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IMPERIO AUSTRAL

Iris Speroni*

Peleamos por nuestros sueños y somos ganadores; aún luego de un sinfín de reveses.

 

Esta nota es la continuación de: UNA VENTANA AL MUNDO, LLEVAR NUESTRO ORGULLO AL CINE Y TENER UN CINE DEL CUAL ESTAR ORGULLOSOS, QUIERO VER TOP GUN EN EL BAFICI, ARGENTINA NECESITA UN SUBMARINO NUCLEAR, 2022: EL AÑO QUE NO ESTUVIMOS EN PELIGRO, NUESTRA TRAGEDIA: CANCELAR EN 1982 NUESTRO PROYECTO DE NACIÓN, entre otras.

Hoy

No hay que distraerse en el desánimo. La actualidad argentina es penosa. Puede empeorar. Aun así, nos vamos a recuperar.

Sabemos que es una situación fabricada, la cual no responde a la estructura natural de la Nación. Si no fuera por la férrea intervención del hombre (de algunos hombres) no podrían distraernos de nuestro camino de prosperidad.

Volver a la senda que nos corresponde por recursos humanos, naturales, extensión y capital invertido es nuestro desafío para estos próximos años.

Previamente, habrá que limpiar la casa (“Clean house” para usar una expresión gringa).

El futuro inmediato

La Argentina hoy, con todos sus desaciertos a cuestas, es un país relevante en el mundo.

Así lo considera China e India que quieren seducirla para que integre los BRICS.

A su manera, y con su enorme soberbia imperial, de igual forma lo plantea la Generala Laura Richardson, a cargo del Comando Sur del Ejército de los EEUU, en su exposición frente al Senado de su país [1].

No es nuevo

Dos personas a las que se puede querer u odiar, en la década del ‘70 del siglo XX, Henry Kissinger y Juan Domingo Perón, coincidieron —con intereses contrapuestos— en la entidad que la energía, los alimentos y la población tendrían en el siglo XXI [2].

Gris

Vivimos tiempos oscuros. Occidente nos hace padecer un Tratado de Versalles ad hoc: obligación de reducir al mínimo las FFAA, embargo de armas, entrega de las reservas auríferas de los Andes, carta blanca en el manejo del petróleo, control de la Hidrovía en manos de una empresa belga, desafectar el misil Cóndor, desindustrializar el país, subordinación a Brasil, obediencia a la agenda [3] del departamento de Estado.

El próximo paso, que tiene al presidente de Francia como vocero, es que una fuerza internacional (eufemismo por la OTAN) tome control del Amazonas y del Atlántico Sur. Veremos cómo defienden los tantos ambos gobiernos, de Brasil y Argentina.

Parte de los ataques son objetivos, físicos y tangibles (el oro es excavado y exportado mientras Argentina no tiene reservas en su BCRA); parte es simbólico e intangible (colgar banderas multicolor en el frente del edificio de la Cancillería).

El objetivo inmediato de los interventores (connacionales nuestros) es desanimar a la población de una eventual rebelión al status quo.

La entrada es Ezeiza

La verdad es muy otra que la horrible que imponen los gobernantes (tenernos pobres significa mantenernos subyugados y mendicantes) y distinta de la que amplifican los medios de comunicación que les responden (casi todos).

Estamos en un momento de softpower único. Tal vez el punto de inflexión haya sido el Mundial de Fútbol. Probablemente se viene caldeando a fuego lento desde hace bastantes años. Lo simbólico se corresponde con lo real y viceversa.

El siglo XX cambió los términos de intercambio y terminó con el monopolio de comercio internacional por parte de Occidente. Se incorporaron como clientes India, China, Vietnam y más modestamente Rusia, Arabia Saudita, Egipto, Magreb. Subieron los precios internacionales de lo que nosotros vendemos. Es nuestro momento. Y, por lo menos, durará hasta 2050 o más.

