MI AMIGO EL EFECTIVO

Iris Speroni*

El dinero en el banco es propiedad del banco, no de uno.

 

Hay una creciente presión sobre los individuos para descartar el uso de efectivo (billete) y reemplazarlo por pagos electrónicos de diferente tipo.

Ya en el siglo XVIII bancos británicos emitían billetes (privados) que podían ser utilizados para cancelar obligaciones. El sistema de notas o papeles o documentos tiene antecedentes con los fenicios, el Imperio Romano y con órdenes eclesiásticas en la Edad Media.

En el siglo XIX nacen los bancos centrales, que se perfeccionan en el siglo XX.

La emisión de moneda era potestad del rey durante la Edad Media, pero básicamente, durante la Modernidad. El monarca acuñaba monedas de metal, no papel moneda. A partir del siglo XIX, las naciones comenzaron a emitir su propio dinero convertible a metálico o no. En el caso argentino, el gran emisor fue la Provincia de Buenos Aires (con garantía de las rentas de Aduana), por lo menos, hasta la unificación del país. Sin embargo, aún entonces, era una economía con gran participación de la plata, proveniente del Alto Perú.

Si van de paseo por Salta, les recomiendo que visiten el Museo Histórico del Norte, en el antiguo edificio del Cabildo sobre la plaza principal, que cuenta con una valiosa colección de las monedas utilizadas en nuestro país durante la colonia y en el siglo XIX.

Con la segunda guerra mundial se terminó el patrón oro y, por lo tanto, el valor de los billetes pasó a depender, exclusivamente, en la confianza que dicho medio de pago o guarda de valor mereciera, según el país y la época.

Argentina, entre ambas guerras, tuvo oro depositado en el Banco de Inglaterra, y las compras y ventas con Gran Bretaña se autocancelaban. Si el saldo era negativo, se restaba de las reservas; si era superavitario —la mayoría de las veces— sumaba a la pila de lingotes.

A fines del siglo XX se popularizó el uso de la tarjeta de crédito, herramienta que décadas atrás era accesible sólo a pocos mortales. Luego se instaló la tarjeta de débito.

En el siglo XXI en Argentina se popularizó la bancarización. Primero la obligatoriedad del pago de salarios para la gente en relación de dependencia, luego el pago de jubilaciones y pensiones, posteriormente planes sociales.

Durante el gobierno de Macri se hizo obligatorio que los locales minoristas acepten el pago electrónico (lo que a mi entender es contrario a la Constitución ya que la única moneda de curso legal es la emitida por el BCRA bajo control del HCN).

En resumen: entramos al nuevo orden mundial, donde nada será tuyo, ni siquiera tu sueldo, que está en manos del banco.

Lo que empezó con publicidad para convencer de que tal o cual tarjeta traían la felicidad, continuó con la imposición del pago electrónico por el Estado. Casi casi como si los burócratas del BCRA le quitaran el negocio al gobierno (la emisión de moneda) para dársela a los bancos. Lo que se dice patear en contra.

Anónimo

¿Cuál es la diferencia entre pagar con un billete de mil pesos en la fiambrería o pagar con una tarjeta de débito? 

En primer lugar, hay grandes diferencias para el fiambrero, debido a la carga impositiva. Esa transacción (digamos que de $ 750) tiene impuestos a los ingresos brutos, IVA y, para el comerciante, impuesto al cheque. $ 750,00 x (5%+21%+0,6%) = $ 750,00 x 26,6% = $199, 50.-; $ 199,50 ÷ ($ 750,00 – $ 199,50) = 36,24% de sobreprecio. Un gran incentivo a evadir.

¿Y para uno? Por un lado está la comodidad de no mover efectivo, evitar que se apodere del dinero un arrebatador, sentirse Kardashian cuando uno paga. Lo que no es tan cómodo es que los bancos y por su intermedio las autoridades nacionales, saben o pueden saber en qué gastamos nuestro dinero. Cuánto efectivo líquido tenemos, si estamos endeudados, cuánto gastamos en comida, alcohol, salidas, indumentaria, farmacia o turismo. Como las transacciones tienen ubicación geográfica, saben si estamos en nuestro lugar de residencia o nos movimos. En fin, si quieren, saben todo. 

La gran diferencia es que el efectivo es anónimo. Puede ser de Pedro o de Nilda. El dinero electrónico es identificable. Y si es identificable, pueden dejarnos sin dinero si no hacemos lo que el poder dice. Pueden cancelarnos. Pueden relegarnos al ostracismo cívico sin tener que expulsarnos físicamente del país.

