Cuando evoco mi niñez tucumana y comparo aquellos tiempos con los actuales, lo que salta a la vista con más nitidez es la pobreza que envolvía a todos sin que nadie lo advirtiera. Era una pobreza que no molestaba ni ofendía porque se compartía por igual. Aquellos a quienes se consideraba ricos vivían de manera idéntica al resto. Podían ser propietarios de tierras, tener algunos buenos caballos o un carruaje, pero sus hábitos domésticos, su indumentaria y las apariencias de su posición no diferían de los demás: me refiero, naturalmente, a la «gente decente», el pequeño núcleo social formado por las viejas familias locales y las que se habían agregado a través del tiempo en el desempeño de profesiones y oficios honorables. El resto no contaba. […]
Ahora la gente rica exhibe su riqueza. No digo ya en Buenos Aires, donde la prosperidad se instaló hace décadas; en Tucumán mismo me han llamado la atención las casas de estilo francés con su derroche de mármoles y bronces, los ingenios azucareros donde las residencias de sus dueños son verdaderos palacios o el Jockey Club, que es una pasarela para que los ricachos luzcan las joyas y vestidos de sus mujeres, las calidades de sus fracs, sus landós y automóviles. Yo mismo soy un hombre rico: tengo varias estancias y dispongo de una hermosa mansión, con toda clase de refinamientos.
Sí: ahora somos todos muchos más ricos. Pero me pregunto a veces si los argentinos hemos enriquecido parejo.[1]
Estos párrafos corresponden a la historia novelada sobre la vida de Julio Argentino Roca escrita por Félix Luna, un homenaje humanizado de quien fue dos veces presidente de la República Argentina (su primer mandato entre 1880 y 1886 y su segundo entre 1898 y 1904) y fundador de la Argentina moderna.
Nació el 17 de julio de 1843 en San Miguel de Tucumán, quinto de los ocho hijos del coronel José Segundo Roca y Agustina Paz. A sus doce años falleció su madre y su padre fue reconocido por sus servicios por el gobierno de la Confederación, adscripto al ministerio de Guerra en Paraná. Dado sus escasos recursos, su padre repartió a sus hijos y a Julio lo ubicó en el Colegio de Concepción del Uruguay.
En 1858 ingresó a la carrera militar, lo que fue forjando lo que sería su vida al servicio de la Nación.
Como ministro de Guerra del presidente Nicolás Avellaneda (1874-1880), sucediendo a Adolfo Alsina tras su muerte, se le encargó la misión de poner fin al azote que sufrían las propiedades rurales y las ciudades que estaban en el sur, las cuales eran arrasadas por los malones de los aborígenes, los que secuestraban mujeres, robaban ganado, parte del cual era enviado a Chile. Cumplió con el mandato que le encomendó el gobierno nacional llevando a cabo la Campaña del Desierto.
Roca entonces puso en práctica su teoría expuesta en 1875 a Alsina, de avanzar sobre el desierto para lo cual había solicitado un año para prepararlo y otro para lograrlo. Efectivamente, el plan de Roca fue el que permitió que las tropas del Estado Nacional llegaran al río Negro el 25 de mayo 1879[2].
Es justo recordar que el Ejército Argentino enfrentó a los araucanos quienes estaban armados con fusiles Remington que traían de Chile, donde se los entregaban los británicos a cambio del ganado robado por los malones en territorio argentino. De tal modo que la Campaña del Desierto fue la manifestación más eficiente del rol del Estado moderno, velando por la seguridad de su población[3].
Como Ministro de Guerra y Marina, Roca dio cumplimiento a lo que ordenaba la ley de 1867 sancionada por el Congreso de la Nación, el cual había recibido una fuerte presión de la opinión pública para impulsar el traslado de la frontera al río Negro. Los senadores Gerónimo del Barco, Juan Llerena y Mauricio Daract presentaron un proyecto de ley que fijaba como línea de frontera el río Neuquén, desde su nacimiento en los Andes hasta su confluencia con el río Negro y desde allí hasta la desembocadura del Negro en el Atlántico. En buena medida, esa ley fue el resultado de las gestiones del diputado Nicasio Oroño. En su momento, no pudo cumplimentarse debido a la simultánea guerra del Paraguay, que recién finalizó en 1870[4].
