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PESCA ILEGAL. ECONOMÍA Y POLÍTICA.

César Augusto Lerena*

Como todos los años las flotas china, española, coreana y taiwanesa han vuelto al Atlántico Sur a llevarse en alta mar los recursos pesqueros migratorios originarios de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA). Si bien parece el problema principal que ocurre en el Atlántico, no lo es. Hay varios problemas significativos que están interrelacionados. El primero, que da lugar a los restantes, es la ocupación británica de 1.639.900 km2 de territorio marítimo argentino y, con motivo de ello (fuera de las connotaciones soberanas), la extracción anual de 250.000 toneladas de recursos pesqueros argentinos por parte de buques extranjeros licenciados ilegalmente por Gran Bretaña, contrario a lo establecido en la Res. 31/49 de las Naciones Unidas. Ello, provoca varios efectos: la internacionalización del Atlántico; el desequilibrio del ecosistema; la quita de recursos pesqueros y económicos a un país emergente como la Argentina y la competencia desleal en el mercado internacional, en especial en la comercialización española en la Unión Europea.

La presencia británica en el Atlántico Sudoccidental, al margen de quebrantar la Zona de Paz y Cooperación de los países africanos occidentales y americanos orientales que lindan con éste, es el principal motivo de interés creciente de la pesca extranjera sin control en sus aguas, por motivos económicos y geopolíticos, en especial, cuando se trata de las flotas chinas y rusas.

El segundo, es la internacionalización del Atlántico y la extracción de recursos en forma ilegal. Entre 300 y 350 buques extranjeros extraen ilegalmente unas 750.000 toneladas de recursos pesqueros, en su gran mayoría, originarios de la ZEEA. Y, si bien, por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), esta pesca es libre para los Estados de Bandera, debe considerarse ilegal, porque se realiza sin control de ninguna naturaleza, tanto en los aspectos relativos a la sostenibilidad, como los biológicos, operativos, extractivos o de comercialización y sin una clara determinación de origen y trazabilidad. En este sentido, el destino de las materias primas son los países de los buques pesqueros o a Unión Europea, previo blanqueo del origen a través de puertos, como es el caso de Montevideo.

Por cierto, no es de esperar que esta situación se modifique a corto plazo si se siguen utilizando las ineficaces herramientas actuales, ya que los países que pescan a distancia (China, la Unión Europea, en especial España, Corea, Taiwán, etc.) no reducirán esta pesca cuando la están subsidiando.

Es obvio que esta pesca en alta mar, sin acuerdo con los países ribereños, genera un desequilibrio en el ecosistema del Atlántico Sudoccidental afectando gravemente la sostenibilidad de los recursos, por cuanto, mientras la Argentina determina anualmente las “Capturas Máximas Sostenibles”, establece cuotas de captura en base a ellas y efectúa un control de la flota nacional en la ZEEA, no ocurre lo mismo en alta mar donde, como dije, las flotas extranjeras pescan en forma creciente sin prácticas sostenibles. Incluso la eventual disminución de barcos no reducirán el esfuerzo, porque se incorporan buques más eficientes en las capturas.

En tercer lugar, los objetivos previstos en la CONVEMAR respecto a la sostenibilidad de los recursos pesqueros no se compadecen con las reglas que se establecen en ella y, entiendo, como muy favorables a los Estados de Bandera las regulaciones que contiene, que dan lugar, al poco interés de estos de regular con los Estados ribereños las capturas en alta mar. Ya me he referido que mientras Argentina tiene importantes obligaciones respecto a la conservación de sus recursos en la ZEEA, los Estados que pescan en alta mar lo hacen en forma libre y sin control externo. Ello sólo, es una insensatez biológica sin rigor científico alguno.

