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REFUGIADOS MEDIOAMBIENTALES: LAS ISLAS DEL PACÍFICO SUR, EL DESAFÍO DEL CAMBIO CLIMÁTICO Y UNA BRECHA EN EL DERECHO INTERNACIONAL

Dianet Doimeadios Guerrero*

Imagen de Tumisu en Pixabay
El cambio climático más allá del clima: cambia la naturaleza, sufren los más vulnerables

Desde que en 1990 —dos años antes de la Cumbre de la Tierra— el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) advirtiera por primera vez sobre la urgencia de afrontar ese fenómeno y los riesgos que implican sus consecuencias para la humanidad, sucesivos informes han revelado nuevas evidencias sobre el calentamiento global y lanzado alertas más apremiantes cada año.

2019 fue un año crucial: grandes incendios forestales en importantes zonas boscosas del planeta, incluida la selva amazónica (clave en el equilibrio climático global y en la mitigación del calentamiento), nuevas evidencias sobre la pérdida de hielo en Groenlandia, el Ártico y la Antártida, una concentración récord de CO2 en la atmósfera y un dato incontrastable: 2019 cerró el quinquenio más cálido de que se tenga registro.

En 2020, además de reforzarse la tendencia (más altas temperaturas, agresivas temporadas de fuegos forestales, más pérdida en las capas de hielo…), hemos sabido que durante las últimas tres décadas las grandes selvas tropicales han ido perdiendo la capacidad de absorber CO2 de la atmósfera.

Como consecuencia de esos fenómenos y el calentamiento global, se aceleró de manera significativa la elevación del nivel del mar. Si desde 1993 el aumento promedio anual fue de 3.2 mm, entre mayo de 2014 y 2019 ascendió a 5 mm.

2019 fue también el año de la Cumbre sobre Acción Climática (Nueva York, septiembre), convocada de emergencia por la Secretaría General de la ONU para impulsar acciones más ambiciosas que permitan cumplir las metas del Acuerdo de París, y antesala del inicio de una década crítica ya marcada en el informe del IPCC en octubre de 2018, en el que se advertía que las emisiones globales de CO2 deberían comenzar a bajar en 2020 para intentar mantener por debajo de 1.5°C el alza de la temperatura media global respecto a los niveles preindustriales y así evitar “daños irreparables”.

El poco tiempo disponible para implementar soluciones efectivas, la rapidez con que se evidencian las manifestaciones climáticas y la amplitud de los impactos visibles y los previstos —alza de temperaturas, eventos climáticos y meteorológicos extremos, crisis agrícola y alimentaria, biodiversidad y ecosistemas en declive, elevación del nivel del mar e inundación de amplias zonas costeras con la consiguiente pérdida de territorio y asentamientos humanos— hacen que los expertos hablen cada vez más, en lugar de cambio climático, de crisis o emergencia climática.

Junto a las sequías, la elevación del nivel del mar es, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), uno de los procesos de evolución lenta generados por el calentamiento global que están influyendo cada vez más en la movilidad de las personas en todo el mundo. Como resultado, también van en aumento las reubicaciones de comunidades emprendidas por Gobiernos.

Una situación especial se vive en los pequeños Estados insulares del Pacífico Sur, muy vulnerables a los impactos del cambio climático. En las Islas Salomón, calificadas por los científicos como un “punto caliente global”, desde 1993 el nivel del mar se ha elevado un promedio de 7 a 10 mm anuales, casi el triple de la media mundial.

Para sus habitantes, unos 600.000, en solo cuestión de años se ha hecho parte de la experiencia vital ver desaparecer bajo las aguas algunas de las islas del archipiélago, o mudarse de una a otra isla o a lugares unos centímetros más altos dentro de ellas cuando la subida del mar hace inhabitables los islotes, asediados por las inundaciones y la erosión costera.

También está amenazado el futuro de Kiribati, un archipiélago de 33 islas que, según las proyecciones, podrían ser cubiertas por el mar en menos de dos décadas, con lo que sus 100 000 habitantes perderían sus hogares y su país.

Tras una visita a Oceanía en mayo de 2019 “para conocer la primera línea de la emergencia climática mundial”, el secretario general de la ONU, António Guterres, contó su experiencia al ver cómo familias en Tuvalu “viven con preocupación permanente por las inundaciones que provoca el aumento del nivel del mar” y “niños que, pese a su corta edad, temen ya por su futuro”.

Guterres señalaba que “esas comunidades apenas han contribuido al cambio climático y, sin embargo, por culpa de los grandes emisores de gases, ahora se ven abocadas a luchar por la propia existencia de sus países”.

“El aumento del nivel del mar en algunos países del Pacífico es cuatro veces mayor que la media mundial, lo que amenaza la existencia misma de varios Estados insulares (…) No debemos caer en el error de pensar que solo Tuvalu, las islas pequeñas o los países del Pacífico corren peligro. Todo el planeta está amenazado. Lo que ocurre en estos países es señal de lo que nos aguarda a todos los demás”, escribía[1].

Se trata de islas altamente dependientes del turismo, la pesca, las remesas, la ayuda exterior, algunas exportaciones agrícolas y actividades de subsistencia que requieren del entorno natural; con escasez de agua, altas tasas de desempleo y problemas de salud (alrededor del 40% de la población padece de enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión). Hoy no solo ven amenazadas sus fuentes de sustento, sino el territorio donde se asientan sus comunidades y familias, sus modos de vida tradicional y su historia como pueblos.

En junio de 2019, Philip Alston, relator especial de la ONU sobre la pobreza extrema, advirtió en un informe que los países en desarrollo deberán pagar cerca del 75% de los costos del impacto del cambio climático, a pesar de que la mitad más pobre de la población mundial, 3 500 millones de personas, es responsable de solo el 10% de las emisiones de dióxido de carbono[2].

Entre esa mayoría en desventaja están los habitantes de las islas del Pacífico Sur. El impacto del cambio climático es más real y más inmediato para ellos, aunque sus naciones están en la lista de las de más bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

Sin recursos a nivel de comunidades y países para afrontar la crisis, el futuro de los habitantes de las islas del Pacífico Sur es incierto y les coloca ante la perspectiva cercana de convertirse en desplazados o refugiados ambientales.

El de “refugiado/desplazado ambiental” es un término de uso cada vez más frecuente. Cada vez más personas en el mundo están en riesgo de ser forzadas a abandonar sus hogares (con implicaciones personales y familiares, sociales, culturales y laborales y económicas) debido a desastres naturales que empeoran con el cambio climático. Sin embargo, aún no hay un consenso a escala de la comunidad internacional para definir quiénes son y cómo protegerlos.

Crece el costo humano de los desastres naturales

Según la Organización Internacional para las Migraciones, los fenómenos climáticos extremos se han triplicado en las tres últimas décadas y han provocado desplazamientos humanos superiores a los causados por las guerras y otras formas de violencia física.

Los investigadores Dennis Wesselbaum y Amelia Aburn (2019) analizaron las migraciones internacionales entre 1980 y 2015 desde 198 países de origen hacia 16 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre ellos los principales receptores de migrantes (Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Canadá, Australia, España e Italia) y comprobaron que el cambio climático es la más importante causa de esas migraciones, por encima de las circunstancias económicas y políticas en las naciones de origen.

El IDMC —Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno (Internal Displacement Monitoring Centre, IDMC), reconocido como la fuente de datos más autorizada a nivel mundial sobre este fenómeno—, reveló que durante los seis primeros meses de 2019 se registraron unos siete millones de desplazados por eventos climáticos.

No se incluye a aquellos cuyo desplazamiento se produjo por eventos no relacionados con el clima, como los terremotos. En 2018, únicamente 1.1 millones de los 17.2 millones de desplazados a raíz de una catástrofe fueron por una razón geofísica y no climática, como terremotos y erupciones volcánicas. Desde 2008, solo el 14%.

Datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indican que hacia 2050 las migraciones como consecuencia del cambio climático podrían afectar a hasta 1.000 millones de personas desplazadas dentro de sus países o más allá de sus fronteras.

La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) reveló en septiembre de 2019 que si no se emprenden acciones efectivas para mitigarlo, el costo humanitario del cambio climático ascenderá a 20.000 millones de dólares en 2050 y unos 200 millones de personas necesitarán cada año asistencia humanitaria por tormentas, sequías e inundaciones, casi el doble de los 108 millones que lo necesitan en la actualidad.

Además de sufrir la pérdida de territorio por la elevación del nivel del mar, la región del Pacífico está siendo golpeada por desastres relacionados con eventos meteorológicos.

Según Unicef (2020), durante 2019 se reportaron en el mundo casi 33 millones de nuevos desplazamientos, incluidos 25 millones causados por desastres naturales, incluidos 8.2 millones por desastres relacionados mayormente con eventos climáticos. Más de la mitad de los nuevos desplazamientos causados por desastres ocurrieron en el este de Asia y el Pacífico.

