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RÍO NEGRO. UN MODELO DE INCAPACIDAD EN LA ADMINISTRACIÓN DE LA PESCA.

César Augusto Lerena*

La Emergencia Pesquera recientemente decretada (Nº 480/23) en el Golfo de San Matías (Río Negro) por el término de un año, “con el objetivo de mitigar los efectos de la crisis económica generada por la escasez del recurso”, firmado por la gobernadora Arabela Carreras, es una muestra elocuente de la incapacidad de las autoridades de esa Provincia, de la Subsecretaría de Pesca de la Nación y del Consejo Federal Pesquero en la coordinación de las políticas pesqueras con los gobiernos provinciales y el aprovechamiento de todas herramientas, entre ellas, la investigación y la regulación del esfuerzo pesquero, de modo de optimizar la utilización del recurso y darle sostenibilidad en el tiempo.

Las emergencias pesqueras, basados en “una disminución del recurso” suelen provocar determinadas acciones que describiremos; pero, nunca, estas declaraciones son buenas, porque suponen medidas reactivas que transfieren los costos al Estado que, por lo general, suele hacerse cargo de los salarios caídos del sector privado, de la refinanciación de las deudas, impuestos y las tasas de las empresas. Se empobrecen las industrias, su gente y el propio Estado provincial y municipal.

Cuando ocurren situaciones excepcionales de carácter biológico que producen un desequilibro en el ecosistema podrían justificarse este tipo de emergencias. Aquí habría que preguntarse si efectivamente el recurso disminuyó o por el contrario “es escaso” como refieren algunas fuentes oficiales; lo que podría estar dando lugar a pensar, que se han otorgado permisos a un mayor número de buques sobre un mismo recurso existente; es decir se ha aumentado el esfuerzo pesquero irresponsablemente.

Sería bueno que la Autoridad de Aplicación publique el número y detalle de los permisos, cuotas y autorizaciones de pesca en estos últimos 10 años con radicación en los puertos de Río Negro y más particularmente en los últimos cuatro y, a la par, revisar los desembarcos en ese mismo período, al menos de las tres especies principales: merluza común, langostino y calamar que en toneladas representan el 76,7% el total de las exportaciones nacionales y el 85% de los dólares exportados. Me informan que habría más de cien permisos y solo estarían pescando unos 15 buques. Pero esto requiere que las autoridades pertinentes lo precisen.

Al asumir el 10 de diciembre de 2019, alguien le tendría que haber dicho a la gobernadora que la política pesquera de la Provincia es pésima en relación con sus pares del litoral marítimo, ya que los desembarques de los últimos 10 años representan entre 0,67% y 1,27% del total de la Argentina en las especies citadas y, así y todo, ahora se ve obligada a declarar una emergencia pesquera por un año; tiempo absolutamente insuficiente, si de lo que se trata es de una “disminución del recurso” y, tal vez apropiado, para pasar este período electoral, si de lo que trata es que “el recurso es escaso” porque se habrían otorgado más permisos que los que la captura máxima sostenible permite en el Golfo de San Matías. El recurso es renovable pero agotable. Aquí no aplica “la multiplicación de los peces” que los evangelios de San Mateo, Marcos, Lucas y San Juan le atribuyen a Jesús.

Suele decirse en los ámbitos portuarios que “los permisos de pesca” tienen un cierto valor en dólares. A mí no me consta, pero si así fuese, el tenedor se estará preguntando ¿dónde está el pescado?

Uno también se pregunta: siendo el Subsecretario de Pesca de la Nación un hombre patagónico y el actual director del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) originario de Río Negro y ex Director Instituto de Biología Almirante Storni (IBMPAS) ¿cómo ocurren estas cosas? Al respecto, el Código Internacional de Conducta Responsable de la FAO precisa: «Los Estados deberían adoptar las medidas de conservación, ordenación y el uso sostenible de los recursos pesqueros. Éstas, deberían basarse en los datos científicos y estar concebidas para garantizar la sostenibilidad de los recursos, promoviendo una utilización óptima y su disponibilidad para las generaciones actuales y futuras». Nada de lo que está pasando en Río Negro.

