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JOE BIDEN Y SUS PRIMEROS MOVIMIENTOS CONTRADICTORIOS DE POLÍTICA EXTERIOR

Giancarlo Elia Valori*

Joe Biden, presidente de los Estados Unidos. Foto: The White House.

Aquellos que pensaban que el anciano presidente estadounidense, ex vicepresidente de Barack Obama, entraría en el centro de atención internacional como el sabio y moderado estadista que había sido durante la campaña electoral han tenido que revisar su juicio.

Apenas unas semanas después de asumir el cargo, Joe Biden llevó abruptamente a Estados Unidos de vuelta a los escenarios de Medio Oriente con una doble maniobra político-militar que ha despertado una considerable perplejidad y protestas en los Estados Unidos y en el extranjero.

Como señaló el portavoz del Pentágono, John Kirby, la primera medida sorpresa decidida directamente por el presidente fue ordenar un bombardeo aéreo contra dos bases de milicianos que se cree están cerca de Hezbolá e Irán, ubicadas en Siria cerca de la frontera con Irak.

Se informa que entre 22 y 27 personas, ya sean milicianos o civiles, murieron en el ataque, que tuvo lugar durante la noche del 25 de febrero.

La orden de atacar a las milicias pro-iraníes estuvo motivada por la necesidad de Biden de reaccionar a un ataque en Erbil, en el Kurdistán iraquí, a principios de febrero contra una base logística del ejército estadounidense, que resultó en la muerte de un empleado filipino de la base.

Al comentar sobre el incidente, el portavoz del Pentágono Kirby dijo: “Los ataques aéreos han destruido almacenes y edificios utilizados en la frontera por las milicias pro-iraníes Kathaib Hezbollah y Kataib Sayyid al Shuhaba y han transmitido el mensaje inequívoco de que el presidente Biden siempre actuará para proteger al personal estadounidense. Al mismo tiempo, la acción tiene por objeto perseguir deliberadamente el objetivo de desescalar la tensión tanto en el este de Siria como en Irak”.

Aparte del hecho de que suena ambiguo justificar un ataque sorpresa en el territorio de un Estado soberano (todavía) como Siria con la necesidad de “reducir la tensión” en la región, la iniciativa del presidente Biden no ha despertado pocas perplejidades también en Estados Unidos, además de las protestas obvias del gobierno en Damasco.

Mientras que muchos senadores republicanos y congresistas han aprobado las acciones de Biden porque, como ha argumentado el senador republicano Pat Toomey, “Biden tiene derecho a responder con armas a los recientes ataques apoyados por Irán contra intereses estadounidenses”, los miembros de su propio partido no han ocultado sus críticas y perplejidad porque supuestamente el presidente no respetó las prerrogativas exclusivas del Congreso en términos de «acciones de guerra».

El senador demócrata Tim Kane fue muy duro y explícito: “una acción militar ofensiva sin la aprobación del Congreso es inconstitucional”.

Su colega del mismo partido, Chris Murphy, dijo a CNN que “los ataques militares requieren la autorización del Congreso. Debemos exigir que esta Administración se adhiera a las mismas normas de comportamiento que hemos exigido a las administraciones anteriores…

Exigimos que siempre haya justificación legal para todas las iniciativas militares estadounidenses, especialmente en un teatro como Siria, donde el Congreso no ha autorizado ninguna iniciativa militar”.

Con el fin de subrayar la inconsistencia de la justificación de la Casa Blanca de que los ataques iban a “reducir la tensión” en la región, el congresista demócrata Ro Khana intensificó públicamente las críticas diciendo: “Tenemos que salir de Medio Oriente. Me pronuncié en contra de la interminable guerra de Trump y no me callaré ahora que tenemos un presidente demócrata”.

Como podemos ver, las críticas al presidente Biden han sido duras y muy explícitas, marcando así el final prematuro de la “luna de miel” entre la Presidencia y el Congreso que, según la tradición estadounidense, marca los primeros cien días de cada nueva Administración.

