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CHINA, POLÍTICA EXTERIOR Y CAMBIO CLIMÁTICO

Isabel Stanganelli*

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La cuestión del cambio climático ha obrado como uno de los disparadores más sólidos a favor de la búsqueda de energías alternativas desde la década de 1980. Numerosas reuniones procuraron alcanzar un acuerdo global sobre el régimen climático posterior a 2012, año de vencimiento del Protocolo de Kyoto mediante el cual los países industrializados se comprometieron a reducir —para el período 2008-2012— sus emisiones colectivas de gases que causan el efecto de invernadero en un 5,2%, respecto a 1990.

El acuerdo fue suscrito en la ciudad japonesa de Kioto el 10 de diciembre de 1997 por 34 países industrializados. Para que el protocolo entrara en vigor, tenía que ser ratificado por los países industrializados causantes del 55% de las emisiones de estos gases pero cuatro de ellos no lo hicieron: Estados Unidos (responsable por el 36,1% de las emisiones entre los países industrializados en 1990), Australia (2,1%), Liechtenstein (0,001%) y Mónaco (0,001%).

Los Estados Unidos argumentaron que esa firma no solo dañaba su desarrollo económico al obligarlos a destinar presupuesto a innovaciones tecnológicas sino que aducía que existían países menos obligados por ser subdesarrollados que contaminaban más. Se refería a Brasil, China, India, México, entre otros. Obviamente Washington no participó del encuentro de la ONU en Japón.

Independientemente de la importancia del tema para la supervivencia de la vida en el planeta, esta cuestión presenta aristas personales. Fui seleccionada con seis meses de anticipación para asesorar a la delegación argentina en Kioto. Las carpetas coincidían con la posición común de nuestros vecinos de América del Sur. Entonces se apersonó la Sra. María Julia Alsogaray como portavoz del entonces presidente e indicó que Argentina firmaría en consonancia con los Estados Unidos. O sea: no firmó. Impotencia de la delegación y obviamente también mía.

Casi 20 años después, la crisis ucraniana de 2014 fue testigo de profundos cambios en los patrones energéticos mundiales. La politización de conflictos previos por el gas natural que importaba desde la Federación de Rusia y en gran parte transportaba hacia Europa occidental, significó arduas negociaciones y finalmente descartó el proyecto de gasoducto South Stream, el 1º de diciembre de ese año, destinado a abastecer a clientes europeos.

Ante esta situación se incrementaron los esfuerzos europeos de búsqueda de otros proveedores. Cabe acotar que estas fuentes solamente podrían sustituir parte de los hidrocarburos necesarios y que luego del accidente nuclear de Fukushima I, Japón, en marzo 2011, esa fuente resultaba controversial.

Por otra parte, rigen sanciones contra las exportaciones e inversiones en tecnologías de vanguardia aplicadas a la exploración y explotación de petróleo ruso que se suman a la violenta caída del precio del petróleo en los mercados internacionales. Esta situación guarda relación con el ingreso de Estados Unidos como país exportador, políticas de la OPEP y reducción de la demanda mundial —notoriamente de China—, entre otras causas.

Los acontecimientos originados en 2014 pusieron en marcha procesos cuya evolución está produciendo cambios en las actividades de producción de energía, en los hábitos de consumo y en las decisiones políticas en el mundo. Han sido muchos los esfuerzos internacionales para intentar revertir el calentamiento planetario. Una de las más importantes iniciativas guardó relación con la sustitución de los hidrocarburos y combustibles fósiles por otras fuentes alternativas de energía. Se han realizado inversiones notorias en fuentes solares, eólicas, mareomotrices, undimotrices y otras. Al mismo tiempo, se enunciaron objetivos para reducir la emisión de contaminantes, tanto en el mundo desarrollado como en el que no lo está. Todos estos objetivos encontraron obstáculos y desacuerdos. En la Cumbre Renovables 2005, realizada en Alemania, así como en las realizadas con posterioridad, tampoco se lograron acuerdos rotundos. En aquel caso se propuso que el 14% de la energía producida en el mundo proviniera de fuentes alternativas. Estados como Brasil y China, en su condición de países subdesarrollados, superaban entonces ese porcentaje en su matriz energética. Se puede destacar la posición de India, que destacó que cumpliría con todos los objetivos establecidos pero que no firmaría ningún acuerdo, pues no deseaba verse obligada por un documento internacional. Estos tres casos se destacan pues en su calidad de países subdesarrollados, los plazos para lograr los objetivos establecidos en Cumbres previas eran más largos y podían contar con ayuda internacional para alcanzarlos. Hemos visto que esta normativa fue cuestionada por Estados Unidos para no adherir a los acuerdos. Los argumentos de Estados Unidos para evitar compromisos fueron emulados por otros Estados.

