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LA ÚLTIMA VICTORIA DE OCCIDENTE: LA LEGITIMIDAD ESTRATÉGICA DE LA OTAN

Alberto Hutschenreuter*

Imagen: daniel_diaz_bardillo en Pixabay.

 

El 24 de febrero de 2022, el día que Rusia lanzó su «Operación Militar Especial» sobre Ucrania, la OTAN completó su legitimidad estratégica, es decir, quedó justificada su pervivencia más allá del final del reto que impulsó su nacimiento en 1949.

En buena medida, su prolongación no sólo una vez terminada la contienda bipolar, sino desaparecida la misma Unión Soviética, implicaba una anomalía estratégica: no existe en la historia un solo caso de una liga o alianza político-militar que, terminada la causa que hiciera posible su creación, continuara su existencia. La OTAN ni siquiera se reinventó, pues continuó con la misma denominación y, a juzgar por su marcha o movimiento hacia el este, con el mismo viejo propósito pos-1945: contener y vigilar a la «nueva» Rusia.

Su ampliación a los países de Europa central, a los denominados «huérfanos estratégicos», Polonia, República Checa y Hungría, y más tarde a los países del Báltico, Rumania, Bulgaria, Albania, Eslovenia, Eslovaquia y Macedonia del Norte, y recientemente a Finlandia, confirmó el cambio de orientación militar que realizó la Alianza en los años ochenta cuando consideró que podía llevar adelante una ofensiva en el teatro del Pacto de Varsovia, su rival, y lograr allí la decisión. Es decir, el incremento de capacidades a partir de la denominada revolución en los Asuntos Militares (RAM) la habilitó hace tiempo pasar de la condición defensiva a una condición de ataque.

La cuestión relativa con la continuidad de la OTAN más allá del final de la Guerra Fría siempre ha motivado preguntas, particularmente en relación con su ampliación, una decisión que se habría tomado incumpliendo «pactos de caballeros» entre Estados Unidos y la URSS hacia fines de los ochenta. Según la especialista Mary E. Sarotte, hubo por entonces hombres, por ejemplo, el ministro de Exteriores germano Hans Dietrich-Genscher, que pensaron la seguridad en términos de algún concepto común pos-alianzas. Pero Estados Unidos se oponía a la desaparición de la OTAN.

Entonces ocurrió la primera ampliación de la Alianza: el 3 de octubre de 1990 se reunificó Alemania, implicando ello que la OTAN se expandiera al este de Alemania, más allá de la que fuera la principal línea divisoria de la Guerra Fría. Por tanto, no sólo no desaparecía la OTAN, sino que se extendía sin ningún tipo de negociación con Moscú, ni siquiera, como sostiene la citada experta, en relación con las armas nucleares estacionadas en Alemania Occidental.

Estados Unidos jamás dejó de enfocar a Rusia como un eventual gran poder euroasiático que volviera a desafiarlo. Entre la inercia de la desconfianza del pasado reciente y la necesidad de contar con un nuevo enemigo, la OTAN fue considerada no sólo como el emblema de la victoria, sino como el instrumento de reaseguro estratégico y de unidad atlanto-occidental.

Aunque se crearon instancias estratégicas entre Occidente y Rusia para mantener algo así como una convivencia entre ambos basada en la consulta frente a situaciones de crisis, las mismas acabaron teniendo una existencia formal: de hecho, cuando ocurrió lo de Kosovo jamás hubo consulta estratégica alguna. Occidente había ganado la contienda y consideraba que esa victoria otorgaba derechos. Y nunca dejó de ejercer o rentabilizar esos derechos, al punto que en ningún momento reparó en alcanzar equilibrio u orden geopolítico en Europa.

De modo que el código geopolítico ruso, es decir, eso que Stephen Kotkin denominó «geopolítica perpetua» de Rusia, fue la amenaza que legitimó la existencia y la expansión de la OTAN. Nunca hubo otra razón que Rusia. Incluso el despliegue del escudo antimisiles de la OTAN fue establecido considerando el reto de las armas rusas, si bien siempre se sostuvo que estaba pensado para neutralizar eventuales ataques provenientes de «Estados-armas» como Corea del Norte e Irán.

La adopción de una política exterior más afirmativa por parte de Rusia, particularmente tras los sucesos internos en Ucrania que determinaron la anexión de Crimea por parte de aquella, fue el epítome para que Occidente, sin ambages, considerara a Rusia como la principal amenaza a la seguridad europea. En la silenciosa guerra que tuvo lugar en el este de Ucrania entre las fuerzas regulares de este país y la insurgencia filo-rusa del este tras la anexión de Crimea, confrontación que fue la antesala de lo que ocurriría a partir de febrero de 2022, militares de la OTAN entrenaron a las fuerzas ucranianas.

Años antes, en 2008, en la cumbre de la OTAN en Bucarest, se aprobó una declaración relativa con el futuro ingreso de Georgia y Ucrania a la Alianza. Con ello quedaba claro que el propósito de la OTAN era contener a Rusia en sus mismas fronteras, un enfoque de pos-contención que no dejaba margen alguno para la existencia de aquello que la OTAN siempre sostuvo defender: la seguridad indivisible, pues una OTAN en las adyacencias del frente norte, centro y sur ruso suponía que todas las ganancias las conservaba la OTAN en detrimento de la seguridad de Rusia.

La invasión rusa el 24 de febrero de 2022 fue el acontecimiento que selló la justificación de la continuidad de la OTAN tras el final de la Guerra Fría treinta años antes. En clave de política de poder, fue el hecho que fungió funcional no solo para la legitimación de la OTAN, sino para señalar a Rusia como el principal problema para la seguridad regional y continental. A partir de entonces, la Alianza no necesitaría ninguna excusa para adoptar medidas que afectaran el poder territorial ruso.

Sin embargo, el punto muerto en que se halla la guerra está provocando divisiones en la Alianza entre aquellos partidarios de dar el paso final, es decir, otorgar a Ucrania la membresía, y aquellos que consideran que ello sería la peor de las decisiones.

Los primeros recurren al modelo Alemania, es decir, así como se sumó Alemania Occidental a la Alianza en 1955, se podría sumar la parte de la Ucrania soberana, es decir, la parte no ocupada por Rusia, a la Alianza; los segundos consideran que no hay que tomar ninguna medida hasta que cese la guerra, pues un eventual ingreso de Ucrania a la OTAN significaría la guerra directa entre Occidente y Rusia.

Considerando lo delicado del tema y que en la OTAN las decisiones implican la unanimidad de los miembros, es prácticamente imposible pensar que en la reunión de la Alianza en Lituania se adoptará alguna medida. Lo que probablemente sucederá, siempre en esta cuestión, será continuar con el incremento de capacidades en el frente oriental, pues, más allá del desenlace que tenga la guerra, la línea que se extiende desde el norte de Finlandia hasta Turquía será por mucho tiempo una de las zonas de mayor tensión y acumulación militar del mundo.

La OTAN ha justificado su existencia y ello ha significado una suerte de extensión de la victoria de Occidente en la Guerra Fría. Pero ello no ha resultado en un orden geopolítico en Europa del este y, por tanto, en toda Europa. Por el contrario, no solo no se alcanzó orden alguno, sino que hay guerra. Y no sabemos qué escenarios podrían ocurrir.

