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ASIA CENTRAL: INTEGRACIÓN AUTÓCTONA EN MEDIO DE TURBULENCIAS GLOBALES

Roberto Mansilla Blanco*

Imagen: Servicio de Prensa del Presidente de Uzbekistán

Los países de Asia Central estudian nuevas estrategias de integración regional para fortalecer intereses comunes ante los cambios en el sistema internacional. Así lo explicó el presidente uzbeco Shavkat Mirziyoyev durante una cumbre regional celebrada en Tashkent (Uzbekistán) en noviembre de 2025, en la que instó a la creación de una nueva Comunidad de Estados de Asia Central conformada por Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

La «autonomía estratégica» centroasiática

Tras la disolución de la URSS en 1991, Asia Central cobró interés para las principales potencias globales debido a sus recursos energéticos y rutas económicas. Este interés de actores exógenos condicionó la orientación geopolítica y estrategias de integración de los países centroasiáticos.

La cumbre de Tashkent pretendió abrir la ruta hacia la «autonomía estratégica» a través de un mayor control conjunto de las reservas de petróleo y gas natural (Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajstán) y recursos hídricos (Kirguizistán y Tayikistán) así como atender asuntos comunes como el cambio climático, la seguridad alimentaria y las rutas comerciales. Esta integración autóctona persigue así reducir el peso geopolítico determinado por actores como Rusia, China, EEUU, Europa, India, Turquía, Irán y Arabia Saudita.

Para este fin los países centroasiáticos han impulsado iniciativas conjuntas como el Plan de Acción para el Desarrollo de la Cooperación Industrial 2025-2027, el Diálogo de Mujeres Líderes de Asia Central, la Plataforma Regional de la Juventud y especialmente los formatos de cooperación «Asia Central Plus» que conectan a estos países con la Unión Europea, China, Rusia y EEUU, entre otros, a través de diversos esquemas bilaterales.

Es importante destacar que el islam y una herencia histórica determinada por la expansión imperial (principalmente rusa) han cohesionado una especie de identidad común en el Asia Central post-soviética, completado con un proceso de «reinvención» histórica y recuperación de sus respectivas identidades nacional, cultural y lingüística.

Asia Central afronta igualmente retos de desarrollo como la demografía, con una de las tasas de densidad de población más bajas del planeta: 18,55 habitantes por km2, escasa cultura democrática ante la persistencia del nepotismo y el autoritarismo, desigualdades socioeconómicas y deficiencias de servicios públicos e infraestructuras; y conflictos interétnicos y religiosos (islamismo radical)

Es relevante considerar que la cumbre de Tashkent implicó dos hechos clave para la integración regional centroasiática: el primero fue la incorporación formal de Azerbaiyán, un país caucásico rico en petróleo y gas natural, como miembro de pleno derecho; y el segundo factor la anteriormente mencionada propuesta de creación de la Comunidad de Asia Central.

¿El nuevo «Gran Juego» del siglo XXI?

Como un émulo del histórico «Gran Juego» que libraron los imperios ruso y británico en Asia Central en la segunda mitad del siglo XIX, las expectativas de integración centroasiáticas deben abordar diversos equilibrios determinados por los intereses de potencias globales (Rusia, China, EEUU y Europa) y de otros actores emergentes (Turquía, Irán, India, Arabia Saudita).

  • Rusia

Rusia ha considerado a Asia Central como su «esfera de influencia», no exenta de tensiones ante su imagen histórica de poder dominante. Tanto el imperio zarista como la URSS definieron en gran medida el devenir de los países centroasiáticos a tal punto que el idioma ruso se ha convertido prácticamente en una «lingua franca» regional.

En la etapa postsoviética, Moscú creó diversos organismos como la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que actualmente incluye a Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán; la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, OTSC (integra a Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán); y la Unión Económica Eurasiática (con Kazajstán y Kirguistán)

Moscú observa igualmente con atención el tema de la seguridad en sus esferas de influencia, en especial ante la expansión de los intereses occidentales tal y como se vio recientemente en las elecciones parlamentarias armenias. Con apoyo ruso, Uzbekistán se convertirá en el primer país de Asia Central en construir una central nuclear, un hecho significativo que le permitirá a Moscú acceder a nuevos escenarios dentro del mercado centroasiático.

Rusia también acoge en su territorio una numerosa inmigración de Asia Central, especialmente kirguizos y tayikos. Algunos de ellos han participado en el conflicto ucraniano enrolados en las fuerzas armadas rusas bajo promesas de regularización y legalización.