El hecho es que a pesar de los años trascurridos, la reducción del precio internacional del barril de petróleo vuelve cada vez más costoso el desarrollo de fuentes convencionales y alternativas de producción energética en función de la ecuación costo-beneficios. Solo las mayores petroleras podrían sostenerse diversificándose contando con su capacidad de adaptarse a las nuevas normas del mercado, a la competencia resultante y al respaldo económico que les otorga más tiempo que a otras empresas de menor envergadura.

Mientras Rusia y China adoptaron desde 2014 medidas de cooperación energética, Estados Unidos se aseguró el primer lugar como país exportador de petróleo extra OPEP y varios países europeos están retornando al uso del carbón, si bien en condiciones ambientales menos contaminantes que las históricas.

En estas circunstancias, en 2020, China anunció planes para lograr cero emisiones para 2060. Junto con la exportación de su vacuna Covid-19 constituyen dos manifestaciones de soft power. Volviendo al cambio climático, el Presidente Xi Jinping en la cumbre del Día de la Tierra —22 de abril 2021— del presidente estadounidense Joe Biden, Xi señaló la estrategia esbozada en el 14º Plan Quinquenal de China para limitar el crecimiento del consumo de carbón y lograr la neutralidad del carbono para 2060.

El 20 de abril, Xi se había comunicado con el príncipe saudí Mohammad bin Salman apoyando las propuestas y medidas de Arabia Saudí a respecto. Una semana antes, Xi se reunió con la canciller Angela Merkel y el presidente Emmanuel Macron y acordaron trabajar más estrechamente en el cambio climático. No debería considerarse un gesto geopolítico… pero la diplomacia con Occidente es más que evidente.

Biden sostuvo una continuidad con su predecesor Trump en cuanto a una competencia estratégica con China aunque no descartó cooperar con Beijing en cuestiones transnacionales que requieren una respuesta colectiva —como el cambio climático—. Este tema puede ser una oportunidad para relaciones más benignas entre los mayores poderes y al mismo tiempo cambiar la mirada de Occidente sobre China, apaciguando tanto a la audiencia nacional como a la internacional.

Además, la exportación de fuentes de energía alternativa “made in China” es un objetivo más de inversión china.

 

* Profesora y Doctora en Geografía (UNLP). Magíster en Relaciones Internacionales (UNLP). Secretaria Académica del CEID y de la SAEEG. Es experta en cuestiones de Geopolítica, Política Internacional y en Fuentes de energía, cambio climático y su impacto en poblaciones carenciadas. 

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LA IDEA CHINA DE LA SEGURIDAD DE LAS NACIONES PARA UN FUTURO COMPARTIDO

Giancarlo Elia Valori*

1955. Conferencia de Bandung.

Los conceptos generales de seguridad nacional y destino humano se complementan entre sí y juntos forman el camino que los países deben seguir para un futuro pacífico. Tienen una lógica interna cercana y persiguen conjuntamente el valor y el propósito de la “persona” colocada en el desarrollo que debe ser la prioridad de cada gobierno.

Por lo tanto, la situación general de los progresos nacionales y extranjeros de cada país debe coordinarse en beneficio del bienestar de la persona, situado más allá de cualquier Estado.

La seguridad nacional general debe centrarse en la planificación general de la seguridad externa e interior. La paz y el orden internacional, así como el desarrollo común de la humanidad son los intereses estratégicos que deben caracterizar a los miembros de la comunidad internacional.

En lo que respecta a la seguridad internacional, en cambio, la idea de una comunidad con un futuro compartido con la humanidad sólo puede sostenerse mediante la creación de un mundo universalmente seguro, en el que se manifieste el destino no sólo de un país, sino de todos los países.

En otras palabras, una comunidad con un futuro compartido para la humanidad es el objetivo más alto del concepto de seguridad universal. Esto significa poner a la gente en el centro.