Cuánta razón tenía el prusiano Carl von Clausewitz cuando advertía que nunca hay que ir más allá de la victoria.

 

* Alberto Hutschenreuter es miembro de la SAEEG. Su último libro, recientemente publicado, se titula El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas estratégicas y geopolíticas para sobrellevar la incertidumbre, Almaluz, CABA, 2023.

 

Artículo publicado el 11/07/2023 en Abordajes, http://abordajes.blogspot.com/

 

¿REENCONTRARÁ —LA DIRIGENCIA OCCIDENTAL— EL SENDERO DE “LA PAZ WESTFALIANA” EN EL SIGLO XXI?

Heriberto Justo Auel*

“La celebración de la Paz de Münster el 18 de junio en el cuartel general de los ballesteros cívicos de Amsterdam” por Bartholomeus Van der Helst.

Si quieres la Paz, prevé la guerra”

Flavio Vegecio Renato (S. IV a. C.)

No hay otro camino para guardar la paz, que estar preparado para la guerra”

Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

“Si quieres la Paz, conoce a la guerra”

Gastón Bouthoul (1896-1980)

 1. La Paz de Westfalia.

2. La Geopolítica de la Paz.

3. El choque de las culturas.

4. Candidatos “globalistas” —palomas— y candidatos “contrarrevolucionarios” —halcones—.

 

1. La Paz de Westfalia

La Paz de Westfalia se alcanzó con los tratados de Osnabrück y Münster de 1648, en la región histórica de Westfalia. Con ellos finalizó la “Guerra de los Treinta Años” en Alemania y la “Guerra de los Ochenta Añosentre España y los Países Bajos. En ellos actuaron el Papado, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico —Fernando III de Habsburgo— las Monarquías de España, Francia, Suecia y las Provincias Unidas —Países Bajos— y los Electores de Brandeburgo y de Sajonia.

Dio lugar al primer congreso diplomático moderno e inició un “nuevo orden” en Europa Central, basado en el concepto de soberanía nacional. Estableció el principio de que la “integridad territorial” es el fundamento de la existencia de los estados, frente a la concepción feudal de que territorios y pueblos constituían un patrimonio hereditario. Por esta razón, marcó el nacimiento del Estado Nación.

Existe —entre los politólogos y estrategas teóricos occidentales— una fuerte sospecha de que el fin de la Guerra Fría —1989/91— daría lugar a un “nuevo orden” —homólogo al “westfaliano”— que ya presentaría algunos indicios de existencia. En ese ámbito, la guerra en acto entre Rusia/Ucrania vendría a constituirse en  el “catalizador” de ese eventual “nuevo orden internacional”.

Zygmunt Bauman —reconocido sociólogo y filósofo polaco-británico fallecido hace cinco años— fue quien describió a la presente situación social como “modernidad líquida”, concepto que bien puede trasladarse al acelerado desarrollo geopolítico internacional, impulsado por la emergencia de nuevas grandes potencias.

Al respecto, la duda —de quienes exploran nuestro futuro— se plantea cuando analizan las características de los liderazgos actuales que deberían recorrer una senda equivalente a la de la “Paz Westfaliana”. El “orden multilateral” ha sido reemplazado por un impreciso “orden multipolar” de alianzas o asociaciones entretejidas entre amigos/enemigos de conveniencia, solo confiables mientras el amigo/enemigo sirva para algo.

La polarización central está planteada —como ayer-— entre el mundo “telurocrático” y el “talasocrático”, que hemos desarrollado en el 2021 (1) y (2). Estos realineamientos han llevado a “Ella” —nuestra comandante castro-chavista— al intento fallido de pretender un salto de garrocha cultural imposible, hacia el mundo asiático —como una forma más de sus numerosos intentos de evasión— ante las futuras e inexorables sentencias judiciales por corrupción.

2. La Geopolítica de la Paz

En nuestro ensayo del mes de Mayo de 2011 —“La Actualidad de la ‘Tesis’ sobre el Océano Político” www.ieeba.org— expresábamos que en la situación internacional emergente de la posguerra fría —1991— cuando regresó la Historia, “esta se aproximaba a la Tesis de Haushofer, en desmedro de las doctrinas de McKinder y de Spykman. El Cap bávaro planteaba —en 1924— que el “equilibrio de poder” entre el “mundo oceánico” —talasocrático— y el “continental-terrestre” —telurocrático—, para lograr la Pax Mundial, exigía la conformación de un bloque asiático + uno —Alemania—, frente a Europa, las Américas, Oceanía y Japón. Fue desoído y los líderes políticos europeos fueron a sus Guerras Civiles —1914/18 y 1939/45—. Europa se autodestruyó y dejó de ser el núcleo cultural de Occidente. El meridiano del poder se desplazó hacia el oeste, a EE.UU.”

Así las cosas, tengamos muy presente que el futuro no está escrito en ninguna parte. Está en manos de quienes deciden, desde el poder. Haushofer no fue escuchado en un momento histórico en que emergían tres nuevas potencias que alteraban el equilibrio de poder pactado en el Congreso de Viena —1814/15—:

  • EE.UU., que luego de la ocupación de parte de México —1846/48— (Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y partes de California, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma) y de su guerra civil —1861/65— se proyectaba hacia el Pacífico y el Atlántico —como lo vio Mahan con claridad—.
  • Alemania, que tras su unificación venció a Francia —1870— y superó industrial y militarmente al Reino Unido y
  • Japón, modernizado y armado por la restauración Meiji, que venció a Rusia —1905— y se afianzó como potencia asiática.

No reconocer la emergencia de estos nuevos actores estatales costó dos guerras civiles europeas y un siglo XX de una violencia hasta entonces desconocida. ¿Hemos aprendido esa lección? La actual dirigencia de las potencias del siglo XXI ¿está encaminada a homologar la Paz de Westfalia, o vamos a un “invierno nuclear”?

Quien —con toda autoridad intelectual— ha planteado esta incógnita hace unos días, ha sido Henry Kissinger (3). Comparó la actual rivalidad de las alianzas con la situación previa a la I GM —1914/18—, en la que ninguna de las partes tiene mucho margen de concesión política y en la que “cualquier perturbación del equilibrio puede tener consecuencias catastróficas”. Dijo:

“Ahora hemos armado a Ucrania hasta el punto en que será el país mejor armado y con el liderazgo con menos experiencia estratégica en Europa. Si la guerra termina —como probablemente terminará— con Rusia perdiendo muchas de sus ganancias, pero conservando Sebastopol —la principal ciudad de la península de Crimea— es posible que tengamos una Rusia insatisfecha, pero también una Ucrania insatisfecha. En otras palabras, un balance de insatisfacción. Entonces, para la seguridad de Europa y de Rusia, es mejor tener a Ucrania en la OTAN, donde no puede tomar decisiones nacionales sobre reclamos territoriales. Son dos tipos de potencias entre las que, históricamente, hubiera sido inevitable una confrontación militar. Pero esta —la de hoy— no es una circunstancia normal, debido a la destrucción mutua asegurada y a la inteligencia artificial. Estamos en el comienzo de una capacidad en la que las máquinas podrían imponer una peste global u otras pandemias, no solo nucleares, sino en cualquier campo de la destrucción humana”.

