COMPETENCIA Y COOPERACIÓN ENTRE CHINA Y LOS ESTADOS UNIDOS Y LA OCTAVA PRIORIDAD

Giancarlo Elia Valori*

A mediados de marzo, el presidente estadounidense Biden celebró su primera conferencia de prensa desde que asumió el cargo. Hablando de las relaciones entre China y EEUU, Biden dijo: “Evitaré que China supere a los Estados Unidos de América durante mi mandato”. Al mismo tiempo, también subrayó que no buscaría enfrentarse a China, sino mantener una feroz competencia entre los dos países.

Centrarse en la competencia entre las principales potencias es uno de los cambios importantes en la política exterior estadounidense en los últimos años. A medida que las fortalezas de China y Estados Unidos se acercan, Estados Unidos siente cada vez más que su propia “hegemonía” está amenazada. Durante el mandato de Trump, Estados Unidos puesto en marcha una guerra comercial, una guerra tecnológica e incluso un desacuerdo total con China en un intento de frenar el impulso de desarrollo de China y erosionar las posiciones chinas.

La expansión del campo competitivo y la escalada de la situación competitiva se han convertido en las señas de identidad de las relaciones sino-estadounidenses durante este período. Aunque la línea política de Biden ha buscado cambios sustanciales con el “trumpismo”, todavía mantiene gran parte del legado de su predecesor con respecto a su política hacia China.

El primer discurso de política exterior pronunciado por el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Tony Blinken, incluyó al Desafío Chino como la octava prioridad, precedida por:

1) poner fin a la pandemia COVID-19;

2) superar la crisis económica, reactivar la economía en el país y en el extranjero, así como construir una economía mundial más estable e inclusiva;

3) renovar la democracia;

4) reformar la inmigración y crear un sistema de inmigración humano y eficaz;

5) reconstruir alianzas, revitalizar los lazos de EEUU con aliados y socios con el sistema que el ejército llama multiplicador de fuerza;

6) lucha contra el cambio climático y liderar una revolución energética verde;

7) asegurar el liderazgo de los Estados Unidos en tecnología; y

8) enfrentar a China y gestionar la mayor prueba geopolítica del siglo XXI, es decir, las relaciones con China, que es el único país con poder económico, diplomático, militar y tecnológico que desafía seriamente el sistema internacional y el equilibrio.

La octava directriz a mediano plazo para la estrategia de seguridad nacional considera a China un competidor importante. Estas directrices muestran claramente que la competencia sigue marcando la pauta en la forma en que la Administración del Presidente Biden administra las relaciones con China, como fue el caso en el período de cuatro años anterior.

En una conferencia de prensa el 26 de marzo de 2021, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino Hua Chunying dijo que las declaraciones anteriores no eran sorprendentes. Está claro que China y los Estados Unidos están compitiendo en diferentes niveles de interés.

El factor clave, sin embargo, es competir justamente y mejorarse a sí mismo. El atractivo para el otro lado es moderación, no vida o muerte, o un juego de suma cero. Estas palabras van en la misma línea que la declaración del Ministro de Relaciones Exteriores Wang Yi cuando habló sobre las relaciones Sino-EEUU en una sesión del Congreso Nacional de Representantes Populares de la República Popular China (el Parlamento chino). No es sólo una respuesta a la estrategia estadounidense de competencia con China, sino que también proporciona un modelo para la forma futura en que las superpotencias deben proceder juntas.

La realidad de la competencia entre China y EEU es inevitable, pero la competencia se puede dividir en benigna y viciosa. El primero es un modelo ganador para “superarse a sí mismo y entender las necesidades del otro lado”.

Desde las reformas de Deng Xiaping y su apertura al comercio internacional, China ha comenzado su propia reconstrucción. Ha ampliado continuamente el alcance de la competencia benigna y ha cambiado su mentalidad al abrazar activamente a los diferentes partidos políticos del mundo y participar en la competencia internacional. También ha inspirado entusiasmo por la innovación y la creatividad y ha progresado en diversos campos.

Al mismo tiempo, el desarrollo también ha proporcionado amplias oportunidades para los países de todo el mundo e inyectado impulso de crecimiento en la economía global: este es un ejemplo típico de la buena interacción y el desarrollo común de China con todos los países del mundo.

Por el contrario, la competencia feroz significa romper reglas y sistemas e incluso romper la línea de demarcación para prevenir o contener al oponente, y esto suele ir seguido de conflictos feroces.

