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“LA SEGURIDAD ESTRATÉGICA DE LA REGIÓN EN EL NUEVO ESCENARIO INTERNACIONAL” (CONFERENCIA EN FEDEPAC, ENERO DE 2002)

Grl Heriberto Justo Auel*

Señor Presidente de FEDEPAC, Señoras, Señores:

Nuestro agradecimiento a FEDEPAC por la invitación que nos ha cursado al IEEBA para exponer acerca de un tema central en los días que vivimos. Dividiremos nuestra conferencia en dos partes. En la primera, conceptualizaremos la evolución estratégica internacional posguerra fría y en la segunda lo haremos apuntando —brevemente— a la región iberoamericana y a la de nuestra Patria.

El 11 de septiembre del año 2001 terminó —inesperadamente— la posguerra fría. Esta posguerra fue un interregno de diez años —entre dos guerras mundiales—, caracterizado por la confusión de los dirigentes, la perplejidad de los intelectuales y la desorientación de los políticos ideologizados.

Ese lapso transicional —que aun percibimos— separó a las dos primeras guerras mundiales —en la historia universal— que se desarrollan en ambiente QBN: la “guerra fría” y la que acaba de iniciarse, la “guerra antiterrorista global”.

Ello las hace “diferentes”. Tan diferentes que algunos de nuestros dirigentes aun no las han descubierto. Por ello las niegan como hechos políticos, las reemplazan con “doctrinas” y “planes” y las hacen judiciables, si bien las pruebas nunca aparecen en el momento de su presentación. Indudablemente, desde el 11S01 hay un nuevo escenario internacional, un sorpresivo escenario que nos llega cuando somatizamos —como comunidad— la larga crisis estructural del Estado y la larga decadencia de la Nación Argentina.

Intentaremos interrelacionar a esta nueva situación internacional marco, con la grave situación estratégica regional actual, indudablemente afectada por los acontecimientos internacionales, cosa que seguirá ocurriendo en los próximos años. Para ello es necesario —a priori— establecer que en nuestro entender la etiología, el origen, el germen de nuestra crisis estructural histórica y de arrastre, es cultural y política.

Si nos dejamos llevar por el metraje de la prensa o por las horas televisivas dedicadas a ella, el tratamiento que observamos es, además de superficial, exclusivamente económico, financiero y fiscal. Y, nos equivocamos. Nuestra decadencia tiene su origen en causas mucho más profundas. Si atendemos a los efectos y no a sus causas, no vamos a erradicar nuestra calamitosa situación.

Hace muy pocos días —en un matutino porteño— el profesor Giovanni Sartori publicó un artículo titulado: “Una guerra inédita, pero que debe ser llamada por su nombre”. Me pareció importantísimo para los argentinos este título, porque nosotros nos hemos negado entender lo que es la guerra. Es más, somos un país en triple posguerra que no ha asimilado, digerido ni reaccionado ante ninguna de ellas. Como ya lo señalamos, las hemos negado obstinadamente y su consecuencia está a la vista: éste nuevo cuadro situacional externo nos sorprende en pleno estado de debilidad e indefensión estratégica, real y perceptual.

Probablemente la profundidad del colapso a que nos llevaron los simpatizantes del terrorismo ideológico vernáculo, triunfantes en las posguerras a través de la explotación política de su victoria estratégica, permita que la voz de la cordura vuelva a escucharse, por sobre la gritería anárquica del democratismo revolucionario.

Decía el profesor Sartori: “¿Estamos en guerra, está sucediendo una guerra? Muchos piensan que la palabra no tiene importancia y, por lo tanto, que cada uno puede llamar al evento que estamos viviendo como quiera, sin embargo la elección de la palabra tiene importancia, las palabras son nuestras lentes y hasta cierto punto nuestros ojos. Equivocar la palabra es equivocar la visión de la cosa”. Y.… así es.

Pero vayamos más allá. Las palabras son expresiones de ideas y cuando transmitimos mal una idea porque “equivocamos” la palabra, estamos confundiendo a los ciudadanos. Ello es grave si se lo hace desde una posición dirigencial. Si la comunicación social confunde, si el intelectual esta perplejo, se produce un efecto demoledor en la sociedad.

“La defensa de la ciudad no está en las piedras de las murallas, sino en los hombres que viven dentro de las murallas”.

Una dirigencia que niega la realidad que la circunda, que niega la existencia de los conflictos aun en el nivel de hipótesis, que no tiene conceptos claros, que conduce sin rumbo, extraviada por intereses personales y crematísticos, que ha olvidado la ética heredada; nos lleva inexorablemente a la disolución.

Así, por esta vía, hemos alcanzado la imagen que se ha difundido en los días que corren: sentada sobre las enormes riquezas de su heredad, la Joven Nación Argentina se ve obligada a pedir limosna …”

El último párrafo del artículo de Sartori dice: “La guerra que viene, que ya está presente, se gana o se pierde en casa. Se ganará si sabemos reaccionar a la chatura intelectual y moral en la que navegamos actualmente”…“y que hoy lleva a que un italiano sobre cuatro justifique a Ben Laden. Y se perderá si dudamos de nuestros valores y de la civilización que nos encarna”.

Sartori pide a los italianos “reaccionar” ante la “chatura intelectual y moral” que los ha llevado a que uno de cada cuatro italianos justifique a Ben Laden. Sepamos los argentinos que, de acuerdo con una reciente encuesta Gallup “tres de cada cuatro argentinos se han alineado a Ben Laden”. ¿Qué reacción debiéramos de tener ante esta escandalosa comprobación, si deseáramos guardar equivalencia con la de Sartori?

Como mínimo estos hechos deben de ser motivo de nuestra profunda reflexión… de una introspección que nos lleve a reencontrar nuestras raíces.  Nuestra cultura original, nuestra cultura fundacional. La cultura sanmartiniana expresaba que “debíamos ser lo que somos, o bien no seríamos nada”. ¿Y qué éramos? …, ¿qué somos?: somos hispanos-criollos-católicos, TODOS. Yo, nieto de alemanes e italianos, soy hispano-criollo-católico.

Tenemos una cultura/ética heredada que nos identifica. Allí reside la soberanía de la Nación. Es lo que hemos recibido de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestra Patria… Una ética, un conjunto de valores, principios y creencias que es lo que señala Sartori con todo acierto. Es nuestra identidad. Es una personalidad nacional que, frente al “otro” o “los otros”, en el medio internacional interdependiente y globalizado, nos diferencia…, nos permite saber quiénes somos y qué somos y, a partir de allí qué queremos, adonde vamos, cuál es nuestro destino, cuál es el escenario común del conjunto social de pertenencia que transforma a la sociedad en comunidad de ideales y de intereses. He allí la unidad nacional, hoy ausente.

Aquella cultura original, sanmartiniana, era expansiva, generosa, fuerte. Pedía DEBERES, no derechos. Salía a dar, no a pedir. Y no a dar dinero. A dar libertad, a dar independencia, a dar la posibilidad de ser libres e independientes aun al costo de nuestra sangre, cuando aún no teníamos ni Estado ni riquezas. Teníamos por cierto la seguridad de los que éramos y… lo teníamos a San Martín.

Con el tiempo hemos trasegado a una cultura contractiva, egoísta, débil. De una actitud centrifuga ingresamos progresivamente a una centrípeta: a pedir y no a dar. Figuras menores pretenden cambiar nuestra identidad, nuestra ética; lo que no podemos ni debemos cambiar: la cultura y, cobardemente rechazan nuestro decidido ingreso a la civilización del conocimiento que nos obliga a cambiar lo instrumental, para ingresar al mundo con competitividad; a ser, en nuestro tiempo.

¿Y.…qué es lo que hemos escuchado desde esta débil actitud cultural en estos dramáticos días, ante la caída de las Torres Gemelas?: “!Yo…, argentino!”. “Yo no tengo nada que ver”, “¿Por qué comprometernos nosotros?, Es un problema de ellos, no es nuestro”. “¡Seguramente se lo buscaron!!”. Y.… en verdad, el problema que tenemos por delante es de todos, es del planeta. Estamos en presencia de una guerra mundial. Que no nos queden dudas: esta guerra nos abarca. Hay un frente de combate en Afganistán en este momento, en ese espacio estratégico llave, al norte del Índico. Luego habrá otros, incluso en Iberoamérica.

La retaguardia de esos combates es el resto del planeta. No olvidemos que la retaguardia es el espacio débil del teatro de la guerra. Lo ha expresado de un modo tangencial el canciller saudita —que vive muy de cerca del conflicto—: “Ben Laden no atacó a Estados Unidos, atacó al mundo” y podríamos agregar que despertó una nueva e inédita etapa en la vida de la comunidad internacional.

