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EL FANATISMO, LA MÍSTICA Y EL PATRIOTISMO

Marcos Kowalski*

Imagen de Vicki Nunn en Pixabay

Existe un trastorno del carácter, una manera de ser, ciertamente anómala por el dolor y el daño que ocasiona, que está bastante extendido. Me refiero al carácter soberbio, a la personalidad desmesuradamente egoísta y ególatra, esto es, al narcisismo.

Cuando el narcisismo de las personas o de los grupos es excesivo, entonces creen, piensan y sienten que cualquier modificación o evolución propia es peligrosa. Por consiguiente, esperan siempre que el cambio sea el ajeno, de manera que para el narcisista el que debe cambiar tiene que ser el otro en el sentido de mejorar, ser compasivo o indulgente y demás cosas favorables para él.

Al igual que en el individuo singular, también en el seno de la comunidad, si el fanatismo se extiende, se observa, entonces, un potente narcisismo del grupo influyente. No es raro, por ejemplo, que en cualquier comunidad o en los grupos institucionales convivan sectores que se tengan por escogidos y se sientan exquisitos.

El fanatismo es una actitud que podemos entender como de narcisismo social, caracterizada por una adhesión intolerante a unos ideales que pueden llevar en algunos casos a conductas destructivas. En las personas fanáticas hay una amalgama de componentes afectivos (la exaltación emocional), cognitivos (el valor absoluto de las creencias) y comportamentales (las conductas impositivas contra quienes piensan distinto).

En el caso del fanatismo violento el proceso es el siguiente: a) una creencia victimista sirve de aglutinador de un grupo; b) hay una identificación emocional de cada sujeto con la creencia y con el grupo; c) se refuerza la homogeneidad grupal mediante la creación de un enemigo exterior, que puede ser una amenaza para el grupo propio; d) ese enemigo no es de los nuestros ni siquiera es “humano” como nosotros; y e) hay que destruir al enemigo en defensa propia.

Este fanatismo como sistema de creencias genera mucho fervor, cristaliza esperanzas y funciona como una droga cultural. El fanático se obnubila con una mentalidad sectaria y entre los componentes esta la violencia que genera el fanatismo, el odio y la glorificación de dicha violencia. Un fanático simplemente es una persona irreflexiva, vulgarmente un borrego. Fanáticos hay en todos lados, en la religión, las ideologías políticas, el deporte, etc.

La promoción de ideologías individualistas y materialistas como el liberalismo y el comunismo derivan en el narcisismo de las personas o de los grupos sectarios, que cuando es excesivo, entonces creen, piensan y sienten que cualquier modificación o evolución a su pensamiento único no es posible. Es el fanatismo propio de los que creen ser dueños de la verdad absoluta y solo les hacen el juego a los inescrupulosos que los manipulan.

Las personas, presionadas por la contracultura del individualismo que impulsa el narcisismo en los hombres, son más vulnerables al fanatismo y a la violencia cuando acumulan frustraciones repetidas procedentes de percibir que la soberbia personal de su narcisismo se enfrenta a una realidad diferente que les resulta hostil; y que contradice sus sentimientos produciéndole humillación y ansias de venganza que los convierte en “resentidos” sociales, entonces se les cae la autoestima y pasan a carecer de un proyecto existencial propio y de una identidad personal.

Las características psicológicas como sugestionabilidad, hipersensibilidad emocional, con poca disposición al razonamiento e intolerancia a las críticas, autoestima baja, impulsividad les generan una dependencia emocional de otras personas a quienes confieren un liderazgo incondicional.

Las actitudes fanáticas se aplican especialmente a la política. El fanático quiere creer a toda costa algo increíble. No se somete ante lo evidente, sino a lo que escapa a la racionalidad. Por ello, hay personas inteligentes y racionales en diversas facetas de su vida, pero que, en cambio, pueden ser fanáticas en otras, como en la política, que calman sus ansiedades personales.

En tiempos electorales este fenómeno es bien común, reflejado en la preferencia de líderes políticos en tener fanáticos y no copartidarios, como el fanático “solo ve lo que quiere ver” en sus caudillos, “ve” bondades inexistentes y en medio de escándalos políticos, funcionarios destituidos y condenados por la Justicia por inmoralidad administrativa y desfalco, solo ven persecuciones de adversarios.

