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TIRAR CON LA PÓLVORA DEL REY

F. Javier Blasco*

“Disparar (o tirar) con pólvora del Rey” es una frase bastante antigua y de uso muy frecuente, fundamentalmente, en el ámbito político. Expresión, que se suele utilizar cuando alegremente y sin reparo, se emplean muchos recursos ajenos para cubrir cualquier necesidad social, casi siempre en busca de réditos políticos y sobre todo, si el gasto se realiza aunque suponga un gran estipendio.

Es muy frecuente y relativamente sencillo ver que muchos cargos públicos emplean dichos gastos extraordinarios, que no le son propios, en novedosas y costosas iniciativas o para cubrir exigencias no programadas. Gastos, que ni siquiera pueden salir del remanente presupuestario y que para costearlos, es necesario recurrir al patrimonio ajeno con el consiguiente costo y riesgo para los que finalmente los deben sufragar.  

Supongo que etimológicamente esta frase entró en el acervo popular porque allá en tiempos pretéritos, los reyes europeos pasaban la mayor parte del tiempo guerreando por notoriedad, envidias contraídas, cubrir ambiciones personales, buscando la expansión de sus territorios o por distraerse sin más; sin importarles el hecho de que las guerras en si mismas, así como el empleo o mantenimiento de las tropas tras ellas, nunca ha sido cosa barata y pudiera darse en caso, de que algunos incautos pensaban que era el Rey quien los costeaba de sus arcas personales, sin caer en la realidad por la que siempre es al pueblo liso y llano al que, con mucho esfuerzo y gran sacrifico personal, le tocaba rellenar dichas arcas cuando estas se quedaban vacías demasiado frecuentemente.

Esta tradición y falsa expectativa de solucionarlo todo a lo grande, muy usada antaño y por desgracia, arrastrada hasta nuestros días aunque no se guerree con tanta frecuencia e intensidad, se viene usando con mayor frecuencia, por gobiernos de izquierdas; variopintas coaliciones o asociaciones de países que por contagio o por no quedare atrás, contraen compromisos, a falta de auténticos expertos, sin evaluar sus costes reales y sin conocer el verdadero alcance de las decisiones de tipo económico, social e industrial que, por separado o en coalición, se adoptan con relativa alegría y que en breve, dada su intensidad o gravedad se vuelven contra la política adoptada como un gran y peligroso boomerang.

Es el caso de la inusitada alegría mostrada, sobre todo en Europa, por y para la adopción de drásticas y sangrientas medidas —sobre todo para el bolsillo del contribuyente— en referencia a las necesarias y obligatorias actuaciones individuales y colectivas a adoptar para “hacer frente o evitar los desastres que propicia el nocivo y creciente cambio climático por la abusiva acción del hombre” principalmente, en lo concerniente a la importante reducción en la emisión de dióxido de carbono (CO2).

Tradicionalmente, los grandes productores de este componente químico como China, Rusia, La India y EEUU y alguno más de menor entidad, se vienen resistiendo al embriagador impulso del resto del mundo en aceptar los compromisos que vienen arrastrándose de las pasadas cumbres sobre el cambio climático en Kioto, Madrid o París y algunas otras más.

Aunque algunos han cambiado un tanto su actitud, muchos, siguen sin dar su brazo a torcer totalmente dado que la alternativa al uso del carbón o el gas —en un mundo en el que queda muy bonito y progre declararse “no nuclear” y cerrar las pocas y restantes centrales de este tipo, aunque sea muy “limpia”— es realmente muy costosa, dependiente de variables e incontrolados factores climáticos (viento, sol y lluvia), claramente insuficiente para cubrir las necesidades totales, aún funcionando todas ellas al unísono y a pleno rendimiento; cosa que nunca ocurre, por lo que resultan incapaces de suplir con garantías todo lo que producen los elementos que se pretende cerrar.

En el viejo Continente, la muy joven e inexperta Europa, con la Alemania de Merkel a la cabeza (quizá para evitar que la oposición le comiera la tostada a su partido a la hora de retirarse), lleva años tirando del carro de lo verde, cerrando gran parte de sus centrales nucleares (no así en Francia) y dando pronta fecha de caducidad a las restantes centrales del mismo tipo. España, como siempre, ha sido arrastrada por la alemana modalidad.