En los últimos cinco siglos ha habido diez guerras mundiales Estamos entrando a la décimo primera. Acabamos de terminar la última, en 1991. Todavía hay quienes —entre nosotros— creen que la última guerra mundial fue la Segunda Guerra Mundial —que terminó en el ’45— a pesar de que vivimos muy intensamente a esa última guerra mundial, la llamada guerra fría. Allí está la génesis del drama que nos envuelve al comenzar el Siglo XXI.  Ya señalamos que fue “diferente” y que por ello hay quienes —aun hoy— no la ven. Como dice Sartori, “la niegan con eufemismos”.

En el Hemisferio Norte esa guerra fue fría, pero en el Hemisferio Sur, no fue fría. Digamos que fue tibia y sorpresiva. Peleamos una guerra fuera de la Convención de Ginebra —por ello no convencional— que agredía a los débiles “Estados Sur” no consolidados, con sus instituciones malversadas. Entre nosotros las Fuerzas Armadas fueron empleadas para gobernar, la institución judicial para hacer negocios, la institución legislativa para distribuir canonjías y, en resumen, el Estado para distribuir prebendas…. Se le llamó el “Estado Prebendario”. ¿Quién lo ignora?

Esa guerra fue el catalizador de nuestra crisis cultural —estructural-histórica— y llegamos adonde hoy estamos. Cuando una cultura es contractiva y débil busca permanentemente la evasión. La evasión frente a la realidad que no se asume ni enfrenta. La evasión construye falsedades en reemplazo de la realidad y esa falsedad es la falacia política —el “relato” o “narrativa”—. No hay responsabilidad en el “progre relativizado”: la culpa siempre es del otro.

Para operar sobre las falacias, deben crearse necesariamente los mitos. Allí surgen esas palabras que encubren la realidad y así alcanzamos una sociedad mitómana, donde las cosas no son llamadas por su nombre…, hemos encontrado palabras para evadir la verdad con la utopía y el mito, como lo plantea Sartori.

La Política es un arte que opera sobre realidades. La Estrategia sirve a la Política. La acompaña: es la teoría de la acción política y no se hace Estrategia si no se opera sobre la realidad que nos circunda… Si fabrico a la realidad, no opero con la verdad, opero sobre la irrealidad y los mitos chocan con esa verdad, llevando al espíritu débil a crear otra falacia y otro mito, para volver a evadir la real situación que está presente y que se proyecta hacia el futuro como tabú, como una dualidad difícil de penetrar pero que deberemos enfrentar, tarde o temprano, dominando a la circunstancia o, tardíamente, dominados por las circunstancias.

La Escuela Unicista, es argentina. Ha encontrado la estructura del concepto y con ello una tecnología para entrar en las tinieblas del futuro, donde opera el arte político y el arte estratégico. Ello ayuda al natural coraje necesario para enfrentar a esa oscuridad, al tabú. Sin embargo, no la estamos utilizando.

San Martín no sabía adónde estaba el grueso del enemigo, al otro lado de los Andes. Pero tenía la sagacidad, el coraje y la audacia que exige el desafío estratégico y logró superar en la confrontación de voluntades inteligentes al enemigo, con un plan continental. No huyó por la tangente. Dominó a su circunstancia.

Hemos renunciado —después de tremendas y dramáticas experiencias nacionales— a la seguridad estratégica como responsabilidad exclusiva y excluyente del Estado Nación. El Estado argentino tiene prohibida por Ley la posibilidad del desarrollo del planeamiento estratégico —atendiendo al riesgo y a la amenaza ya presentes—. Paradójicamente, por la Ley de Defensa Nacional. Las Leyes de Seguridad Nacional vigentes prohíben taxativamente a las FF.AA. entender —lo que la Constitución les impone— sobre la compleja situación estratégica existente desde hace años en el Continente.

Un Secretario de Estado —responsable legal de esa área— pidió públicamente la disolución de las FF.AA. en medio del caos social y, días después, el Cte. J. “Provisorio” de las FF.AA. manifestó que “no sabe para qué existen” (La Nación – 13 Ene 02).

Las Fuerzas Armadas argentinas pueden ser policía militar en el interior de cualquier país del mundo, pero cuando explotó el edificio de la calle Pasteur, constituyendo un indudable hecho terrorista de carácter estratégico, hubo un General israelí con tropas y bandera israelíes, en ese lugar. No estaba legalmente autorizado ningún General argentino para operar en ese lugar público. Se lo impedía la Ley de Defensa Nacional. Pero eso no es lo más grave. Esa es una anécdota demostrativa de lo que afirmamos. Lo más grave es que, al carecer de planeamiento estratégico, nuestro país no tiene previsiones de ningún tipo frente a la acelerada y difícil situación en desarrollo.

POR ESO LA ARGENTINA NO ES CONFIABLE. Ello va mucho más allá de lo que significa un plan económico “sustentable”, que tampoco tenemos. La Defensa Nacional es un Bien Público, un concepto que hay que abarcar y entender: es la posibilidad de evitar la guerra o de ganarla, si nos es impuesta. Ello nos está vedado por ley.

La violencia es connatural en el hombre. Si hay vida hay conflicto. La paz, la paz perfecta, está en los cementerios. Si los hombres son inteligentes, si desarrollan sus instituciones, si tienen mecanismos creíbles y firmes, si son sanos y expansivos, es indudable que van a lograr un estadio de paz y progreso. Habrán ganado el estadio de la paz posible.

Luego de cada una de las guerras mundiales ha habido y hay una etapa singular, a ser entendida: la etapa de posguerra. En ella, quien ganó la última guerra mundial moderará la PAX. Recordemos a las que ya fueron: la Pax Británica, la Pax Española, la Pax Americano-Soviética y llegamos a la presente, la “Pax Global”. En esas “posguerras” quien ganó la última guerra mundial asume, quiéralo o no, el rol de moderador de un nuevo statu-quo: un proceso de transculturación en el que los valores del victorioso en la guerra son transferidos a quienes han participado y no han participado en la guerra.

La última guerra mundial —la guerra fría 1947/1989-91— terminó con dos pasos sucesivos: en el ’89 la caída del muro y en el ’91 la implosión soviética. La ganó Occidente: la libertad, la economía de mercado y los derechos humanos. Se iniciaron así diez años de “Pax Global” y de una enorme confusión… Había sido tan sencilla la lógica bipolar de la guerra fría que, cuando finalizó, apareció una verdadera perplejidad entre los intelectuales y la citada confusión en la opinión pública.

Fueron numerosos los analistas que plantearon sus tesis sobre el inmediato futuro: los Fukuyama, los Toffler, los Huntington, los Kaplan, los Hoffmann y todos aquellos que desde su óptica específica empezaron a predecir qué era lo que sobrevenía; cómo iba a ser el mundo, el “nuevo orden”, el reacomodamiento, el realineamiento. Había implosionado un imperio —sin sangre— a través de una maniobra estratégica de aproximación indirecta iniciada con el solo anuncio del establecimiento —fuera de la atmósfera— de un escudo contra misiles, desarrollado a nivel de prefactibilidad: la “Iniciativa de Defensa Estratégica”, en reemplazo de la “Mutua Destrucción Asegurada”.

Era el pasaje de una actitud estratégica ofensiva a una actitud estratégica defensiva, que ponía fin al período de “Pax Nuclear” o “Pax del Terror Nuclear” al anular al arsenal nuclear enemigo, en sus posiciones de lanzamiento.

Aquella situación disuasiva-nuclear era percibida en nuestros viajes por Europa en los ‘70. Europa suponía que era el espacio probable de la guerra nuclear en ciernes. Pero la disuasión nuclear funcionó, era creíble en el Este y en el Oeste.… Los arsenales nucleares crecieron hasta alcanzar unas treinta mil ojivas de cada lado y se perfeccionaron intensamente los sistemas de lanzamiento, ya sea desde el fondo de los océanos, desde los bombarderos en vuelo o desde los silos, en zonas desérticas. Todo ello fue anulado por las bases laséricas espaciales de la “Iniciativa de Defensa Estratégica”.

Sin embargo la disuasión estratégica nuclear siguió vigente durante los diez años de posguerra fría, entre los poseedores de los arsenales nucleares. Mientras tanto, entre los “no poseedores” se cernían las Guerras de la Tercera Especie, una reiteración de las ya vividas, pero desde situaciones nacionales extremadamente críticas.

A partir del 11S01 la paz sustentada en el sistema de disuasión nuclear ha dejado de funcionar en el Hemisferio Norte. En la presente guerra mundial “contraterrorista global”, la novedad es que la disuasión, convencional o nuclear, no funciona y que las “guerras de la Tercera Especie” o de “Tercera Generación” se han catalizado.

Ahora el Norte desarrollado va a entender mejor porqué el Sur no tuvo paz de ningún tipo, durante la guerra fría. Ahora el mundo entenderá al terrorismo —a pesar de las dudas de Sampson en La Nación del 24/02/2002—, al actual macro terrorismo o al de la guerrilla revolucionaria-terrorista que administraba la violencia con gotero sobre sociedades sin un Estado Institucional consolidado, sin planeamiento estratégico y que, consecuentemente, no presentó batalla.

