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VENEZUELA 2021: LA SEGUNDA MUERTE DE CHÁVEZ

Roberto Mansilla Blanco*

Venezuela sigue instalada en una espiral interminable de crisis política e institucional, con complejos escenarios para este 2021 que permitan vislumbrar algún tipo de solución de consensos, al menos a corto plazo.

El pulso político iniciado en enero de 2019 por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó contra el régimen de Nicolás Maduro no ha logrado alcanzar sus puntos más importantes, establecidos en el slogan: “fin de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”. Muy por el contrario, el diagnóstico actual deja entrever fisuras en la plataforma opositora venezolana sobre las estrategias a seguir para salir de Maduro.

Con todo, Guaidó ha logrado un amplio reconocimiento internacional de cerca de 60 países, entre ellos EE.UU. y la Unión Europea, una baza política considerable pero con cada vez menos incidencia en el plano interno venezolano.

Por otro lado, Maduro y su régimen han logrado no sólo mantenerse en el poder sino dar cuenta de una notable resiliencia ante la presión internacional, en particular amparados por el apoyo de potencias globales como Rusia y China con decisión de veto en la ONU, actores emergentes como Turquía e Irán y la alianza estratégica con Cuba, cuyo peso en la política venezolana es decisivo.

Mientras la vacuna contra la COVID 19 ocupará la mayor parte de la atención mundial, al menos durante este 2021, los escenarios que se presentan para Venezuela en este nuevo año han dado un giro significativo. Esto supone un factor que colateralmente favorece los intereses de Maduro, ya que la solución de la pandemia tangencialmente desvía la atención internacional hacia Venezuela y le permite a su régimen mantener el control sobre la población, a través de las medidas sanitarias.

Paralelamente, una perspectiva parece ir cobrando forma en el horizonte: se aprecia una especie de “final de época” del “chavismo”, toda vez en Venezuela comienza a imponer su ritmo una nueva estructura de poder, con Maduro como epicentro.

¿Cambio de ciclo? Del chavismo al madurismo

Más allá de la controversia causada por la legitimidad de las elecciones legislativas realizadas en diciembre de 2020, de la elevada abstención (69%) y del mayoritario desconocimiento internacional a esos resultados, este 5 de enero el “madurismo” recuperó los espacios del poder legislativo para el próximo período 2021-2026.

Con ello, se completa el proceso de concentración de todos los poderes públicos en manos de Nicolás Maduro, afianzando un poder absoluto, desprovisto de equilibrios institucionales que fiscalicen su gestión. A diferencia de la oposición, y a pesar de su elevada impopularidad, el “madurismo” y sus factores aliados en el poder, en especial el estamento militar, no han observado fisuras significativas que pongan en peligro su hegemonía política.

El contexto es significativo. La nueva ecuación de poder da a entender que el “madurismo” refuerza su poder incluso dentro del propio espacio político de representación “chavista”. La presidencia de esta nueva y controvertida Asamblea Nacional en manos de Jorge Rodríguez y el notorio desplazamiento del poder de Diosdado Cabello, hasta ahora presidente de la igualmente polémica y ya inexistente Asamblea Nacional Constituyente (ANC), definen este rumbo político.

Así, el “madurismo”, salvo cuando la propaganda en clave legitimación así lo requiera, ya no se exhibe necesariamente como el heredero del “chavismo” sino que, más bien, ha “pasado página», cooptando e incluso degradando a miembros del “chavismo originario”, especialmente del sector militar “febrerista” (rebelión de Chávez del 4F de 1992), como es el caso del propio Diosdado pero también de cualquier vestigio de poder de la familia Chávez.

En 2013, poco tiempo antes de la muerte de Chávez, el ideólogo del socialismo del siglo XXI, el sociólogo Heinz Dieterich, vaticinó que Diosdado era “el Stalin de la Revolución Bolivariana” y que Maduro representaba la genuina continuidad del chavismo. Pero el contexto 2021 parece dirimir otra expectativa: el “Stalin” de la revolución más bien parece ser el propio Maduro, quien en sus inicios en la presidencia se presentaba como el “hijo de Chávez”.

La etapa inicial “post-Chávez” definió una especie de reacomodo de poder entre Maduro y Diosdado determinado en gran medida por la necesidad imperiosa de unidad ante la presión internacional. Pero en el contexto actual, esta ecuación parece ir perfilándose calculadamente a favor del primero.

El pasado 4 de febrero, durante los actos por el 29º aniversario del intento de golpe de Chávez de 1992, Diosdado recuperó las esencias propias del “chavismo originario” militar, portando en un acto conmemorativo el uniforme del regimiento de paracaidistas al que pertenecía Chávez. La imagen puede ser alegórica de un posible reacomodo de fichas en el “chavismo-madurismo”, donde Diosdado parece negarse a perder protagonismo.

Por su parte, Maduro ha fortalecido una “oligarquía” financiera y económica, una nueva nomenklatura de poder que dista mucho de los ideales chavistas. La incesante crisis económica venezolana, que sigue provocando la peor crisis humanitaria a nivel hemisférico, con oleadas de venezolanos huyendo a países vecinos, parece estar definiendo al mismo tiempo las bases de una especie de “capitalismo salvaje” vía dolarización, que beneficia claramente a esa denominada “boliburguesía” que inició su andadura con Chávez en el poder pero que definitivamente se ha acomodado con Maduro. El control de la industria petrolera y principalmente la rapaz explotación en el Arco Minero al sur del país, con graves acusaciones de desastre ecológico, son otros de los factores que enriquecen a la “casta madurista”.

En este sentido, Maduro pareciera haber tomado nota en la concreción de una especie de “oligocracia” en el poder, un sistema parecido al de la Rusia de Putin. La crisis de legitimidad de su régimen no parece ser un impedimento tan estratégico como se cree. Los resortes del poder del “madurismo” llevan a concretar síntomas de lo que se ha venido considerando como “autoritarismo competitivo”, pero cada vez más fortalecido por el apoyo militar, la represión de la disidencia (aún existen unos 200 presos políticos en Venezuela, muchos de ellos estudiantes universitarios) y un sistema “hecho a su medida”, especialmente en materia electoral.

Por otro lado, abundan las denuncias de que, dentro de esta estructura de poder, conviven incluso mafias y redes criminales, así como núcleos de apoyo de la guerrilla colombiana y de movimientos islamistas como el Hizbuláh, y que han pasado a controlar incluso porciones territoriales del país como auténticos “feudos”, especialmente en el Arco Minero.

Del mismo modo, la inclusión como parlamentario de Nicolás Maduro Guerra, hijo del actual mandatario, simboliza esa preeminencia “familiar” dentro del nuevo establishment del poder en Caracas. A este núcleo “madurista” debe unirse igualmente el poder de Tarek el Aissami, actual ministro de Petróleo y principal vínculo del “madurismo” con Irán, actual surtidor de gasolina a la maltrecha economía venezolana.

Con una economía “dolarizada” de facto, Maduro parece persuadido a propiciar una incipiente apertura económica, menos agresiva con el sector privado pero que permita el ingreso de inversiones extranjeras, especialmente de sus aliados Rusia, Irán, Turquía y China, entre otros, y que son vitales para mantener la actual nomenklatura de poder “madurista”.

No obstante, ya confirmado su poder prácticamente absoluto, Maduro no desdeñará continuar con el programa “socialista”, con menor interés ideológico pero sí como herramienta de poder. Surgen así expectativas de posibles confiscaciones, principalmente de bienes y propiedades de venezolanos emigrados y de dirigentes políticos en el exilio.

El objetivo de la eventual apertura económica es sortear las sanciones internacionales de EE.UU. y Unión Europea, a la espera de observar cuál será la óptica hacia Venezuela que tendrá el próximo presidente estadounidense Joseph Biden, y si con ello se entierra definitivamente con la “Doctrina Trump” que ha favorecido la transición vía Guaidó.

De este modo, Maduro observa con beneplácito la posición de Biden y de su vicepresidenta Kamala Harris de recuperar la “Doctrina Obama” de apertura gradual con Cuba, lo cual implicaría directamente a Venezuela, tomando en cuenta la asociación estratégica total entre ambos países.

También está el contexto regional. Como sucediera con la vuelta al poder del MAS en Bolivia en octubre pasado y anteriormente del “post-kirchnerismo” en la Argentina de Alberto Fernández, el “madurismo” observaba con interés la posibilidad de un vuelco político en las elecciones presidenciales ecuatorianas de febrero próximo, así como en las presidenciales peruanas de abril, que le permitan recuperar alianzas regionales.

