructivas— subraya la urgencia del problema fundamental, ya que Ucrania es sólo una herramienta de Occidente. Dario Fo dijo una vez que China era una invención de Albania para asustar a la Unión Soviética. Podemos decir que Ucrania es actualmente una invención de Occidente para asustar a Rusia y esto no es una broma. Un invento por el que ucranianos y rusos están pagando con su sangre.
Por lo tanto, la relación triangular entre los Estados Unidos de América, la República Popular China y la Federación de Rusia se reanudará eventualmente, incluso si Rusia se viera debilitada por la demostración de sus limitaciones militares previstas en Ucrania, el rechazo generalizado de su conducta y el alcance y el impacto de las sanciones en su contra. Pero conservará las capacidades nucleares y cibernéticas para escenarios apocalípticos.
En la relación entre Estados Unidos y China, en cambio, el enigma es si dos conceptos diferentes de grandeza nacional pueden aprender a coexistir pacíficamente lado a lado y cómo. En el caso de Rusia, el desafío es si el país puede reconciliar su visión de sí mismo con la autodeterminación y la seguridad de los países en lo que durante mucho tiempo ha llamado su «extranjero cercano» (principalmente Asia Central y Europa del Este) y hacerlo como parte de un sistema internacional en lugar de a través de la dominación.
Ahora parece posible que un orden basado en reglas universales, por muy digno que sea en su concepción, sea reemplazado en la práctica, por un período de tiempo indefinido, por un mundo al menos parcialmente desacoplado. Tal división fomenta una búsqueda en sus márgenes de esferas de influencia. En tal caso, ¿cómo podrán operar los países que no están de acuerdo sobre las normas mundiales de conducta dentro de un diseño de equilibrio acordado? ¿La búsqueda de la dominación abrumará el análisis de la convivencia?
En un mundo de tecnología cada vez más formidable que puede elevar o desmantelar la civilización humana, no existe una solución definitiva para la competencia entre grandes potencias, y mucho menos militar. Una carrera tecnológica desenfrenada, justificada por la ideología de la política exterior en la que cada lado está convencido de la intención maliciosa del otro, corre el riesgo de crear un ciclo catastrófico de sospecha mutua como el que desencadenó la Primera Guerra Mundial, pero con consecuencias incomparablemente mayores.
Por lo tanto, todas las partes están ahora obligadas a reexaminar sus primeros principios de comportamiento internacional y relacionarlos con las posibilidades de coexistencia. Para los líderes de las empresas de alta tecnología, existe un imperativo moral y estratégico de perseguir, tanto dentro de sus propios países como con posibles países adversarios, una discusión en curso sobre las implicaciones de la tecnología y cómo sus aplicaciones militares podrían ser limitadas.
El tema es demasiado importante para ser descuidado hasta que surjan las crisis. Los diálogos sobre el control de armamentos que ayudaron a atenuar y mostrar moderación durante la era nuclear, así como la investigación de alto nivel sobre las consecuencias de las tecnologías emergentes, podrían impulsar la reflexión y promover hábitos de autocontrol estratégico mutuo. Una ironía del mundo actual es que una de sus glorias, la explosión revolucionaria de la tecnología, ha surgido tan rápidamente, y con tanto optimismo, que ha superado sus peligros, y se han realizado esfuerzos sistemáticos inadecuados para comprender sus capacidades.
Los tecnólogos desarrollan dispositivos sorprendentes, pero han tenido pocas oportunidades de explorar y evaluar sus implicaciones comparativas dentro de un marco histórico. Como señalé en un artículo anterior, los líderes políticos con demasiada frecuencia carecen de una comprensión adecuada de las implicaciones estratégicas y filosóficas de las máquinas y algoritmos disponibles para ellos. Al mismo tiempo, la revolución tecnológica está erosionando la conciencia humana y las percepciones de la naturaleza de la realidad. La última gran transformación, la Ilustración, reemplazó la era de la fe con experimentos repetibles y deducciones lógicas. Ahora es suplantado por la dependencia de algoritmos, que trabajan en la dirección opuesta, ofreciendo resultados en busca de una explicación. Explorar estas nuevas fronteras requerirá esfuerzos considerables por parte de los líderes nacionales para reducir, e idealmente cerrar, las brechas entre los mundos de la tecnología, la política, la historia y la filosofía.