Por su parte, la OIM informó que el pasado año casi 2 000 desastres provocaron 24.9 millones de nuevos desplazamientos en 140 países y territorios. “Es la cifra más alta registrada desde 2012 y el triple del número de desplazamientos causados por conflictos y violencia (…) La mayoría de los desplazamientos debidos a desastres fueron el resultado de tormentas tropicales y lluvias monzónicas en el Asia meridional y el Asia oriental y el Pacífico”[3].

En un contexto de desplazamientos en aumento, la ausencia de consenso internacional y de un marco jurídico para definir su estatus —que les coloca en un estado de desprotección y vulnerabilidad de sus derechos— agrava el hecho de que los desplazados y refugiados ambientales enfrentan inseguridad (tanto alimentaria como física y legal) y rechazo crecientes.

En su informe “Tendencias globales de desplazamiento forzado 2019”, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) indicó que “el cambio climático y los desastres naturales pueden agravar las amenazas que obligan a las personas a huir a través de las fronteras internacionales. La interacción entre el clima, los conflictos, el hambre, la pobreza y la persecución crea emergencias cada vez más complejas. La inseguridad alimentaria puede convertirse en un importante factor de conflictos y desplazamientos”[4].

En junio de 2019, Philip Alston, relator especial de la ONU sobre la pobreza extrema, se refería a los peligros del aumento en las cifras de desplazados a nivel mundial (en su informe, precisaba que en 2017 cerca de 18.8 millones de personas fueron desplazadas debido a desastres en 135 países, casi el doble del número de desplazados por conflictos).

Alston afirmaba que “el riesgo de descontento, de creciente desigualdad y peores niveles de privación, podría estimular respuestas nacionalistas, xenofóbicas y racistas. Mantener un enfoque equilibrado en términos de derechos civiles y políticos será extremadamente complejo”[5].

Terminología, concepto y vacíos legales

La ONU ha tipificado la migración causada por desastres, entendida como el desplazamiento de personas o comunidades debido a “una grave perturbación del funcionamiento de una comunidad o sociedad que involucra amplias pérdidas o repercusiones humanas, materiales, económicas o ambientales a las que la comunidad o sociedad afectada no es capaz de hacer frente con sus propios recursos”. (Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, 2009)

El estudio de la relación entre el cambio climático y las migraciones es muy complejo, porque para comprender el impacto de esta interdependencia dentro de las sociedades no podemos ignorar factores políticos, económicos, socioculturales y hasta psicológicos.

La OIM reconoce que la cuantificación de la migración por motivos medioambientales es una tarea difícil “como consecuencia de la multiplicidad de factores involucrados en ella, los problemas metodológicos que entraña y la falta de normas para la recopilación de datos. Existen algunos datos cuantitativos sobre los desplazamientos de poblaciones dentro de los países y, en menor medida, de un país a otro causados por los peligros naturales. Sin embargo, en el caso de la migración causada por procesos ambientales de evolución lenta, como la sequía o la subida del nivel del mar, la mayor parte de los datos existentes son cualitativos y se basan en estudios de casos, con muy pocos estudios comparativos”. (OIM, Portal de Datos Mundiales sobre la Migración, 2020)

El término “refugiado ambiental” (environmental refugee) comenzó a ser usado en 1976 por Lester Brown. Luego ha proliferado su uso y han surgido otros como “emigrante ambiental” y toda una rama de similares categorías como “emigración forzosa ambiental”, “emigración motivada por el ambiente”, “refugiado climático”, “refugiado del cambio climático”, “persona desplazada por el clima” (EDP en su denominación inglesa), “refugiado de desastre”, “desplazado ambiental”, “ecorrefugiado” y “persona ecológicamente desplazada”.

La OIM emplea los términos “migrante por motivos ambientales” y “desplazado por motivos ambientales”.

Las diferencias entre estos términos son menos importantes que lo que tienen en común: todos sugieren que existe una relación determinable entre los factores condicionantes medioambientales y la migración humana. Son motivos útiles para el análisis, relevantes para la implementación de políticas y, posiblemente, para la expansión de la rama legal conocida como derecho del refugiado.

La actual situación climática y el impacto que está teniendo en las poblaciones más vulnerables demandan de una tipificación internacional que recoja y proteja a los desplazados por cuestiones medioambientales.

Todavía hoy, los conceptos de “refugiado climático” o “refugiado ambiental” no existen en términos legales. Si bien han sido abordados en los medios de comunicación y por los organismos internacionales, carecen de valor jurídico vinculante pues el concepto no figura en el derecho internacional.

A la vista de las realidades que plantean el cambio climático y su impacto creciente en las poblaciones, el concepto de refugiado recogido en el Estatuto de los Refugiados de 1951 es muy restrictivo. Puede aplicarse a todo aquel que abandona su lugar de origen por persecución debida a motivos políticos, de religión, sociales, y no puede regresar por ver amenazada su vida o seguridad.

El término “refugiado climático” no está respaldado por Acnur, pues lo considera “confuso”. Para esa agencia de Naciones Unidas, “es más preciso referirse a ‘personas desplazadas en el contexto de desastres y cambio climático’, ya que el cambio climático genera desplazamientos internos y afecta a las personas dentro de sus propios países”. (Acnur, 2019)

Sin embargo, y a pesar de que los expertos no llegan a un consenso, el concepto de refugiado ambiental es ya reconocido por países como Suecia y Finlandia, que lo recogen y tipifican en su legislación.

La OIM lo define como:

“Las personas o grupos de personas que por motivo de cambios repentinos o progresivos en el medioambiente, que afectan adversamente su vida o sus condiciones de vida, se ven obligadas a abandonar sus lugares de residencia habituales o deciden hacerlo, bien sea con carácter temporal o permanente, y que se desplazan dentro de sus propios países o al extranjero”. (OIM, 2007)

Este último es un término más amplio y toma en cuenta una realidad que se hace más palpable en el escenario climático mundial actual, pues abarca desde los desplazados por razones estrictamente naturales hasta aquellos que por los efectos de la acción humana sobre el medioambiente —sea la deforestación, la sobreexplotación de los recursos hídricos o los impactos del cambio climático— se ven forzados a migrar, además de que reconoce la interrelación entre los factores medioambientales, políticos y socioeconómicos.

La complejidad del tema es aún mayor cuando se toman en cuenta los impactos cruzados entre las causantes. En el Portal de Datos Mundiales sobre la Migración, financiado por los países miembros de la OIM, se advierten esas interrelaciones:

“Al estudiar la migración forzada o involuntaria —a veces denominada como desplazamiento forzado o involuntario— se suele hacer una distinción entre los desplazamientos generados por conflictos y los generados por desastres. El desplazamiento generado por un conflicto se considera típicamente causado por el ser humano, mientras que en el caso de los desastres las causas son naturales. Las definiciones de estos conceptos son útiles, pero en la práctica las líneas divisorias pueden ser borrosas, porque los conflictos se derivan a veces de litigios por los recursos naturales, y la actividad humana puede desencadenar desastres naturales, tales como los deslizamientos de tierras”. (OIM, Portal de Datos Mundiales sobre la Migración, 2020)

Según Acnur, la extensión del reconocimiento de refugiado ambiental supondría la posibilidad de aplicar las mismas soluciones que a los refugiados políticos: la repatriación voluntaria o retorno voluntario al país de origen, el reasentamiento o traslado a un tercer país distinto al de asilo y la integración local o la permanencia en el país de acogida. (Borrás, 2016)

En el caso de los pobladores de las pequeñas islas del Pacífico, es nula la posibilidad de retorno a sus hogares anteriores de residencia cuando su desplazamiento se debe a procesos de evolución lenta como la elevación del nivel del mar, que ocupa suelos y eleva los riesgos de desastres por ciclones y mareas.

Acnur, con base en informes del IPCC, cuenta con varios estudios sobre el cambio climático y los desastres naturales. El organismo ha advertido que en el futuro habrá un aumento de la movilidad y los desplazamientos humanos, tanto internos como externos, permanentes o no.

Las ediciones de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en París (2015, COP21), Marrakech (2016, COP22) y Madrid (2019, COP25) han abordado los impactos del calentamiento global y otros temas relacionados, pero no el estatuto de los refugiados ambientales.

A finales de 2018, la comunidad internacional firmó el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, que reconoció el cambio climático como causa de la migración forzosa y, por primera vez, la existencia de refugiados ambientales.

El Pacto estableció bases para que los Estados adopten mecanismos que minimicen los efectos adversos de la crisis climática sobre las personas, con el objetivo de que estas no se vean forzadas a migrar.

Si bien el Pacto fue un paso de avance, sigue siendo ambiguo y no vinculante en cuanto a reconocer la situación de los refugiados ambientales.

Sergio de Otto, experto de la organización Ecología y Desarrollo (Ecodes), explicaba sobre este tema que “el cambio climático es el último eslabón de una relación equivocada del hombre con la naturaleza, y fenómenos que hoy hacen que alguien emigre están causados por problemas medioambientales de hace 15 años, por políticas extractivas, por nuestro modelo productivo… Por eso, determinar quién es migrante climático es muy difícil”[6].