El mundial expuso —y el establishment no tuvo rapidez de reflejos para amortiguar o tapar la onda expansiva— que el pueblo común (que incluye a los humildes, a los trabajadores y a gran parte de las clases medias) tiene valores en las antípodas de la élite. Son valores como la valentía (en oposición de la cobardía y el lloriqueo), ser protagonista de la propia vida (y no jugar a ser víctima), amar a la Patria, la familia y agradecer a Dios por la buena fortuna. Todo eso es aborrecido por la élite porque lo ven, correctamente, como desafío a la nueva religión que desean instalar.

Las oportunidades del pueblo para hacer profesión de fe hoy son pocas. Los festejos del mundial. Alguna fiesta patria en el interior del país [4], el desfile militar por el 9 de Julio del 2016 [5], las jineteadas, las procesiones al Gauchito Gil, a la Virgen, a la Difunta Correa, al aniversario del fallecimiento de Güemes. Poco más. Pero si algo quedó claro con el triunfo de la copa del mundo fue que a la primera oportunidad, y cuando el poder se descuida, los argentinos, cual cucarachas, salimos de nuestros escondites y con orgullo desfilamos. También queda claro, aunque la gente fina, superada y rivadaviana de Buenos Aires se fastidie, que las Malvinas son un símbolo de identidad.

Softpower

Nosotros no somos maestros en el tema. Debemos aprender de quienes sí lo son. Como podamos, hay que ejercerlo, sin ceder un centímetro.

El primer paso es restaurar la autoestima de nuestro pueblo. Resaltar todos nuestros puntos fuertes. Los premios internacionales, ya sean científicos o deportivos o de ballet, canto lírico o clavicordio.

Amigarnos con el éxito y ser refractarios al fracaso.

La sensación de logro se expande y nos cubre a todos. Del atleta (ya sea la selección de fútbol, el equipo de Copa Davis o en los JJOO) hacia todos aunque uno tenga que rebuscárselas cartoneando.

Nos permite seguir un día más. Celebrar la vida. Este programa se puede empezar en lo inmediato.

Complementariamente hay que tener un proyecto, lo más detallado posible, para cuando logremos llegar al gobierno (que no es el poder). En artes, comunicación, educación que implique desandar la destrucción de estas últimas décadas y volver a valorizar no sólo nuestros logros sino armar un andamiaje para la construcción de éxitos futuros. Además de permitir que atletas y artistas alcancen su máximo potencial.

El primer paso del largo camino hacia el Imperio

Asimismo tenemos que tener un plan nacional para recuperar nuestra prosperidad y una estrategia geopolítica para insertarnos en el mundo.

En cuanto al plan nacional económico, escribo sobre el tema desde hace años. Aumentar las exportaciones (mediante baja de impuestos y divisa a precio libre), triplicar el área fértil del país por un esquema de riego/control de inundaciones. Mejorar el nivel de vida de la población mediante: 1. pleno empleo, 2. alto salario (objetivo U$D 1.400 mensuales), 3. eliminación de impuestos a los alimentos, combustible, servicios públicos. Conectar al país en flete (FFCC, sistema de cargas aéreas, puertos, hidrovía) y comunicaciones. Fibra óptica y satelital para todo el país. Redistribuir la población por todo el territorio.

En cuanto a la parte financiera: dinero fuerte (si hay que volver al patrón oro, lo haremos), reservas en oro, ahorro de las familias. (Esto último lo escribí en detalle).

Gasto público consolidado: 25% del PBI. Sistema impositivo simplificado: pocos impuestos, bajas alícuotas, sin adelantos impositivos.

Reconstrucción del capital familiar: propiedad de la casa y del auto, sistema de autoproducción de alimentos en todos los casos que sea posible. En fin, descripto en ENDURO, no voy a aburrir.