El Biólogo Raúl González del Storni se ha referido —entre otras cosas— a que “la abundancia de la biomasa se redujo en un 75% según estudios realizados en los meses de noviembre/diciembre de 2022 según los últimas evaluaciones realizadas en 2018” resultando inadmisible que deban transcurrir cuatro años sin las investigaciones adecuadas y también, estima este investigador, que “las motivaciones pueden deberse al descarte superior al 30% de especies juveniles y el descarte por pesca incidental de terceras especies en la captura de langostino (bycatch)”, lo cual está absolutamente prohibido por la legislación vigente y ha sido debidamente comunicado en distintos informes del INIDEP, la AGN y la FAO, entendiendo este investigador que “se debería reducir a más de la mitad el esfuerzo pesquero (NdA: lo que podría estar reforzando la teoría que hay más permisos que recursos disponibles); regular la pesca del langostino y efectuar paradas biológicas”; medidas que provocarán desocupación en el puerto, en la flota y las plantas procesadoras, con la consiguiente desmoralización y pérdida de sustento de trabajadores e industrias.

Si estas observaciones del referido biólogo se confirmasen, estarían indicando una absolutamente ineficiente administración del recurso y, debieran, a mi entender, provocar el desplazamiento de la subsecretaría de pesca de Río Negro; pero, también, dejar de manifiesto la política insustentable e insostenible que lleva la Subsecretaría de Pesca de la Nación y falta de coordinación de las políticas nacionales y de intervención ante la situación emergente, como lo prevé la legislación vigente, cuya gravedad, podría haber quedado de manifiesto a partir de cualquier análisis básico que mostraría síntomas al menos en los últimos años.

Del análisis de las estadísticas de desembarcos del Sistema de SSPyA, éstas estarían demostrando que pese a la ínfima captura en relación con los desembarcos del resto de las provincias, aquella se habría duplicado; habiendo caído en un 50% las capturas de merluza en 2022 con relación a 2021 y un 20% el langostino en igual período. Caída que se mantiene en el primer semestre de 2023.

Lo que estaría ocurriendo se centra en una falta de un plan estratégico de la Provincia que termine con la “política restrictiva” que limita la pesca de la flota al Golfo de San Matías y potencialmente a un número de permisos otorgados que exceden a la disponibilidad actual del recurso y otros motivos, entre los que se encuentran el exceso de descartes y uso de redes inapropiadas, la falta de monitoreo de las capturas, del stock disponible y el control adecuado de los desembarcos en cuanto a volumen y especies.

Lo que algunos llaman “colapso de la pesca en Río Negro” es de tal gravedad y la punta del iceberg de una política pesquera extractiva que atrasa 50 años y pone en riesgo una actividad generadora de población, industria y empleo en la Patagonia Argentina.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente de la Fundación Agustina Lerena (Fundada el 21/10/2002), Presidente Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana, CESPEL (Fundada el 02/04/1989).

Autor de “Malvinas 1982-2022. Una gesta heroica y 40 años de entrega” (2021) y de “Pesca Ilegal y Recursos Pesqueros Migratorios Originarios de los Estados Ribereños de Latinoamérica y El Caribe” (2022).

IMPERIO AUSTRAL

Iris Speroni*

Peleamos por nuestros sueños y somos ganadores; aún luego de un sinfín de reveses.

 

Esta nota es la continuación de: UNA VENTANA AL MUNDO, LLEVAR NUESTRO ORGULLO AL CINE Y TENER UN CINE DEL CUAL ESTAR ORGULLOSOS, QUIERO VER TOP GUN EN EL BAFICI, ARGENTINA NECESITA UN SUBMARINO NUCLEAR, 2022: EL AÑO QUE NO ESTUVIMOS EN PELIGRO, NUESTRA TRAGEDIA: CANCELAR EN 1982 NUESTRO PROYECTO DE NACIÓN, entre otras.

