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AL OTRO DÍA

Marcelo Javier de los Reyes*

Cleto Mariano Grandoli y Domingo Fidel Sarmiento.

En memoria de los jóvenes que ofrendaron su vida en Curupaytí y en la Guerra del Paraguay.

En aborrecimiento a la dirigencia actual.

 

Escribo estas líneas al otro día de que se conmemorara un nuevo aniversario de la muerte del Subteniente 1º de Bandera Cleto Mariano Grandoli y de Domingo Fidel Sarmiento, quienes fallecieron en la batalla de Curupaytí el 22 de septiembre de 1866, en el marco de la guerra de la Triple Alianza (1864-1870) que enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay con Paraguay. Esa tentativa de las tropas aliadas de tomar el fuerte de Curupaytí, junto al río Paraguay, es considerada como la peor derrota militar en la historia del Ejército Argentino. Se estima que las fuerzas aliadas sufrieron una cifra cercana a las 10.000 bajas entre muertos y heridos.

Cleto Mariano Grandoli había nacido en Rosario el 26 de abril de 1849 y falleció en el campo de batalla portando la Bandera Argentina, por lo que pasó a ser recordado como el Abanderado Grandoli. El joven tenía solo 16 años cuando se inició el conflicto y se ofreció como voluntario en el ejército en julio de 1865, ingresando a la milicia como Subteniente abanderado del Batallón N°1 de Santa Fe.

Tras su participación en la batalla de Yatay y en la toma de Uruguayana, fue ascendido a Subteniente 1º de Bandera de su batallón en octubre de ese año. Una de sus páginas de gloria fue escrita en la batalla de Tuyutí, el 24 de mayo de 1866, en el que las banderas sostenidas por los jóvenes Grandoli y Justo Sócrates Anaya fueron acribilladas mientras flameaban en medio del fragor del combate. Anaya continuó con su carrera militar al término de la guerra.

Grandoli participó de las batallas de Yataytí-Corá, de Boquerón y Sauce pero encontró la muerte el 22 de septiembre en la batalla de Curupaytí. Al observar la superioridad de las fuerzas de defensa paraguayas le escribió una carta a su madre, en la que se destacan estas líneas:

«El argentino de honor debe dejar de existir antes de ver humillada la bandera de la Patria. Yo no dudo que la vida militar es penosa, pero, ¿qué importa si uno padece defendiendo los derechos y la honra de su país? Mañana seremos diezmados, pero yo he de saber morir defendiendo la bandera que me dieron».

Hombre de palabra, cumplió con lo que escribió y la bandera que portaba fue atravesada por 14 balazos y cayó manchada con su sangre en Curupaytí. Hoy esa bandera se haya expuesta en el Museo Histórico Provincial «Dr. Julio Marc» de la ciudad de Rosario. Su cuerpo quedó en el campo de batalla, como los de tantos argentinos.

En Curupaytí también falleció Domingo Fidel Sarmiento, hijo de la argentina Benita Martínez Pastoriza y del comerciante chileno Domingo Castro y Calvo. A la muerte de su esposo, Benita contrajo matrimonio con Domingo Faustino Sarmiento, quien lo adoptó formalmente en 1848. Domingo Fidel, «Dominguito», nació en Santiago de Chile el 17 de abril de 1845, ciudad en la que cursó sus estudios primarios y parte de los secundarios, los que terminó en la ciudad de Buenos Aires. En esta ciudad pudo conocer a la dirigencia política e intelectual de su época.

Cuando estalló la Guerra de la Triple Alianza, Dominguito se alistó en el Ejército Argentino, a pesar de la oposición de su madre, y participó de ese conflicto con el grado de capitán.

Al igual que Grandoli y que tantos otros jóvenes, Dominguito murió combatiendo en la batalla de Curupaytí, a los 21 años de edad. También dejó una carta a su madre, escrita ese mismo día antes de la batalla.

La Argentina de Grandoli, Anaya y Dominguito era una Patria que enfrentaba una guerra que, como toda guerra, no debería de ocurrir. Una guerra entre países hermanos que aún enfrentan el desafío de encontrar un camino común de desarrollo, de crecimiento, trabajando para lograr un mutuo beneficio y poner esta región del mundo en un lugar destacado en el escenario global. Una ardua tarea para la que parece que aún no estamos preparados.