Le cupo al general Roca terminar la tarea que en su momento inició el brigadier general Juan Manuel de Rosas, quien llevó a cabo su propia Campaña al Desierto, ocasionando un mayor número de muertes entre los aborígenes que las que se le atribuyen a Roca. Sin embargo, resulta aún más extraño que muchos argentinos omitan la campaña de Rosas y fustiguen a quien finalmente aseguró la Soberanía Nacional sobre el territorio de la Patagonia. Sin duda, toda una visión ideologizada de la historia que solo favorece ciertos intereses externos.
La visión de estadista de Roca no puede quedar limitada a la Campaña del Desierto. Gracias a ella se lograron los tratados con Chile que nos aseguraron la Patagonia y Tierra del Fuego, así como el reconocimiento de la Cordillera de los Andes como límite entre ambos países y la solución pacífica de la controversia por los estrechos.
En 1884 se sancionó la Ley Nº 1.532 de Territorios Nacionales que estableció las jurisdicciones de todos los territorios nacionales del país, mediante la cual se dispuso la división de la Gobernación de la Patagonia, en seis territorios nacionales o gobernaciones y se garantizó la Soberanía Nacional también sobre los territorios del norte del país.
Gracias a Roca también se procedió a la extensión de las redes ferroviarias desde su primera presidencia[5] y, en 1884, a la sanción de la Ley 1.420 sobre enseñanza universal, obligatoria, gratuita y laica, como consecuencia del Congreso Pedagógico Internacional de 1882, el cual fue trascendental para debatir los lineamientos que llevaron al establecimiento del sistema de instrucción pública en Argentina.
Su política territorial hacia las islas del sur y el territorio antártico es lo que nos permite hablar hoy de una Argentina bicontinental.
Enumerar la obra de las presidencias de Roca excede de manera formidable lo que se pueda expresar en un artículo como éste, el cual solo procura hacer un poco de justicia sobre uno de los más importantes presidentes de la Nación, si no el más importante.
Es oportuno hacer este reconocimiento en un tiempo en que la memoria de muchos de los hombres que tuvieron una visión estratégica para la Argentina y que nos dieron la soberanía efectiva sobre la Patagonia —tal el caso del propio general Julio A. Roca y de Estanislao Zeballos— es cuestionada desde ciertos sectores ideológicos y con una absoluta incomprensión de que la historia no se juzga a partir de los valores actuales sino que debemos situarnos en el contexto de la época que vamos a analizar[6].
Recapacitando sobre las presidencias de Roca y sobre esa pregunta que el «Roca narrador» se hace en el libro de Felix Luna, acerca de «si los argentinos hemos enriquecido parejo», cabe aquí una severa crítica a los gobiernos de esta democracia que emergió en 1983, en la que solo unos pocos se han enriquecido a costas del empobrecimiento de amplios sectores de la población nacional. Bien les vendría leer la historia de aquellos presidentes que, con virtudes y defectos, pensaron en una Argentina grande y próspera, sentando las bases de una Nación que prometía un futuro, que hoy nos ha sido robado.
* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director ejecutivo de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Profesor de Inteligencia de la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de la Universidad Nacional de La Plata.
Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.
Embajador Académico de la Fundación Internacionalista de Bolivia (FIB).
Investigador Senior del Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, Pontevedra, España.
Bibliografía
[1] Felix Luna. Soy Roca. Buenos Aires: Sudamericana, 1992 (16ª ed.), p. 19-20.
[5] Mario Justo López. “Los ferrocarriles argentinos durante la primera presidencia de Julio Argentino Roca”. Revista Cruz del Sur, 2013, año III, n{um. 4, p. 77-118, ISSN: 2250-4478.
Los 11 años de retraso cambiario llevaron a la desindustrialización y pauperización.
