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RUSIA ANTE LA GUERRA ISRAEL-IRÁN: ¿EXISTE UNA «TRAMPA ATLANTISTA» PARA ABRIR UN «SEGUNDO FRENTE» TRAS UCRANIA?

Roberto Mansilla Blanco*

En diciembre de 2024, pocos días después de la caída del régimen de Bashar al Asad en Siria y previo al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Rusia e Irán, los dos principales aliados del extinto régimen sirio, firmaron un acuerdo de asociación estratégica defensiva por 20 años que profundiza el elevado nivel de relaciones geopolíticas y de seguridad entre Moscú y Teherán.

La reciente escalada del conflicto directo entre Israel e Irán iniciada por Tel Aviv el pasado 13 de junio implica para Rusia un delicado escenario a tenor de su estratégica alianza con Teherán. El pulso para Moscú es netamente estratégico: tras la caída de Bashar al Asad, el Kremlin no puede permitirse observar impávido otro revés geopolítico en Oriente Próximo. Si bien los informes sobre la inevitable ofensiva israelí contra Irán eran cada vez más frecuentes semanas atrás, debe recordarse que Washington y Teherán negociaban en Omán los términos sobre el programa nuclear iraní, abruptamente paralizados días antes de los bombardeos israelíes.

El contexto geopolítico y de seguridad tras la transición siria persuade al Kremlin a concretar pactos con otros socios mientras busca reacomodar el futuro de sus bases militares en Siria (Tartús y Khemeimin). En este sentido, en marzo pasado, Rusia alcanzó un acuerdo con Sudán para abrir una base militar que tendría un radio de operatividad sumamente estratégico, ampliando la posibilidad de alcanzar para Rusia nuevas esferas de influencia entre el canal de Suez, el mar Rojo, el Cuerno de África, el golfo de Adén y el océano Índico, espacios por donde transita aproximadamente el 12% del comercio mundial.

Además de Sudán, el Kremlin está negociando acuerdos con Libia y Chad para abrir también bases militares en esos países, con lo cual conformaría un triángulo estratégico en torno al Mediterráneo, África Central y el Sahel, donde Moscú tiene importantes aliados en Burkina Faso, Mali y Níger. En este triángulo, específicamente en Sudán y Chad, Irán también juega sus cartas geopolíticas, a menudo con cierta sintonía con Moscú.

En el conflicto directo israelo-iraní, Rusia comienza a apostar por la mediación diplomática consciente de la necesidad de mantener en pie a su aliado iraní ante una ofensiva israelí que cuenta con el apoyo estadounidense, según fuentes iraníes. Con todo, Trump también avala esta posible mediación rusa pero observando con atención hasta qué punto la ofensiva israelí puede debilitar (e incluso hipotéticamente derribar) al régimen iraní, un diagnóstico que hasta ahora resulta prematuro evaluar.

Cómo Occidente aspira llevar a Rusia a un “segundo frente bélico” (e Israel le puede ayudar)

Ante el atasco que se observa en el frente ucraniano y la desilusión occidental por los avances militares rusos y la consolidación de sus posiciones, el eje «atlantista» vía OTAN parece intentar abrir un «segundo frente» bélico para Rusia, en este caso en su flanco sur. En este sentido, Irán puede ser el escenario clave a tenor de su reciente acuerdo estratégico con Rusia.

Pero antes existieron tácticos intentos por parte del «atlantismo» para arrastrar a Rusia hacia ese «segundo frente». Primero lo intentó con Armenia, cuyo presidente prooccidental Nikol Pashinyán inició negociaciones de admisión en la UE en diciembre de 2023 para, posteriormente, oficializar la salida armenia de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) en agosto pasado. Coloquialmente denominada como la «OTAN rusa», la OTCS es un mecanismo de seguridad euroasiático dirigido desde Moscú.

Pashinyán argumentó las razones de la salida armenia ante la escasa efectividad de la OTSC para atender sus demandas ante el breve conflicto con Azerbaiyán en Nagorno Karabaj (2023) y que llevó a la caída de este enclave armenio en manos azeríes. Con destreza diplomática, el presidente ruso Vladimir Putin aceptó la salida armenia de la OTSC en una táctica orientada a reducir tensiones para evitar una intromisión exterior.

Sin salir del Cáucaso, la perspectiva «atlantista» de abrir este «segundo frente» continuó en Georgia, donde las elecciones parlamentarias de octubre pasado registraron la posibilidad de recrear un nuevo «Maidán» en el Cáucaso que finalmente resultó infructuoso: el nuevo gobierno georgiano dirigido por Mijaíl Kavelashvilii está alineado con Moscú y ha congelado las negociaciones de admisión de Tbilisi con la UE y la OTAN.

El tercer intento fue la caída de Bashar al Asad en Siria en diciembre pasado, un revés geopolítico que Rusia ha sabido gestionar con destreza, sin caer en la trampa del «segundo frente» que el eje atlantista que domina buena parte de las decisiones en Occidente le había tendido. La gira de Trump por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos le llevó a una fugaz reunión con el nuevo jefe de gobierno sirio, Ahmed al Shara’a, a quien le instó a «reconocer el Estado de Israel».

Asegurada cierta reorientación prooccidental en una Siria donde Turquía, Arabia Saudita e Israel juegan sus cartas geopolíticas, ya con Rusia e Irán fuera de actuación de facto, la guerra entre Israel e Irán parece arrojar un nuevo contexto para este imperativo geopolítico «atlantista» de abrir un «segundo frente» contra Rusia. El Kremlin se erige como interlocutor de mediación en este conflicto con la intención de ganar tiempo a favor de su aliado iraní y ante el riesgo de una escalada regional del conflicto entre Tel Aviv y Teherán.