Viviendo una realidad que nos les pertenece, negando toda crítica a ello y sobre compensándose a sí mismos., confunden lealtad con sumisión, convicción con creencia, poder relativo con poder absoluto, tolerancia con debilidad, flexibilidad con blandura, paciencia con inoperancia y entereza e integridad con fanatismo.

A diferencia de este fanatismo tonto y vulgar está el apasionamiento por hacer las cosas bien o acercarse a la perfección como lo es el bien común, la religión, el arte o la literatura o el cultivo de las ciencias, mediante una actividad espiritual que aspira a conseguir sus objetivos por diversos medios como ascetismo, devoción, amor, contemplación, etc. Es el misticismo.

El término mística hace referencia a un adjetivo relacionado con una palabra que proviene del verbo “myein” del griego que significa encerrar. Y, más específicamente, de la palabra “mystikós” que significa misterioso o arcano. Lo místico se refiere a un estado donde el alma humana se une a lo divino en el plano terrenal. Este estado de unión es muy propio en las religiones ya sean monoteístas, politeístas y no teístas.

Cuando hablamos de una persona como alguien místico, estamos haciendo referencia a un individuo que tiene un lado espiritual muy desarrollado, quizás más que el promedio de las personas, y que manifiesta esa espiritualidad o esa conexión con lo que está en la vida o más allá de la vida terrenal a partir de sus acciones tendientes a hacer proselitismo de sus creencias, pero sin imponerlas.

Si bien el verdadero místico es aquel individuo que a partir de su fe en Dios alcanza un estado de plenitud y de paz interior, en una deformación del concepto, en un sentido coloquial se dice que alguien es místico cuando tiene afición por cuestiones espirituales de cierta profundidad, cuando es un apasionado por alguna cuestión.

Es el caso del que posee, lo que este escriba denomina, la mística patriótica. El tema del amor a la Patria se ha descuidado con exceso. De una parte, los abusos históricos, y de otra, su invocación banal, han contribuido a lograrlo. Pero ni lo que se ha llamado la Patrolatria, ni el patrioterismo, pueden ser causa bastante para distraer nuestra atención del misticismo patriótico que no es otra cosa que el amor verdadero a la Patria.

El misticismo patriótico se nos presenta inicialmente como un deber, como una obligación con que la justicia nos interpela con respecto a la Patria, porque la Patria es la depositaria del bien común. El patriotismo como lealtad exigida parece obvio, porque la Patria, como dice San Agustín, (“De libero arbitrio” (XV, 32), debe ser considerada “como una verdadera madre”. Pero el patriotismo no es sólo, una obligación, es algo más.

Y es algo más porque se enmarca, no en el orden de la justicia, sino en el “ordo amoris”; y hay que explorar a fondo esta “orden del amor”, (el amor a la Patria), el sentimiento que se explica en forma coloquial como misticismo, para encontrar el patriotismo verdadero. En el “ordo amoris” sorprendemos un brote inicial en lo telúrico, en el patriotismo que San Agustín llamó amor sensual, afectivo, de ternura por la tierra nativa.

Pero creemos que no es aquí donde está la esencia del patriotismo, y por dos razones: porque si esta inclinación natural lo fuese, los hombres, como decía también el obispo de Hipona “cederían en patriotismo a las plantas, puesto que las plantas ganan a los hombres en apego a la tierra”; y porque el patriotismo delectatio, fruición, erotismo, concupiscencia, como Fichte le calificara, es pasajero porque se adhiere a lo fugaz, y el patriotismo, si es un amor auténtico, sólo “se despierta, inflama y reposa en lo eterno”.

Superando lo telúrico y para conducirnos al final a lo teándrico, otro tipo de amor, el amor intelectual, que no desconoce ni rechaza el afectivo primario, pues nada hay en la inteligencia que no se halle previamente en los sentidos, pero lo supera, porque, como dijo San Agustín: “juzgo de necesidad que la mente sea más poderosa que el apetito»” De este amor intelectual nos hablaron Spinoza y Legaz Lacambra, al pedir que los puntales del patriotismo se claven en lo intelectual. Pero, este patriotismo intelectual no es un patriotismo matemático, como lo veía Spinoza, y no sólo porque haya una poesía de los números y de las ecuaciones, sino porque, siendo una superación, que no supresión, del patriotismo telúrico, es un punto de apoyo en su línea ascendente, es decir, en su ánimo de perfección, en definitiva en su misticismo.