La demostración militar de fuerza del presidente Biden parece estar marcada no sólo por las dudas sobre la constitucionalidad planteadas por los principales miembros de su propio partido, sino también por la naturaleza contradictoria de las motivaciones y justificaciones.

Según la Casa Blanca, en vista de la reducción de la tensión en Siria, es necesario enviar bombarderos, sin perjuicio de la necesidad de «transmitir una señal amenazante» a Irán, en el mismo momento en que el propio presidente está declarando que quiere reabrir el «acuerdo nuclear» con Irán, es decir el diálogo sobre la cuestión nuclear abruptamente interrumpido por su predecesor.

En resumen, los movimientos iniciales del nuevo Presidente en la región de Medio Oriente no parecen diferir demasiado de los de sus predecesores que, como él, pensaban que la acción militar —incluso sangrienta y brutal— siempre podría considerarse una opción útil como sustituto de la diplomacia.

Esta acción militar, sin embargo, apenas parece justificable en sus motivaciones si es cierto que el presidente Biden tiene la intención de reducir la tensión en las relaciones con Irán, que se han vuelto cada vez más tensas debido a iniciativas como las de su predecesor, Donald Trump, quien a principios del año pasado ordenó el asesinato del miembro de más alto rango de la jerarquía militar iraní, Qassem Suleimani, que fue tiroteado por un dron cerca de Bagdad.

La otra medida del presidente Biden en un teatro delicado y sensible como el Cercano Oriente, parece al menos inoportuna: fue autorizar a la CIA a desclasificar el informe sobre el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, asesinado en 2018 en las instalaciones del consulado saudí en Turquía.

El informe de la CIA acusa sin rodeos al príncipe heredero Mohammed Bin Salman de ordenar el asesinato del periodista disidente. Su publicación, autorizada por el presidente Biden, ha desatado una tormenta de controversia dentro y fuera de Estados Unidos, poniendo así en duda la relación estratégica entre Estados Unidos y Arabia Saudí, que a lo largo de los años se ha construido minuciosamente con el doble objetivo de contrarrestar la presencia e influencia de Irán en el Líbano, Siria e Irak, así como controlar los impulsos extremistas de socios regionales ricos y peligrosos como Qatar.

El príncipe Bin Salman, ahora firmemente establecido como único heredero al trono saudí, es una contraparte obligatoria de los Estados Unidos.

En vano (e imprudentemente), el presidente Biden ha declarado públicamente su preferencia por un diálogo directo con el rey Salman. 

El Rey, de 85 años, sin embargo, no sólo se encuentra en malas condiciones de salud, sino que también ha dicho claramente a los estadounidenses que tiene la máxima confianza en “su único y legítimo heredero” a quien ya ha delegado realmente la gestión de los asuntos del Reino.

La Administración del presidente Biden, y su nuevo secretario de Estado, Antony Blinken, nunca han ocultado que prefieren a otro príncipe heredero como posible homólogo, a saber, Mohammed Bin Nayef, que es muy cercano a la CIA gracias a los buenos oficios del ex jefe de los servicios de inteligencia saudíes, Saad Al Jabry. Sin embargo, en el complicado mundo de la Corte Saudí, las cosas no siempre avanzan de la manera simple y directa preferida por los estadounidenses.

Mohammed Bin Najef está actualmente en prisión por cargos de corrupción y por lo tanto está definitivamente fuera de la carrera por el trono, mientras que su enlace con la CIA, Al Jabry, se ha autoexiliado en Canadá para escapar de la “persecución” que cree que ha sido orquestada por los cortesanos saudíes.