Los líderes de las grandes potencias actuales no necesitan desarrollar inmediatamente una visión detallada de cómo resolver los dilemas descritos aquí. Kissinger advierte que, sin embargo, deben tener claro lo que se debe evitar y lo que no se puede tolerar. Los sabios deben anticipar los desafíos antes de que se manifiesten como crisis. Al carecer de una visión moral y estratégica, la era actual es desenfrenada. La extensión de nuestro futuro todavía desafía la comprensión no tanto de lo que sucederá sino de lo que ya ha sucedido.
* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.
Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.
El presente análisis comparativo entre las capacidades de las FFAA durante la Guerra de Malvinas y la actualidad, fue realizado por el autor mediante la información obrante en la prensa especializada y en la prensa general.
I. Armada de la República Argentina
1. Aviación Naval
1.1. Escuadrillas aeronavales de caza y ataque
Primera escuadrilla aeronaval de caza y ataque
En 1982, durante la guerra de Malvinas, estaba conformada por 10 aviones Aermachi de entrenamiento avanzado y ataque ligero. Durante la guerra operaron desde las islas. Sufrieron algunos derribos y el 14 de junio algunos de sus aviones fueron capturados por los británicos; hoy lucen como trofeo de guerra en museos del Reino Unido.
Los pocos aviones sobrevivientes de esta escuadrilla prestaron servicio unos pocos años más y fueron dados de baja por falta de repuestos. La Armada nunca pudo conseguir un reemplazo de este sistema de armas por falta de presupuesto y de esta manera la Primera Escuadrilla de Caza y Ataque fue dada de baja definitivamente.
Segunda escuadrilla aeronaval de caza y ataque
En 1982 estaba compuesta por 5 aviones Super Etendart de un total de 14 que habían sido comprados a Francia. Los 9 restantes llegaron una vez terminado el conflicto. Este sistema de armas produjo el hundimiento del destructor tipo 42 HMS Sheffield y del buque portacontenedores Atlantic Conveyor; que se encontraba repleto de helicópteros, aviones Harrier, municiones, pertrechos y víveres. Además, atacó y produjo averías al portaviones HMS invincible en un ataque conjunto con la Fuerza aérea Argentina, que utilizó 4 aviones A4 C Skyhawk, 2 de los cuales fueron derribados.
Durante el gobierno del presidente Macri se compraron 5 aviones más del tipo Super Etendart Modernise, pero nunca fueron utilizados hasta la actualidad debido a que llegaron con los cartuchos de los asientos eyectores vencidos y como son de origen británico hasta el día de hoy no se consiguieron nuevos.
De los Super Etendart anteriores ninguno se encuentra operativo en la actualidad; por lo que la Segunda Escuadrilla de Caza y Ataque aeronaval sigue existiendo hasta la actualidad, pero sin aviones en servicio.
Tercera escuadrilla aeronaval de caza y ataque:
En 1982 estaba compuesta por 8 aviones A4Q Skyhawk, que operaban desde el portaviones ARA 25 de Mayo. Más avanzado el conflicto pasaron a operar desde tierra. Sufrieron varios derribos, pero también hundieron y dañaron a varios buques de la Royal Navy.
Algunos años después de la guerra fueron dados de baja y nunca fueron reemplazados, por lo cual la Armada decidió cerrar también la Tercera Escuadrilla de Caza y Ataque.
En resumen, de las tres escuadrillas aeronavales de caza y ataque hoy solo sobrevive la segunda, pero sin un solo avión operativo al día de la fecha.
1.2. Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina
En el año 1982 contaba con 6 aviones Grumman S-2T Turbotracker. Cumplieron muchas misiones de escolta y protección contra posibles ataques de submarinos al portaviones ARA 25 de Mayo. Lo hicieron en gran forma, no permitiendo que ningún submarino británico pudiera acercarse.
En los años ‘90, cuatro de estos aviones fueron re-motorizados y se les introdujeron varias modernizaciones a la electrónica y aviónica de los aparatos. De esta forma prestaron servicio muchos años más, hasta que el último Tracker realizó su último vuelo en 2021. Al momento de escribirse este informe, volvió a quedar en servicio un Turbotracker aunque con capacidad de exploración y no antisubmarina.