En cuarto lugar, la pesca en alta mar sin acuerdo con los países ribereños provoca una distorsión en los mercados, ya que la extracción de los recursos pesqueros de los citados buques extranjeros sin impuesto alguno, subsidiados y en algunos casos con “trabajo esclavo”, generan una competencia desleal con los países emergentes, cuyas empresas afrontan no solo los costos internos impositivos y laborales, sino también los aranceles de importación de los propios países que pescan en el Atlántico Sur. Este hecho, no solo es de carácter comercial, sino que afecta las economías de los pueblos y ciudades pesqueras del litoral marítimo.

En quinto lugar, esto se ve facilitado por el apoyo logístico que le prestan los puertos de Uruguay a la Pesca Ilegal, tanto la proveniente del área de Malvinas como de alta mar que transita libremente por la Zona Común de Pesca, resultante del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, firmado en 1973/4.

En este escenario, no pueden esperarse mayores sorpresas. Los países desarrollados requieren cantidades crecientes de proteína por satisfacer las necesidades alimenticias de sus poblaciones y, en lugar de concertar un intercambio adecuado con los países ribereños que disponen de las materias primas, van por ellas; ya no invadiendo sus territorios como antaño, sino apropiándose de los recursos. Un ejemplo de ello es China. No solo opera subsidiada, sino que reduce sus costos al extremo utilizando, incluso, mano de obra esclava.

El modelo que utilizan las flotas que pescan a distancia es altamente prepotente, donde subyace la presión hacia los Estados ribereños, donde sus economías son dependientes de los países que pescan a distancia.

Sorprende sí, que los países de Suramérica, entre ellos Argentina, no hayan generado mecanismos para reducir la expoliación de sus recursos migratorios.

Ya me referí a que las capturas de las ZEE y en alta mar deben abordarse en forma integral, como bien refiere la FAO. ya que una u otra pesca indiscriminada afecta al conjunto del ecosistema, rompiendo el ciclo biológico de las especies migratorias, su desarrollo y reproducción. Accesoriamente a ello, las capturas sin control en alta mar no permiten disponer de estadísticas de los descartes por pesca incidental o no comercial; pero si transpolamos datos conocidos en la ZEEA podríamos inferir que estos descartes alcanzan al 30% de las capturas, razón por la cual, podríamos estimar en 300 mil toneladas/año los descartes anuales. Volumen que le permitía a la Argentina disponer de raciones proteicas diarias para 3 millones de niños y adolescentes los 365 días al año. Por cierto, un desaprovechamiento inadmisible, frente al hambre y pobreza mundial.

Hay además una contaminación del medio marino por el descarte de residuos no orgánicos.

Los países que pescan a distancia no están preocupados por lo que pasa fuera de sus jurisdicciones y por el contrario subsidian estas actividades. Ello favorece la práctica ilegal que se realiza en alta mar. La falta de control podría además favorecer el trabajo esclavo a bordo, las prácticas relativas al narcotráfico, la evasión fiscal y tareas ajenas a la explotación pesquera de los buques extranjeros. Sin embargo, la CONVEMAR solo autoriza la aplicación de penas de prisión y confiscación de los buques a los países titulares de estos. Ello ha llevado a muchos países y comunidades a que empiecen a analizar la aplicación de sanciones penales.

No hay una sola solución al problema, sino varias herramientas que deben converger en forma simultánea con la participación de todos los Estados ribereños, en especial los de Suramérica (Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Argentina, etc.), ya que este no es solo un problema del Atlántico sino también del Pacífico. Sintéticamente menciono alguno de los temas sobre los que he trabajado en profundidad, donde los Estados ribereños deberían actuar en forma mancomunada:

  1. a) obtener el reconocimiento de los derechos en alta mar sobre los recursos migratorios originarios de las ZEE;
  2. b) actuar ante la OMC para eliminar los subsidios a la pesca a distancia o fuera de las jurisdicciones;
  3. c) propiciar que el origen y la trazabilidad y su correspondiente certificación debería estar en manos de los Estados ribereños para garantizar la sostenibilidad del conjunto del ecosistema (ZEE-ALTA MAR);
  4. d) acordar que los puertos suramericanos no presten ningún apoyo logístico a los buques que pesquen en alta mar sin acuerdo del Estado ribereño;
  5. e) establecer que los observadores a bordo y los inspectores al desembarque deben ser altamente calificados y suficientemente remunerados para evitar la pesca ilegal, la sustitución de especies y los descartes;
  6. f) firmar un Acuerdo complementario del MERCOSUR (MERCOPES) para favorecería el interés de actuar en el Atlántico Sur por parte de Brasil, Uruguay y Argentina.