La batalla no se ve con los ojos del cuerpo, se conceptualiza. Es el encuentro de las maniobras estratégicas. Es una estratagema. Es la que dirige a los combates. Sin ella, la victoria en el combate táctico no se transfiere a la explotación estratégica del éxito, en el plano político; es decir, en el plano de la guerra.

Los conceptos se desarrollan y perciben si hay un alto nivel de abstracción. Las batallas son los encuentros de las maniobras. Nuestro enemigo terrorista-revolucionario, que maniobró frente a nosotros, tenía dirección estratégica externa. Se inspiraba en Sun Tsu. No en Clausewitz.

Clausewitz representa el pensamiento lineal de los occidentales. Sun Tsu, el estratega chino que vivió cinco siglos antes de Cristo, orientó las doctrinas revolucionarias durante la guerra fría —a través de la interpretación de Mao— e indudablemente orienta hoy las estrategias del macro terrorismo global del acto.

La afiatada operación del 11S01 tiene el sello del estratega chino. Muestra una acción planificada detalladamente, de altísimo contenido psicológico y de una refinada perfección en el uso de los medios, en el manejo de los tiempos y en lo simbólico en la elección de los blancos.

El mensaje al mundo fue contundente: “a partir de hoy —11 de septiembre— la libertad quedó aplastada por un nivel de permanente inseguridad”. El aviso dice con claridad: “YA NO HABRÁ DISUASIÓN”. El empleo químico, biológico o nuclear (QBN) es hoy posible y probable. Y como la libertad y la seguridad son funciones de una misma ecuación, hagámonos cargo que estamos afectados por esas funciones y, además, dentro de esa ecuación.

Hay un conjunto de razones por las que esta agresión de un enemigo “privado” —dilecto hijo del capitalismo y de la globalización— contra los Estados Seculares, eligió como blanco a EE.UU., cabeza del Imperio Global y paradigma cultural-político —en la posguerra fría— de la civilización del conocimiento, frente a las fuerzas “antisistema” que resisten a ambas.

Se ha plantado la falacia justificativa en la situación del Gran Medio Oriente. Este conflicto —israelí/palestino— lleva más de medio siglo. Puede ser el termómetro de la nueva guerra. El termómetro, pero no la causa. Nada tienen que ver las religiones. Sí tienen que ver los fanáticos-fundamentalistas y sectarios que ocupan ciertos espacios en las religiones y que se han asociado con el Crimen Organizado Internacional. Hay religiones que no han podido separar la jurisdicción teológica de la política. Los cristianos lo hemos hecho: “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.

Que lo hayamos resuelto no quiere decir que no tengamos algún sectario fundamentalista entre los cristianos. Cuando estos fundamentalistas van en contra de la secularización del Estado, pasan a ser una quinta columna en su propio Estado. No pueden compartir un mundo que se estrecha, no pueden relacionarse ni negociar nada porque el dogma es innegociable, inflexible. Por ello tienen en la violencia la única alternativa. Nos plantean: “o nosotros o ellos”.

Nuestra cultura y su correspondiente ética política tienen un sostén, que es la religión. Nuestra religión ha resuelto el problema de las relaciones sociales y políticas. Al hombre que va al templo se le dice: “cuando salgas del templo, compórtate en función de estos valores y de estos principios” y ello otorga un buen margen de convivencia de la diversidad, en libertad. Por supuesto que también hay muchos confundidos, que creen que los valores y principios son las modas y, consecuentemente, los cambian o relativizan como si fuesen sombreros. Estos equívocos se pagan muy caros.

Si en una cultura y en su respectiva ética está la identidad, un cambio en los valores significa una pérdida de soberanía. En las últimas décadas la relativización de nuestros valores,  principios, tradiciones y arraigo, en la confusión intelectual provocada por cierta modernidad o moda, trajo el malentendido entre “la continuidad y el cambio”, que están postergando nuestra capacidad de recuperación. Lo que debe continuar es la cultura y lo que debe cambiar es la dinámica civilización.

Vivimos una etapa de altísima dinámica de mutación civilizatoria y debemos impulsar a nuestra gente para que ingrese a ese cambio, para ingresar cuanto antes a la etapa “de la civilización del conocimiento”. No hemos podido desarrollar integralmente “la etapa de la civilización industrial”. Hoy, cuando el mundo desarrollado transita la etapa posindustrial, debemos recuperar el tiempo de las décadas perdidas. Pero, para ello hay una condición inexorable: recuperar nuestra identidad cultural.

Delineada y conceptualizada genéricamente la evolución situacional del marco estratégico externo, vayamos ahora a la segunda parte: la situación regional y la propia.

Iberoamérica tiene una situación estratégica muy compleja y de difícil resolución.

Tan difícil es que, por primera vez en la historia panamericana, en los últimos años se han producido tres reuniones de los Ministros de Defensa del continente. Tres, y las tres fracasaron. Fueron diálogos de sordos. No hubo una comprensión abarcadora de la grave e inédita situación que está delante de nuestros ojos. Cada actor tuvo su cosmogonía. Existen visiones parcializadas, limitadas, que no dimensionan los cambios cualitativos. No fue posible un entendimiento común, frente a un problema que nos es común.

El “narcoterrorismo” tiene su origen en América y afecta —de diversos modos— a todos los actores del continente. Es el nombre del crimen organizado internacional en las Américas. Ahora, iniciada la “Guerra Mundial Contraterrorista Global” el Continente la enfrentará sin los necesarios Acuerdos de Seguridad Colectiva y Defensa Común. Sin Políticas de Defensa Combinadas.

El macro-terrorismo ha declarado a Occidente —el 11S01— una “guerra asimétrica” conducida por un enemigo no estatal, complejo, conformado por el “crimen organizado internacional” —que tiene siglos de existencia sigilosa y que ahora ha salido a superficie— desafiando abiertamente a los Estados Seculares a punto tal que estos —espontáneamente— están votando en el Consejo de Seguridad por unanimidad, para castigar al flagelo. No hay un solo Estado que haya querido quedar afuera. Los que van a quedar afuera —como lo dice Sartori— son los actores que no tienen la cultura suficiente para entender el fenómeno y que serán barridos por ambos contendores.

Al “crimen organizado” —normalmente centenario— se han sumado los fundamentalismos religiosos y las organizaciones revolucionarias neo-marxistas —mayoritariamente iberoamericanas—, a la cabeza las FARC y el ELN colombianos que se mantienen activos.

Las operaciones estratégicas en curso en Asia llegarán pronto a nuestras costas. La “Alianza Desarrollada Norte” ya ha desplegado su infraestructura electrónica, el dispositivo de las Bases de Apoyo, el marco legal, la inteligencia y tiene determinados a sus blancos. El narcoterrorismo también ha reaccionado y eleva el ritmo de sus acciones en el continente. Por primera vez el Foro de San Pablo se ha reunido, hace unos días, en su núcleo: en La Habana. Los “encuentros” bianuales, ahora son anuales.

Estamos en las preliminares de una prolongada batalla continental, en el marco de la nueva guerra mundial. Al finalizar su gestión —recientemente— el Grl Barry Mc. Caffrey —Director del Departamento de Políticas para el Control de Drogas de los EE.UU.— expresó en una conferencia en la Escuela Superior de Guerra de Colombia:

“…Washington ve con preocupación que cada vez que se golpea a los carteles colombianos, peruanos y bolivianos, el narcotráfico tiende a extenderse hacia Venezuela, Brasil y Argentina….El gobierno colombiano ha perdido el control del 40% de su territorio a manos de los narcotraficantes… Colombia no solo sangra por las drogas, sino también por los 15.000 narcoguerrilleros que ya no reciben ayuda de Rusia, China o Cuba. Este dinero viene de los delitos que cometen contra el pueblo colombiano: secuestros, robos de bancos, extorsión y drogas… La Argentina es un país rico y sólido, pero otros países más pequeños podrían convertirse literalmente en Estados Bandidos, si no existe una sociedad hemisférica. El narcotráfico amenaza a la libertad y yo sostengo que los carteles son una amenaza aun mayor que la del nazismo…”.

Pocos meses después ya no se podría repetir lo mismo. En enero del 2002 la Argentina está en condiciones de alcanzar la condición de “estado bandido” o “estado fallido”, inmersa en una profunda crisis generalizada, en total incertidumbre…y.…formalmente, la “sociedad hemisférica” no se ha constituido.

Desde una extrema debilidad estructural e institucional enfrentamos una difícil, compleja e inédita situación estratégica mundial y regional, sin defensas organizadas en oportunidad y la Argentina la enfrentará en un total estado de indefensión nacional. No es difícil establecer el porqué.

Para finalizar, citaremos a continuación una homología —que hemos tomado de la filosofía china— que hace referencia a la insoslayable comprensión de nuestra coyuntura:

“la diferencia entre una piedra y un junco”.

La piedra está sobre la tierra, no tiene raíz dentro del suelo. No toma la savia de él, para dar flor y frutos. La piedra no asume las variables de su circunstancia, la amplitud térmica diaria la fisura, el agua que penetra en sus ranuras la quiebra, termina siendo arena y nunca estará en un lugar elegido por ella. Los vientos la llevarán de un lugar a otro.