Esta falta de reacción y acuerdo por parte de los organismos internacionales y los Estados se origina en la dificultad para dar forma legal al concepto. Por un lado, aunque la mayoría considera que las catástrofes naturales suponen una razón suficiente para migrar, por su carácter inmediato, no es tan claro cuando los cambios en el medioambiente se dan de una forma más lenta y gradual. Por tanto, sería más complicado relacionar la causa de una migración por la desertificación de una región que por un tsunami.

Desde otra perspectiva, algunas organizaciones consideran que los afectados por la crisis climática o desastres medioambientales pueden recurrir a sus gobiernos para obtener protección. En el caso de las personas perseguidas por razones de raza, religión o ideales políticos, estas no pueden hacer lo mismo, ya que pueden ser sus propios gobiernos los causantes de su situación.

Este escenario coloca a los desplazados ambientales en un limbo legal, con un escaso o nulo reconocimiento y sin protección jurídica. En consecuencia, corre riesgo su integridad y no pueden acceder a necesidades básicas como atención de salud, educación, vivienda y alimento. En general, solo se les incluye dentro de los flujos migratorios de raíz económica y no son susceptibles de recibir el estatus de refugiado.

En febrero de 2020, el Comité de Derechos Humanos de la ONU declaró que los países no pueden deportar a las personas que enfrentan condiciones inducidas por el cambio climático. La Agencia de la Naciones Unidas para los Refugiados calificó la decisión de “histórica” y destacó que puede tener repercusiones importantes para la protección internacional de las personas desplazadas en el contexto del cambio climático y los crecientes desastres naturales.

También subrayó la importancia de que los países adopten medidas para prevenir o mitigar los riesgos asociados al cambio climático, que en el futuro podrían obligar a las personas a abandonar naciones o territorios, lo que conllevaría una serie de obligaciones internacionales y gubernamentales. A pesar del carácter no vinculante de estas decisiones, son pasos positivos hacia la conceptualización legal de esta figura y la protección efectiva y legal de estas personas.

Las islas del Pacífico y su situación actual

Los factores medioambientales han actuado como causa de numerosas migraciones. Contingentes de personas han emigrado debido a la necesidad de abandonar tierras devoradas por desiertos, inundaciones y otros cataclismos naturales más violentos. (Álvarez, 2005)

Para la doctora Álvarez, “las migraciones, con el capitalismo, adquirieron un carácter internacional. Hasta la irrupción de este sistema, los movimientos migratorios tuvieron un carácter esencialmente limitado y local, circunscrito, en el plano geoeconómico, a las áreas continentales”. (2005, p. 64)

La región del Pacífico insular está caracterizada por Naciones Unidas como el área menos dinámica del mundo, a partir de sus propias condiciones, peculiaridades geográficas y escasos recursos naturales. Se podría decir que la región ocupa un lugar poco prominente dentro del sistema centro-periferia del capitalismo mundial, al encontrarse lejos de los mercados principales y contar con escasos recursos económicos y rubros exportables, todo lo cual brinda escasas posibilidades de desarrollo.

En los últimos años, los efectos del cambio climático antropogénico han generado un empeoramiento de la crisis económica y social y un aumento de la tendencia migratoria desde la región, lo cual afecta las capacidades de desarrollo de Estados y comunidades y descapitaliza a las islas de sus recursos humanos.

Entre los problemas medioambientales principales a los que se enfrentan estas islas —consecuencias del calentamiento global—, sobresalen en los últimos años el aumento del nivel del mar, la alteración de los patrones climáticos (tormentas más frecuentes e intensas), el agotamiento de las reservas de agua dulce y el blanqueamiento del coral. Este último, un fenómeno no valorado suficientemente en ocasiones (los arrecifes de coral, no meros organismos sino auténticos ecosistemas que proporcionan el hábitat del 25% de las especias marinas, podrían haberse extinguido en un 90% hacia 2050 si continúa el actual ritmo de calentamiento y acidificación de las aguas por el aumento del CO2 que absorbe el mar), que provoca el empobrecimiento de las reservas pesqueras y hace mayor el riesgo de la inseguridad alimentaria.

Según un informe comisionado por países del G7, el aumento del nivel del mar “es una amenaza para la viabilidad económica y física de las zonas bajas, ya que los recursos terrestres y costeros se pierden gradualmente. Esto puede conducir al malestar social, el desplazamiento y la migración, así como a desacuerdos sobre las fronteras marítimas y los recursos oceánicos”. (G7, 2015)

El océano Pacífico alberga el 60% de la pesca mundial y gran parte de sus aguas están bajo jurisdicción de las naciones insulares del Pacífico. Asimismo, las zonas económicas exclusivas (ZEE) de las naciones insulares del Pacífico abarcan en su totalidad cerca de 30 millones de kilómetros cuadrados y representan un recurso económico significativo para esos Estados. (Shibuya, 2007)

En el escenario actual, cuando ya se sienten los efectos de la elevación del mar y otros que genera el cambio climático, las poblaciones de las islas ven la emigración como única salida.

De acuerdo con datos del IDMC (2019), más de un tercio del total de los nuevos desplazamientos a nivel mundial se registraron en la región (9.3 millones), la mayoría asociados a desastres.

Entretanto, los gobiernos de estas islas, al no contar con recursos financieros para mitigar el cambio climático, buscan soluciones políticas entre las que se encuentra negociar garantías con países de la región, como Australia y Nueva Zelanda, para que funjan como receptores de sus nacionales en caso de que sus territorios se convirtieran en inhabitables.

Seguidamente pormenorizamos la situación de algunos de los Estados del Pacífico Sur:

Kiribati: ya han desaparecido por completo dos de las islas que integraban el archipiélago y las previsiones de los científicos auguran que tan solo quedan unos 50 años a las demás, especialmente las de menor altitud, para seguir el mismo camino. Desde 2005, el gobierno kiribatense ha estado comprando 2.000 hectáreas de tierras en Fiyi y, con el permiso del país, planea trasladar a sus 100.000 habitantes si su territorio se vuelve inhabitable. Pero Fiyi, aunque montañoso y con mejores perspectivas que otras naciones del Pacífico, también ha tenido que enfrentarse al desplazamiento desde localidades costeras dentro de sus fronteras.

Islas Marshall: esta república insular del Pacífico abarca 34 islas del tipo atolón, cuya altitud promedio es de tres a cuatro metros sobre el nivel del mar, y se divide en dos archipiélagos principales: Ralik y Ratac.

El 20% de la costa de Majuro, su capital, ya ha sucumbido al avance del océano, a pesar de que se ha intentado construir diques de contención que han sido arrasados por las mareas. Se considera que es uno de los puntos del mundo donde el nivel de las aguas sube con mayor rapidez.

Nauru: la república más pequeña del mundo, con poco más de 21 km². Sus 10.000 habitantes, además de padecer obesidad, diabetes y problemas renales debido a su mala alimentación y falta de ejercicio y haber sufrido daños irreparables en su ambiente por la extracción masiva de fosfatos por transnacionales británicas, están condenados a desaparecer como nación ante el avance imparable de las aguas oceánicas.

El gobierno de la isla está en tratativas con países como Australia, Taiwán y Nueva Zelanda para buscar refugio en sus territorios si ocurre lo peor y la isla sucumbe definitivamente.

Islas Salomón: en la Cumbre de la Tierra de Copenhague, en 2009, se presentó el caso de estas islas, que desaparecen a ojos vistas tragadas por el Pacífico y cuyos territorios albergan a unos 600.000 habitantes.

Su capital es Honiara, en la isla de Guadalcanal, y muchas de las pequeñas islas del archipiélago son volcanes activos, lo cual no contribuye a que el futuro de este pequeño Estado insular se vea más promisorio.

Tuvalu: es un país insular de la Polinesia que consta de cinco atolones y cuatro arrecifes. Tiene apenas cinco metros de altitud promedio sobre el nivel del mar, por lo que está expuesto a las crecidas que pueda experimentar el Pacífico debido al cambio climático. Está considerado como el país que más cuida su ambiente y menos contamina el mundo. En caso de que las islas desaparezcan, sus habitantes serían recibidos por Nueva Zelanda o por Niue. Esta última es una isla que no corre peligro de desaparecer y cuya tasa de natalidad es muy baja. Fue la primera en buscar soluciones para su población. Luego de una desastrosa aventura para comprar tierras en Texas y trasladar a Estados Unidos su población en los años ochenta, intentó que Australia aceptase una pequeña cantidad de refugiados anualmente, pero ese país rechazó la propuesta en 2001, tras lo cual acudió a buscar ayuda en Nueva Zelanda, que sí aceptó y permite desde 2002 la entrada anual de 79 tuvaluanos. Aunque el acuerdo ha resultado prometedor, con la actual cifra se tardaría más de un siglo en desplazar a toda la población actual, una perspectiva a la que se añaden el crecimiento demográfico y la posibilidad de que el país quede sumergido mucho antes de completarse dicho traslado.