Si los Estados Unidos quieren seguir desempeñando un papel en Medio Oriente y posiblemente ejerciendo una función estabilizadora en una región que fue muy desestabilizada por la desafortunada aventura iraquí de George W. Bush, que efectivamente entregó a Irak a los chiítas cercanos a sus “hermanos” iraníes y le dio a Irán las claves para controlar el golfo Pérsico, el Presidente y su Secretario de Estado tendrán que confiar en una buena dosis de realismo político, dejando fuera del diálogo con Arabia Saudí las consideraciones éticas que, aunque justificadas, no parecen apropiadas, también porque Estados Unidos nunca ha parecido haber tenido muchos escrúpulos a la hora de eliminar físicamente a sus “adversarios” con métodos muy apresurados, ya sea un general iraní, dos docenas de milicianos sirios no identificados o sus familiares.

En resumen, las primeras etapas de la Presidencia de Biden no parecen muy prometedoras. Tanto los aliados como los adversarios están esperando que Estados Unidos vuelva al terreno en las zonas más sensibles con pragmatismo y realismo, dos factores que parecen bastante escasos en las medidas preliminares de política exterior de Joe Biden.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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“COVID-19”, ESTADOS UNIDOS Y CHINA: EL PANTANO DE LA DIALÉCTICA ESTRATÉGICA EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES

 

Salam Al Rabadi*

No existe un método científico que permita predicciones precisas sobre el futuro del sistema global, ya que todas las propuestas que indican y predicen el declive o el ascenso de las potencias mundiales siguen estando sujetas al debate y a la incertidumbre. En consecuencia, la crisis de la pandemia “Covid-19” logra volver a plantear interrogantes sobre el equilibrio del poder global, pero aquí debe tenerse en cuenta (contrariamente a lo que es común entre muchas élites académicas) que los cambios a nivel de las relaciones internacionales, ya no están sujetos en gran medida a un juego de suma cero.

En otras palabras, un aumento de la influencia y el poder de un país no significan necesariamente que otros países pierdan su influencia. Además, el hecho de que un país sea el más poderoso del mundo, ya no significa que detente el monopolio del poder, ya que se ha vuelto fácil para individuos y grupos acumular y emplear un poder influyente. En este contexto, podemos abordar los intentos de las élites intelectuales y políticas de investigar la problemática de la realidad mundial emergente a la luz de las repercusiones del brote de Covid-19, relacionadas con la comparación dialéctica entre el poder en ascenso de China y la disminución de la posición de los Estados Unidos.

Aquí hay que llamar la atención sobre el hecho de que esta disminución se debe al cambio en la naturaleza del orden mundial, más que a la debilidad militar o política de los Estados Unidos (o ambos). A medida que este sistema se ha vuelto no polar, y esto inevitablemente, no sólo es el resultado del creciente poder de otros países y del fracaso de los Estados Unidos (que sigue siendo la mayor comunidad única de poder) para gestionar el sistema global, sino que también es una consecuencia inevitable de esta serie de cambios profundos que han afectado a la estructura de la sociedad global. Por lo tanto, todas las repercusiones de la pandemia “Covid-19” llegaron a confirmar la verdad y el realismo de estos cambios.

A la luz de lo anterior, las relaciones internacionales contemporáneas se basan en un patrón de poder distribuido en lugar de concentrado. Por lo tanto, muchas potencias dependen de este patrón para su bienestar económico y estabilidad política. Por lo tanto, estas fuerzas lógicamente no favorecen confrontar y perturbar un régimen que sirve a sus intereses, ya que hay una intersección y entrelazamiento de influencia. En consecuencia, este es un patrón en el que los Estados Unidos siguen desempeñando un papel central que trabaja para reducir los conflictos entre las principales potencias y que, definitivamente, producirá soluciones basadas en ecuaciones distintas de cero. Sin embargo, con todos estos hechos lógicos, no podemos ignorar los signos de interrogación:

¿Cómo se estabiliza la verdadera influencia del poder de los Estados Unidos, no estabilizada por más de 20 o 25 años?