Por cierto, hay otras medidas complementarias.

Los países de Suramérica deberían entender que la pesca no es solo una cuestión económica y de generación de trabajo. Es una herramienta estratégica de ocupación de espacios marinos, de población y radicación industrial, de desarrollo de regiones inhóspitas y de provisión de salud (los aminoácidos esenciales del pescado son solo comparables con la leche materna). Nada que pueda verse solamente desde una mirada productiva o ambiental. Los países desarrollados ya lo saben y, empiezan a observar con lupa, la presencia de buques fuera de sus jurisdicciones. Saquemos nuestras propias conclusiones y obremos en consecuencia: No habrá Malvinas sin Pesca y sin Pesca no habrá desarrollo del litoral marítimo argentino.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca, ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Ctes) ex Profesor Universidad UNNE y FASTA. Ex Asesor en la H. Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación, autor de 28 libros. Entre ellos: “Malvinas. 1982-2022. Una Gesta Histórica y 40 años de Entrega. Pesca la moneda de cambio” (2021) y “Argentina. La Casa Común. La Encíclica Laudato Si’ El Cuidado de la Casa Común. Comentada” (2021).

 

LAS NECESIDADES DE VIVIENDA, INTERNET Y EL CIBERESPACIO A LA VANGUARDIA EN EL REINO UNIDO E ITALIA

Giancarlo Elia Valori*

Los métodos de construcción modernos y la tecnología inteligente pueden revolucionar el proceso de construcción y la forma en que vivimos.

El crecimiento de la población y los cambios demográficos han llevado a una escasez mundial de viviendas. Según una investigación llevada a cabo por la Federación Nacional de Vivienda de la Universidad Heriot-Watt y por la Organización de Crisis de Caridad para Personas sin Hogar, el Reino Unido enfrentará una escasez de cuatro millones de unidades de vivienda para fines de 2031. Esto significa que aproximadamente 340.000 nuevas unidades de vivienda deberán construirse cada año. Las casas construidas deben satisfacer las demandas de la automatización del hogar y las crecientes restricciones ambientales.

Es poco probable que la tecnología de construcción tradicional satisfaga esta demanda. Es relativamente costoso y demasiado lento cumplir con los procedimientos necesarios y con todas las reglas y regulaciones. Además, la calidad y las capacidades de los métodos de construcción tradicionales también son limitadas. La única solución es la producción modular basada en los principios de la automatización de fábricas. Esta solución utiliza controles y sensores inalámbricos y sin batería para integrarse perfectamente con la domótica.

Los edificios modulares se basan en una combinación de métodos de construcción llamados Método Moderno de Construcción (MMC). Incluyen el uso de sistemas y componentes de paneles, como cajas de techo y piso, componentes de cimentación de hormigón prefabricado, cableado prefabricado, compuestos de ingeniería mecánica y tecnologías innovadoras.

Con la apertura de varias fábricas, el Reino Unido ha comenzado a utilizar el MMC para construir casas prefabricadas y totalmente equipadas en forma modular, que se pueden cargar en camiones para su transporte en todo el país. Este tipo de montaje in situ permite que la casa se complete en días en lugar de meses, lo que reduce significativamente los costos. Los edificios modulares se han vuelto populares en Europa. En Italia, una empresa pionera es el Grupo RI de Trepuzzi (Lecce), que también opera en los campos de la logística y los servicios y la construcción de instalaciones de atención médica, hospitales de campaña y oficinas públicas, que son rentables y rápidos de construir.