Social. Cuidar la salud de la población: prevención, detección temprana de enfermedades, controles periódicos, sistema de asistencia. Especial énfasis en niños, madres y ancianos. Educación: deshacer la aberración desde el Congreso Educativo a hoy. Volver a procedimientos, normas de disciplina, contenidos y formación docente pre diciembre 1975. Reinstalar el festejo de fechas patrias y religiosas. Eliminar todas las prohibiciones instaladas antifecundidad y antireligión (edictos contra las reinas de belleza y las procesiones religiosas).

Duro. Rearmar Fuerzas Armadas. Aumentar dotación. Mejorar sueldos. Acabar con la delincuencia común y pacificar al país. Administrar justicia. Volver a determinar cuáles son las industrias estratégicas y asegurar la autoprovisión y generación de excedentes exportables (ej. fertilizantes, plaguicidas, maquinaria agrícola). Ser autónomo en fletes de comercio exterior. Rehabilitar astilleros. FFMM. En fin, ya fue descripto.

Deuda externa. Nuestra gran ancla atada al cuello. Hay que deshacernos de ella y para siempre, como hizo Rusia en el siglo XXI. Es nuestro puntapié inicial para el camino de crecimiento. Habrá que aprender de quienes se sacaron ese San Benito de encima y repetir lo que sea aplicable. El objetivo es que Argentina tenga cero deuda externa en 10 años. Es totalmente posible por dos razones: 1. el dólar cae de precio y nuestra deuda está en dólares y a tasa fija; 2. el plan económico que propongo implica quintuplicar las exportaciones y llevarlas en poco tiempo a 500 mil millones de dólares anuales. Nuestra principal preocupación es que ahora seres como Massa no contraigan deuda a tasa variable (como hizo Martínez de Hoz).

Geopolítica – El Imperio Austral

El presidente de China sostuvo en su discurso para conmemorar los 100 años de existencia del Partido Comunista que habían terminado con la era de la humillación. Se refiere a la primera guerra del opio, cuando Gran Bretaña invadió China.

Nuestra era de humillación comienza con el embargo de armas que impone el Reino Unido luego de la Guerra del Atlántico Sur (algunos arguyen, razonablemente, que comenzó en el golpe de 1976 con el endeudamiento criminal de nuestro país).

Ahora tenemos que diseñar el camino de la reconstrucción. Que debe ser económica, mental y moral.

El Imperio Austral implicará: recomponer, mínimamente, lo que era el Virreinato del Río de la Plata, tal vez como una confederación de naciones. Bolivia, Paraguay, Uruguay, Guinea Ecuatorial, la Antártida Argentina, nosotros y quien se quiera sumar. Probablemente conectarse cultural y económicamente con el Río Grande del Sur.

Establecer excelentes relaciones con los países de Asia, África y musulmanes del Magreb y Medio Oriente. Explotar la admiración que sienten por nosotros los habitantes de las ex-colonias británicas, que saben de qué se trata ese yugo. Y la gran fórmula: exportar, exportar, exportar. Esto les permitió a China e India: acumular capital industrial, agropecuario, inmobiliario y tecnológico (al retener las rentabilidades obtenidas), invertir fuertemente en educación, salud y vivienda; tener FFAA a la altura de los recursos a defender. En algún punto, es lo mismo que hizo Argentina en su período de paz (entre la Guerra de Paraguay y los Años de Plomo).

Con una economía fuerte, sin deuda soberana, con una buena administración de la cosa pública (paz interna, unión, justicia, respeto a la libertad de las personas) lograremos el fortalecimiento del patrimonio individual y familiar: salud, capacitación, educación, artes, vivienda, ahorros.

Para ser lo que queremos hacer, no alcanza con la actual población (esto suena raro cuando la mitad de la fuerza laboral se encuentra desocupada o subocupada). Debemos a) volver a las familias numerosas e incrementar el índice de fertilidad mediante un plan de apoyo a la natalidad, b) invitar a todos los cristianos del mundo, en particular de Occidente, que se vean perseguidos por la élite que les gobierna, a instalarse aquí. Nuestro softpower es seductivo.