Las dos guerras mundiales del siglo pasado fueron ejemplos extremos de competencia violenta entre grandes potencias: la primera como un choque entre imperialismos capitalistas en busca de nuevos mercados; el segundo como resultado de los errores cometidos en los tratados de paz que pusieron fin a la Gran Guerra, saqueando a los perdedores y causando miseria, resentimiento y deseos machistas.

En el mundo de hoy, la competencia sin respeto por el otro lado no ha desaparecido de la escena de la historia. La frenética actividad anti-China de la Administración Trump en los últimos cuatro años no sólo no ha logrado hacer a EEUU “grande de nuevo”, sino que ha causado una disminución lineal en su competitividad nacional, al menos según el World Competitiveness Yearbook 2020, publicado por el Instituto Internacional para el Desarrollo de la Gestión, con sede en Lausana, que ve a EEUU caer del tercer al décimo lugar. Además del hecho de que su imagen internacional se ha desplomado seriamente y las relaciones entre China y EEUU han alcanzado el nivel más bajo desde el establecimiento de relaciones diplomáticas. Se puede ver claramente que la competencia feroz sólo restringirá a sus promotores y, en última instancia, perjudicará a los demás, a sí mismos y a la comunidad internacional.

En diciembre de 2020, el general Mark Alexander Milley, Presidente del Estado Mayor Conjunto (un organismo que reúne a los Jefes de Estado Mayor de cada rama del ejército estadounidense y al Jefe de la Oficina de la Guardia Nacional), dijo en una entrevista que “las grandes potencias deben competir. Esta es la esencia del mundo”. No hay ningún problema con esta afirmación: no está mal, pero es importante mantener un estado de competencia y contacto entre las grandes potencias, precisamente para asegurar que no se convierta en conflictos o guerras que sean fatales para la humanidad y el planeta en su conjunto.

La esencia del discurso muestra que algunas élites estadounidenses también creen que China y Estados Unidos deben adherirse al principio de “luchar sin romperse”. La importancia y la naturaleza general y estratégica de las relaciones Sino-EEUU determinan que nadie puede permitirse el juego de suma cero, que es una pérdida-pérdida en lugar de un juego de ganar-ganar. Por lo tanto, tenemos que asegurarnos de que la competencia entre los dos países se mantenga en el camino correcto.

La competencia entre China y los Estados Unidos sólo puede ser justa y basarse en normas y leyes. Esta es la regla básica de las relaciones internacionales, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas como punto de referencia.

Independientemente de los intereses comunes de China, los Estados Unidos o los pueblos del mundo, ambos países deberían hacer que este sistema promoviera una competencia sana y justa, convirtiéndolo así en el mayor valor de la participación y la cooperación.

El objetivo de China nunca ha sido superar a los Estados Unidos, pero avanzar constantemente y ser mejor y ya no ser presa del imperialismo y el colonialismo como ha sido el caso desde el siglo XIX, cuando el Reino Unido emprendió las dos Guerras del Opio (1839-1842 – 1856-1860) para tener no sólo la oportunidad, sino también el derecho a exportar drogas al Imperio Medio, de ahí que Londres fue el primer agresor facultado y autorizado por la fuerza de sus armas.

Aunque —por su propia buena fortuna— Estados Unidos nunca ha sido Inglaterra, no siempre debería estar pensando en superar a los demás o temer ser superado por los demás, sino que debería centrarse particularmente en las primeras siete prioridades del Secretario de Estado Blinken y elevar sus expectativas.

China debería mostrar su sabiduría política tradicional y administrar las relaciones con EEUU de acuerdo con los principios de no conflicto, no confrontación, respeto mutuo y cooperación para ganar-ganar, para que las relaciones sino-estadounidenses puedan desarrollarse de una manera saludable y estable para el bien de todo el planeta.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Porhibida su reproducción.

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LA REUNIÓN DE INFORMACIÓN EN INTELIGENCIA

Marcelo Javier de los Reyes*

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

La buena inteligencia es el preludio de la victoria.

Sun Zi

 

La inteligencia se vale de diversas técnicas y herramientas para la reunión de información. Puede clasificarse a partir de las fuentes o de los medios de obtención.

A partir de las fuentes de información pueden clasificarse en públicas o abiertas y cerradas. Las públicas o abiertas, también conocidas con la sigla OSINT ―por su nombre en inglés Open Source Information Intelligence― son las que se obtienen a partir de los medios de comunicación social como diarios, revistas, libros y otro tipo de publicaciones, televisión, radio, Internet, medios alternativos de comunicación, estadísticas, etc., así como a partir de la concurrencia a congresos y seminarios académicos.