  • China

La presencia de China en Asia Central ha sido más reciente, principalmente bajo esquemas de cooperación cultural, educativa, lingüística y económica. Destacan así la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) e incluso los BRICS, entidad en la que Kazajstán y Uzbekistán poseen el estatus de socios.

La OCS supone un instrumento estratégico para Beijing ya que incluye a Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán, Pakistán e India. Así mismo, Beijing ha fomentado iniciativas multilaterales propias como el Mecanismo China-Asia Central.

  • EEUU y la Unión Europea

A menudo de manera conjunta, sus prioridades se establecen en torno al fomento de la democracia, los derechos humanos, las rutas energéticas y la seguridad, destacando la Asociación para la Paz de la OTAN como iniciativa de modernización de las Fuerzas Armadas centroasiáticas.

No obstante, los intereses geopolíticos y geoeconómicos de EEUU y la UE han chocado constantemente con los de Rusia y China. La retirada militar estadounidense y de la OTAN de Afganistán (2021) confirmó el aparente declive de la presencia occidental. El actual conflicto entre EEUU e Irán han reorientado un papel más activo de Washington en Asia Central.

  • Turquía

El Asia Central postsoviético abrió una ventana geopolítica de soft power para Turquía a través del mundo «túrquico» en países como Kirguizistán, Kazajstán, Uzbekistán y Turkmenistán. Un ejemplo es la Organización de Estados Túrquicos (OET), creada en 2009 y conformada, además de Turquía, por Azerbaiyán, Kazajstán, Uzbekistán y Kirguizistán. Desde 2025, el Ministerio de Educación turco utiliza el término «Turquestán» en sus planes de estudio para referirse a la región.

No obstante las rivalidades históricas con una Rusia que alberga poblaciones de origen turco (tártaros, chuvasios, bashkires, yakutos, karacháis y tuvinianos), Turquía y Asia Central han avanzado en acuerdos de cooperación en educación, construcción de infraestructuras y en el ámbito energético a través del Corredor de Zangezur.

  • Irán

Ante las sanciones de Occidente, Irán observa en Asia Central un escenario alternativo de cooperación. Teherán ha impulsado una estrategia concreta, «Mirar hacia el Este», priorizando la cooperación económica, energética y de transporte así como la conectividad y el comercio.

Tayikistán se ha convertido en el eje de influencia iraní en la región por sus vínculos históricos, lingüísticos y culturales con Teherán. A pesar de sus permanentes tensiones, Afganistán, donde conviven minorías étnicas y lingüísticas persas, entra igualmente dentro de estas prioridades geopolíticas iraníes.

Vía Pakistán, Teherán está igualmente impulsando nuevas rutas logísticas y comerciales en Asia Central, un hecho que puede resultar significativo ante las negociaciones entre EEUU e Irán para finalizar el conflicto iniciado en febrero pasado. Islamabad ha sido un aliado clave de Teherán en lo relativo a las negociaciones diplomáticas con EEUU, toda vez que la concreción de intereses entre Pakistán e Irán puede anunciar un nuevo eje geopolítico regional.

  • Arabia Saudita

Tras su ingreso en la OCS en 2023 como «socio de diálogo», Arabia Saudita impulsa la iniciativa Visión 2030 con el objetivo de diversificar inversiones y asegurar socios energéticos en la región.

Riad ha sido prolífico en la expansión regional de su ideología oficial rigorista, el wahabismo, que ha encontrado eco en Asia Central vía cofradías y escuelas religiosas. Pero también existen tensiones derivadas de la presunta conexión saudita con grupos «yihadistas salafistas» como el partido panislámico Hizb-ut-Tahrir (Partido de la Liberación) y el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), este último vinculado a la red al-Qaeda.

  • India

El Diálogo India-Asia Central marca la pauta de relación multilateral con el factor energético y la cooperación antiterrorista como principales prioridades. Un factor importante de conectividad comercial lo constituye el puerto iraní de Chabahar, que le permite a Nueva Delhi mantener una ruta de transporte regional.

India coopera con Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán en el combate al terrorismo, el extremismo y el narcotráfico, temas especialmente sensibles para Nueva Delhi por su proximidad geográfica con Pakistán, potencia nuclear e histórico rival geopolítico indio, y el régimen de los Talibanes en Afganistán.