Y a juzgar por la conclusión basada en la extrapolación de las causas de la caída de los imperios y la realidad de la política global actual, es evidente que la disminución relativa a largo plazo del poder de los Estados Unidos continuará independientemente de los intentos de restaurarla. En consecuencia, la cuestión lógica puede convertirse (al menos en el ámbito de la investigación científica y académica):

No si China se convertirá en la primera superpotencia del mundo, sino ¿cuándo?

En conclusión, aunque tratemos de no entrar en el enfoque empantanado de investigación de cuestiones estratégicas fundamentales relacionadas con la predicción del futuro de las potencias mundiales, parece que no hay escapatoria para nosotros de sumergirnos en medio de estos pantanos. Estos llevan en cada una de sus profundidades el placer adicional de extrapolar el futuro de las relaciones internacionales. En consecuencia, con respecto a China y en el caso de que trascendamos algunos de los conceptos académicos antes mencionados, el profundo e importante atolladero estratégico académico que debe ser buceado (que muchas élites políticas y académicas evitan de profundizar) es:

¿Realmente China quiere (o está pensando) en asumir la responsabilidad de liderar el mundo? y si tiene este deseo, ¿está listo para hacerlo? y ¿sirve eso a sus intereses estratégicos en el momento actual?

Este atolladero estratégico, según las repercusiones de la pandemia Covid-19 y los cambios que se están produciendo a nivel de las relaciones internacionales, plantea muchas dialécticas relacionadas con el intento de extrapolar el futuro de la política global y de los principales actores de la misma. En medio de esta realidad, es posible abordar la problemática de la clasificación del sistema global relacionada con los términos unipolar, bipolar o multipolar, etc., que se han vuelto sin sentido. Sobre la base del realismo de los enfoques intelectuales, parece algo difícil ver un sistema global controlado por un polo, o incluso varios polos. Esto se debe a muchos factores cualitativos, ya sean culturales, económicos o políticos, que se han convertido en uno de los determinantes más importantes de las relaciones internacionales:

  • No hay un solo Estado que disfrute de superioridad en todos los elementos de poder[1].
  • Las repercusiones de la era del conocimiento (cruzando fronteras políticas, culturales y de seguridad).
  • El surgimiento del fenómeno del terrorismo en todas sus manifestaciones.
  • Problemas de las cuestiones medioambientales, la demografía y los problemas migratorios.
  • El ritmo de los desarrollos científicos y tecnológicos a todos los niveles.
  • El entrelazamiento de la economía mundial y la multiplicidad de la influencia de muchas fuerzas dentro de ella[2].
  • Cambios en los criterios para medir la capacidad militar[3].

Por lo tanto, se puede decir que el mundo de las relaciones internacionales está sujeto hoy a un sistema sin polaridad, como resultado del inevitable patrón de cambios que han aumentado las complejidades asociadas con las cuestiones de terrorismo, medio ambiente, tecnología, medios de comunicación, virus (reales y electrónicos) y problemas culturales, etcétera. Este patrón soporta el sistema no polar, de acuerdo con varias direcciones, incluyendo:

  • Muchos flujos tienen lugar fuera del control de los Estados y, por lo tanto, limitan la influencia de las principales potencias.
  • Algunos acontecimientos sirven a los países regionalmente y aumentan el margen de su eficacia e independencia[4].
  • La existencia de una enorme riqueza sujeta a las garras de individuos y nuevas fuerzas activas.

A la luz de lo anterior, podemos decir que actualmente estamos en una era alejada de las clasificaciones clásicas asociadas con el término polaridad, sin mencionar la dificultad de entender plenamente estos enormes cambios radicales en las relaciones internacionales (ya sea en términos de la estructura de la economía global o la realidad de la política global). Donde, ha quedado claro que la dinámica del sistema global continúa moviéndose y complicándose.

Por lo tanto, debe tenerse en cuenta, incluso si el sistema de no polaridad es inevitable, que merece precaución, ya que puede generar más aleatoriedad y vacío a nivel político mundial. Por lo tanto, aquí es necesario examinar el dilema de cómo encontrar ese tipo de equilibrio en torno a la formación del mundo no polar. ¿Pone esto inevitablemente en tela de juicio el alcance de la posibilidad de un consenso mundial en torno a estos nuevos equilibrios?