Durante la crisis del 2002, los argentinos hemos vivido un shock violento de desconfianza con la banca. Tenemos clara una verdad que era hasta hace pocos días atrás difusa para el resto del mundo: el dinero en el banco es propiedad del banco, no de uno. Aun así, con ese conocimiento monumental en nuestras manos, hemos vuelto a las andadas, confiando nuestro sueldo o nuestros ahorros al sistema bancario.

Zambullida en la realidad

Días atrás los gobiernos de Occidente tomaron dos medidas que cambian los paradigmas del sistema financiero internacional del último siglo; dos medidas que cambian al mundo como lo conocemos: 1) la intervención en la donación a los camioneros canadienses por parte de personas físicas y 2) el congelamiento de la cuentas de ciudadanos rusos. 

Por dos motivos diferentes, el orden establecido se vio amenazado, y sobreactuó. Hizo algo muy tonto: mostrar sus cartas. Siempre se supo que se podía hacer. Lo hicieron. Ahora todos estamos avisados.

Una de estas dos personas les prohibió a disidentes dejar el país, les cerró cuentas bancarias a manifestantes, declaró la ley marcial y prohibió protestas en contra del régimen. La otra persona es Vladimir Putin.

Hasta hoy, no sólo para intervenir, sino para conocer el contenido de una cuenta privada, las autoridades requerían autorización de un juez.

Violaron todo ordenamiento legal y embargaron cuentas de privados sin intervención judicial. Rompieron la base del sistema de emisión monetaria: bona fide. Nuestro patrimonio pasa a estar, bajo cualquier excusa, bajo capricho del mandante de turno. 

Arturo Jauretche decía (creo que la frase no le pertenece) que no hay nada más parecido a un nazi que un burgués asustado. No sé. A mí me parece más la actitud de un déspota ilustrado propio del siglo XVIII. Todo lo pueden, todo lo hacen, para defender el statu quo.

Es paradójico lo que sucede. En un momento, luego de que lograran desplazar a Donald Trump de la presidencia de EEUU, parecía que el Nuevo Orden había ganado definitivamente.  Como dije en enero 2021: “Hoy están en la cima del mundo, en una borrachera de poder. Jugaron con pocas chances y ganaron. Están en Las Vegas luego de tomar media botella de tequila, varios saques de merca y dos muchachas en la cama, una rubia y otra morocha. La vida les sonríe y son los amos del universo”. Habían vuelto con toda la furia. Violaron libertades individuales con la excusa de la pandemia. Retomaron el festival de subsidios que implica el Acuerdo de París y la energía verde. Prosiguieron con la agenda 2030. Nos amenazaron a nosotros, los mortales, con que no seríamos dueños de nada.

En pocos días, la magia se disolvió. Palizas a los manifestantes en Australia, intervención en las cuentas bancarias de los simpatizantes de la marcha de camioneros en Canadá, congelamiento (embargo) de cuentas de personas físicas de nacionalidad rusa con la excusa de la guerra en Ucrania.

El dinero electrónico no es anónimo. Una persona puede ser llevada al ostracismo por el poder de turno [1]. Si quieren le pueden sacar su dinero, su trabajo y hasta el derecho de consumir a deuda (tarjeta de crédito). 

Lo hemos visto en la pandemia. La misma élite dominante que premió con un Oscar “La vida de los otros”, presiona a individuos hasta su punto de quiebre. Como la Stasi.

¿Qué hacer?

Lo de siempre. Recurrir al efectivo de divisas diferentes, el dólar no será más la moneda del mundo. Poseer oro o plata o algún otro bien valioso. Si se tiene un poco más de capital, diversificar. En fin. Si uno no tiene capital, estar lo más afuera posible del circuito legal, como albañil paraguayo. 

Durante décadas el sistema financiero internacional mantuvo una fachada con el fin de mantener la rueda girando y crear la fantasía de que se podía confiar en el dólar y en el sistema legal de la propiedad de los países sajones. Ya no más. Todo ahora es igual que siempre lo fue, pero sin la fachada.

Tucker Carlson: la credibilidad del dólar y del sistema bancario en picada.

Si algún día retomamos el Proyecto Nacional, debemos guardar oro en las reservas. El primer paso será pedir los impuestos que corresponden a las auríferas en especie (oro). Diversificar las divisas en uso. Eliminar todas las obligaciones de uso electrónico para reinstaurar al billete en las transacciones corrientes minoristas. Retirar las que tenemos en el Banco de Inglaterra.

