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TÚNEZ ENTRE EL ISLAMISMO Y LA ‘VARIANTE DELTA’. LA PANDEMIA, LA CRISIS ECONÓMICA Y LAS PRESIONES ISLAMISTAS OBLIGAN AL PRESIDENTE A DAR UN GIRO AUTORITARIO.

Giancarlo Elia Valori*

Kaïs Saied, Presidente de Túnez [Imagen de la Presidencia de Túnez/Anadolu Agency]

El domingo 25 de julio, en un día dedicado a celebrar la independencia del país, en una medida que sorprendió tanto a observadores como a diplomáticos, el presidente tunecino Kaïs Saied relevó de sus funciones al primer ministro Hichem Mechichi, que llevaba en el cargo desde septiembre de 2020. Suspendió los trabajos del Parlamento y destituyó a los Ministros de Interior y de Defensa.

Mechichi, así como el presidente del Parlamento, Rachid Gannouchi, son miembros del partido islamista Ennhada que, con el 25% de los votos, tiene la mayoría de los escaños parlamentarios y desde 2011, cuando volvió a la legalidad, se ha convertido en una poderosa fuerza política que ha intentado —sin recurrir a la violencia— dar al Túnez secular un giro progresivo hacia el islamismo más militante.

Como es bien sabido, Túnez fue el primer país musulmán en ser atravesado por el viento tormentoso de las “primaveras árabes” cuando, en diciembre de 2010, un joven vendedor ambulante de frutas y verduras, Mohamed Bouazizi, se prendió fuego en una plaza en el centro de Túnez para protestar contra la corrupción del gobierno del presidente Ben Ali, en el poder durante 23 años.

Las manifestaciones que siguieron a la muerte del joven vendedor ambulante llevaron a derrocar al presidente Ben Ali en enero de 2011, quien se vio obligado a exiliarse en Arabia Saudí con toda su familia, así como a la caída del gobierno de Mohamed Gannouchi y, en octubre del mismo año, a nuevas elecciones que vieron el éxito del partido religioso, Ennhada, que había sido prohibido por Ben Ali. Esto desencadenó una serie de innovaciones políticas que llevaron —en enero de 2014— a la aprobación de una nueva Constitución que, a pesar de la fuerte presión parlamentaria de los islamistas más radicales, puede considerarse una de las más progresistas de todo el norte de África.

En los cinco años siguientes, Túnez —en medio de vaivenes políticos y económicos— mantuvo un grado de estabilidad interna que le permitió amortiguar las presiones islamistas que, en otros países de la región, habían convertido los llamados “manantiales” en pesadillas marcadas por disturbios y sangrientos conflictos civiles.

Ennhada se integró gradualmente en una especie de “arco constitucional”, a pesar de las protestas de sus militantes más radicales, y su líder más carismático, Rachid Gannouchi, incluso fue nombrado Presidente del Parlamento de Túnez.

En los últimos años, sin embargo, el país se ha visto afectado por el problema de la corrupción de toda su clase dirigente, incluidos los islamistas. Es en una plataforma programática para combatir este fenómeno de manera decidida e implacable que, en octubre de 2019, un eminente profesor de Derecho, Kaïs Saied, fue elegido Presidente de la República.

En agosto de 2020, el presidente Saied nombró a Mechhichi, un moderado que ya había sido su asesor político, para formar un gobierno tecnocrático, “libre de la influencia de los partidos”.

La situación ha sido testigo del establecimiento de lo que los medios de comunicación tunecinos llaman el “gobierno de los tres Presidentes”, a saber, Saied (Presidente de la República), Mechichi (Presidente del Consejo) y Gannouchi que, como Presidente del Parlamento, intenta hacer que cuente la presencia mayoritaria de los islamistas ennhada en el poder legislativo.

Los equilibrios son frágiles y se hacen aún más precarios por las fuertes consecuencias sociales y económicas del impacto de la pandemia de Covid-19 en el país.

Desde principios de este año, Túnez se encuentra en un estado de crisis sigilosa: la incertidumbre política causada por la búsqueda perenne de una difícil situación política y gubernamental se ha visto agravada por las tensiones ideológicas y personales entre los “tres Presidentes”, cuyas posiciones sobre los instrumentos con los que hacer frente a la pandemia y la crisis económica se han ido agravando hasta el punto de producir una situación de parálisis política y legislativa completamente insostenible.