Aquí, cuando hablamos de equilibrios en las relaciones internacionales, invocamos el hecho de que el patrón de regularidad no surgirá por sí solo. Incluso si se deja funcionar el sistema global (no polar) de acuerdo con su propio enfoque, eso inevitablemente lo hará más complejo y se dirigirá hacia más caos. Esto es lo menos que se puede concluir de la confusión sobre cómo hacer frente a la crisis de la pandemia de Covid-19 y las llamadas guerras de máscaras médicas.

En consecuencia, la consideración debe orientarse hacia los riesgos potenciales, ya que el orden mundial (no polar) complicará la diplomacia política y las alianzas perderán gran parte de su importancia, porque requieren una visión estratégica para hacer frente a amenazas y compromisos predecibles. Pero inevitablemente no se espera que todo esto esté disponible en un mundo no polar.

Sobre la base de eso, esos riesgos (a pesar de la existencia de muchos problemáticas dialécticas a nivel de las tendencias de la evolución del sistema global, que hacen que predecir escenarios futuros sea una tarea científica desalentadora), ¿requieren plantear interrogantes sobre la naturaleza de las fuerzas capaces de tomar la iniciativa y sumergirse en las profundidades de asumir la responsabilidad de liderar la política global?

 

* Doctor en Filosofía en Ciencia Política y en Relaciones Internacionales. Actualmente preparando una segunda tesis doctoral: The Future of Europe and the Challenges of Demography and Migration, Universidad de Santiago de Compostela, España.

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG. Prohibida su reproducción.

 

Referencias

[1] El término superpotencia única ya no es apropiado a la luz de la realidad actual de múltiples centros de poder. Por ejemplo, China ha demostrado que Estados Unidos no puede abordar unilateralmente el expediente nuclear de Corea del Norte, y es el que tiene la influencia efectiva en esta cuestión. Además, la capacidad de Estados Unidos para presionar a Irán está en gran medida sujeta a su no conflicto con los intereses estratégicos directos de China y Rusia.

[2] Así lo demuestran las circunstancias de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio y la dificultad para llegar a acuerdos en la Ronda de Doha desde 2001.

[3] Por ejemplo, los acontecimientos del 11 de septiembre demostraron cómo una pequeña inversión de individuos puede inclinar escalas globales a nivel militar, de seguridad, político e incluso económico. Del mismo modo, la victoria de Hezbolá en la guerra de julio de 2006 (que fue lanzada por el estado de ocupación israelí) demuestra que las armas modernas más avanzadas y caras no pueden ganar guerras, ya que un grupo entrenado de armas ligeras puede demostrar que son capaces de enfrentarse a los ejércitos más grandes y mejor armados.

[4] Por ejemplo, países como India y Pakistán (y recientemente Irán) pudieron imponer su entrada en el club nuclear, como un hecho consumado a la comunidad mundial.

 

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AMÉRICA LATINA Y LA REPÚBLICA POPULAR CHINA: LAS DIFICULTADES EN LAS RELACIONES Y COVID-19

Giancarlo Elia Valori*

Imagen: Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China. Foro China-CELAC.

Las relaciones entre China y América Latina se han desarrollado positivamente, pero también se están enfrentando a algunos problemas y desafíos. En primer lugar, la intensificación de la competencia estratégica y económica entre China y los Estados Unidos ha aumentado el impacto negativo en las relaciones entre China y América Latina. La Administración de Trump ya utilizó la competencia de suma cero y la mentalidad de la Guerra Fría para marcar las relaciones China-Estados Unidos, creyendo que el ascenso de China en América Latina podría alterar el orden de los Estados Unidos en el hemisferio occidental.

En febrero de 2018, durante una visita a América Latina, el entonces Secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo que China estaba utilizando su influencia económica para llevar a América Latina a su esfera de influencia, y la criticó por buscar un nuevo poder imperial para su expansión geopolítica.