¿Una «receta siria» para Irán?

Occidente e Israel buscan reproducir en Irán el «ejemplo sirio» determinado por la caída de Bashar al Asad. Golpear a un aliado clave del eje euroasiático sino-ruso es un imperativo geopolítico para Netanyahu y Trump pero tanto su operatividad como sus consecuencias se observan igualmente imprevisibles.

Con velada intención propagandística para crear una matriz de opinión en Occidente, son cada vez mayores los análisis en think tanks estadounidenses e israelíes sobre «el momento que se abre para desmantelar al régimen iraní» como aparente objetivo principal de esta ofensiva israelí, conscientes de que esta posibilidad asestaría un nuevo revés geopolítico para Rusia en Oriente Próximo.

Para fortalecer esta perspectiva de debilidad iraní y un posible colapso del régimen de los ayatolás comienzan a aparecer en los principales mass media informaciones sobre el aparente descontento en la población iraní ante la presunta indefensión por parte de sus autoridades a la hora de asistir a las víctimas civiles de los ataques israelíes, intentando con ello procrear un tono rayando en el desconcierto y la confusión.

Por el contrario, los medios occidentales, mayoritariamente alineados con los intereses israelíes y estadounidenses y que se han esforzado en «victimizar» las bajas israelíes por encima de las iraníes, dilatan cualquier información que implique observar la posibilidad de que ese descontento pueda también acontecer dentro de la sociedad israelí, muy probablemente desgastada tras casi dos años de guerra en Gaza con resultados a grandes rasgos infructuosos. Destaca así el hecho de que Hamás, sin bien eliminada su cúpula dirigente, sigue en pie con rehenes israelíes en su poder mientras la imagen internacional de Israel se ha deteriorado. Así mismo, los ataques iraníes han golpeado fuertemente la capacidad de resistencia de la famosa Cúpula de Hierro israelí, creando así confusión sobre el mito de la invencibilidad militar israelí.

En un análisis sobre cómo la guerra entre Israel e Irán afecta a los intereses rusos en la región, especialmente ante la posibilidad de un cambio de régimen en Teherán, el experto en temas iraníes Rajab Safranov expone lo siguiente:

«Si Irán se vuelve prooccidental, los problemas que surgirán serán tan enormes, tan graves para Rusia, que tendrá que concentrarse únicamente en resolverlos y dedicar miles de millones de dólares a ello, en lugar de desarrollar su economía, su industria, resolver cuestiones internacionales y participar en la política global. Tendrá que emplear todas sus fuerzas para protegerse de estas consecuencias negativas».

Visto en perspectiva geopolítica, este escenario supondría para Rusia un enorme desgaste de recursos y atención que se añaden a lo que está sucediendo en el frente ucraniano. Previo a los ataques israelíes en territorio iraní, Moscú ordenó la salida inmediata de su personal diplomático y civil en Teherán, cerrando momentáneamente su consulado en la capital iraní.

Más allá del intercambio de bombardeos con misiles aéreos y de la puesta a prueba de sus respectivos escudos de defensa, ¿es posible una confrontación directa entre Israel e Irán en términos convencionales de combate terrestre? Salvo que este escenario implique una intervención directa de la OTAN y EEUU para asistir a su aliado israelí, resulta poco probable que acontezca esta confrontación bélica tomando en cuenta las capacidades militares de ambos contendientes (capacitados para una destrucción mutua) y la expectativa de estar abriendo una nueva guerra regional cuyas consecuencias son impredecibles en materia militar y geopolítica.

Una guerra a gran escala entre Israel e Irán involucrará directa o indirectamente a los actores regionales en Oriente Próximo, así como a EEUU, Rusia y China en aras de preservar sus respectivas esferas de influencia.

¿Caerá el régimen de los ayatolás iraníes como sucedió con el de Bashar al Asad en Siria? Otro escenario hipotético a priori de escasa probabilidad tomando en cuenta que la población iraní y sus aliados regionales interpretan el contexto como una «agresión israelí» que aumenta la impunidad de Netanyahu, ya suficientemente inflamada con el genocidio en Gaza.

El intercambio de bombardeos entre Israel e Irán confirma cierto equilibrio militar entre fuerzas que, aunado a sus apoyos exteriores (EEUU, Europa y la OTAN en el caso israelí, Rusia y China en el de Irán) y sus aliados regionales en cuanto esferas de influencia (Hizbulá en Líbano; chiíes de Irak, Siria y Bahréin, hutíes de Yemen) permite considerar que una guerra a gran escala, o bien un intento abrupto de cambio de régimen en Teherán, implica grandes e inciertos riesgos para todos estos actores.

No obstante, los riesgos de esta posible escalada podrían alentar a EEUU e Israel, probablemente con el apoyo de otros actores regionales rivales de Irán (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos), a propiciar un cambio de régimen en Teherán más inclinado a los intereses prooccidentales.

En el pasado, Washington ha alentado a grupos opositores iraníes exiliados en EEUU y Europa, factor que podría cobrar peso en el contexto actual de la guerra israelo-iraní incluso vía grupos armados dentro de Irán. No obstante, no existe una plataforma unitaria entre estos grupos opositores, donde las divisiones son notorias. El principal de todos ellos es el Consejo Nacional de Resistencia de Irán, básicamente monárquico, así como la Organización de Muyahidines del Pueblo de Irán. Otros son comunistas, anarquistas, sindicalistas, liberales, socialistas, republicanos, yihadistas, paniranistas y partidos nacionalistas árabes, azeríes, baluchíes y kurdos.