¿Cómo evacuar un país entero? ¿Cómo gestionar su desaparición o la supervivencia de su cultura? Ninguna de estas preguntas tiene respuesta en la actualidad.

En cumbres sucesivas, desde la de París (COP21, 2015), se han hecho llamamientos a reconocer el estatus de los refugiados climáticos, instando a modificar los acuerdos de la Convención de Ginebra para concederles la misma protección y derechos que posee hoy el refugiado, pero no se ha alcanzado un acuerdo que obligue a los Estados a adoptar este concepto.

Tras su viaje por Oceanía, Guterres afirmaba que “los riesgos son demasiado reales. Se están reubicando pueblos enteros, destruyendo medios de subsistencia. Las personas están enfermando de dolencias relacionadas con el clima, y en Tuvalu vi a un país entero luchando para preservar su propia existencia. Su voz es fuerte y clara: el cambio climático no puede ser detenido solo por los pequeños países insulares, sino por el resto del mundo”[7].

Una crisis que requiere nuevas políticas y llenar las brechas en la legislación internacional

Siendo el Pacífico Sur la región que menos ha aportado históricamente en emisiones de CO2 a la atmósfera, es hoy la primera que sufre el impacto acelerado del cambio climático, que agrava las condiciones económicas y sociales de los pequeños Estados insulares, drena sus ya escasos recursos y pone a sus habitantes en el camino de la migración forzada cuando la subida del nivel del mar y otras manifestaciones de la crisis ambiental hacen inhabitables las islas.

Enfrentados al desplazamiento forzoso —cuya causa solo empeora o es permanente y hace imposible el retorno a sus tierras—, los habitantes de las islas miran a un futuro de dispersión e incluso de pérdida de identidad, sin el estatus y la protección legal de un refugiado con amparo en el derecho internacional, lo que pone en riesgo sus derechos y el reconocimiento para integrarse plenamente en las sociedades de recepción.

El cambio climático, que amenaza con ampliar la desigualdad y la brecha en detrimento de los más pobres, generar mayor inseguridad alimentaria y revertir a décadas atrás los índices de desarrollo económico y social y de salud, también plantea peligros y desafíos en el terreno de los derechos humanos.

La comunidad internacional requiere una nueva definición de refugiado que ampare jurídicamente a personas desplazadas por causas ambientales, cuyo número aumentará en la medida en que se hagan más severos los impactos del cambio climático sobre grandes áreas del planeta, en una tendencia ascendente que confirman los hechos ocurridos en 2020 en términos de altas temperaturas.

El actual marco jurídico, con categorías de refugiados gestadas en el siglo XX, no ofrece soluciones adaptadas al siglo XXI y la emergencia climática al no contemplar las víctimas del cambio climático ni los desplazados ambientales, que con las actuales tendencias serán cada vez más.

Alcanzar el consenso y un acuerdo internacional que otorgue protección legal a esta categoría de desplazados y refugiados, permitiría la adopción de políticas y programas articulados y específicos de reasentamiento (como los que gestionan Acnur y la OIM), entendidos por la OIM como “el  traslado de refugiados desde el país en el que solicitaron protección hacia otro Estado que ha aceptado admitirlos —en calidad de refugiados— y otorgarles la residencia permanente”. (Glosario de la OIM sobre Migración, 2019)

Es necesario superar las lagunas existentes en las normas internacionales de protección de los derechos humanos, renovarlas y actualizarlas acorde con la nueva realidad del siglo XXI, marcada por el cambio climático y su impacto en las comunidades humanas más vulnerables, con el objetivo de que amparen también a la nueva —y cada vez más extendida— figura del desplazado ambiental.

 

* Holguín, 1988. Subdirectora del portal web cubano Cubadebate. Cursa la Maestría en Relaciones Internacionales 2018-2020 en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García. Agregada diplomática en la Embajada de Cuba en Pakistán de 2013 a 2016. Reportera y jefa de información en el periódico ¡ahora! de 2010 a 2012. Graduada de Periodismo en la Universidad de Oriente en 2010. Correo electrónico: ddoime@gmail.com

 

Notas

[1] En “Combatir con urgencia el cambio climático: algo que podemos y debemos hacer, por António Guterres”, Noticias ONU, 31 de mayo de 2019. En: https://news.un.org/es/story/2019/05/1457191

[2] En “Hacia el apartheid climático”, en Noticias ONU, 25 de junio de 2019. En: https://news.un.org/es/story/2019/06/1458411

[3] En Migration Data Portal, OIM, Environmental Migration, junio de 2020. En: https://migrationdataportal.org/themes/environmental_migration

[4] En “Nuevo récord de desplazados forzosos en 2019”, Acnur, 18 de junio de 2020. En: https://eacnur.org/es/actualidad/noticias/eventos/informe-tendencias-globales-desplazamiento-2019#:~:text=Seg%C3%BAn%20el%20informe%20de%20ACNUR,con%20respecto%20al%20a%C3%B1o%20anterior.

[5] En “El apartheid climático que puede condenar a la pobreza a otros 120 millones de personas”, en BBC News Mundo, 26 de junio de 2019. En: https://www.bbc.com/mundo/noticias-48776564

[6] En “Desplazados por el clima: Son desconocidos, pero son millones”, en El País, 7 de diciembre de 2019. En: https://elpais.com/sociedad/2019/12/03/actualidad/1575399365_095982.html

[7] En “Guterres concluye su gira por Oceanía, ejemplo para el mundo de la lucha contra el cambio climático”, en Noticias ONU, 18 de mayo de 2019. En: https://news.un.org/es/story/2019/05/1456201

 

Bibliografía

Acnur. (2019). Los riesgos de desplazamiento forzado por desastres naturales se han duplicado desde 1970. En: https://eacnur.org/es/actualidad/noticias/emergencias/refugiados-climaticos

Acnur. (2019) Tendencias globales de desplazamiento forzado 2019. En:    

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Álvarez, María Elena. (2005). Siglo XX: Migraciones humanas. Editora Política. Bedford, Richard. (2012). Population Movement in the Pacific: A Perspective on Future Prospects. En: https://thehub.sia.govt.nz/resources/population-movement-in-the-pacific-a-perspective-on-future-prospects/

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QUE NO CUNDA EL PÁNICO, SOMOS CHINOS. LA RESPUESTA DE BEIJING A LA PANDEMIA.

Giancarlo Elia Valori*

En Europa, Estados Unidos, América del Sur, la temida segunda ola de la epidemia de Covid 19 se está extendiendo y genera no solo pánico a nivel de opinión pública e instituciones, sino que comienza a presionar los sistemas de salud y las economías que, con dificultad, comenzaban a recuperar el aliento tras el impacto de la primera ola epidémica que, entre el invierno y la primavera de este año, redujo el ritmo de producción industrial y manufacturera y las tasas de productividad en los sectores del comercio, turismo y restauración, con cifras que sugieren un futuro decididamente oscuro.

En nuestro país, ante el incremento de contagios que, sin embargo, cabe destacar, no significa un incremento en el número de pacientes. El gobierno ha decidido delegar en los gobernadores de las Regiones la activación de procedimientos de limitación de libertades individuales y colectivas en nombre de un “estado de emergencia” que se prolonga desde el pasado mes de marzo y parece destinado a acompañarnos también en los próximos meses. Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un término siniestro y preocupante reapareció en los comunicados oficiales y en las noticias: “toque de queda”.

En los próximos días en Campania y Lombardía estará prohibido circular por las calles de 23.00 a 5.00 horas, mientras que las compras de alcohol y el horario de funcionamiento de los centros comerciales, bares y restaurantes serán limitados. Para completar un escenario de tonos cada vez más dramáticos, la ministra de Salud, Speranza, instó el 20 de octubre a los italianos a “quedarse en casa el mayor tiempo posible” con un cierre voluntario que parece presagiar la adopción de medidas que podrían devolvernos a la última primavera con incalculables daños sociales y económicos.

Toques de queda, encierros, cierres selectivos o generalizados son moneda corriente en estos días, incluso en Francia, Reino Unido, Irlanda y España, países que, como el nuestro, han sufrido el devastador impacto económico de la primera ola y que podrían caer de rodillas ante la nueva emergencia pandémica.

En este punto hay que plantearse una pregunta: ¿qué pasó y qué está pasando en el país donde empezó todo? ¿Cómo están las cosas en esa China que en nuestros medios, obsesivamente centrados en los problemas internos, se menciona solo de manera superficial o de pasada?

“China está cerca”, decía el título de una película de Marco Bellocchio de 1967, que evoca la expansión imparable del verbo maoísta. “China está muy lejos” debemos decir hoy, encapsulados en los estereotipos construidos por la cultura occidental, que nos impiden analizar seriamente su evolución política, económica y social y sobre todo aprender del modelo político-sanitario que ha permitido a los chinos salir con la cabeza en alto por la emergencia de Covid.