Ingresaremos a una nueva era. Ocuparemos el lugar que nos corresponde por ser el país con la octava superficie más grande del mundo. Debemos ser una de las 10 potencias mundiales.

No somos como el gobierno nos quiere pintar. Ellos nos quieren cobardes, ventajeros, pusilánimes, acomodaticios. Somos todo lo contrario. Peleamos por nuestros sueños y somos ganadores; aún luego de un sinfín de reveses.

Hacia el Imperio Austral. El primer paso ya lo dimos.

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Notas

[1] Resaltó la importancia estratégica de los yacimientos de litio en Bolivia, Chile y Argentina.

[2] Kissinger propuso como política de Estado (de EEUU) asesinar la mayor cantidad posible de niños del Tercer Mundo, y mejor aún, evitar que fueran concebidos ya que, según sus palabras, representaban un riesgo bélico para su país de adopción y además utilizarían recursos naturales que los estados desarrollados necesitaban para sí. Por el contrario, Perón entendió —al igual que Juan Bautista Alberdi [«gobernar es poblar»]— que la mejor defensa de nuestra Patria era el nacimiento de niños.

La existencia de humanos dificultaba, al entender del Pentágono y de la administración Nixon, la apropiación de materias primas y otros recursos en los países subdesarrollados. Estas dos miradas quedaron evidenciadas en la Conferencia de Bucarest de 1974, organizada por UNICEF. Ese día ganó la votación la República Argentina. Pero quien ríe último, ríe mejor.

En este caso, quien se ríe por ahora, es el gobierno de los EEUU. El jefe de Gabinete, Agustín Rossi, se ufanó, días atrás, en nombre del gobierno argentino, de haber asesinado a más de 150.000 compatriotas en sólo dos años. Como lo quería Kissinger y su amigote Robert McNamara.

[3] Aborto, LTGB, calentamiento global (Ley de Humedales), destrucción de la flota mercante, privatización de los puertos, expoliación del Atlántico Sur, y varios etcéteras más.

[4] En Capital Federal y en las grandes ciudades están censuradas. Tampoco son festejadas en la televisión abierta.

[5] Que fue un 10 y el presidente de la Nación se ausentó a mitad del acto en Tucumán el día anterior, 9. Alberto Fernández directamente no va.

 

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Artículo publicado originariamente el 01/04/2023 en Restaurar, https://restaurarg.blogspot.com/2023/04/imperio-austral.html.

LOS DESAFÍOS GEOPOLÍTICOS MAYORES IMPLICAN SACRIFICIOS GEOPOLÍTICOS MAYORES

Alberto Hutschenreuter*

Imagen de Damian en Pixabay

A medida que transcurren los días crecen los interrogantes sobre hasta cuándo seguirán en guerra rusos y ucranianos, es decir, eslavos contra eslavos. En efecto, puede que existan diferencias relativas con el origen y curso que han seguido los ucranianos históricamente, es decir, si constituyeron o no un país distinto e independiente de Rusia, pero, más allá de ello, sin duda se trata de una guerra fratricida.

Ahora bien, si realizamos consideraciones desde la experiencia y desde las «fuerzas profundas» en las relaciones entre estados, los propósitos que ha perseguido y persigue Ucrania, que precipitaron que Rusia movilizará sus fuerzas hacia su interior, deberían considerarse desde una lógica pragmática y de poder, es decir, «para ganar, tal vez tenga que ser necesario perder».

Por supuesto que ello jamás será aceptado por Kiev, que sólo consentirá conversaciones con Moscú si se retiran las fuerzas rusas del este de Ucrania, es decir, una negociación solo será posible sobre la base del principio conocido como statu quo ante bellum. Más aún, Kiev ha insistido en que el retiro debe incluir la devolución de Crimea.

