Archivo de la etiqueta: Estados Unidos – Rusia – China – Globalismo

EL MARCO 17 + 1 ENTRE CHINA Y EUROPA

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de David Yu en Pixabay

En marzo de 2019, el primer ministro chino Li Keqiang hizo un largo viaje a Europa del Este.

La referencia para ese viaje, llena de reuniones bilaterales, fue la que se encuentra en la Declaración Conjunta de la Cumbre UE-China del 9 de abril de 2019.

Un documento en el que, como es habitual, se señalan algunos puntos clave: en primer lugar, la Asociación Estratégica Integral, que reafirma el multilateralismo estratégico mundial, así como el “desarrollo sostenible” —lo que queramos decir con este término—, pero en el que, sin embargo, la UE reafirma su política de una sola China.

También reafirma el apoyo al Grupo de Trabajo Cibernético UE-China; el fortalecimiento de la Fuerza de Acción de Addis Abeba; la financiación a la agencia conjunta de migración; la voluntad de lograr una economía global e inclusiva; apoyo al Grupo Mixto de Reforma de la OMC y más apoyo al G20; la acción conjunta para el “Foro Global sobre el exceso de capacidad del acero”, así como la reforma del sistema financiero internacional y el examen de las nuevas cuotas del FMI; el “Acuerdo climático de París” y su Protocolo de Montreal; la Asociación Azul para los Océanos.

Con respecto a la política exterior —como si todo lo demás no lo fuera—, se hace referencia explícita al apoyo de ambos actores, a saber, la UE y China, para la JCPOA nuclear de 2015 con Irán. También se menciona el proceso de paz en Afganistán, así como Venezuela.

En esta lista de cuestiones bilaterales también está la petición de una solución pacífica y democrática para Kabul.

Por no hablar —por supuesto— de la Ley del Mar y, por último, de la situación en Myanmar.

Una enciclopedia de temas internacionales muy importantes, que sólo se proclaman y se mencionan como títulos. Pero, por lo que sé, ni siquiera en conversaciones confidenciales han ido más allá de las buenas intenciones con las que, como todos sabemos, el camino al infierno está pavimentado.

En esa Cumbre, la tensión podría percibirse fácilmente.

China quería tener a la UE de su lado, en un momento de máxima tensión comercial con los Estados Unidos, mientras que la UE tenía cada vez más dudas sobre la ampliación —el llamado Marco 17+1— de la Iniciativa Franja y Ruta a los Balcanes y la ex Yugoslavia.

Cabe recordar que Italia, Hungría, Grecia y Portugal rompieron la unidad de la UE hacia China en ese momento.

¿Fue sólo una señal para la UE? ¿O una elección bien considerada basada en el hecho de que la UE era una estructura tecnócrata que operaba codo con codo con los Estados miembros —como ha dicho Alemania—, pero no los sustituyó? Aún no lo sabemos.

Lo que es seguro, sin embargo, es que la seducción china hacia el Mediterráneo y la UE oriental se basa en dos hechos: la lentitud de Estados Unidos se desvincula del pilar de la OTAN de la UE, independientemente de su futuro presidente, y la conciencia de China de que tiene que lidiar con una UE que ahora es un “tigre de papel”.

Sin embargo, China llevó a cabo una operación aún más práctica, al menos siguiendo la lógica confuciana: el apoyo a una red de cinturones y carreteras, a saber, el “Marco 16+1 de cooperación con los países de Europa Central y Oriental” —que celebra su octavo aniversario— al que se unió Grecia.

La reunión sobre la que estamos hablando tuvo lugar en Dubrovnik en abril de 2019.

La lógica del Marco chino es estar estrechamente relacionada con la “Iniciativa de los Tres Mares” de 2016, una iniciativa de la UE en la que China simplemente participó.

Como se indicó anteriormente, en ese momento Grecia se unió al grupo.

Sin embargo, el Marco se creó en Budapest en 2012 para fomentar la cooperación entre los (entonces) 16 países europeos más China, sobre la base de la nueva Ruta de la Seda China y la inversión en infraestructura, con miras a crear la línea exprés tierra-mar entre China y Europa.

Además de Grecia, los países europeos que participan en el Marco son la República Checa, Polonia, Hungría, Albania, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Estonia, Lituania, Rumania, Serbia, Macedonia, Montenegro, Eslovaquia y Eslovenia.