En las últimas semanas, la “variante Delta” de la pandemia ha provocado un repunte de contagios, causando más daños no solo a la población y al sistema sanitario, sino también y sobre todo a la economía de un país que está viendo desaparecer por segundo año consecutivo la posibilidad de impulsar su producto interior bruto con el turismo. Durante décadas, el turismo ha sido una fuente insustituible de sustento y enriquecimiento para amplios sectores de la población. La crisis pandémica ha actuado como multiplicador de la crisis económica, con la pérdida progresiva y aparentemente imparable del valor del dinar y la disparidad cada vez más aguda entre los cada vez más pobres y los cada vez más ricos.

El enfoque del gobierno ante la pandemia ha sido poco menos que desastroso. Mientras que la Organización Mundial de la Salud declaró a Túnez “el país más infectado de África”, el gobierno vio el cambio de cinco ministros de Salud en sucesión, cada uno de los cuales propuso medidas de emergencia confusas y descoordinadas (confinamiento, toque de queda), que fueron completamente ineficaces para contener la propagación del virus y los altos niveles de mortalidad.

Las reglas de confinamiento, a menudo improvisadas y contradictorias, han exasperado a la población, que ha tomado partido por las dos partes del frente político: por un lado, los partidarios de Ennhada, que están convencidos de que la parte tecnocrática del gobierno es la culpable de la crisis sanitaria y económica; por otro lado, los laicos, que acusan a los islamistas de ser la causa de todo y de jugar al juego de “tanto peor, tanto mejor” para desestabilizar permanentemente las instituciones y convertir a Túnez en un Estado Islámico.

La propia Ennhada no ha quedado indemne de disputas y divisiones internas, entre los “insensorados” que quieren que el partido vuelva a sus orígenes militantes y los que prefieren “permanecer en el poder y gobernar” que —como está ocurriendo actualmente en Italia— prefieren buscar la estabilidad en la situación y mantener sus posiciones de poder.

En mayo pasado, Abdellhamid Jelassi, jefe del “Consejo de Doctrina” de Ennhada, dimitió acusando al líder del partido y presidente de la Cámara de Diputados, Gannouchi, de retrasar la fecha del Congreso para evitar su defenestración y el nombramiento de un sucesor más cercano a las ideas originales del movimiento y a los principios más radicales de la doctrina islámica que, según los miembros ortodoxos, han sido traicionados por “los que quieren gobernar” en aras del poder.

Fue en esa situación de crisis económica, política y social que, invocando el artículo 80 de la Constitución de 2014, el presidente Saied destituyó al primer ministro junto con otros miembros del gabinete y suspendió los trabajos del Parlamento durante treinta días.

Muchas personas dentro del país y en el extranjero, empezando por la Turquía de Erdogan, gritaron el golpe de Estado.

En Ankara, el portavoz del AKP, el partido del presidente Erdogan, definió las acciones del presidente Saied como “ilegítimas” y amenazó con sanciones contra quienes “inflijan este mal a nuestros hermanos y hermanas en Túnez”, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores turco se limitó con más cautela a expresar su “profunda preocupación” por la suspensión de las actividades parlamentarias.

Es significativo, sin embargo que, en el frente nacional, después de las primeras protestas callejeras de islamistas y simpatizantes de Ennhada, que fueron inmediatamente reprimidas duramente por la policía, y después del cierre de las oficinas de la emisora qatarí Al Jazeera, que siempre ha fomentado las demandas islamistas, así como la destitución de la alta dirección de la televisión estatal, la “multitud” en las calles estaba dominada por manifestantes que veían con buenos ojos la iniciativa del Presidente que, en su opinión, ponía fin a las actividades de esa parte del gobierno nacional que se mostró totalmente incapaz de hacer frente a la emergencia pandémica y sus consecuencias sociales y económicas negativas.

Según quienes afirman que lo ocurrido el 25 de julio no fue un golpe de Estado, el presidente Saied no disolvió el gobierno tunecino: se limitó a destituir a ministros incapaces y dejar en su lugar a los del ala “tecnocrática”, con la esperanza de producir un giro de gobierno a la espera de que el Parlamento reabra a finales de agosto.