Es igualmente notoria la presencia de redes yihadistas transnacionales (Hizb-ut-Tahrir) en regiones como Jammu y Cachemira. Con más de 200 millones de musulmanes en su territorio, India afronta tensiones sectarias y separatistas ante el auge del nacionalismo indio. Por otro lado, India, cortejada por otros actores con intereses específicos como EEUU, China, Rusia e Israel, observa con atención la concreción de intereses entre Pakistán e Irán y cómo este escenario podría implicar un nuevo equilibrio de fuerzas regional.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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PUTIN, LOS TALIBANES Y EL MUNDO ISLÁMICO. REEQUILIBRIOS GEOPOLÍTICOS ANTE LAS TENSIONES CON OCCIDENTE

Roberto Mansilla Blanco* (Artículo para SAEEG)

Kazán, ciudad del suroeste de Rusia donde se celebrará el foro «Rusia y el mundo islámico». Foto: fotostart en Pixabay, https://pixabay.com/es/photos/templo-religi%C3%B3n-kaz%C3%A1n-iglesia-4981094/.

 

En mayo la ciudad rusa de Kazán, capital de la República de Tartaristán, organizará el foro «Rusia y el mundo islámico» en el que participarán, además de actores relevantes China, Irán, Uzbekistán y Pakistán, una delegación del gobierno Talibán de Afganistán. Esta será la sexta edición de este foro inaugurado en 2017.

El evento resulta clave para Rusia, sin olvidar a China, como toma de contacto para reconfigurar sus esferas de influencia y trazar reequilibrios geopolíticos desde Asia Central y el Cáucaso, especialmente con el foco en crear un marco de estabilidad regional en un momento de tensiones en aumento con Occidente por la guerra en Ucrania, principalmente tras la reciente aprobación en Washington de un nuevo paquete de ayuda para Kiev y el envío secreto por parte de EEUU de misiles de largo alcance para atacar objetivos rusos.

Por otro lado, el foro revela las expectativas de Moscú por mantener fluidas relaciones con los países musulmanes y, especialmente, con los musulmanes rusos. Aproximadamente un 7% de la población rusa profesa la religión islámica. La dinámica histórica entre Rusia y las comunidades musulmanas ha registrado episodios violentos que afectaron la integridad y seguridad estatal rusas. Destacan aquí la invasión soviética a Afganistán (1980), las guerras chechenas (1994-2009) y la intervención militar rusa en Siria (desde 2015) en apoyo al régimen de Bashar al Asad y para luchar contra el Estado Islámico (Daesh)

No obstante, la pax rusa en Chechenia y la guerra en Ucrania han permitido al Kremlin irradiar una imagen de normalidad en las relaciones con los pueblos musulmanes dentro de la Federación rusa así como en la imagen exterior ante el mundo islámico a través de la estratégica relación de poder entre Putin y el presidente checheno Ramzán Kadirov, que le permite también a Moscú mantener intacto su dominio en el Cáucaso ruso.

Un marco de seguridad contra el terrorismo yihadista

La agenda de esta edición está encabezada por la lucha antiterrorista y el narcotráfico, habida cuenta de que Rusia es uno de los destinos claves de las rutas de las drogas desde Afganistán y Asia Central así como uno de los principales objetivos terroristas por parte del yihadismo salafista.

Priorizar en la lucha antiterrorista supone un tema esencial para Rusia, que en marzo pasado fue objeto de un atentado en Moscú con saldo de casi 140 muertos. El Estado Islámico del Jorasán (Daesh-K), una facción del Daesh que lucha también contra los talibanes, se adjudicó la autoría del atentado. La detención por parte de las autoridades rusas de algunos presuntos terroristas de origen tayiko levantó suspicacias, hasta el momento no confirmadas, de posibles incidentes xenófobos y discriminación hacia ciudadanos de esas minorías centroasiáticas, algunos en trámite de obtener la ciudadanía rusa. Crear un marco de normalidad y evitar tensiones interétnicas dentro de la Federación rusa puede, al mismo tiempo, ser uno de los objetivos del Kremlin con el foro de Kazán.

Rusia proscribió a los talibanes en 2003, en medio de la estrategia de la lucha contra el terrorismo impulsada por la entonces Administración de George W. Bush en la Casa Blanca y en un momento álgido de la guerra secesionista en Chechenia y el Cáucaso, donde el yihadismo ha tenido presencia. No obstante, Moscú no ha dejado de estar pendiente de la situación en Afganistán, máxime cuando los talibanes recuperaron el poder en 2021, propiciando la humillante retirada de EEUU dos décadas después de haber desalojado a este régimen del poder en Kabul.

