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EFECTO COLATERAL DEL CORONAVIRUS: EL REGRESO DEL ESTADO

Jorge Almeida Fernandes

(Redactor principal de Público.pt)

 

 

Estas semanas trajeron la convicción, cierta o ilusoria, de que la pandemia marca un quiebre más profundo que el 11 de septiembre o la crisis financiera de 2008. Será incluso un cambio de época. 

Estamos en un punto de inflexión. Por el momento, nos ocupamos de la supervivencia y de la contención de la epidemia. Los humanos son curiosos e, incluso en el pico de la crisis, no pueden evitar imaginar qué mundo nacerá de la pandemia. Sería estúpido morir ahora —y aún más si es tu propia culpa—, sin siquiera tener idea de ese “mundo después del coronavirus”. El sentimiento dominante es que estamos asistiendo al final de una era y a la inauguración de otra. Cierto, parece estar fortaleciéndose el papel del Estado.

Explico. En un texto publicado el día 8 de febrero (As duas pestes de 2000), escribí: “La gran duda es saber si la epidemia se mantiene como crisis sanitaria internacional o se transformará en un fenómeno geopolítico susceptible de alterar los equilibrios del sistema internacional”.

La respuesta de los hechos fue rápida: El coronavirus puede remodelar el orden global —es el título de un artículo de la revista Foreign Affairs, semejante a muchos otros. Estas semanas trajeron la convicción, cierta o ilusoria, de que el coronavirus marca una ruptura más profunda que el 11 de Septiembre o que la crisis financiera de 2008. Será incluso un quiebre histórico. El columnista estadounidense Thomas Friedman propuso hace días, en el New York Times, un título que expresa este nuevo sentimiento: La nueva división histórica: A.C y D.C —el mundo Antes del Corona y Después del Corona. (En inglés, B.C e A.C. de Before y After). Friedman no tiene dudas sobre la ruptura, aun si no sabe diseñar los rasgos del futuro.

El orden global

Descontada la retórica, tenemos razones para pensar que cambiará mucho más que el equilibrio entre las potencias. Este es un terreno en el que es inútil especular, pues estamos en plena pandemia y no en su fin. Hace un mes, la imagen de China estaba destrozada. Hoy, Beijing está recuperando apresuradamente su soft power, intentando asumir el liderazgo de la cooperación en el combate al Covid-2, lugar ostensivamente dejado vacío por los Estados Unidos. Tendremos otras sorpresas en las próximas semanas.

Paralelamente, la explosión del coronavirus en América barajó las cartas políticas. Es un campo en el que Trump no se sabe mover y en el que, desde el inicio, perdió toda autoridad. Los economistas prevén una recesión hasta fin de año, lo que recuerda un antiguo y pragmático principio: el Presidente en funciones será reelegido si la economía está creciendo. Trump salió ileso del proceso de impeachment pero el coronavirus subvirtió todos sus planes de campaña.

Por todo esto, es demasiado temprano para imaginar los cambios en las relaciones de fuerza entre las potencias, es decir, en la competencia Beijing-Washington.

La previsible recesión dará a los Estados un motivo para “limitar la globalización”. Es un diagnóstico crecientemente compartido por políticos y economistas. Los Estados europeos son los primeros en señalar la necesidad de frenar la reubicación del trabajo y la autonomía de la esfera financiera. Pero, a pesar de los impulsos proteccionistas, es imposible regresar a un mundo de espacios autárquicos, como en los años 1930.

La emergencia sanitaria y las cuarentenas conducirán inevitablemente a una dramática crisis económica. No es por casualidad que se multiplican las propuestas de un nuevo Plan Marshall para Europa, lo que presupone un cambio en el paradigma económico dominante. Súbitamente, Francia e Italia parecen decididas a salvar sus últimas “joyas”. El ministro de Economía francés admite recurrir a su nacionalización. “A grandes males, grandes remedios”, dicen los economistas. La crisis sanitaria fuerza a repensar el papel del Estado en la sociedad. Y la crisis económica, cuyos efectos aún no se sienten, impondrá un regreso de la intervención estatal en la economía.

Es posible que en el futuro en la Unión Europea se desarrolle  un plan inesperado: ser capaz o no de volver a pensar a largo plazo, con el horizonte de la década y abandonar la “gestión actual”. Este es el momento más bajo de la UE. Queda por saber si, ante la emergencia, y después de ella, los grandes desafíos volverán a enseñar a los europeos a retomar la “gran política”.

Volviendo a la política internacional, cito un comentario del politólogo estadounidense Stephen Walt: “Primero, y muy obviamente, la presente emergencia nos recuerda que los Estados son aún los principales actores de la política global. Hasta hace pocos años, académicos y columnistas sugerían que los Estados se estaban volviendo menos relevantes en los asuntos mundiales reemplazados por otros actores o fuerzas sociales. (…) Sin embargo, cuando crecen los nuevos peligros, los humanos buscan primero, y principalmente, a los gobiernos nacionales buscando protección”. 