En la lógica del pensamiento que estamos desarrollando el primer peldaño nos permite pasar de los sentidos a la inteligencia, el siguiente peldaño nos eleva en el “ordo amoris”, de la inteligencia a la voluntad, porque sólo se quiere y se ama en serio lo que de una u otra forma se conoce (“Nihil volitum quin praecognitum”).

Este amor de voluntad, este amor místico,  tiene varias manifestaciones. Cuando se refiere a Dios se llama religión, cuando se refiere a los padres, respeto y piedad filial, y cuando se refiere a la Patria, patriotismo. En los tres casos, y cada uno a su manera, suponen, como decía Santo Tomás, una especie de culto.

Entonces lo que entendemos por misticismo patriótico, por patriotismo, es una manifestación de la “pietas” como virtud; Por eso, el II Concilio Vaticano (Gaudiam et Spes, número 75) desea que se cultive con “magnanimidad y lealtad el amor a la Patria”, y León XIII, en Sapientiae Christianae, escribe que el “amor sobrenatural a la Iglesia y el que naturalmente se debe a la Patria, son dos amores que proceden del mismo eterno principio, pues que de entrambos es causa y autor el mismo Dios”.

Cuando Cristo dice que amemos como Él nos ama, quintaesencia del cristianismo, lo que nos dice es que amemos con su mismo amor. Si el Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís demuestra cómo es posible amar con amor de caridad al hermano sol o al hermano lobo, cómo el cristiano no ha de amar a su Patria.

Lo que ocurre, y aquí se hace preciso completar el pensamiento de León XIII, es que el amor natural a la Patria que puede exigirse a todo hombre, cuando se contempla en el cristiano, por la pietas, se sobrenaturaliza, y llega a su plenitud cuando la pietas, animada y vivificada por las caritas, que es el amor de Dios con que el cristiano debe amarlo todo, nos empuja a amar a la Patria con pasión, en definitiva, con mística.

Por el Amor divino, que eso es, en suma, la caridad. A este patriotismo de la caridad alude San Agustín cuando pide que “amemos al prójimo, y más que al prójimo a los padres, y más que a los padres, a la Patria, y más que a la Patria a Dios”; y el citado gran pensador, que tanta insistencia puso en el patriotismo intelectual, acaba hablándonos del “patriotismo encendido por un amor”, de un misticismo patriótico inflamado por la caridad.

La Patria y la nacionalidad son, como la individualidad, hechos naturales y sociales, fisiológicos e históricos al mismo tiempo; ninguno de ellos es un principio. Sólo puede considerarse como un principio humano aquello que es universal y común a todos los hombres; la nacionalidad separa a los hombres y, por tanto, no es un principio. Un principio es el respeto que cada uno debe tener por los hechos naturales, reales o sociales. La nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos; y por ello debemos respetarla todos y algunos sentir la mística del patriotismo.

Una patria representa el derecho incuestionable y sagrado de cada hombre, de cada grupo humano, asociación, comuna, región y nación a vivir, sentir, pensar, desear y actuar a su propio modo; y esta manera de vivir y de sentir es siempre el resultado indiscutible de un largo desarrollo histórico.

Por tanto, nos inclinamos ante la tradición y la historia; o, más bien, las reconocemos, y no porque se nos presenten como barreras abstractas levantadas metafísica, jurídica y políticamente por intérpretes instruidos y profesores del pasado, sino sólo porque se han incorporado de hecho a la carne y a la sangre, está en nuestra esencia humana pegada a los pensamientos reales y a la voluntad de las poblaciones.

Nuestro sentido Nacional, lleva inexorablemente a algunos hombres al misticismo patriótico que se dirige al otro término subjetivo de la relación la Patria. La Patria es, de nuevo recurriendo a San Agustín, “síntesis trascendente”; en un doble sentido, a saber: trascendente a aquéllos que la integran, para desempeñar una misión en la historia profana; pero trascendente también para, en esa historia profana, realizar una tarea dentro de la Historia Universal de la Salvación.

Pero debemos estar muy atentos, para no hacer derivar el misticismo por la Patria e incurrir en los errores que convierten al patriotismo en “patrioterismo” y retrotraer nuestro amor por la patria a una especie de fanatismo narcisista como el denunciado al inicio de este artículo, no debemos caer entonces.