En el contexto de la globalización, los flujos de población a gran escala constituyen nuevos desafíos a la seguridad nacional. Están obligados a enfrentarse al más alto nivel. En la futura comunidad compartida, la palabra “destino” no es sólo el destino común y a largo plazo de toda la humanidad, sino también el destino de cada persona. La seguridad personal es el interés fundamental de todos los ciudadanos. Por esta razón, el concepto de seguridad nacional sugiere claramente lograr la seguridad de las personas como objetivo, reflejando plenamente un estilo diferente al impuesto hasta ahora por las bombas necesarias para lograr la democracia y las masacres por fuego amigo y enemigo.

Un constructor de paz, un contribuyente al desarrollo global y defensor del orden internacional debe centrarse, ante todo, en salvaguardar los intereses comunes de todos los pueblos del mundo, y no poner a uno “primero” a expensas de todos los demás.

El desarrollo económico pertenece a la categoría de economía, de estructura. Para un país, en cambio, la seguridad nacional pertenece a la categoría de superestructuras. Por lo tanto, el nivel general de seguridad nacional y el nivel de construcción de una comunidad con un futuro compartido para la humanidad dependen fundamentalmente del progreso igualitario de la estructura y las superestructuras que deben ir de la mano.

Las formas nacionales individuales de gobernanza deben considerar las preocupaciones razonables de los demás países y promover el desarrollo común de todas las personas de acuerdo con sus capacidades y sin imposiciones externas.

En la visión global de la seguridad nacional, la certeza de una política válida, y de sus intérpretes serios, es otro factor fundamental. En particular —cualquier programa de entrevistas políticos y pseudo-intelectuales que lamentablemente abundan en Italia— el mundo actual todavía ve la coexistencia de dos sistemas sociales, el capitalismo y el socialismo (China, en primer lugar), con un fuerte capitalismo basado en las patrias y las “colonias” y un socialismo débil.

Es obvio que los países occidentales (es decir, EEUU+RU+“colonias”) inevitablemente utilizarán cualquier medio para contener el ascenso de la República Popular China denigrando y atacando el sistema político socialista con características chinas.

Si lo pensamos, una de las razones desastrosas y fatales para la desintegración de la Unión Soviética en ese momento fue la estúpida idea desarrollada inicialmente por Jrushchov después de la desestalinización, es decir, tratar de imitar —sin una estructura adecuada— el modelo estadounidense tanto en defensa como en un supuesto consumismo, así como diluyendo el marxismo. Una era tan impensable e injustificada de “evolución pacífica” a largo plazo de la ideología soviética y del sistema socialista como para ser “aceptada” por los países occidentales, que absurdamente fueron llamados como garantes del socialismo (Acuerdos de Helsinki de 1975). Más tarde esto llevó a Gorbachov a ser el primero en abandonar el socialismo e inventar la llamada perestroika (“reestructuración”), que condujo a la conocida implosión —para deleite del mediocre presidente estadounidense, Ronald Reagan— y al fin del socialismo científico europeo. Bajo el liderazgo de Boris Yeltsin y sus boyardos, Rusia apenas se convertía en una dependencia estadounidense. Sin embargo, como la suerte lo haría, el vodka ruso corrió su curso y Vladimir Vladimirovič restauró la dignidad al país. China no cometió ese error y Deng Xiaoping le impidió volver al país de trato desigual

El punto de vista tradicional indica que la “seguridad” significa la ausencia de amenazas internas, y la seguridad nacional significa la ausencia de amenazas de enemigos extranjeros. Hoy en día, el significado de la “seguridad” se ha expandido considerablemente. El estudioso de la política internacional, Yan Xuetong dice: “La definición de ‘seguridad’ no es miedo, no hay amenaza y no hay incertidumbre”. El significado de la seguridad nacional en la China moderna es más amplio ahora que en cualquier otro momento de la historia.

En comparación con el concepto tradicional de seguridad, la palabra “global” refleja plenamente la idea de que el concepto actual es más completo y sistemático. En consecuencia, la razón por la que todos los países del mundo reconocen la idea de comunidades con un futuro compartido es que esta idea es una receta eficaz para superar el fenómeno de la “fragmentación” global en el mundo actual.

Sin embargo, se trata de interpretar la palabra “global”. La diferencia más significativa entre la perspectiva internacional china y la liberal es que el socialismo en sí mismo tiene un contenido ideológico, histórico y tradicional de integración y se dedica a la búsqueda de la cooperación y la liberación de todos los pueblos de acuerdo con los cinco principios de la Conferencia de Bandung (1955), en la que China siempre ha basado su política exterior.