Esa era una Patria que tras décadas de conflictos civiles había encontrado una unión y un orden que ayudó a consolidar sus incipientes instituciones que le permitieron, en pocos años, convertirse en una gran Nación, que se situó por encima de varios países de la Europa de esa época y que se encaminaba a ser una potencia gracias a una dirigencia política e intelectual, conformada por hombres con defectos y virtudes como todos, pero que tenían un horizonte claro, un destino promisorio para la República Argentina.

Era una Nación a la que muchos jóvenes le ofrendaron su vida.

Escribo estas líneas ciento cincuenta y seis años después de la muerte de esos jóvenes que pasaron a la historia con honor, en una Patria que se diluye ante nuestros ojos por obra de una «oligarquía política» conformada por pusilánimes y corruptos —salvo honrosas excepciones— que se benefician de una  sistema partidocrático berreta moldeado por ellos mismos para sacar provecho del mismo, empobreciendo a la Patria y a sus ciudadanos en un país que cuenta con incontables recursos.

Por obra de esta dirigencia, hoy la Argentina no tiene jóvenes que se inmolen por ella sino jóvenes que huyen en busca de un país que le ofrezca lo que su propio país es incapaz de ofrecerle. Estos jóvenes sienten, con razón, que aquí no tienen futuro.

Escribo estas líneas al otro día en que en el Congreso de la Nación —que nada tiene de honorable— se debatió la Ley de Humedales, siguiendo las políticas impuestas desde el exterior, impulsadas por ONGs financiadas también desde el exterior, y que solo apunta a continuar arruinando los sectores productivos de la Nación y con ello a generar mayor pobreza.

En lugar de favorecer la producción, la Secretaría de Comercio pone toda su energía en analizar el «mercado de figuritas» y un diputado de la Nación propone a una ciudad de Buenos Aires como «capital del jamón crudo argentino».

Los jóvenes tienen razón: aquí no tienen futuro.

Los adultos no supimos mantener la Argentina a la que muchos ciudadanos le dedicaron su vida, trazando unos Objetivos Nacionales que venimos borrando desde hace décadas, incapaces de enfrentar los «relatos» y la traición de los miembros de esa «oligarquía política».

Tenemos una gran deuda con nuestros jóvenes, estamos a las puertas de la desintegración nacional, pero aún estamos a tiempo de revertir ese rumbo si nos ponemos a trabajar ya. Como dice nuestro Himno Nacional,

«Coronados de gloria

Vivamos

Oh, juremos con gloria morir».

 

Buenos Aires, 23 de septiembre de 2022.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director ejecutivo de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Profesor de Inteligencia de la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de la Universidad Nacional de La Plata.

Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

Embajador Académico de la Fundación Internacionalista de Bolivia (FIB).

Investigador Senior del IGADI, Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, Pontevedra, España.

 

 

Bibliografía

Corbat, Ariel. El heroísmo y la gloria (Trilogía de Convivviones). Florida, Provincia de Buenos Aires: La Pluma de Derecha, 2017.

De Marco, Miguel Ángel. «Banderas rosarinas en la Guerra del Paraguay». Histamar (conferencia pronunciada el 16 de junio de 1960), https://www.histarmar.com.ar/InfHistorica-3/BanderasRosarinas-Paraguay.htm.

Marturet, Carlos María. “A 155 años de la muerte en combate del subteniente 1ro de Bandera Cleto Mariano Grandoli”. Argentina.gob.ar, 22/09/2021, https://www.argentina.gob.ar/noticias/155-anos-de-la-muerte-en-combate-del-subteniente-1ro-de-bandera-cleto-mariano-grandoli.

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BURDA MALVERSACIÓN DE LA HISTORIA

Arturo Larrabure*

Concejal de La Rioja Nelson Johannesen, del Frente de Todos, quien en una reciente sesión del Concejo Deliberante de esa capital provincial reivindicó a la organización terrorista Montoneros y llamó a sus integrantes «soldados de la patria».

En una irracional apología de la sangrienta militancia del terrorismo guerrillero, y una muy grave malversación de la historia, el concejal de la Rioja, Nelson Johanessen, ha calificado a los guerrilleros de «soldados de la patria que se la jugaron por el exterminio sistemático que recibían las fuerzas políticas que pensaban distinto a la dictadura militar».

