TRIBUTO A JEAN MARIE LE PEN

Enric Ravello Barber*

Los años pasan y las generaciones van dejando su lugar a las que vienen detrás; es ley de vida. Mi generación es la de los que empezamos a militar a principios de los 80, vivimos los últimos momentos de los «años más duros» y tuvimos la suerte de formarnos durante el momento intelectual más brillante del pensamiento nacionalista e identitario de la segunda post-guerra europea.

Nosotros y todos los nacionalistas europeos posteriores al 45 hemos sido, somos y seremos gracias a dos cosas:

El MSI y las organizaciones «extra-parlamentarias italianas» que fueron capaces de mantener la llama ―nunca mejor dicho― en la noche más oscura, y lo hicieron «a cualquier precio».

Y Jean Marie Le Pen, que nos demostró que esa llama no era sólo memoria, sino que también era victoria. Él nos enseñó que se podía volver a ganar, esa es su gran contribución, ésa es la gran deuda que tenemos con él.

Es altamente simbólico que Jean Marie Le Pen le pidiera a Giorgo Almirante poder usar la «fiamma misina» adaptada a los colores de Francia.

Yo tuve el honor de conocerle personalmente durante un acto en Tokio organizado por el entonces número dos del Front National, Bruno Gollnish, otro hombre admirable en todos los sentidos. Lo conocí en conversación personal, durante cenas y comidas, donde demostraba presencia, educación, curiosidad, respeto y en una rueda de prensa donde pude ver su verdadera dimensión política. Durante dos horas periodistas de las principales cadenas del mundo sometieron a Jean Marie Le Pen a una incesante batería de preguntas sobre todas las cuestiones posibles; fueron literalmente triturados por un Le Pen que demostró una gran capacidad dialéctica, pero ―sobre todo― una solidez intelectual y argumental sobre los más variados temas realmente sorprendente hasta lo impactante.  Una lección magistral que nunca se podrá olvidar: de la política a la historia, de la geopolítica a la literatura, del arte a la actualidad, toda pregunta rebuscada era contestada sin titubeos de forma sólida, precisa y coherente. Los periodistas que pretendían acorralar al gran Tribuno terminaron por agachar sus cabezas y rendirse ante su manifiesta inferioridad.  Al día siguiente, Le Pen encebezó en Kioto una comitiva para rendir honores a los japoneses muertos durante la Segunda Guerra Mundial: brillantez intelectual y valentía personal y política. Ese fue el gran Jean Marie Le Pen.

Jean Marie Le Pen y Enric Ravello Barber 

También recuerdo la cena de esa noche, en un maravilloso restaurante tradicional japonés, invitados por un cantante de ópera admirador de Yukio Mishima.  Después de la cena recuerdo que un reducidísimo coro de cuatro personas encabezado por el propio Jean Marie terminamos cantando el famoso «Clavelitos».

Hay quien señala puntos de desacuerdo con Le Pen o posiciones concretas que no comparte, por supuesto, las hay, todos las tenemos, pero Le Pen fue ―conscientemente o no― la encarnación de la Tradición europea ―en su caso con fuerte acento francés y… bretón―, eso es lo que le sitúa en un plano superior. Le Pen era la Europa viva que estaba en lucha, precisamente por eso el establishment francés, europeo y mundial trató de arrinconarlo y desprestigiarlo. Nunca lo consiguieron.

Recuerdo que antes de las elecciones presidenciales francesas de 2002 mantuve una conversación con el famoso diplomático y escritor chileno Miguel Serrano. Él, viendo esa faceta metahistórica de Le Pen, me escribió una carta después de conocerse los resultados de la primera vuelta, decía esto:

«Estamos muy contentos con los resultados obtenidos en las elecciones por Le Pen. Nos imaginamos que ustedes también y mucho ¡Felicitaciones!

Tremenda es la lucha que le espera en las próximas semanas. Estaremos apoyándole».