En estos últimos días funcionarios de diferentes carteras desfilaron por los canales de televisión para informarle a la población que sufríamos una “restricción externa”. ¿Qué es eso?
Lo explicó la flamante ministra de economía, la Sra. Batakis, en su presentación oficial en TN TV del Grupo Clarín. Sostuvo que no se podían dilapidar divisas en turismo en el exterior porque el país las necesitaba para crecer.
¿Es verdad? ¿Es como la ministra dice? La Sra. Todesca Bocco, cuando oficiaba como vicejefe de Gabinete —actualmente vicecanciller— declamó: “Nosotros necesitamos que los dólares que obtenemos de la exportación, los tengamos disponibles para la producción de nuevos bienes”.
¿Qué es restricción externa? ¿De dónde sale? ¿Es vigente en la actualidad?
Traté el punto en numerosos artículos con diferentes ópticas. Los listo al pie.
La “RE” es un caballito de batalla del actual régimen. Se expidió sobre el punto la vicepresidente el 20 de junio. Lo trata la ministra de economía al asumir. Es la excusa que usó el gobierno de Macri para endeudarnos. Cito al pie un informe del BCRA en el mismo tenor.
Amerita que veamos de qué se trata; qué hay de verdad y cuánto de mito. Y, como en cualquier novela criminal norteamericana, averiguar quién se beneficia.
Se denomina “restricción externa” a la falta de divisas para poder pagar las importaciones o hacer frente a las obligaciones de deuda en moneda extranjera.
¿Cuándo un país no tiene divisas?
Cuando importa más que lo que exporta. Se denomina balanza comercial negativa. Las soluciones son: a) importar menos (por cualquier criterio que se elija), b) tomar deuda en moneda extranjera y usarla para pagar esas importaciones (una variante de esto es comprar importaciones en cuotas; ejemplo: los cuatro submarinos que compró Argentina a Alemania durante la dictadura militar).
Cuando el servicio a la deuda (capital y/o intereses) es superior al saldo de balanza comercial. Si los excedentes de las exportaciones sobre las importaciones son menores que los vencimientos a pagar, las divisas no alcanzan para hacerles frente. En ese caso las opciones son: a) usar dinero de las reservas para pagar (si hay), b) tomar deuda nueva para cancelar la vieja (novación), c) dejar de pagar, d) reducir las importaciones o aumentar las exportaciones para incrementar el saldo comercial y así tener las divisas necesarias.
Personalmente creo que hay una solución mucho más simple que las aplicadas por los gobiernos desde 1955 a la fecha: dejar que quienes quieran importar compren los dólares a quienes exportan. Si se quiere importar mucho, sube el precio de la divisa y van a comprar menos cosas (por ejemplo: carne de cerdo brasileña), si se exporta mucho y se importa poco, bajará el peso de la divisa y se podrán importar más cosas. Fácil. En cuanto a los vencimientos de la deuda, el estado debe comprar dólares con el superávit fiscal. De esa manera no imprime pesos para comprar dólares y no genera inflación. La compra de dólares por parte del estado aumenta la demanda y por lo tanto sube el precio de la divisa, lo que hará caer importaciones, hasta que se importe lo que dé el cuero. En cuanto al turismo, es una importación, como comprar carne de cerdo o shampoo a Brasil. Si sube mucho el dólar, viajan menos personas a Miami y viceversa. Fácil. La pregunta es por qué una regla tan sencilla no se aplica. Regla número dos: nunca endeudar al estado nacional, provincial o municipal en moneda extranjera.
“Necesitamos los dólares para crecer”
Es un “relato” repetido por todos los funcionarios públicos.
No es algo nuevo. Es la enseñanza básica y dura en todas las facultades de economía de la Argentina, tanto las públicas como algunas privadas (UTDT). Adhieren a esta religión el 90% de los economistas argentinos. Es la ideología hegemónica de todos los partidos políticos: UCR, FdT, PRO, FIT, partidos pequeños, Instituto Patria, el que elijan.