Las fuentes abiertas “están ahí”, son de fácil acceso, están al alcance de cualquier ciudadano pero pueden proporcionar indicios que lleven a la profundización de una determinada información por medios propios de la inteligencia, a la confección de un requerimiento a otros organismos, etc. Se estimaba que durante la época de la Guerra Fría las fuentes abiertas proporcionaban el 90% de la información que utiliza una agencia de inteligencia pero en el presente es muy probable que ese porcentaje sea aún mayor, sobre todo teniendo en cuenta el volumen de información que circula por medios impresos y electrónicos. Esta abundancia de información deriva en una mayor dificultad para procesarla y en lo que también se ha dado en llamar infoxicación.

La información abierta requiere de una cuidadosa lectura e interpretación, de una confrontación o “triangulación” con otras informaciones.

Markus Wolf, quien durante treinta y dos años se desempeñó como jefe del Ministerium für Staatssicherheit de la República Democrática de Alemania —más conocido como Stasi— se refiere a su colega Robert Korb de la siguiente manera:

Era un analista brillante, que me enseñó a considerar con escepticismo los informes provenientes del trabajo de campo, y así pronto llegamos a la conclusión de que una lectura cuidadosa de la prensa a menudo ofrecía resultados muy superiores a los informes secretos de los agentes, y de que nuestros propios analistas debían extraer conclusiones independientes de distintas fuentes, con el fin de evaluar el material de inteligencia en bruto. He continuado adhiriéndome a este concepto desde entonces.[1]

En este sentido, también es oportuno citar a Raúl Sohr:

Aunque cueste creerlo, 90 por ciento de la información que nutre a los servicios proviene de fuentes abiertas: documentos de gobierno, balances de empresa, organizaciones políticas, estudios académicos, compendios estadísticos y, por supuesto, la prensa. Cada día se acumulan cientos de toneladas, por cuantificar de alguna forma, de antecedentes e informes. ¿Cuáles son los relevantes y cuáles no? He aquí el dilema. Todo depende de lo que se busca y de la evaluación de las fuentes.[2]

En contraposición a la abierta, la información cerrada obedece —en general— a la forma de obtención que se realiza a través de medios humanos o de medios técnicos.

Estos medios de obtención se agrupan en lo que se denominan disciplinas de la inteligencia conocidas en inglés como intelligence collection disciplines. Esto permite entonces, hablar de otro tipo de clasificación que distingue entre medios humanos o medios técnicos.

La forma “tradicional” de obtención de información, la más antigua, es la que se produce a través de medios humanos y aquí vale mencionar las fuentes históricas de la Biblia y del Arte de la guerra de Sun Zi[3] —más conocido como Sun Tzu—, textos que nos brindan claros ejemplos de la obtención de información por esos medios ―espionaje― en la antigüedad.

A esta fuente se la conoce como inteligencia humana y se la denomina por su sigla en inglés: HUMINT (Human Intelligence). Se encuadran dentro de esta forma la fuente primaria de la actividad de inteligencia, es decir el espionaje que abarca el reconocimiento directo, la observación, la utilización de informantes, las operaciones basadas en la actividad de dobles agentes, operaciones realizadas con cobertura y el análisis de la información obtenida tanto por medios humanos como técnicos.

De esa manera se puede obtener documentación, información que puede aportar pruebas de actividades de sabotaje, de insurgencia, de terrorismo o, incluso, poner en evidencia las fortalezas y/o vulnerabilidades de un Estado o de una empresa o de una persona.

La inteligencia humana si bien supera en muchos aspectos a la inteligencia obtenida por medios técnicos presenta algunas limitaciones derivadas de los tiempos de obtención, de verificación y de análisis. Del mismo modo, por tratarse de información humana entra en juego la subjetividad, lo cual lleva a los diferentes grados de confiabilidad que se le puede otorgar.

Cuando se utilizan medios técnicos se la puede agrupar en TECHINT, inteligencia tecnológica, la cual puede agrupar, de un modo sintético, a la IMINT, inteligencia de imágenes, la SIGINT, inteligencia de señales (comunicaciones, electrónica y telemetría), a la RADINT, inteligencia de radar (proporciona señales enviadas o recibidas por radar) y a la MASINT, inteligencia obtenida del análisis cualitativo y cuantitativo de datos y parámetros de medida (mediciones e identificaciones).

Dentro de esta clasificación, a su vez, cada grupo cuenta con otras técnicas que no ameritan ser mencionadas a los efectos de esta investigación.

Las ventajas de la información obtenida por medios técnicos residen en su rapidez y en su confiabilidad pero siempre está supeditada a una interpretación humana.

En numerosos casos actúa como una información complementaria a la obtenida a través de medios humanos.