El 22 de septiembre, en un discurso frente a la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente Trump acusó a China de ser responsable «de esparcir esta plaga por todo el mundo» y, para enfatizar el concepto , llamó al coronavirus el «virus chino». En el mismo lugar, el presidente chino, Xi Jinping, invitó sobriamente a todos los países afectados por la epidemia a seguir el ejemplo de su país y «seguir las direcciones de la ciencia sin intentar politizar el problema».

Los números dicen que el modelo chino es importante y digno de atención. En China, donde todo comenzó en diciembre de 2019, de una población de aproximadamente mil cuatrocientos millones de habitantes, la epidemia de Covid 19 ha causado, hasta la fecha, 4.739 muertes de 90.604 enfermos. En el mismo período en los Estados Unidos, de una población que es aproximadamente una quinta parte de la de China, se registraron 7.382.194 casos de contagio, seguidos de la muerte de 209.382 personas (datos de la revista médica inglesa The Lancet, 8 de octubre de 2020).

El Reino Unido, con una población veinte veces menor que la de China, ha tenido que afrontar cinco veces más infecciones que China y registrar diez veces más muertes.

Estos son los números del pasado 20 de octubre, referidos a toda China: 19 casos de la enfermedad, todos importados del exterior. Se mantuvieron en observación 24 infecciones asintomáticas y 403 casos de hisopados positivos. Todos, excepto uno, importados del exterior (!). Números, como se puede ver, globalmente más bajos ¡aún hoy! que los registrados en una sola región italiana desde el comienzo de la emergencia.

Frente a estas cifras, parece difícil escapar a una simple y doble pregunta: ¿cómo lograron los chinos combatir y controlar la epidemia? Entonces, ¿por qué no seguimos su ejemplo basándonos en su experiencia?

China fue acusada de haber respondido tardíamente a la primera aparición del virus en diciembre de 2019 y de haber informado tardíamente a la OMS (Organización Mundial de la Salud) del inicio de una nueva epidemia. Ambas acusaciones son completamente falsas.

Tras la aparición del nuevo virus, en los últimos días de diciembre, científicos chinos aislaron e identificaron la secuencia del genoma del Covid 19 el 10 de enero de 2020 y pocos días después, tras alertar a la OMS, las autoridades dieron las contramedidas.

Los chinos estaban preparados para la emergencia: desde que en 2002 la epidemia de Sars, un virus similar al Covid 19, había provocado algo más de 700 muertos, pero daños muy graves a la economía por el bloqueo de vuelos, turismo y exportaciones, el gobierno había dado órdenes de preparar planes de contingencia precisos que se activarían con prontitud en caso de nuevas epidemias. Estos planes que no han sido preparados y guardados en un cajón, sino actualizados y probados cuidadosamente, se activaron inmediatamente después de la primera alarma.

Wuhan, la ciudad epicentro de los primeros contagios con sus 12 millones de habitantes, fue inmediatamente puesta en bloqueo total, mientras que en el resto del inmenso país se invitó a la población (sin toques de queda ni estados de emergencia) a seguir las medidas más elementales y efectivas. Prevención y autoprotección: distanciamiento social, uso de máscara, lavado frecuente de manos. En Occidente se ha dicho que China ha reaccionado con tanta eficacia porque está gobernada por un régimen autoritario. En realidad, Confucio es mucho más importante para los chinos que Mao. La filosofía social confuciana que ni siquiera 71 años de gobierno comunista ha logrado eclipsar, con sus bases de respeto por el orden jerárquico natural, hace de los chinos un pueblo naturalmente educado, ordenado y obediente.

Pero sigue siendo la rapidez de la respuesta de las autoridades políticas y sanitarias de Beijing la raíz del éxito innegable en la lucha, primero y luego en la contención de la epidemia.

Como se mencionó, Wuhan fue inmediatamente aislada y sometida a un bloqueo total durante 76 días, mientras que se impusieron cierres selectivos en la provincia de Hubei. En todo el país, se han establecido 14.000 puntos de control de salud en los principales centros de transporte público y dentro de las dos semanas posteriores al brote «oficial» de la pandemia solo en la ciudad de Wuhan, 9 millones de habitantes han sido sometidos a pruebas de hisopado.

Como uno de los principales productores y exportadores de material sanitario, China no se ha encontrado desprevenida en términos de suministros hospitalarios y dispositivos de protección individual: en resumen, sin crisis de máscaras.

Mientras que en Estados Unidos y Europa la gente, a pesar del encierro no parecía inclinada al uso generalizado de máscaras (el presidente Trump las usó en público recién en septiembre pasado), los chinos se adaptaron de inmediato con disciplina a las indicaciones de las autoridades. Todas las cámaras de seguridad de las ciudades han sido “reconvertidas” para controlar el uso de máscaras por parte de los ciudadanos, mientras que drones equipados con altavoces han volado por todas las zonas del inmenso país para comprobar el cumplimiento de sus habitantes con reglas. La agencia estatal Xinhua ha publicado las imágenes tomadas desde un dron en Mongolia Interior, en las que vemos a una mujer mongol estupefacta a la que se dirige el dron diciendo: “Oye, no puedes salir sin una máscara. Úsela de inmediato y cuando llegue a casa recuerde lavarse las manos”. Es un episodio de color pero ciertamente en China no hemos sido testigos del espectáculo de la Movida que los italianos hemos visto en Roma, Nápoles o Milán, espectáculo del que derivan tantos de nuestros problemas estos días.

El 5 de febrero de 2020, se inauguró el primer hospital de Fangcang en Wuhan, una estructura prefabricada dedicada al cuidado de los que no estaban gravemente enfermos, mientras que los hospitales tradicionales estaban reservados para el cuidado de personas gravemente enfermas. El uso de los hospitales de Fancang (se han construido decenas de ellos) permitió limitar la presencia en la familia de personas con síntomas leves pero aún fuentes de contagio a la hospitalización domiciliaria, lo contrario de lo que ocurre en Italia, donde se aconseja a los enfermos leves que se queden en casa y así evitar la rápida propagación del virus desde los hogares. La red de hospitales de Fancang aseguró la disponibilidad de 13.000 camas y fue desmantelada a partir del 10 de mayo de 2020 cuando finalizó la primera ola epidémica en China y no fue seguida por una segunda ola. Para evitar esta última posibilidad, las autoridades chinas han relajado los controles “internos” y han hecho muy estrictas las medidas de control para los que vienen del exterior: En un período en el que en España e Italia los controles para los viajeros entrantes son prácticamente irrisorios, en China todos aquellos que ingresan al país, por cualquier motivo, son sometidos a hisopados y sujetos a cuarentena estrictamente controlada.

En esencia, China primero contrarrestó, luego controló la propagación de la epidemia de Covid 19 con medidas drásticas pero racionales y sobre todo comprendidas y aceptadas por una población educada por Confucio para respetar las jerarquías y la disciplina. China hoy puede ser un ejemplo para el resto del mundo y está ahí para testificar que con medidas rígidas pero inteligentes, incluso las situaciones más peligrosas pueden abordarse con éxito.

Es un ejemplo que conviene estudiar y seguir sin la típica arrogancia del “hombre blanco”, teniendo también en cuenta una circunstancia nada despreciable: mientras la economía de nuestro país y sus socios europeos crece, por así decirlo, desde punto cero (si tenemos suerte), el PIB de Beijing según las últimas encuestas es un 4,9% más que el año pasado.

Hay que aprender de China tanto en términos de gestión de una emergencia sanitaria como en términos de protección del sistema económico.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo exclusivo para SAEEG. Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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SÍNTESIS HISTÓRICA DEL PENSAMIENTO FILOSOFICO. SEGUNDA PARTE.

Marcos Kowalski*

En la primera parte de esta síntesis hemos escrito sobre el pensamiento de los grandes filósofos de la antigüedad desde la invención de la escritura por los sumerios y su concepción poética de la vida, pasando por los griegos, fundamentalmente Platón y Aristóteles, para hacer una breve descripción de la Patrística con San Agustín, hasta llegar al legado que nos deja el siempre vigente, Santo Tomas de Aquino.

Hoy trataremos de recorrer un camino en Europa, que comienza en una época de gran ebullición del pensamiento humano, como consecuencia de convulsiones sociales y enfrentamientos bélicos de diversa magnitud, aparecen pensadores que, en su intento de propiciar una conciliación entre los hombres, terminan por oponerse al orden establecido, comenzando por el religioso que ven representados por los dignatarios de la Iglesia de Roma.

Estos pensadores, que propiciaron la reforma religiosa apartándose de los cánones tradicionales católicos, intentaron reinterpretar al ser humano y la vinculación del hombre con Dios, fueron en su mayoría denominados Humanistas. Sus intenciones fueron, sin embargo, captadas por los diferentes intereses de turno, logrando fundar iglesias separadas, pero impulsando guerras religiosas que sangraron a Europa durante mucho tiempo.