Es un discurso que inventó Prebisch, la CEPAL (y otros). Está vigente desde 1955 a la fecha, a pesar de que actualmente sea un marco conceptual que no sirve para explicar la realidad. (Ya explicaré por qué).
Raúl Prebisch (héroe e ídolo de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA) fue Secretario de Hacienda del gobierno de facto de 1930, GG del BCRA en 1935, diseñó el plan económico del gobierno de facto de 1955. Fue secretario general de la CEPAL 1950-1963 y Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo a partir de 1963 hasta su retiro.
Raúl Prebisch
Lo más curioso es que las recomendaciones de la CEPAL —siempre fallidas— son tomadas por todos los economistas que se consideran “deizquierda” o “nacionalistas”. La CEPAL es un satélite de las numerosas organizaciones internacionales piloteadas por los EEUU. Pero son zurdos fashion.
¿De qué hablan?
A mediados de la década del ‘50 Europa Occidental comienza su plan de autoprovisionarse de alimentos y dejar de comprarle a los países que le habían dado de comer durante la guerra y la posguerra, con implicancias varias. Una de ellas es que la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por la caída de los precios de las materias primas. Alimentos, pero también cobre, petróleo, zinc, etc. La CEPAL denominó a este fenómeno deterioro de los términos de intercambio, lo que hacía que los países del tercer mundo pagaran caro lo que debían comprar y cobraran poco lo que exportaban.
Todos los gobiernos de los países del tercer mundo, nosotros incluidos, hicimos lo que pudimos para salir de esa trampa. Una de las soluciones fue replicar en forma especular las restricciones europeas; esto es autoabastecernos de productos industriales.
¿Qué quiso decir la ministra Batakis?
¿Qué quiso decir la ministra con que el turismo de argentinos en el exterior impedía el crecimiento del país? Lo que dice es que si gasto los pocos dólares que tengo en viajar no los puedo usar para comprar insumos industriales y la falta de los mismos frena el crecimiento de la Argentina. Y que cuanto más crezco, más insumos necesito.
¿Hay algo de verdad en su afirmación?
No.
En primer lugar desde el 2003 Argentina es beneficiaria de una mejora de los términos de intercambio. Esto quiere decir que lo que nuestro país vende y puede vender tiene mejores precios que las cosas que tenemos que comprar. Intente explicar algo tan sencillo a cualquier diputado. Esa supuesta “maldición” (retraso de los precios de lo que Argentina vende) terminó con el siglo XX. No es más así. Somos buenos en producir lo que el mundo demanda. Nuestros políticos atrasan el almanaque al menos 25 años.
En segundo lugar Argentina en los últimos 29 meses tuvo un superávit comercial de US$ 30.400 millones. Les dejo los cuadros para que vean la situación mes a mes.
Saldo comercial (exportaciones menos importaciones)
Enero-diciembre 2020: US$ 12.528 millones
Enero-diciembre 2021: US$ 14.751 millones
Enero-mayo 2022: US$ 3.196 millones
Saldo últimos 29 meses: U S$ 30.485 millones
¿Entonces cómo pueden aseverar que faltan dólares?
Ni siquiera la necesidad de importar combustibles rompe nuestra condición de superavitarios. Deberíamos estar apilando reservas en el Banco Central día tras día. Como hace Brasil. No lo hacemos porque se la roban. Así de simple.
Que se exporte mucho menos que lo que se podría exportar (porque hace no redituables determinadas producciones industriales, de servicios y agropecuarias)
Da oportunidades de fraude tanto en sobrefacturación de importaciones como en subfacturación de exportaciones. Ejemplo: actores, programadores de sistemas o periodistas corresponsales facturan desde el exterior para evitar que el estado se apropie del 50% de su trabajo al comprar sus euros o dólares a mitad de precio.
Invita a ahorrar en dólares, porque el artículo más barato resulta ser el dólar.
Los 11 años de retraso cambiario sumados a decisiones de política exterior (integrar el Mercosur) llevan a la desindustrialización y pauperización.