Si bien interpreta la situación con un tono quizás excesivamente catastrofista, vale la pena atender el análisis del politólogo ruso Serguéi Markov, ex diputado, fundador y director del Instituto de Investigaciones Políticas, muy cercano a Putin. Markov considera que, a través de la escalada militar entre Israel e Irán, los países occidentales están fomentando el colapso del régimen iraní. De este modo, pronostica que:

«En primer lugar, se producirán intercambios de misiles durante varias semanas.

A continuación, se acordará una tregua.

Irán aceptará un acuerdo nuclear basado en el modelo propuesto por Estados Unidos. Las líneas generales de este acuerdo nuclear serán sugeridas por Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudí. Según los términos de este acuerdo, Irán deberá renunciar al enriquecimiento de uranio, a cambio de lo cual Estados Unidos levantará las sanciones contra Irán.

El combustible nuclear enriquecido destinado a Irán se producirá y almacenará en Rusia, en caso de que Occidente se retire del acuerdo nuclear, como ha hecho en el pasado.

Entonces comenzarán los preparativos para derrocar el poder de los mulás en Irán, en los que participarán Estados Unidos, Europa, Israel y los países árabes

Se producirá un golpe de Estado en Irán, que contará con el apoyo tanto de los liberales en las esferas del poder como de los opositores al régimen en el exilio.

No habrá una invasión terrestre de Irán sino disturbios internos y enfrentamientos

Después de eso, Irán quedará dividido».

De momento, Rusia y EEUU comienzan a apostar por la negociación y la tregua mientras Israel e Irán siguen en la escalada de intercambio de bombardeos aéreos cuya finalidad será calibrar las capacidades militares y el nivel defensivo-ofensivo de cada contendiente. Las próximas semanas serán relevantes para conocer, en qué medida, la capacidad asertiva de la predicción de Markov puede convertirse en una realidad.

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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IRÁN Y EL «CAMINO DE DAMASCO» DE NETANYAHU

Roberto Mansilla Blanco* (Artículo para SAAEG)

 

Biden calcula igualmente cómo controlar a un cada vez más díscolo Netanyahu que ha iniciado con la guerra en Gaza una huida hacia adelante de proporciones imprevisibles tanto en el terreno militar como en el político y diplomático.

 

Seis meses después de iniciar la invasión militar de Gaza, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu vive probablemente la coyuntura más decisiva para su gobierno. Los resultados militares se perciben estériles toda vez han propiciado un caos humanitario sin precedentes, lo cual ha llevado a que Tel Aviv observara síntomas de cierto aislamiento diplomático, particularmente ante el aparente distanciamiento por parte de su aliado estratégico estadounidense.

La abstención de Washington el pasado 25 de marzo en la votación en el Consejo de Seguridad de la ONU que autorizó el Alto al Fuego en Gaza y el estupor internacional causado ante el ataque israelí el 1° de abril contra un convoy de la ONG World Central Kitchen (WCK), con saldo de siete cooperantes fallecidos bajo el argumento erróneo de albergar militantes de Hamás, son sucesos que parecían a priori dejar a Netanyahu en una situación de cierta precariedad política. En el plano interno volvían las protestas dentro de Israel, aspecto que ilustra igualmente el malestar ciudadano por el curso de las operaciones militares en Gaza.

1. Irán: el conveniente «enemigo común»

No obstante, para Netanyahu, atizar la espiral belicista supone una herramienta efectiva para reconducir sus intereses en un Oriente Próximo cada vez más inflamado por la llama militarista. Y aquí entra un actor clave en la ecuación, particularmente para Washington y Tel Aviv: la República Islámica de Irán.

El 1° de abril, Israel atacó el Consulado iraní en Damasco, causando la muerte de trece personas, entre ellos siete cargos militares pertenecientes a la Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC) destacando el del «número 2» de ese cuerpo, Mohammed Reza Zahedi. Este ataque quirúrgico israelí recuerda al realizado en Bagdad en 2020 por EEUU (entonces bajo la presidencia de Donald Trump) y que causó la muerte del alto comandante del IRGC, Qasem Soleimani.

La reacción iraní no se hizo esperar. Tras utilizar el ardid retórico clamando «venganza», este 13 de abril fuentes militares israelíes y la agencia estatal iraní IRNA confirmaron que Teherán realizó varios ataques retaliativos contra territorio israelí. Tras estos ataques, el Lider Supremo iraní Alí Jamenei afirmó que «el régimen sionista será castigado».

De este modo la retaliación iraní recondiciona y reafirma la inalterable alianza estratégica entre EEUU e Israel, toda vez Tel Aviv busca con ello recuperar la solidaridad internacional ante el reciente clima de aislamiento exterior. El objetivo es enfocar la atención en un enemigo común, Irán, cuyo peso geopolítico es clave en la región, con capacidad de influencia a la hora de atacar objetivos occidentales e israelíes desde Siria y Líbano hasta Yemen y el Mar Rojo.

Así, y tras la anunciada «venganza» por parte de Irán, Biden no dudó en reafirmar su apoyo «inquebrantable» a Israel toda vez las alianzas militares entre Washington y Tel Aviv se están afianzando. Por otro lado, previo al ataque iraní, se observó también la renovación de los combates en el sur del Líbano entre el movimiento islamista Hizbulá e Israel.

La probabilidad de un ataque iraní motivó a que, días antes, las fuerzas de seguridad israelíes aplicaran el protocolo de máxima alerta. Washington también había enviado a Israel a altos cargos como el Jefe del Mando Central del Ejército y máximo jefe estadounidense en Oriente Próximo, Michael «Erick» Kurilla, lo cual certifica el conocimiento previo de estos ataques iraníes que, por otro lado, ocurren en una coyuntura concreta, la Pascua judía.