Sin embargo, toda esta “aparatología” tan eficiente puesta al servicio de la inteligencia requiere recordar ciertos principios básicos:

    • la tecnología por sí sola no elabora conocimiento;
    • el análisis humano, aun hoy, sigue siendo el principal elemento en la producción de inteligencia;
    • el análisis humano posee una flexibilidad en los procesos de la que carecen los medios técnicos.

Debe tenerse presente que desde los orígenes de la inteligencia los avances técnicos la han ido acompañando y, en las últimas décadas, la tecnología ha sido de una gran utilidad, al punto que les ha permitido a determinadas agencias una vigilancia omnipresente, una vigilancia masiva.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] Markus Wolf. El hombre sin rostro. La autobiografía del gran maestro del espionaje comunista. Buenos Aires: Javier Vergara, 1997, p. 65.

[2] Raúl Sohr. Claves para entender la guerra. Barcelona: Mondadori, 2003, p. 218.

[3] Zi corresponde a una fórmula de respeto o título de nobleza para algunas personas distinguidas y no es un nombre propio. Tal es el caso, también, de Kong Fu Zi, es decir, Confucio.

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EL ANÁLISIS DE LA EVOLUCIÓN DE LAS RELACIONES ENTRE TURQUÍA E ISRAEL

Giancarlo Elia Valori*

El temor a la Administración de Biden, la preocupación por los Acuerdos de Abraham (véase más adelante), el posicionamiento del estatus geopolítico en Medio Oriente y la salvaguardia de los intereses en Israel son los principales factores a través de los cuales el Presidente turco Recep Tayyip Erdoğan busca mejorar las relaciones con Israel que, sin embargo, conecta con los palestinos.

Las declaraciones del presidente turco Erdoğan sobre los acontecimientos en las relaciones con Israel han confirmado los informes de los medios de comunicación sobre sus repetidos intentos de llegar a un entendimiento sobre varias cuestiones controvertidas, así como allanar el camino para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Las declaraciones del presidente Erdoğan, así como de otros funcionarios turcos, han subrayado la conexión entre el cambio en las relaciones turco-israelíes y la política de Israel hacia la cuestión palestina.

El “principio de vinculación” que conecta las dos cuestiones ha sido un factor clave en la política exterior turca desde la década de 1950, y opera en el rango entre las palabras y las acciones, que a veces también han dado lugar a graves crisis en las relaciones entre los dos países.

En ese momento Turquía se opuso al plan de partición, pero reconoció a Israel y mantuvo relaciones diplomáticas con ese país. Las relaciones fueron suspendidas después de la segunda guerra árabe-israelí en 1956, cuando Turquía llamó a su representante diplomático en Tel Aviv, anunciando que no regresaría allí “hasta que se encontrara una solución justa a la cuestión palestina de acuerdo con las resoluciones de la ONU”.

Después de llegar al poder, el presidente Erdoğan ha desarrollado el mencionado “principio de vinculación”. En el contexto de las acciones de Israel con los palestinos, Turquía ha aumentado su apoyo político y económico a sus hermanos musulmanes y ha sido causa de crisis.

Las recientes declaraciones del Presidente Erdoğan se han hecho en el contexto de esta política: por un lado, el presidente turco ha expresado el deseo de su país de mejorar las relaciones con Israel y continuar la cooperación en materia de inteligencia; por otro lado, ha mantenido que el trato de Israel a los palestinos es “inaceptable”.

Es importante señalar que Turquía no renunciará al “principio de vinculación”, que difiere del principio de la nueva normalización árabe, basado en la separación entre la cuestión palestina y las relaciones con Israel. Los llamados Acuerdos Abraham, como el reconocimiento del Estado de Israel por los Emiratos Árabes Unidos en septiembre del año pasado: el tercer país árabe en reconocer formalmente a Israel, después de Egipto y Jordania; el cuarto si consideramos el reconocimiento “congelado” de Mauritania.

La política aplicada por el presidente Erdoğan no sólo está moldeada por las relaciones exteriores, sino que también es una cuestión interna turca en la que la opinión pública desempeña un papel clave. Parece que hasta que no se celebren elecciones en Turquía (previstas para el 25 de junio de 2023), no habrá una normalización completa con Israel. La mayoría de la población turca apoya a los palestinos y sus derechos, siente plena solidaridad por ellos y se opone a la presencia israelí.

Además, el presidente Erdoğan considera la cuestión palestina como un factor importante en la construcción de una renovada identidad nacional musulmana turca. Estas posturas aumentan su popularidad y fortalecen el apoyo de la gente a él y a su partido, así como su autoridad y prestigio en el mundo musulmán.