En asepsia. Supone una actitud indiferente ante la Patria. Podría expresarse con estos términos: “me es igual”. Ni siquiera como delectatio la Patria me interesa. Utilitarismo. Hay dos frases latinas que reflejan un estado de ánimo semejante: “ubi bene, ibi patria” y “Patria est ubicunquae est bene” (la patria esta donde estemos bien).

Romanticismo. Mi Patria está allí donde se habla mi lenguaje (recuérdese la frase de Unamuno) o donde se puede vivir en libertad. Universalismo, puesto de relieve en el apátrida voluntario por considerarse ciudadano del mundo, “Patria mea tutus hic mundus est” (mi patria es el mundo).

Separatismo. Que, insistiendo en el principio del provincialismo y federalismo, en cuyo nombre se hizo la unidad de la Nación en el siglo XIX, trata de romper la unidad nacional e histórica ya existente en un crimen contra el espíritu de la Patria, y por ello imperdonable, traición, postulada últimamente incluso por grupúsculos se sedicente pueblos originarios y aun gobernadores provinciales.

Escatologismo. Alegado por quienes, so pretexto de la patria celestial futura, tienen un concepto despreciativo del mundo y olvidan que aquella patria celestial, como el Reino de Cristo, aunque no sean como las patrias y los reinos de este mundo, se incoa y se construye en este mundo, y que por ello las cosas del mundo y las patrias de este mundo, no pueden abandonarse y dejarse en las manos de los enemigos.

Las desviaciones, pecados o errores del patriotismo deben ser descartados. Ni siquiera una situación de enfermedad, decadencia o envilecimiento de la Patria debe menoscabar el patriotismo. En una época, como la actual, en que la Patria sufre en su alma y en su cuerpo, los patriotas están obligados a poner en juego más que nunca un misticismo en defenderla.

Todo este misticismo, todo este patriotismo, que parece llevarnos a una galaxia irreal o lejanísima, resulta extremadamente lógico. Dice San Pablo (Rom. 5,5) que la caridad es el amor que Dios ha derramado en nosotros. Ese amor no se derrama para salpicar en el corazón y perderse en el suelo, ni para dejarlo secar a la intemperie, sino para fecundarlo y con ese corazón fecundado, que deja de ser un corazón de piedra, amar también a la Patria.

Que el patriotismo alcanza su plenitud como expresión de las caritas, de la entrega generosa del “ágape”, aparece a todas luces en aquellas lágrimas de Jesucristo ante la dureza de corazón de su pueblo (Luc. 19,41). Si el cristiano ha de hacer suyos los sentimientos del Redentor, uno de ellos es, sin duda, el patriotismo.

Ahora bien; el patriotismo, así contemplado, no sólo puede pedir el sacrificio supremo de la vida, sino el sacrificio diario del trabajo. Una Patria puede estar en peligro no sólo como consecuencia de una invasión militar, sino por obra de otro de tipo de invasiones. La ideológica, que le hace perder su identidad.

La invasión ética, que trata de corromperla, la económica, que busca someterla a dependencia colonial. Entender que sólo tratándose de la invasión militar hay que aprestarse a la lucha, es un error. Estar en vigilia tensa, a la intemperie, para que la Patria no pierda su talante especifico, ni sus cotas morales, ni su propia naturaleza, es un postulado esencial del patriotismo.

 

* Jurista USAL con especialización en derecho internacional público y derecho penal. Politólogo y asesor. Docente universitario.

Aviador, piloto de aviones y helicópteros. Estudioso de la estrategia global y conflictos.

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ESTA SINDEMIA QUE NOS EXTINGUE

Abraham Gómez R.*

Dr. Abraham Gómez R.

Por supuesto que hay ilimitada preocupación por todos los acaecimientos pandémicos de los últimos meses; reflejados en los ya consuetudinarios boletines emanados desde la Organización Mundial de la Salud y por los propios países afectados seriamente.

En honor a la verdad, antes de que se expandiera el virus —de procedencia china, según la opinión generalizada— ya muchas naciones habían visto resquebrajadas sus respectivas economías, con las caóticas consecuencias que tales hechos conllevan.

En el primer trimestre de este año, la OMS declaró (con bastante perplejidad para muchos) a la COVID-19 como pandemia. No obstante, ha venido cobrando énfasis un neologismo como categoría científica que se construye para designar, con mayor exactitud, el mal que aqueja a la humanidad en los últimos meses.