La situación está cambiando, pero parece que se está avanzando hacia la estabilización, que se acelerará si los países mediterráneos y la Unión Europea se mueven rápidamente para ayudar a Túnez a salir del estancamiento de la pandemia de y la crisis económica.

Ayudar a las autoridades tunecinas de forma pragmática a resolver la crisis política también redunda en interés de todos los países ribereños del Mediterráneo, empezando por Italia, no solo por razones de buena vecindad política, sino también para evitar que un posible caos tunecino desencadene un nuevo e incontrolado impulso migratorio. Esto es lo que está ocurriendo actualmente en Afganistán, donde, tras la “rendición incondicional” de los Estados Unidos y los aliados de la OTAN, los talibanes están regresando, con la primera consecuencia de un éxodo masivo de afganos a Turquía a través de Irán.

Según el ACNUR, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, miles de refugiados de Afganistán se están desplazando hacia Turquía a un ritmo de entre 1.000 y 2.000 personas al día: un fenómeno que pronto podría afectar también a Italia.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

Nota aclaratoria: el artículo fue escrito en julio de 2021. 

©2021-saeeg®

SUELDO MEDIO DE 1.500 DÓLARES

Iris Speroni (gab: https://gab.com/Iris_Speroni)

El objetivo de la nueva economía argentina deberá ser el pleno empleo.

Hace 10 años que la economía argentina no crece.

Hace 40 años, desde que perdimos la Guerra del Atlántico Sur, que estamos atrapados en un modelo de país que sólo produce pobreza, retraso, desocupación, tristeza.

No es casual.

Hubo un plan desde los diferentes gobiernos de desindustrializar al país y eliminar o deteriorar la infraestructura que nos fortalece. Los interventores que ofician de gobernantes aplicaron un plan general de debilitación. Y lo aplicaron en todos los frentes. En el escenario internacional, al bajar el perfil desafiante de nuestro país que sostuvimos desde la segunda presidencia de Roca hasta 1982; al someternos a Brasil, al destruir las industrias, la educación, la salud, la paz social; y toda posibilidad de progreso. ¿El último caso? El ataque sobre las posibilidades de exportación de software. Argentina invirtió millones en la educación de programadores, desde la década del ‘50 a hoy. Finalmente, en el siglo XXI, Argentina comenzó a vender al exterior sus desarrollos de software. Nuestros creativos y dúctiles profesionales aprovecharon una ventana. Rápidamente, los argentinos ofrecieron sus productos y lograron colocarlos. Lamentablemente, hace 10 años que el tipo de cambio está atrasado. Hoy el BCRA paga 95 pesos lo que vale 178 y se queda con la diferencia. Si las empresas de software cobraran sus dólares cuando exportan, podrían pagarle y bien a su personal calificado. A 95 pesos es imposible. Así el gobierno destruye una actividad que podría ser floreciente.

Trabajo

Ya sabemos qué ofrece la socialdemocracia en cualquiera de sus formas: frente de todos, frente para la victoria, juntos por el cambio, cambiemos, Massa con su avenida del medio, todos ellos. Es una única oferta de desindustrialización, subordinación a Brasil, pobreza, dádivas del gobierno de turno en forma de planes sociales, desocupación, desmoralización de la población, enfermedad, ignorancia. Mientras, nos distraen con frivolidades que importan de la ONU, Davos, Unión Europea, las universidades yanquis o Suecia. Ya los conocemos.

El tema no son ellos, los actuales gobernantes. Sabemos que no tienen nada que ofrecernos. Porque no saben qué hacer y tampoco les importa. Sólo quieren robar. Pero si quisieran mejorar la situación, no podrían. Porque no conocen el país, no tienen herramientas para dar un timonazo, no querrían tomarse las molestias que eso implica. Peor aún, no están dispuestos a pelearse con sus mandantes. Para cambiar el rumbo y comenzar a crecer y generar trabajo hay que pelearse con quienes los pusieron en los lugares donde están. No lo van a hacer. Nunca.

Por lo tanto, nos tendremos que ocupar nosotros. Por lo pronto, sabemos que no impondremos la agenda 2030. Ya es algo. Pero lo más importante es explicarle a la población qué significa dejar de confiar en quienes gobernaron los últimos años y darle un voto a quien propone un plan estratégico de crecimiento nacional. ¿Significará esfuerzo y pasar más hambre que ahora? ¿O se vislumbra un futuro mejor?