En 2018, la Rand Corporation publicó un informe de 400 páginas, At the Dawn of Belt and Road. China en el mundo en desarrollo. El informe señalaba que los contactos de China en América Latina y sus ventajas geopolíticas limitaron la presencia de Estados Unidos en la región.

Concretamente, en el informe se exploraron las funciones económicas, políticas y de seguridad de China en el Sudeste Asiático, Oceanía, Asia Central, Asia Meridional, Medio Oriente, África y América Latina y el Caribe.

El informe también analizó las relaciones bilaterales de China con los Estados clave de cada región. Por último, abordó las consecuencias negativas de la estrategia china hacia los países en desarrollo para los Estados Unidos. Por lo tanto, sostuvo que los estrategas y los encargados de la toma de decisiones en las Fuerzas Armadas, y todo el personal militar de los Estados Unidos, debían centrarse en China y en cualquier persona interesada en desarrollar relaciones internacionales con ese país. Una actitud de amenaza no sólo hacia China.

Otro factor que impide —al menos aparentemente— el desarrollo de las relaciones entre China y América Latina es la retirada de los progresistas y el avance de los conservadores en el panorama del cambio político en el subcontinente: esto plantea un desafío para el desarrollo de las relaciones mutuas.

2017 y 2018 fueron años de elecciones generales en trece países de América Latina. En Brasil, Argentina, Chile, Perú y otros países, los antiguos partidos tradicionales e izquierdistas perdieron elecciones. Por lo tanto, América Latina se divide en dos campos: uno es el de izquierda representado por Cuba y Venezuela, y el otro es el campo de derecha compuesto por Brasil, Chile, Colombia y Perú.

Por el contrario, el rápido desarrollo de las relaciones entre China y América Latina de 2003 a 2013 se vio favorecido por la atmósfera política del campo de izquierda. Actualmente, sin embargo, la transición de izquierda a derecha nos dice que algunos países confían en los Estados Unidos en términos de proyectos de desarrollo e ideologías. Por lo tanto, la transición política se ha convertido en un desafío adicional para el desarrollo de las relaciones entre China y América Latina.

Otro punto de crisis es el impacto de la pandemia. Estos son algunos datos sobre los casos de Covid-19 hasta el 17 de enero de 2021:

América Latina: 16.753.447

América del Norte: 23.091.187 (EEUU: 22.423.006; Canadá: 668.181)

Europa: 28.291.217

Asia: 18.549.010

África: 3.059.974

Oceanía: 56.556

Los países latinoamericanos registran tasas de urbanización relativamente altas, con picos del 70-80%. Las grandes ciudades están muy densamente pobladas, con un alto porcentaje de empleo informal y débiles capacidades de control nacional, que crean las condiciones para la propagación de Covid-19.

Por otro lado, Estados Unidos —que es el país más afectado del continente americano— ha aumentado la repatriación de inmigrantes ilegales de México y países centroamericanos por razones de prevención y control epidémicos, agravando así aún más la situación en estos países ya desfavorecidos.

¿Por qué la pandemia en Brasil es tan grave? La indiferencia del gobierno del Presidente Bolsonaro hacia la epidemia, así como las medidas ineficaces y las omisiones de control son las principales razones de la propagación de la epidemia en Brasil. El primer caso fue descubierto en Brasil el 12 de marzo de 2020 y la epidemia pronto comenzó a extenderse por todo el país, que actualmente registra 8.131.612 casos y 203.580 muertes.

El ex ministro de Salud de Brasil, Nelson Teich, abogó por el aislamiento, pero la filosofía de Bolsonaro es diferente. Cree que la imposición de cuarentena frena el desarrollo económico. El Ministro de Salud Teich renunció. El nuevo ministro es el General Eduardo Pazuello, quien no tiene formación médica ni experiencia en la gestión de desastres de salud pública.