Hay dos situaciones en relación con Ucrania: por un lado, no es un poder preeminente, es un actor intermedio; por otro, está ubicada en una placa geopolítica sensible o shatterbelt del mundo. Desde estas condiciones, Ucrania desafió a Rusia tomando dos decisiones «a todo o nada»: terminar con toda legislación que salvaguardaba derechos de las poblaciones del Donbás y convertir eventualmente a Ucrania en miembro de la OTAN (propósito éste que contaba con la aquiescencia casi silenciosa de la Alianza).

El fin de dicha legislación más otras situaciones en el terreno llevaron a una relativamente silenciosa confrontación armada en la zona este de Ucrania desde 2014. Por ello se llegaron a los (hoy enterrados) acuerdos de Minsk I y Minsk II. La política exterior dirigida a llevar a Ucrania a la OTAN, o más apropiadamente traer la OTAN a Ucrania, agravó la relación entre la Alianza y Rusia, es decir, el nivel estratégico en el conflicto entre Ucrania y Rusia.

El hecho de no ser un poder preeminente adyacente a un poder preeminente implicaba no solo que Ucrania estaba dispuesta a abandonar toda diplomacia basada en la deferencia internacional, sino que contaba con respaldo externo para hacerlo. Asimismo, la decisión de ser parte de la OTAN implicaba no sólo el abandono de toda otra alternativa de política exterior, sino que (Ucrania) estaba dispuesta a asumir los riesgos que suponía la ruptura del principio de seguridad indivisible (una cuestión que los poderes preeminentes siempre tienden a respetar, pues su alteración supone la pérdida de seguridad de una de las partes).

Pues bien, al no ser consideradas las demandas rusas en relación con esa situación, Rusia puso en marcha lo que denominó «operación militar especial», es decir, siempre desde el enfoque ruso, una «invasión defensiva». En rigor, no fue una sorpresa, pues, como bien advierte el experto George Friedman, Rusia siempre reaccionará cada vez que un reto se acerque a sus fronteras.

En la situación actual, una guerra casi de «trincheras» del siglo XXI, el final podría estar muy lejos. Como ocurrió en la Primera Guerra Mundial, la derrota de una de las partes podría ocurrir como consecuencia del agotamiento.  Pero también podría suceder si Ucrania, que decidió desafiar la geopolítica, decidiera poner fin a la guerra a través del sacrificio geopolítico, es decir, tomando la difícil posición de ceder parte de su territorio del este para alcanzar ganancias relativas de poder.

Se trata de un alto precio, pero solo quizá así se lograría el equilibrio que se fue alterando por años. No sería un equilibrio tranquilo, claro, pues Ucrania se convertiría casi automáticamente en miembro de la OTAN y la placa europea del este pasaría a ser una de las más armadas y tensas del mundo, si no la más. En cuanto a Occidente, lograría lo que busca desde el mismo fin de la Guerra Fría: contener y vigilar a Rusia en sus mismas puertas, hecho que prácticamente pondría fin al activo geopolítico eterno de Rusia, la profundidad territorial. En buena medida, se terminaría o limitaría con aquello  que Stephen Kotkin denomina la «geopolítica perpetua rusa».

A partir de allí, tal vez, y sólo tal vez, los poderes mayores puedan abrir una era de conversaciones estratégicas que desvíen el curso del mundo actual hacia lo inquietantemente incierto y lo orienten hacia un horizonte de pacífico descontento internacional.

 

* Alberto Hutschenreuter es miembro de la SAEEG. Su último libro, recientemente publicado, se titula El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre, Almaluz, CABA, 2023. 

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¿QUÉ NOS DICEN LOS CULTIVOS DE ADORMIDERA EN AFGANISTÁN?

Isabel Stanganelli*

Imagen de Gordon Johnson en Pixabay

«Afganistán es el modelo de lo que se puede alcanzar en Iraq».