Mientras tanto el junco está allí, en su espacio, con una profunda raíz en el suelo y su elegante figura se adapta al medio: cuando hace calor abre sus poros, cuando hace frío los cierra, cuando hay viento se recuesta sobre el suelo y al día siguiente está inhiesto. Cuando lo quieren romper, tiene en la fibra que alimenta su savia, sus defensas.

Creo que está entendida cuál es la diferencia entre una piedra y un junco. Este tiene las raíces en su suelo, se alimenta e identifica con él y tiene la capacidad de adaptarse a las circunstancias que lo rodean, que están cambiando permanentemente, mientras que la piedra sin raíces y sin sensibilidad ha desaparecido transformada en arena y arrastrada por los vientos.

Recuperemos pues, nuestro arraigo cultural y adaptémonos a nuestro tiempo civilizatorio: seamos juncos.

Sepamos retener nuestra pertenencia identificatoria, nuestra cultura, nuestra ética. Allí está la energía de la fibra que resistirá a la agresión del medio ambiente y tengamos la flexibilidad de alinear las velas con los vientos que soplan…al comenzar un nuevo siglo, una nueva etapa de la civilización y una enorme oportunidad para iniciar el camino de una Segunda Argentina. Allí está la posibilidad del postergado progreso de nuestra joven Nación.

Las crisis son oportunidades. La corrupción pública y privada nos hace parias en la aldea global.

 

* Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército Uruguayo. Ha cursado las licenciaturas de Ciencias Políticas, de Administración, la licenciatura y el doctorado en Relaciones Internacionales. Se ha desempeñado como Observador Militar de la ONU en la Línea del Cese de Fuego del Canal de Suez.

Se ha desempeñado como Profesor Titular de Polemología, Estrategia Contemporánea y Geopolítica, en Institutos Militares Superiores y en Universidades Públicas y Privadas. Ha sido conferencista invitado en el país y en el exterior. Ha publicado numerosos artículos sobre su especialidad y cinco libros acerca de la evolución de la situación internacional en la posguerra fría. Actualmente se desempeña como: Presidente del “Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires” (IEEBA), Presidente de la “Academia Argentina de Asuntos Internacionales” (AAAI) y Director del “Instituto de Polemología y Estrategia Contemporánea” (IPEC), de la Universidad Católica de la Plata (UCALP). Es miembro activo de la Asociación Argentina de Derecho Internacional y miembro Honorario del Instituto de Teoría del Estado.

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ENERGÍA DEL HIDRÓGENO: ENTRE EEUU Y CHINA

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de akitada31 en Pixabay

El uso de la energía del hidrógeno se refiere a la transformación del hidrógeno en electricidad, energía térmica, etc. El hidrógeno es una energía obtenida a través del gas natural, la electrólisis del agua, la fotosíntesis solar y otras formas, a diferencia del carbón, el petróleo y el gas natural que sólo pueden extraerse del suelo.

El descubrimiento del hidrógeno se atribuye al químico y físico británico Henry Cavendish (1731-1810). Pero ya en el siglo XVI, el conocido Paracelso (1493-1541) declaró que se produce un gas cuando la limadura de hierro y el ácido entran en contacto; en el siglo XVII, el químico y médico flamenco Jean Baptiste van Helmont (1579-1644) accidentalmente permaneció expuesto a este gas, pero no lo aisló ni siquiera lo recogió. El irlandés Robert Boyle (1627-91) recogió este gas por accidente, pero no llevó a cabo ninguna investigación.

Todo lo que sabíamos es que era combustible y nada más. En 1700 el farmacéutico francés Nicolas Lémery (1645-1715) lo mencionó en el Informe a la Academia de Ciencias de París.

Cavendish fue el primero en recolectar y estudiar el hidrógeno, pero su comprensión del mismo era incorrecta: creía que el agua era un elemento y el hidrógeno era agua con demasiado “flogisto” (un nombre dado por los químicos del siglo XVIII a una sustancia hipotética que se desharía de los compuestos por combustión o calcinación, de los cuales constituiría el principio de inflamabilidad).

Sólo en 1782, Antoine-Laurent de Lavoisier (1743-94) dejó claro que el agua no era un elemento sino un compuesto. En 1787 llamó a ese gas inflamable hidrógeno, que significa “productor de agua”, y confirmó que era un elemento.

Como combustible para motores de combustión interna, el hidrógeno es una aplicación reciente. El uso del hidrógeno en motores de combustión interna tiene una larga historia.

El primer motor de combustión de hidrógeno interno en la historia de la humanidad se remonta a 1807, cuando el político e inventor naturalizado suizo Francés François Isaac de Rivaz (1752-1828) hizo un motor de hidrógeno de combustión interna de un solo cilindro.

Sin embargo, debido a la limitación del nivel tecnológico de la época, la producción y el uso del hidrógeno eran mucho más complicados que el uso de recursos como el vapor y la gasolina. Por lo tanto, los motores de combustión interna de hidrógeno se vieron abrumados por los motores de vapor, diesel, gasolina, etc.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el hidrógeno fue utilizado para alimentar el cohete V2. En 1960, el hidrógeno líquido se utilizó por primera vez como combustible para la energía espacial. En 1970, la malograda nave espacial Apolo 13 lanzada por Estados Unidos utilizó hidrógeno líquido para su cohete de despegue. El hidrógeno se ha convertido en un combustible común en la industria de los misiles. Y todo ello, a partir del V2, gracias al científico alemán Werner von Braun (1912-1977).

Para los transbordadores espaciales modernos, es más importante reducir el peso del combustible y aumentar la carga útil. La densidad energética del hidrógeno es muy alta, es decir, tres veces mayor que la de la gasolina normal, esto significa que el space shuttle [transbordador espacial] utiliza hidrógeno como combustible y su peso se puede reducir en 2/3 en comparación con un “lleno” de combustible tradicional, lo que sin duda es extremadamente beneficioso para las naves espaciales.

Los científicos están estudiando una nave espacial con “hidrógeno sólido”. El hidrógeno sólido se utiliza como material estructural y como combustible energético de la nave espacial.

A finales de la década de 1980 se demostró públicamente una variedad de vehículos de pila de combustible y la posibilidad de reemplazar las baterías por celdas de combustible pequeñas a finales de la década de 1990.

En la década de 1910, frente a la contaminación ambiental y otras crisis, las pilas de combustible de hidrógeno se están desarrollando rápidamente y cada vez más vehículos de hidrógeno están comenzando a entrar en el mercado.

La energía del hidrógeno se ha convertido en objeto de intensas investigaciones en varios países: y las nuevas energías se enfrentan obstinadamente a la difícil situación actual en la que se encuentra el planeta. Según una encuesta del Departamento de Energía de Estados Unidos, en los últimos años, los países industrializados de todo el mundo han invertido en el desarrollo de la energía del hidrógeno, con un aumento anual del 20,5% en la inversión. Los Estados Unidos siempre han dado importancia a la energía del hidrógeno. En 2003, la administración Bush II invirtió US$ 1.7 mil millones para lanzar el plan de desarrollo de combustible de hidrógeno y presentó proyectos de desarrollo clave como la tecnología de producción de energía de hidrógeno industrial, la tecnología de almacenamiento y la aplicación directa de la energía de hidrógeno. En febrero de 2004, el Departamento de Energía de los Estados Unidos anunció el “Plan de acción para la investigación, el desarrollo y la demostración de tecnologías de energía del hidrógeno”.

El desarrollo económico del hidrógeno en los Estados Unidos ha pasado de la fase de aplicación sistemática a la fase de evaluación y formulación de políticas. La primera central de hidrógeno se estableció en los Estados Unidos en mayo de 2004: una central eléctrica doméstica de tercera generación, un dispositivo fijo de producción de hidrógeno en California, comenzó su experimentación.

En julio de 2005, la alemana Daimler Chrysler (1998-2007), uno de los principales fabricantes mundiales de pilas de combustible de hidrógeno, desarrolló con éxito el “vehículo batería de quinta generación” en los Estados Unidos, estableciendo un registrador de datos de viaje para vehículos de pila de combustible en automóviles: una distancia de viaje completa de 5.245 km, a una velocidad máxima de 145 km/h.

En cambio, en China, la estrategia de desarrollo energético se centra en el desarrollo estratégico de la economía nacional, ya que la energía fósil de China ha demostrado que todavía tiene pocas reservas recuperables: el carbón asciende a 114,5 mil millones de toneladas, la cantidad de petróleo a 3,8 mil millones de toneladas, las reservas de gas natural de 1,37 billones de metros cúbicos, que representan el 11,6%, el 2,6% y el 0,9% de las reservas mundiales, respectivamente.

China tiene una gran población y recursos per cápita insuficientes. Las reservas recuperables de carbón per cápita son sólo la mitad de la media mundial y el petróleo es sólo de 1/10. El consumo de energía per cápita está obviamente rezagado, al igual que la recuperación energética del transporte.