Debe tomarse en cuenta el carácter sin precedentes de este ataque iraní contra objetivos israelíes. Con todo, el mismo puede determinar un efecto disuasivo, enfocado en recuperar posiciones ante el nuevo equilibrio militar regional. En un ataque anunciado durante semanas, lo cual define cierto sentido de teatralidad por parte iraní, Teherán utilizó 170 drones, 30 misiles crucero y 120 misiles balísticos impactando principalmente en el sur de Israel, una zona escasamente poblada.

A sabiendas de poder ser interceptados por la denominada «Cúpula de Hierro» israelí, Irán buscaba también minimizar los costos civiles, intentando así amortiguar la posibilidad de una respuesta desproporcionada por parte de Israel y evitando reproducir así una situación similar a la invasión de Gaza tras los atentados terroristas de Hamás en territorio israelí en octubre pasado.

Por tanto, el ataque israelí en Damasco y la posterior reacción retaliativa iraní certifican un «golpe de efecto» de Netanyahu con la intención de diluir las críticas externas por la invasión de Gaza y recuperar así la confianza de Washington recolocando la atención en el enemigo común iraní. La sintonía en materia de cooperación en inteligencia entre Washington y Tel Aviv volvía así a recuperarse. Horas antes de anunciar el IDF israelí el ataque iraní, el presidente Biden aseguró en una rueda de prensa que Irán «atacará más pronto que tarde» y que «estamos dedicados a la defensa de Israel. Apoyaremos a Israel. Irán no tendrá éxito».

Por otro lado y más allá de la retórica, Teherán no desestima los canales diplomáticos, en gran medida condicionado por el peligroso escenario de una eventual guerra directa no sólo contra Israel sino también con EEUU. Previo al ataque, Teherán llegó a minimizar la posibilidad de retaliación contra Israel toda vez mostró públicamente su respaldo a las negociaciones en El Cairo incluso apoyando un alto al fuego en Gaza que permita abrir un nuevo equilibrio de fuerzas entre Israel y Hamás.

2. Biden: dilemas convertidos en certezas

Ante este panorama de complejidades traducidas por la invasión de Gaza, para Netanyahu resultaba imperativo ejercer un eje de presión y reaccionar aún fuera inflamando aún más el panorama regional. Con un alto al fuego precario en Gaza, las negociaciones que se llevan actualmente a cabo en El Cairo implican un espacio de cierta ralentización de los combates tanto para Israel como para el movimiento islamista palestino Hamás. Al mismo tiempo se aprecia un clamor cada vez mayor a nivel internacional para finalizar la guerra en Gaza e incluso establecer sanciones contra Israel ante las intermitencias y dificultades de asistencia humanitaria.

Este contexto aborda interrogantes vitales para la situación de un Netanyahu y su estamento militar que parecieran afrontar en solitario una guerra que pierde gas y entusiasmo dentro de la sociedad israelí, toda vez la comunidad internacional comienza a darle la espalda y exigir el final de la tragedia gazatí. Este último factor es mucho más evidente ante la súbita tirantez, cuando menos en cuanto a las declaraciones oficiales, en las relaciones israelíes con su aliado estratégico estadounidense.

La histórica abstención de Washington en el Consejo de Seguridad ha sido interpretada con notable apresuramiento en los medios como una especie de «parteaguas», en este caso crítico, dentro de la históricamente inalterable relación estratégica entre Washington y Tel Aviv. Esta tirantez también se ha evidenciado en las declaraciones oficiales del presidente estadounidense Joseph Biden criticando abiertamente la ofensiva militar de Netanyahu y su indolencia ante el drama humanitario palestino.

Con este panorama no parecían presentarse los mejores momentos para las relaciones israelo-estadounidenses. Pero un análisis más profundo implica observar hasta qué punto es cierto este aparente distanciamiento de Biden con Netanyahu y cómo a pesar de la tirantez dialéctica, sigue siendo inalterable esa relación estratégica entre EEUU e Israel.

         2.1. Guerras calientes con elecciones a la vista

El tema parece acuciante para un Biden que se juega la reelección presidencial en noviembre próximo con dos frentes de guerra abiertos (Ucrania y Gaza) en las que los intereses de Washington se han visto contrariados. Las preocupaciones del equipo electoral de Biden se acrecientan ante el avance electoral de Donald Trump, que augura su posible retorno a la Casa Blanca, con la posibilida de imprimir un giro copernicano de los intereses exteriores de Biden, especialmente en el caso ucraniano y de los compromisos «atlantistas» vía OTAN.

La perpetuación de estas dos guerras abiertas e inconclusas, cada vez más impopulares para un electorado estadounidense visiblemente polarizado, explica la premura de un Biden que busca ralentizar sus efectos vía alto al fuego en Gaza pero sin tener certeza sobre lo que puede suceder en el frente ucraniano. Un frente donde el recién reelecto presidente ruso Vladímir Putin parece preparar una contraofensiva militar a gran escala, presumiblemente con el foco estratégico en dos objetivos: la toma de Járkov, que permitiría el control del centro de Ucrania y una pista de lanzamiento para mayores presiones y ataques hacia la capital Kiev; y Odesa, estratégico puerto cuya eventual posesión le permitiría a Rusia controlar definitivamente los puertos del mar Negro.

Con ello el Kremlin buscaría establecer un corredor estratégico clave hacia la República Pridnestroviana de Transnistria, un Estado de facto tradicionalmente prorruso que hoy recobra su importancia estratégica y es observado como foco de ampliación del conflicto ucraniano en este caso hacia Moldavia, país que no reconoce la legitimidad transnistria y que está en la órbita de influencia de la OTAN y la UE.