Por eso consideró que “las circunstancias exigen líderes responsables, que al menos intenten evitar el conflicto”. Los que allí y ahora están ¿rayan a la altura de sus circunstancias? Es la gran pregunta que nos hacemos los argentinos, dada la situación interna e internacional en la que vivimos, en el 2023.

Los argentinos deberíamos entender la razón de esta duda -mejor que cualquier otra nación en el mundo- pues luego de las dos guerras que peleamos en la segunda mitad del siglo XX, no hemos tomado en cuenta ninguna de las tremendas enseñanzas que nos dejaron y es por lo que hoy padecemos un nivel de indefensión e inseguridad alarmantes.

A escasos meses de un cambio de gobierno, desconocemos las propuestas de los candidatos para revertir este drama. Nuestra dirigencia no ha entendido aún a Flavio Vegecio Renato —siglo IV a. C.—, a Nicolás Maquiavelo —1469/1527— ni a Gastón Bouthoul —1896/1980—. Está muy ocupada con la inflación y no se apercibe de que esta es una consecuencia más, de aquel origen.

EL 7 de octubre de 2022, publicamos “Fumado en el polvorín”. Decíamos en él:

“Hasta hoy no conocemos la iniciativa de EE.UU/UE para reunirse con China/India y encontrar el camino de la Paz. ¿Existe algún otro camino para encontrar una alternativa al invierno nuclear? No lo creemos. Lo hemos planteado con anterioridad: son urgentes “los buenos oficios y la mediación” de los EE.UU/UE y China/India. Hay impedimentos para lograr la Paz. Los gobiernos progresistas occidentales están controlados por las fuerzas del “globalismo” o “mundialismo”, que destruye al Occidente Cristiano desde su núcleo fundador europeo”. Recientemente Elon Musk —CEO de Tesla— dijo que George Soros —símbolo mayor del globalismo— “es un supervillano judío que odia a la humanidad” (6). Los odios y los resentimientos son los que impiden la concordia.

La “Doctrina Primakov —de 1997— que planteaba la conformación del bloque “telurocrático” Rusia/China/India, tiene indicios de realización. Hace unos meses realizaron ejercicios militares combinados, en territorio ruso. India acaba de sobrepasar a China en población. Su Gran Estrategia no está definida aún. Retiene una difícil relación conflictiva con Pakistán. Narendra Modi ha demostrado ambiciones internacionales, pero no le será fácil resolver su relación ambivalente con Beijing y Washington, simultáneamente.

La UE —transculturizada y desarmada— deambula sonámbula hacia el agravamiento de “su” guerra en Ucrania, que ya comprometió a la OTAN. La “operación militar especial de Putin cursó varias etapas a lo largo de más de un año. En el presente atraviesa operaciones de desgaste y se esperan reactivaciones, “contraataques de primavera” desde ambos lados. Un callejón sin salida sugeriría la amenaza nuclear rusa, mientras se aleja la oportunidad de una posible negociación política. El corte de la energía rusa a la UE y de los cereales ucranianos al mundo están dañando seriamente a la economía global.

La probabilidad de que la guerra llegue a la UE es hoy posible. Y los años de abandono de sus FF.AA. hacen que la OTAN sobrepuje a la UE indefensa. Las miradas nuevamente se vuelven a los EE.UU., pero Washington tiene hoy otras preocupaciones estratégicas en el Asia-Pacífico. Aquel paraguas de ayer está preocupado desde hace tiempo por otras lluvias. La UE deberá atender y entender mejor a las estrategias del Reino Unido después del Brexit y pensar en qué ocurrirá si los Republicanos ocupan nuevamente la Casa Blanca.

El reciente y descarnado mensaje de Josep Borrell Fontelles en Estrasburgo —Francia—, ante el Parlamento Europeo —en su condición de Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad—, confirma la percepción del alto riesgo estratégico de la UE, de la debilidad de sus FF.AA. después de décadas —1950/70— de “Estado de Bienestar” socialdemócrata y de la necesidad de que los 27 Estados que la conforman, cuenten hoy con la misma partitura y reconozcan una sola clave en su relación con la Gran Potencia China.

La emergencia de China y la India han desordenado el frágil equilibrio de la PAX internacional. El proceso de reconfiguración geopolítica de equilibrios se ha conmovido con la guerra rusa-ucraniana. ¿Vamos a una nueva guerra fría?, ¿a una nueva guerra mundial? o ¿nos encaminaremos a una nueva Paz Westfaliana? Los dados están en el aire. Xi Jinping continúa con su operación geopolítica global (5) vía “soft power”. Ello ha sido ratificado por la Asamblea Nacional Popular en marzo de 2023. Ha nombrado fieles colaboradores en cada área de su Plan Geopolítico Global y ha ajustado su control sobre el Consejo de Estado.

China, Rusia, Corea del Norte e Irán, han denunciado sus Acuerdos de Seguridad Regionales: desconocen a la disuasión nuclear. Para enfrentar a Occidente han integrado a la fuerza convencional con la nuclear, para operar en secuencia o en paralelo y de modo continuo, bajo la llamada “teoría para la victoria”. La respuesta resiliente de EE.UU. ha sido la de dotar de movilidad a su tríada nuclear: los ICBM por carreteras y vías ferroviarias, redistribuir a los B-52 en diversas bases y poder reabastecer a las fuerzas de submarinos sin salir a superficie. Además están en desarrollo los despliegues de los HGV y HCM** frente a las nuevas defensas opuestas, con lo que se evita aumentar el número de cabezas nucleares.

3. El choque de las culturas

El Occidente Cristiano continúa profundizando su larga crisis-decadencia de naturaleza cultural***, que ha licuado la identidad de su núcleo duro —Europa— y que se ve agravada en los últimos años por efecto de fuerzas privadas internas —que actúan bajo la sombra de la actual aceleración civilizatoria—: el “globalismo”, universalismo” o “progresismo” (7), mientras Rusia y China accionan culturalmente en dirección exactamente opuesta y la India retiene —a través de su espiritualidad— la histórica característica esencial de sus culturas.