Como individuos debemos aferrarnos al efectivo como si nuestra libertad dependiera de él; porque de él depende. Como Nación, debemos acumular reservas en oro y en canasta de diferentes divisas, preferentemente lo primero e incentivar a los argentinos a ahorrar en oro.

Recomiendo que vean la entrevista a Jim Rickards, experto en temas bursátiles y monetarios. Subtitulada. Lean la nota de Baron Borissey sobre el fin del sistema financiero como lo conocemos actualmente.

Digámosle adiós al dólar, que se va.

Foto: cortesía de @TodosGronchos

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Notas y videos relacionados

La deuda y las mentiras verdaderas, por Baron Bodissey

http://restaurarg.blogspot.com/2021/12/la-deuda-y-las-mentiras-verdaderas.html 

Enduro

http://restaurarg.blogspot.com/2021/01/enduro.html 

Currency War/Total War: Jim Rickards

https://www.youtube.com/watch?v=b9YtPsFViqE 

Nota:

[1] Recomiendo que vean “Nosedive” el episodio 1 de la tercera temporada de “Black Mirror”.

 

Artículo publicado originalmente el 12/03/2022 en Restaurar.org, http://restaurarg.blogspot.com/2022/03/mi-amigo-el-efectivo.html

ATAQUE NUCLEAR

Comandante Espuela (Revista Tiempo GNA*)

Algunos estadistas (sensatamente) no consideran probable una guerra nuclear pues luego de ella no habría vencedores ni vencidos, sino sobrevivientes. La bomba atómica que destruyó Nagasaki en Japón, tenía una potencia equivalente a 20.000 toneladas de TNT y es mucho menor de las que existen actualmente en los arsenales de las grandes potencias.

Generalidades

Ciertos estudios de lo que ocurriría en una guerra generalizada de este tipo, señalan que no quedarían hospitales, servicios de electricidad y de agua teléfonos ni transportes. Miles de cadáveres se acumularían en las calles y tormentas de fuego se prolongarían por 48 horas.

Tal vez un 10% de la población muera en los primeros momentos, pero con el correr de los días este porcentaje aumentará sensiblemente.

En definitiva, un tercio de la población de Europa y América del Norte perecería. Nadie sobreviviría hoy a un holocausto nuclear, toda ayuda para tratar de salvar a los sobrevivientes sería inútil, y los vivos envidiarán a los muertos.

Pero ¿quién puede afirmar que en el futuro jamás habrá una guerra o un atentado terrorista nuclear? En la actualidad, existen mini artefactos nucleares difíciles de detectar que pueden destruir uno o dos km², que pueden ser robados o construidos por científicos al servicio de terroristas.

Por ello algunos países por intermedio de organismos de defensa civil difunden programas con recomendaciones a la población para protegerse en emergencias como ésta. En ellos se insiste en que sólo aquellos que tomen las medidas correctas antes, durante y después de un ataque nuclear podrían sobrevivir si cumplen ciertas indicaciones

La importancia de este tema es de tal magnitud, que en distintos países se enseña en las escuelas y hay oficinas que ilustran al público sobre las medidas de auto protección. El estudio es muy amplio y no se puede describir todas las medidas de supervivencia.

La información técnica que se menciona en el Manual de Supervivencia indicado pertenece al “The Nuclear Survival Book” y al “The Complete Survival Guide” EE.UU. Interesados en dicho Manual por favor escribir a: club.sniper@yahoo.com.ar

 

* Revista independiente para el personal de la GNA, Tiempo GNA 67, marzo de 2022.

 

EL PISHTACO DE MIL ROSTROS

Francisco Carranza Romero*

(Mi artículo “El pishtaco no es puro cuento” fue publicado en el periódico Nuevo Norte, Trujillo, Perú, 3 de junio de 1998. El presente escrito aprovecha algunos párrafos de aquél)

 

¡Pishtakuwantaq tinkunkiman! ¡Cuidado de encontrarte con el pishtaco! Es la advertencia muy común de la gente del área rural cuando alguien viaja solo a la ciudad.

¿Quién y cómo es el temible pishtaco?

El léxico peruano “pishtaco” proviene de la lengua quechua pishtakuq (pishta-ku-q): el que degüella con crueldad, degollador sin sentimiento. (Explicación: pishta es el tema verbal de pishtay: degollar; -ku: morfema verbal enfático; -q:  morfema del participio presente). Así el pishtaco es el cruel degollador de gente y que se enriquece vendiendo la grasa humana.