1.3. Escuadrilla Aeronaval de Exploración
En 1982 contaba con 2 aviones SP 2 H Neptune. Prestaron un gran servicio en la búsqueda de náufragos del hundimiento del crucero ARA General Belgrano. También fueron ellos quienes localizaron al destructor HMS Sheffield para que pudiera ser atacado por los Super Etendart con sus misiles Exocet. Además, realizaron tareas de exploración y búsqueda de la flota inglesa durante todo el conflicto.
Algunos años después fueron dados de baja por ser aviones muy antiguos y fueron reemplazados por varios aviones Orion P3B, los cuales se utilizaron por muchos años hasta que quedaron todos fuera de servicio. En la actualidad esta escuadrilla, al igual que la antisubmarina, no cuenta con ningún avión en servicio ni posible reemplazo cercano.
2. Flota de mar (FLOMAR)
A mediados de la década de 1970 la Armada Argentina decidió realizar una profunda modernización de su flota de mar y para eso le encargó la construcción de cuatro destructores de la clase Meko 360 al astillero Aleman Blohm + Voss. Dichos destructores llegaban para reemplazar a los viejos destructores de la segunda guerra mundial de la clase Fletcher y clase Gearing, los destructores ARA Bouchard, ARA Piedrabuena, ARA Seguí y ARA Comodoro Py. Estos viejos destructores participaron de la guerra de Malvinas, dado que los nuevos de la clase Meko 360 empezaron a llegar al país recién en 1983. Los 4 nuevos destructores fueron construidos en Hamburgo y fueron bautizados como ARA Almirante Brown, ARA La Argentina, ARA Heroína y ARA Sarandí.
Como parte de esta modernización de la flota de mar también se llegó a un acuerdo con el astillero Aleman Blohm + Voss para construir con su licencia y materiales llegados de Alemania, 6 corbetas de la clase Meko 140 en Argentina. El lugar de construcción fue Astilleros Rio Santiago.
Las seis nuevas corbetas fueron denominadas ARA Espora, ARA Rosales, ARA Spiro, ARA Parker, ARA Robinson y ARA Gómez Roca. Las dos últimas demoraron más tiempo en ser construidas por problemas presupuestarios, pero finalmente fueron concluidas y puestas en servicio.
La Armada también cuenta con tres corbetas francesas de la clase A 69 llamadas ARA Drummond, ARA Guerrico y ARA Granville.
Así mismo hasta hace poco tiempo contaba con dos destructores tipo 42, gemelos del Sheffield y el Coventry británicos, ambos hundidos por la aviación argentina. Uno de ellos, el ARA Hércules, fue remodelado hace varios años y dejó de ser un destructor para pasar a ser un buque logístico multipropósito, con capacidad para transportar una compañía reforzada de infantería de marina con todo su equipo. Al momento de redactar este informe, se conoció la noticia que el ARA Hércules va a ser próximamente radiado de servicio, con lo que la Argentina perdió la capacidad de desembarco anfibio.
El otro destructor tipo 42 llamado ARA Santísima Trinidad, que tuvo un destacado desempeño en la recuperación de Malvinas, se hallaba en muy mal estado de conservación y de forma insólita se hundió estando amarrado al muelle en la base de Puerto Belgrano. Mucho tiempo después fue reflotado y llevado a dique seco en estado deplorable. Así se encuentra al día de hoy.
Todos los buques citados en este informe (salvo la ARA Robinson y la ARA Gómez Roca) tienen ya cerca de 40 años y están al límite de su vida útil. Los cuatro destructores Meko 360 necesitan una profunda modernización o un reemplazo. Cuatro de las seis corbetas Meko 140 están en una situación similar.
Las tres corbetas de la clase A 69 directamente van a ser sacadas del servicio porque ya prácticamente no navegan.
No hay por el momento ningún plan de modernización o de compra de ningún, destructor, fragata o corbeta para tratar de paliar estas deficiencias.