El 14 de mayo de 2009 el Papa Benedicto XVI se reunió con los legisladores italianos que viajaban a Bruselas para votar una nueva Constitución Europea —la “giscardiana”-. Su clase magistral abordó como tema central a la ética y a la importancia de los valores morales en la política y nos advirtió —hace 15 años—: “Europa tiene el alma marchita y se odia a sí misma”. Un sector social ha agravado a estos conceptos, pero hay otro que está reaccionando y va al rescate de la identidad europea, si bien presentando matices diferenciados. Ellos son:

    • Viktor Orbán: Primer Ministro de Hungría, líder del partido Fidesz, conocido por su postura nacionalista, conservadora y antiinmigración.
    • Marine Le Pen: Política francesa, líder del partido Rassemblement National que aboga por el nacionalismo, el control migratorio y la defensa de los valores tradicionales.
    • Matteo Salvini: Político italiano, líder de la Liga, partido de extrema derecha que promueve el nacionalismo y políticas antiinmigración.
    • Alternative für Deutschland -Alternativa para Alemania- partido político alemán que ha ganado apoyo en los últimos años con una plataforma antiinmigración y euroescéptica.
    • Partido del Brexit: liderado por Nigel Farage en el Reino Unido, impulsó la campaña por la salida de la UE y aboga por la soberanía nacional y políticas migratorias más restrictivas.
    • Giorgia Meloni: Política italiana, líder del partido Fratelli d’Italia —Hermanos de Italia—, que defiende una agenda conservadora en temas como inmigración, seguridad y los valores tradicionales.
    • Isabel Díaz Ayuso: Política española presidente de la Comunidad de Madrid. Si bien no se identifica explícitamente como representante de la derecha tradicional, ha sido asociada con posturas conservadoras y ha defendido políticas de baja carga impositiva, libre mercado y mayor autonomía regional.

La cultura de Occidente —luego de la II GM II— se autodestruye desde la intimidad de sus universidades, desde la progresía burguesa de derecha e izquierda, desde ciertos medios de comunicación y desde algunos centros financieros social y políticamente resentidos. Es indispensable conocerlos, por tratarse de instituciones e instrumentos con los que convivimos y que actúan en el ámbito universal:

    1. Fondo Monetario Internacional (FMI)
    2. Banco Mundial. (BM).
    3. Organización de las Naciones Unidas (ONU)
    4. Organización Mundial del Comercio (OMC)
    5. Organización de ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
    6. Organización Internacional del Trabajo (OIT)
    7. Organización Mundial de la Salud (OMS)
    8. Amnistía Internacional
    9. Human Rights Watch
    10. Greenpeace
    11. Transparency International
    12. Foro Económico Mundial
    13. Instituto Brookings
    14. Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations)
    15. World Wide Fund for Nature (WWF)
    16. Médicos Sin Fronteras (MSF)
    17. Save the Children
    18. Cruz Roja Internacional
    19. Human Rights Campaign
    20. Global Green Growth Institute (GGGI)
    21. Fundación Bill y Melinda Gates.
    22. George Soros. Presidente de la Open Society Foundations.
    23. The Guardian. Periódico británico.
    24. La British Broadcasting Corporation (BBC). Organización de radiodifusión.
    25. La Cable News Network (CNN). Red de noticias con alcance global.
    26. The New York Times. Periódico estadounidense reconocido por su cobertura internacional.
    27. Human Rights Campaign. Organización defensora de los derechos LGBTQ+.
    28. Médicos Sin Fronteras (MSF). Organización médica humanitaria.
    29. The Economist. Revista británica se centra en asuntos económicos, políticos y culturales.

Es importante tener en cuenta que hay una diversidad de perspectivas y enfoques dentro de estas organizaciones y que no todos los miembros o colaboradores necesariamente comparten las mismas ideas o agendas.

En Rusia la Iglesia Ortodoxa ha desempeñado un papel importante en su sociedad —luego de la implosión soviética— y tiene hoy una gran influencia en su cultura e identidad nacional. Bajo el liderazgo de Cirilo la Iglesia ha apoyado y respaldado las políticas de Putin, en varias ocasiones. La recuperación que el nuevo líder impulsó de las antiguas tradiciones relacionadas con la “Tercera Roma”**** y de la “Santa Madre Rusia”***** —ambas conceptualmente espirituales— que lograron recuperar el ímpetu imperial ruso, hoy puesto a prueba.

En China Xi Jinping ha alentado el espíritu nacionalista del pueblo chino y ha elevado la figura de Confucio a un nivel desconocido en el siglo XX. No es casual que los institutos existentes en nuestras universidades —para enseñar mandarín— lleven el nombre de Confucio******. La filosofía confuciana se centra en mantener relaciones sociales adecuadas, como clave para el comportamiento moral y la armonía social. El taoísmo, por otro lado, se preocupa más por la metafísica: trata de comprender el funcionamiento del mundo natural y establece analogías, sobre cómo deben actuar los humanos.

El espacio continental asiático/telurocrático recuperó así la fuerza cultural expansiva de sus tradiciones —asentadas en las religiones— mientras Occidente se autodestruye quebrantando sus virtudes cristianas y se encamina —con ciego egoísmo— a un antropocentrismo cuyos niveles de violencia y agresión son propias de los espíritus débiles, que actúan con la soberbia ridícula del pavo, en su tránsito a la olla.

Si la guerra ha regresado a la transculturizada Europa y si la dirigencia occidental -—con El Vaticano a la cabeza— no entienden en tiempo/oportunidad las causas profundas y abstractas que nos llevan a “cualquier campo de la destrucción humana” —como lo anticipa Mr. K.— el “sendero de la Paz Westfaliana” está y estará cerrado a una dirigencia occidental confundida, opaca y cobarde, que en pos del “goce del bien-estar” civilizatorio, pierde el “bien-vivir cultural” y se autodestruye, “en todos los campos”.

La evolución de las relaciones sino-rusas ha tenido una alta dinámica en la posguerra fría. Beijing había seguido inicialmente la huella de la Federación Rusa, en el ámbito estratégico y en el desarrollo de sus FF.AA. Desde 2014 en adelante la relación ingresó a una paridad que facilitó una asociación más cercana. Cuando el 24 de febrero de 2022 se inició la “Operación Especial” de Putin, Xi encuentra una limitación para apoyar a su asociado estratégico y esta deviene justamente de la Paz de Westfalia: Putin había quebrado el principio de “integridad territorial”, incorporado actualmente al Derecho Internacional Público.

Desde entonces Moscú marcha “un paso atrás”, aunque Beijíng no puede abandonar a Moscú —a pesar de que haya invadido a un Estado soberano—, pues es su arsenal nuclear más importante en la pista en que juega su hegemonía —en su rol de nueva superpotencia—, frente a EE.UU. Tampoco puede aparecer como poder “irresponsable” y por ello presentó “los doce puntos”(8), que no intentan “los buenos oficios” que le reclaman desde la OTAN, ni un apoyo militar comprometedor, pero hace conocer al mundo que Putin es su amigo. Los intereses mutuos de las dos potencias asiáticas no coinciden en absoluto con las de Occidente, pero —creemos— la tradición cultural de una China poderosa nos aleja de la “Trampa de Tucídides”*******.

China se ha beneficiado significativamente —como la India— con el gas y el petróleo ruso que ya no va a la UE. y también con el redespliegue de la OTAN, que abandonó el Asia-Pacífico para dirigirse a la UE. Cualquier traspié ruso en Ucrania posiciona mejor a Xi frente a Putin. Mientras tanto, ambos apoyan a los regímenes autoritarios del mundo y trabajan para lograr un “nuevo orden internacional”, cercano a sus modelos políticos tradicionales, autoritarios. Cuentan con la explícita ayuda tranculturizadora de la “progresía occidental”, asociada en Iberoamérica con el castro-comunismo-narcotraficante que conduce a la actual contraofensiva revolucionaria iberoamericana, desde el Foro de San Pablo.