Por lo tanto creo que hay que ser concreto.

El objetivo de la nueva economía argentina deberá ser el pleno empleo (para la totalidad de las personas adultas que deseen trabajar). Desocupación cero[1]. Salario medio de US$ 1.500 mensuales[2], con un salario mínimo de US$ 900 a US$ 1.000. Que el 80% de la población gane entre el mínimo y US$ 2.500 mensuales.

Así que vamos de nuevo. Queremos un gobierno que genere las condiciones para que haya pleno empleo, que éste sea 100% formal y que la competencia por contratar personas lleve el sueldo promedio a US$ 1500.-

Estos ingresos de los asalariados repercutirán en el comercio por un aumento de demanda de bienes y servicios y entraremos así en un ciclo virtuoso. 

Medidas para llegar al objetivo

Eso no sucederá espontáneamente. Por lo pronto hay que remover las trabas actualmente instaladas por los gobernantes que tienen por objeto que no haya pleno empleo. Tener una masa de desocupados es muy útil para los políticos. Debilita a los sindicatos. Somete con miedo a los trabajadores. Genera una masa de cientos de miles de personas que dependen del cheque estatal para vivir.

Lo primero que hay que hacer es estimular a las exportaciones argentinas. Ése es el único motor posible de la economía hoy. Se logra con un tipo de cambio competitivo, la eliminación o sustancial reducción de los derechos de exportación, eliminación de todo impuesto a la energía y combustible como medidas inmediatas. Eliminación de trabas burocráticas en Aduana y SENASA.

A mediano plazo: inversión en infraestructura que permita una caída de los costos de los fletes. Reconstruir los FFCC tanto para cargas como para personas, generar las condiciones para la existencia de flota fluvial y marítima privada, reabrir nuestros astilleros.

Esto, en cuanto a las exportaciones.

En cuanto al mercado de trabajo. Eliminar los impuestos al trabajo, tanto los descuentos al trabajador como las contribuciones patronales. El costo de salud debe ser solventado por el Ministerio de Salud (más allá de que los sindicatos continúen con su administración de las obras sociales sindicales). El costo del PAMI debe recaer sobre la espalda del Estado Nacional, no sobre los trabajadores o empleadores. Eliminar todo otro cargo excepto la jubilación (que deberá tener alícuotas inferiores a las actuales). Eliminar el impuesto a las ganancias sobre el salario porque el salario no es ganancia.

El otro punto son los juicios laborales. Desactivar en su totalidad la industria del juicio.

Por lo tanto, con un aumento de la actividad económica, la reducción de los impedimentos para la contratación de gente, y un aumento del salario de bolsillo al eliminar las deducciones, crecerá el empleo formal y el salario medio.

La Conquista del Desierto

La población está concentrada en Buenos Aires y su cordón suburbano, más algunas pocas ciudades más: La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Rosario, Córdoba. Aún en provincias como Neuquén, la mitad de la población se condensa en su capital.

Las personas van a donde puedan ganarse la vida. No hay misterio ahí. El desafío ahora es generar condiciones para vivir en pequeños pueblos o en el campo.

Esto requerirá: en primer lugar inversión en infraestructura (que requiere trabajo) para que sea atractivo vivir en esas localidades. En resumen: civilización. Red de fibra óptica, red ferroviaria, electricidad ya sea de red o autogenerada, frigorífico, usina láctea. Inversión pública: escuela, centro médico, comisaría, juez de paz, sucursal Banco Nación.

Los otros puntos son: a) conectividad; de tal forma de permitir el trabajo a distancia en el interior del país; b) forestación. Reservar que un porcentaje de la tierra de riego que incorporemos a la economía nacional sea dedicada a la forestación. Y no la porquería que plantan los chilenos, que se incendia cada dos por tres, sino árboles nobles. Árboles que serán fortunas dentro de tres generaciones porque nadie en el mundo tendrá cedros o robles. Eso podrá (o no) recibir subsidios de la ONU a través del BM. c) producción artesanal o de alto precio por hectárea; insume mano de obra, es contracíclica de los grandes cultivos, genera ingresos.