Resulta asombrosa la coincidencia de los investigadores al calificar que se trata más acertadamente de una sindemia.

Antes de entrar en mayores profundidades atendamos primero a conocer de qué estamos hablando cuando decimos que una sindemia configura bastante más gravedad para la población mundial.

No es nada provechoso, si utilizamos una óptica cerrada y poco abarcativa; si insistimos en señalar que nos golpea una pandemia; porque esa mirada se encauza en una única perspectiva: una enfermedad, con su etiología y todos los demás elementos patológicos concurrentes; tal vez curable con una vacuna, como, en efecto, se ha venido avanzando en varios laboratorios.

De lo que se trata es de algo mucho más que una patología con carácter epidémico o pandémico

Visualizar al COVID-19 como una sindemia invitará a una concienciación más amplia, que implica: los problemas causados en la escolarización y la educación, los estragos en los procesos productivos, en el empleo; la precarización de la vivienda, la miserableza en la alimentación, la destrucción —en muchos aspectos— del medio ambiente y de la calidad vida. Por lo que, si apreciamos el COVID-19 única y exclusivamente como una pandemia caemos en absurda posición reduccionista. Estamos encarando una sindemia.

Con decir que padecemos una pandemia, dejamos a un costado un espectro amplísimo victimizado por el virus; que también requiere un absoluto análisis y determinante incorporación para su regulación y aporte de soluciones.

El vocablo sindemia es de reciente creación. Su acuñamiento lingüístico se le debe a la médico y antropóloga estadounidense Merrill Singer, quien teorizó la manera cómo una o más epidemias interactúan con problemas socioeconómicos para hacerse más dañinas en la población afectada.

La palabra sindemia proviene del inglés, syndemic, y puede entenderse como un acrónimo entre synergy y epidemic (sinergia y epidemia).

Lo conceptuamos como una sinergia de epidemias que coexisten, en tiempo y lugar; que interactúan para asolar y extinguir todos los soportes vitales de la sociedad humana.

La retroalimentación e imbricación de las epidemias causan secuelas complejas, que una vacuna no cura.

La sindemia del COVID nos está demostrando que no se trata solo de un agente infeccioso que afecta al cuerpo humano.

Esta lamentable sindemia provoca un desequilibrio y alteración del orden social, ambiental, psíquico, ético, político y económico. Todo queda desestructurado.

Las manifestaciones sindémicas del COVID generan y fortalecen patrones de desigualdades (que ya estaban) profundamente arraigados en nuestras sociedades; lo que exacerba disparidad social y económica; por lo tanto, potencia los efectos nocivos.

Dicho una vez más, el Coronavirus interactúa con una variedad de condiciones preexistentes.

El Coronavirus, estudiado en su condición sindémica, devela, también, las inocultables inequidades sociales; con lo cual se registra un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas. Aunque hemos apreciado que algunos países, tenidos por desarrollados y con sistemas de salud a toda prueba han sufrido serios embates frente a esta enfermedad, por su alta letalidad, que no hace diferenciaciones de ningún tipo.

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Correo electrónico: abrahamgom@gmail.com

 

Artículo publicado originalmente el 13/10/2020, en Costa del Sol 93.1 FM – Güiria, Venezuela, https://www.costadelsolfm.org/2020/10/13/abraham-gomez-r-esta-sindemia-que-nos-extingue/

LA DESTRUCCIÓN DEL PUERTO DE BEIRUT Y EL “NUEVO ORDEN” EN ORIENTE MEDIO

Giancarlo Elia Valori*

La poderosa explosión que arrasó el puerto y parte de la ciudad de Beirut el pasado 5 de agosto, a las 6 de la tarde, con un saldo de muertos desconocido pero al menos superior a 150, con 4 mil heridos, 300.000 mil personas dejadas fuera del hogar, fue generado por la explosión de 2.750 toneladas de nitrato de amonio, residuo de un extraño “negocio” de una empresa, con sede chipriota, propiedad de un pequeño “oligarca” ruso, material nunca reclamado ni utilizado de otra manera. Los marineros no remunerados del oligarca fueron repatriados por los Organismos Internacionales.

La gran explosión generó, cabe señalar, un terremoto de magnitud 3,5 Richter.