La “trampa de Tucídides” está hoy abierta, en el nivel global. La UE muestra algunos signos de recuperación cultural, mientras el “globalismo” se mantiene agresivo y azuza a los conflictos en la UE y en Iberoamérica. Como resultado de esta compleja situación, los indicios de un eventual sendero que nos llevaría a una exitosa y nueva “Paz de Westfalia”, aun no existe. Sin embargo, hay voces respetadas que han advertido acerca de posibles “consecuencias catastróficas”, si la concordia no apareciera. Las luces rojas están encendidas.

4. Candidatos “globalistas” —palomas— y candidatos “contrarrevolucionarios”  —halcones—.

En nuestra querida Patria Argentina cursamos un año electoral. La universalidad de los fenómenos políticos y estratégicos que hemos descripto —en los tres puntos anteriores— se reflejan claramente en las confrontaciones diarias entre la coaliciones y dentro de las coaliciones, por una evidente razón: hay “globalistas” —palomas/progres— en la izquierda, en el centro y la derecha. Y solo hay “contrarrevolucionarios” —halcones— en los sectores de derecha y de extrema derecha.

Las coaliciones y los partidos infiltrados por “globalistas” que no logren sincerar —con homogeneidad— a su conducción, antes de las elecciones, carecerán mañana de gobernabilidad frente a la descomposición cultural preexistente, la creciente inseguridad “revolucionaria” y el narcoterrorismo rampante —sostén financiero y logístico del sigiloso castro-comunismo—.

La constante aproximación a las fechas programadas para las “primarias” muestran —cada vez con mayor claridad— la toma de posiciones —en el ámbito político y en los medios— para llevar a las urnas a los mandantes con relatos y argumentos totalmente ajenos a la verdad, por parte de los infiltrados. Las actitudes y decisiones de los candidatos frente a los hechos que ocurren diariamente así lo comprueban y sería dramático que quienes miran, no vean y que los que oyen, no escuchen.

“Si quieres la Paz, prevé la guerra”

Flavio Vegecio Renato (siglo IV a. C.).

“No hay otro camino para guardar la paz, que estar preparado para la guerra

Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

“Si quieres la Paz, conoce a la guerra”

Gastón Bouthoul (1896-1980).

 

* Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército Uruguayo. Ha cursado las licenciaturas de Ciencias Políticas, de Administración, la licenciatura y el doctorado en Relaciones Internacionales. Se ha desempeñado como Observador Militar de la ONU en la Línea del Cese de Fuego del Canal de Suez. Comandó tropas de llanura, montaña, aerotransportadas y mecanizadas.

 

Citas y aclaraciones

* Catalizador: es una sustancia que aumenta la velocidad de una reacción química al proporcionar una ruta alternativa de menor energía para que la reacción ocurra.

** Los HGV —Hypersonic Glide Vehicles— y los HCM —Hypersonic Cruise Missiles— son términos que se refieren a tecnologías de armas hipersónicas desarrolladas por EE.UU.

*** O. Spengler: veía la decadencia de Occidente como una consecuencia de la masificación, la burocratización, la pérdida de la espiritualidad y la falta de unidad cultural y social. También sostenía que las grandes culturas pasadas —como la antigua Grecia y Roma— habían pasado por ciclos similares de decadencia y caída.

**** La Tercera Roma: este título destaca el papel de Moscú como centro político y religioso de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que se convirtió en la capital del Principado de Moscú y posteriormente en la capital del Imperio Ruso. Moscú se consideraba una nueva Roma, preservando la fe ortodoxa y continuando la misión imperial y religiosa de las antiguas capitales romanas.

***** La Santa Madre Rusia: es una expresión utilizada para describir a Rusia en términos patrióticos y emotivos. No tiene un significado literal o religioso, sino que se refiere a una percepción idealizada de Rusia como una nación poderosa, unificada y con una rica historia y cultura.

****** Confucio: bajo el gobierno de Xi Jinping ha habido un resurgimiento de la promoción de los valores tradicionales chinos, que incluyen elementos confucianos. Xi ha destacado la importancia de la herencia cultural y los valores éticos en la construcción de una sociedad armoniosa y en el fortalecimiento de la identidad nacional china.

******* La trampa de Tucídides: es un concepto acuñado por el profesor de Harvard Graham Allison que hace referencia a un fenómeno histórico en el que una potencia en ascenso desafía a una potencia hegemónica establecida, lo que puede conducir a un conflicto militar. Deriva de Tucídides —historiador griego antiguo— que observó este patrón en su obra “La Guerra del Peloponeso”. Este concepto ha sido utilizado para analizar las relaciones entre EE.UU. y China. Los expertos argumentan que la rivalidad entre estas dos potencias, una en ascenso y otra establecida, puede aumentar el riesgo de un conflicto. Es importante destacar que no todos los casos de rivalidad entre potencias conducen necesariamente a un conflicto armado. La diplomacia y la cooperación pueden desempeñar un papel crucial para evitar este escenario.

(1). H. J. Auel. “El encuadramiento geopolítico internacional de la actual situación estratégica argentina”. IEEBA, marzo de 2021,  www.ieeba.org.

(2). H. J. Auel. “¿Conocemos a China?”. IEEBA, 08/09/2021, www.ieeba.org

(3). H Kissinger. “El ex Secretario de Estado, próximo a cumplir 100 años y a publicar dos libros, analizó los grandes temas de la actualidad mundial y el rol de la política exterior de los EE.UU.” La Nación, 17/05/2023.

(4). H. J. Auel. “Fumando en el polvorín”. IEEBA, 07/10/2022, www.ieeba.org.

(5). H. J. Auel. “La geopolítica del ‘virus chino’”. IEEBA, mayo de 2020, www.ieeba.org.

(6). C. Esteban. “Elon Musk: George Soros odia a la humanidad”. La Gaceta, 17/05/2023.

(7). H. J. Auel. “Globalismo, Soberanía de los Estados e Identidades Nacionales”. IEEBA, junio de 2022, www.ieeba.org.

(8). C. G. Kindelán. Noticia. Veinte Minutos. Los “Doce puntos básicos para la atención y gobernanza integral del Partido Comunista de China (PCCh)” establecidos por Xi Jinping, fueron presentados por el Comité Central del PCCh —en enero de 2021— y abarcan una amplia gama de áreas y prioridades para el partido y el gobierno chino.

ESTADOS UNIDOS, CHINA Y RUSIA: INTELIGENCIA, CIBERSEGURIDAD Y NUEVAS TECNOLOGÍAS EN DESARROLLO. ENTREVISTA CON EL PROF. GIANCARLO ELIA VALORI

  1. China ha estado invirtiendo fuertemente en innovación tecnológica, particularmente en áreas como inteligencia artificial y 5G. ¿Cómo ve la evolución de la industria tecnológica de China en los próximos años y qué implicaciones podría tener esto para el resto del mundo?

En años recientes China ha profundizado en la importancia y las perspectivas de desarrollo de la inteligencia artificial (IA) en muchos campos importantes. Acelerar el desarrollo de una nueva generación de IA es un importante punto de partida estratégico para mantenerse a la vanguardia en la competencia tecnológica global.