Como dice Filip Dewinter Jean Marie Le Pen fue nuestro padrino, de todos los que ―en distintas formas y con varios matices― aún luchamos por la identidad de los europeos. Ahora nos toca seguir en esa lucha. Esa tremenda lucha es nuestro deber diario.

Seremos dignos.

 

* Presidente de la Asociación de Amistad Euro Sudamericana (AAESA), https://aaesa.org/.

 

Artículo publicado por Euro-Sinergias, https://euro-sinergias.blogspot.com/2025/01/tributo-jean-marie-le-pen.html.

LA FECHA DE LA NAVIDAD

Julio Ferrari Freyre*

Hemos pasado el tiempo litúrgico de Adviento, es decir en las postrimerías del año calendario gregoriano, momento en que los cristianos celebramos la Asunción de la Virgen María, la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, fiesta de la Sagrada Familia, de María Madre de Dios y el Año Nuevo, más el Día de los Reyes Magos. Y para otros será, el Janucá de los judíos el 25 de diciembre (25 de Klisev), o el año nuevo Lunar, el 29 de enero de 2025, también llamado Seollal, Tsagaan Sar, Losar, Tết, Año Nuevo Chino o (según el Partido Comunista Chino) Festival de Primavera[1]. Toda una colección de feriados y festividades para alegrar el cierre de un ejercicio y el comienzo de uno nuevo: lamentar lo que no pudimos hacer y alegrarnos porque tenemos un año para concretar múltiples proyectos, pero primero las vacaciones veraniegas que tanto nos gusta a nosotros y a nuestras familias.

En estos días se puede escuchar de mucha gente, cultos y no tanto, cristianos serios y no tanto, ateos o agnósticos, que la fecha de la Natividad de Nuestro Señor fue erigida por los primeros seguidores de Cristo para «tapar» una festividad pagana romana; pero nadie se pregunta de qué festividad pagana se trata. ¿Tenía que ver con la religión greco-romana de la época? ¿Se celebraba algún hito en la historia de la República o del Imperio? ¿Se conmemoraba alguna fecha especial del complicado calendario romano o el «inventado» por Julio César y usado en el Imperio?

Por ser fin de año dejé de lado la imponente Espasa Calpe que decora mi biblioteca y fui al deficiente y tendencioso pero útil y práctico Wikipedia para sacarme la duda. Allí leí que: «la celebración de esta fiesta el 25 de diciembre se debe a celebraciones mediterráneas relacionadas con el solsticio de invierno, principalmente el Sol invictus y la Saturnalia que habrían sido adaptados por los cristianos en el siglo III» y que «El papa Julio I pidió en 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado en esa misma fecha y finalmente el papa Liberio decreta este día como el nacimiento de Jesús de Nazaret en 354»[2].

Según esta versión, la fecha de Navidad se debió a una operación de contra inteligencia para atacar las festividades de los malvados paganos que pululaban por el Imperio Romano.

Sin embargo, mi curiosidad no estaba satisfecha y seguí investigando el tema con interesantes hallazgos para esclarecer mis propias dudas surgidas, tal vez, por una deficiente educación religiosa o por el bombardeo de propaganda laicista del momento que nos toca vivir.

Así encontré que tenemos dos festividades romanas a fines de diciembre, a falta de una, a ser censurada por ser pagana. Entre el 17 y 23 de diciembre el pueblo romano celebraba Saturnalia. Con la ayuda de Wikipedia descubrí que este festejo comenzó en el año 217 a.C. dedicado a Saturno, dios de la agricultura, y que simbolizaba el fin del trabajo en el campo, o sea la cosecha. Incluía un banquete público «intercambio de regalos, continuo festejo, y un ambiente de carnaval en el que se producía una relajación de las normas sociales»[3].