El principio de Quarantelli

En Italia, que continúa funcionando como laboratorio europeo, la epidemia no benefició al populismo. Provocó una ola de “orgullo nacional” y reunió al país alrededor del primer ministro, Giuseppe Conte, quien obtiene el apoyo del 71% de los italianos, la tasa más alta de los últimos diez años.

Además de apoyar al gobierno, una encuesta realizada por el Instituto Demos indica una aprobación natural y unánime del sistema de salud. Pero también revela una evaluación positiva de las instituciones, incluidos políticos y periodistas. La antipolítica salió de escena. “Al contrario del pasado, casi todo el país se reunió en torno al primer ministro y al gobierno”, escribe el sociólogo Ilvo Diamanti, responsable de la investigación.

“La emergencia del virus, además de las víctimas, generó miedo. También produjo un resultado, quizás inesperado, que creó un clima de opinión pública imprevisible hasta hace pocas semanas. Esto es, reconstruyó la unidad nacional”.

Antes, el blanco del miedo era el “otro”, o “extranjero” que viene de África o de otros lugares. Los italianos tienen miedo. Pero ahora el “otro”, resume Diamanti, se tornó un “enemigo invisible”, que no se puede detener cerrando las fronteras.

El lunes, La República abrió la semana con un título: La primera cosa hermosa del lunes 16 de marzo de 2020. Fue una evocación de Enrico Quarantelli, un sociólogo estadounidense que dedicó su vida científica al estudio de las reacciones a los desastres. Contrariamente al sentido común, demostró que los eventos catastróficos sacan lo mejor de la humanidad. “La solidaridad prevalece sobre el conflicto. La sociedad se vuelve más democrática”. Siempre es útil leer los clásicos.

tp.ocilbup@sednanrefaj

 

Artículo original “Efeito colateral do coronavírus: o regresso do Estado”, publicado en Público.pt (Portugal) el 21/03/2020, <https://www.publico.pt/2020/03/21/mundo/analise/efeito-colateral-coronavirus-regresso-estado-1908798>.

Traducido del portugués por Marcelo Javier de los Reyes con autorización de Público.pt.

FRAGILIDAD DE SEDE GUBERNAMENTAL IMPONE SU TRASLADO

Agustín Saavedra Weise*

Imagen de ronnie3600 en Pixabay

Las capitales (o sedes de gobierno) se eligen por ser lo mejor para un Estado y su futuro. Aquí no caben sentimentalismos. Los caballeros hispanos trasladaron su capital primero de Toledo a Burgos y luego a Madrid por su lucha contra los invasores sarracenos en la península ibérica. La “movida” permitió unificar al reino progresivamente reconquistado. Kemal Ataturk trasladó la sede de Estambul ante las realidades de un ex imperio otomano disminuido. Desde Ankara pudo gravitar mejor sobre su pueblo y vigilar al vital estrecho del Bósforo. Cuando Bolivia trasladó su sede de Sucre a La Paz (fines del siglo XIX) lo hizo al ritmo del cambio de la economía de la plata a la del estaño, en momentos en que La Paz era el centro de gravedad nacional y eje de las comunicaciones hacia puertos exportadores del mineral en el Pacífico. En función de las realidades de ese momento, el cambio fue justificado. El Brasil —con la creación de Brasilia— salió de la costa y empujó hacia su inmenso espacio interior. Hay otros ejemplos.

Dos son los requisitos básicos para ubicar una capital: a) la sede debe ser prácticamente inexpugnable, convirtiéndose en el último bastión nacional; b) debe reflejar al centro de gravedad del país. La ubicación actual de nuestra sede contradice ambas normas. Bolivia marcha hoy hacia el centro, el este y el sudeste; de igual manera marcha su economía. El eje de gravitación del país ha rotado, La Paz ya no es su centro y además es una ciudad muy vulnerable.

Un gobierno tiene que gobernar desde un lugar en donde su gestión no pueda ser interrumpida continuamente. La Paz, por su configuración topográfica, puede ser sitiada o bloqueada con facilidad. Solamente por eso el traslado de la sede debería ser inminente. Y ello de paso beneficiará al ubérrimo departamento paceño, que una vez desligado del centralismo podrá desarrollarse espectacularmente. Recuérdese: una capital que se queda a la zaga sin seguir la evolución nacional frena el desenvolvimiento del Estado y el propio.

