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LOS ESTADOS Y SUS ESTRATEGIAS INTERNACIONALES

Agustín Saavedra Weise*

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Todo actor que opera en el sistema internacional tiene un conjunto de intereses que busca defender y promover mediante la utilización de recursos disponibles. También enfrentará en simultáneo un conjunto de rivalidades o amenazas provenientes de diversos sectores. Estos actores (básicamente estados y organismos de diverso tipo) erogarán recursos para proteger y promover sus intereses en un crudo sistema mundial en el que no se garantiza ni el éxito ni la supervivencia.

Para sostenerse en ese duro contexto hace falta disponer de un concepto estratégico global y de estrategias diversas capaces de enfrentar los distintos escenarios que se presentan, los que pueden ser de cooperación, de alianzas, rivalidades, tensiones mutuas y hasta enfrentamientos o terrorismo. Un estado sin estrategias claras no podrá sobrevivir ni intentar prosperar en el duro mundo de este tercer milenio; para triunfar y permanecer en escena deberá disponer de estrategias en función de su interés nacional que garanticen su éxito particular o, por lo menos, lograr que su existencia no esté amenazada.

El mismo término “estrategia” es flexible, pues bien podemos referirnos a la “gran estrategia” (estrategia global) como a las estrategias de menor cuantía orientadas hacia diversos escenarios. Todo país que se precie de serlo debe tener un concepto de gran estrategia y estrategias menores diferenciadas, al margen de ser siempre cambiantes en función de las circunstancias.

Como ya lo mencioné hace muchos años (1979) siguiendo la línea trazada por Sir Michael Howard, la estrategia tiene cuatro dimensiones básicas: operacional, logística, tecnológica y social. Según el escenario de coyuntura —sea este bélico, comercial, diplomático o de alguna otra naturaleza— prevalecerá una u otra de las dimensiones, pero éstas deben estar perfectamente sincronizadas en función del objetivo final: triunfar, empatar o perder con el mínimo costo.

Todos los expertos reconocen que el objetivo de la mayoría de los estados se centra en mantener su independencia e integridad; en otros casos estará orientado a extender su influencia y algunos procurarán conquistas para extender dominios o acrecentar influencia. Las herramientas materiales clásicas a disposición han sido siempre tres: poder militar, riqueza y aliados. A ello debe agregarse el potencial en materia de habitantes, nivel educativo, recursos naturales, cultura cívica y ventajas o desventajas geopolíticas.

Por debajo de la estrategia, las “tácticas” son movimientos menores que en conjunto configuran al concepto estratégico de “x” coyuntura. Además, debe haber lugar para lo impensable, para lo que ocurre sin planificar o prevenir; puede ser desde un desastre natural hasta cualquier otra contingencia extraordinaria. Lo importante es reconocer que las estrategias son flexibles y generan acciones en muchos ámbitos, desde lo militar hasta lo político, electoral, comercial, etc.

Los estados con estrategias claras y constantes en su mayoría triunfan aun siendo pequeños, ya que mantienen presencia activa en el concierto mundial, son neutrales y se los respeta; caso Uruguay, Suiza, Costa Rica o Bélgica, por citar algunos ejemplos. Por el contrario, estados ideologizados y enredados en pugnas internas, o que procuran “descolonizaciones” en marcos de fanatismos étnicos, religiosos u otros, casi siempre terminan siendo dominados o se estancan. Es una verdad irrefutable en el concierto planetario de nuestros días. Tomemos nota.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Publicado originalmente en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, https://eldeber.com.bo/opinion/los-estados-y-sus-estrategias-internacionales_224197

PENSAMIENTO ESTRATÉGICO Y ESTADISTA

Agustín Saavedra Weise*

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Los manuales definen al pensamiento estratégico como el enfoque que mira con amplitud el hoy en función de perspectivas hacia el futuro. En otras palabras, implica ser capaz de anticipar el efecto de acciones a largo plazo orientadas hacia objetivos puntuales. El pensamiento estratégico ausculta hacia adelante y mide resultados o consecuencias antes de iniciar acciones. Esa mirada de águila implica el establecimiento planificado de un conjunto amplio de cosas por hacer con márgenes alternativos de flexibilidad, tomando en cuenta además determinadas variables (controlables y no controlables), las que a su vez provocarán pautas de acción en los campos militares, sociales, económicos diplomáticos, psicológicos, etcétera.

Se trata, en síntesis, de pensar en grande, algo que parece haber sido olvidado o dejado de lado por quienes lo consideran “pasado de moda”. Nada de eso, el pensamiento estratégico en términos de vastos horizontes sigue siendo el instrumento básico de todo estadista o de quien aspire seriamente a serlo. El ámbito comentado no se restringe ni a la política ni a la fase militar; puede darse también en empresas y en negocios diversos, inclusive en la propia lucha permanente por la auto superación personal.

Como bien señaló Henry Kissinger en su obra “Un Mundo Restaurado” (FCE, México) todo estadista debe tratar de conciliar lo que considera justo con lo que considera posible. Lo justo depende de la estructura interna de cada estado y lo posible depende de los recursos, de la posición geográfica y de múltiples factores más. La medida del equilibrio del pensamiento estratégico del auténtico estadista es la que en su momento lo pondrá en un lugar destacado de la historia. Si intenta ser conquistador o profeta podrá tener destellos populistas y hasta momentos de gloria, pero su obra —tarde o temprano— se derrumbará sin dejar mayores huellas. Lo efímero es siempre de corto aliento.