Entre los participantes actuales, 16 son Estados miembros de la UE, cinco son miembros de la zona del euro, cuatro son candidatos a participar en la moneda única e incluso uno es un Estado miembro potencial de la UE. Desde el punto de vista geopolítico, China ha construido un formato ad hoc básicamente dentro de la UE, un mecanismo que minimiza los riesgos de crisis en la Eurozona, crea un espacio autónomo de interés para China e incluso puede crear una mainmise china dentro de la UE, lo que también podría socavar su desarrollo futuro, si lo hay.

El consorcio chino que gestiona la operación es China-Road and Bridge Corporation, una subsidiaria de China Communication Construction Company, una empresa incluida en la lista Fortune 500. La idea subyacente de los países de Europa oriental era utilizar el apoyo chino para estimular su desarrollo pero, en un documento del gobierno checo, se señala que los compromisos bilaterales ahora apenas se respetan.

Esto se debe al coronavirus y a la actual crisis financiera en los países europeos, así como a una carga de deuda a menudo elevada por parte de China. La UE, sin embargo, ha cambiado su enfoque político y económico hacia China, considerando más rápidamente sus estándares normales.

En enero de 2019, de hecho, la Federación de Industrias Alemanas (BDI) publicó un documento que definió a China como un “inversor sistémico” y pidió a la UE que hiciera más estrictas sus normas y reglamentos con vistas a competir con China y proteger a sus empresas.

Esto fue seguido en marzo de 2019 por un documento del Servicio Europeo de Acción Exterior, la estructura con sede en Bruselas que cree que es un servicio secreto, a menudo con resultados cómicos.

El documento nos decía que era necesario: a) fortalecer las relaciones con China, aunque con cuidado, en vista de promover intereses comunes a nivel mundial; b) controlar la inversión china en la UE, en pie de igualdad (grandes posibilidades) y c) para empujar a China hacia una economía “sostenible”.

Un psicolingüista debería ayudarnos a investigar los efectos de la palabra “global” en la mente de los líderes políticos actuales.

El documento también nos informaba de que la UE debería buscar una relación más sólida y, sobre todo, mutua a nivel económico.

Por último, se sostuvo —casualmente— que los países del Marco 17+1 deberían actuar en una relación homogénea con las leyes de la UE. Podemos estar seguros de que lo harán.

Luego estaba la misma vieja historia sobre los “derechos humanos” y el evidente desarrollo “sostenible”, por no hablar del cambio climático, las afirmaciones de China sobre el Mar de China Meridional que, imaginamos, se perseguirían con o sin las “buenas almas” de la UE, así como la solicitud de una conexión entre China y la UE en Europa del Este —aparte del Marco 17+1— que se perseguiría de todos modos hasta que China viera su interés, y por último, la repetición sustancial del acuerdo entre China y la UE declarado antes de 2019.

Sólo para evitar permanecer en un mundo imaginario, debemos recordar aquí un concepto maquiavélico muy útil: “No hay que evitar la guerra, sólo se puede posponer en beneficio de los demás”.

Sin mencionar que “los Estados no están gobernados y mantenidos con palabras”. ¿Cuál es la solución al dilema? Con toda probabilidad, la UE ha tenido una fuerte advertencia de los Estados Unidos y está tratando de frenar, ralentizar y restringir sus relaciones con China.

En relación con el 5G, una cuestión clave para los Estados Unidos, la Comisión Europea ha señalado una serie de “medidas necesarias”.

El documento de la UE nos dice que la red 5G es muy importante —justo lo que necesitábamos— y que la Unión también apoya la competencia y el mercado mundial. A continuación, enumera las agencias europeas que se ocupan de ella.

Por último, la solución para la UE es fomentar la ciberseguridad “a través de la diversidad de proveedores a la hora de construir la red”.

Cabe recordar que Japón firmó un acuerdo con la UE sobre las mismas cuestiones en septiembre de 2019.

Sin embargo, todo se sabrá una vez que el mecanismo de selección de inversiones extranjeras de la UE haya dado sus resultados, teniendo en cuenta que se puso en marcha el 10 de abril de 2019 y se aplicará antes del 11 de octubre de 2020. Está relacionada con la Comunicación de la Comisión “Una nueva estrategia industrial para Europa”, que sostiene que “necesitamos una nueva forma de hacer negocios en Europa” y que esto debe “reflejar nuestros valores y tradiciones de mercado social”.