Al mismo tiempo, sin embargo, esta política también tiene implicaciones pragmáticas: el presidente Erdoğan no está cortando lazos con Israel, sino simplemente creando acciones que conducen a síntomas de crisis “diplomáticas”. A pesar de esta actitud de esperar y ver, los lazos económicos entre Turquía e Israel están floreciendo. Según datos oficiales, en 2018 las exportaciones de Turquía a Israel valían 6.500 millones de dólares e importaron 1.900 millones de dólares (excluyendo el comercio de diamantes y el turismo).

Tras la crisis de las relaciones y la expulsión del embajador israelí de Turquía (mayo de 2018), las exportaciones habían caído a 4.000 millones de dólares en 2019 y las importaciones a 1.700 millones de dólares. Aunque están disminuyendo, todavía hay profundos lazos económicos.

Las relaciones comerciales, sin embargo, no son el factor decisivo para determinar la naturaleza de las relaciones entre Turquía e Israel. Hay cuatro cuestiones que se cree que llevaron a Turquía a revisar sus relaciones con Israel:

  1. Turquía ha dado la bienvenida al nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, con cautela y temor de que se oponga a las actividades turcas en la región. El líder estadounidense también puede ser muy duro con la seguridad, el armamento y los derechos de las minorías en Turquía. Algunos creen que la mejora de las relaciones con Israel calmará la situación con el presidente Biden, y el Congreso estadounidense y el lobby sionista podrán contribuir a este resultado. No se sabe, sin embargo, si el primer ministro Benjamín Netanyahu será tan buen mediador con Biden como lo fue con Donald Trump.
  2. Turquía está tratando de eliminar el aislamiento que se le impone debido a la distribución de zonas económicas marinas en la zona del Mediterráneo oriental, y está tratando de poner a Israel de su lado para desarrollar una postura conjunta y oponerse a tales subdivisiones Según fuentes israelíes, Turquía ha hecho a Israel una generosa oferta para expandir su área de control sobre las zonas económicas marinas, a cambio de que Turquía se ponga del lado de Grecia, Chipre y Egipto. Israel ha reaccionado con cautela, tanto porque sopesa mucho las intenciones del presidente Erdogan como porque está realmente interesado en fortalecer sus relaciones con los países mencionados anteriormente.
  3. Turquía está preocupada por los Acuerdos de Abraham para la normalización con Israel, en particular el antes mencionado con los Emiratos Árabes Unidos, y Turquía tiene como objetivo limitar su influencia y estatus como una nueva “empresa” de rivales árabes. Turquía intenta desmantelar una creciente alianza entre los países árabes e Israel. Después de todo, nos preguntamos por qué Turquía no está tratando en cambio de mejorar sus lazos con los países árabes para lograr el mismo objetivo. ¿Podría seguir siendo por la historia y la aversión mutua tradicional?
  4. Turquía está tratando de aliviar la presión sobre sus actividades en Israel y Palestina como resultado de la posible mejora de las relaciones con Israel. Turquía financia proyectos importantes en Jerusalén e Israel está tratando de contenerlo y frenarlo. Por el contrario, una mejora en las relaciones entre Israel y Turquía podría liberar el freno israelí.

Hasta la fecha, no se ha dado respuesta oficial israelí a las declaraciones turcas. Los medios de comunicación de Israel hablan de sospecha y frialdad en respuesta al acercamiento turco, con temores de que el presidente Erdoğan esté preparando una estratagema, un truco dirigido no a mejorar sus relaciones con Israel, sino a sabotear las relaciones y contactos de Israel con otros países.

Sin embargo, las filtraciones de altos funcionarios israelíes indican que su país ha establecido condiciones para restablecer las relaciones, que incluyen poner fin a los lazos de Turquía con Hamas y transferir proyectos turcos a Jerusalén a través de canales israelíes, así como abstenerse de votar contra Israel en organizaciones internacionales y adoptar una posición equilibrada entre Israel y los palestinos.

Aún no está claro cuál será el destino de las relaciones entre Turquía e Israel en los próximos meses, con el presidente Biden en la Casa Blanca y después de las elecciones israelíes celebradas el 23 de marzo de 2021. Sin embargo, es importante señalar que Turquía no renunciará al “principio de vinculación», que difiere del nuevo principio de normalización árabe, basado en la separación entre la cuestión palestina y las relaciones con Israel.

El “principio de vinculación” turco es una necesidad real para Turquía, por lo tanto, los líderes palestinos deben trabajar con Turquía para maximizar los objetivos comunes, especialmente con respecto a Jerusalén, la mezquita de Al-Aqsa y Gaza.

No es fácil de hacer, pero tampoco imposible.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Porhibida su reproducción.

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