La brecha actual entre el desarrollo de la IA y el nivel internacional avanzado no es muy amplia, pero la calidad de las empresas debe ser «igualada» por su número. Por lo tanto, se están haciendo esfuerzos para ampliar los escenarios de aplicación, mediante el fortalecimiento de la seguridad de los datos y los algoritmos.

El concepto de IA de tercera generación ya está avanzando y hay esperanzas de que el problema de seguridad se resuelva a través de medios técnicos distintos de las políticas y regulaciones, es decir, de meras palabras.

La IA es una fuerza impulsora para las nuevas etapas de la revolución tecnológica y la transformación industrial. Acelerar el desarrollo de una nueva generación de IA es una cuestión estratégica para que China aproveche las nuevas oportunidades para organizar la transformación industrial.

Comúnmente se argumenta que la IA ha pasado por dos generaciones hasta ahora. AI1 se basa en el conocimiento, también conocido como “simbolismo”, mientras que AI2 se basa en datos, por ejemplo, big data, y su “aprendizaje profundo”.

La IA comenzó a desarrollarse en la década de 1950 con la famosa prueba de Alan Turing (1912-1954), y los primeros estudios sobre ella comenzaron en China en 1978. En AI1, sin embargo, el progreso fue relativamente pequeño. Se han logrado progresos reales principalmente en los últimos 20 años, de ahí la IA2.

La IA es conocida por la industria tradicional de TI, generalmente las compañías de Internet. Ha acumulado un gran número de usuarios en el proceso de desarrollo, estableciendo así patrones o perfiles correspondientes basados en estas adquisiciones, es decir, el llamado “gráfico de conocimiento del gusto de los usuarios” de los usuarios. Tomando como ejemplo la entrega de ciertos productos, decenas o incluso cientos de millones de datos que consisten en información de ubicación de usuarios y comerciantes, así como información sobre compradores potenciales, se incorporan a una base de datos y luego se combinan y optimizan mediante algoritmos de IA. Esto obviamente mejora la eficacia del comercio y la velocidad de entrega.

Al actualizar las industrias tradicionales de esta manera, se han logrado grandes beneficios. En este sentido, China está liderando el camino: reconocimiento facial, altavoces inteligentes, atención al cliente inteligente, etc.

En los últimos años, no solo un número creciente de empresas ha comenzado a aplicar la IA, sino que la propia IA también se ha convertido en una de las direcciones profesionales que más preocupa a los candidatos en las pruebas de acceso a la universidad. Según las estadísticas, hay 40 empresas de IA en el mundo con una facturación de más de $ 1 mil millones, 20 de ellas en los Estados Unidos y 15 en China.

El sector central de la IA debería ser independiente de la industria de TI, pero abrirse más al transporte, la medicina, el sustrato urbano y las industrias dirigidas de forma autónoma por la tecnología de IA. Estos sectores ya se están desarrollando en China.

China representa más de un tercio de las nuevas empresas del mundo en el campo de la IA. Si bien la cantidad es alta, la calidad aún necesita mejorarse, aunque hay indicios de que evolucionará geométricamente.

Las implicaciones de la IA en el mundo actual son, por lo tanto, el conocimiento y las ventajas tecnológicas que determinan, en gran medida, las diferencias en la gestión de la política internacional. El aumento del poder intelectual de un país define directamente un aumento de su poder económico, cambiando así su posicionamiento en la competencia internacional por el dominio.

La política del poder, primero en la era agrícola y más tarde en la era industrial, se caracterizó por la hegemonía militar y luego económica, mientras que la política del poder en la era de la información revela gradualmente las características de la hegemonía basada en el conocimiento a nivel científico, que de hecho se basará esencialmente en la inteligencia artificial.

 

  1. Algunas personas han acusado a China de participar en prácticas comerciales desleales, como el dumping de productos en mercados extranjeros o el robo de propiedad intelectual. ¿Cuál es su opinión sobre estas acusaciones y cree que China debería rendir cuentas por estas acciones?

De hecho, muchos medios occidentales informan de que China está eludiendo o rompiendo las reglas comerciales. Sus manipulaciones económicas han costado millones de empleos en Estados Unidos, perjudicando a trabajadores y empresas allí, pero también en todo el mundo. Los medios también informan que Estados Unidos rechazará las políticas y prácticas que distorsionan el mercado, como los subsidios y las barreras al acceso al mercado, que el gobierno chino ha utilizado durante años para obtener una ventaja competitiva.

De hecho, China ha cumplido fielmente los compromisos adquiridos cuando se adhirió a la Organización Mundial del Comercio (OMC). China apoya, construye y contribuye al sistema multilateral de comercio. Las relaciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos son mutuamente beneficiosas. Sin embargo, la guerra económica entre la República Popular China y los Estados Unidos en las áreas de comercio e inversión ha sido la principal causa de las fricciones comerciales entre los dos países, que perjudican a otros sin beneficiarse a sí mismos.

En los últimos veinte años desde su adhesión a la OMC, China ha cumplido seriamente los compromisos contraídos en el momento de la adhesión. Ha extendido el sistema nacional predeterminado de gestión del trato al nivel nacional. Ha seguido ampliando el acceso a los mercados. Ha reducido el nivel arancelario general del 15,3 al 7,4 por ciento y ha abierto casi 120 sectores de servicios.

En octubre de 2021 la OMC llevó a cabo su octavo examen de las políticas y prácticas comerciales de China. En el informe de examen se reconocen plenamente los esfuerzos de China por apoyar el sistema multilateral de comercio y su papel activo en la OMC.

Un destacado funcionario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo señaló que, en las últimas dos décadas, China ha apoyado firmemente el sistema multilateral de comercio basado en normas; practicó un multilateralismo genuino; participó plenamente en las negociaciones de la OMC; dirigió conversaciones en esferas como la facilitación de las inversiones y el comercio electrónico, y trabajó para que las normas de la OMC estuvieran actualizadas.

China y Estados Unidos tienen economías altamente complementarias, intereses profundamente integrados y lazos económicos y comerciales mutuamente beneficiosos. En 2021, el comercio bilateral superó un récord de USD 750 mil millones. El Informe de Exportación de Estados Unidos 2022 publicado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-China mostró que en 2021 las exportaciones de bienes a China crecieron un 21% a USD 149 mil millones, respaldando 858,000 empleos estadounidenses. El informe de la Encuesta Anual de Negocios 2020 sobre las empresas chinas en los Estados Unidos, publicado por la Cámara General de Comercio de China-Estados Unidos, indicó que, a partir de 2019, las empresas miembros chinas de CGCC invirtieron acumulativamente más de US$ 123 mil millones, así como emplearon a más de 220 mil personas, y apoyaron más de un millón de empleos en los Estados Unidos. Un estudio realizado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-China mostró que las exportaciones chinas ayudaron a reducir los precios al consumidor en los Estados Unidos entre un 1 y un 1,5 por ciento, ahorrando a cada hogar estadounidense US$ 850 al año.

Un informe de Moody’s Investor Service fue citado diciendo que los consumidores estadounidenses soportan el 92,4% del costo de imponer aranceles a los productos chinos. Paul Krugman, economista ganador del Premio Nobel 2008, ha señalado incisivamente que la política comercial de Estados Unidos hacia China es desventajosa y los aranceles perjudican a los Estados Unidos más que sus objetivos previstos.