Contrariamente a lo que sostienen las autoridades, esta política de manejo del mercado de cambios, que repito, ha sido sostenida desde el 2011 a la fecha, con gobiernos de distinto signo, desindustrializa y no industrializa. No hace crecer. Se comprueba fácilmente por la caída sostenida del PBI y de la industrialización del país por más de una década.
Por último, si usaran los dólares para crecer, como alegan, ¿Por qué no crecimos? En los últimos 29 meses tuvimos un amplio superávit comercial. ¿Usaron esos US$ 30.400 millones para que la Argentina crezca? No.
¿Por qué lo hacen?
Todo esto, ¿no lo saben? Algunos, que no tienen pensamiento independiente, puede ser que no. Pero la mayoría de mis colegas lo sabe a la perfección. Ciertamente todos los funcionarios públicos que han manejado los ministerios de Economía, Finanzas, Producción y el BCRA.
El régimen sigue porque muchos se benefician. Desde hace décadas. El proyecto actual del gobierno (y del anterior, y del anterior, …, y del anterior) se denomina “vivamos todos del campo”. Las únicas discusiones son por el quantum. Cuánto para vos, cuánto para mí.
Este botín se divide entre funcionarios públicos (canuto, prebendas, departamentos en Miami), la UIA (sólo algunos), ADEFA, ADEBA, receptores de subsidios a la energía y al transporte, proveedores del Estado varios, algunos sindicalistas, algunos líderes de beneficiarios de planes sociales, algunas monedas para asociaciones civiles y fundaciones (ej.: las que se dedican a los DDHH o ecología). Ver EQUILIBRIO INESTABLE.
Por ejemplo: ahora la vicepresidente se pelea con el Movimiento Evita. Es por el quantum. La vicepresidente se quejó de la liberalidad para autorizar importaciones por parte del ministro de producción (20/06/2022). ¿Se enoja porque no llegó la parte?
El proyecto del actual gobierno es claro, lo dijo el presidente el día que asumió: dinero para obra pública (contratistas del estado y funcionarios), farmacéuticas, subsidios a las petroleras, subsidios a la terminales extranjeras automotrices, exenciones impositivas a las mineras, la economía social (eufemismo por tener a la mitad de los trabajadores en negro). ¿Quién paga eso? Los productores agropecuarios. Lo dijo bien clarito. Agrego yo, los trabajadores formales y los jubilados, ambos grupos ignorados en el discurso.
Ningún político: Manes, Patricia Bullrich, Wado de Pedro, Aníbal Fernández, Lousteau, Ocaña, Massa, Máximo Kirchner, Macri, Larreta, Agustín Rossi, Taiana, el que quieran, pone en duda el proyecto, que se denomina “vivamos todos del campo”.
¿Por qué? Porque a ellos les va bien. Los muy ricos han sacado a sus hijos de la Argentina. El sistema se autoalimenta con el botín. Todos esos grupos beneficiarios enumerados aportan mucho dinero en financiar carreras de políticos y carreras académicas en facultades y en “centros de estudios”, “institutos”, etc., en la prensa, tanto para defender sus intereses como para promover actuales o futuros políticos. EQUILIBRIO INESTABLE. A todos ellos les va bien mientras al país (ese contrato intergeneracional que se denomina Argentina) le roban el presente y el futuro.
Con esto logran que tengan a “su” gente en los lugares claves cuando la necesitan. Otro ejemplo más: esta semana están discutiendo en la cámara baja otro proyecto más para privilegiar a la industria automotriz. Con el relato de siempre: cantidad de gente empleada, movimiento de la economía, etc. Cuando todos sabemos que es un cáncer, que ese dinero es mejor aplicado en desarrollar los FFCC y que el déficit comercial automotriz con Brasil es nefasto. Pero no van a escuchar un solo periodista ni un solo político hablar mal de ADEFA o alguno de sus miembros. ¿Por qué? Porque ponen plata cuando tienen que ponerla. Lo mismo se puede decir de los bancos, cuando hoy el mayor gasto estatal son los intereses de las LELIQs.