En el gobierno del presidente Macri se adquirieron cuatro OPV nuevas. Las OPV son patrulleras oceánicas modernas, pero tienen una finalidad de patrullaje y control de la pesca ilegal. No pueden ser consideradas seriamente como buques de guerra, porque tienen como armamento solamente un cañón de 30 mm y dos ametralladoras de 12,7 mm. Asimismo, no tienen sonar, con lo que son totalmente sordas y no pueden escuchar nada de lo que sucede debajo del mar. En una situación real de guerra, un submarino podría acercarse hasta casi tocarlas.
Además de lo descripto anteriormente, la Armada Argentina perdió a fines de los años ‘90 su capacidad expedicionaria. Esta pérdida se debió a la baja del portaviones ARA 25 de Mayo que prestó servicios en la Armada desde 1969 hasta 1997. Fue vendido como chatarra para desguace a la India. Este era un portaviones de la clase Colossus, que había sido comprado a los Países Bajos para reemplazar al portaviones ARA Independencia. El ARA 25 de Mayo nunca fue reemplazado ni lo será.
Para colmo de males el buque de desembarco ARA Cabo San Antonio utilizado para el desembarco en Malvinas también fue dado de baja y nunca reemplazado. Este buque prestó servicios en la Armada entre los años 1971 y 1997.
ARA Cabo San Antonio (Guerra de las Malvinas) – RLaborde
Con la baja del portaviones y el buque de desembarco se perdió la capacidad expedicionaria y también la capacidad de operar los aviones de caza, antisubmarinos y de exploración desde la cubierta del portaviones. Luego de 1997 los aviones pasaron a operar desde tierra, hasta que todos fueron quedando fuera de servicio por falta de mantenimiento; hoy la Armada no tiene ningún avión de caza, antisubmarino o de exploración operativo.
3. Fuerza de submarinos
A mediados de la década del ‘70 la Armada Argentina encaró un ambicioso programa, que consistía en poder llegar a tener a comienzos de la década de 1990 la cantidad de ocho submarinos operativos. Para eso ensambló dos submarinos nuevos de origen alemán en astilleros del país. Eran 2 submarinos de la clase 209 1200. Esos submarinos fueron el ARA Salta y el ARA San Luis. El programa se continuaba con la compra de seis submarinos del tipo TR 1700 de tecnología alemana al astillero Thyssen Nordseewerke. Los dos primeros serian construidos en Alemania y los otros cuatro en el astillero Domecq García de Argentina.
Al comenzar la guerra de Malvinas ya estaban disponibles el ARA Salta y el ARA San Luis. De los otros seis había dos en Alemania en su fase final de construcción, pero recién pudieron ser entregados a partir de 1984. Por lo tanto, para la guerra de Malvinas la fuerza de submarinos estaba constituida por los ya citados ARA Salta y ARA San Luis y además se contaba con dos viejos submarinos de la Segunda Guerra Mundial. Eran dos submarinos de la clase Balao modernizados a la clase Guppy II, el ARA Santa Fe y el ARA Santiago del Estero.
Este último no estaba ya en condiciones de operar; entonces, con la guerra ya comenzada, la Armada decidió simular que el submarino salía en una misión y lo hizo zarpar de noche. El submarino salió de la base en Mar del Plata navegando en superficie porque no estaba en condiciones de ir a inmersión. Aprovechando la oscuridad siguió navegando en superficie hasta arribar a otro apostadero de la Armada, donde fue camuflado para no ser descubierto por la inteligencia británica y así tener inquietos a los ingleses, que siempre pensaron que el ARA Santiago del Estero podía estar en aguas próximas a Malvinas.
De los otros tres submarinos, los que tuvieron actuación destacada fueron el ARA Santa Fe que desembarcó buzos tácticos el 2 de abril en la recuperación de las islas y posteriormente tuvo otra misión donde llevó una fracción de infantes de marina, más armamento y provisiones, a las islas Georgias. Luego de cumplir esa misión y cuando se dirigía de vuelta al continente fue atacado en superficie antes de alcanzar aguas más profundas que le permitieran sumergirse. El ataque fue realizado por helicópteros británicos dejándolo seriamente averiado y obligándolo a volver a Georgias donde quedó escorado junto a un muelle.