Es penoso que quien ejerce un cargo público no tenga cuanto menos la prudencia y honestidad intelectual de leer la sentencia a los comandantes, donde la Cámara Federal dijo:

«También está fuera de discusión que a partir de la década de 1970 el terrorismo se agudizó en forma gravísima, lo que se manifestó a través de los métodos empleados por los insurgentes; por su cantidad; por su estructura militar; por su capacidad ofensiva; por su poder de fuego; por los recursos económicos con que contaban provenientes de la comisión de robos, secuestros extorsivos y variada gama de delitos económicos; por su infraestructura operativa y de comunicaciones; la organización celular que adoptaron como modo de lograr la impunidad; por el uso de la sorpresa en los atentados irracionalmente indiscriminados; la capacidad para interceptar medios masivos de comunicación; tomar dependencias policiales y asaltar unidades militares.

En suma, se tiene por acreditado que la subversión terrorista puso una condición sin la cual los hechos que hoy son objeto de juzgamiento posiblemente no se hubieran producido.

Además, el Tribunal también admite que esos episodios constituyeron una agresión contra la sociedad argentina y el Estado, emprendida sin derecho, y que éste debía reaccionar para evitar que su crecimiento pusiera en peligro la estabilidad de las instituciones asentadas en una filosofía cuya síntesis, imposible de mejorar, se halla expuesta en la Constitución Nacional».

Es más, dejó  bien en claro que la inmensa mayoría de los actos terroristas que asolaron a Argentina ocurrieron antes del 24 de marzo de 1976.

Así consta en el CAPITULO I (Cuestiones de hecho Nros. 1 y 2), donde se lee:

«e) …La actividad a que se hace referencia se desarrolló con intensidad, progresiva y alcanzó su momento culminante a mediados de la década ya que las bandas existentes, dotadas de un número creciente de efectivos, de mejor organización y mayores recursos financieros, multiplicaron su accionar y produjeron, en el lapso posterior a la instauración del gobierno constitucional, la mayor parte de los hechos delictivos registrados estadísticamente para todo el período analizado.

Esta circunstancia puede comprobarse cuantitativamente teniendo en cuenta que:

a) De los 138 delitos contra civiles de los que da cuenta el informe de Policía Federal (fs. 321/353 del cuaderno de prueba de Videla), 62 se cometieron durante los años 1974 y 1975.

b) De los 21.642 hechos terroristas que computa para toda la década el Estado Mayor General del Ejército (fs. 318/323 del cuaderno de prueba de Viola), 6.762 sucedieron entre 1974 y 1975.

c) Los ataques organizados contra unidades militares de mayor envergadura, por la importancia de los objetivos y por el despliegue logístico y de combate que supusieron, también corresponden a esta época, que se vio conmocionada por los copamientos del Regimiento X de Caballería blindada de la Ciudad de Azul, la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María, el Batallón Depósitos de Arsenales 121 «Fray Luis Beltrán» de Rosario, los intentos de copamiento al Regimiento de infantería de Monte en la Prov. de Formosa, y al Batallón Depósito de Arsenales 601 “Domingo Viejo Bueno» en Monte Chingolo, y los atentados con explosivos contra la Fragata Misilística Santísima Trinidad, ocurrido en la Base Naval Río Santiago, y contra un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina, ocurrido en el Aeropuerto Benjamín Matienzo de la Provincia de Tucumán (según consignan los informes citados y la publicación oficial “El Terrorismo en la Argentina”)».

Cabe preguntar al concejal Johanessen cuál era la dictadura militar existente el 25/09/1973 cuando sus idolatrados montoneros asesinaron a José Ignacio Rucci, dos días después de que Perón ganara las elecciones por el 62 % de los votos.

¿Qué dictadura imperaba en el país el 05/10/1975 cuando Montoneros atacó el regimiento de Formosa asesinando vilmente a los soldados?

¿Qué gobierno de facto existía cuando en agosto de 1974 el ERP atacó la fábrica militar de Villa María secuestrando a mi padre, para luego de 372 días de inhumano cautiverio asesinarlo?

Basta de la teoría de los dos demonios, dice Ud., concejal. Coincido, basta, porque ella no es criticable por amplia, sino por exigua. El demonio de la violencia no es solamente imputable a guerrilleros y militares, las lógicas violentas fueron también predicadas por políticos y educadores que de nada se han arrepentido.

La mejor muestra es su discurso, reflejo de que nada ha aprendido después de tanto dolor.

Coronel Argentino del Valle Larrabure (1932-1975), secuestrado y asesinado por el ERP en 1974, durante el gobierno constitucional de la Presidente María Estela Martínez de Perón.