La perspectiva internacional liberal, en cambio, sólo persigue la globalización aparentemente, pero en realidad es impulsada por los países capitalistas occidentales para servir a sus propios intereses y a sus propias corporaciones multinacionales. Por el momento, los países desarrollados occidentales que se encuentran detrás de Estados Unidos aparecen como una fuerza antiglobalización, porque están descubriendo que la globalización se está desviando cada vez más de su propio gobierno y dominación.

Cuando queda claro que los viejos maestros de África, con la correa de la Casa Blanca, ya no pueden hacer lo que quieran en ese continente, los mencionados políticos y pseudo-intelectuales se instalan, diciendo que los chinos son malos y no respetan los derechos humanos. Porque los chinos quieren quitarles petróleo, diamantes, biocombustibles, agua, etc. (de los antiguos maestros de África), mientras que hasta ayer el Reino Unido, Francia y las multinacionales estadounidenses y belgas, etc., robaban todo lo que podían. Hoy China ha llegado con sus tratados de igualdad de dignidad, y las “colonias” occidentales se están poniendo histéricas.

En este contexto, China mantiene en alto el estandarte de un tipo de globalización que siempre ha respetado a través de los estrictos dictados de los cinco principios de Bandung:

  1. respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial;
  2. no agresión entre sí;
  3. no injerencia mutua en los asuntos internos del otro;
  4. igualdad y beneficio mutuo;
  5. coexistencia pacífica.

Si se lee con atención, son exactamente lo opuesto al infame colonialismo europeo (siglos XIX-XX). Esta es la razón por la que China recibe continuamente un gran apoyo, no sólo de un gran número de países en desarrollo, sino también de países europeos bien establecidos como Alemania, Suecia, etc. Mientras que en Italia las órdenes del torpe Presidente de Estados Unidos hacen posible que un dignatario chino sea recibido en Roma por uno de nuestros rangos inferiores.

En Italia no queremos entender que una comunidad internacional con un futuro compartido para la humanidad es ante todo una comunidad de intereses, especialmente cuando los países del mundo aún no han salido del atolladero de la crisis financiera y el crecimiento económico mundial es lento.

Los países del mundo deben resolver primero los problemas de desarrollo y pobreza, así como reducir las fricciones. Las cuestiones no tradicionales de seguridad mundial, como la seguridad alimentaria, los escasos recursos, las explosiones de población, la contaminación ambiental, la prevención y el control de enfermedades infecciosas, pandemias y delitos transnacionales sólo pueden abordarse con el acuerdo de todos.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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AFGANISTÁN LUEGO DE CASI VEINTE AÑOS DE OCUPACIÓN

Isabel Stanganelli*

Imagen de Amber Clay en Pixabay

Hacia 2017 los medios nos indicaban que Kabul continuaba perdiendo control sobre las provincias afganas. Nunca dejó de perderlo. La región que no estaba bajo control talibán desde 1996, la de la Alianza del Norte, ahora no solo está logrando dicho control sino que la ocupación atrajo además al ISIS. A ello se suma que las tropas preparadas para contrarrestarlos suelen simpatizar con ellos. Por supuesto no todas, pero sí las suficientes. La siempre débil Kabul ahora debía negociar con los talibán (grupo terrorista según la ONU, que no aspira a lograr territorios fuera de Afganistán) para intentar detener el avance de ISIS, que continuaba ganando adeptos. Lo único que pedían los talibán para intentar detener al ya poderoso ISIS era el retiro de tropas extranjeras del país, pero el gobierno de Kabul continuaba considerando a los talibán como el enemigo.

En ese momento una opción era que las fuerzas de seguridad se ocuparan de los centros urbanos y los talibán de los rurales. Otra es que justamente por esta situación se reconociera “tablas” en el ajedrez entre ambos. Postergar la resolución de este dilema a largo plazo daría mayores ventajas a los talibán. Esta sería la tercera posibilidad. En cualquiera de los casos la situación para los vecinos (y es especial los refugiados) se mantendría crítica.

En verdad, aparecieron las mismas posibilidades que se consideran desde octubre de 2001. Que Estados Unidos neutralice cualquier posible ayuda a los talibán desde Pakistán (no olvidar que pueden enfrentar a ISIS) y también se evalúa que los talibán —en su mayoría étnicamente pashtu—, que llegaron al poder con el apoyo de Estados Unidos —directa o indirectamente a través de los servicios de Inteligencia paquistaníes (ISI), fueron removidos del poder por las fuerzas estadounidenses, abriendo una caja de Pandora, ya que no sólo no llevaron la paz a Afganistán sino que también permitieron que los terroristas del ISIS se convirtieran en parte del conflicto.