Mientras tanto, y en espera de alguna otra alternativa en ciernes como las centrales de fisión nuclear, en algunos lugares aún se mantiene el pernicioso y costoso uso del carbón para evitar su gran dependencia de la fluctuante, tanto en cantidad como en precios, importación del gas ruso o argelino con el que enfriar sus calurosos lugares turísticos o calentar sus fríos hogares y mover su gran industria mediana y pesada.

Inicial impulso aquel, del que los alemanes ya comienzan a arrepentirse o a calcularlo algo mejor; porque, como listos y buenos calculadores que son, han echado cuentas y empiezan a temblar al ver la que en breve se les avecina para sufragar los costos de la energía por el pago del CO2 emitido según la normativa europea; aunque, para evitar entrar en una espiral de precios como en España, Italia o Portugal, ya llevan tomadas ciertas medidas sobre los grandes impuestos nacionales que la encarecen.

En España, país en el que estamos acostumbrados a la chapuza u ocurrencia del momento, al parche mediático aunque poco meditado o improvisado y a hacer las cosas mal con demasiada frecuencia, nos encontramos en este aspecto en una situación de caos y crisis total. Situación, que supone un hándicap para un gobierno que se pasó bastantes años en la oposición criticando a su antecesor porque la política energética de aquel suponía un gran desencuentro con la sociedad tras subir, en aquellos tiempos, los precios en un pequeño porcentaje y se hartó de hacer vanas promesas de corregirlos seriamente y proteger a los más necesitados de tales desmanes. Promesas, que trató de cumplir nada más hacerse con el poder y que ha olvidado por completo en menos de dos años. A fecha de hoy, y al menos en la Comunidad de Madrid, decenas de miles de familias siguen sin percibir en este 2021 una de las ayudas prometidas por el Gobierno de Pedro Sánchez, el Bono Social Térmico.

Resultado, el precio de la luz, impulsado por diversos factores endógenos y exógenos, es hoy en día cuatro veces más caro que cuando ellos prometían la arcadia energética (en estos días el megavatio llegará a los 200 euros, y al alza, en su hora punta), sube a todos por igual y no respeta ni a los ciudadanos que viven de un pequeño sueldo, una subvención o una pensión, ni tampoco a las pequeñas o medianas empresas, ni a las grandes industrias que consumen grandes cantidades de energía; por lo que incrementos tan importantes como los presentes, suponen una subida de sus precios de producción difíciles de absorber a costa de los cada vez, más reducidos beneficios de las industrias energéticas.

Por si fuera poco, a los mayores costos mencionados hay que añadir el gran incremento del coste de los derivados del petróleo (líquidos y gaseosos) lo que supone un encarecimiento indirecto de los precios de la producción de energía eléctrica y repercuten directamente en los del transporte, mantenimiento del ciclo del frio, el almacenamiento de los productos y su misma distribución. En consecuencia, el IPC sube proporcionalmente a lo anterior, lo que influye directamente en la capacidad y el nivel de consumo de los ciudadanos y a corto plazo, en los compromisos adquiridos por el gobierno para el mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios mínimos y pensiones en próximas revisiones. 

Sufrimos un gobierno que a pesar de confesar ser socialista y comunista hasta la medula, vive de, por y para los impuestos. Allá donde atisba un resquicio de donde sacar un céntimo al ciudadano y al pequeño o al gran empresario, se lanzan a su captura incumpliendo con ello su promesa de sólo freír a impuestos a los que más tienen; hoy en día, todos sufrimos su vorágine recaudatoria y sus sucesivos zarpazos.

Ha sido precisamente en el precio a pagar por la energía (de cualquier recibo de la luz, la Hacienda pública recauda casi el 60% de su importe) y de los carburantes, que no por su valor real, donde el gobierno ha encontrado uno de sus mayores filones recaudatorios. Impuestos que, unos son heredados, otros nuevos y la mayoría como resultado de concesiones o pagos a cuenta de ofertas anteriores para imponer determinados cambios en la forma de obtener la energía.