Así, en Ecuador, la atención está fijada en fuerzas de izquierda “post-correistas” como Andrés Arauz, vencedor en la primera vuelta presidencial del pasado 7 de febrero, e indigenistas como Yaku Pérez. En noviembre, Nicaragua irá a elecciones presidenciales, donde se da por descontado otro nuevo período para Daniel Ortega, aliado de Maduro y en el poder desde 2006.

El ex presidente Chávez rememoraba constantemente en sus discursos una fecha: 2021. Es el año que celebra el Bicentenario de la Batalla de Carabobo (1821) que selló la independencia venezolana. Pero en este 2021 de la pandemia, el “madurismo” parece identificar el simbolismo de esa fecha histórica hacia otra vertiente: el de su consolidación en el poder, incluso por encima del propio “chavismo”. En perspectiva, un final de ciclo que ni el mismo Chávez imaginaba.

Los dilemas de Guaidó y la oposición

La eventual consolidación del “madurismo” lleva a otro nombre: Juan Guaidó. Dos años después de su inesperada aparición pública, el aún principal líder de la oposición venezolana se encuentra en un difícil laberinto que acrecienta la precariedad de su posición política.

Mientras Maduro lanzaba sus controvertidas elecciones legislativas en diciembre, Guaidó apostó sus cada vez menos efectivas cartas a una consulta popular “anti-Maduro” de resultados inciertos desde el punto de vista político. Debe igualmente observarse que, a pesar de la posición oficial, existen fisuras internas y críticas dentro de la oposición hacia el liderazgo de Guaidó, al que califican de “ineficaz”.

Ya entrado el 2021, la Asamblea Nacional surgida de las elecciones de 2015 (las últimas reconocidas como legítimas por la mayor parte de la comunidad internacional) renovó a Guaidó en la presidencia por un año más. Pero la situación de Guaidó es sumamente compleja tomando en cuenta que el poder político de facto lo tiene el “madurismo” y que el régimen, a pesar de sus elevados índices de impopularidad, ha tenido éxito en desgastar e incluso desacreditar la imagen de Guaidó.

Guaidó sigue teniendo el apoyo y el reconocimiento de 60 países, pero la realpolitik venezolana y los posibles cambios en el contexto internacional (nuevo gobierno en EE.UU., atención mundial a las vacunas del coronavirus) pueden alterar esta situación.

De hecho, su figura como “presidente interino” pierde gradualmente fuerza en el contexto exterior, así como su “mantra” de hoja de ruta lanzado en 2019 de “fin de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”. De hecho, la Unión Europea lo sigue reconociendo, pero ahora como “interlocutor privilegiado”, un enfoque que denota obviamente un nivel de degradación en cuanto a la posición política e, incluso, del propio liderazgo de Guaidó.

Su “mentor” político, Leopoldo López, logró escapar a España, donde se concentra gran parte del exilio opositor venezolano, con figuras como el ex alcalde metropolitano Antonio Ledezma. Tampoco está Trump en la Casa Blanca, y si bien Biden parece convencido de mantener el apoyo bipartito entre republicanos y demócratas en EE.UU. hacia la causa democrática que impulsa Guaidó, nada parece completamente seguro.

Con la Asamblea “madurista” en funcionamiento, persisten las incógnitas sobre qué sucederá con Guaidó. Muchos sectores “maduristas” buscan revancha y lo quieren ver preso, pero la posibilidad de un audaz exilio es otra alternativa.

Con ello, podríamos observar cómo la oposición venezolana se vería eventualmente persuadida a ensayar una especie de gobierno en el exilio, algo similar al ejemplo de la oposición política al régimen de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial, que mantiene un precario gobierno en el exilio precisamente en España, desde 2003 en manos de Severo Moto. El ejemplo del exilio cubano, particularmente en EE.UU., también es una posibilidad que refleje lo que puede suceder con Guaidó y la oposición venezolana.

Con o sin exilio a la vista, otra expectativa puede anunciarse en este incierto 2021: la posibilidad de un nuevo cambio de dirección dentro de la oposición venezolana, con nuevas figuras que podrían traducir una etapa “post-Guaidó” y “post-Leopoldo López”.

En la órbita de este posible cambio de dirección en las filas opositoras surgen dos líderes ya conocidos: María Corina Machado y el ex candidato Henrique Capriles Radonski. En los últimos meses, ambos han sido fuertes detractores de la estrategia de Guaidó y nunca ocultaron sus intenciones para eventualmente sucederlo. Pero está por ver si sus estrategias serán de aggiornamiento pragmático con el “madurismo” o de apostar por acciones más radicales.

Machado defiende la radicalización en la calle sin negociación con un régimen que califica “usurpador y criminal». Por su parte, Capriles Radonski ya abrió con anterioridad algunas líneas de diálogo con el “madurismo” y parece ser el líder opositor elegido por figuras internacionales, como el Alto Comisionado de Política exterior, Josep Borrell, y del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, a la hora de iniciar una negociación pactada con Maduro.

Toda vez, la dirigencia opositora venezolana se ve igualmente fragmentada al tener a varios de sus representantes en la cárcel como presos políticos del régimen.

A comienzos de 2021, Maduro lanzó una especie de oferta política y electoral en clave de negociación internacional: celebrar unas elecciones regionales “libres y transparentes” para final de año, bajo el formato que exige la comunidad internacional, con tal de obtener el reconocimiento a su mandato hasta 2025. En las filas opositoras, fue precisamente Capriles Radonski el que se lanzó al ruedo prácticamente avalando esta táctica “madurista”.

Toda vez, la posibilidad de ensayo de un gobierno en el exilio, con López y eventualmente Guaidó como principales operadores, repercutirá en el seno interno de la oposición dentro de Venezuela. Está por ver si la unidad opositora seguirá inquebrantable o, más bien, se produciría una posible ruptura entre sectores opositores, tanto en el exilio como en Venezuela, sobre las estrategias a adoptar para salir de Maduro.

Mientras aparecen informaciones sobre presuntas tramas de corrupción en el entorno de Guaidó, la incertidumbre sobre esta nueva etapa gravita en el entorno opositor venezolano. Con un Guaidó visiblemente debilitado, la oposición se expone en este incierto 2021 a perpetuar sus dilemas en cuanto a la posibilidad de un nuevo cambio de liderazgo y de estrategias.

El contexto exterior: esperando a Biden

Finalmente, está la negociación internacional para una salida electoral, pacífica y de consenso en Venezuela. Es el escenario deseado por la mayor parte de la comunidad internacional, en particular la Unión Europea, el Grupo de Lima y muy posiblemente por la próxima administración Biden.

Pero sus posibilidades son escasas, incluso inciertas, toda vez los canales de diálogo entre el “madurismo” y la oposición son prácticamente nulos o, como mucho, testimoniales y se prevé una mayor radicalización del poder absoluto de Maduro.

De hecho, en diciembre pasado, antes de la reciente oferta de elecciones regionales libres a cambio de permanecer en el poder hasta 2025, Maduro reafirmó un reto electoral y político a la oposición: la posibilidad de impulsar un referéndum revocatorio en su contra para 2022, tal y como lo establece la Constitución Bolivariana, cuando se cumpla la mitad de su mandato, iniciado en enero de 2019 pero no reconocido por la mayor parte de la comunidad internacional.

Maduro no parece, por tanto, persuadido a seguir cualquier recomendación de solución electoral alternativa a la crisis política e institucional venezolana que venga desde el exterior. El apoyo de Rusia, Irán y especialmente de Cuba le ha servido a Maduro para sortear el aislamiento internacional sin perder capital político ni realizar concesiones democráticas audaces.

Del mismo modo, la comunidad internacional que reconoce a Guaidó se verá igualmente amortizada tomando en cuenta que el escaso peso político interno de la dirigencia opositora, y el poder de facto en manos del “madurismo”. La presión internacional puede ser intensa, tomando en cuenta la posibilidad de una ampliación de la represión política contra dirigentes opositores y medios de comunicación afines por parte del régimen “madurista”. Pero mucho dependerá también de la debida atención que la administración Biden tenga hacia el dossier venezolano, y cuál será finalmente su estrategia más elaborada.

Pero mucho también dependerá de qué tan relevante seguirá siendo la crisis venezolana para la atención de las principales potencias mundiales, especialmente en un 2021 signado por las vacunas de la pandemia y las consecuencias socioeconómicas de la misma.