La capacidad de los Servicios de Inteligencia afganos para recopilar información sigue siendo definitivamente escasa y proviene principalmente de las principales ciudades[1].

Además, los países de la OTAN que aún participan en operaciones militares en Afganistán tienen ideas muy diferentes sobre su rol en el país[2]. “En resumen, la variada presencia de la OTAN y de las coaliciones iniciales de los dispuestos en la Guerra contra el Terror no tenía ideas claras y probablemente ni siquiera sabía dónde realmente estaban”.

Hubo una retirada del territorio afgano en diciembre de 2016 que dejó operacionales a unos 8.400 efectivos y costaba a los Estados Unidos 3.200 millones de dólares/año.

Hacia septiembre de 2020, luego de 19 años de lucha, se seguían sosteniendo conversaciones para lograr un cese del fuego. Mientras, se debatía en ellas si se definía a la guerra como yihad, el intercambio de prisioneros, sobre qué sistema de escuelas perduraría en el país, reconstrucción, etc., el Covid estaba tan presente como la continuación de las batallas y masacres y como la ausencia de líderes reconocidos en las negociaciones.

En noviembre de 2020 Trump impulsó el retiro de tropas tanto de Afganistán como del Medio Oriente, basándose en el compromiso y en la acción común. En realidad esa era la intención de Trump desde que inició su mandato. La cuestión quedó para Biden que redujo el contingente en Afganistán a 4.500 hombres con la condición de reducción de la violencia y cambiando la agenda mientras trascendía la existencia de conversaciones entre el gobierno afgano y los talibán. Esto hizo pensar que tal vez el retiro era precipitado… también de Irak.

Actualmente el debate se centra en si quedarse es seguir invirtiendo en corrupción, producción de heroína en Afganistán y continuar guerras sin fin.

En resumen, no menos de 4.500 efectivos hasta que se tengan garantías de que el accionar de Al-Qaeda se haya detenido. Tampoco desean dejar armamento que pueda caer en manos erróneas.

El hecho es que el costo de la guerra en Afganistán ya superó los 2.260 billones de dólares y no deja de incrementarse mientras ya a fines de abril de 2021 el Reino Unido y la OTAN amenazan con retornar si reaparece alguna amenaza para el “mundo libre”. Pero aunque retiren a su último efectivo —la nueva fecha sería el 11 de septiembre, fecha en que se cumplirán 20 años del atentado contra el World Trade Center y el Pentágono—, los costos seguirían sumándose: gastos de contingencia para operaciones en el exterior (OCO), los intereses de los préstamos incurridos durante estas casi dos décadas —530.000 millones de dólares—. Si la situación empeora, la intención de Londres sería retornar a Afganistán con la OTAN, por lo que el Reino Unido debe permanecer preparado, aunque por el momento tiene solo 750 efectivos y su función es de entrenamiento.

O sea: Estados Unidos no cumplirá la fecha establecida como límite por Trump: 1° de mayo, pero sí la OTAN. De tal manera que se retiraría el 11 de septiembre

A todo esto, los talibán festejan haber vencido a Estados Unidos. Manifestaron que quieren un Estado Islámico regido por la sharia y que continuarán la yihad. Posiblemente sea una expresión de deseo, pero evidentemente no querrán una democracia al estilo “occidental” sino una república islámica purificada de la influencia occidental y no un emirato islámico. De todos modos Washington elige creer que la modalidad talibán sería más moderada que en el pasado y que en Estados vecinos (Pakistán). Prefieren ignorar que ahora el ISIS está presente en Afganistán, junto con Al-Qaeda, y otros grupos militantes.

No solo podrían desestabilizar a Afganistán sino dispersarse a China, Pakistán e Irán. De todos modos Rusia, China e Irán estarían más interesados en velar por la gestión talibán que los Estados Unidos.

 

* Profesora y Doctora en Geografía (UNLP). Magíster en Relaciones Internacionales (UNLP). Secretaria Académica del CEID y de la SAEEG. Es experta en cuestiones de Geopolítica, Política Internacional y en Fuentes de energía, cambio climático y su impacto en poblaciones carenciadas.

 

Referencias

[1] Véase en esta página el artículo de Giancarlo Elia Valori, “Los Servicios de Inteligencia afganos”. Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), 08/11/2020, https://saeeg.org/index.php/2020/11/08/los-servicios-de-inteligencia-afganos/ .

[2] Ídem.

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