Estas personas y estos grupos son nuestra restricción interna.
Quienes estamos indefensos, ya sabemos qué tenemos que hacer.
Hoy la República Argentina es inestable no por los que pierden, sino, paradójicamente, por quienes ganan.
* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).
El superávit 2003-2019 del balance comercial de bienes fue de U$D 233,5 mil millones. En ese lapso la industria automotriz nos consumió un déficit de más de U$D 75 mil millones. ¿Dónde nace el amor?
Las autoridades argentinas sostienen que en Argentina faltan dólares. A esa supuesta situación la llaman pomposamente “restricción externa”.
La usan para justificar por qué el país cada día está peor, los sueldos son cada vez más miserables y todo se cae a pedazos. La justificación sería más o menos así: “si tuviéramos dólares – que no tenemos por la ‘restricción externa’ – invertiríamos en infraestructura, fábricas, obras públicas y privadas, seríamos prósperos y felices; lamentablemente, como no tenemos dólares, somos pobres o mejor dicho, ustedes los comunes son pobres”. (*)
El actual régimen no va a generar las condiciones para que haya una economía en crecimiento, con trabajo formal, buenos salarios y seguridad social. Por varias razones: 1) no está dentro de sus objetivos sino todo lo contrario, […]; 2) porque la reducción de la economía y en particular de la economía formal es una restricción externa que nuestros interventores prolijamente instrumentan, 3) es un gran negocio, 4) la precarización laboral, la desocupación y la red de seguridad social son un caballito de batalla de los organismos internacionales para con los países con pasado industrial y con cultura sindical.
Cristina Fernández explica cómo entiende que funciona el tipo de cambio. Sus ideas son relevantes porque reflejan la ideología predominante en la mayoría de legisladores, políticos, funcionarios y economistas.
Ejemplo: informe BCRA “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019”, página 4 [3.3.]:
“En una economía que históricamente encuentra en la restricción externa (esto es, la insuficiencia crónica de divisas) uno de los principales límites al desarrollo, los más de USD 86 mil millones que se fugaron en concepto de formación de activos externos tienen su equivalencia en términos de menor crecimiento e inversión, mayor desempleo y deterioro en la distribución del ingreso”. [La negrita me pertenece].
Según las autoridades (de este gobierno y del anterior, del anterior del anterior y los previos) necesitamos dólares “para crecer”, por lo cual el gobierno o se apoderan de los dólares de los particulares o bien endeudan al país para que “haya dólares”. En realidad, quieren tener dólares en el BCRA para poder manipular el tipo de cambio a la baja (poner al dólar artificialmente bajo). Esto se logra si la oferta es mayor que la demanda. Los gobiernos del SXXI lo han intentado con todos los mecanismos posibles. Ej: restringir la compra de dólares (para que caiga la demanda), obligar a vender dólares, o endeudarnos con el exterior para “quemar” los dólares en el mercado (lo hizo Cristina Fernández al final de su segundo mandato y Mauricio Macri). De hecho la política cambiaria es una sola desde el segundo gobierno de C. Fernández a hoy. No por coincidencia sino por causalidad, la economía argentina no crece desde que se ha convertido en política de estado mantener el dólar artificialmente bajo.
El discurso oficial de las autoridades monetarias y económicas es que hay que tener dólares “baratos” para controlar el precio de los productos domésticos, en particular de alimentos y así “controlar” la inflación. Es mentira. ¿Por qué mienten? ¿Por qué quieren un dólar barato si no es para controlar el precio del pan y del kilo de pollo? Fácil: para comprar ellos dólares baratos. El costo de la canasta familiar es sólo una pantalla. ¿Quiénes son ellos? Los gobernantes, porque el canuto lo tienen en dólares o euros, y los amigos del poder, para comprar dólares baratos y sacarlos de la circulación de la economía argentina. Comprar dólares a mitad de precio es el mejor negocio que hay hoy en Argentina, que hace irrelevante cualquier otra actividad económica. Mejor que traficar drogas, personas o armas.