Incapaz o quizás poco convencido de impulsar una iniciativa diplomática eficaz más allá de la abstención sobre el alto al fuego en Gaza y el apoyo a las negociaciones en El Cairo, Washington observa también cómo China mueve sus piezas en el terreno diplomático. Si bien muestra oficialmente la consistencia de la alianza con Moscú, Beijing vuelve a tomar la iniciativa como actor capacitado para propiciar un diálogo entre Rusia y Ucrania que eventualmente implique un alto al fuego o una tregua. Al mismo tiempo, China también ha pulsado la tecla diplomática en Gaza, con la visita a Israel y Palestina de un alto emisario del gobierno de Xi Jinping.

Pero también está el terreno geopolítico. Irán ha sido un prolífico aliado de Rusia en Ucrania enviando, principalmente, drones al Ejército ruso para sus operaciones militares en el frente. Tomando en cuenta el actual contexto de creciente tensión entre Israel e Irán con posibilidades de una escalada bélica, Washington refuerza aún más su alianza con Israel con la intención de crear una tenaza regional contra Irán, obligando a Teherán a concentrar su atención en cómo será la respuesta israelí. Ello implicaría la intención de EEUU e Israel de neutralizar la cooperación militar entre Irán y Rusia.

Pero también podríamos observar otro escenario hipotético. Con un frente ucraniano estancado a la espera del «deshielo primaveral» que permita viabilizar algún tipo de ofensiva militar, Moscú podría observar con atención la posibilidad de un conflicto in crescendo entre Irán e Israel para distraer la atención mundial y propiciar una posible ofensiva en el frente ucraniano.

Ante el ataque iraní a Israel, la Cancillería rusa emitió un comunicado pidiendo «moderación» para evitar una «escalada del conflicto en Oriente Próximo» toda vez criticó la «incapacidad del Consejo de Seguridad de la ONU» para invocar el Derecho Internacional tras el ataque israelí al Consulado iraní en Damasco. En un tono similar, China expresó igualmente su «preocupación» por la crisis pidiendo «contención».

3. Netanyahu se encomienda a la «línea dura»

El primer ministro israelí ha anunciado que se han cumplido los objetivos militares previstos en el norte de Gaza toda vez ordena una retirada momentánea del sur de la franja y prepara una ofensiva militar hacia Rafah, muy probablemente presionado por el sector de la línea dura política y militar que apoya su gobierno. Se advierte así un punto de inflexión orientado a expulsar a la atribulada población palestina y arrinconar a Hamás, confinándolo en ese territorio muy próximo a Egipto.

Así mismo, las protestas internas contra Netanyahu, que en ningún momento muestran algún tipo de solidaridad hacia el drama palestino, implican también nuevos equilibrios de fuerzas políticas internas dentro del tradicionalmente atomizado mapa político israelí. Si bien es cierto que las protestas son dirigidas por sectores de la sociedad civil israelí opuestos a la deriva ultranacionalista y religiosa de Netanyahu, es también palpable el malestar ciudadanos no sólo porque los objetivos militares en Gaza no se han alcanzado o siguen siendo poco realistas sino también porque esta guerra implica observar un nivel de vulnerabilidad para la seguridad israelí tanto internamente como en la diáspora judía vía atentados terroristas.

Este escenario ha persuadido aún más a Netanyahu a encomendarse ciegamente al apoyo de su estamento militar y del influyente lobby de los colonos judíos, reactivado y cada vez más desafiante y agresivo, que ahora observa al norte de Gaza como su nuevo centro de operaciones, incluso en materia turística y económica.

De este modo, la «rejudeización» de Gaza (no olvidemos que fue el «halcón» ex primer ministro israelí Ariel Sharon el que ordenó la salida de los colonos judíos en 2005) implica para estos sectores ultraderechistas y sionistas la expulsión definitiva del pueblo palestino y la recreación de la vieja aspiración de Netanyahu y de sectores ultranacionalistas y sionistas de sellar la fronteras históricas del Gran Israel. El establishment de poder en Tel Aviv parece cohesionado en torno a esta idea, aparentemente sin reparar en qué tipo de reacción social y política interna y externa pueda generar.

4. Esperando a Trump

Expectante ante lo que pase en Ucrania y ahora entre Israel e Irán, Biden atiende con preocupación la vorágine de acontecimientos que amenazan con inflamar aún más el ya de por sí crítico panorama en Oriente Próximo. Entrando en la recta decisiva de la carrera electoral para la Casa Blanca, Biden calcula igualmente cómo controlar a un cada vez más díscolo Netanyahu que ha iniciado con la guerra en Gaza una huida hacia adelante de proporciones imprevisibles tanto en el terreno militar como en el político y diplomático.

Pero el primer ministro israelí también juega sus cartas en las elecciones estadounidenses, buscando prorrogar la guerra ante la posibilidad del retorno de su «amigo» Trump a la Casa Blanca, visible defensor de las tesis revisionistas nacionalistas y supremacistas israelíes. La sintonía entre Trump y Netanyahu ya se hizo patente durante el mandato presidencial del hoy candidato republicano (2017-2021) y que se confirmaron ante la apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén, la política anti iraní de Trump y su indiferencia ante la situación de los palestinos.

Sea cual sea el resultado electoral de noviembre en EEUU, Netanyahu seguirá teniendo las espaldas cubiertas incluso si su gobierno llegase igualmente a confrontar problemas internos vía protestas sociales y militares ante la indefinición de una guerra en Gaza cada vez más estéril y catastrófica, donde Hamás no parece dar síntomas de sucumbir e Irán entra cada vez más en juego. Unas protestas que ya tienen una dimensión regional por sus efectos humanitarios y socioeconómicos, tal y como se ha observado estos días con las manifestaciones en Jordania.

En la historia bíblica se reseña la conversión al cristianismo de Saulo de Tarso (posteriormente San Pablo) durante el Camino a Damasco. En el caso de Netanyahu, su particular «Camino a Damasco» nada tiene que ver con una conversión religiosa pero sí con una reconversión de alianzas y prioridades geopolíticas.