La otra festividad romana a ser censurada era día del “Sol Invicto”, Dies Natalis Solis Invicti en latín, que se empezó a agendar en 274 y fue un invento del Emperador Aureliano para fortalecer y en cierta medida extender los festejos de la Saturnalia. El Sol Invictus se celebraba el 25 de diciembre según algunas fuentes como Wikipedia, o el 27 de diciembre según otras[4]. Ahora bien, en el año 221 Sexto Julio Africano, un muy respetado historiador, fija la fecha del nacimiento de Nuestro Señor el 25 de diciembre en su monumental Chronographiai, medio siglo antes de la invención del Sol Invictus [5].

Esto lleva a pensar más bien que la celebración del Sol Invictus se haya inventado por la creciente influencia del festejo del nacimiento de Cristo y por lo tanto esta fecha pagana carece de influencia directa en el día que celebramos la Navidad.

Más aún, antes de esas fechas Telésforo, segundo Obispo de Roma entre 125 y 136, había declarado a los feligreses que la Natividad de Nuestro Señor debería festejarse a fines de diciembre[6].

En la correspondencia de San Cirilo de Jerusalén (348-386) y el Papa San Julio I (337-352), aquel le pide al Sumo Pontífice que le asigne al Nacimiento de Jesús su verdadera fecha «tomándola de los documentos del censo traídos por Tito a Roma». En 350 el Papa Julio I fijó que el nacimiento de Cristo fuera celebrado el 25 de diciembre y cuatro años después; el Papa Liberio decreta ese día como el nacimiento de Jesús[7].

Algunas versiones sostienen que Jesús no podría haber nacido en diciembre porque los pastores y sus ovejas no pueden estar a la intemperie con las bajas temperaturas de fines de otoño y principios de invierno. Sin embargo, los pastores israelitas de nuestros días no tienen problema en cuidar sus rebaños en pleno invierno bajo el cristalino cielo de Medio Oriente.

De cualquier manera, ¿tiene alguna importancia que la fecha de nacimiento de Jesús, y que nosotros como cristianos celebramos, sea coincidente con una celebración pagana? Pareciera que no.

Considerando que muchas sociedades dan poca relevancia al día del nacimiento de una persona, no sería de extrañar que los Evangelistas ni siquiera hayan pensado en poner fechas exactas en el Nuevo Testamento. En realidad, hay muy pocas referencias a fechas puntuales en la Biblia. Porque finalmente, ¿qué es más importante: que nuestro país sea independiente o la fecha en que se logró esa condición?

 

*Julio Ferrari Freyre estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Sophia (Tokio, Japón), Relaciones Internacionales en la Universidad del Salvador y Economía en la Universidad de Deusto (Bilbao, España). Egresó del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (1984), siendo Cónsul en Bilbao (1989-94), integrante en la Embajada Argentina en la República Popular de China (1997-2003) y Cónsul General en Cantón (2011-2016). En Cancillería fue Director de Documentación de Viaje en la Dirección General de Asuntos Consulares y Representante Especial para Asuntos de Terrorismo. Se retiró del Servicio Exterior como Ministro Plenipotenciario de Primera Clase en 2018.

 

Bibliografía

Ferrari Freyre, Julio C. «Año Nuevo Chino». Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), 06/02/2024, https://saeeg.org/index.php/2024/02/06/ano-nuevo-chino/.

Prada, Juan Manuel de. «Feliz Solsticio de invierno». Asociación Almedrón, 28/12/2024, https://www.almendron.com/tribuna/feliz-solsticio-de-invierno/

Smith, Jeb: «Celebrating Christmas: A Response to Evangelicals». The Postil Magazine, 18/12/2024, https://www.thepostil.com/celebrating-christmas-a-response-to-evangelicals/.

Enciclopedia Católica:, https://es.catholic.com/encyclopedia.

Wikipedia, https://es.wikipedia.org/.

 

Referencias

[1] Ferrari Freyre, Año Nuevo Chino.

[2] Wikipedia: Navidad, https://es.wikipedia.org/wiki/Navidad.

[3] Wikipedia, Saturnales,  https://es.wikipedia.org/wiki/Saturnales.