Nuevos Trabajos

Además de modificar la educación tradicional, sobre lo que ya se ha escrito largo y tendido (colegios industriales, peritos mercantiles, programación de sistemas, volver al magisterio para formar maestros de escuela primaria), hay que reabrir escuelas de oficios. Tanto para los adolescentes (primaria más escuela de oficios de dos años), como para adultos (tres o seis meses, según el caso).

Propuestas:

  • plomería.
  • electricista
  • albañilería.
  • techista/tejista.
  • colocador de durlock.
  • pintor.
  • colocador de alfombras/azulejos/pisos.
  • conductor de vehículos utilitarios.
  • colchonero[3]
  • confección de indumentaria.
  • zapatero.
  • mecánico.
  • marinero raso/pesca.
  • constructor de hornos de barro.
  • soldador.
  • maestros queseros/pasteleros/panaderos/pizzeros/choricero.
  • carpintero, colocador de aberturas en obra.
  • colocador de fibra óptica.
  • acuicultura.
  • cría de animales pequeños de corral.
  • huerta/frutas.
  • jardinería.
  • alambrador.
  • herrero.

Imaginen la cantidad de trabajadores especializados se necesitan para rehabilitar o construir de cero miles de viviendas para recolocar a la mitad de la población. Y la infinidad de edificios públicos que hay que construir y mantener.

A estos oficios se agregan los que imparten las empresas, como el FFCC, que requiere de muy diferentes calificaciones, las imprentas, los prestadores de servicios públicos, o cualquier empresa industrial que debe instruir a sus ingresantes. Años atrás, gran parte de estos oficios, se aprendían en las escuelas de suboficiales de las Fuerzas Armadas. O tempora, o mores!

En resumen: pleno empleo, buenos salarios y volver a ser felices.

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Notas

[1] En economía se denomina desocupación cero a la ocupación friccional, que ronda el 1%. Es la cantidad de desocupados que hay entre que se van de un trabajo y entran a otro. Cuando yo era chica, en los ‘70, todos los negocios del Once tenían un cartelito “se busca empleado”. Ni siquiera se publicaban avisos en el diario porque era un costo para que casi no se presentara nadie. Otras épocas. Esa misma situación la vi en NY durante el gobierno de Clinton. Para el que vende su trabajo, son tiempos felices.

[2] Son $ 167.000 mensuales de salario promedio. Piensen lo que serían los restaurants, los concesionarias de automóvil, las ventas de vaqueros y zapatos con un sueldo medio de esos montos. No es tan delirante. El sueldo medio durante el gobierno de Menem llegó a US$ 868, que si le agregamos la inflación en dólares, es más o menos US$ 1.400 de hoy.

[3] Cuando yo era chica los colchones eran de lana cardada, el exterior de cotín, todo cosido con hilos fuertes. Periódicamente venía “el colchonero” con una máquina de madera y hierros a la que yo llamo cardadora, pero tal vez tenga otro nombre. Pasaba toda la lana, eliminaba la sucia, agregaba nueva y con tela flamante, hacía todo de cero.

Son colchones infinitamente superiores a los que utiliza la mayoría de la población hoy, de goma pluma finita, la cual es inflamable y no facilita un buen descanso.

Por otro lado, en los últimos años se multiplicó la cría de ovinos en la pampa húmeda. A diferencia de los lanares patagónicos que se crían por su lana y obtienen excelentes precios internacionales, nuestros animales pampeanos tienen destino de frigorífico. Según algunos criadores, la lana es un problema. Les pagan poco y a veces hasta la dan gratis a cambio de que les esquilen las ovejas.

Así que se me ocurrió la idea, no sé cuán razonable es, de que esa lana se puede usar para hacer colchones. Enseñar el oficio. El costo del cotín y de la lana en vellón no es caro. Por lo que las personas más humildes pueden tener un colchón de primera calidad por poca plata. Y es un oficio altamente superior a, por ejemplo, cartonero; si bien todo trabajo es digno. Tal vez, las asociaciones de criadores de ovejas puedan explorar esta idea y financiar la capacitación de estas personas. O los fabricantes de tela cotín. Se pueden buscar créditos (provinciales, por ejemplo) para que los futuros colchoneros compren las máquinas cardadoras (símil el plan Ahora 24), y que, incluso, los vecinos puedan pagar los colchones en cuotas. En fin, es una idea. Los colchones de lana son insuperables. Tenemos algodón para el cotín, tenemos lana y tenemos gente que necesita trabajo y aprender un oficio. Más importante aún: tenemos gente que duerme sin un buen descanso. Es cuestión de buscarle la vuelta. Antes de que lo haga Palermo Sensible y tengamos tilingas haciendo colchones a US$ 14.000 cada uno.