Contrariado ante el punto bajo de sus relaciones con Biden, el eficaz ataque ordenado por Netanyahu al Consulado iraní en la capital siria y la posterior respuesta iraní atacando  territorio israelí recompuso de inmediato la fluidez de esas relaciones con Washington volviendo al punto original de la necesidad de afianzar la alianza estratégica contra el enemigo común.

Más allá de la difícil coyuntura y el clima de cierta tirantez en sus relaciones con Washington, Netanyahu y el establishment político y militar israelí son conscientes de que estas alianzas estratégicas siguen teniendo un peso irreversible. Y más todavía si en el horizonte se avecina el retorno de Trump.

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina.

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AVANCE DE LA CIENCIA Y LA INNOVACIÓN EN IRÁN E INMOVILISMO DE LAS COLONIAS OCCIDENTALES

Giancarlo Elia Valori*

Imagen: mostafa_meraji en Pixabay

El gobierno iraní, dado el conocido tema de las sanciones, debe enfrentar la ardua tarea de amortiguar los choques económicos. Tiene previsto establecer mecanismos eficaces para hacer frente a las dificultades a través de los servicios financieros y manufactureros, en particular, ya que la economía iraní se caracteriza por una fuerte presencia estatal en estos sectores.

El gobierno ha intensificado los esfuerzos para vender sus participaciones en grandes empresas nacionales para compensar la caída de los ingresos desde que se reintrodujeron las sanciones en 2018. El proyecto de ley de presupuesto aprobado el 21 de marzo de 2019 preveía $ 2.5 mil millones en ingresos por privatización. Sin embargo, el impulso para la privatización ha encontrado cierta resistencia por parte de las empresas estatales. Hay casos en que las acciones vendidas en los mercados de capitales han sido compradas por organismos semipúblicos, o cuando las acciones se han transferido al sector privado sin la responsabilidad concomitante de la gestión empresarial. Además, los bancos y las empresas semiestatales tienden a ser burocráticos y requieren fuertes garantías de las nuevas empresas que requieren apoyo financiero.

El gobierno ha hecho de esto una prioridad para amortiguar el golpe de las sanciones a sus prósperas industrias basadas en el conocimiento. Por ejemplo, desde 2018, el Fondo Nacional de Innovación ha sido objeto de una importante revisión; Está evolucionando de una institución cuasibancaria a un regulador y facilitador para financiar empresas basadas en el conocimiento, para ayudarlas a superar los obstáculos en los sectores financieros dominantes.

Se alienta al fondo a coordinar sus programas con los de otros fondos de investigación y tecnología y con la red bancaria. El Fondo Nacional de Innovación también está introduciendo nuevos planes de inversión y racionalizando su estructura organizativa y sus procedimientos. Para las organizaciones iraníes, obtener fondos del presupuesto estatal no garantiza que todo se les transfiera realmente. Para 2020, se ha asegurado el 87% de la suma asignada al Fondo Nacional de Innovación. Este fondo ha desempeñado un papel fundamental al proporcionar instalaciones para empresas basadas en el conocimiento, como creación de prototipos, compra a plazos, arrendamiento, capital de trabajo y de riesgo, espacio de oficinas, actividades de pedido anticipado, instalaciones de fabricación industrial, emisión de garantías y programas de actualización.

Una nueva fase de las políticas iraníes está girando hacia la ciencia, la tecnología y la innovación. Hasta entonces, se había hecho hincapié en el desarrollo de la educación superior y en el aumento del número de publicaciones académicas (1990-2000), seguido del apoyo a las tecnologías emergentes (2000-2010). El principal resultado de esta primera generación de tales políticas ha sido el aumento de la productividad académica en tecnologías emergentes, en particular, junto con la creación de los primeros parques científicos y tecnológicos.

La fundación del Consejo de Iniciativa de Nanotecnología (2002) fue un hito de este período. Estos años también vieron la adopción de la Ley de Competencia (2007), seguida por el establecimiento del Consejo de la Competencia en 2009 para servir como el pilar principal de la implementación de la Ley en el mercado. La segunda generación de estas políticas se remonta a 2010, cuando la Vicepresidencia de Ciencia y Tecnología redactó un proyecto de ley que posteriormente fue promulgado por el parlamento como un reglamento sobre el apoyo a las instituciones y empresas basadas en el conocimiento y la comercialización de la innovación y las invenciones (2011).

Este enfoque explícito en la economía del conocimiento fue el primero para Irán. El Fondo Nacional de Innovación fue la expresión práctica de esta medida legislativa. Inicialmente, el objetivo era apoyar a las spin-offs universitarias, pero el proyecto se ha expandido gradualmente para incluir nuevas empresas de base tecnológica y algunas grandes empresas elegibles como CinnaGen o PersisGen, que son de propiedad privada.

La tercera generación de las medidas mencionadas se remonta a 2015, cuando el parlamento dio un nuevo impulso al emprendimiento y la innovación a través de la ley sobre la eliminación de obstáculos a la producción competitiva y el fortalecimiento del sistema financiero. Esta es la ley que dio lugar a los primeros centros de innovación y aceleradoras en 2015. Le siguió la Política de requisitos de contenido local (2016). Introdujo una cláusula que requiere que los acuerdos internacionales y los principales proyectos nacionales “incluyan tecnología y capacitación locales”. Esta cláusula se está aplicando actualmente en proyectos nacionales. Otro hito fue la Ley de Expansión de la Nanotecnología 2025 (2017). Esta ley estableció un plan decenal para la transición de la fase de creación de conocimiento (empuje tecnológico) a la de expansión del mercado a través de la difusión de nanotecnologías en la industria y la sociedad local (demand pull).