En Bolivia se han realizado varias consideraciones acerca del traslado de la sede de gobierno, pero siempre primaron más emoción y regionalismo que razones concretas. Lo brevemente apuntado aquí nos provee algunos elementos de juicio objetivos, sólidos y razonables. Para tener futuro, Bolivia necesita otra sede. El importante ciclo histórico de La Paz ha concluido. Su “bloqueabilidad” hace que la urbe sea ahora un obstáculo para la expansión del país hacia sus nuevos horizontes y perjudica al propio desenvolvimiento paceño, de suyo con enormes posibilidades. El inmediato traslado de la sede a Cochabamba (o a un punto intermedio entre esa ciudad y el Dpto. de Santa Cruz) cambiaría positivamente las cosas. La capital quedaría ubicada en el centro geométrico del país. Desde allí, en el marco de una sana autonomía y eficiente descentralización, se ejercerá mejor la autoridad nacional y podrán concretarse las grandes posibilidades geoeconómicas de Bolivia. De seguir como estamos no avanzaremos. Además, como se ha visto desde hace tiempo, El Alto seguirá teniendo excesiva influencia en la gestión de gobierno (y hasta en su estabilidad) por la sencilla razón de poder sitiar la sede cuando le venga en gana. Al trasladarse la capital se anulará esa posibilidad alteña de crear problemas en la sede de gobierno. El Alto será solo una ciudad boliviana más, con muchos temas a resolver y con legítimos deseos de progreso.

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Tomado de El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/169479_fragilidad-de-sede-gubernamental-impone-su-traslado

LOS MAPAS, SIEMPRE LOS MAPAS

Agustín Saavedra Weise*

Imagen de Diese lizenzfreien Fotos darfst du zwar verwenden en Pixabay

En la búsqueda de un destino nacional, los gobernantes de cada estado tienen que tomar en cuenta las propiedades físicas propias y las del resto del mundo. El escenario es siempre dinámico; los cambios tecnológicos y científicos cooperan o perjudican, alterando las condiciones naturales del espacio bajo estudio. Y en ese contexto espacial aparecen los mapas, ya desde la más remota antigüedad.

Los mapas son una forma de representación de la escena internacional. Hoy hay mapas para todos los gustos y adecuados a múltiples disciplinas. Ninguno de ellos puede ser réplica exacta, pese a las mejoras introducidas por la fotometría satelital. A mayor área, mayor será la distorsión. Según el pensador francés Jules Cambon: “La posición geográfica de una nación es el principal factor condicionante de su política exterior, la principal razón por la cual debe tener una política exterior”. Mayor razón para estudiar bien el mapa propio.

El problema esencial de la cartografía radica en representar en dos dimensiones lo que es físicamente tridimensional. Mientras más grande sea la imagen a representar mayor será la distorsión. El inconveniente básico de los cartógrafos ha sido siempre el control de dicha distorsión, de tal manera que una de las cuatro propiedades —distancia, dirección, forma y área— se muestre correctamente a expensas de las otras, o bien ajustándolas todas mediante un equilibrio no matemáticamente exacto entre ellas. Cada proyección y cada tipo de mapa tienen usos específicos, ventajas y desventajas. El uso indiscriminado de ‘cualquier mapa’ ha sido fuente común de errores y falsos conceptos. Los mapas son útiles pero traicioneros. Usados con cautela, pueden iluminar casi cualquier problema de política interna o internacional. Sin mapas, el estadista estaría tan indefenso como un navegante sin brújula. Empero, el mapa debe ajustarse a su cometido y quien lo use, tiene que estar consciente de su limitación.

¿Cuál es el mejor mapa? No hay tal cosa. El mejor mapa es el más adecuado para un propósito definido. Dentro de la multiplicidad de opciones que nos brinda la cartografía moderna, es importante evitar el uso continuo de un solo mapa; la mente tiende a ser esclava de las formas. Líderes y estrategas de ‘x’ país pueden comenzar a pensar (erróneamente) que ciertas ubicaciones geográficas son ‘buenas’ o ‘malas’, condicionados por lo que al fin y al cabo es una simple aproximación a lo que ellos creen ‘ver’ como real y tangible.

Es conveniente de vez en cuando voltear los mapas. He aquí una práctica recomendable, al margen de la convicción (errónea) de que el norte debe estar siempre arriba. El globo terráqueo no tiene techo ni piso, se lo puede observar de cualquier manera. Los usuarios de mapas deben guardarse además de la ‘cartohipnosis’ y tener siempre en mente las restricciones que el mapa en cuestión pudiera tener.

Desde hace décadas he venido pidiendo (sin ningún eco) que el Instituto Geográfico Militar elabore un mapa de Sudamérica centrado en Bolivia, mediante el cual se pueda apreciar el papel estratégico que nuestro país debe jugar en el continente como núcleo vital y área de soldadura, verdadera bisagra entre hoyas hidrográficas, cordilleras y mares. El primer pedido por escrito fue en 1979, este pedido público de ahora —marzo de 2020— tal vez tenga algún eco, tal vez no…

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Tomado de El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/168757_los-mapas-siempre-los-mapas