Recuerdo al Malevo Ferreyra cuando se voló la tapa de los sesos.
Viendo de reojo los comentarios sobre la nota de la semana pasada, encontré uno muy reconfortante.
Un señor dijo: “Por más que lo critiquen, el gaucho siempre te cuenta una verdad”.
Muchas gracias señor Bercovsky… Por leer, por afirmar que cuento la verdad y por llamarme “gaucho”, el mejor y más lindo adjetivo calificativo argentino que uno puede recibir.
La verdad que tengo para hoy se refiere a la visita que hice al penal de Ezeiza.
Con el retorno del kirchnerismo al gobierno, las cosas se complicaron aún más para ver a los militares presos.
Justicia y Concordia ya no tiene pase, lo cual hizo que fuera medio un calvario poder entrar.
Llegar a Ezeiza es una aventura en la jungla.
Luego de sortear todo tipo de dificultades, llegamos al penal, donde tuvimos que dejar el auto afuera, por nueva disposición de la justicia y el servicio penitenciario, intervenido por Garrigós de Rébori, fundadora y presidente de la agrupación kirchnerista Justicia Legítima.
Nos despojaron de todos los elementos personales, tomaron nuestros datos y huellas dactilares. Revisaron nuestra ropa, bolsillos y demás, pasamos por el arco electrónico y caminamos hasta el sum donde los presos reciben visitas.
Nadie los visita más que tres locos y una bolsa de facturas. Los sándwiches de miga te los sacan en la guardia.
Preside el sum una imagen del Cristo crucificado con la Virgen de Luján a su izquierda y la de San Nicolás a su derecha.
Esperamos un par de minutos hasta que los guardias trajeron a los presos. Todos ex oficiales de la Armada Argentina, munidos de sus termos con agua caliente para convidarnos con té o café.
Conversaron con mucho interés y entusiasmo. Comimos facturas y tomamos té servido por los oficiales en tazas y cucharas de plástico descartables, usadas y lavadas varias veces.
Para ellos fue una fiesta que agradecieron en varias oportunidades.
Contestaron todo lo que pregunté sin rehuir de los temas. Están en paz por haber cumplido con lo que la patria les demandó y para lo cual fueron preparados y entrenados.
Tienen fortaleza de espíritu, aunque se saben abandonados por una sociedad que les dio la espalda y los olvidó, hasta que mueran en su celda.
Infobae publicó un artículo de Daniel Cecchini, viejo odiador de todo lo castrense.
La radio anunció que próximamente se estrenará la película “1985” con la actuación de Ricardo Darín rememorando los juicios a las juntas militares.
Nunca descansan, no cesa el fuego porque la guerra no terminó.
Permanentemente los medios de comunicación y el arte producen contenidos sobre lo que se denomina “La Dictadura” que sirve a los argentinos para expiar nuestros demonios.
Así nos liberamos de la culpa, poniéndola toda sobre los hombros de los malditos “represores terroristas de estado”.
Hacen de Videla el demonio mayor, pero tienen cientos… miles más en la mazmorra.
Por ellos no puede haber gloria en Malvinas, ni heroísmo y coraje en el operativo independencia.
El Sargento Cabral es el único soldado heroico que acepta el relato implacable.
Recuerdo al Malevo Ferreyra cuando se voló la tapa de los sesos para dejarle el cuerpo a los caranchos de la orga. La suerte estaba echada y él no quiso prestarse a la farsa de la industria del juicio y las indemnizaciones.
Los soldados y policías todos presos, pero Horacio Verbitsky y la memoria de Rodolfo Walsh al frente de la inteligencia montonera, mañana 2 de julio, festejan un aniversario más de su atentado más sangriento, la bomba en el comedor policial.
23 familias argentinas cuyas muertes aún siguen impunes después de 46 años… todavía esperan.
¿A esto se le puede llamar justicia? ¿Dónde está la igualdad ante la ley?