Mientras tanto El Líbano espera el veredicto sobre el asesinato de Rafik Hariri que tuvo lugar, con un acto terrorista en 2005. Los acusados son sólo cuatro, in absentia, pero todos pertenecientes a Hezbollah, que también fue el partido político fundamental para apoyar al gobierno libanés, que acaba de dimitir.

Sin embargo, muchas fuentes, incluso en Estados Unidos, piensan que las órdenes del ataque contra Rafik fueron de los propios saudíes. Piense aquí en ese mismo Saad, el hijo, que fue “secuestrado” en un hotel de lujo, por Mohammed Bin Salman por deudas, en 2017, para regresar tres semanas después.

Otra pieza inevitable del tema: el default del Estado libanés, anunciado oficialmente el pasado mes de marzo por el primer ministro Hassan Diab, un “independiente” acogido por Hezbollah.

Sin embargo, cabe señalar que los bancos privados libaneses todavía tienen un excelente bocado de capital disponible, justo a tiempo, antes del despojo de lo poco que queda del Estado.

En ese momento, el default se hizo sobre una deuda de 1.200 millones de eurobonos y ya con una relación deuda/PIB del 170%, los eurobonos no se reembolsaron, sino para comprar importaciones de bienes primarios.

El Líbano lleva un tiempo funcionando con una economía imaginaria, con las reservas de divisas del Banco Central, para todas las monedas, reducidas a US$ 29 mil millones que, entre los bonos con los bancos locales y las reservas fijas y más, se reducen a sólo 4 mil millones que son útiles para pagar la deuda.

Posteriormente, el Fiscal suspendió la actividad de 20 bancos libaneses el 5 de marzo.

Pero muchos expertos locales juran que algunos bancos locales todavía están llenos de depósitos. Lo cual es muy probable. Y quien esté planeando el default político de El Líbano no espera nada más.

Un país económicamente destruido, por tanto, al que la explosión asestó el golpe final. La explosión, entonces, puso en un instante el complicado sistema constitucional de división entre drusos, chiítas, sunitas, cristianos y otras etnias que habían construido el castillo de naipes de los distintos gobiernos.

Las masas, con las finanzas que ya no existen y el turismo se evaporaron con el Covid-19, por lo tanto con una economía reducida a cero, siempre se manifiestan juntas y ya no perciben las diferencias religiosas en las que sus viejos “emprendedores políticos” habían hecho fortuna.

Las viejas facciones, entonces, ya no tienen recursos selectivos para distribuir, por lo que, con la relativa excepción de Hezbollah, ya no tendrán seguidores.

Aquí me viene a la mente un documento reciente del Carnegie Endowment for International Peace, “Destroyng Lebanon to Save It”, que reporta un documento que salió del ambiente republicano, con un proyecto final muy simple: integrar al Líbano en el sistema estadounidense contra Irán. Lo veo difícil.

Pero luego la ejecución reportada por el documento del Think-Tank estadounidense establece que ni el Fondo Monetario Internacional debería dar ni un dólar a Beirut, un puerto que los chinos querían comprar, pero ahora llegan a Trípoli donde hay otra pieza.

Ni siquiera un dólar, pero solo hasta que las masas libanesas se vuelvan claramente contra la corrupción y sobre todo contra Hezbollah que, además, es la única red de bienestar religiosa disponible hoy en día en un Estado fallido.

Para Estados Unidos, o para sus republicanos, cuando intentan pensar en política exterior, por tanto, la estabilidad de El Líbano es un dato irrelevante y, de hecho, negativo ya que se convertirá en un activo estratégico para Irán y el propio Hezbollah en el futuro.

Pero los libaneses, como un solo hombre, pero cada vez más enfermos y hambrientos, deberían clamar por “libertad” y “guerra contra los tiranos”, que también tienen su propia fe, cultura y hábitos. Los mejores deseos.

Ni siquiera con los dramas del Instituto Einstein podrán transformar a los libaneses. Otra pieza. O destruyen El Líbano, o deben intentar, no con esta tontería democrática, tomarlo todo en una sola pieza y no en alguna facción.

Por lo tanto, el nitrato de amonio en el puerto de Beirut ya ha transformado el Medio Oriente de una manera radical.