George W. Bush, discurso ante la Asamblea de la ONU.

 Septiembre 2002

 

Hubo batallas, sucesivos presidentes, cambios de Constitución, rotación de «responsables» de garantizar la paz y la «democratización»  vigente en Occidente. Estamos refiriéndonos a 20 años, el doble de la estancia soviética en el país.

Y me referiré solamente a un aspecto de las actividades y objetivos en Afganistán durante esas dos décadas: los cultivos de amapola.

Resulta de utilidad mencionar que luego del petróleo y las armas, las drogas son el tercer producto mundial de comercio. El Triángulo de Oro —Myanmar, Laos, Tailandia— había sido la mayor zona productora de opio[1] del planeta durante la Guerra Fría, pero la Media Luna de Oro —con Afganistán como punto de partida— pronto sustituyó con creces a la anterior como parte de la post Guerra Fría[2]. Y fue justamente una buena fuente de ingresos durante la resistencia a la ocupación soviética 1979-1989.

La cuestión es que en 2003, una hectárea, cultivada con trigo rendía US$ 350, una con adormidera —en un 75% amapola blanca— rendía US$  6.150. Si tenemos en cuenta que este cultivo es menos exigente, es fácilmente colocable en el mercado, su valor es ínfimo en relación con el valor de venta final por lo que los compradores pueden incrementarlo sin mayores pérdidas —siempre tendrán consumidores en el ancho mundo—, puede ser guardado o acopiado indefinidamente y permite comprar todo lo imaginable: armas, alimentos, protección… Resulta el producto perfecto para sostener una guerra y también para reconstruir un país. 

Evolución de los cultivos

Este cultivo existe en Afganistán desde hace siglos, pero hemos visto que su uso comercial se inició durante la ocupación soviética del país. Los muyahidines —sostenidos por la CIA— tenían cultivos. Enviaban la morfina base a Pakistán o a Turquía donde era transformada en heroína. Tanto la resistencia a la ocupación soviética como la posterior guerra civil entre los grupos que habían expulsado a los soviéticos, pero que no lograron acuerdo para gobernar el país, fueron destruyendo las infraestructuras agrícolas, los principales canales de irrigación y las rutas al mercado de todas las restantes fuentes de ingreso nacionales, además de producir la emigración de la población. Con respecto a la población más capacitada, comenzó a destacarse en foros científicos y académicos en países vecinos y ya no regresaron.

Después del retiro soviético, y ya sin Rocky ayudando, el país perdió los subsidios de Moscú, no recibió más ayuda de Washington ni del resto del mundo —salvo la ocasional de Pakistán—. Los señores regionales de la guerra, líderes de tribus y clanes, lucharon entre sí, provistos de importantes fuerzas a las que pagaban, alimentaban, vestían y armaban —y cuya fidelidad compraban— con el dinero que aportaban los crecientes cultivos de opio.

Era la última década del siglo XX y en su transcurso Afganistán no solo sustituyó al Triángulo de Oro en la producción de opio sino que recibió la actividad de Pakistán, donde estaba comenzando a ser considerada ilegal.

Hacia 1996 el grupo mayoritario pashtún de ideología talibán logró imponerse a la Alianza del Norte (uzbekos, tadjikos, hazaras) y tomó Kabul. Entre sus medidas impuso la reducción de esta producción y solicitó ayuda internacional para subsidiar a los campesinos que sustituyeran este cultivo. Recibieron unos 630.000/año durante cinco años… Colombia recibió en el mismo lapso 399 millones anuales…

Como consecuencia, los cultivos en Afganistán no se redujeron: pasaron de 58.400 hectáreas en 1997 a 91.000 en 1998. Y siguieron incrementándose. Los campesinos necesitaban alimentarse y recuperarse de los daños producidos por los conflictos. Lamentablemente éstos continuaron.