Un funcionario del Ministerio de Salud de Brasil dijo que el número de personas infectadas por la pandemia es oficialmente de ocho millones, pero en realidad ha superado los diez millones. Esta crisis de salud pública sin precedentes ha desencadenado una recesión económica y podría conducir a nuevos disturbios sociales. Todos estos son nuevos retos.

El impacto de Covid-19 en toda la región latinoamericana es muy grave. Según las estadísticas del Banco Mundial, ha sido la crisis más grave desde la Gran Depresión en las décadas de 1920 y 1930. El golpe a la región se refleja principalmente en cuatro aspectos:

1) las exportaciones han declinado.

2) Los precios de las materias primas han caído. Debido a la reducción de la demanda, los precios han disminuido inevitablemente. Recientemente, todo el mundo ha visto una caída en los precios del cobre, especialmente cuando Perú y Chile, los centros mineros de cobre del mundo, se han visto obligados a cerrar sus minas debido al impacto de la pandemia.

3) El turismo se ha derrumbado. América Latina es una especie de atracción cultural-exótica para norteamericanos y europeos. Con el Covid-19, no hay manera de que el turismo y el transporte de pasajeros vuelvan a los niveles tradicionales de normalidad.

4) La entrada de divisas ha disminuido significativamente. Son una de las principales fuerzas impulsoras del desarrollo económico en la zona, especialmente en regiones como Centroamérica y países como México.

Los inmigrantes latinoamericanos que trabajan en los Estados Unidos ahorran el dinero que ganan y lo envían a sus familias, una fuente clave de ingresos para América Latina. Como la economía estadounidense se ha visto gravemente afectada, también las remesas se han reducido significativamente, en detrimento de todo el subcontinente.

Con referencia específica al Covid-19, también hay que mencionar que el 24 de junio de 2020, el Congreso de los Estados Unidos celebró una audiencia a gran escala e invitó a varios expertos estadounidenses a expresar sus opiniones.

Esos expertos incluyeron a Robert Evan Ellis del Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos. Uno de sus principales puntos fue que el gobierno de Estados Unidos debería fortalecer su apoyo a los aliados latinoamericanos para evitar que China utilizara la “diplomacia médica” para expandir su esfera de influencia en América Latina, junto con los avances en las cadenas de suministro, adquisiciones estratégicas y préstamos a gobiernos con problemas, mientras que Occidente sigue económicamente debilitado y distraído políticamente por la pandemia de Covid-19.

Por lo tanto, en su opinión, los Estados Unidos deberían detener decididamente la expansión tecnológica de China en América Latina. Esto significa que los Estados Unidos no deben adquirir ni compartir conocimientos médicos chinos. En última instancia, la pandemia no ha cambiado los objetivos de China ni la estrategia general. Proporciona una oportunidad sin precedentes para que China siga adelante con su aplicación. Con la ayuda de los controles del gobierno chino sobre su población para imponer y hacer cumplir la cuarentena, y gracias a sus enormes reservas financieras y su influencia en la economía, China está saliendo de la crisis (aunque ciertamente debilitada) por delante de la mayoría de los países occidentales y no occidentales.

Es probable que la pandemia y sus efectos en la salud, económicos y de otro tipo persistan y continúen debilitando a los Estados Unidos y Europa durante algún tiempo. La interacción entre la reapertura económica parcial y el tiempo necesario para desarrollar, probar y producir masivamente una vacuna extenderán este proceso.

En América Latina y en otras partes menos desarrolladas del mundo, es probable que la situación sea mucho peor. Los sistemas de salud pública menos capaces, los grandes sectores informales, las pequeñas y medianas empresas vulnerables, así como los límites a la capacidad de los gobiernos de pedir dinero prestado para proteger a las poblaciones vulnerables, y los sectores económicos conexos ejercerán presión sobre las economías a medida que sufren la disminución de la inversión y la demanda de sus exportaciones de los países occidentales. En China, por otro lado, las cosas se están resolviendo.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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