Sea como sea, la crisis venezolana dista mucho de albergar alguna solución satisfactoria y de consensos en el plano interno. Dependerá, en gran medida, de la presión internacional ante un régimen “madurista” desacreditado en el exterior pero afianzado de facto en el plano interno.

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE.UU. y América Latina.

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LA ERRADICACIÓN DE LA PESCA ILEGAL EN ALTA MAR PARA CONTROLAR EL ATLÁNTICO SUR Y MALVINAS

César Augusto Lerena*

Cientos de buques, en su mayoría de China, Corea, Taiwán y España, depredan el Atlántico Sudoccidental. Foto: NASA.

¿A quién responde el administrador Favio Cambareri?

Hay entre 350 y 500 buques pescando los recursos migratorios argentinos en forma ilegal dentro o fuera de la Zona Económica Argentina (en adelante ZEE), y ésta debe entenderse como ilegal, ya que pescar sin control de ningún tipo más allá de las 200 millas y depredar los recursos que migran desde la ZEE debe tipificarse de ilegal, ya que se atenta contra la sostenibilidad del ecosistema y contra los Estados ribereños que, como el litoral patagónico, tienen en el recurso pesquero un ingreso fundamental.

Contrario a lo que algunos juristas opinan y muchos funcionarios repiten, de que la pesca en alta mar es libre, absoluta y arbitraria por aplicación de la Parte VII art. 87º y 89º de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (en adelante CONVEMAR) los buques extranjeros que pescan los recursos migratorios originarios de los Estados ribereños más allá de las 200 millas realizan pesca ilegal, conforme argumentos biológicos de sostenibilidad e interrelación de las especies y la interpretación ampliada de la Convención (análisis hermenéutico jurídico y biológico), en especial, teniendo en cuenta el art. 2º inc. c) de la Ley 24.543; el Preámbulo de la Convención y sus art. 55º; 56º, 58º inc. 3, 61º, 62º; 63º inc. 2; 64º; 69º; 70º; 94º; 100º; 101º inc. ii, 117º, 118º y 119º; su relación con los artículos 4º, 5º inc. d, 22º y 23 de la Ley 24.922 y las opiniones de la FAO (FIDI) respecto a que «las poblaciones transzonales son fundamentalmente “residentes” de las ZEE que desbordan unas millas hacia alta mar» (…) La tendencia de acordar con los Estados ribereños se interpreta como el reconocimiento de facto de un derecho privilegiado de éstos» (Munro, 1993; Lerena César A. El desacuerdo pesquero de Nueva York. El control del Estado Ribereño de la Pesca en Alta Mar, 14/01/2019) y, los Códigos de Buenas Prácticas de Pesca Responsable y Sostenible de la FAO, adoptados por la mayoría de los países.

Para ponderar lo que la pesca ilegal significa para la Argentina, aparte de las pérdidas económicas, podríamos sintetizar los daños sociales: esta pesca impide que 6 millones de niños y adolescentes argentinos reciban una ración diaria de proteína los 365 días del año que pondría fin al hambre y la desnutrición. Y de esto, se tendrán que hacerse cargo al fin, los gobernantes algún día. Nos estamos empezando aburrir de que el administrador de este consorcio (el país) no optimice la utilización de nuestros escasos recursos y nos empuje a la pobreza, a la indignidad y a la vergüenza internacional.

Si bien debería ser entendible que países como el nuestro —empobrecidos y con alto nivel de desocupación— estén a la búsqueda de inversiones extranjeras que generen desarrollo y empleo, es inaceptable que, la prestación de servicios que está en condiciones de realizar en forma directa el Estado los concesione a empresas extranjeras que operan sin control y que no solo se apropian de los escasos recursos con que cuenta la nación, sino que carecen de un plan rector nacional y regional, quedando la renta en manos de unas pocas empresas (en su mayoría extranjeras); tal es el caso, de la administración del Río Paraná, del Río de la Plata y del Atlántico Sur. Sus canales, puertos, transportes de mercaderías y explotación de los recursos. Todo está concesionado (privatizado) y, para llegar a ello, se burocratizó al Estado; se lo colocó en el peor grado de ineficiencia; se le quitaron los recursos; la corrupción y las negociaciones incompatibles con la función pública avanzaron y no se privilegia el mérito ni la carrera pública. Pertenecer al Estado es —en muchos países— un orgullo para cualquier persona calificada; lo era también en la Argentina pero desde hace muchísimos años es un refugio para la militancia política sin formación técnica alguna ni preparación en campo de la política y la administración pública.

La concesión de las potencialidades del país, son especialmente ineficientes, salvo para los concesionarios. Surgen de pliegos de licitación amañados que no suelen contemplar ventajas comparativas a las empresas nacionales que se presenten; tienen aportes del Estado, incluso, hasta cuando la prestación de los servicios no son probadamente deficitarios; no contemplan un plan de desarrollo en el sector o región con metas verificables; no se auditan en forma cristalina los procesos, los resultados, ni los pasivos ambientales, etc. Estas licitaciones se presentan con alcance “internacional” como si ello fuera un sinónimo de idoneidad y responsabilidad en la prestación de los servicios y, en realidad, esconden la intención de sacar de juego a los ofertantes nacionales a los que suele descalificar.

Observemos a las empresas que más facturan en la Argentina y veremos que gran parte de ellas viven de los negocios que les provee el Estado, al que califican de bobo, corrupto y deficitario y no debiéramos perder de vista: no hay Estado ni funcionarios corruptos sin la contraparte privada.

Pero vayamos al grano.

Dos ejemplos de llamados a licitación para la concesión de obras y servicios, sin proteger los intereses prioritarios y de desarrollo de la nación y de las provincias son el Decreto 949/2020 de concesión de la administración del Río Paraná (la hidrovía) y la canalización para el acceso a los puertos y el Atlántico Sur y la pretensión de adjudicar a empresas armadoras chinas un Astillero en Comodoro Rivadavia para que preste servicios de reparación a buques que pescan ilegalmente nuestros recursos dentro o fuera de la ZEE que, además, habrá inexorablemente de prestar otras tareas logísticas a su favor y al de otras empresas chinas igualmente ilegales. Ambos casos son un modelo colonizador que nos retrotrae a los siglos XVIII y XIX y deja en evidencia, por un lado, la falta de planificación estratégica nacional y, por el otro, la incapacidad de los funcionarios para administrar el Estado y potenciar la fuerza empresaria y laboral nacional.

¿Puede un subsecretario de Puertos y Vías Navegables o un Ministro de Transportes (Mario Meoni) establecer la política de producción y comercio de las Provincias del litoral y más aún, de la exportación argentina? por el solo hecho de tener una herramienta con la que se comercializan productos por unos 70 mil millones de dólares anuales transportados en unos 4.400 barcos de gran porte en su mayoría extranjeros, que contienen unos cien millones de toneladas de granos y productos del comercio internacional y nacional; se trasladan unos 25 millones de toneladas de cargas de cabotaje; 2 millones de contenedores y centenares de miles de vehículos y personas. Evidentemente NO.

¿Puede un simple Administrador de un Puerto de Comodoro Rivadavia (Favio Rafael Cambareri) establecer la política de administración de los recursos migratorios argentinos en el Atlántico Sur?, un área donde se extraen con buques subsidiados y trabajo esclavo unos cuatro mil millones dólares anuales de pesca ilegal (el doble del total de las exportaciones pesqueras argentinas) que se comercializan en el mismo mercado mundial de los productos argentinos, generando un evidente perjuicio a las empresas pesqueras radicadas en el país; a la sustentabilidad de las economías regionales del litoral marítimo; a la sostenibilidad biológica del ecosistema y que provocan una internacionalización del Atlántico Sur que favorece la presencia del Reino Unido en Malvinas Absolutamente NO.

Avanzaré entonces en lo referido a este incoherente proyecto de adjudicar a empresas chinas el Astillero citado y sobre cómo reducir la pesca ilegal; pesca, que esta insensata adjudicación promovería a niveles insospechados, provocando un daño económico, social y biológico que afectará a la independencia de Argentina y a su soberanía nacional, con una mínima utilidad para la Provincia de Chubut, muy por debajo que las pérdidas directas que ocasionará y absolutamente insignificantes frente al daño económico, social y biológico que he mencionado.