En la historia mundial abundan episodios de conquistadores y profetas de toda laya. Algunos dejaron su marca, otros ya ni siquiera son recordados. Los grandes estadistas —aunque no hayan sido populares en su tiempo o hubieran tenido momentos muy difíciles— surgen nítidamente en el campo histórico como seres que forjaron parte esencial del rumbo de la humanidad, defendieron a sus países, los mantuvieron unidos, superaron injusticias e hicieron crecer a sus naciones, incrementando su potencial y viabilidad. Hombres de la talla de Washington, Lincoln, Roosevelt, Metternich, San Martín, Bolívar, Juárez, Mandela (y varios otros que por falta de espacio no nombramos) cruzaron con holgura el umbral grande; allí han dejado su sello para siempre mediante acciones concretas. Y tales acciones nunca hubieran podido ser ejecutadas si estos seres singulares no hubieran tenido el privilegio de contar con un pensamiento estratégico, con un sentido de dimensión panorámica que les permitió avizorar problemas, como también programar la mejor manera táctica de enfrentarlos y resolverlos, para así obtener resultados acordes con la estrategia definida. El conquistador conquista pero pocas veces perdura. El profeta predica y tiene carisma, tal vez hasta arrastre multitudes en cierto momento, pero también su estela es fugaz. Los resultados de ambos casi siempre terminan siendo nulos o negativos. A la larga, el estadista visionario es el que sobresale. Siempre resulta más atractivo y tentador el conquistar o profetizar; contrariamente, el ser estadista implica soportar vastos sacrificios, no es algo fácil. Pero la diferencia cualitativa al final resulta ser concluyente: el estadista hace Estado de verdad; los aspirantes a meros profetas y conquistadores —una vez superado su fugaz momento de auge— destruyen o debilitan al estado de turno dejando poco o nada para la posteridad. Así ha sido, así será.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com 

Tomado de El Deber, Santa Cruz de la Sierra, https://eldeber.com.bo/opinion/pensamiento-estrategico-y-estadista_222432

 

EL ESPACIO GEOGRÁFICO CONDICIONA A LA ESTRATEGIA

Agustín Saavedra Weise*

Las ideas estratégicas han variado en función del énfasis que se le ha dado a alguna de las particularidades geográficas. En este sentido, son clásicas las distinciones entre poder terrestre, aéreo y marítimo en la relación entre estrategia y geografía, sobre todo cuando esta se realiza a escala política y militar, a nivel de ‘gran estrategia’. Justamente John M. Collins, en su libro La gran estrategia (Círculo Militar, Buenos Aires, Argentina), señala: “Tanto los hombres vestidos de civil como los uniformados encarnan hoy asuntos estratégicos a nivel nacional”.

A continuación expresa: “La estrategia nacional emplea reunidos todos los poderes de la nación, tanto en la paz como en la guerra, para alcanzar los intereses y objetivos nacionales. Dentro de ese contexto, existe una gran estrategia política que comprende los principales temas internacionales e internos; una estrategia económica tanto interna como externa; una estrategia militar nacional y varias otras”. La suma de todas conforma la ‘gran estrategia’, que satisface la salvaguardia de la seguridad del Estado y el cumplimiento de las metas trazadas.

En todos los importantes enunciados de Collins subyace la geografía, ya sea en relación directa con la estrategia (‘geoestrategia’) o en términos de geopolítica: la vinculación entre el asentamiento geográfico y el poder político, el correlato entre decisiones políticas y medioambiente. Tres voceros visionarios —Mahan, Mackinder y Seversky— adelantaron conceptos estratégicos ligados a la geografía y que hasta hoy, y con las variantes que la tecnología ha impuesto, siguen teniendo cierta vigencia. Alfred T. Mahan centró su atención en los mares, en las aguas saladas que cubren tres cuartas partes del globo terráqueo; sostuvo que el dominio de los océanos era esencial para controlar la riqueza del mundo y dominar la Tierra. Halford J. Mackinder, a principios del siglo XX y poco después de Mahan, enfatizó la importancia estratégica de la masa terrestre en oposición a los mares.

Son clásicas ya en el pensamiento geopolítico las definiciones de Mackinder sobre ‘isla mundial’, área pivote o ‘heartland’, y sus conceptos sobre crecientes interiores y exteriores, aspectos sobre los cuales me explayé años atrás al cumplirse el centenario del célebre discurso de Mackinder ante la Royal Geographic Society. El advenimiento del poder aéreo insertó una tercera dimensión. Alexander Seversky propuso la teoría de que la supremacía aérea integral es posible y necesaria. Su libro fue escrito antes de la existencia de los cohetes balísticos intercontinentales; pronosticaba que “el destino manifiesto de EEUU está en los cielos”.

El tiempo probó que el dominio aéreo —importante como es— no resulta condición necesaria y suficiente. Estados Unidos dominó los cielos en Vietnam y aun así fue derrotado… Contemporáneamente, se ha hecho necesario integrar estas dimensiones en un enfoque estratégico interrelacionado, ya que la situación actual impone amplia flexibilidad en los tres dominios. Asimismo, hay combinaciones novedosas como las de los satélites, que son aéreos pero con conexión hacia servicios terrestres más los ya citados cohetes y misiles, ultramodernos y sofisticadísimos, que pueden ser lanzados por aire, mar y tierra. Agreguemos las ya inminentes naves espaciales y los submarinos nucleares, estos con capacidad devastadora de ataque y sorpresa desde el fondo del mar hacia la superficie y el espacio aéreo, y tenemos otra dimensión combinada de las tres ponencias tradicionales.

Lo que importa destacar es que mientras más avanza la tecnología y a medida que la imaginación estratégica también se hace más compleja, la geografía, el espacio interior y exterior que alberga a la humanidad, sigue siendo el término básico de referencia. Sin espacio no hay nada, sin espacio nada es posible.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Nota original publicada en El Debe, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/el-espacio-geografico-condiciona-a-la-estrategia_212864