[4] Wikipedia, Sol Invictus, https://es.wikipedia.org/wiki/Sol_Invictus.

[5] Wikipedia, Sexto Julio Africano, https://es.wikipedia.org/wiki/Sexto_Julio_African.o

[6] Smith, Celebrating Christmas.

[7] Enciclopedia Católica, Navidad, https://ec.aciprensa.com/wiki/Navidad.

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¿POR QUÉ LOS LÍDERES EMPRESARIALES TAMBIÉN DEBEN LEER FICCIÓN?

Ignacio Monje*

Cuando pensamos en libros para líderes, solemos imaginar títulos de autoayuda, principios de liderazgo o biografías de grandes figuras empresariales. Y claro, son recursos valiosos. Pero hay un mundo que rara vez exploramos con la seriedad que merece: la ficción.

Leer literatura de ficción va mucho más allá de ser un simple escape. Es un gimnasio para nuestra mente que activa nuestras neuronas espejo, esas estructuras cerebrales responsables de la empatía y la conexión emocional. Cuando nos sumergimos en una novela o en un cuento, el cerebro interpreta los pensamientos, emociones y decisiones de los personajes como si fueran nuestras propias experiencias. Es decir, no distingue entre realidad y ficción. Este ejercicio mental no solo es fascinante, sino que tiene un impacto directo en nuestra capacidad de liderazgo.

Pero, ¿qué aporta la literatura de ficción al liderazgo?

Primero, mejora nuestra capacidad para entender y anticiparnos a las emociones y necesidades de quienes nos rodean. En el ámbito profesional, esto se traduce en una ventaja en negociaciones, resolución de conflictos y toma de decisiones.

Atticus Finch from To Kill a Mockingbird

Por ejemplo, cuando leemos Matar a un ruiseñor de Harper Lee, nos sumergimos en la perspectiva de Atticus Finch, un abogado que combina la lógica con la empatía para liderar a su familia y defender lo que es justo en un contexto adverso. Este tipo de narrativa nos inspira a liderar con principios sólidos y a comprender que el verdadero liderazgo incluye escuchar, conectar y actuar con integridad.

Aragorn, The lord of the rings

Otro ejemplo poderoso es El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, donde personajes como Aragorn muestran que el liderazgo no siempre viene de títulos formales, sino de la capacidad de inspirar y guiar en tiempos difíciles. Este tipo de historias no solo entretienen, sino que nos enseñan que el liderazgo va más allá de la autoridad; se trata de influencia, empatía y visión.

Además, la ficción actúa como un «simulador social». Nos permite vivir dilemas complejos y explorar contextos que quizá nunca enfrentaríamos en la vida real. Este proceso mejora nuestra flexibilidad mental y nos ayuda a enfrentar desafíos con mayor creatividad. Estudios como el publicado en Science por David Comer Kidd y Emanuele Castano en 2013 demuestran que leer ficción literaria mejora significativamente nuestra teoría de la mente, es decir, la habilidad de interpretar las emociones e intenciones de los demás.

Ficción para desconectar y reconectar…

No se trata solo de adquirir habilidades técnicas o estratégicas. La ficción también nos brinda un espacio para desconectar del estrés diario y regresar renovados. Leer una novela o un relato nos obliga a reducir la velocidad, a reflexionar y, muchas veces, a encontrar nuevas formas de abordar nuestros problemas.

En lo personal, he aprendido grandes lecciones leyendo ficción. Me ha mostrado la importancia de la perspectiva, la empatía y la resiliencia, habilidades esenciales para liderar equipos, cerrar acuerdos y conectar con clientes.

Así que, si eres líder, emprendedor, CEO o gerente, la próxima vez que busques un libro, atrévete a explorar la ficción. No solo por el placer de leer, sino porque es una inversión en tu crecimiento profesional. Leer historias nos hace mejores personas, y mejores personas hacen mejores líderes.

Anímate a leer… ficción (también). 

* Emprendedor Digital & Divulgador. www.ignaciomonje.com 

Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales

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