En 2019 se destacó el intento de modernizar los procedimientos de contratación pública para aprovechar los mayores niveles de producción local, a través de la Ley de maximización del uso de la capacidad de producción y los servicios locales para satisfacer las necesidades nacionales y consolidar estas capacidades para mejorar las exportaciones.

El poder judicial iraní ha establecido el Consejo Especial para la Solución de Controversias entre Sociedades y Élites. Tiene su sede en el Parque Tecnológico Pardis. Además, se ha creado un segundo consejo para abordar los problemas legales que enfrentan las empresas digitales. Para esta tercera generación de políticas, la Vicepresidencia de Ciencia y Tecnología ha pasado de un enfoque basado en el sistema nacional de innovación, en el que los actores gubernamentales son los puntos focales de la innovación, al desarrollo de un enfoque basado en el ecosistema de innovación, en el que los centros empresariales del conocimiento y las empresas emergentes de base tecnológica reciben apoyo y su capacidad innovadora está vinculada a la reunión de empresas nacionales y de nueva creación de tecnología industrial.

Las políticas de apoyo a lo que se denominan “zonas de innovación” en Irán también se pueden dividir en tres fases.

La primera fase consistió en medidas para fomentar la creación de parques científicos y tecnológicos e incubadoras en los campus universitarios. Para 2018, las universidades albergaban 45 parques científicos y tecnológicos activos y 193 incubadoras. El Parque Tecnológico de Pardis es el más grande. Es el hogar de alrededor de 500 empresas con un total combinado de más de 6.000 empleados. Pardis representa el 10% de los ingresos y exportaciones de los parques científicos y tecnológicos iraníes.

La segunda fase consistió en la creación de espacios dentro de las grandes ciudades donde las start-ups, inversores y otros actores de la innovación pueden reunirse e intercambiar experiencias sobre proyectos. Las fábricas abandonadas han sido renovadas y renombradas “fábricas de innovación” para dar cabida a esta nueva generación de empresarios. Las dos principales fábricas de innovación son Azadi y Highway, fundadas en Teherán en 2017 y 2019 respectivamente, que son filiales de Pardis Technology Park. Las start-ups y factores vinculados a Azadi y Highway tienen derecho a acceder a las instalaciones del Technology Park. de Pardis.

Azadi cubre un área de 18.500 metros cuadrados y emplea a 3.500 graduados y jóvenes empresarios. Las start-ups cubren una amplia gama de campos que incluyen arquitectura y vida urbana, inteligencia artificial, biotecnología, contenido creativo, ciberseguridad, fintech (que son programas informáticos y otras tecnologías utilizadas para apoyar o habilitar servicios bancarios y financieros) y seguros, nanofármacos y turismo.

La Highway Innovation Factory puede acomodar hasta 500 empleados. Se inauguró con 20 nuevas empresas que trabajan en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación, los dispositivos médicos, la gestión, el desarrollo de contenido creativo y la agricultura. Hay planes para crear fábricas de innovación adicionales en las grandes ciudades para finales de 2023.

En la tercera fase de la creación de la plataforma de innovación, los centros académicos de las zonas urbanas se transforman en universidades de tercera generación, también conocidas como universidades emprendedoras. El objetivo es cerrar la brecha con las universidades tradicionales y mejorar la posición de las universidades dentro del ecosistema general de innovación. Sharif Innovation Zone es un excelente ejemplo de este enfoque. Para 2017, más de 500 nuevas empresas habían sido fundadas por estudiantes, graduados y profesores de la Universidad Tecnológica de Sharif, según la Plataforma para el Desarrollo del Emprendimiento.

De aquí a la economía digital el paso es corto. Desde 2015, muchas universidades y parques científicos han organizado eventos para ayudar a los graduados a desarrollar habilidades técnicas y transversales. Los fines de semana de inicio, los espectáculos de IDE y los bootcamps se han convertido en eventos comunes, con temas que van desde el emprendimiento rural, la salud, el aire y el agua limpios hasta el transporte, la inteligencia artificial, la cadena de bloques (es decir, un sistema en el que se mantiene un libro mayor de transacciones realizadas en bitcoin u otra criptomoneda en varias computadoras conectadas en una red peer-to-peer) y ciberseguridad.

En 2019, la Vicepresidencia de Ciencia y Tecnología emitió una directiva ejecutiva que aconseja a las universidades apoyar bootcamps en áreas relacionadas con la economía digital. Para 2019-2020, se planean alrededor de 23 bootcamps sobre economía digital para graduados en tecnologías digitales como la inteligencia artificial. La proliferación de estos eventos es una señal positiva del apoyo de los líderes iraníes a las nuevas empresas. Sin embargo, existe el temor de que estos eventos ofrezcan poco apoyo real más allá de los premios y algunos fondos modestos. Tener una red nacional de mentores profesionales en diversas industrias que pudieran interactuar con equipos de puesta en marcha les ayudaría a superar la etapa de gestación.

Se podrían desarrollar módulos de capacitación de capacitadores para guiar a estos mentores. Sa’di, el célebre poeta persa del siglo VII, compara a un erudito sin acción con una abeja sin miel. Tal vez los responsables políticos iraníes en estos sectores tenían esta cita en mente al diseñar herramientas de política para mejorar el impacto de la primera y segunda olas de políticas descritas anteriormente. Por ejemplo, el principal resultado de la primera y segunda ola de estas políticas fue más graduados y publicaciones científicas; Sin embargo, esto por sí solo no ha aumentado significativamente la creación de valor. Aquí es donde entran en juego los instrumentos y programas políticos de la tercera ola. Al enfatizar la construcción de ecosistemas y plataformas, es más probable que produzcan un mayor valor agregado, aunque es un poco pronto para decir en esta etapa.