Se espera que el impacto de la construcción modular sea significativo y las fábricas que producen hasta cinco mil casas por año podrían convertirse en los mejores constructores del sector.

Los estándares de construcción de estas casas de nueva tecnología son más altos que los de las casas tradicionales. Gracias a un mejor aislamiento, la factura de la luz podría ser solo la mitad de la de una casa tradicional.

Las casas modulares tienen cocinas y baños, y están equipadas con energía e iluminación a través de cables de alimentación, que también son modulares, y controles inalámbricos, además de la infraestructura de redes y telecomunicaciones cada vez más importantes.

El cableado estructural y modular se deriva de instalaciones eléctricas e industriales comerciales para garantizar un trabajo de instalación eléctrica eficiente y mínimo. A medida que la tecnología cambia, esta instalación estándar es adaptable y ofrece un alto grado de flexibilidad.

La experiencia en la construcción industrial y comercial muestra que los accesorios tradicionales requieren mucha mano de obra, son bastante rígidos y aún caros. Por el contrario, el cableado modular prefabricado in situ y el sistema IDC combinados con controladores y sensores inalámbricos se pueden instalar completamente a bajo costo. Estas son tecnologías probadas y se están moviendo de escenarios de uso comercial a domésticos.

Con la ayuda del soporte CAD para cableado modular, todos los cables de alimentación se colocan en el techo o en el espacio de la pared. La instalación de equipos inalámbricos de recolección de energía simplifica el proceso de instalación, ya que no se requieren interruptores ni instalación de conductos. Para la primera fijación eléctrica a través de la pared, el cable tarda menos tiempo porque no hay necesidad de coordinar la posición del interruptor con los pernos de la pared. También se ha reducido el nivel de dependencia de las actividades de instalación in situ. Los sensores, interruptores y controles inalámbricos de recolección de energía se pueden instalar en cualquier lugar del edificio, incluso en áreas de difícil acceso.

Después de la instalación, se utilizará el principio de recolección de energía. Los interruptores y sensores son alimentados por el entorno circundante y no hay necesidad de reemplazar las baterías viejas y otros equipos de mantenimiento. Además, esta flexibilidad y esta fiabilidad permiten ampliar el sistema en cualquier momento. La tecnología de construcción modular le permite adaptarse a varios tipos de casas y satisfacer las necesidades de la vida actual a través de formas flexibles y diversas decoraciones exteriores. Esto no es exactamente lo mismo que las antiguas casas prefabricadas, «concedidas» en Italia a las víctimas de un terremoto que han estado esperando durante años una casa decente y civilizada.

Al proporcionar una gama de paneles decorativos exteriores tradicionales y modernos, la línea del techo también se puede personalizar para adaptarse a las costumbres y a la arquitectura locales. A través de la combinación de tecnología de producto innovadora y buen diseño, el objetivo del hogar inteligente es proporcionar seguridad y comodidad. El requisito habitual es colocar el interruptor de luz y el atenuador (o potenciómetro) en el lugar más conveniente. Impulsados por la energía cinética recogida por el propio interruptor, se pueden colocar en cualquier lugar.

No requieren cableado, pero pueden enviar señales inalámbricas al receptor dentro o cerca de las luces o a los soportes de riel DIN (Instituto Alemán de Normalización). Además, no hay necesidad de usar baterías y no hay necesidad de reemplazarlas. Esto ahorra todos los inconvenientes y riesgos ambientales que puede causar el reemplazo de las baterías.

Dado que este tipo de equipo ha alcanzado una amplia gama de aplicaciones, la iluminación y el entretenimiento en el hogar elegirán productos sin batería. Además de controlar el brillo y el color, los interruptores también se pueden utilizar para controlar sistemas de sonido o persianas. Una aplicación clave del hogar inteligente es el interruptor que puede apagar / encender dispositivos que no usan electricidad tradicional al salir o regresar a casa.