Fue exactamente en 1999 cuando la producción de 4.565 toneladas superó a la de todo el resto del mundo incluyendo al Triángulo de Oro, llegando a alcanzar el 70% del total mundial.

Sin embargo en el año 2000 se redujo a 3.300 toneladas en plena época de cosecha —julio—; el entonces gobernante Mullah Omar prohibió los cultivos, hizo incendiar los laboratorios de heroína y encarcelar a los campesinos que no destruyeran sus cultivos. Esta decisión se debió a que Washington afirmaba que el gobierno talibán se sostenía con armas adquiridas con los ingresos provenientes del opio. En 2001 se siguieron reduciendo las hectáreas cultivadas, 1.625 hectáreas, 96% de reducción. Posiblemente el 4% restante proviniera de áreas aún no controladas por los talibán, las de la aún beligerante Alianza del Norte.

La llamativa reducción en 2001 fue y sigue siendo objeto de numerosas especulaciones: ¿se buscaba reducir la oferta para aumentar su precio? (personalmente no creo pues esto beneficiaba a la alianza rival septentrional), ¿se procuraba lograr el reconocimiento del gobierno por la ONU?, ¿el levantamiento de sanciones y la ayuda internacional? Al menos la solicitaron. Y lograr reducir en un año el 96% de un cultivo no deja de ser un logro asombroso.

Numerosos diplomáticos occidentales advirtieron que si se perdía este gesto los cultivos volverían. Pero el entonces presidente Bush Jr. bloqueó cualquier gesto a favor de la rehabilitación diplomática de los talibán al reclamar la entrega de Osama bin Laden como consecuencia de 11-S.

Afganistán «protegida» por Occidente

En 2002, ya sin los talibán, la ONU señaló el colapso total de la ley y el orden en Afganistán. Según Estados Unidos se plantaron 30.700 hectáreas, 74.000 según la ONU y hubo provincias que hasta incorporaron cultivos de cannabis —marihuana—. En 2003 la ocupación entregó semillas de trigo para sustituir el cultivo de adormidera, pero curiosamente donde se entregaron esas semillas fue donde más se cultivó amapola y ese año se produjo 6% más opio que el año anterior, 75% del opio del mundo con 61.000 hectáreas bajo cultivo —según Estados Unidos—, 80.000 para la ONU, el doble de superficie que en 2002.

Gran cantidad de sindicatos, organizaciones y hasta campesinos y funcionarios preferían compartir las ganancias antes que combatir: «vuelva en una semana y no encontrará los cultivos». Por pocos dólares negaban haber visto siquiera laboratorios. «Los americanos están enojados…. destruyamos algunos cultivos a orillas del camino»… El gobierno carecía de capacidad para investigar la corrupción oficial por drogas.

En 2004 el área cultivada se incrementó en 40%, incorporándose áreas nuevas y se esperaba que para 2005 el incremento de cultivos fuera del 43%. La ONU señaló un gran deterioro en la situación general y la existencia de campos que incorporaron maquinaria nueva, algo no hallado en otros cultivos.

Las familias próximas a Kabul que destruyeron los cultivos de opio quedaron en la miseria: se instalaron minas en sus campos para evitar nuevos cultivos.

Este era el gráfico de la evolución de la producción desde el retiro soviético hasta los primerísimos años de la ocupación occidental.
La misión de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán

En 2020 se cultivaban 224.000 hectáreas. Ya en 2018 la Oficina de Drogas y Crimen de la ONU aseguró que los opiáceos colaboraban entre el 6 y el 11% del PBI y superaban el valor de los servicios y bienes exportados. Afganistán ya estaba superando en producción el 90% mundial[1].

Curiosamente se responsabilizó y se sigue culpando a los talibán de dicha evolución y cae en el olvido la reducción del 96% de los cultivos decretada por el Mullah Omar antes de su destitución y la ocupación del país por Occidente. La elevada distribución de los cultivos es un hecho documentado y creciente a partir de 2002, coincidente con la ocupación extra continental.