Además de ello, este tema y otros relativos a cuestiones marítimas, fluviales, navales y pesqueros no pueden estar en manos de un mero administrador de un puerto. Éstas se enmarcan en una compleja trama que debería tratarse en forma integrada, escalonada y con un mecanismo de relojería, ya que la Argentina tiene el 52% de su ZEE y los archipiélagos de Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur (en adelante Malvinas) ocupados. Al respecto, la Secretaría de Malvinas (Daniel Filmus) y algunos miembros del Consejo Nacional de Malvinas (Marcelo Kohen y otros) hablan de que el Reino Unido debe descolonizar Malvinas y negociar la soberanía; pero, al margen de que es erróneo creer que “descolonizar” llevaría necesariamente a la Argentina a recuperar el ejercicio pleno de la soberanía insular y marítima (como prescribe la Constitución), por el contrario, las islas descolonizadas podrían quedar integrando parte del Commonwealth y es altamente improbable que si el gobierno no toma una serie de medidas previas de descolonización de la Argentina territorial y marítima (obviamente inversas a darle logística a los buques chinos ilegales) se pueda recuperar el ejercicio pleno de la soberanía en los archipiélagos, las aguas correspondientes y la plataforma continental argentina, que nos disputa y ocupa el Reino Unido.

La Argentina es un país marítimo (su ZEE es más amplia que el territorio continental) pero, la cuestión marítima está sospechosamente ausente entre los argentinos; mientras tanto, distintos intereses, en su mayoría extranjeros, se apropian de estos espacios y recursos, ante la pasividad o la cuestionable acción de muchos de los funcionarios de las áreas pertinentes. El Mar argentino hay que ocuparlo y para ello hay que tomar una serie de medidas que alcanzan a éste, pero también al Río Paraná, el Río de la Plata; a las relaciones con la República del Uruguay y de Chile; a la presencia argentina en la Antártida; el estrecho de Magallanes y a las exploraciones en la plataforma continental en la ZEE o más allá de ésta.

Para ello debe encontrarse la organización del Estado que sintetice la multiplicidad de organismos que duplican sus obligaciones (la Secretaría de Malvinas; la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables; la Subsecretaría de Pesca, la Comisión Administradora del Rio de la Plata, la Comisión Técnica del Frente Marítimo, la Comisión de la Cuenca del Plata, la Empresa Hidrovía Sociedad del Estado y las decenas de administraciones portuarias, etc.) en la que, a modo de accionistas, intervengan las provincias y sea dirigida por hombres probos, que cuiden y desarrollen los intereses nacionales y regionales. Un Ministerio del Mar y de los Recursos Hídricos, que entre otras tareas promueva la explotación de los recursos, la industria y el transporte naval nacional y la administración portuaria. Que lleve adelante en forma directa la canalización y dragados; que encontrarían mayor sentido si se promueve la utilización de la bandera argentina en la flota mercante y fluvial, para lo cual deberían reducirse las asimetrías impositivas, fiscales y laborales respecto a los armadores de otras naciones usuarias de las redes troncales fluviales, que se ponga al servicio de las producciones regionales los puertos y facilite sus exportaciones y el transporte de cabotaje, la construcción naval nacional, se efectué el control de las operaciones de embarque para evitar la exportación de productos nacionales a través de banderas de terceros países que facilitan el contrabando e impiden sincerar el volumen y la facturación de la producción y exportación nacional, etc. La reducción de los costos de los fletes debería ser un motor dinamizador de las producciones y exportaciones del país y, para ello, es fundamental disponer de puertos eficientes y transportes navales nacionales adecuados.

Se debe mejorar también la capacidad y eficiencia portuaria, tanto en el ámbito fluvial como marítimo, ya que es poco probable optimizar los costos y generar nuevos negocios si no se cuenta con los apoyos logísticos adecuados para las operaciones de armado, captura, desembarco, transbordo, transporte, almacenamiento y comercio.

Nada de esto parece preocuparle al Administrador del Puerto de Comodoro Rivadavia Favio Cambareri, quien a la hora de promover la licitación del Astillero manifestó «no importa el origen de los fondos, lo más importante es el plan de inversión que tenga cada oferta» (Revista Puerto, 02/04/2021). ¡Con este criterio Sr. Cambareri, convoquemos también a los narcos a invertir! Me queda claro que para este imbécil (según la definición de la RAE), el fin justifica los medios y para reactivar un astillero, es capaz de convocar a quienes se llevaron ilegalmente desde 1982 a la fecha la friolera de 152 mil millones de dólares en productos pesqueros originarios de la ZEE, con los que se podrían haber ampliado, renovado y modernizado todos los puertos del país.

En la misma declaración Cambareri también nos explica «que dentro de nuestro ordenamiento legal puede ingresar un buque pesquero extranjero, en la medida que no pesque en infracción dentro del Mar Argentino. Normalmente un buque que viene en navegación no está pescando, sobre todo cuando se trata de calamar, porque es un modo de captura que se realiza únicamente con la embarcación detenida (…) que en el Derecho de la Navegación existe lo que se llama paso inocente…». Bueno, Cambareri, hemos criticado reiteradamente que no se debería dar apoyo logístico en puertos uruguayos a cientos de buques que hacen tráfico con Malvinas o capturan en forma ilegal nuestros recursos migratorios del Atlántico Sur. No podemos admitir ahora que eso ocurra en Comodoro Rivadavia. La navegación en el Atlántico Sur, trasladando recursos originarios de la ZEE, sean éstos extraídos en alta mar o en el área de Malvinas debe considerarse “no pacífica”, porque se trata de transportar una pesca ilegal (INDNR), además de un acto de piratería (captura de semovientes originarios de la ZEE) que, en el caso de Malvinas se agrava en perjuicio de Argentina, por incumplimiento del Reino Unido y los buques extranjeros de la Res. 31/49 de las Naciones Unidas. Favio Rafael, lo que Ud. refiere sería como creer que a un ladrón sólo lo deberíamos considerar como tal si lo agarramos con las manos en la masa. Su planteo simplista y mercantilista, lesiona los derechos e intereses nacionales. La Argentina y el mundo quieren que se vayan. Aún sin ayudarlos tal vez no se vayan más. Si usted los ayuda, jamás podremos eliminar la pesca ilegal.

¿Tiene en claro Cambareri, sus limitadas atribuciones y las obligaciones inherentes al cargo de administrador de un puerto? A las que, usted además le agrega (aunque no les haga ningún favor) el de vicepresidente del Consejo Portuario Argentino. ¿Tiene idea de la magnitud del daño que podría provocar a la ecología del recurso y a la actividad pesquera (en especial la potera) la insensata apertura del puerto a los buques chinos que pescan ilegalmente los recursos migratorios argentinos? Sería bastante más adecuado que trabaje para hacer más eficiente y efectivo el puerto a su cargo, ayudando a modificar la matriz del transporte patagónico, que se realiza mayoritariamente por vía terrestre con evidente encarecimiento de los fletes, el deterioro de rutas y del medio ambiente. Que tal, si desde su posición le da competitividad al puerto que en la actualidad (2020) ocupa el último puesto de desembarcos pesqueros nacionales de merluza (4,8%), langostino (2,54%) y calamar (0,002%) y se pone a colaborar con la industria para que su puerto se posicione como exportador de productos de alto valor agregado. Y por cierto, por qué no se asegura de aplicar los procedimientos de prevención sanitaria necesarios para evitar que usuarios y trabajadores no contraigan el COVID-19.

Es sabido que entre 350 y 500 buques pesqueros y de apoyo logístico (petroleros y mercantes), subsidiados y con trabajo esclavo, se apropian de los recursos migratorios originarios de la ZEE en alta mar y en el área de Malvinas, extrayendo un volumen que asciende al millón de toneladas anuales con un valor estimado del orden los cuatro mil millones de dólares, con la consiguiente ruptura del ecosistema biológico argentino; la competencia desleal en el mercado internacional; la apropiación del trabajo regional y desarrollo de los pueblos del litoral marítimo patagónico.