La tecnología de recolección de energía también es compatible con otras aplicaciones basadas en sensores. Por ejemplo, los sensores autopropulsados se pueden conectar de forma inalámbrica a una alarma de intruso. Además, al instalar sensores táctiles activados por la luz en las ventanas, la iluminación y la calefacción se pueden apagar cuando no hay nadie en casa.

Desde fábricas hasta oficinas, desde edificios multifuncionales hasta hogares inteligentes, la tecnología de recolección de energía inalámbrica se ha probado en aproximadamente un millón de edificios en todo el mundo. La mayoría de los sensores, interruptores y otros dispositivos de recolección de energía autopropulsados pueden comunicarse a una distancia de hasta 30 metros en un edificio y cumplir con el estándar inalámbrico internacional EnOcean, que cifra los mensajes por debajo de 1 GHz enviando un mensaje corto.

También hay algunos dispositivos autopropulsados que integran la tecnología de recolección de energía EnOcean y pueden comunicarse directamente con las luces a través del conocido Bluetooth o Zigbee (estándar de comunicación inalámbrica basado en la especificación IEEE 802.15.4, mantenido por la ZigBee Alliance). Esto permite utilizar interruptores verdes sin batería y sensores solares para controlar de manera flexible otras aplicaciones, como luces LED o altavoces.

Ahora que los sensores inalámbricos para la recolección de energía pueden enmarcar los datos en el hogar, será un gran paso adelante agregar información y realizar análisis útiles. Procesan datos a través del Internet de las Cosas (IoT), que se refiere al camino en el desarrollo tecnológico por el cual, a través de Internet, potencialmente cada objeto de la vida cotidiana puede adquirir su propia identidad en el ciberespacio. Como se mencionó anteriormente, el IoT se basa en la idea de elementos “inteligentes” que están interconectados para intercambiar la información que poseen, recopilan y / o procesan.

También utiliza inteligencia artificial (IA) para realizar un seguimiento de los patrones de vida y las actividades en las casas modulares. El análisis de energía es una aplicación que actualmente puede ayudar a los propietarios a reducir aún más el consumo de energía a través de la IA. Mirando hacia el futuro, la combinación de IoT e IA traerá muchos beneficios.

Los datos geográficos, la información meteorológica y climática, así como las actividades, el consumo de agua y energía y otros factores serán muy útiles para los planificadores, las organizaciones de construcción, los constructores y los propietarios también utilizan IA para realizar un seguimiento de los patrones de vida y las actividades en las casas modulares. El análisis de energía es una aplicación que actualmente puede ayudar a los propietarios a reducir aún más el consumo de energía a través de la IA. Mirando hacia el futuro, la combinación de IoT e IA traerá muchos beneficios. Los datos geográficos, la información meteorológica y climática, así como las actividades, el consumo de agua y energía y otros factores serán muy útiles para los planificadores, las organizaciones de construcción, los constructores y los propietarios.

La arquitectura percibida representa la próxima generación de sistemas de construcción sostenibles. Los edificios inteligentes pronto podrán integrar los dispositivos IoT por su cuenta, así como generar grandes cantidades de información y utilizarla para optimizar los edificios. Esto proporciona una dimensión completamente nueva al servicio y al modelo de negocios y economía doméstica.

Esto es particularmente relevante para el envejecimiento de la población, ya que estas tecnologías inteligentes pueden cambiar radicalmente los estilos de vida de las personas mayores y sus familias. Se espera que traigan beneficios transformadores en términos de salud y bienestar.

Los elementos clave de tal hogar incluyen conexiones inteligentes, no invasivas y seguras con amigos, familiares, médicos generales, enfermeras y profesionales de la salud, que involucran el cuidado de los residentes. La tecnología basada en sensores sin batería conectados al IoT ayudará a prevenir accidentes en el hogar, como resultado de utensilios de cocina y baños desbordados, etc., y mantenerse al día con las interacciones de los residentes con los profesionales de la salud..