Estos instrumentos y programas políticos buscan empoderar a las industrias innovadoras y las industrias digitales. Una de ellas es IranLab, una start-up que organiza exposiciones de equipos y materiales avanzados para talleres caseros donde las empresas creativas pueden conocer clientes potenciales. Hasta ahora ha habido seis exposiciones de IranLab; También hay un mercado en línea permanente para clientes interesados.

Otro programa ofrece apoyo al mercado para maquinaria avanzada construida localmente desde 2018, lo que refleja la importancia de este sector para Irán. Hasta ahora, más de 400 empresas se han beneficiado de este programa, lo que ha llevado a la producción de 600 nuevos productos. Otra herramienta de política se centra en ayudar a las empresas basadas en el conocimiento a comercializar sus productos. A las empresas se les ofrecen mecanismos de apoyo financiero, como crédito al comprador, precompra y crédito de creación de prototipos. Dichas medidas podrán combinarse con otros mecanismos reguladores de apoyo a las entidades basadas en el conocimiento, como las exenciones fiscales, los servicios financieros a bajo interés, las exenciones de derechos de aduana y la seguridad social.

Según el Banco Mundial (2020), Irán ocupa el puesto 127 sobre 190 países por su facilidad para hacer negocios, pero el 178 por la creación de empresas: por lo que es necesario facilitar que las empresas digitales hagan negocios.

En 2016 se redactó una directiva ejecutiva para ayudar al creciente número de empresas en línea a superar los obstáculos burocráticos. Esto llevó al establecimiento de la Unión Nacional de Negocios en Línea en 2017, que proporciona a sus miembros licencias comerciales y otras formas de apoyo. Esta unión también ha demostrado ser útil para abordar algunos obstáculos regulatorios y de otro tipo que enfrentan las empresas tradicionales. Por ejemplo, en 2020 un grupo de trabajo parlamentario abordó los desafíos a los que se enfrentan el comercio electrónico y los servicios en línea.

En los últimos cinco años, el ecosistema digital de Irán ha sido testigo de un auge en las plataformas en línea. Por ejemplo, hay aplicaciones de transporte (Tapsi y Snapp), mercados en línea (Digikala, Divar), transmisión de video (Aparat) y una plataforma de distribución basada en aplicaciones (Café Bazaar). Una empresa de transporte es una empresa que, a través de sitios web y aplicaciones móviles, pone en contacto a los pasajeros con los conductores de vehículos de alquiler que, a diferencia de los taxis, no pueden ser llamados y detenidos en la calle.

El Covid-19 ha tenido un impacto positivo para las nuevas empresas iraníes de salud y bienestar en línea. Desde el brote, muchas nuevas aplicaciones de salud se han estado implementando en vallas publicitarias.

El crecimiento de la oferta y la demanda de servicios en línea se correlaciona con el fuerte aumento de la penetración de Internet, especialmente Internet móvil, que alcanzó el 70% en 2020, en comparación con el 40% en 2015. Dos tercios de las conexiones de telefonía móvil ahora tienen acceso a Internet. Otro tipo de programa complementario aplicado más activamente en los últimos años tiene por objeto inculcar conciencia política y perspicacia en los encargados de formular políticas para mejorar la adopción de decisiones en esferas prioritarias de la ciencia y la tecnología. Estos programas incluyen: un programa nacional de previsión tecnológica (2015) para los sectores de la energía, la automoción, la salud y el agua; Encuestas de investigación y desarrollo realizadas cada dos años a partir de 2015 por el Centro de Estadística de Irán para medir el nivel de los sectores gubernamentales y sin fines de lucro; la Encuesta sobre la innovación en Irán (2016), realizada anualmente por la Vicepresidencia de Ciencia y Tecnología; y el Sistema Nacional de Monitoreo de Ciencia y Tecnología, introducido en 2015 por el Consejo Supremo de Ciencia, Investigación y Tecnología.

Por último, unas palabras sobre la mencionada PersisGen. Es una compañía biofarmacéutica que diseña, desarrolla y fabrica biosimilares, vacunas y productos derivados del plasma, lanzada en 2016. También está especializada en medicina regenerativa mediante el uso de células madre. PersisGen tiene un departamento de aceleración que es el primero de su tipo en biotecnología médica en Irán. El acelerador ayuda a los jóvenes investigadores a adquirir habilidades prácticas y a establecer sociedades independientes basadas en el conocimiento. Asesora a los equipos de puesta en marcha, proporcionándoles infraestructura técnica y orientación sobre creación de prototipos, recompra de tecnología e inversión; También firma contratos con start-ups para el desarrollo de productos conjuntos. PersisGen se financia íntegramente a través de capital privado, es decir, una categoría de inversiones financieras a través de las cuales una entidad aporta nuevo capital y, por lo tanto, financia a una empresa objetivo mediante la compra de acciones y/o la suscripción de acciones de nueva emisión mediante la aportación de nuevo capital interno.

Uno de sus principales inversores privados en PersisGen es CinnaGen, pionera en el campo de la biomedicina iraní fundada en 2003. CinnaGen aporta su experiencia de investigación conjunta al Instituto Fraunhofer en Alemania. PersisGen no tiene accionistas extranjeros. Cuenta con el apoyo de la Vicepresidencia de Ciencia y Tecnología. Se espera que los ahorros económicos para Irán al no tener que importar productos médicos gracias al acelerador PersisGen alcancen los $ 400 millones por año para 2025.

Esta previsión no debería verse indebidamente afectada por la reintroducción de sanciones, ya que la mayor parte de la producción prevista se destinará al mercado interior. Y mientras Irán continúa a pesar de las sanciones, en países como Italia y otras colonias, las empresas están bloqueadas por los ridículos turbantes de nuestro hogar.

 

Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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