Al mismo tiempo, los gases de escape de los automóviles se han convertido en el factor más importante de la contaminación atmosférica, en particular la contaminación urbana. De esta manera, la búsqueda de nuevas energías limpias es de particular importancia para el desarrollo sostenible de China.

Durante los recientes planes quinquenales, el Ministerio de Ciencia y Tecnología ha incluido la investigación y el desarrollo de vehículos de pila de combustible y tecnologías conexas en el Plan Nacional de Ciencia y Tecnología de la Construcción. En enero de 2002, la Academia China de Ciencias puso en marcha un importante proyecto del Plan de Acción Estratégico para la Innovación Científica y Tecnológica. La atención se centra en el motor de pila de combustible con membrana de intercambio de protones de alta potencia y tecnología de energía de hidrógeno.

El Instituto de Física Química y la Academia China de Ciencias se basan principalmente en el Plan Estatal de Desarrollo de Alta Tecnología (Programa 863) —Gran Proyecto para Vehículos Eléctricos— del Ministerio de Ciencia y Tecnología. La investigación y el desarrollo de motores de pila de combustible de 75KW y 150 KW. La investigación y el desarrollo de motores de celda de combustible de 75KW y 150KW y de energía de hidrógeno está avanzando en el campo de la tecnología con derechos de propiedad intelectual independientes.

Esta tecnología líder en el mundo ayudará a China a entrar en la era de la energía del hidrógeno lo antes posible. Además de los automóviles y autobuses de pila de combustible, China ha desarrollado con éxito un total de más de 2.000 km en operaciones experimentales. Esto indica que China tiene la capacidad de desarrollar motores de pila de combustible impulsados por hidrógeno. Cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y la Exposición Universal de Shanghái 2010, se probaron con éxito los primeros coches de pila de combustible.

 

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO GEOPOLÍTICO: ALGUNOS LINEAMIENTOS A LO LARGO DE LA HISTORIA

Isabel Stanganelli*

La Geopolítica ha mutado sucesivamente sus limitaciones teórico-conceptuales de acuerdo con las etapas, medios y sociedades en que primaron sus respectivos paradigmas. En este recorrido por el que ha sido su origen y desarrollo intentaré incluir los aportes pertinentes al conocimiento y a la comprensión de los fenómenos políticos en un mundo, hoy por hoy, globalizado. Debemos adelantar que existen teorías y conceptos geopolíticos superpuestos y contradictorios en el mismo.

La palabra “Geopolitica” debió sobrevivir a una gran carga negativa desde la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, gran parte de sus contenidos fueron absorbidos por “Relaciones Internacionales”. He podido observar el fenómeno en mi calidad de Geógrafa (Geopolítica) y de Magíster en Relaciones Internacionales. Como éstas últimas estarían incluyendo a la primera, podemos recuperar a la Geopolítica sin dejarlas desprovistas de contenido.

Luego de esta observación es importante destacar el debilitamiento de los Estados —agravado por la pandemia de Covid-19— y la emergencia de elementos y actores perturbadores. El repentino desmoronamiento de la Unión Soviética y el consecuente final de la Guerra Fría implicaron cambios mundiales; no fueron los únicos cambios y ninguno de los paradigmas dominantes de las Relaciones Internacionales demostró ser capaz de predecir esos eventos y nuevas realidades, complicadas con la proliferación de conflictos étnicos, culturales, el creciente rol de las asociaciones regionales, el impacto de la globalización y la revolución de las comunicaciones.

Todo ello obligó a restituir la discusión de las rivalidades relativas al poder al seno de las ciencias geográficas. Las sociedades avanzan sobre la base de contradicciones y observamos un retorno a los nacionalismos, fundamentalismos y particularismos regionales como una reacción —entre otras— de la racionalidad y determinismos occidentales y sus contrapartidas orientales.

Para analizar la competencia por áreas de influencia es necesario identificar a los Estados de mayor magnitud estratégica mundial. Sherman Kent, establece que la magnitud estratégica de un Estado implica además de su situación geográfica y de sus vulnerabilidades, los medios con que cuenta, su voluntad y eficacia en usarlos ante una situación de gravedad —real o imaginaria—, las decisiones de sus pueblos, sus modos de resolución histórica, la característica de sus líderes, sus aliados probables, sus instrumentos no militares de política y estrategia y el potencial bélico del Estado en cuestión[1].

Por alguna razón “…algunos Estados con suficiente capacidad y voluntad nacional de ejercer poder o influencia más allá de sus fronteras, intentan alcanzar una posición de dominio regional o de importancia global”[2]. Para ello se valen de alianzas con otros Estados capaces de producir cambios ventajosos en la situación geoestratégica mundial.

Desde su introducción, el término Geopolítica ha enfrentado numerosas dificultades referidas a su definición. El “Gran Juego Geopolítico” librado entre el Reino Unido y Rusia a fines del siglo XIX nos ilustra cómo diversas teorías geopolíticas acompañaron sus respectivos tiempos históricos.

El concepto no solo resultó contaminado por su uso tendencioso por la Geopolitik alemana de la Segunda Guerra Mundial sino debido a los numerosos significados y connotaciones en su uso actual. Muchas veces es contradictorio, el concepto suele permanecer implícito y referirse a Estados, a sus relaciones y su contexto, otras veces a actores no estatales. Los medios suelen utilizar el término sin definirlo.

En cuanto a las lecturas académicas encontramos tantas definiciones que en última instancia solo reflejan un debate intelectual que no parece tener fin.

También es frecuente la aparición de términos tales como Geopolítica energética, Geopolítica del hambre, Geopolítica del agua, Geopolítica empresarial, etc. que dan testimonio de la validez y vigencia —explícita o encubierta— de la Geopolítica. También es visible a través de conceptos derivados como “aéreas de influencia”, “balance de poder”, “Estados tapón”, “intereses vitales”, “intereses estratégicos” o “near-abroad” (exterior cercano). 

En búsqueda de una definición

A los fines de adoptar una definición apropiada, es conveniente repasar las tendencias más representativas del pasado.

Como una primera aproximación, se debe destacar que los dos conceptos primarios de la Geopolítica de los siglos XIX y gran parte del XX fueron tierra y agua —o continentes y mares—, bases de la representación cualitativa del espacio mundial.

Las talasocracias implican la existencia de una metrópoli y colonias si bien las civilizaciones del mar Negro o del Mediterráneo son muy diferentes a poderes insulares como el Imperio británico y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ejemplos de la vigencia del poder de las flotas marítimas. La expansión colonial de los Estados europeos y luego EEUU ha sido básicamente talasocrática. Su vigencia a cargo de portugueses, españoles, holandeses y finalmente británicos perduró por más de 400 años. La escuela del estadounidense Mahan refuerza esta categoría.

La evaluación de las telurocracias es más reciente: cuentan con un centro y provincias en una “tierra común”. Pueden ser civilizaciones forestales, de las estepas, de las montañas, etc. Son ejemplos pertinentes el Imperio de Genghis Kahn, el de Tamerlán, el califato árabe y hasta el Imperio incaico. Dentro de éstas se destaca la escuela geopolítica del Eurasianismo de Primakov.

 Teorías geopolíticas

Friedrich Ratzel (1844-1904)

Geógrafo y periodista alemán, escribió en 1897 su Geografía Política donde supeditaba las actividades humanas al medio físico: el rigor de los inviernos explicaría el mayor desarrollo de la Europa del Norte ante las afirmaciones acerca de la indolencia del hombre tropical comparado con el industrioso septentrional, que se han utilizado como explicación de las diferencias entre las colonias de Brasil y EEUU. Sostenía que los Estados compartían muchas de las características con los organismos vivientes e introdujo la idea de que un Estado tenía que crecer y extenderse o morir dentro de “fronteras vivientes”. Hoy condenado por su determinismo y por su doctrina tomada como base de una de las páginas más negras de la Historia del siglo XX. Pero fue fiel a las corrientes predominantes de su tiempo y no podía predecir el impacto de sus teorías, consideradas precursoras de las geopolíticas.

Rudolph Kjellen (1864-1922)

Versado en Ciencias Políticas e Historia, en 1899 escribió un artículo sobre la frontera de Suecia —su país—, denominado “La ciencia del Estado en tanto organismo geográfico que se manifiesta a través del espacio en el que fue utilizado por primera vez el término “Geopolítica”. Kjellen la definía como «la teoría del Estado como organismo geográfico o fenómeno en el espacio”. No hay indicación de que conociera la obra de Mackinder y Mahan aunque fue mencionado como asesor de la política exterior del presidente estadounidense Theodore Roosevelt. Entre su abundante producción se encuentra “El Estado como forma viviente” donde establece —bajo fuerte influencia de Ratzel— que los Estados (como organismos sujetos a la ley del crecimiento) nacen, se desarrollan y mueren. Aunque Suecia permaneció neutral, Kjellen promovía formar un frente aliado con Alemania contra Rusia y criticaba a la vieja Ciencia Política por considerar que se limitaba a observar a los Estados y sistemas judiciales e incorporó una nueva teoría con base antropogeográfica —para él, Geopolítica— en la que incluye conceptos como Estado, nación, sociedad y sistema judicial. Para Kjellen, la Historia no era un caos de eventos coincidentes sino que estaba bajo la influencia de reglas geopolíticas.