Por las referencias históricas se sabe que los orígenes de esta creencia y relato se remontan a la época de la colonia española, cuando la grasa humana (runa wira) servía para fundir las campanas de los templos cristianos; porque decían que una campana fundida con la grasa humana, cuando la tañían, emitía mejores sonidos porque los espíritus de las víctimas gemían desde el interior del metal frío y pesado.

Por los relatos, dibujos y esculturas deducimos que este personaje es un blanco muy poderoso por sus armas de fuego, por su daga de largo alcance, por su dinero e influencias, y que captura al solitario e indefenso campesino que va a la ciudad o vuelve de ella. Es la alusión del insensible personaje explotador y traficante de gentes: encomendero, gamonal, militar, ingeniero, empresario, minero, cura extirpador de las idolatrías… Después de decapitar a su víctima, la cuelga sobre un perol, y a fuego lento extrae gota tras gota la grasa humana, un excelente lubricante para el buen funcionamiento de muchas máquinas. Los obrajes, los ingenios de azúcar, las minas y otras industrias necesitaban la sangre y grasa de los indígenas para funcionar y tener buenos resultados económicos.

En el siglo XX, la grasa del pobre campesino siguió haciendo funcionar barcos, tanques, aviones, misiles, cohetes espaciales, etc. Los pishtacos de entonces fueron los hacendados, empresarios abusivos, militares defensores del poder, leguleyos y políticos que se juntaron en la complicidad. Era el precio del desarrollo.

En el siglo XXI, tiempo de la tecnocracia y de la pishtaquería cibernética, el desarrollo sigue gracias al sudor y sufrimiento humanos. Las víctimas, ahora “decapitadas virtualmente”, siguen siendo gentes inocentes como los niños y adultos ignorantes de las trampas virtuales —¡y qué clase de virtud!—. Lo que se gana sirve para pagar los intereses de las deudas del Estado, para abrir o aumentar las cuentas en los bancos extranjeros, para comprar nuevas armas que maten más gente y en menos tiempo; poco es lo que se invierte en los servicios de la educación y salud públicas porque el pishtaco no se preocupa del pueblo.

El indígena peruano, por su reflexión silenciosa, por su memoria histórica y colectiva de varios siglos, describe a este personaje temido y odiado, dándole las características según la época. Así previene a sus descendientes para que se cuiden de caer en las manos asesinas del pishtaquismo nacional e internacional. En quechua la palabra wira significa grasa, vida. Por eso, cuando se dice que el pishtaco quita la grasa de sus víctimas, es una acusación contra los responsables de las injusticias y genocidios cometidos no sólo en el mundo andino. Los cuadros pintados, los mates burilados y los retablos también narran y describen con sus códigos (colores, formas y relieves) la figura y el modus operandi del pishtaco. Y, lo más curioso, en todos los relatos el temible personaje siempre ataca desde lejos, de sorpresa y a la traición, evade la lucha cuerpo a cuerpo. Por eso, el andino sabe que, para defenderse, necesita vivir en un ambiente de solidaridad y ayuda mutua que se expresa con el verbo yanapanakuy (El morfema –naku expresa la reciprocidad).

Para los ajenos al mundo andino, el tema del pishtaco es sólo creencia y cuento de los serranos. En la novela “Lituma en los Andes” del escritor peruano Mario Vargas Llosa, el protagonista Lituma, un policía costeño, se siente totalmente ajeno al mundo donde se habla del pishtaco. El autor narra la actitud de Lituma al escuchar a una mujer hablando quechua: “La india repitió esos sonidos indiferenciables que a Lituma le hacían el efecto de una música bárbara”. Para muchos peruanos de formación eurocéntrica los fonemas del quechua y de otras lenguas nativas son sonidos de los bárbaros gentiles, de los incivilizados… En Perú, innegablemente, hay muchos Litumas.

Sin embargo, para los que asumimos la peruanidad multiétnica y multicultural, el pishtaco no es sólo creencia y cuento, tampoco es sólo un trauma; es la denuncia y advertencia para vivir prevenidos ante los modernos pishtacos que andan disfrazados con atuendos según las modas y que ahora se esconden detrás de las modernas computadoras.

El tema del pishtaco ya es tratado desde diferentes disciplinas, así hay muchos pishtaquistas que analizan el fenómeno del pishtaquismo no sólo del Perú. Y los neologismos también se asoman provocadores, ¿verdad?

 

* Investigador del Instituto de Estudios de Asia y América, Dankook University, Corea del Sur.

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