Ya me referí a varios proyectos de base para reducir la pesca ilegal; entre otros promover un Protocolo Adicional Mercado Común Pesquero (MERCOPES); un Acuerdo de Complementación del Tratado de Paz con Chile respecto a la cooperación en el Canal del Beagle y el control del corredor bioceánico Atlántico-Pacífico; perfeccionar el pre-Acuerdo con la Unión Europea (U.E.), en al menos tres líneas: a) acordar la certificación argentina de origen de las materias primas extraídas de las áreas FAO 41 y 48 (El Atlántico sur-sur); b) acelerar el ingreso de productos finales (con valor agregado) libres de aranceles a la U.E. y, c) mientras ello no ocurra, darle el mismo tratamiento arancelario que a Argentina a todas las materias primas capturadas en el Atlántico Sudoccidental dentro o fuera de la Z.E.E. Argentina; establecer Áreas Marítimas Protegidas (AMP) en las 1.639.900 Km2 que ocupa en forma prepotente el Reino Unido en el Atlántico Sudoccidental y en el área adyacente a Malvinas donde migran especies originarias de la ZEE que luego son capturadas por buques extranjeros, fundado, en que la falta de control de Argentina en esos espacios marítimos impide controlar las extracciones, descartes y otras prácticas ilegales, que depredándose los recursos, comprometen todo ecosistema del Atlántico Sur; Declaración de delito penal a la pesca ilegal (Todos mis proyectos en poder la Cancillería Argentina).

Con el apoyo de las medidas precedentes hay que convocar a la flota nacional y extranjera a la pesca en alta mar, para contraponerse a la pesca ilegal. Por ello y con fundamento en las previsiones de la CONVEMAR, de que los Estados de Bandera y los Ribereños deben acordar la captura en la Alta Mar; constituyéndose estos últimos en administradores; además, de no crear las OROP (Organización Regional de Ordenamiento Pesquero), que dejarían a la Argentina y a Uruguay en inferioridad de condiciones para administrar el ecosistema pesquero del Atlántico Sur; estimo necesario, llamar a Concurso para adjudicar las capturas en la Alta Mar y al respecto promuevo:

  1. El Concurso. El Estado Argentino en base a lo previsto en la CONVEMAR y la Ley 24.922 debe constituirse en Estado Ribereño Administrador de los recursos migratorios originarios de la ZEE Argentina y asociados en la alta mar y, hacer un llamado público a empresas nacionales y extranjeras interesadas en su explotación en la alta mar, en base a un pliego de condiciones.
  2. Las limitaciones. Entendiendo que en la actualidad los buques extranjeros pescan sin control alguno en la alta mar y, de igual modo, lo hacen con licencias ilegales otorgadas por el Reino Unido, se tratará de acordar en la mejor forma posible para asegurar la aceptación de las condiciones, salvo que no podrán participar —conforme la ley 26.386— del 19/06/2008 los buques de aquellas nacionalidades que al momento del llamado pesquen con licencia británica en el área de Malvinas de la ZEE Argentina.
  3. Sanciones. Los buques que adhieran al régimen se ajustarán a la legislación argentina y ello supone, entre otras exigencias, la de llevar a bordo observadores, no efectuar trasbordos en la Alta Mar y hacerlo en puertos argentinos, ajustándose a las prohibiciones, infracciones, sanciones y otras de la Ley 24.922.
  4. El rendimiento Máximo Sostenible. Las empresas interesadas aceptarán las épocas de pesca y cuotas de captura otorgadas por la Autoridad de Aplicación en función del RMS del ecosistema global establecido por el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero.
  5. Derechos e impuestos. Tanto las embarcaciones nacionales como extranjeras habilitadas dispondrán del Permiso correspondiente y no pagarán derecho alguno de captura, impuestos internos ni de exportación desde la Argentina sobre las extracciones efectuadas en la alta mar. Accesoriamente y para equiparar su actividad a la de los buques extranjeros, los buques nacionales que extraigan los recursos en la alta mar no pagarán impuesto alguno al gasoil. Es un absurdo la vigencia del art. 23º de la Ley 24.922 que exige el otorgamiento de permisos de pesca de gran altura a buques nacionales para pescar en la alta mar, debiendo pagar derechos a la captura. El gobierno debe eximir ya el pago de todo impuesto o pago derecho a esta pesca.
  6. Seguridad, Depredación y Contaminación. La flota naval y aérea de la Armada Argentina en colaboración con la Prefectura Naval asegurará el cumplimiento de la legislación argentina por parte de los buques y, en especial, que los extranjeros no pesquen dentro de la ZZE Argentina, no efectúen transbordos en la alta mar, se ajusten a las cuotas otorgadas y no depreden ni contaminen el mar.
  7. La Zona Común de Pesca. La Argentina acordará con Uruguay las capturas en la alta mar lindera a la Zona Común de Pesca con Uruguay.
  8. Otras bases del pliego de condiciones. Se omiten algunas cuestiones por razones de reserva y en la revisión de las presentes cláusulas o el agregado de otras debiera participar el sector empresario y gremial, para asegurar que las operaciones derivadas de la captura y transporte en alta mar no interfieran con las operaciones de los buques pesqueros que capturen en la ZEE Argentina.

Un Estado sin pesca, nada puede sobre la Mar (Manuel Belgrano).

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Provincia de Corrientes). Ex Profesor Universidad UNNE y FASTA. Asesor en el Senado de la Nación. Doctor en Ciencias. Consultor, Escritor, autor de 24 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de Entrega”) y articulista de la especialidad.

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EL ENCUADRAMIENTO GEOPOLÍTICO INTERNACIONAL DE LA ACTUAL SITUACIÓN ESTRATÉGICA ARGENTINA

Grl Heriberto Justo Auel*

“La Geopolítica clásica proporciona una serie de análisis y reflexiones que en muchas ocasiones quedan olvidadas, como ideas del pasado, sin valor en el mundo de hoy”.

Pedro Sánchez Herráez[1]

 

  1. La restauración del conflicto entre talasocracias[2] telurocracias[3].
  2. La “anilla externa” del “rimland”.
  3. El despliegue chino en la disputa por la hegemonía mundial.
    • Europa del Este en el “rimland” y la frágil Unión Europea.
    • China y la contrarrevolución iberoamericana en la “anilla externa”.

 

1. La restauración del conflicto entre talasocracias vs. telurocracias.

Si bien los temas geopolíticos y estratégicos no tienen tratamiento público en la comunicación social diaria en nuestro país, tampoco lo encontramos en publicaciones académicas, ya fueren de carácter político o sociológico. Así es como, de las graves crisis sociopolíticas centrales que somatizamos en la región, solo tenemos un conocimiento “light”, superficial y anecdótico, en los que se soslaya lo esencial.

Es imposible que esta comunicación polemológica provenga del Estado Nacional —aunque este tiene como responsabilidad primaria la Seguridad Estratégica—, pues los simpatizantes de la “revolución neo-marxista” —que consciente o inconscientemente abundan en nuestra dirigencia política— lograron impedirlo por Ley —hace décadas— a través de las perversas e inconstitucionales leyes de Defensa Nacional y Seguridad Interior.

Con la finalidad de cubrir parcialmente esas ausencias, publicamos —en el año 2005— el ensayo “El Océano Político” y en el 2011 lo actualizamos bajo el título “La Actualidad de ‘La Tesis’ sobre el Océano Político”[iv], toda vez que compartimos totalmente el concepto del Dr. Pedro Sánchez Herráez que encabeza a este trabajo. El intelectual español lo hace motivado —seguramente— por su observación del ámbito europeo que ha influido significativamente en nuestro ambiente universitario, arrasado desde hace décadas por las ideologías totalitarias de aquel origen. Los clásicos están ausentes en el mundo posmoderno de currículas y profesores intrascendentes.

Decíamos ayer que “una de las características de la presente ´globalización planetaria’ —en la que ‘todos somos vecinos’— es la importancia que ha cobrado —en el diseño de nuestro futuro— la comprensión de la compleja circunstancia internacional, aún de aquella que en el pasado considerábamos irrelevante, por remota”.

Como lo expresa el título de este ensayo, deseamos darle a nuestra —ignorada— situación estratégica-revolucionaria un “encuadramiento geopolítico internacional”. Sin él no tendríamos la visión holística que exige el inédito y grave conflicto que enfrentamos los iberoamericanos. Es la única vía que nos permitirá lograr su resolución definitiva.

Finalizada la esquemática bipolaridad —en 1991— emergieron en el escenario internacional los actores “no estatales” —2001— que, aparentemente, daban fin a las “disputas clásicas” entre potencias e impulsaban serias confusiones teóricas. Simultáneamente Putin apareció en el escenario mundial con un neozarismo expansivo, China inicia su despegue —que la posicionó en el 2011 como la segunda economía mundial— y Turquía muestra sus afanes agresivos, que evidencian las debilidades de la UE.

Gran parte de Iberoamérica fue “ocupada” por gobiernos adheridos al Foro de San Pablo —FSP—, sostenido en aquel momento por los petro y narco dólares del “chavismo” y somatiza —aun hoy— los efectos de un renovado castro-comunismo.