Su teoría abarcaba una verdadera Geopolítica considerada como el territorio natural, con límites, características físicas, producción y capacidad de mantenerse unificado y poderoso (a través de cultivos, comunicaciones y fortificaciones). Como Mackinder, creía que el transporte internacional terrestre se estaba desarrollando a tal velocidad que el poder marítimo quedaría en el pasado. La reedición actual de la Ruta de la Seda en Asia central incluye autopistas y ductos de exportación de hidrocarburos desde Medio Oriente hasta China, momentáneamente más segura que las rutas marítimas para los buques mercantes, superpetroleros y buques metaneros[3].

Kjellen consideraba a la Geopolítica como una amplia ciencia en el límite de la Historia, Geografía y Ciencia Política y al mismo tiempo una ciencia auxiliar de éstas, era un analista y metodólogo, un constructor de sistemas. No encontramos mapas en sus libros.

Alfred Mahan (1840-1914)

El contraalmirante, historiador, estratega y geopolítico estadounidense Alfred Mahan, postuló la importancia estratégica del dominio naval como clave para la dominación mundial. Para ello no solo contaba con el ejemplo del imperio colonial británico de ultramar sino de las experiencias navales de la propia EEUU, que a principios del siglo XIX —1803-1805— “libraba batallas contra los bereberes en el mar Mediterráneo”[4], además de las libradas para mantener la independencia contra el Reino Unido, en 1812. Mahan sostuvo en La influencia del poder naval en la Historia que “Quien domine el mar domina el comercio mundial; quien domine el comercio mundial domina el mundo”[5]. Asignaba tanta importancia al imperio colonial de ultramar como a las rutas marítimas, principalmente las comerciales. Fue un “ardiente propagandista acerca de la expansión de los EEUU hacia territorios y áreas de ultramar”[6]. Consideraba a EEUU como un Estado insular y propuso políticas como la anexión del archipiélago hawaiano, control del mar Caribe y construcción de un canal en Panamá. Roosevelt puso en marcha estas propuestas.

Halford Mackinder (1861-1947)

En Occidente desde fines del siglo XIX las teorías más conocidas fueron las del británico Mackinder. En su The Geographical Pivot of History —publicado en 1904 por la Royal Geographical Society— sostuvo la existencia de un bloque central, pivote o Heartland clave y que quien lo unificara y dominara, dominaría los tres continentes de la “Isla Mundial” —Europa, Asia y África—. La localización del heartland fue siempre ambigua: lo situaba en algún lugar de “Eurasia”, también ambiguamente definida, para justificar el interés en Rusia[7]. Luego de la Primera Guerra Mundial, Mackinder favoreció la creación de Estados-tapón como Polonia o Yugoslavia, para aislar a Rusia y reducir la superficie de Alemania.

The Geographical Pivot of History atrajo la atención tanto de admiradores como de detractores de Mackinder, que lo acusaron de geo-determinista e imperialista. Al respecto Milton Santos señaló que “La educación impregnada de un fuerte patriotismo demandaba de profesores de Geografía que promuevan el colonialismo. (…) Entre los geógrafos colonialistas Mackinder sería el más eficiente”[8].

En 1919 en su Democratic Ideals and Reality[9], Mackinder trasladó el Heartland a Eurasia, basándose en la menor capacidad de penetración de las potencias marítimas y en su temor de que Alemania alcanzara el corazón continental. Esta idea de existencia de una “fortaleza” asiática impenetrable sigue siendo la base de numerosos modelos y la “primera premisa del pensamiento militar occidental”[10]. Desde la desintegración de la URSS, el poderío militar actual —tierra, mar, aire y espacio exterior— parecen sostener la idea de “la fortaleza” delineada con poco rigor académico por Mackinder.

Andrei Evgenievich Snesarev (1865-1937)

Menos conocido que Mackinder, el influyente general y estratega ruso Snesarev, zarista que en 1918 se integró al Ejército Rojo en el distrito militar Turkestán. Autor del libro Afganistán, fue escrito como curso de lectura militar a la espera de órdenes de invadir India vía Afganistán en 1919. La invasión finalmente no ocurrió, pero Snesarev colaboraba con los pashtún contra el Imperio británico en Merv, actual Turkmenistán con posterioridad a la Primera Guerra Mundial. Snesarev —emulando a Mackinder— sostenía que “Quien gobierne Herat, gobernará Kabul y que quien gobierne Kabul, gobernará India”[11]. Consideraba a Afganistán como la puerta de entrada a India y como secuencia para luego arribar al océano Índico. Además afirmaba que existían dos tipos de fronteras: estatales y estratégicas, considerando en este último rango a Afganistán. Andrei Snesarev fue apresado por Stalin en 1930 —bajo cargos de traición—, ejecutado en 1937 y recientemente su figura fue rehabilitada. Considerado precursor de Zbigniew Brzezinski, Snesarev señalaba a esta región como “muy volátil (…) colocada en la periferia de grandes imperios, incluyendo los establecidos por Alejandro Magno y los mongoles”.

Karl Haushofer (1869-1946)

Hemos visto que la Geopolítica tuvo gran interés en Alemania desde principios del siglo XX —con Kjellen— y alcanzó mayor difusión cuando el general alemán Karl Haushofer (1869-1946) adaptó en su libro Der Lebensraum (El espacio vital) algunas teorías de Ratzel y las del Heartland de Mackinder para justificar pseudocientíficamente la expansión territorial alemana durante el Tercer Reich. Este uso de la Geopolítica “llevó a sacrificar la metodología científica en pro de un proyecto grandioso de un poderoso Reich alemán”[12]. Haushofer incorporó los procesos políticos a la definición de la Geopolítica: Haushofer consideraba a la Geografía Política como una parte esencial de la Geopolítica.

Curiosamente la Historia da cuenta de decisiones del régimen nazi que contradicen tanto las teorías de Ratzel como las de Haushofer: la cesión del Tirol del Sur, zona poblada por mayoría germana, a los italianos. Haushofer se suicidó en 1946.

Nicholas Spykman (1892-1943)

En su libro America’s Strategy and World Politics[13] sostuvo que Mackinder había exagerado el potencial del Heartland y que el verdadero poder radicaba en el inner crescent, al que Spykman denominaba “rimland” o perímetro de seguridad, teoría aplicada primeramente a la defensa de EEUU, funcionando como una alerta temprana ante posibles intromisiones. Este rimland al que alude Spykman debía abarcar todo el continente asiático y europeo y grandes extensiones de los mares y océanos adyacentes. Al mencionar la extensión de los Estados no se refería al poder per se de los mismos, sino a su potencial para evitar separatismos.

Desde el punto de vista de la defensa militar, para Spykman la extensión era crítica respecto de la localización de los centros vitales. Mencionaba la defensa de Rusia ante el avance napoleónico, pero podemos agregar la estrategia rusa de traslado de centros industriales al este de los Urales ante el avance de Hitler durante la II Guerra Mundial y la descentralización estratégica militar debida a la Guerra Fría, que dejó importantes instalaciones en otras repúblicas de la URSS, como Kazajstán, Tayikistán, Uzbekistán.

“Nicholas Spykman: el preludio de la contención”. Retaguardia.org. (economía, modelos emergentes), http://www.retaguardia.org/2008/09/12/nicholas-spykman-el-preludio-de-la-contencion

En la comunidad académica se suele minimizar el aporte de Spykman, reduciéndolo a un agregado —inner crescent— al heartland de Mackinder. Pero sus aportes siguen siendo válidos ante las nuevas tecnologías aplicadas a portaaviones, a su alcance ofensivo, sus sitios de emplazamiento y a la división del mundo en comandos estadounidenses.

Estudios posteriores destacan la influencia de ambos geopolitólogos —Mackinder y Spykman— en la estrategia de contención estratégica de EEUU durante la Guerra Fría. En su obra póstuma, The Geography of the Peace[14] sostenía que el control de la cuenca del océano Atlántico Norte era ideal, pero adelantaba el “inevitable crecimiento en importancia del océano Pacífico como ruta clave para el comercio internacional”[15], una de las premisas en la Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU desde 2013. Spykman no es simplemente el autor de la “teoría del rimland”.

Alexander de Seversky (1894-1974)

Era un noble nacido en Rusia —hoy Georgia—. En 1918 arribó a los EEUU destinado a la Embajada de Rusia. Ingresó al Departamento de Guerra estadounidense como ingeniero aeronáutico y experto en bombarderos. En 1942 comenzó a escribir el best seller Victory Through Air Power alertando a la nación sobre la necesidad de defender mejor su espacio aéreo. Afirmaba que se avecinaba una revolución y en consecuencia que EEUU necesitaba respuestas revolucionarias. Pero el gobierno no estaba preparado para comprender que estaba en desventaja respecto de otros beligerantes. Luego de la Segunda Guerra Mundial recibió la Medalla al Mérito de manos del Presidente Truman y en 1952 formó Seversky Electroatom Corporation, empresa dedicada a la protección de EEUU contra ataques nucleares y en extraer partículas radioactivas del aire.