Cuando se quiere propiciar la paz, a veces se logra lo contrario, la guerra. Comenzaremos esta segunda parte por un humanista, teólogo y filósofo de origen holandés que sin saberlo inspiró a Martín Lutero, específicamente con la traducción del Nuevo Testamento. Se trata de Erasmo de Róterdam (1466- 1536). Uno de los reformistas del cristianismo.

En el campo eclesiástico formulo una modificación a la forma en que era visto el aprendizaje sobre Dios. Para Erasmo no era algo exclusivo de la iglesia o los centros educativos, sino que todos los seres humanos debían tenerlo como un hábito, en virtud de que la sabiduría y el amor de Dios era la mejor guía para la vida.

Erasmo estaba convencido de que el verdadero cambio no estaba en lo físico, sino en la transformación y evolución del alma. Además, estaba decidido a instaurar una religión que no tuviera ningún tipo de credo ni reglas, sino que les permitiera a sus simpatizantes formarse como verdaderos cristianos.

En el año 1500, el teólogo inició la escritura de sus famosos Adagios. Esta serie de frases cargadas de conocimientos y experiencias constaban de unos 800 aforismos de las culturas de Roma y Grecia. Hizo de esto una pasión, hasta el punto de alcanzar los 3400 aforismos veintiún años después.

En su estadía en Londres entre los años 1499 y 1500 es donde consolidó sus pensamientos humanistas, tras una conversación que sostuvo con el decano de la catedral de San Pablo, y humanista inglés John Colet, sobre la lectura que debía dársele a la Biblia, que termina influenciando su decisión de reformular la iglesia.

Erasmo de Róterdam vivió una vida llena de conocimientos, estudios y luchas. En 1509 alcanzó su máxima productividad con “Elogio a la Locura”[1], donde expresó su sentir hacia las injusticias de ciertos estratos sociales. Aun cuando Erasmo defendía el estudio de la Biblia como una guía para la vida, se oponía a Martín Lutero en cuanto a los principios de la gracia, la que determina que es Dios quien les da la salvación a los humanos.

También en su estadía en Londres, Erasmo, conoce y al parecer frecuenta a Tomás Moro (1478, 1535) que fue un jurista inglés, humanista y estadista. Su amistad con Erasmo de Rotterdam fue crucial para el desarrollo de sus estudios literarios, en particular el resurgimiento del griego y sobre las posibilidades sociales de la educación. Moro explora las teorías sobre la guerra, los desacuerdos políticos, las disputas sociales y la distribución de la riqueza.

Para imaginar la vida cotidiana de ciudadanos que se liberan del miedo, la violencia y el sufrimiento, propone que el hombre debería dedicarse más tiempo al cultivo de la mente, ya que considera que en este espacio puede encontrarse la felicidad. Este requisito puede cumplirse con un extraordinario reparto del trabajo en el que todos los ciudadanos trabajen sólo durante seis horas al día; solo para satisfacer sus necesidades, dejándole un mayor margen de ocio para las actividades intelectuales[2].

Un pensamiento alejado de Moro lo plantea Hobbes. El concepto de hombre que plantea Thomas Hobbes (1588-1679) se basa principalmente en la idea de que el hombre es solo cuerpo, es únicamente materia y esta materia está sujeta a cierta dinámica, movimientos que son generados siempre por pasiones, emociones, deseos, etc. Para Hobbes la motivación primera de los hombres es el satisfacer sus propios deseos o impulsos, buscando siempre conservar su vitalidad a través de la relación entre atracción y repulsión.

El pensamiento moral de Hobbes es difícil de separar de su política. En su opinión, lo que debemos hacer depende en gran medida de la situación en la que nos encontramos. Donde falta la autoridad política (como en su famosa condición natural de la humanidad), nuestro derecho fundamental parece ser salvar nuestras vidas, por cualquier medio que creamos oportuno. Donde existe la autoridad política, nuestro deber parece ser bastante sencillo: obedecer a los que están en el poder[3].

Podemos decir que como síntesis de estos pensadores surge el “Pienso, luego existo”. Esa es la única certeza que parecía tener el francés René Descartes (1596-1650), quien usó la duda como arma de destrucción masiva de las certezas sobre las que descansaba el conocimiento en su época. Es tenido por el “padre” del racionalismo. Descartes había dedicado sus mayores esfuerzos a encontrar el mejor método para pensar.

Sin embargo, el que llegaría a ser considerado padre del racionalismo decidió dedicarse a buscar la verdad después de un episodio muy poco racional, según el mismo relata, “los trascendentes sueños” del 10 de noviembre de 1619. Esa noche mágica, en una caldeada habitación de Baviera, tras una serie de sueños y visiones que interpretó como una señal divina.

Descartes piensa que el conocimiento de la realidad puede construirse extrayendo consecuencias, es decir deduciendo, de ciertas ideas y principios evidentes que no dependan de la experiencia, ya que ésta, sólo proporciona conocimientos inciertos y dudosos. Para conseguir su propósito, emplea el método matemático en la reflexión filosófica.

Quiso probar verdades filosóficas del mismo modo que se prueba un teorema matemático. Emplear la misma herramienta que empleamos cuando trabajamos con números, es decir la razón. Los sentidos, aunque sean otra herramienta de estudio, no proporcionan conocimientos seguros.

Recordemos el Mito de la Caverna de Platón. Descartes retoma esa idea y piensa que los sentidos no nos dan un conocimiento fiable sino parecido a las sombras de la cueva; sin embargo, la razón si nos da ese conocimiento verdadero, es decir, aquellas ideas que nos decía Platón. Descartes decidió empezar desconfiando de la autoridad de cualquier filósofo anterior, prefirió confiar más en su razón y rompió intencionalmente con el pasado.

Descartes, de lo único que está seguro es de ser un sujeto pensante, un ser reflexivo. También está seguro de que los animales no lo son. Entonces si él es un ser pensante, es por alguna cualidad que no tienen los animales. Así separa el alma y la materia. El animal tiene materia, pero no tiene alma; luego, para él, necesariamente, el alma es lo que hace que el sujeto piense.

A la materia la denomina extensión, ocupa lugar en el espacio, es siempre divisible, de cualquier cosa siempre podemos obtener otra más pequeña y es inconsciente. Aunque no niega una relación entre alma y materia, considera que el alma es superior e independiente de la materia. Esta teoría de separar alma y cuerpo, pensamiento y materia, se llama dualismo.

El método del conocimiento de Descartes distingue dos modos de conocimiento que aportan certeza: Intuición, especie de luz o instinto natural por el que captamos sin posibilidad de error y de forma inmediata los conceptos simples que surgen de la razón misma. Por ejemplo, “pienso y luego existo”.

Deducción es una intuición sucesiva que capta las relaciones entre los conceptos simples y se ejerce de dos modos: Análisis, hasta descomponer el objeto en sus elementos más simples. Síntesis reconstruyendo lo complejo a partir de lo simple. Es decir que los dos modos de conocimiento para el son: “por intuición” o “por deducción”[4].

La corriente racionalista que surge en Europa en el siglo XVII, tiene como fuente indudable en algunas de sus ideas y postulados a los pensadores griegos, sobre todo Platón. Es necesario aclarar, además, que, pese a su nombre, no es la “razón” un atributo exclusivo del racionalismo.

También el empirismo, teoría “opuesta” al racionalismo, haría uso de la razón y, como el racionalismo, tuvo ya en Grecia filósofos que defendían sus ideas. Lo que motiva el término de racionalismo es el modo en que los filósofos de esta corriente ven y aplican la razón a toda la realidad del mundo.

En este sentido, Baruch Spinoza (1632-1677) es un racionalista radical, absoluto, pues parte de la idea de que, mediante la razón, el ser humano es capaz de comprender la estructura racional del mundo que le rodea. Los racionalistas, en su búsqueda de un conocimiento puro y exacto, se fijaron en las matemáticas y la lógica, de ahí que no sea extraño que en la obra de Spinoza se expliquen sus ideas como teoremas mediante definiciones y axiomas[5].

En los trabajos de Spinoza encontramos también conceptos de la escolástica (ockamismo y escotismo), de la tradición hebrea (la Biblia, el Talmud, la Cábala o las obras de Maimónides) y de Grecia (principalmente estoicismo). A todo ello hay que sumar ideas de la ciencia natural contemporánea, como las de Giordano Bruno, y la teoría política de Thomas Hobbes.

Spinoza dice: “Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí. Esto es, aquello cuyo concepto no necesita del concepto de otra cosa por la que deba formarse”; entiende por sustancia sólo una cosa, DIOS, por ser aquello que no necesita de nada para existir. Todas las demás cosas son NO sustancias, las denomina atributos. Los atributos son lo que el entendimiento percibe de la sustancia como constituyente de su esencia.

Esto no es más que la res cogitans y res extensa de Descartes, pero en este caso rebajadas ambas de categoría: Descartes las llama “sustancias”, mientras que Spinoza prefiere pensar que son atributos de la única sustancia que existe: DIOS.