Mi padre, el Cnel. Argentino del Valle Larrabure murió sin quebrarse, fiel a su Dios, a su Patria y a su Ejército.

¿Qué fue del ideal, le pregunto, de los que quisieron reemplazar la República por un régimen marxista?

¿Han condenado acaso los hechos de corrupción que avergüenzan a Argentina?

¿Han repatriado los millones de dólares obtenidos mediante secuestros, destinándolos a la construcción de hospitales o a combatir la pobreza?

En un dorado exilio disfrutan de los beneficios de un manto de impunidad al que, confío, la justicia ponga fin considerando sus crímenes de lesa humanidad.

 

* Vocal del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), Asociación Civil que nuclea a las Víctimas del Terrorismo de Argentina.

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INSENSIBLES

Iris Speroni*

Pasó a ser más caudaloso el dinero proveniente del gobierno que el de los pasajeros.

El lunes pasado, 22 de agosto de 2022, hacía 5º C a las 8 de mañana en la zona de Capital Federal. En el Gran Buenos Aires, un par de grados Celsius menos.

Quienes pretendían subirse a un colectivo formaban colas de 200 ó 300 metros de largo frente a las paradas, mientras rogaban no enfermarse por el frío inclemente. Decenas de miles de compatriotas insumieron hasta tres horas para llegar a su trabajo y luego la misma rutina para volver a su hogar.

Las razones fueron dos: un lockout patronal de los concesionarios de colectivos (transporte público) y la falta de organización de los trenes de pasajeros que buscara mitigar, aunque sea parcialmente, el defecto del servicio público.

El resultado fue: menor frecuencia de colectivos, unidades que salían completas de la terminal y pasaban de largo por las paradas intermedias. Las estaciones de trenes repletas con formaciones reprogramadas o canceladas, transbordos desincronizados, etc. En resumen: caos y desconsideración por parte de las autoridades a todas esas personas que deben ir a trabajar por transporte público.

Mientras, en televisión, nos distrajeron 7×24 con las reyertas entre las diferentes bandas criminales que tienen por rehén al estado argentino; las cuales llevaron a tribunales sus disputas por los cotos de fraude al erario público. Exhibicionismo obsceno de insensibilidad, codicia y narcisismo.

Razones del lock-out patronal

Ya hace más de una década, durante el gobierno de Néstor Kirchner, se implementó el sistema de subsidiar a las líneas de colectivo con el fin de no aumentar el precio del boleto. Eran las épocas en que el presidente intentaba manipular los índices de inflación.

Las consecuencias fueron nefastas. Cincuenta años atrás, la mayoría de las líneas de colectivo pertenecían a cooperativas de propietarios. Cada colectivero (dueño de una unidad) poseía uno o dos vehículos y se asociaba con otros de forma de cubrir las exigencias regulatorias (frecuencias, horarios nocturnos, guardias fines de semana y feriados, etc.). Contrataban choferes de colectivo (empleados no dueños), con el fin de hacer rendir más la inversión. No era un sistema ideal, pero, mal que mal, funcionaba o al menos lo hacía mejor que ahora.

Los subsidios cambiaron la dinámica del negocio. Primero, porque pasó a ser más caudaloso el dinero proveniente del gobierno que el de los pasajeros. Segundo, porque había que sentarse a negociar los subsidios con un funcionario. Si uno era un don nadie, lo ninguneaban, si era un “pesado”, lo atendían.

Es más, era fácil mandar una línea a la bancarrota por el sencillo procedimiento de cortarle los fondos. Ahí aparecía alguien “relacionado” y la compraba por monedas. Así quedaron todas en manos de políticos, empresarios en otros rubros y sindicalistas, despojando de su medio de ingreso a miles de familias. El negocio dejó de ser transportar gente sino tener una ventanilla de cobro de subsidios; el substrato pasó a ser anecdótico.

Resulta particularmente chocante este proceso de concentración de la propiedad —en este caso de concesiones— toda vez que la primera dama primero, y presidenta por dos mandatos después, era hija de un colectivero (propietario).

Hicieron con los colectivos lo mismo que con todas las actividades destinatarias de subsidios: quedar en manos amigas. Crony capitalism.