Los efectos serán, y de hecho ya son: a) la obvia desestabilización de El Líbano, que pasará a formar parte de los nuevos bloques en formación o simplemente un paso hacia Siria, para volver a desestabilizarse, y al final Irán, entonces hay, b ) el control y desestabilización del flanco sur de la Franja y la Ruta de China, d) la reducción de Hezbollah ad nihilo, sin más redes locales y coberturas, e) la creación de una guerra infinitamente larga en Siria para luego desestabilizar Irán, finalmente la entrada de Turquía a sus nuevas áreas, en Siria y para apuntar también a Jordania, que ahora es un Estado fallido.

Con 1,4 millones de refugiados sirios viviendo de préstamos del FMI cada vez más “largos” nos hacen prever, para el Gran Rey y su pequeño reino jordano, un futuro “trato” libanés.

Hay otros dos elementos en el escenario libanés que han cambiado recientemente. Los ajustes geopolíticos, para países que importan poco, se hacen sin cumplidos y en poco tiempo.

Aquí está la cuestión: la nueva configuración de pozos de gas natural y petróleo entre Chipre y Egipto, a través del Líbano e Israel. Hablaremos de eso.

Luego, la crisis del covid-19, un acelerador para la creación de Estados fallidos, generadores de migración, como en África, o de operaciones de “golpe y fuga” sobre sus materias primas. Como en África.

Y, en cualquier caso, la cuestión del gas y el petróleo en el Mediterráneo oriental es fundamental para su nueva “reelaboración” posterior a la destrucción del puerto de Beirut.

Turquía, por ejemplo, con un Líbano inexistente, puede cerrar su Zona Económica Exclusiva desde la costa libia de Trípoli hasta Kastellorizo, en la frontera de Grecia, y luego llegar no solo a las zonas grecochipriotas, sino a las costas ya libanesas.

El arco de cierre de los intereses petroleros turcos en el Mediterráneo.

Por supuesto, con la mozzarella enmohecida alrededor, Erdogan lo pasará bien.

En el primer año de producción, los hidrocarburos costeros del Líbano podrían generar al menos 8.000 millones de beneficios. Si Turquía pierde su papel en el mundo del gas del Mediterráneo oriental, también lo perderá como socio del gasoducto de Rusia. Ankara ni siquiera piensa en eso. Aquí hay otra clave.

Luego está el papel de Arabia Saudí. Por lo general, El Líbano se utilizó para un juego de equilibrios y escaramuzas entre los saudíes y Damasco, con referencia a Irán.

El canal de Riad en El Líbano, la familia Hariri, siempre ha sido clandestino.

Pero, tras el asesinato de Rafik Hariri los saudíes también se están acercando lentamente al régimen de Damasco y, por tanto, a la influencia “legítima” que ejerce Damasco sobre El Líbano.

Mejor los Assad que Irán o los Hezbollahs, piensan en Riad.

Con el comienzo de la guerra en Siria, sin embargo, se produce un bloqueo completo y lógicamente inevitable de la política en El Líbano: los chiítas con Irán, del lado de Assad, incluso a menudo empleados directamente en suelo sirio, pero los saudíes fuertemente alrededor de Hariri, para mantener un grupo sunita no vinculado directamente al enfrentamiento sirio. Los cristianos y otras tradiciones religiosas se dividieron entre el pacifismo y el compromiso con Damasco.

Llegamos a febrero de 2016, cuando el Reino Wahabí bloqueó US$ 3.000 millones de ayuda militar para las Fuerzas Armadas y mil millones adicionales para seguridad. Actualmente, hay propuestas de ayuda financiera de los saudíes, pero solo en condiciones económicas y políticas muy estrictas.

Otra pista: Arabia Saudí ya no está interesada en la unidad del Líbano como país.

A estas alturas, en medio de acuerdos con el apoyo de Israel y de Estados Unidos, así como una nueva reconfiguración de las relaciones entre Riad, los Emiratos y Egipto, los saudíes ya no necesitan una base traicionera y muy fragmentada contra Irán, como lo fue El Líbano.

En todo caso, para los Al Saud sería necesario crear divisiones muy fuertes en la sociedad libanesa, que son imposibles hoy en día, para contrarrestar la influencia de Hezbollah.

Otra pista: evitar, por parte de quienes ordenaron o llevaron a cabo el ataque, con la destrucción del Líbano, la creación simultánea de una “Unión del Levante” entre Chipre, El Líbano, Irak, Palestina (ANP) Jordania, Egipto, que llevaba años al aire y que habría supuesto un bloqueo importante para los fines de algunos actores internacionales.