Dios es definido por el filósofo holandés como el ente absolutamente infinito. La sustancia que consta de infinitos atributos. Este Dios del que habla Spinoza él lo identifica con la naturaleza. Todo lo que hay, todo lo que existe. La realidad suprema es sólo una afección de Dios. Es por esto que decimos que Spinoza es un panteísta: quienes defienden que el universo, la naturaleza y la deidad (Dios) son la misma cosa.

Para este pensador sólo Dios es realmente libre. Spinoza es un determinista. El hombre no es libre. Todo lo que le ocurre es necesario y está escrito de antemano. Todo lo que acontece en su vida, especialmente lo relacionado con sus pasiones, sigue el curso de la naturaleza.

Cuando el hombre comprende que no es libre y acepta su esencia, es cuando puede realmente acercarse a la libertad. La razón es, por tanto, la herramienta que nos permite conseguirlo, que lo hace posible. Es mediante la razón que podemos alcanzar el conocimiento, y con él la libertad.

Sólo la obediencia a Dios nos hace libres. El ser del hombre es saber que no es libre y que tiene que vivir de acuerdo con su naturaleza. La naturaleza de Dios que es la que nos libera. Si buscábamos la influencia estoica en Spinoza, aquí la encontramos, en la forma de su principal dogma, “Solo Dios nos hace libres”

Podemos concluir de todo esto que la filosofía para él no es otra cosa que un saber divino. Es el modo supremo del conocimiento. Y en ella, además, es donde residen tanto la libertad como la felicidad que tanto perseguimos en la vida. La ética spinoziana culmina, como hemos visto, en el amor intelectual a Dios.

En la visión opuesta a lo que afirmaba la corriente racionalista tenemos pensadores como John Locke (1632-1704) que es una de las principales figuras del empirismo, movimiento filosófico que defiende que el conocimiento humano parte de la experiencia. El empirismo sería el germen de la revolución científica. “Ningún conocimiento humano puede ir más allá de su experiencia”.

Mientras que los racionalistas establecen un modelo de conocimiento deductivo, que va de lo general a lo particular, Locke y los empiristas apuestan por un modelo inductivo: sólo a través de la experimentación de casos particulares podemos extraer una enseñanza general.

La mente del hombre está vacía, es una pizarra en blanco a la que todo conocimiento le llega por los sentidos y la experiencia. La existencia del ser humano no está determinada y no podemos saberlo todo, pues no tenemos esa capacidad. Cree en Dios, pero solo como quien ha sentado las bases de la existencia y no se inmiscuye en los asuntos humanos. Puesto que la nada no puede crear el ser, algo debe existir al comienzo de todo. A ese “algo” es a lo que Locke denomina Dios.

Locke es considerado uno de los padres del liberalismo político, que establece que la soberanía no está en manos del rey, sino de la sociedad. Defiende la separación del poder legislativo y ejecutivo (monarca y parlamento), así como la libertad religiosa y la primacía de los derechos del individuo sobre los del colectivo[6].

Para seguir en nuestra cronología de pensadores, nos referiremos a Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) nacido en Ginebra, Suiza y falleció en Ermenonville, Francia. Fue escritor, filósofo, botánico, naturalista y músico de la ilustración.

Pensaba que el hombre es bueno por naturaleza, pero que actúa mal forzado por la sociedad que le corrompe. Produjo uno de los trabajos más importantes de la época de la Ilustración[7]; hizo surgir una nueva política. Da primacía al sentimiento natural, no a la razón ilustrada, y ese será el germen del Romanticismo.

Su idea de la política está basada en la voluntad general y en el pueblo como soberano. La única forma de gobierno legal será aquella de un Estado republicano, donde todo el pueblo legisle, independientemente de la forma de gobierno, ya sea una monarquía o una aristocracia.

El poder que rige a la sociedad es la voluntad general que mira por el bien común de todos los ciudadanos, que se concreta a través de una especia de “contrato social”, ideas que fueron las utilizadas por los doctrinarios de la Revolución francesa

En fin, Rousseau plantea que la asociación asumida por los ciudadanos debe ser “capaz de defender y proteger, con toda la fuerza común, la persona y los bienes de cada uno de los asociados, pero de modo tal que cada uno de éstos, en unión con todos, “sólo obedezca a sí mismo, y quede tan libre como antes”.

En la filosofía anterior a Immanuel Kant (1724-1804) se aceptaba la realidad de un sujeto que conoce y de otra, ajena a él, que es conocida. Bien. Esto puede ser válido en todo caso para un conocimiento empírico. Pero Kant coloca al ser humano en el centro del tablero y dice que ese sujeto que conoce lo hace de una manera activa y que, de alguna manera, filtra, se imbrica y hasta modifica la realidad que está conociendo.

En su forma de ver, aquello que es objeto de conocimiento racional puro, en oposición al fenómeno, objeto del conocimiento sensible, etiqueto el conjunto de su producción filosófica como “idealismo transcendental”. Defiende que la (mi) experiencia de conocer el objeto influye sobre ese objeto. El yo define el NO yo.

El objeto nunca se percibe, por decirlo de alguna manera, sin filtro porque el filtro es la mente que lo percibe. Por ello a menudo se ha visto en el idealismo trascendental una forma de relativismo o subjetivismo. Ambas ideas tuvieron una repercusión decisiva en el desarrollo de la filosofía posterior. La razón pura es la razón no mezclada con elementos empíricos. Kant intenta establecer los límites del ejercicio de la razón que no toma su apoyo de la experiencia, sino que se desenvuelve a partir de sí misma[8].

Un filósofo del idealismo alemán, el último de la llamada modernidad y uno de los más importantes de su época fue Friedrich Hegel (1770-1831). La tesis de partida de la filosofía hegeliana es la identidad del ser y el pensamiento, la comprensión del mundo real como manifestación de la idea.

Creó lo que denomino dialéctica, que consiste en establecer una “tesis”’, su contrario, una “antítesis”’ y su resolución en una “’síntesis”’. A cada afirmación de algo le corresponde su respectiva negación y al choque entre ambos, una solución o conclusión que posteriormente se conviene en otra tesis, y así sucesivamente.

Se puede decir que en Hegel no hay, en sentido estricto, un método de investigación de la estructura del Ser y la Realidad. Lo que hay en Hegel es una descripción positiva de lo Real. Una descripción empírica que, a diferencia de la ciencia o técnica que sólo busca conocer y transformar la naturaleza y la sociedad en función de los intereses del hombre.

No tiene mayor finalidad que revelar la realidad sin modificarla o perturbarla, es decir, revelarla con absoluta fidelidad. Por eso cuando describe verbalmente esa experiencia, representa una Verdad en el sentido estricto del término. Y por ello no tiene un método específico que le sea propio en tanto que experiencia, pensamiento o descripción verbal, y que no sea al mismo tiempo una estructura ‘objetiva’ de la misma Realidad concreta que revela describiéndola.

Resumamos la idea de la dialéctica que maneja Hegel. Para este autor, la estructura de la realidad histórica, su estructura intrínseca, es dialéctica en virtud de la praxis humana. Así, hablar de una dialéctica de la naturaleza se vuelve problemático. Para comprender lo anterior, remitámonos a un texto de Hegel sobre el tema: “la naturaleza es como ella es; y sus cambios son, por el contrario, solamente repeticiones, su movimiento solamente un curso circular. Inmediatamente su acción (la del espíritu) es conocerla” conocerla en su tecnicidad y circularidad repetitivas.

Lo contrario sucede en la Historia, con el espíritu, como diría Hegel, en donde la negatividad y la innovación son lo más esencial. La dialéctica es, para él, algo que compete propiamente al trabajo humano y, en consecuencia, a la historia y la sociedad. Más aún, es algo que compete a la totalidad de la realidad, natural e histórica, solo por haber devenido en humanidad.

Lo valioso de la filosofía idealista hegeliana es el método dialéctico que la compenetra: la afirmación de que la idea se desarrolla sobre la base de contradicciones dialécticas; que en el desarrollo se origina la transición de los cambios cuantitativos a los cualitativos; que la verdad es concreta; que el proceso del desarrollo de la sociedad humana, se realiza con sujeción a leyes, y no por la fuerza del arbitrio “de las personalidades”[9]. Sin embargo, la dialéctica hegeliana no está separada de su sistema idealista, sino estrechamente ligado a él. De ahí que en la filosofía hegeliana surge una profunda contradicción entre el método y el sistema, que la desgarra. El método dialéctico afirma que el proceso de desarrollo del conocimiento es infinito; en cambio, el sistema idealista lleva a Hegel a declarar su filosofía como el fin de todo desarrollo y como la verdad final, acabada de una vez para siempre.