Las consecuencias para el público usuario y los trabajadores fue catastrófico: eliminación de frecuencias a la noche. (¿Cómo hace una persona pobre para ir a la guardia de un hospital? ¿Cómo hace un trabajador que ingresa a la madrugada?), menores frecuencias durante el día (actualmente 30′ ó 40′ durante el día en el conurbano), porque al propietario le importa cobrar el subsidio, no cobrar el boleto. Asaltos a los choferes y a los usuarios a toda hora, en particular a la noche. Un trabajador jamás podrá pasar a la categoría colectivero (propietario); no está en las cartas.

Los funcionarios dejaron de controlar las unidades. La limpieza brilla por su ausencia (con un breve interregno durante la cuarentena por COVID).

Por último, desde el cambio de la estructura del negocio, desaparecieron las carroceras (empresas que arman la carrocería del vehículo). Algunas fueron compradas por brasileños. Otras cerraron e importamos la carrocería de Brasil. Más personas se quedaron sin trabajo. Porque para un “gran empresario” nacional es más conveniente comprar unidades al por mayor en Brasil con créditos de los bancos oficiales de nuestro amigo del Mercosur, que a una empresa local.

En resumen: todo fue para bien de muy pocos y para mal de millones de personas. Como todo lo que toca este entramado de políticos y pseudoempresarios, el cual no deja resquicio alguno para que un gaucho se gane la vida. Por otro lado, los subsidios al transporte son un botín multimillonario, que no podían dejar pasar por alto ni tienen voluntad de desarmar. Por eso Macri siguió todo como estaba.

El conflicto de esta semana en particular se debió a que el gobierno autorizó aumentos del precio del gasoil que no transfirió a los subsidios, más un retraso en el pago de los mismos. Por lo que los peces gordos propietarios desafectaron unidades en protesta. Como si esto fuera poco, dejaron de pagar los salarios.

Los políticos y la población trabajadora

La mayoría de los políticos —excepto muy escasas excepciones— provienen de hogares humildes o un poco por arriba de ese umbral. Antes de hacerse políticos viajaban en transporte público y contaban las monedas.

Luego pasan a ser millonarios hasta acomodar a los nietos. Cambian de auto, casa y esposa (por un modelo más joven). Viajan en auto con chofer (que pagamos nosotros). No saben qué es un colectivo, ni les importa.

Les importa cero el destino de quienes dejaron atrás. No gastan ni un segundo de sus vidas en ocuparse en que algo —lo que sea— funcione. Si se les reclama, se enojan. Los muy atrevidos. Como fue el caso del presidente de la Nación que se hizo el ofendido, gritó como una verdadera diva, porque la población se quejaba por el faltante de gasoil, exclusiva responsabilidad de su gobierno, por la manipulación de precios y la baja de corte de biodiésel del 2021.

«Déjenme de embromar, hay que producir»

En el momento más próspero de la Argentina, probablemente de nuestra historia (desde que la soja estuvo a US$ 400 la tn con Néstor Kirchner hasta hoy), el pueblo nunca viajó peor. Hay que ir a las cinco de la mañana para sacar turno en un hospital público. Con toda la plata que roban, ni siquiera se ocupan de pintar las escuelas. La seguridad es un chiste.

El gobierno de Néstor Kirchner y sus sucesores gastaron fortunas en supuestas mejoras de las líneas de pasajeros de FFCC. Los concesionarios eran Macri, Roggio y Cirigliano. Con la anuencia de los sindicalistas, embolsaron el dinero que debía ir a las mejoras [1]. Todo terminó en el estrago de Once.

No hacen ni una cosa que mejore la vida diaria del pueblo. “Si sos pobre, jorobate”. Castigan a los pobres a ser pobres toda la vida. Los fuerzan a chapotear en el barro, comprar garrafas sin gas (llama roja en lugar de azul). A no tener servicio de salud. A escuelas en huelga permanente.

Están tan enfermos de soberbia, alejados adrede de quienes los pusieron en ese lugar, condenándonos a todos a algo peor que la pobreza: la indignidad. Son unos verdaderos psicópatas.

Mal rayos le parta.

 

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Nota

[1] Excepto el Pollo Sobrero en la línea Sarmiento. Por todas sus denuncias sobre falta de mantenimiento, le armaron una causa, lo metieron preso; terminó en la renuncia del juez prevaricador. La anuencia vino de personas como Pedraza, que tenía armado un “racket” conjuntamente con el secretario de transporte.

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Artículo originalmente publicado el 27/08/2022 en Restaurar.org, https://restaurarg.blogspot.com/2022/08/insensibles.html