Estos procesos de reacomodamientos geopolíticos en una situación internacional “líquida” —aún en curso— volvieron a despertar conflictos históricos —que permanecían adormecidos— entre las telurocracias y talasocracias. El acceso a los Océanos por parte de las potencias netamente terrestres dio siempre motivo —en la polemología clásica— a hechos históricos de trascendencia universal, que retienen importancia.

el sistema político que basa su poderío en el control de los mares.

Al alcanzar este punto de nuestro ensayo, deseamos recomendar a nuestros lectores repasar el ensayo “La Actualidad de ‘La Tesis’ sobre el Océano Político”. Abreviaríamos así la necesidad de desarrollar aquí —nuevamente— la Doctrina McKinder y en particular su Corolario Spykman. Ambas dieron lugar al mapa precedente.

2. La “anilla externa” del “rimland”.

Jinping ha exhortado recientemente a sus FF.AA. —de las que es Cte. en Jefe— a “mantenerse en alistamiento para el combate”. El Secretario de Estado Antony Blinken le respondió que ante cualquier acto de fuerza, la respuesta de EE.UU. será masiva. Biden y Putin intercambiaron misiles verbales inesperados y el 23 de marzo de 2021 —en Infobae— el Embajador García Moritán publicó: “EE.UU., dispuesto a enfrentar a China y a Rusia en simultáneo”. Boris Johnson teniendo muy en cuenta —probablemente— a la “Guerra del Opio”, aumentó en un 40% el presupuesto del arsenal nuclear británico.

El “área pivote” se encuentra cercada por una “anilla próxima” de tierras y aguas cercanas, que a su vez están rodeadas por otra “anilla externa” —como se observa en el mapa al pie—, en este caso de aguas y tierras “insulares” en donde se sitúa nuestra Iberoamérica, hoy bajo contraofensiva revolucionaria del FSP, desde julio de 2019.

Nicholas John Spykman —1893/1943— periodista y profesor estadounidense fue quien estableció en su obra “La Geografía de la Paz” —publicada en 1944 después de su fallecimiento— el concepto de “rimland”, complementario a la doctrina McKinder.

Señalaba en su libro el alto significado del “anillo marginal”, “zona de circunvalación” o “shatterbelt”[5] que rodeaban a la masa territorial en la que se aposentaba “la esencia del poder mundial”, que permitiría la supremacía mundial. Según el profesor americano, quien controla el “rimland” mantendría aislada y sin posibilidad de expansión a la potencia que dominara a la “Tierra Corazón”.

Como puede observarse la Rusia de Putin y gran parte de la China de Xi se encuentran en el “área pivote o heartland”. Debemos considerar su renovada importancia y también su posición relativa. Desde allí parten las señales y acciones que han recalentado la actual situación estratégica mundial, influenciada por la pandemia del Covid-19.

Si en 1945 la dimensión aérea —vertical— dio lugar al “corolario Spykman”, la nueva dimensión espacial da lugar —en nuestros días— a la silenciosa importancia de la “anilla externa”, que abarca a las Américas.

La clave —para Spykman— no era la posesión de la “Isla Mundial”, sino el control del “rimland” que la cercaba. El “oso ruso”, cercado por la “estrategia de la contención” en los años ´50 y ´60, “saltó” por sobre el cerco —para expandir el comunismo en los años subsiguientes— y así negar recursos a la alianza occidental.

Para ello quebró con sus blindados los compromisos de Potsdam y Yalta e impulsó guerras no convencionales a través del terrorismo revolucionario, en todo el Hemisferio Sur —en la “anilla externa”—.

Con la “Declaración Truman” —1947— se inició una nueva guerra mundial —la Guerra Fría—. EE.UU. lanzó el “Plan Marshall” para Europa y Japón, estableció numerosas bases aéreas y navales en el “rimland” y se vio forzado —para sostener la “contención”— a enfrentar las guerras de Corea —1950—, Vietnam —1955— y Afganistán —1979—.

En 1949 Mao toma el poder en China. Surge un nuevo “rival” para Occidente dentro del “rimland”. Es el que hoy sugiere la probabilidad de una “nueva guerra fría” y nos hace pensar que la “contención” ya no puede quedar hoy en manos de una sola potencia, aunque militarmente fuere la “primum inter pares” y que el “corolario Spykman” —la mera ocupación geográfica del “rimland”— está totalmente superada. La estrategia china es de otra naturaleza y es imprescindible entenderlo. No le preocupa la confrontación de las “autocracias Vs. democracias” —como a Biden—. Centralmente le preocupa y ocupa el poder imperial chino en ascenso.

La evolución de la civilización posindustrial —y la consecuente aceleración en la innovación tecnológica— ha afectado a la antigua valorización del “rimland”. Uno de sus factores, que obliga al replanteo de bloques y alianzas, es el de la energía. El paso de las “arterias del planeta” que llevan los hidrocarburos rusos —verdadero “maná” para el Kremlin— a través del “rimland” a espacios fuera del control de Putin, origina aproximaciones pragmáticas entre viejos rivales.

Tales son los casos de Rusia, Turquía o Irán, potencias intermedias que obstaculizan la presencia de Occidente en la línea de borde con Oriente y muestran belicosidad, sin pudor alguno ante Israel, avanzada Occidental en el Gran Medio Oriente.

El imperio soviético —implosionado en 1989/1991— cedió de hecho —gradualmente— el bastón imperial a la China post-Mao —un comunismo con “capitalismo de Estado”— dentro de la “Isla Mundial”. La expansión estratégica del comunismo estalinista —desde aquel momento— cambió de impronta ante un Occidente en crisis de identidad. A Clausewitz lo reemplazó Sun Tzu y emergió un innovado comunismo chino, escasamente asimilado aún en nuestro hemisferio.

Históricamente Rusia demostró una alta hipersensibilidad en la seguridad de sus fronteras y buscó —sin pausa— sus “glacis estratégicos”[6]. Es por ello que Putin inaugura las Guerras de Séptima Generación[7] en Ucrania y ocupa Crimea y el Puerto de Sebastopol, sobre el Mar Negro, base principal de su Armada.

Xi se aproximó a Moscú —interesado en su arsenal— y con ello a la “alianza invencible” planteada por el Cap Haushofer en su “Tesis” ciertamente más fuerte que la de Xi—[8]. Sigilosamente —desde el 2011— con estrategias indirectas y “zonas grises”[9] China se posiciona en el “anillo exterior” a modo de “contra cerco” sobre el Occidente talasocrático, desplegando su nueva capacidad expansiva en Iberoamérica, África, Australia y también en su vecindario limítrofe —en el “anillo interior”.

En la Argentina está presente con finanzas, bancos, puertos, ferrocarriles[10], producción de alimentos, minería, etc. Cuenta con una base estratégica espacial en la Bajada del Agrio y ha ingresado a espacios culturales en las principales universidades nacionales[11].

En el pico de la pandemia, el retardo de Xi en la entrega de la vacuna Sinopharm a Buenos Aires ha provocado variados supuestos acerca de promesas KK incumplidas. Cuenta en el gobierno —desde el 2020— con figuras que llenan el rol de Rasputín ante la zarina: el “Chino” Carlos Zannini, —profundo lector de los “Cinco Escritos Militares de Mao”[12] y el “Perro” Verbitstky, leal seguidor de la doctrina estratégica de Sun Tzu. Ambos, factores operativos centrales de Ella. La oposición demuestra un total desconocimiento de las maniobras estratégicas en curso. Su lectura de la situación es totalmente superficial.

3. El despliegue chino en la disputa por la hegemonía mundial.

China ha superado su categoría de potencia “emergente”. Continúa participando en las cumbres de los BRICS —la última en noviembre de 2019— por variadas conveniencias. Pero hace diez años —2011— alcanzó el rango de segunda economía mundial y la pandemia la impulsa a ocupar el primer lugar. Ha emergido. Xi ha logrado que se le autorice permanecer en el cargo sin límites de tiempo y el PCCh celebra este año su primer centenario.

En septiembre de 2013, Xi visitó Kazajistán, dentro del “rimland”, en Asia Central. Lanzó desde allí “La Ruta de la Seda Continental” y treinta días después lo hizo con la “Ruta de la Seda Marítima”, ambas proyectadas hacia a todo el planeta. El objetivo declarado por Beijing es el de “crear una esfera de prosperidad compartida” incrementando las posibilidades de movilidad e interconexión. Como puede observarse en el mapa al pie, se circunvala la “tierra corazón” y la ruta se desplaza a lo largo de todo el “rimland”. Xi ha expresado su intención de abrir otro gran eje por el Norte, cabalgando al Transiberiano. Putin no lo acompaña en la iniciativa, pero deja hacer.