De gran importancia en la historia del pensamiento occidental. Como continuador de la filosofía crítica de Kant y precursor tanto de Schelling como de la filosofía del espíritu de Hegel, Johann Gottlieb Fichte (1762-1814) encausa el intento de superar las paradojas de la epistemología kantiana a partir de la vertiente moral del sujeto, difuminando las fronteras entre razón teórica y práctica.

Fichte rechazó la doctrina kantiana de la “cosa en sí” y trataba de deducir de un solo principio idealista subjetivo toda la diversidad de formas del conocimiento. Este principio consiste en que el filósofo establece un sujeto absoluto, dotándolo de una enérgica actividad infinita y considerándolo creador del mundo. El método de Fichte, en el que se desarrollan ciertos rasgos de la dialéctica idealista, se llama “antitético”, ya que la antítesis propiamente no se deduce de la tesis.

Sostenía que el órgano del conocimiento racional es la contemplación directa de la verdad por la razón. La principal para Fichte era la doctrina del idealismo subjetivo, pero en su filosofía se advierte la tendencia hacia el idealismo objetivo, que se acentuó en los últimos años de su vida. En ética, el problema central para Fichte es la cuestión de la libertad.

Lo mismo que Spinoza, Fichte no considera la libertad como un acto inmotivado, sino como la acción basada en el conocimiento de la necesidad. Pero, a diferencia de aquel filósofo, Fichte no pone el grado de libertad accesible a los hombres en dependencia de la sabiduría individual, sino de la época histórica en que vive el individuo.

Por ultimo mencionaremos que en su propuesta política, Fichte traza un proyecto de organización de la sociedad alemana en forma de “Estado comerciante cerrado”. Expresando las particularidades del desarrollo de Alemania, dicho proyecto está marcado por varios rasgos reaccionarios, comprendido el de la excepcionalidad, propio del nacionalismo alemán.

Un filósofo alemán de los más importantes del siglo XX fue Martin Heidegger (1889-1976). Su trabajo influyó sobre todo en la Fenomenología y en la filosofía europea contemporánea, ha tenido igualmente influencia más allá de esta, en campos como la arquitectura la crítica literaria, la Teología.

La filosofía heideggeriana se centra fundamentalmente en el estudio de la existencia humana y en la historia del ser. La expresión más representativa de su filosofía, se encuentra en la inconclusa obra Ser y Tiempo donde el erudito profundiza de una forma insondable en la existencia. Esta magistral obra expone una intrincada teoría que posteriormente influyó al movimiento existencialista.

El postulado de Ser y Tiempo se basa en el entendimiento heideggeriano que expone al hombre, concebido como humano, materia o cuerpo físico, como un ente abierto al ser, y afirma que sólo a él se aviene su propio ser. Heidegger sostiene que el humano mantiene una rotunda relación de co-pertenencia con su ser.

A la vez que coexiste en el estado de “ser ahí”, “ser en el mundo” o “estar en el mundo”, lo cual consiste en desenvolverse en conexión y equilibrio con el entorno en un nivel etéreo y sublime, guiado por los preceptos naturales que se desencadenan a partir de los conceptos de “cuidado” y “cura”.

En términos fenomenológicos, el hombre oscila entre la dicotomía de propiedad e impropiedad, ya que en algún momento se enlaza con su ser y en otro momento se adhiere a la apropiación y dominación tanto de lo vivo como de lo no vivo. Invita a no elevar demasiado la importancia de la racionalidad, ya que esta situación puede conducir al humano a un modus vivendiracionalista, calculador, mecanizado, alienado y por ende, deshumanizado.

La racionalidad es primordial para que la vida tenga un sentido cabal, no obstante, llevar la racionalidad al límite conlleva a una existencia artificial, alejada del ser, difusa y perdida, carente de dinamismo, esclava de la ciencia y de la técnica.

José Ortega y Gasset (1883-1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital e histórica, situado en el movimiento del novecentismo. Su corriente filosófica se encuentra en el vitalismo. Esta corriente se caracteriza por considerar la vida como centro de cualquier investigación filosófica. Su pensamiento empieza siendo objetivista y termina con el raciovitalismo, pasando por el perspectivismo

Los puntos de partida de las especulaciones filosóficas de Ortega se expresan en su obra Meditaciones sobre el Quijote, es el conocido “yo soy yo y mis circunstancias”. Se alude así a la realización personal en el seno de la circunstancia, la cual encarna la vida humana frente a una razón que se quiere omnipotente.

Dicho punto de partida puede calificarse como perspectivismo, pues la circunstancia depende de la perspectiva en la cual dicho yo se inserta, de manera a evitar el provisionalísimo de un yo ensimismado. Se trata de un yo reflexivo y abierto situado en un conjunto de relaciones vitales que lo configuran.

Ortega se distancia del yo puro propio al cartesianismo y a la fenomenología, que ha conducido al impasse de la filosofía occidental. En El tema de nuestro tiempo, se plantea la salida del callejón del cogito ergo sum de Descartes, en donde un conocimiento claro y distinto de lo real se produce por la interpretación de un todo.

Uno de los elementos principales de la razón vital para Ortega es su historicidad, su carácter histórico. El ser humano, no posee una naturaleza que lo determina, sino que dicha función de determinación es el papel que ejerce la historia. Pero la historicidad posee unos límites definidos por la propia historia.

La historicidad no admite un a priori desde el cual pueda ser observada, un principio inmanente que la determine. Con ello Ortega se distancia de las visiones decimonónicas que miran la historia como tendiendo hacia un fin determinado, dotada de un sentido teleológico.

El raciovitalistmo orteguiano viene así a ser completado por un racio-historicismo, donde su teoría de las generaciones juega un papel determinante. Una generación comparte una coetanidad, donde a pesar de las divergencias posibles puede siempre entreverse cierto aire de familia. De la constelación de ideas que integra un período histórico, surgiría una forma de vida en vigor propia a un periodo histórico.

Hasta este punto, en esta segunda parte, hemos hecho un camino sintético por el pensamiento humano, aquí nos referimos al de los pensadores más destacados de Europa desde el siglo XV hasta algunos del siglo XX. No hemos volcado conceptos calificativos ni opiniones propias a las distintas formas de filosofar que hemos referido.

Nos hemos limitado a resumir las propuestas de cada filósofo. En la conciencia que cada lector podrá sacar sus conclusiones y apreciaciones según sus inclinaciones religiosas o ideológicas. Estamos dejando para otra oportunidad referirnos a los pensadores hispanoamericanos y argentinos, que de Dios permitirlo realizaremos pronto.

 

* Jurista USAL con especialización en derecho internacional público y derecho penal. Politólogo y asesor. Docente universitario.

Aviador, piloto de aviones y helicópteros. Estudioso de la estrategia global y conflictos.

 

Referencias

[1] En la obra Elogio a la Locura de Erasmo de Róterdam: La locura (entendida como estulticia o tontería) hace un elogio de la ceguera y la demencia y en los que se realiza un examen satírico de las supersticiones y de las prácticas piadosas y corruptas de la Iglesia Católica, así como de la locura de los pedantes (entre los que se incluye el propio Erasmo).

[2] En su libro más famoso, Utopía, Tomás Moro se imagina una nación insular perfecta donde todos viven en paz y armonía, y donde los hombres y las mujeres están perfectamente educados. Utopía es un nombre griego cuya acuñación proviene de Moro, de ou-topos (“no lugar”). En definitiva, es un juego de palabras de eu-topos (“buen lugar”), el cual introduce en un poema prefacio. Esta visión de un mundo ideal es también una sátira mordaz de la Europa del siglo XVI, libro el cual ha sido enormemente influyente desde su publicación, dando forma incluso a la ficción utópica en los tiempos actuales.

[3] El libro más conocido del inglés Thomas Hobbes, es Leviatán, o La materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil “comúnmente llamado ‘Leviatán’, escrito en forma de relato, donde formula su famoso enunciado “el hombre es el lobo del hombre”.

[4] En su obra Discurso del Método Descartes dice: “Pero enseguida advertí que, mientras de este modo quería pensar que todo era falso, era necesario que yo, quien lo pensaba, fuese algo. Y notando que esta verdad: yo pienso, por lo tanto, soy, era tan firme y cierta, que no podían quebrantarla ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos, juzgué que podía admitirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que estaba buscando ‘pienso, luego existo’ (cogito ergo sum)”.

[5] El título de su obra lo dice todo: Ética demostrada según el orden geométrico.

[6] La obra fundamental de John Locke es Compendio del Ensayo sobre el entendimiento humano.

[7] Jean-Jacques Rousseau: Las obras suyas que más influyeron en su época fueron Julia, o la Nueva Eloísa (1761) y Emilio, o De la educación (1762), ya que transformaron las ideas sobre la familia. Otras obras muy importantes son El contrato social y el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.

[8] La más importante obra kantiana se llama Crítica de la Razón Pura.

[9] Junto a la Fenomenología del espíritu se consideran las obras más importantes de Hegel la Ciencia de la lógica la Enciclopedia de las ciencias filosóficas, (con varias reediciones posteriores) y la Filosofía del derecho.

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