El 18 de mayo de 2022, la Federación Nacional de Minoristas (NRF) escribió al presidente Biden solicitando la eliminación de los aranceles que, como se describe en la carta, podrían reducir los precios al consumidor hasta en un 1,3%. La secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, dijo que algunos aranceles sobre los productos de China perjudican a los consumidores y empresas estadounidenses y que vale la pena considerar reducirlos para reducir la inflación en Estados Unidos..

Creo que, como cualquier guerra, una guerra comercial es perjudicial para ambas partes y que -a diferencia de la Guerra Fría, cuando un oponente quería imponer sus propias ideologías y formas de gobierno y Estado sobre el otro- aquí terminamos con un país, a saber, China, que solo exige comercio y no aboga por ninguna revolución política..

 

  1. China ha estado expandiendo rápidamente sus capacidades militares en los últimos años, con un enfoque en el desarrollo de nuevas tecnologías como misiles hipersónicos y portaaviones. ¿Qué cree que está impulsando esta expansión y cómo ve la evolución de la postura militar de China en los próximos años?

Con un país de 1.400 millones de habitantes, las fuerzas armadas chinas están inevitablemente destinadas a expandirse y fortalecerse. A lo largo de la historia china, el ejército ha sido un factor fundamental no solo en la existencia del Estado, sino también en las luchas de liberación contra Japón y las diversas doctrinas que luego intentaron aislar a la República Popular China, como la Contención, etc. En un mundo dirigido por un solo líder, a saber, los Estados Unidos de América, es importante comprender los movimientos de los Estados que tratan de no ser marginados. China es sin duda uno de los Estados que aspiran a desempeñar al menos un papel igual en las relaciones internacionales con los Estados Unidos. La fuerza militar que China ha estado desarrollando en los últimos quince años ha visto una expansión significativa de su flota. Según un estudio estadounidense, la necesidad de asegurar las islas en el Mar del Sur de China sería el quid de todo el proyecto. La isla china de Hainan es, de hecho, el punto de partida de una ruta marítima que puede conectar China, con Pakistán en el Medio Oriente y con Djibouti en el Cuerno de África.

La estrategia china es invertir en infraestructura civil (y no militar) como puertos, oleoductos, carreteras, gasoductos dentro de países aliados que garantizarían así la seguridad y las bases aliadas en el Océano Índico. La seguridad es un factor crucial para entender esta estrategia porque desde 1993 China se ha convertido en un importador neto de petróleo (es decir, la demanda de petróleo de China es mayor que la oferta) y el petróleo se importa tanto por tierra como por mar. Esta última opción se utiliza obviamente con los países de África y Oriente Medio, pero la ruta comercial se encuentra en una de las zonas con mayor concentración de sabotaje, secuestro y violencia por parte de piratas. Por lo tanto, tener aliados con quienes garantizar la seguridad en aguas enemigas se vuelve crucial. Las bases aliadas, sin embargo, también tienen la función de permitir que los barcos chinos tengan un paso fácil y rápido a través de tres de los estrechos más ricos y peligrosos del mundo, a saber, el estrecho de Bab al Mandeb (entre Yemen y Djibouti), el estrecho de Adén (entre Irán y Omán) y el estrecho de Malaca (entre Indonesia y Malasia).

No veo por qué China no debería fortalecer su potencial estratégico, ya que todos los países —desde los más fuertes hasta los medianos— lo hacen de forma regular, en función del desarrollo comercial planificado. Es natural que esto también implique el desarrollo de nuevas tecnologías, como misiles hipersónicos y portaaviones, ya que negar esto huele a cuento de hadas contado a niños.

 

  1. China ha sido cada vez más activa en organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, y ha estado trabajando para establecer nuevas instituciones como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura. ¿Cuál es la visión estratégica más amplia de China para su papel en el escenario global, y cómo ve que esto evolucionará en los próximos años?

El 15 de mayo de 1648, el primer tratado de la Paz de Westfalia fue firmado en Osnabrück por los príncipes protestantes, marcando el final del conflicto entre Suecia y el Imperio de los Habsburgo. Más tarde, el 24 de octubre de 1648, los príncipes católicos firmaron dos tratados adicionales en Münster.

Westfalia —y, en mayor medida, el Congreso de Viena (1 de noviembre de 1814 – 9 de junio de 1815) que la sustituyó— también se basó en tres pilares, a saber, el multipolarismo, un equilibrio de poderes y un concierto de poderes, que significaron principalmente la importancia de las grandes potencias: Austria, Prusia, Rusia y el Reino Unido. En muchos aspectos, los mismos principios eran característicos del sistema Yalta-Potsdam, que determinó las relaciones entre las dos superpotencias durante la Guerra Fría. Las normas del derecho internacional se respetan principalmente porque hay una fuerza detrás de ellas que no puede ser ignorada. Esta es la razón por la que reinó la paz en el continente europeo, y los intereses de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los Estados Unidos de América chocaron principalmente en los países de la periferia, es decir, trasladando la Segunda Guerra de los Treinta Años (1914-1945) a los países del Tercer Mundo y los Balcanes, de modo que las industrias de guerra en Occidente y en Oriente tendrían de todos modos sus teatros y mercados. Poco podía hacer la República Popular China llamando a los primeros socialimperialistas y a los últimos imperialistas tout court, y calificándolos a ambos como hegemonistas.

Como dijo Henry Kissinger, cuando a principios de la década de 1970 la República Popular China se embarcó en su reingreso al sistema diplomático internacional por iniciativa de Zhou Enlai y, a fines de esa década, en su plena entrada en la escena internacional gracias a Deng Xiaoping, su potencial humano y económico era enorme, pero su tecnología y poder real eran relativamente limitados.

Mientras tanto, las crecientes capacidades económicas y estratégicas de China han obligado a Estados Unidos a estar a la altura, por primera vez en su historia, de un competidor geopolítico cuyos recursos son potencialmente comparables a los suyos.

Cada lado se ve a sí mismo como un unicum, pero de una manera diferente. Los Estados Unidos actúan partiendo del supuesto de que sus valores son universalmente aplicables y que eventualmente serán adoptados en todas partes. China, por otro lado, espera que la singularidad de su civilización ultramilenaria y su impresionante salto económico inspire a otros países a emularla para liberarse de la dominación imperialista y mostrar respeto por las prioridades chinas.

Tanto el impulso misionero estadounidense basado en una especie de «destino manifiesto» como el sentido chino de grandeza y eminencia cultural —de China como tal, incluido Taiwán— implican una especie de subordinación-miedo mutuo. Debido a la naturaleza de sus economías y alta tecnología, cada país está afectando lo que el otro ha considerado hasta ahora sus intereses fundamentales.

En el siglo 21 China parece haberse embarcado en el juego de un papel internacional al que se considera derecho por sus logros a lo largo de los milenios. Estados Unidos, por otro lado, está actuando para proyectar poder, propósito y diplomacia en todo el mundo para mantener un equilibrio global establecido en su experiencia de posguerra, respondiendo a desafíos tangibles e imaginarios a este orden mundial. Para los líderes de ambas partes, estos requisitos de seguridad parecen evidentes y están respaldados por sus respectivos públicos.