A pesar del enorme bocado que llega a las arcas del Estado por este concepto y en lugar de reducirlos a límites más razonables, tras muchas presiones, tiras y aflojas, el gobierno ha optado por un doble juego; bajarlos temporalmente —cómo mucho hasta abril del año que viene para volverlos a recuperar trascurrida dicha fecha— y meterle un palo a los beneficios de las empresas eléctricas quitándoles una serie de ingresos (posiblemente también temporal), que por cierto, habían sido pactados con ellas hace años a cambio de diversas y costosas inversiones y modificaciones en la red para hacerla más competitiva por su actualización y mayor eficiencia.

Como todo lo que suele vendernos el gobierno y sobre todo, su presidente, no solo gira en el entorno de la mentira, casi siempre es provisional, lo suele rectificar y se encuadra en los parámetros de lo que se conoce como “el pan para hoy, pero el hambre del mañana” porque al ser temporal su aplicación, la vuelta a los mismos parámetros transcurrido cierto tiempo, supone simplemente un traslado en tiempo del mismo problema sin haberlo solucionado.

Por otro lado, toda drástica e hiriente medida adoptada contra lobbies o empresas multimillonarias, enlazadas con fuertes inversores o importantes entidades bancarias afincadas en diversos territorios con tendencia al independentismo o la autosuficiencia, legislada de forma precipitada, populista, drástica, en caliente y sin escuchar a todas las partes implicadas, puede y debe tener repercusiones inmediatas o a corto plazo en la estabilidad económica, la seguridad jurídica a futuro, e incluso, también en la estabilidad parlamentaria, dado que aquellos territorios y los partidos políticos de corte nacionalista o separatista que los gobiernan, son contrarios al interés general del Estado, muy recelosos de las empresas en ellos afincadas y hasta, como sucede en este caso, forman parte sustancial de la alcayata en la que se apoya el gobierno de la nación para seguir adelante en su mandato o para aprobar sus necesidades legislativas.

El precipitado Decreto aprobado esta semana por el ejecutivo supone un mazazo a las eléctricas  a base de recortar unos 4.000 millones los beneficios a las eléctricas y dejar de percibir las arcas de Hacienda unos 2.000 millones de euros aunque será de forma provisional, ha tenido una rápida respuesta bursátil en los dos primeros días desde su publicación; dichas compañías ya habían perdido más de 7.500 millones en su cotización.

Todos los gobiernos populistas, que gastan a manos llenas un dinero que no tienen y tiran de dicho recurso como antaño se hacía con la pólvora del Rey, acaban encontrando en esto su talón de Aquiles por lo que, tarde o temprano, los imprudentes y felices tiempos del “pan y circo” se tornan contra ellos, porque al pueblo, por muy vago, comprado o con pocas luces que tenga, cada vez pide más pan y le gusta menos el circo.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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¿GUERRA DE DISPAROS ENTRE ESTADOS PREEMINENTES EN EL SIGLO XXI?

Alberto Hutschenreuter*

Recientemente, el presidente estadounidense Joseph Biden sostuvo que “los ciberataques podrían conducir a una verdadera guerra de disparos”. Sin eufemismos, sea una querella acotada en violencia y geografía o una crisis mayor, se trata de una advertencia (principalmente a Rusia) que implica un paso más hacia una posible confrontación armada, en un contexto entre Estados preeminentes que (hace tiempo) no es ni de guerra ni de paz.

Por tanto, no sorprenden las palabras del mandatario estadounidense, menos todavía viniendo de un demócrata; pues cada vez que hubo un presidente de ese partido en Estados Unidos, el enfoque hacia Rusia se fundó en alguna forma de embestida a este país.

En ese sentido, se podrán decir muchas cosas del ex presidente Trump, menos que blandió espadas frente a Rusia, no así varias de las agencias de inteligencia, el complejo industrial y el Pentágono.