También el ARA San Luis tuvo una actuación destacada, que no pudo coronarse con ningún hundimiento porque se le rompió la computadora de control tiro y al momento de atacar a la flota en tres oportunidades, lo debió hacer con guiado manual de torpedo y los ataques no resultaron efectivos. Pese a eso la Royal Navy sólo lograba detectarlo al lanzar los torpedos pero luego lo perdía y nunca logro encontrarlo para hundirlo. Su gemelo, el ARA Salta, no pudo entrar en combate porque se dirigió varias veces a la zona del conflicto, pero siempre tuvo que volver por ruidos que no pudieron ser corregidos pese al esfuerzo de los mecánicos de la Armada.
El submarino ARA Santa Fe luego de ser atacado en la bahía de Grytviken, Georgias del Sur.
Volviendo a lo expuesto anteriormente sobre la construcción de los TR 1700, sólo los dos fabricados en Alemania (ARA Santa Cruz y ARA San Juan) pudieron servir en la Armada. La programada construcción de los otros cuatro en Argentina fue un fracaso total. Los alemanes mandaron todas las piezas en cajas y cumplieron con su parte.
Argentina comenzó con la construcción de dos de ellos llegando al 70 % de terminación en uno y 30 % de terminación en el otro para luego abandonar por completo el proyecto. Los dos últimos ni siquiera se empezaron y las piezas que se encontraban en las cajas fueron utilizadas como repuestos para el ARA Santa Cruz y el ARA San Juan.
Situación actual
El momento que atraviesa la fuerza de submarinos actualmente es el peor de su historia. Por primera vez desde su creación la fuerza no cuenta con ningún submarino operativo. El ARA San Luis se encuentra fuera de servicio desde mediados de la década del ‘90 cuando fue llevado a astillero para hacer su reparación de media vida, pero esta nunca fue realizada por falta de presupuesto. El ARA Santa Cruz también entró a astillero hace varios años para hacer una reparación grande pero quedó suspendida por falta de presupuesto. Ya se da por seguro que no será retomada, con lo cual el submarino será sacado del servicio activo. Su gemelo, el ARA San Juan, se hundió en el Atlántico sur, en un episodio conocido por todos.
Finalmente, el ARA Salta se encuentra amarrado al muelle en la base de submarinos de Mar del Plata y se usa para que los cursantes de la escuela de submarinos puedan ver uno por dentro. Ese es su único uso porque no puede navegar ni va a ser reparado porque ya está obsoleto.
Ante este panorama Brasil ofreció vender muy barato dos submarinos clase 209 1400 con un tiempo de vida medianamente razonable y mayor modernización que nuestros 209 pero ni el gobierno de Macri ni el actual se mostraron interesados. En los últimos días el ministro de defensa Jorge Taiana manifestó que están interesados en adquirir cuatro submarinos nuevos de la clase Scorpene que fabrica la francesa Naval Group; pero con los antecedentes ya citados resulta muy difícil creer que esto se pueda llegar a realizar.
Mientras tanto la Armada manda periódicamente a algún pequeño contingente de oficiales y suboficiales submarinistas a ejercitar en submarinos de Perú y Brasil para no perder totalmente la capacidad del personal ante la falta de medios propios.
II. FUERZA AÉREA ARGENTINA
Para la guerra de Malvinas Argentina contaba aproximadamente con:
9 Camberra (bombarderos de altura)
19 Mirage III
26 Dagger (versión israelí del Mirage)
68 Douglas A4B y A4C
Un lote de aviones Pucara anti-insurgencia y de ataque ligero.
Los aviones citados no estaban necesariamente todos disponibles al comienzo de la guerra, pero fueron incorporándose a medida que eran puestos a punto.
Actualidad
Los aviones Mirage III y Dagger (FINGER) fueron dados de baja en 2015. Desde ese momento se barajan muchas alternativas para su reemplazo. Tanto con aviones nuevos como con usados.
Respecto a las ofertas de aviones 0 Km, Argentina recibió ofertas de: MIG 35 rusos, JF 17 Thunder Block 3 chino – pakistaní, HAL Tejas de la India, Gripen de Suecia y KAI FA 50 de Corea del Sur.