Sin embargo, la seguridad es sólo una parte del gran discurso. La cuestión clave para la existencia del planeta es si los dos gigantes pueden aprender a combinar la inevitable rivalidad estratégica con un concepto y práctica de coexistencia. Es por esta razón que China es cada vez más activa dentro de las organizaciones internacionales para estabilizar su papel en la escena global en evolución.

 

  1. ¿Cuál es su perspectiva sobre las posibles aplicaciones militares del programa espacial de China, como las armas anti satélite o los sistemas de vigilancia basados en el espacio?

Comencemos diciendo que los éxitos de la avanzada industria soviética de guerra de misiles de las décadas de 1950 y 1960 y la tecnología militar estadounidense refinada y extremadamente rica de las décadas de 1960 y 1970 ciertamente no se debieron a misiones morales a favor del conocimiento y la humanidad o cualquier otra cosa, sino que fueron una carrera armamentista extrema. Negar esto equivale a contar chistes en un bar. Lo mismo es cierto para la Iniciativa de Defensa Estratégica del presidente Reagan en la década de 1980. El presidente Reagan al menos tuvo el buen gusto de no describirlo con una retórica de hacer el bien a favor de la ciencia y el bienestar de los pueblos de la Tierra. Además, las armas anti satélite y los sistemas de inteligencia espacial o vigilancia espacial, como usted lo llama, han existido durante décadas.

Hoy en día, la República Popular China también es capaz de navegar en el espacio. Una cosa hay que decir: la competencia no se basa en la esperanza de llegar a Mare Tranquillitatis (el Mar de la Tranquilidad) en la Luna o Utopia Planitia (la Llanura de la Tierra de ninguna parte) en Marte, y desde allí bombardear el Distrito de Columbia.

Retrocedamos en el tiempo. Frente a los éxitos de Estados Unidos y la Unión Soviética en el campo espacial, Mao Zedong en la década de 1960 se sorprendió y preguntó: “¿Cómo podemos ser considerados un país poderoso? Ni siquiera podemos lanzar una papa al espacio!!!”

Años más tarde, a fines de la década de 1970, Deng Xiaoping le respondió: “Si China no tuviera una bomba nuclear o de hidrógeno o no hubiera lanzado satélites desde la década de 1960, no se le llamaría un país importante y muy influyente y no tendría su estatus internacional actual”. Por lo tanto, en el siglo 21, el vuelo espacial tripulado representa todo esto.

El 25 de diciembre de 2021, la NASA lanzó el telescopio espacial James Webb para astronomía infrarroja, capaz de realizar análisis considerados imposibles hasta hace unos años, es decir, tomar imágenes detalladas a todo color de un exoplaneta. El telescopio James Webb es completamente diferente. Ofrece la posibilidad de observar la luz reflejada de los exoplanetas y el espectro electromagnético para detectar posibles rastros biológicos o minerales. El futuro está en la investigación espacial, no en Star Wars, así como en llegar a los asteroides y meteoritos más cercanos, y buscar exoplanetas habitables en un futuro lejano pero no remoto. En nuestra Tierra, las materias primas minerales se están agotando. Lo mismo ocurre con el agua y, por lo tanto, la exploración espacial hoy en día no tiene como objetivo borrar al oponente de la faz de la Tierra, sino colaborar entre las superpotencias para buscar alternativas al agotamiento de la tierra e incluso de los recursos hídricos que actualmente —y aún no sabemos por cuánto tiempo— permiten estos altos niveles de tecnología. El programa espacial chino apunta principalmente a esto y no a destruir oponentes potenciales, sin los cuales la conquista real del espacio no sería posible.

 

  1. ¿Cómo ve a China y Rusia colaborando o compitiendo en áreas como energía, tecnología y asuntos militares?

Desde la expansión zarista hasta los posteriores tratados desiguales, hasta la crisis en la década de 1960 con la Unión Soviética, ya que esta última la había excluido de la posibilidad de tener el arma nuclear, temiendo al vecino de mano dura populoso y entusiasta que más tarde cambió brillantemente el tema hacia el lado ideológico, erosionando así el poder soviético sobre muchos de los partidos comunistas gobernantes y no gobernantes del mundo: China, per se —y no me refiero sólo a la República Popular China (1949-2023)— siempre había frenado primero a San Petersburgo y luego al Kremlin. Para China —de hecho, para el Imperio Medio— una Rusia fuerte en la frontera es una desventaja, pero un vecino débil que, a su vez, puede ser dirigido por terceros —como sucedió en la década de 1990— también es peligroso. La solución tradicional de la diplomacia bimilenaria de China es buscar un equilibrio que no cree crisis en Eurasia que, como es bien sabido, es la última reserva de recursos en el planeta Tierra. En 2021, con motivo del 20 aniversario del establecimiento de la Organización de Cooperación de Shanghai y la firma del Tratado Sino-Ruso de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación, las relaciones entre los dos países entraron en su tercera década de estabilidad sin ninguna forma de alianza militar, o incluso el apoyo chino a la invasión de Ucrania. También hay que decir que las ventas de armas a un lado se ven contrarrestadas por la misma acción del otro lado.

 

  1. Estados Unidos ha acusado a China de ser una gran amenaza para su ciberseguridad, con acusaciones de piratería informática y espionaje cibernético patrocinados por el estado. ¿Cuál es su perspectiva sobre esta acusación y cómo ve que evolucionará la relación de ciberseguridad entre Estados Unidos y China en el futuro?

Desde tiempos inmemoriales, la inteligencia o el espionaje, o como se llame, siempre ha sido adoptado simultáneamente por las partes involucradas, con los medios más eficientes de la época, que van desde señales de humo hasta tinta simpática, desde criptografía cartográfica hasta Enigma, desde aviones espías hasta las famosas mini cámaras al estilo de James Bond. Hoy es lo mismo: el miedo al espionaje —ya sea cibernético, cibernético o satelital— tiene dos caras, y las acusaciones de un lado al otro se reflejan en las del otro lado. Por lo tanto, se anulan entre sí con el resultado de que quien está mejor equipado sabe más que el que está menos preparado. No hay víctimas ni opresores, no hay buenos y malos. Sólo existe la razón del Estado, como nos enseña Maquiavelo.

 

  1. Rusia ha sido acusada de entrometerse en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 a través de la piratería informática y el espionaje cibernético. ¿Cómo ve la relación de China con Rusia en el ámbito de la ciberseguridad, y cree que China podría estar implicada en actividades similares?

Sabes, soy simplemente un gerente de negocios, un erudito geopolítico y un profesor universitario. Parte de mi respuesta sobre las relaciones entre China y Rusia se encuentra en el punto 6. Sin embargo, para responder plenamente a esta brillante pero muy difícil pregunta suya, debemos dirigirnos a los niveles más altos y arcanos en los Estados Unidos, Rusia y China.

Gracias por la entrevista.

 

 

Profesor Doctor Giancarlo Elia Valori.

Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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