De acuerdo con las concepciones de seguridad estadounidense de 2017 y 2021, Rusia y China son considerados rivales por Estados Unidos; es decir, algo más que competidores. La competencia es el lugar común en las relaciones interestatales; la rivalidad en estas relaciones supone retos, intenciones desconocidas, estrategias para lograr ganancias de poder, etc.

No obstante aquel enfoque por parte de Washington, Rusia implica una rivalidad más peligrosa que China. Aunque este último poder amenaza la primacía estadounidense en varios segmentos de dominio, no tanto en el estratégico-militar, y cada vez más proyecta poder en el mundo, existe una profusa relación comercial entre ambos poderes (favorable a Pekín), y si bien China impulsa un colosal corredor geoeconómico que atravesará Asia central, su orientación geopolítica continúa siendo el Asia-Pacífico.

Este último dato es importante. No solo porque Estados Unidos es una potencia marítima que está por encima del poder naval chino, sino porque China no es un actor que ponga mayormente en riesgo la relación atlanto-occidental. Es verdad que ocurren situaciones en el segmento cibernético y también que la ruta asiática podría exigir en el futuro más definiciones a Europa. Pero aquí es Rusia el reto mayor, el actor que más daño podría ocasionar.

Rusia no es percibida por Estados Unidos como un poder con el que habría que compartir una “nueva bipolaridad” internacional. Con China sí existe esa perspectiva, pues la construcción de poder por parte del país asiático ha sido y es, a menos que suceda un gran “cisne negro” en el país, indetenible. De hecho, los escenarios estratégicos globales que se plantean en Occidente de aquí al 2030 no consideran mejoras mayores con China, pero prácticamente ninguno aprecia que Estados Unidos liderará solitariamente el mundo.

Si bien en Estados Unidos existen posiciones relativas con debilitar la relación entre Rusia y China, para lo cual, como recomienda Charles Kupchan, es necesario mejorar las relaciones con Rusia (como ocurrió en los años setenta, cuando se trabajó la relación con Pekín para debilitar el vínculo chino-soviético), los enfoques predominantes apuntan a incrementar la presión a Moscú con el fin de debilitarla y disuadirla de intentar dividir a Occidente a través de sus medios propios de guerra híbrida.

En este sentido, el especialista Michael McFaul advierte que Rusia no se encuentra fuerte, pero tampoco es la Rusia de los noventa; por tanto, gradualmente se deben profundizar sanciones en varias direcciones hasta neutralizar sus operaciones en el extranjero. Pero otros van más allá de una “contención reforzada” y, como propone Condace Rondeaux, plantean presiones que incluyan la denominada “opción nuclear”, esto es, fuertes sanciones que prohíban a las instituciones financieras occidentales comerciar bonos del gobierno ruso denominados en rublos. En esta línea, otra opción (“bastante nuclear” y que recientemente se dejó de lado) era convencer a Alemania para que abandonara el “Nord Stream 2”. No obstante, las medidas relativas con golpear en el principal activo de Rusia, la energía, se mantienen abiertas.

Se trata de escenarios de riesgo mayor. Occidente, es decir, Estados Unidos, se muestra dispuesto a proseguir rentabilizando su victoria en la guerra fría, y para ello es preciso negar toda posibilidad geopolítica, geoeconómica y geoenergética a Rusia. Como se pretendía en los noventa: que Rusia sea un actor débil y un mero aportante de materias primas. En otros términos, si hay finalmente un orden internacional en el mundo siglo XXI, Rusia será un actor en dicho orden, no un actor estratégico en el mismo.

Pero difícilmente Rusia, una superpotencia (y “Estado-continente”) en varios segmentos de poder, no solo en el estratégico-militar-nuclear, lo acepte. Por ello, la advertencia de Biden relativa con que los ciberataques podrían conducir a “una verdadera guerra de disparos” hay que tomarla muy en serio. No solo porque lo piense y diga un demócrata en un contexto que no es ni de guerra ni de paz, sino porque no existen razones categóricas para aseverar que porque no han ocurrido confrontaciones militares de escala en los últimos 70 años (algo que no es del todo cierto) las mismas ya no ocurrirán.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL) y profesor en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) y en la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Es autor de numerosos libros sobre geopolítica y sobre Rusia, entre los que se destacan “El roble y la estepa. Alemania y Rusia desde el siglo XIX hasta hoy”, “La gran perturbación. Política entre Estados en el siglo XXI” y “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”. Miembro de la SAEEG. 