Respecto a los usados con actualizaciones se ofrecieron Mirage 2000 de Francia, Kfir de Israel, F16 Block 40/42 y 50/52 de Estados Unidos. También F18 Hornet de Estados Unidos. Este último es bimotor con lo cual la FAA difícilmente lo acepte.
También hubo ofertas de Aermachi M – 346 de Italia, pero este es un avión subsónico que tal vez podría ser considerado para reemplazo de los A4 AR, de los que hablaremos más adelante.
Han pasado ya siete años de la baja del sistema de armas Mirage con lo cual Argentina perdió la capacidad de intercepción supersónica. La demora en su reemplazo se debe en primer lugar a la falta de voluntad política del gobierno del presidente Macri primero y luego del gobierno del presidente Alberto Fernández.
Otro tema importante a tener en cuenta es que cuando Argentina intenta alguna gestión para comprar armamento de origen occidental, aparece la presión británica sobre el posible vendedor para tratar de frenar la operación.
Al día de la fecha la opción que se encuentra más avanzada es la del caza chino – pakistaní JF 17 Thunder. Una delegación de la FAA estuvo varios días en China probando el avión. Tampoco se descarta alguna oferta superadora de Estados Unidos para evitar que Argentina compre armamento chino.
La oferta israelí de Kfir usado pero modernizado con aviónica de ultima generación y radar AESA mas misiles de corto y mediano alcance y misiles anti-buque parece bastante interesante también.
1. Sistema de armas A4 AR Fighting Hawk
Este avión fue incorporado a la FAA a fines de los años ‘90. Se trata de un Douglas A4 M de la marina estadounidense que fue modificado a pedido de Argentina por la empresa Lockheed Martin. Es decir que fue reformado y modernizado a medida de los requerimientos de la FAA. Se adquirieron 36 unidades, 32 de ellas monoplaza y 4 biplaza para entrenamiento de los pilotos. Es una versión bastante superior a los A4B y A4C que prestaron servicios durante muchos años. Incluso el A4 AR tiene algo de la aviónica del F16. Es un cazabombardero subsónico.
Con el correr de los años y la falta de presupuesto muchas naves quedaron fuera de servicio. Inclusive 4 de ellas sufrieron destrucción total en distintos accidentes. Hace tres o cuatro años se tocó fondo y llegó a haber solo uno o dos operativos. A partir de ese momento y ante la seguridad de que no llegaría ningún reemplazo para este sistema de armas se dispuso intentar recuperar la mayor cantidad de unidades posibles. El primer objetivo fue llegar a 12 y posteriormente de ser posible a 18. Al día de hoy se encuentran operativos 6 o 7 unidades.
Los trabajos de recuperación se hacen en los talleres de la FAA en Río Cuarto (Córdoba) y en la V Brigada Aérea de Villa Reynolds (San Luis).
2. Camberra
Estos cazabombarderos de altura fueron sacados del servicio activo algunos años después de la guerra de Malvinas y nunca fueron reemplazados.
3. Pucara
Dejaron de prestar servicio como los conocíamos y actualmente se trabaja en una modificación a la versión Pucara Fénix. Esta nueva versión del Pucara lo convierte en un avión de exploración y patrullaje, dejando de lado su capacidad de ataque ligero.
4. IA 63 Pampa
Este avión es un aparato de entrenamiento avanzado y bombardero ligero fabricado en el país. Se está trabajando para reconvertir a la mayor parte posible de los Pampa ya existentes a la versión Pampa 3 Block 2 que cuenta con mayores capacidades que las versiones anteriores.
5. Aviación de transporte
En los últimos tiempos la FAA adquirió cuatro unidades de SAAB 340 B con capacidad para transportar 40 personas. Son aparatos biturbo hélice. Ya llegaron tres de las cuatro unidades. El objetivo es ir reemplazando los viejos Foker.
También se adquirieron doce aviones Beechcraft TC Huron con capacidad para 10 personas.
La FAA todavía tiene en servicio algunas unidades de Hércules C 130, pero está en la búsqueda de adquirir algunas unidades usadas, pero en mejor estado que las que posee actualmente.
* Participa en el espacio de pensamiento y acción “Iniciativa D”.