África ya ha organizado su Área de Libre Comercio Continental Africana, exactamente desde mayo de 2019, por un PIB negociado previsible de US$ 2 billones en promedio.

El “Levante” ofrecería acceso directo a los puertos de China, otro elemento que los que están desestabilizando al Líbano no quieren en absoluto. Otra pista.

Por supuesto, El Líbano actual no debería esperar un rescate financiero del resto del mundo.

Beirut, o lo que queda de ella, necesita de inmediato entre US$ 20 y 24 mil millones en financiamiento externo. El déficit fiscal es del 11,6% del PIB y la relación deuda/PIB es del 170%, como hemos visto.

El tipo de cambio oficial entre la lira y el dólar es 1: 2000 y superior.

Por supuesto, la fuga de capitales no se controla.

Otra pista muy importante es la nueva relación entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel.

En el caso de Abu Dhabi, los Emiratos ya han colocado a Hezbollah entre las organizaciones terroristas y han condenado a Hamas.

No fue un proceso corto, pero la lógica de la colaboración es casi natural: tanto países como áreas, Israel y los Emiratos, especialmente Abu Dhabi, están vinculados a Estados Unidos, tienen buenas relaciones con Egipto, tienen los mismos intereses anti-iraníes. E intercambian inteligencia seleccionada durante mucho tiempo.

Para Israel, es la llegada a mercados muy ricos, para los Emiratos Árabes Unidos un nuevo aliado que también es una importante potencia militar regional.

Sin el peligro saudí y emiratí, el viejo Líbano ya no es necesario para los israelíes.

Para Rusia, sin embargo, existe el peligro de que el post-Líbano se reduzca a un corredor entre el Mediterráneo y las áreas de tensión en Siria y luego hacia Irán, debido a una renovada guerra de “estabilización” entre Damasco, Bagdad y, en el futuro, Teherán.

Sería el final del gran proyecto de Moscú que hasta ahora se ha logrado con la victoria en Siria, con el mínimo gasto de fuerzas, y la estabilización del régimen de Bashar el-Assad, amortiguador entre la costa de Oriente Medio y la zona islamista en contacto directo con la Rusia.

Por otro lado, la Federación de Rusia teme que Damasco caiga en manos de las diversas facciones yihadistas y terroristas, pero no quiere entrar directamente en la arena post-Líbano.

Pero Moscú sigue directamente tanto las redes del terrorismo islámico, actualmente muy activo en El Líbano, como los diversos movimientos anteriores a la guerra de algunos países occidentales.

¿Qué querrá entonces Rusia del caos libanés? El cierre de las fronteras hacia Siria, el bloqueo del paso a Siria de los yihadistas destinados a desestabilizarla por orden ajena, la no exportación regional de la crisis libanesa por parte de occidentales.

Otra pista: la próxima crisis de refugiados. En todos los ámbitos (esto también es una pista) en los que algunos están transformando sus connotaciones políticas, demográficas, estratégicas y geopolíticas, es más fácil crear refugiados para utilizarlos como masa de presión, chantaje, incluso guerra económica, que mantener a las viejas poblaciones en el sitio. Otros pagarán por ellos.

El Líbano ya tiene 1,5 millones de refugiados de sus guerras periféricas a los que no concede ningún derecho.

Jordania alberga a otros 780.000 refugiados, pero el Reino Hachemita ya está en la mira de los “grandes transformadores” de Medio Oriente, los que escriben nuevas fronteras con bombas con la misma facilidad con la que Sykes y Picot las redibujaron con lápices y reglas.

No habrá nuevos inmigrantes a la UE desde El Líbano: las poblaciones “excesivas” se dirigirán al resto de Medio Oriente o emigrarán, aparte de la epidemia de Covid-19, al Nuevo Mundo. Aquellos que ya han “cargado” a los Estados más estúpidos de la UE, como el nuestro, con inmigrantes africanos, no tienen ningún interés en aumentar la dosis, lo que haría imposible la respuesta política y, quizás, militar de algunos países de la UE en el post-Líbano. Lo cual será solicitado con enojo. Y también tenemos a la FPNUL II, para evitar que caiga como rehén de nuevos “pacificadores” o actores regionales sin escrúpulos.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor.

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