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LAS ETAPAS Y OPCIONES DE LA PRODUCCIÓN DE ENERGÍA A PARTIR DEL HIDRÓGENO

Giancarlo Elia Valori*

Hay tres formas principales de utilizar la energía del hidrógeno:

1) combustión interna;

2) conversión a electricidad utilizando una pila de combustible;

3) fusión nuclear.

El principio básico de un motor de combustión interna de hidrógeno es el mismo que el de un motor de combustión interna de gasolina o diesel. El motor de combustión interna de hidrógeno es una versión ligeramente modificada del motor de combustión interna de gasolina tradicional. La combustión interna de hidrógeno quema hidrógeno directamente sin usar otros combustibles o producir vapor de agua de escape.

Los motores de combustión interna de hidrógeno no requieren ningún entorno especial costoso o catalizadores para realizar completamente el trabajo, por lo que no hay problemas de costos excesivos. Muchos motores de combustión interna de hidrógeno desarrollados con éxito son híbridos, lo que significa que pueden usar hidrógeno líquido o gasolina como combustible.

El motor de combustión interna de hidrógeno se convierte así en un buen producto de transición. Por ejemplo, si no puede llegar a su destino después de repostar, pero encuentra una estación de reabastecimiento de hidrógeno, puede usar hidrógeno como combustible. O puede usar hidrógeno líquido primero y luego una estación de reabastecimiento de combustible regular. Por lo tanto, la gente no tendrá miedo de utilizar vehículos impulsados por hidrógeno cuando las estaciones de repostaje de hidrógeno aún no están muy extendidas.

El motor de combustión interna de hidrógeno tiene una pequeña energía de ignición; es fácil lograr la combustión, por lo tanto, se puede lograr un mejor ahorro de combustible en condiciones de trabajo más amplias.

La aplicación de la energía del hidrógeno se logra principalmente a través de pilas de combustible. La forma más segura y eficiente de usarlo es convertir la energía del hidrógeno en electricidad a través de dichas células. El principio básico de la generación de energía de pila de combustible de hidrógeno es la reacción inversa de electrólisis del agua, el hidrógeno y el oxígeno suministrados al cátodo y al ánodo, respectivamente. El hidrógeno que se separa – después de la reacción del electrólito – hace que los electrones emitidos alcancen el ánodo a través del cátodo por medio de una carga externa.

La principal diferencia entre la pila de combustible de hidrógeno y la batería ordinaria es que esta última es un dispositivo de almacenamiento de energía que almacena energía eléctrica y la libera cuando es necesario, mientras que la pila de combustible de hidrógeno es estrictamente un dispositivo de generación de energía, como una planta de energía.

Lo mismo que un dispositivo de generación de energía electroquímica que convierte directamente la energía química en energía eléctrica. El uso de la pila de combustible de hidrógeno para generar electricidad, convierte directamente la energía química de combustión en energía eléctrica sin combustión. La tasa de conversión de energía puede alcanzar del 60% al 80% y tiene una baja tasa de contaminación. El dispositivo puede ser grande o pequeño, y es muy flexible.

Básicamente, las baterías de combustión de hidrógeno funcionan de manera diferente a los motores de combustión interna: las baterías de combustión de hidrógeno generan electricidad a través de reacciones químicas para propulsar automóviles, mientras que los motores de combustión interna usan calor para conducir automóviles.

Debido a que el vehículo de pila de combustible no implica combustión en el proceso, no hay pérdida mecánica o corrosión. La electricidad generada por la batería de combustión de hidrógeno se puede utilizar directamente para impulsar las cuatro ruedas del vehículo, dejando así fuera el dispositivo de transmisión mecánica. Los países que están desarrollando investigaciones son conscientes de que la batería del motor de combustión de hidrógeno pondrá fin a la contaminación. La investigación y el desarrollo de tecnología ya han producido con éxito vehículos de pila de hidrógeno: las industrias de poda de automóviles de vanguardia incluyen GM, Ford, Toyota, Mercedes-Benz, BMW y otras compañías internacionales importantes.