Esta “agresividad” expansiva de China afecta la sensibilidad rusa en su glacis estratégico de seguridad, sobre el que retiene “un interés privilegiado”. El despertar del Dragón perturba al Oso —que añora tiempos pretéritos—. Así ocurre en Bielorrusia y los Balcanes Europeos. Es muy probable que este conflicto se haga público cuando Xi plantee la “Ruta de la Seda Polar”. Putin se sentirá afectado por su “aliado” pues hace tiempo los rusos la transitan y exploran. El deshielo provocado por el “cambio climático” ha despertado la búsqueda de recursos en el desierto blanco del Norte.

A la “tierra corazón” se le está abriendo el flanco Norte, hasta hace poco tiempo asegurado por los hielos y Moscú lo somatiza, más aún cuando en la vecindad se extiende la inmensa Siberia anaecuménica, con sus yacimientos de hidrocarburos, tan necesarios para Beijing.

Ambas iniciativas —terrestre y marítima— con sus monumentales infraestructuras, parques empresariales, áreas logísticas, puertos, aeropuertos, oleoductos, líneas de comunicaciones, etc., están afectando —a las comunidades que atraviesan— en su calidad de vida, tradiciones y desarrollos sociales. La televisión alemana nos ha hecho conocer en detalle —recientemente— el avance admirable de ambas rutas y sus inconvenientes, que hasta el momento fueron superados de la mano de la “diplomacia de las mascarillas” o de las “vacunas contra el Covid-19”.

La iniciativa de las “Rutas de la Seda” evidencia la actitud estratégica ofensiva de China —desde el 2013— que abarca a todo el “rimland” por tierra y mar, la zona Ártica y el eje de la “tierra corazón”. Esta maniobra decidida y coordinada alertó no solo a Putin, sino también a la OTAN.

El sistema de poder chino no diferencia al sector político del militar, en el alto nivel. De allí que la enorme infraestructura en marcha abarca —de hecho— también a la seguridad de Occidente. Bruselas —hasta el 2010— no había previsto la rivalidad entre las grandes potencias. Actualmente desarrolla nuevos enfoques —fundados en las “zonas grises” y “guerras híbridas”— como ya lo hemos tratado en los recientes ensayos del IEEBA[13].

EE.UU. ha concentrado su Política Exterior y de Defensa en el atropello a los Derechos Humanos de Beijing sobre la minoría de los uigures. China está haciendo una limpieza étnica de esta minoría musulmana en la región de Xinjiang. Dos millones de personas han sufrido allí un intenso adoctrinamiento político, trabajos forzados, torturas y abusos sexuales en un área estratégica sensible, que demuestra la caracterización del tipo de gobierno de Xi.

  • Europa del Este en el “rimland” y la frágil Unión Europea.

Europa del Este fue uno de los epicentros de las últimas guerras mundiales y es la puerta de ingreso a la “tierra corazón”. Recientemente —a esta región— se le ha llamado “Plataforma 17 + 1” —que incluye a Europa del Este, los Balcanes y los países bálticos + China—, reunidos en un marco de cooperación económica, comercial y de desarrollo de infraestructuras. 

La UE retiene una actitud estratégica pasiva, resultado de su larga caída cultural y política en el mundo de la posguerra fría, convulsionada por imponderables conflictos y reacomodamientos geopolíticos. Su debilidad y sus contradicciones la incapacitan para tomar posiciones firmes en las nuevas disputas y aún en la defensa de sus valores históricos, como lo son la democracia y la libertad.

Ello queda en evidencia cuando países del Este o del Grupo de Visegrado[14] hacen oídos sordos a pautas y normas dictadas por Bruselas, que la “diplomacia de la vacuna” rusa ha hecho más ostensible. La vacuna rusa es estatal. Es el gobierno quien elige a quien vende o no vende. Los millones de vacunas orientadas a los espacios externos de interés geopolítico de Moscú fueron cuestionados en Bruselas por el hecho de que no estaba aprobada por la Agencia Europea del Medicamento.

A la vacuna se la consideró —en la OTAN— como un instrumento de la guerra híbrida y si en Buenos Aires no ocurrió algo homólogo —en el ámbito de la dirigencia— fue porque se ignora totalmente la situación estratégica global y aún a la propia[15].

Hay una nueva lucha por el control del “rimland”, pero a los actores del pasado ahora se agrega China, que lo hace en la búsqueda de su primacía mundial. Rusia también aspira mejorar allí su estatus y Turquía pretende disputarle a Irán la hegemonía en el Gran Medio Oriente que ostenta Israel, aliado de Occidente.

  • China y la contrarrevolución iberoamericana en la “anilla externa”.

China tiene 1400 millones de habitantes. El doble que Iberoamérica y más de cuatro veces la población de EE.UU. Ergo, su necesidad de materias primas es inmensa. Necesita hidrocarburos, minerales y alimentos. Solo el 13% de su superficie es cultivable y no ha logrado detener el proceso de desertificación de su suelo. Desde el momento en que cambió su modelo económico empezó a alimentar a su enorme población y se convirtió en un poderoso importador de alimentos e insumos. Ello repercutió fuertemente en nuestra región.

Actualmente China se ha convertido en una potencia exportadora, importadora y poderosa agencia financiera para Iberoamérica, en donde doce mil empresas chinas han invertido en los más diversos frentes de producción. La consolidación de su influencia política está directamente relacionada con la utilidad que le representan los votos de la región en la OMC y otros organismos multilaterales.

Con una estrategia indirecta —progresivamente— ocupa espacios llaves en la “anilla exterior” a través de una maniobra planetaria, que la posiciona como gran potencia.

La “revolución socialista iberoamericana” se ha enancado en dicha maniobra y Beijing, apelando a su milenaria cultura la explota, pero no se compromete. ¿Hasta dónde llegará la hipócrita intencionalidad de los KK? Acaban de situar al lado del sillón de Xi a un chinólogo, “embajador especializado”, formado en su niñez en La Habana.

La práctica negociadora china —exclusivamente mercantilista— ignora aquellas acciones violatorias del Derecho Internacional o de los Derechos Humanos de sus contrapartes. Tal ha sido el caso de su relación con Chávez y Maduro. Hoy Venezuela debe 60.000 millones de dólares a Xi y por ello se hizo cargo de PDVSA, para cobrar las acreencias de los últimos veinte años. Ese desembarco se está desarrollando en conjunto con el aliado ruso, que tiene allí intereses y tropas que acompañan a las cubanas, establecidas en Caracas hace años.

En la Argentina el encubierto gobierno de Ella está demoliendo lo que queda de la economía “de mercado”. Es condición necesaria para dar “el salto de garrocha” —que venimos anticipando en los últimos meses— y así legitimar el desembarque chino en nuestro país —sumido en un caos provocado—, para pasar —sigilosamente— a la órbita imperial de Beijing y al “capitalismo de Estado”, redentor de la Argentina Nac&Pop, que estrenaría simultáneamente una nueva Constitución Nacional, hecha a medida.

Es la fórmula que anticipan los enérgicos últimos discursos de Ella —que ignoran a Tartufo— y los hechos —dosificados— que ejecutan los alfiles alquilados. El nombramiento del nuevo ministro de Justicia es sumamente elocuente, frente a las eventualidades inmediatas.

Mientras tanto y navegando en superficie, la oposición sigue descansando y ejercita el diálogo. Vive en un aletargado período sabático, plagado de anécdotas televisivas.

El cambio de sistema es la maniobra central —y única— que persigue el “gobierno de científicos”, conducido desde el “Instituto Patria”. Ello explica lo inentendible: la más absoluta ineficiencia y pasividad en todos los frentes del gobierno de Tartufo. El cambio de Constitución, un nuevo alineamiento regional con las autocracias y el cambio de inserción internacional, encubren la absolución de Ella y su encumbramiento histórico: la heroína que logró —luego de setenta años de luchas revolucionarias— los fines últimos de la Revolución Socialista Iberoamericana.

Se consagraría así el encuentro combinado de la compleja contraofensiva revolucionaria local —encubierta por los kk— con la maniobra exterior —planetaria— de la super potencia “in partibus”.

Pero, la salida de la zona de seguridad de Occidente no será fácil ni gratuita. Un Lula políticamente rehabilitado les será imprescindible. Y el FSP deberá garantizar la contención de la reacción de los pueblos, que por el momento parece imposible.