Alexander de Seversky consideraba que, al inicio de la Guerra Fría, estaban equilibrados tanto el poder terrestre como el marítimo y que era la superioridad aérea la que podía romper los cercos establecidos por los poderes continentales y marítimos enemigos y los Estados tapón. Consideraba además la creación de una zona aérea estadounidense que se extendiera a Europa y otra soviética. Independientemente de tener un perfil bien diferente de los académicos analizados previamente en esta investigación, de Seversky logró: a) mantener la primacía de EEUU al incorporar la capacidad de ataques aéreos incorporando una nueva dimensión espacial a la Geopolítica y b) colocarse pragmáticamente en el punto de avance entre el poderío aéreo y el nuclear.

Jaume Vicens Vives (1910-1960)

Para Vicens Vives el nacimiento de la Geopolítica coincidía con la etapa de los imperialismos y reparto del mundo por las grandes potencias del momento y que el ingreso tardío de Alemania a tal reparto produjo la guerra de 1914. En su libro España, Geopolítica del Estado y del imperio define a la Geopolítica como “una interpretación del pasado histórico y del espacio geográfico que sirva para justificar el presente[16].

Al final de España se refiere a las tensiones internacionales y a las fronteras como focos de tensión. Ya vislumbraba que las fronteras rígidas del siglo XIX y principios del XX estaban siendo superadas por el vertiginoso desarrollo de los medios de comunicación. Insiste en la artificialidad de las fronteras: siempre son humanas.

Otro ámbito de su investigación son las causas que han llevado a la expansión económica y el avasallamiento político: la búsqueda de recursos minerales —incluyendo energéticos—. En su momento, mediados del siglo XX, estudiaba la situación de Katanga —República Democrática del Congo— y el uranio y los intentos de secesión de aquella región como parte de un proceso teledirigido por Occidente en una clara actitud neocolonial.

Con una actualidad sorprendente define a mediados del siglo XX la posibilidad de conflictos por el control de las zonas polares y el dominio de las rutas marítimas —incluyendo el bastión Malvinas—.

Yves Lacoste (1929-…)

Yves Lacoste, geógrafo marroquí, contribuyó al renacimiento de la Geopolítica en Francia a partir de la década de 1970, si bien su producción se inició con Los países subdesarrollados (1959) y Geografía del subdesarrollo (1965), con las que entraría en el ámbito de la geografía económica y social.

Lacoste, Ives. Geografía del subdesarrollo. Barcelona: Ariel Geografía, 5ª edición, 1984, p. 74.

Destacada figura de la geografía radical, Yves Lacoste rechazó desde una óptica marxista la geografía tradicional, que definió como una mistificadora, al servicio del sistema e incapaz de dar respuesta a los nuevos problemas del mundo contemporáneo.

Con la revista Hérodote y, más tarde, su obra La Geografía: un arma para la guerra (1976), comenzó un intento de reintroducir el estudio de la ciencia geopolítica en Francia, desembarazándola de su injusta imagen de ciencia nazi.

En su libro Geopolítica: la larga historia de la actualidad (2006) afirma que: “El término Geopolítica, que nos muestra múltiples usos, define de hecho todo lo que concierne con las rivalidades de poder o influencia sobre territorios y sus habitantes: las rivalidades entre grupos políticos de todo tipo – y no sólo entre los Estados, sino también entre los movimientos políticos o los grupos armados más o menos clandestinos – rivalidades por el control o dominación de territorios grandes o pequeños”[17].

Lacoste, Ives. Geografía del subdesarrollo. Barcelona: Ariel Geografía, 5ª edición, 1984, p. 78 y 79.

En la figura precedente los signos de interrogación designan los Estados o grupos de Estados que —según Lacoste— presentaban problemas por formar parte del conjunto geopolítico denominado Tercer Mundo. Estados de la península ibérica o de Europa oriental, aunque no eran parte del Tercer Mundo, se consideraban a menudo como “subdesarrollados”. Por el contrario, Argentina y Uruguay entraban dentro del Tercer Mundo, a la inversa de África del Sur, considerada por muchos autores como un país “desarrollado” (o semidesarrollado). Finalmente, el último interrogante es el de si los Estados socialistas forman parte de lo que se denomina Tercer Mundo.

Peter Taylor (1944-…)

Geógrafo británico, el más influyente en la renovación de la Geopolítica. Disconforme con el enfoque neopositivista imperante, reorientó la disciplina hacia el análisis del sistema mundial. Considera las dinámicas de la economía global, descartando la localización del territorio o su ambiente como factores que condicionan las políticas de los Estados —sostenida por los geógrafos clásicos—. Para Taylor se trata de centros, periferias y semiperiferias imbricadas y dinámicas de acuerdo con las variaciones de la economía capitalista. Establece tres escalas de análisis: sistema-mundo (la realidad), localidad (la experiencia) y el Estado-nación (instancia mistificadora) y establece a la primera como decisiva. Para Taylor, “esta apreciación ingenua de que el espacio es un escenario inalterable, pone de manifiesto una gran ignorancia en torno de la Geografía”[18].

Taylor declaró además que los análisis geopolíticos siempre tuvieron un sesgo nacional: “En el caso de la Geopolítica, siempre ha sido muy fácil de identificar la nacionalidad del autor a partir del contenido de sus escritos”. Taylor relaciona Geopolítica y Relaciones Internacionales: “La Geopolítica ha sido generalmente parte de la tradición realista de las Relaciones Internacionales[19].

Saúl Bernard Cohen (1925-2021)

Este geógrafo estadounidense estableció en 1990 diferentes jerarquías de los espacios mundiales. En primer lugar consideró las mayores rutas comerciales marítimas del mundo, en segundo las terrestres de Europa y en tercer lugar los países de lenguas y etnias comunes (latino, germánico, anglo-americano, chino, eslavo): los independientes (Japón, Tailandia, Indonesia, Filipinas…); los espacios de conflicto (como Medio Oriente y en América latina Colombia, Venezuela, Bolivia) así como espacios de transición (entonces Europa central). Aunque reconoce la existencia de Estados-Potencias, les asigna magnitud en base a la comparación entre sus PBI, el acceso a tecnologías innovadoras, el nivel educativo, sus reservas de energía y cantidad de profesionales. En su libro Geopolitics of the World System[20] define Geopolítica como: “… el análisis de la interacción entre escenarios geográficos y sus perspectivas con procesos políticos. (…) Ambos son dinámicos y se retroalimentan. La Geopolítica da cuenta de las consecuencias de esta interacción”. La definición se focaliza en la interacción dinámica entre poder y espacio. 

Evgeny Primakov (1929-2015)

La crisis que puso fin a la URSS se mantuvo durante la década de los “reformistas ultraliberales”, representados por Boris Yeltsin. En 1997 Evgueni Primakov, ex jefe de la KGB, asesor y luego Primer Ministro, puso en marcha la que se terminó denominando “Doctrina Primakov” donde proponía la formación de un triángulo estratégico China-India-Rusia, eurasianista. Su propuesta fue retomada como parte de la gestión de Vladimir Putin. El objetivo era lograr que Rusia fuera una superpotencia. Consideraba que Occidente intentaba marginar el papel de Rusia en el sistema e infiltrarse en su espacio tradicional de influencia. En los libros de su autoría El mundo después del 11 de septiembre y La guerra en Irak arremete contra Washington, si bien destaca que Occidente tiene otra cultura y que es posible una cooperación limitada y con ventajas mutuas. Su propuesta incluyó modificar la orientación de la política exterior rusa de Occidente a Oriente, hacia un escenario considerado el sitio natural de Rusia. Sostuvo que el alejamiento del escenario asiático en la “década atlancista”, había propiciado que otros actores se aventuraran a penetrar la región, complicando considerablemente toda su problemática.

Primakov señalaba que “Rusia no tiene alternativas, si no mantiene su influencia en Asia Central entonces otros lo harán y será siempre en detrimento de ella…”[21]. La “doctrina Primakov” rectificó la orientación geoestratégica rusa que, en 2007, inició la consolidación del curso geopolítico nacional con la “Doctrina Ivanov” y posteriormente la “Doctrina Putin”. En julio de 2006, en ocasión de la Cumbre del G8 el mensaje de Putin fue claro: “…Occidente tendrá finalmente que aceptar el hecho de que Moscú ha vuelto al escenario mundial…” y proclamó lo que Rusia consideraba como sus tres fortalezas y que serían desde entonces los pilares de su emergencia: administración firme, confianza en sí misma y renovado vigor. En 2008 anunció el estreno de su doctrina de orientación multipolar, donde exhortaba a la construcción de un orden internacional justo, equitativo y respetuoso de las diferencias, al tiempo que hacía votos por la defensa de los valores democráticos. Era también eurasianista.