En el caso de la fusión nuclear, la combinación de núcleos de hidrógeno (deuterio y tritio) en núcleos más pesados (helio) libera enormes cantidades de energía.

Las reacciones termonucleares, o cambios radicales en los núcleos atómicos, son actualmente nuevas fuentes de energía muy prometedoras. Los núcleos de hidrógeno implicados en la reacción nuclear, como el hidrógeno, el deuterio, el flúor, el litio, el iridio (obtenido especialmente de meteoritos caídos en nuestro planeta), etc., obtienen la energía cinética necesaria del movimiento térmico y provocan la reacción de fusión.

La propia reacción termonuclear detrás de la explosión de la bomba de hidrógeno, que puede producir una gran cantidad de calor en un instante, todavía no puede utilizarse con fines pacíficos. Bajo condiciones específicas, sin embargo, la reacción termonuclear puede lograr una reacción termonuclear controlada. Este es un aspecto importante para la investigación experimental. La reacción termonuclear controlada se basa en el reactor de fusión. Una vez que un reactor de fusión tiene éxito, puede proporcionar a la humanidad la fuente de energía más limpia e inagotable.

La viabilidad de un reactor de fusión nuclear controlado más grande es tokamak. Tokamak es un dispositivo de forma toroidal que utiliza un potente campo magnético para confinar el plasma. Tokamak es uno de los varios tipos de dispositivos de confinamiento magnético desarrollados para producir energía de fusión termonuclear controlada.

A partir de 2021, es el principal candidato para un reactor de fusión. El nombre tokamak proviene del ruso (toroidal’naja kamera s magnitnymi katuškami: cámara toroidal con bobinas magnéticas). Su configuración magnética es el resultado de una investigación realizada en 1950 por los científicos soviéticos Andrei Dmitrievič Sakharov (1921-1989) e Igor’ Evgen’evič Tamm (1895-1971), aunque el nombre se remonta más precisamente a 1957.

En el centro de tokamak hay una cámara de vacío en forma de anillo con bobinas enrolladas en el exterior. Cuando se energiza, se genera un enorme campo magnético espiral dentro del tokamak, que calienta el plasma en el interior a una temperatura muy alta, lo que logra el propósito de la fusión nuclear.

La energía, los recursos y los problemas ambientales necesitan urgentemente la energía del hidrógeno para resolver la crisis ambiental, pero la preparación de la energía del hidrógeno aún no está madura, y la mayor parte de la investigación sobre materiales de almacenamiento de hidrógeno todavía se encuentra en la etapa de laboratorio exploratorio. La producción de energía de hidrógeno también debe centrarse en la producción “biológica” de hidrógeno.

Otros métodos de producción de hidrógeno son insostenibles y no cumplen los requisitos de desarrollo científico. Dentro de la producción biológica, la producción microbiana requiere una combinación orgánica de ingeniería genética e ingeniería química para que la tecnología existente pueda utilizarse plenamente para desarrollar organismos productores de hidrógeno que cumplan los requisitos lo antes posible. La producción de hidrógeno a partir de biomasa requiere una mejora continua y una promoción vigorosa de la tecnología. Es un proceso difícil.

El almacenamiento de hidrógeno centrado en el descubrimiento de nuevos aspectos de los materiales o su preparación aún no está a nivel industrial a gran escala. Teniendo en cuenta los diferentes mecanismos de almacenamiento de hidrógeno, y el material a utilizar, también necesita más estudio.

Además, cada material de almacenamiento de hidrógeno tiene sus propias ventajas y desventajas, y la mayoría de las propiedades del material de almacenamiento tienen las características que se relacionan con la aductividad y las propiedades de un solo material, más comúnmente conocido.

Por lo tanto, se cree que los esfuerzos deben centrarse en el desarrollo de un material compuesto de almacenamiento de hidrógeno, que integre las ventajas de almacenamiento de múltiples materiales individuales, en la línea de mayores esfuerzos futuros.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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