También afirma que “nuestra estrategia industrial es emprendedora en espíritu y acción”, pero también que “la escalabilidad es fundamental en la economía digitalizada” —y este es otro punto clave para nosotros.

Un tema esencial, pero dejado al margen.

Dejemos de lado las otras banalidades y trivialidades típicas de los manifestantes de 1968 recién convertidos a la economía de mercado.

Evidentemente, la nueva Agencia tendrá los siguientes objetivos: crear un “mecanismo de cooperación entre la Comisión Europea y los Estados miembros para intercambiar información” —como si no estuviera ya en vigor— para permitir a la Comisión realizar una evaluación (obviamente no obligatoria) para detener las operaciones relativas a cualquier inversión extranjera —aunque no está clara si para las PYME o de otro tipo— para que los Estados miembros autoricen a “comentar” sobre las inversiones extranjeras en la UE; para enumerar una secuencia —aunque no exhaustiva— de los sectores de inversión extranjera que podrían desencadenar un análisis por parte de esta organización tan poderosa: infraestructura y tecnología críticas, insumos críticos, acceso a datos personales y finalmente garantía de pluralismo de los medios, que poco tiene que ver con ello, pero “todo vale” y cada poco ayuda.

Eso es todo, hasta ahora.

En diciembre de 2015, China creó la Fuerza de Apoyo Estratégico del Ejército Popular de Liberación (PLASSF), la estructura de las Fuerzas Armadas chinas que se ocupan de la ciberguerra, la guerra espacial y las operaciones electrónicas. ¿Tiene la UE algo similar?

Obviamente no. Además, la OTAN tiene una política de ciberdefensa, definida en la Cumbre de Gales de septiembre de 2014 y en la Cumbre de Varsovia de 2016. Pero no tiene una agencia conjunta para la política cibernética, que no es sólo la defensa, sino también el ataque.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

©2020-saeeg®

 

LOS ESCENARIOS MUNDIALES CAMBIAN PERO EL ESPACIO SIGUE AHÍ

 

Agustín Saavedra Weise*

La otrora poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) sostuvo una sórdida guerra fría contra Estados Unidos y sus aliados del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde fines de la Segunda Guerra Mundial (mayo 1945) hasta la debacle final que extinguió como Estado a la URSS en 1991 y precipitó la creación de 14 naciones independientes. Rusia, la más grande y poderosa entre ellas, fue la heredera natural del asiento soviético en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en calidad de miembro permanente y con derecho a veto. En todo caso, con la extinción de la URSS el poder global de la potencia eslava telurocrática (terrestre) quedó disminuido frente al de Estados Unidos, su rival talasocrático (marítimo) y heredero natural del dominio británico en los océanos.

A lo largo del casi medio siglo de un conflicto sin balas pero sí con ideología y juegos de amenazas mutuas, hubo avances y retrocesos de ambas partes en varios lugares del globo. Uno de los capítulos más dramáticos se dio en las Américas con la crisis de los misiles instalados en Cuba en octubre de 1962. Anteriormente hubo otra situación grave en Europa debido al bloqueo de Berlín por la URRS. El problema lo resolvieron los aliados occidentales mediante un puente aéreo que abasteció debidamente a la antigua capital prusiana sitiada por los soviéticos. En el incidente de Cuba, a nivel de propaganda política, Estados Unidos salió “vencedor”. En la práctica, la astucia rusa logró con el retiro de los misiles de la isla lo que era su principal objetivo: un compromiso formal de los norteamericanos de no invadir jamás Cuba, algo que intentaron hacer antes en la bahía de Cochinos en 1961 y fracasó estrepitosamente por diversas fallas de logística.

Las tensiones y rivalidades geopolíticas URSS-Estados Unidos eran muy grandes, abarcaban prácticamente todo el globo terráqueo, pero he aquí que en los niveles de intercambio comercial la relación era de baja intensidad. Aunque luego vino la época de la distensión y de reparto amistoso de áreas de influencia, la relación comercial soviético-americana nunca fue de gran relevancia. Una vez desaparecida del mapa la URRS, al colapsar el comunismo y fragmentarse en varios países, la actual Rusia de Vladimir Putin ―ya renovada y fortalecida luego de los desastres de los primeros gobiernos del post comunismo― continúa con sus esfuerzos de equiparar por lo menos el poder nuclear con su antiguo rival estadounidense y sostiene algunas condiciones ventajosas en el ámbito del ciber espacio, pero no mucho más. La economía rusa es hoy considerablemente menor que la de Estados Unidos y le resulta imposible competir de igual a igual. Así están las cosas.