El posicionamiento internacional de Xi —en toda la “anilla exterior”— prevé acuerdos en infraestructura, energía, minería, transporte y exportaciones de alimentos. En la Argentina el acuerdo porcino y la construcción de la central Nuclear IV en Campana son los dos más importantes. Contemplan inversiones por 30 mil millones de dólares.

Además de lo invertido por Beijing en nuestra Patria en las últimas décadas, BAE Negocios nos hace saber que el gobierno “en una videoconferencia con la ‘Academia China de Ciencias Sociales’ realizada la semana pasada —19/23 de marzo de 2021— manifestó que “hay más de 20 proyectos relacionados con la energía y la infraestructura que se están negociando” con China. Con una economía golpeada por el coronavirus, Alberto Fernández busca aumentar la cooperación con el país gobernado por Xi Jinping, en una unión similar a la ‘alianza estratégica integral´ que sellaron Argentina y China durante el gobierno de Cristina Kirchner”.

Tartufo prevé visitar China en mayo para firmar los acuerdos bilaterales más importantes. Ambos países se encuentran en plenas negociaciones a cargo del secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Beliz; el Ministro de Economía Martín Guzmán, Matías Kulfas y el nuevo embajador argentino en China, el cuasi cubano Sabino Vaca Narvaja. ¿Lo logrará? Como ya hemos dicho, Xi es mercantilista y autócrata, necesita posicionarse en la “anilla externa” pero no cruzará la línea roja de la “zona gris”.

Según El Cronista el gobierno avanzaría con un total de 15 planes que significarían un desembolso de US$ 30.000 millones por parte de Beijing, entre los que se encuentran la rehabilitación del sistema Ferroviario San Martin; mejoras en la línea del FC Roca, obras de infraestructura en el sistema del Mitre y del Urquiza y la interconexión con los FC chilenos en la Patagonia. Proyectos que China necesita para sus importaciones.

El conocido y debatido proyecto de granjas porcinas inteligentes es resistido por la Unión Vegana Argentina y organizaciones medioambientales por sus consecuencias en el ecosistema. Prevé que la producción de carne aumente en más de 800.000 toneladas, gracias a inversiones que rondarían los US$ 3.800 millones. Todo esto significaría nuevas exportaciones por unos US$ 2.500 millones, para una población china que evoluciona socialmente.

Según El Cronista, China tiene entre sus planes de inversión en Argentina los siguientes proyectos:

    • Construcción de la planta Hidroeléctrica El Tambolar y la de Chihuido en Neuquén y la hidroeléctrica Potrero del Clavillo en Catamarca/Tucumán.
    • Instalación de una estación de Energía Fotovoltaica de Jujuy Cauchari que podría convertirse en el más grande de Sudamérica en su tipo, incluye más de 1.180.000 paneles solares ubicados a 4.020 mts. sobre el nivel del mar, construido por Power China y Shanghái Electric.
    • Inversión en el Parque Eólico «Cerro Arauco» de La Rioja y la estación Hidroeléctrica «Los Blancos».
    • Dragado del Río El Salado.
    • La transmisión eléctrica del complejo Hidroeléctrico Cóndor Cliff-La Barrancosa.
    • Acuerdos para la construcción del Polo Energético Zárate (Gas) y desarrollo de gasoductos en Vaca Muerta.
    • Vaca Muerta es otro de los proyectos que China busca potenciar.

A futuro, también tiene en carpeta los siguientes proyectos:

    • Realización de un acueducto y plantas potabilizadoras.
    • Remodelación del puente Chaco-Corrientes y Corredores Viales.
    • Desarrollo de un polo logístico de envergadura en Tierra del Fuego.

Por último, Xi Jinping sueña con cerrar la llegada de la tecnología 5G a Argentina de la mano de Huawei y de esta manera competir con EE.UU. por las telecomunicaciones, elemento central en las guerras de 7ma. generación.

La acelerada caída del gobierno de Tartufo —desde la salida del Gabinete de la Dra. Losardo— ha prendido las luces rojas y las máscaras caen, una a una, difuminando a los restos del relato. ¿Y si los chinos no atendieran el teléfono? La Sinopharm muestra interferencias en las líneas. ¿Queda tiempo? …, ¿Hay resto?… ¡¿Hay plan B?!… Es para ello que se ha nombrado un “talibán” en Justicia… Macri —preventivamente— desenvainó y se plantó en la palestra… Las definiciones están a la vista.

Por todo ello entendemos que llegó la hora —para que los argentinos libres— reflexionen a la luz de la sentencia del acápite:

“La Geopolítica clásica proporciona una serie de análisis y reflexiones que en muchas ocasiones quedan olvidadas, como ideas del pasado, sin valor en el mundo de hoy”.

 

* Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército Uruguayo. Ha cursado las licenciaturas de Ciencias Políticas, de Administración, la licenciatura y el doctorado en Relaciones Internacionales. Se ha desempeñado como Observador Militar de la ONU en la Línea del Cese de Fuego del Canal de Suez.

Se ha desempeñado como Profesor Titular de Polemología, Estrategia Contemporánea y Geopolítica, en Institutos Militares Superiores y en Universidades Públicas y Privadas. Ha sido conferencista invitado en el país y en el exterior. Ha publicado numerosos artículos sobre su especialidad y cinco libros acerca de la evolución de la situación internacional en la posguerra fría. Actualmente se desempeña como: Presidente del “Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires” (IEEBA), Presidente de la “Academia Argentina de Asuntos Internacionales” (AAAI) y Director del “Instituto de Polemología y Estrategia Contemporánea” (IPEC), de la Universidad Católica de la Plata (UCALP). Es miembro activo de la Asociación Argentina de Derecho Internacional y miembro Honorario del Instituto de Teoría del Estado.

 

Referencias

[1] P. Sánchez Herráez. “Siglo XXI: ¿el retorno a la lucha por el Rimland? Boletín Electrónico del IEEE. 17/03/2021. www.ieee.es.

[2] Talasocracias: Se refiere al dominio imperial o a la potestad que se ejerce sobre los océanos. El concepto también corresponde el sistema político que basa su poderío en el control de los mares.

[3] Telurocracias: Son aquellos imperios continentales en los que su fuerza depende del control del territorio. Surgen de países que por su naturaleza geográfica tienen necesariamente vocación terrestre. Es decir, países con mucho territorio continental.

[4] H. J. Auel. “La Actualidad de ‘La Tesis’ sobre el Océano Político”. IEEBA, septiembre de 2011. www.ieeba.org.ar.

[5] Shatterbelt: Se dice de una región atrapada entre fuerzas políticas y culturales externas en colisión, bajo una tensión persistente y a menudo fragmentada por rivales agresivos.

[6] Glacis: Espacio geográfico de seguridad en las líneas de borde imperiales.

[7] H. J. Auel. “La amenaza híbrida en la Quinta Campaña”. IEEBA, julio de 2020, www.ieeba.org.ar.

[8] H. J. Auel. “La Actualidad de ‘La Tesis’ sobre el Océano Político”. IEEBA, septiembre de 2011. www.ieeba.org.ar.

[9] H. J. Auel. “La amenaza híbrida en la Quinta Campaña”. IEEBA, julio de 2020, www.ieeba.org.ar

[10] “Proyectos Ferroviarios respaldados por China cobran impulso en Chile y Argentina”. MercoPress, 25/03/2021, https://es.mercopress.com/rs

[11] H. J. Auel. “La amenaza híbrida en la Quinta Campaña”. IEEBA, julio de 2020, www.ieeba.org.ar.

[12] Los Cinco Escritos Militares de Mao.  Obra escrita por Mao Tse-tung para sintetizar las experiencias de la Segunda Guerra Civil Revolucionaria y dada a conocer en una serie de conferencias en la Academia del Ejército Rojo, en el Norte de Shensí. De vasta difusión en Occidente.

[13] H. J. Auel. “La amenaza híbrida en la Quinta Campaña”. IEEBA, julio de 2020, www.ieeba.org.ar.

[14] Grupo de Visegrado:  El Grupo de Visegrado —también conocido como V4— es el nombre que recibe la alianza política y cultural formada por cuatro países de Europa Central que comparten raíces, valores culturales e intereses: Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, todos miembros de la OTAN y de la Unión Europea.

[15] H. J. Auel. “La Geopolítica del “virus chino”. IEEBA, mayo de 2020, www.ieeba.org.ar.

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