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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REIVINDICACIÓN DE LOS CIPAYOS

Juan José Santander*

Comencemos por la ortografía, disciplina que desgraciada y generalizadamente por el estado de la educación tiende a su viceversa, que el decoro me impide graficar: cipayo viene de la palabra ‘sepoy’ que los británicos tomaron del portugués ‘sipae’, quienes lo habían tomado del urdu —lengua oficial del imperio mogul de la India— ‘sipahi’ y viene del persa con el significado de soldado de caballería.

Durante los siglos XVIII y XIX eran los soldados indios que integraban las fuerzas armadas al servicio de la East India Company con regimientos y batallones propios en Bengala, Madrás (actual Chennai) y Mumbai (Bombay) al mando de un ‘subedar’, grado máximo para un militar indio, siempre bajo comando superior británico. El sipayo —quién sabe por qué se inicialó con ’c’ en castellano, quizá por imitación del francés, que también lo hace aunque fonéticamente es idéntico en esa lengua— era el soldado raso.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX la Compañía incrementó su poder a través del comercio con el apoyo del gobierno de SM Británica quien además iba disponiendo que los estados y territorios de gobernantes locales que murieran sin herederos pasaban a dominio británico, prohibiendo a esos gobernantes adoptar a un sucesor.

En 1857, con la introducción del rifle Enfield, los soldados debían activar las municiones mordiéndolas; se corrió entre la tropa la versión, aparentemente verificada en los hechos, de que estos cartuchos estaban lubricados con una grasa animal mezcla de cerdo y vaca, con lo cual su contacto contaminaba tanto a musulmanes como a hindús que formaban los contingentes indios cuyos integrantes se negaron a ello terminantemente, por razones obvias y para ellos insalvables.

Mangal Pandey, sipayo del 34º Regimiento de Bengala mata en un incidente derivado de esta situación a un oficial británico y estalla una rebelión a la que se suman tanto el pueblo llano como varios de sus notables, singularmente el último mogul, cuya autoridad los sublevados invocan y acepta, y acabará sus días en el exilio, ya vencido por las fuerzas británicas mucho más poderosas. Los indios llaman a este episodio “La Gran Rebelión” y lo consideran su primer intento de independencia, que conseguirán antes de pasado un siglo. Podría sugerirse que la aparición de asuntos indios en algunas de las leyendas de Bécquer se deba a la difusión que tuvo y la conmoción que provocó ese levantamiento que le llevó al Imperio británico más de un año sofocar.

Hay historias de un heroísmo singular y admirable en las conductas de rebeldes de toda condición y rango, conservadas en la memoria colectiva hasta hoy en la India merecidamente.

Y así como los españoles nos metieron esa incongruente ‘c’, los británicos, no conformes con denostar a esos luchadores por la libertad como salvajes, nos han dejado en nuestro ‘europeo’, que diría Borges, Río de la Plata, la denostación póstuma de evocarlos no por su rebelión y arrojo, sino por su condición de empleados de un poder incontestable hasta que sobrepasó e invadió las lindes de su propia identidad, cuando nadie pensaba ni mucho menos hablaba, esgrimía o pregonaba inventadas singularidades étnicas, culturales o antropológicas de presuntos pueblos originarios; ¿no lo somos todos, de algún lado?.

Y así, con ‘c’ o con ‘s’ quiero reivindicar ese nombre, que no merece el baldón que se le cuelga por haberse rebelado en defensa de sí mismo contra la entonces potencia más poderosa e influyente del planeta, la pérfida Albión, que se ganó el mote a puro mérito y no sólo en la India.

Mientras tanto traidor o traidora genuinos se ensalzan como salvadores de la Patria. La nuestra y la de muchos.

 

* Diplomático retirado. Fue Encargado de Negocios de la Embajada de la República Argentina en Marruecos (1998 a 2006). Ex funcionario diplomático en diversos países árabes. Condecorado con el Wissam Alauita de la Orden del Comendador, por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, M. Benaissa en noviembre de 2006). Miembro del CEID y de la SAEEG.

 

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