El avance de la República Popular China (RPC) se afianza año tras año; se espera que hasta fines de 2019 crezca casi el triple que los Estados Unidos (6,3% versus 2,3%). Hoy el PBI chino es 28% mayor al de Estados Unidos. Tómese en cuenta que para 1980 el PBI del país del norte era 9 veces mayor; el avance de la RPC ha sido impresionante. Es más, el FMI calcula que para 2024 el PBI chino ya sería un 50% mayor al norteamericano. Aunque la producción total de bienes y servicios y las exportaciones supere a las de Estados Unidos, debemos recordar que este último continúa manteniendo su liderazgo militar, científico y tecnológico, inclusive en el campo de la lucha tarifaria del momento. Además, la calidad de vida y el ingreso por habitante de Estados Unidos son mejores que los de China, donde existen enormes bolsones de pobreza y muchas necesidades por satisfacer para las 1.400 millones de almas que habitan en su territorio. Asimismo, Estados Unidos aún mantiene el liderazgo en términos de innovación y calidad educativa. Pero aparte de los temas económicos entre ambos países ―que son vastos e importantes― va surgiendo una rivalidad planetaria que ingresa en el campo geopolítico. Veamos un solo ejemplo. La RPC reclama Taiwán (China Nacionalista) y su dominio sobre el Mar del Sur de China, donde la séptima flota norteamericana permanece desde hace tiempo para controlar los movimientos de la RPC en el lugar y asegurar la libertad de navegación. Ese proceder genera tensiones que podrían llegar a estallar.

Mientras China crece en todos los sentidos Rusia se achica; pese a las posturas belicosas de Putin la situación rusa se debilita en términos relativos. Aunque es el estado más extenso del mundo, la Federación Rusa apenas tiene 140 millones de habitantes y sigue perdiendo población en forma progresiva. Por otro lado, los problemas suscitados con Washington por el presunto espionaje de Moscú en las elecciones de 2016 y otros problemas en Ucrania, el Cáucaso y el mar Báltico, sumando el constante avance hacia el este de la OTAN ―brazo armado de Estados Unidos y sus aliados europeos― han creado situaciones que Rusia apenas puede resistir y de ahí ha surgido el acercamiento con Beijing en procura de reequilibrar fuerzas frente a la superpotencia norteamericana. El oso pudo haber estado al lado del águila y cumplir así la profecía de Alexis de Tocqueville acerca del dominio del mundo por América y Rusia. Mezquindades de grupos anti rusos en Estados Unidos y maniobras del complejo industrial-militar lo impidieron. Al verse en esa situación de rechazo, Moscú miró hacia el lado de Beijing; el oso ha comenzado a ponderar la posibilidad de una alianza con el dragón del oriente que sea capaz de enfrentar en términos económicos, geopolíticos y hasta militares, la presencia estadounidense en diversos lugares del planeta. Es una situación real y verificable que podría crear en el corto plazo un nuevo tipo de bipolaridad con cierto parecido al de la guerra fría del siglo XX, pero en el marco de otras realidades.

Y mientras esto sucede en el mundo, el espacio es el testigo silencioso de todo lo que ocurre en él. Un verdadero pensamiento continental no es posible sin pensar simultáneamente en siglos, ni se comprenden las razones de la política mundial sin previo análisis de la historia universal, agregando un conocimiento profundo del suelo que se habita y del espacio que se quiere retener o conquistar. Al final, los escenarios mundiales cambian, pero el espacio y sus inexorables leyes siguen ahí, esperando la oportunidad del que sepa aprovechar su momento. Y ahora, el actor internacional con chances a su alcance parece ser la RCP, eventualmente reforzada por su potencial compañía eslava; el tiempo dará su veredicto. Y en el campo de Kronos, esa potencial alianza le lleva ventaja a los norteamericanos; tiene en conjunto más historia, mejor visión estratégica, inmensos recursos y mucha paciencia para aguantar hasta llegar al momento oportuno. Desde la catastrófica derrota del Japón en 1945, China y Rusia han pasado a ser ―como ya lo expresé en otra oportunidad― los únicos y legítimos herederos de Gengis Khan.

* Economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG – www.agustinsaavedraweise.com

* * *

Se agradece la difusión de este artículo

Síganos en @ArgentinaSaeeg