Tradición geopolítica china

En China por su parte, una larga tradición de más de 700 años de pensamiento estratégico —sin mencionar a los estrategas clásicos—, encuentra en el geopolítico Wei Yuan (1794-1856) y en los trabajos que hoy despliegan varias universidades y centros de estudios superiores, reflexiones geopolíticas elaboradas desde la perspectiva de la potencia marítima y continental china en Asia y en el Pacífico que —después de la transición entre la administración de Jiang Zemin hacia la de Hu Jintao—, se encamina a devenir una potencia de alcance global en la escena geopolítica. Aunque mencionaremos a dos de sus mentores, ellos son parte de equipos que incluyen numerosos académicos de valía. Es importante a tener en cuenta que, a diferencia de Occidente, los analistas aportan sus ideas y sugerencias al gobierno, que evalúa y decide la aplicación de sus teorías. En Occidente es más usual que los especialistas publiquen sus obras sin necesariamente ser parte de las decisiones adoptadas por los gobiernos. De esta manera, los conceptos que veremos a continuación hallan su correlato en las doctrinas oficiales chinas de Seguridad Nacional, Defensa y Militar entre otras.

Jiang Ling Fei

Profesor de la Universidad de Defensa Nacional, su enfoque geopolítico coincide en gran medida con el de Yves Lacoste. Analiza la situación geopolítica a través de las actividades del terrorismo transnacional al que considera reflejo extremista de:

    • las agudas diferencias en la distribución mundial de la riqueza y
    • las diferencias culturales entre el oeste y el este.

Pang Shongying

Académico de las Universidades Qinghua y Renmin, divulga sus investigaciones en The National Interest (Washington DC) y es parte del comité editorial internacional de la revista Globalizations, publicada por Routledge (Londres). Pang considera que un aspecto del ascenso de China como poder mundial radica en el incremento de su soft power (poder suave) en cuestiones regionales y globales, derivado de su cultura, modelos de desarrollo, ideales y política exterior. Estima que existe la posibilidad de transformar el soft power en poder; el rol del desarrollo chino en ejemplo a trasladar a otros países y analiza las implicaciones del soft power chino en su cooperación y competencia con EEUU[22]. Señala que si la Unión Europea no logra detener su declinación, su influencia y posición pueden resultar severamente debilitadas, perdiendo su status de jugador clave. Sostiene que EEUU intentará por todos los medios mantener su liderazgo y hegemonía. En cuanto a China, la crisis de Occidente decidirá su rol. Pang sostiene los principios que China mantiene desde la Guerra Fría: “nunca ser el líder”, “no alineamiento” y “no interferencia”, pero considera que deberían ser más flexibles. Finalmente afirma que existe una brecha entre el mundo dominado por Occidente y el resto y que un mundo gobernado por leyes globales que incluya la participación de China ayudará a superarla. Para ello se requerirá la formación de un nuevo orden internacional.

Conclusiones

La concepción según la cual el poder de un Estado se encontraba estrechamente relacionado con los recursos físicos, económicos, ambientales y geográficos con los que contase, se presenta hoy urgida de revisiones: La evolución conceptual dejó de considerar al Estado como único actor, para incluir y apreciar el poder de otras entidades y actores.

Las actuales estructuras geopolíticas se encuentran cada vez más marcadas por cuatro conductores fundamentales: el “heartland”, el “reino” geoestratégicamente liderado por Rusia debido a razones históricas y geográficas. El segundo, originado por los objetivos estratégicos de EEUU y los temores nacionales a la hegemonía rusa que los conecta con el “reino” marítimo euroatlántico, liderado por EEUU. Esta oposición hace que la influencia política y el poderío militar en la gran región sean el premio geopolítico de la competencia entre Rusia y EEUU. La tercera es que para China el imperativo radica en su ancestral relación comercial y de transporte por Asia Central.

La afirmación de que el futuro de la humanidad se juega en Asia es cada vez más frecuente. También lo es que el eje geopolítico de la cubeta del Atlántico norte se está trasladando al Pacífico norte. De los resultados dependerá no solo el futuro de la Federación de Rusia, de China o EEUU sino —debido a la magnitud estratégica de los actores mencionados— el del mundo globalizado.

 

* Profesora y Doctora en Geografía (UNLP). Magíster en Relaciones Internacionales (UNLP). Secretaria Académica del CEID y de la SAEEG. Es experta en cuestiones de Geopolítica, Política Internacional y en Fuentes de energía, cambio climático y su impacto en poblaciones carenciadas.

 

Referencias

[1] Sherman Kent. Inteligencia estratégica. Buenos Aires: Pleamar, 1967, p. 59.

[2] Brzezinski, Zbigniew. El gran tablero mundial. Barcelona: Paidós, 1998, p. 49.

[3] La reciente obstrucción del canal de Suez merece ser considerada.

[4] Los piratas bereberes cobraban tributo a los buques que comerciaban a través del mar Mediterráneo. Cuando en 1803 —con Europa bajo las guerras napoleónicas— los tripolitanos tomaron el buque Filadelfia. EEUU envió su flota, bloqueó y bombardeó Trípoli mientras el Cap. William Eaton bombardeaba Derna, a 800 kms de Trípoli. Cuando en 1805 firmaron un tratado por el cual EEUU no pagaría más tributos, iniciativa que no habían tomado las potencias europeas, EEUU retiró su flota. Para más detalles sobre esta primera aventura ultramarina de EEUU puede consultarse: Asimov, Isaac. El nacimiento de los EEUU. 1763-1816. [2ª edición, tomo XII], España: Alianza, 1984, p. 218.

[5] McColl, R.W. Encyclopedia of World Geography. (Vol. 1) New York: Checkmark Books/Facts On File, 2005, p. 408.

[6] Terzago Cuadros, Jorge. Alfred Thayer Mahan (1840-1914) Contraalmirante U.S. Navy, su contribución como historiador, Estratega y Geopolítico, p. 25, Viña del Mar, Chile, 05/10/2005, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC), Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), http://www.cialc.unam.mx/pdf/mahan.pdf

[7] Mackinder formuló esta teoría en 1904, la revisó en 1919 y nuevamente en 1943. No fue posible encontrar en Internet un documento gráfico que diera cuenta fiel del Heartland de Mackinder 1904, cuando lo localiza entre el río Danubio y los montes Urales. En todos los casos se le adjudica un Heartland que se extiende ampliamente en la ex URSS. La persistencia de esta divulgación “popular” errónea induce a magnificar la hipótesis de Mackinder y sentar perniciosos precedentes geopolíticos.

[8] Milton Santos. Por una Geografía Nueva. Madrid: Espasa Calpe, 1990, p. 31-33.

[9] Mackinder, Halford. Democratic Ideals and Reality. Londres: Greenwood Press, 1919, p. 278.

[10] Taylor, Peter. J. Political Geography. Harlow (Essex, Inglaterra): Longman, 3ª ed., 1993, p. 48.

[11] Hauner, Metan. “What is Asia to Us?” En: Russia´s Asian Heartland Yesterday and Today. London-NY: Routledge, 2013.

[12] Pereira da Silva Gama, Carlos F. “Fontes do Pensamento Geopolítico Alemão (Geopolitik)”. Usina de Letras, 31/08/2003, http://www.usinadeletras.com.br/exibelotexto.php?cod=1554&cat=Teses_Monologos

[13] Spykman, Nicholas. America’s Strategy in World Politics: The United States and the Balance of Power. Original 1942. Transaction Publishers; Edición: New edition (15 de marzo de 2007).

[14] Helen R. (editor) Spykman, Nicholas John; Nicholl (autor). The Geography of the Peace. New York: Harcourt, Brace and Co., 1944, (Serie: Yale Institute of International Studies).

[15] Spykman, Nicholas. Geography and Foreign Policy, I. Yale University, Connecticut, 1938, p. 42.

[16] El primero de los tres grandes bloques en que está estructurado su libro se denomina justamente Geografía política, geopolítica y geohistoria.

[17] Lacoste, Yves. Géopolitique: la longue histoire d’aujourd’hui. París: Larousse, 2006.

[18] Taylor, Peter J. Political Geography and the world economy”. En: Burnett A. y Taylor, P. (eds.), Political Studies from special perspectives. Chichester: John Willey & Sons, 1981, p. 46.

[19] Ibid., p. 84.

[20] Cohen, Saul Bernard. Geopolitics of the World System, Rowman and Littlefield, Maryland, 2003.

[21] Primakov, Evgeny, “La recuperación de Rusia entra en su segunda fase”. En RIANovosti, 28/05/2007 http://www.sp.rian.ru

[22] Pang Shongying. “Global Order Poised between Promise and Chaos. The Role of China”. En Global Research, Junio 19, 2012. https://www.globalresearch.ca/global-order-poised-between-promise-and-chaos/31493

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