Luego de 20 años en Afganistán, de haber implementado estrategias de toda índole y de haberse retirado cediendo nuevamente el gobierno al entonces derrocado régimen que había eliminado el cultivo en forma drástica, hoy se acusa a los talibán de enriquecerse con el mismo. Contradicción…

Reconocer la imposibilidad de controlar los cultivos por parte del gobierno de Estados Unidos y la OTAN debido a que no controlaban la totalidad del territorio ni aun habiendo permanecido 20 años es un argumento que se contradice con las noticias que recorrieron el planeta durante ese período.

De todos modos ya había algunos indicios de que algo no estaba saliendo bien… En 2017 el Washington Post informó que soldados estadounidenses pagaban a los granjeros para que dejaran de cultivar la amapola, intentaron esterilizar los suelos con productos químicos, bombardearon laboratorios[2] —operación «Tempestad de hierro»— y hasta llegaron a ocuparse de arrancar flores con las manos. Fue el año en que la superficie cultivada superó holgadamente las 300.000 hectáreas. Y es fácil deducir que si hubieran estado cerca de lograr erradicar los cultivos habrían sumido en la pobreza al pueblo al que querían «liberar». Nueva contradicción… El pueblo se habría lanzado contra los «liberadores».

Conclusiones

La Alianza occidental no había aprendido nada del pasado. Para los afganos, vencedores ante Alejandro, el imperio británico y el soviético, esta última incursión no fue más que otra invasión bárbara y la resistieron como a las anteriores con los recursos y alianzas que se les presentaron. Continúa siendo un bastión en el centro de Asia.

Por otra parte, llama la atención la desigualdad absoluta entre los dos contendientes. ¿Con qué estrategia ingresaron Washington y sus aliados en Kabul? ¿Asignar el control de Kabul a ciertos socios internacionales —hasta que se hizo cargo la OTAN— mientras las tropas estadounidenses presentaban dudosas batallas en el sur sin saber si los señores de la guerra que los protegían en realidad eran «leales»?

¿Obligando a intervenir a Pakistán para restar «profundidad estratégica» a los talibán? Esto también resultó una mala decisión como comprobamos con los bombardeos y la destrucción por drones de este país vecino que «no estaba ayudando lo suficiente».

Hemos visto que la batalla contra la adormidera resultó perdida y patética.

Además… en 20 años ¿no pudieron contar con al menos un estratega capaz de lograr algún triunfo, algo que aunque fuera por un instante iluminara esta estéril agonía de dos décadas que terminó con la entrega del poder a los mismos que habían sido derrocados y el abandono a su suerte de aquellos afganos que decidieron apostar por la superpotencia?

No hubo planeamiento estratégico y si entre los integrantes de la coalición hubo alguien capaz de advertir el peligro, no fue escuchado.

Lamentablemente Sherman Kent no se equivocó al advertir que por acertada que fuera la evaluación de los analistas y estrategas, nada obliga a quienes comandan a escucharlos.

 

* Profesora y Doctora en Geografía/Geopolítica, Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Magíster en Relaciones Internacionales, UNLP. Secretaria Académica de la SAEEG.

 

Referencias

[1] El opio es base para producir morfina, goma de opio y heroína.

[2] Si bien la Media Luna de Oro originalmente se refería a Afganistán, Irán y Turquía, la situación internacional la transformó en el principal centro de producción y origen de rutas, principalmente hacia el norte, oeste y sur de esta república.

[3] “El lucrativo negocio del opio. La guerra de las amapolas: el fracaso de EEUU en Afganistán que aupó a los talibanes”. El Confidencial, 21/08/2021, https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-08-21/guerra-taliban-eeuu-afganistan-amapolas-heroina_3238702/ [consulta: 20/02/2023].

[4] Hubo más de 200 bombardeos que debieron ser suspendidos debido a su alto costo y a la vez a su ineficacia.

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