La retirada de Washington supuso un claro triunfo geopolítico para Rusia y China, que con anterioridad venían manteniendo contactos con los talibanes. Los Talibanes han viajado en varias ocasiones a la capital rusa para participar en conferencias sobre la reconstrucción y financiación de Afganistán, un aspecto que certifica los intereses del Kremlin en el país centroasiático. Se especula que en el foro de Kazán, en un gesto diplomático de apertura y normalización de relaciones, Rusia termine sacando a los Talibanes de la lista de organizaciones terroristas.

La realpolitik impone por tanto su ritmo en estas relaciones. Para Moscú, conviene no agitar un pasado marcado por los reveses: como en el caso estadounidense, Afganistán supuso también una humillante derrota militar durante los años de la invasión soviética al país centroasiático (1980-1989), en la que los talibanes, camuflados en torno al movimiento muyahiddin, lucharon contra el invasor soviético.

El foro de Kazán permitirá medir el pulso de las nuevas relaciones centroasiáticas con un panorama internacional repleto de tensiones y volatilidad, desde Ucrania y Oriente Medio hasta Taiwán y el sureste asiático. La presencia de China y Pakistán es significativa tomando en cuenta que Afganistán está en esa área de influencia. Islamabad, potencia nuclear, ha sido un refugio para los talibanes tras su salida del poder de Kabul en 2001.

Por su parte, Beijing también busca equilibrios geopolíticos determinados por la seguridad. Para China, Afganistán es una de las entradas estratégicas de Asia Central para los proyectos de las Rutas de la Seda. Fronteriza con la región autónoma china de Xinjiang, de mayoría uigur, etnia de origen turcomano y religión islámica que cuenta con un movimiento separatista, el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental.

Extirpar la posibilidad de penetración de redes yihadistas y de islamismo radical supone una prioridad de seguridad tanto para las autoridades chinas como rusas. En este sentido, mantener una relación de normalidad y cierta apertura con el talibán se define como una estrategia clave para evitar esa posible penetración. El atentado de Moscú permitió observar el alcance del Daesh-K que coloca a Moscú y Beijing como enemigos por sus contactos con los talibanes. En esa misma ecuación podrían entrar otros países como Pakistán, Uzbekistán, Kirguizistán y Tadyikistán. 

Estabilidad ante un panorama volátil

Por otro lado, existen otros nudos geopolíticos detrás del foro de Kazán. El contexto de tensión con Rusia por la guerra en Ucrania persuade a Washington a volver a jugar sus piezas en el «patio trasero» ruso (y cada vez más chino) en Asia Central, lo cual implica al mismo tiempo crear un corredor estratégico que busque entorpecer los proyectos de integración regional de Beijing y Moscú.

Países como en Kazajstán, Kirguizistán, Tadyikistán, Turkmenistán y Uzbekistán están avanzando en la creación de una zona de libre comercio bajo el formato del proyecto B5+1, amparado por EEUU. El objetivo de Washington es restar la influencia regional de Beijing y Moscú.

Otro punto caliente son las tensiones fronterizas entre China e India, ambos miembros de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), organismos igualmente claves para consolidar la visión multipolar de Moscú. Por otro lado, el Cáucaso está pendiente de la normalización de las relaciones, no menos tensas y que pueden volver a romperse, entre Armenia y Azerbaiyán en torno al enclave de Nagorno Karabaj, actualmente bajo soberanía azerí tras la breve ofensiva militar de Bakú a finales de 2023.

Una ofensiva azerí que trastocó el equilibrio regional y permitió fortalecer una especie de eje regional Moscú-Bakú-Ankara toda vez que son patentes las pretensiones prooccidentales del gobierno armenio de Nikol Pashinyan. Recientemente el Kremlin decidió retirar sus 2.000 efectivos militares en Nagorno Karabaj que permanecían allí desde 2021, cuando estalló otra escaramuza bélica entre Bakú y Ereván.

Siguiendo con el Cáucaso, la Unión Europea aceptó en diciembre pasado abrir negociaciones de admisión con Georgia en un momento de tensión política interna en Tbilisi que denota un apéndice de la confrontación geopolítica ruso-occidental. El gobierno georgiano adoptó un proyecto de ley sobre agentes extranjeros muy similar al que lleva adelante Putin.

En Kazán, Rusia y China tendrán la oportunidad de pulsar la situación en Asia Central y el corredor euroasiático así como medir la solidez de esta alianza geopolítica ante las tensiones in crescendo con Occidente. El contexto evidencia las expectativas de Moscú y Beijing por consolidar sus respectivas esferas de influencia en el espacio euroasiático en un momento de tensiones crecientes con Occidente.

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina. 

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