Publicado originalmente por Restaurar.org http://restaurarg.blogspot.com/2021/08/sueldo-medio-de-1500-dolares.html

 

LA ESPINOSA CUESTIÓN DEL MAR DEL SUR DE CHINA ENTRE JAPÓN, CHINA Y VIETNAM

Giancarlo Elia Valori*

Japón es un país insular largo y estrecho de norte a sur y más estrecho de este a oeste. Su superficie terrestre (377.975 kilómetros cuadrados) es poco mayor que la de Italia. Limita con el océano Pacífico hacia el este y mira a través del océano a los Estados Unidos de América hacia el este; al oeste se enfrenta a China, la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) y la República de Corea (Corea del Sur), así como a la Federación de Rusia por mar pero sin profundidad estratégica.

El surgimiento del Japón moderno durante la Restauración Meiji lo elevó en ese momento al rango de “fundación de todas las naciones asiáticas”. Abrió miles de múltiples medios político-militares y extendió el prestigio del país en todas las direcciones. Al hacerlo, mostró la intención de Japón de ir más allá de su archipiélago japonés y extenderse en el extranjero.

Esto fue confirmado, de hecho, por las formas de política continental, proponiendo una línea de soberanía de defensa y la teoría de la Esfera de Co-Prosperidad del Gran Asia Oriental o Esfera de Prosperidad Colectiva del Gran Asia Oriental, mostrada en la década de 1940.

En respuesta a la situación en el Lejano Oriente después de la Primera Guerra Mundial, Japón implementó una estrategia de moverse de Norte a Sur y en la Segunda Guerra Mundial se fijó el objetivo de trasladar sus intereses a la República de China. Cuando las fuerzas armadas invadieron una China dividida internamente, debido a la falta de recursos internos de Japón, la situación económica de autosuficiencia se vio seriamente cuestionada, con los resultados que todos conocemos.

La República Socialista de Vietnam se encuentra en la parte oriental de la península de Indochina, limitando con China al norte, Laos y Camboya al oeste y el mar de la China Meridional al este y el sur. Cubre un área de 331.212 kilómetros cuadrados (también un poco más que la de Italia). Su costa tiene una longitud de 3.260 km (excluidas las islas), y el país se extiende 1.600 kilómetros de norte a sur: su punto más estrecho es de 50 kilómetros.

Las montañas son altas en el oeste y bajas en el este. Tres cuartas partes del territorio es montañoso. A mediados del siglo XIX, Vietnam no tenía ningún concepto de economía marina o comercio. Sin embargo, con la ocupación de algunas áreas e islas ricas en petróleo y gas en el mar del Sur de China, así como a través del desarrollo privado, Vietnam obtuvo enormes beneficios económicos, y ha formulado una serie de políticas marinas desde la década de 1960.

En 2007 aprobó un proyecto de desarrollo marino con 2020 como objetivo. Con la planificación estratégica persiguió incansablemente los objetivos de una “potencia marítima” y adoptó una política para desarrollar firmemente la economía marina, combinando la economía marina y marítima con la defensa y la seguridad nacionales. Vietnam no se rindió y luchó por cada centímetro cuadrado de tierra insular, con el objetivo de obtener una posición estratégica favorable y ventajas prácticas.

A medida que crecía la conciencia de la soberanía marítima, en medio de feroces conflictos de intereses nacionales y cambios drásticos en las relaciones geopolíticas internacionales y regionales, Japón y Vietnam se encontraron en el Senkaku (chino: Diaoyu), Paracel (chino: Xisha Quan; Vietnamita: Hoàng Sa) y Spratly (chino: Nansha; Vietnamita: Islas de Truong Sa).

Ha habido un debate abierto sobre la cuestión de la soberanía. Hasta ahora, las disputas entre China y Japón sobre la propiedad de las islas del mar del Sur de China no se han resuelto adecuadamente. La soberanía de las islas del mar del Sur de China se ha convertido en un grave problema que desafía las relaciones bilaterales entre China y Japón, así como las relaciones bilaterales entre China y Vietnam.

De hecho, uno de los objetivos importantes para fortalecer las estrategias marítimas de Japón y Vietnam es el uso de los recursos de petróleo y gas, pero la disputa sobre la soberanía de las aguas territoriales y las zonas económicas exclusivas conexas es la cuestión más importante.

Con el desarrollo tecnológico, los recursos de la tierra se reducirán gradualmente y se agotarán. Los abundantes recursos del océano se convertirán en el último pedazo de territorio que puede ofrecer recursos a los países de la tierra. Es evidente que la división de las fronteras marítimas y la soberanía insular entre Japón y Vietnam implican los intereses fundamentales de las soberanías territoriales nacionales, y las diversas medidas y políticas marítimas adoptadas por estos dos países en el sector marítimo tendrán un enorme impacto en el mar del Sur de China. Este impacto es también la razón principal de la estabilidad del mar del Sur de China en el futuro.

Como se ha visto anteriormente, las cuestiones relativas al mar del Sur de China son complejas y el otro actor importante, a saber, los Estados Unidos de América, debe actuar con cautela y tomar precauciones al abordar la cuestión de estas costas. Además, la eficacia de su política en el mar del Sur de China también debe medirse por si favorece el logro de los objetivos estratégicos de los Estados Unidos sin entrar en conflicto con la República Popular China, sobre todo debido a la presencia de bases militares estadounidenses en la zona.

Ciertamente, los Estados Unidos utilizarán la llamada cuestión de soberanía del mar del Sur de China en la región de Asia y el Pacífico para incitar a los vecinos de China a corto plazo, pero hay que decir que a largo plazo la influencia de los Estados Unidos disminuirá gradualmente debido a cuestiones de mayor lejanía. El dominio está disminuyendo, y el curso de las relaciones internacionales está cambiando y rompiendo las hegemonías tradicionales.

Esta es la ley de hierro del desarrollo histórico. Por lo tanto, el ascenso de China debe garantizar la seguridad internacional y la fluidez del Mar del Sur de China. Japón y Vietnam son las principales razones que influirán en la estabilidad del Mar del Sur de China en el futuro.

Como resultado, China está intensificando la definición y aplicación de la estrategia económica militar y marítima del mar del Sur de China. Tener una fuerte capacidad oceánica es la expresión del valor integral y global de un país en política, economía y negocios, defensa nacional, ciencia y tecnología.

Con el rápido desarrollo de la modernización industrial mundial, China es un país económica y demográficamente rico. En el futuro, el mar del Sur de China será un canal importante que unirá a China con el resto del mundo. El mar del Sur de China y sus zonas costeras serán regiones estratégicas clave y cruzarán la construcción económica y la seguridad de la defensa nacional de todos los países que lo bordean.

La fluidez y la prosperidad son también el objetivo final del ascenso de China. Por el contrario, una vez que se produzcan guerras y conflictos en estas zonas, afectarán y advertirán a la economía y la seguridad de la defensa nacional de China. Por lo tanto, la estrategia militar en el Mar del Sur de China supera el valor económico, si este último no está adecuadamente protegido.

La confrontación por el mar del Sur de China no se limita a una estrategia específica en el ámbito de la economía marítima, sino a una estrategia de desarrollo mutuo que encarna la voluntad de los países costeros que, frente al océano, se enfrentan a su propio futuro.

En la actualidad, la propia China está aplicando activamente su estrategia marítima, empezando por mantener y reclamar la soberanía sobre los territorios que tradicionalmente pertenecen a la Patria, mediante una presencia militar más avanzada. También se está uniendo a otros países en la exploración de petróleo y gas, así como en la minería, mediante el fortalecimiento de la investigación y el intercambio basado en principios históricos y legales.

El fortalecimiento de su presencia, también a través de la construcción de zonas costeras, costeras e insulares, es una marcha gradual hacia mares profundos y distantes, en línea con los intereses de desarrollo del mar del Sur de China.

Las provincias y ciudades de los países ribereños del mar del Sur de China también están considerando el desarrollo de la economía marina como un objetivo importante, porque el océano es un recurso estratégico para el desarrollo sostenible de la humanidad y pertenece a todos.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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