Hoy

No hay que distraerse en el desánimo. La actualidad argentina es penosa. Puede empeorar. Aun así, nos vamos a recuperar.

Sabemos que es una situación fabricada, la cual no responde a la estructura natural de la Nación. Si no fuera por la férrea intervención del hombre (de algunos hombres) no podrían distraernos de nuestro camino de prosperidad.

Volver a la senda que nos corresponde por recursos humanos, naturales, extensión y capital invertido es nuestro desafío para estos próximos años.

Previamente, habrá que limpiar la casa (“Clean house” para usar una expresión gringa).

El futuro inmediato

La Argentina hoy, con todos sus desaciertos a cuestas, es un país relevante en el mundo.

Así lo considera China e India que quieren seducirla para que integre los BRICS.

A su manera, y con su enorme soberbia imperial, de igual forma lo plantea la Generala Laura Richardson, a cargo del Comando Sur del Ejército de los EEUU, en su exposición frente al Senado de su país [1].

No es nuevo

Dos personas a las que se puede querer u odiar, en la década del ‘70 del siglo XX, Henry Kissinger y Juan Domingo Perón, coincidieron —con intereses contrapuestos— en la entidad que la energía, los alimentos y la población tendrían en el siglo XXI [2].

Gris

Vivimos tiempos oscuros. Occidente nos hace padecer un Tratado de Versalles ad hoc: obligación de reducir al mínimo las FFAA, embargo de armas, entrega de las reservas auríferas de los Andes, carta blanca en el manejo del petróleo, control de la Hidrovía en manos de una empresa belga, desafectar el misil Cóndor, desindustrializar el país, subordinación a Brasil, obediencia a la agenda [3] del departamento de Estado.

El próximo paso, que tiene al presidente de Francia como vocero, es que una fuerza internacional (eufemismo por la OTAN) tome control del Amazonas y del Atlántico Sur. Veremos cómo defienden los tantos ambos gobiernos, de Brasil y Argentina.

Parte de los ataques son objetivos, físicos y tangibles (el oro es excavado y exportado mientras Argentina no tiene reservas en su BCRA); parte es simbólico e intangible (colgar banderas multicolor en el frente del edificio de la Cancillería).

El objetivo inmediato de los interventores (connacionales nuestros) es desanimar a la población de una eventual rebelión al status quo.

La entrada es Ezeiza

La verdad es muy otra que la horrible que imponen los gobernantes (tenernos pobres significa mantenernos subyugados y mendicantes) y distinta de la que amplifican los medios de comunicación que les responden (casi todos).

Estamos en un momento de softpower único. Tal vez el punto de inflexión haya sido el Mundial de Fútbol. Probablemente se viene caldeando a fuego lento desde hace bastantes años. Lo simbólico se corresponde con lo real y viceversa.

El siglo XX cambió los términos de intercambio y terminó con el monopolio de comercio internacional por parte de Occidente. Se incorporaron como clientes India, China, Vietnam y más modestamente Rusia, Arabia Saudita, Egipto, Magreb. Subieron los precios internacionales de lo que nosotros vendemos. Es nuestro momento. Y, por lo menos, durará hasta 2050 o más.

El mundial expuso —y el establishment no tuvo rapidez de reflejos para amortiguar o tapar la onda expansiva— que el pueblo común (que incluye a los humildes, a los trabajadores y a gran parte de las clases medias) tiene valores en las antípodas de la élite. Son valores como la valentía (en oposición de la cobardía y el lloriqueo), ser protagonista de la propia vida (y no jugar a ser víctima), amar a la Patria, la familia y agradecer a Dios por la buena fortuna. Todo eso es aborrecido por la élite porque lo ven, correctamente, como desafío a la nueva religión que desean instalar.

Las oportunidades del pueblo para hacer profesión de fe hoy son pocas. Los festejos del mundial. Alguna fiesta patria en el interior del país [4], el desfile militar por el 9 de Julio del 2016 [5], las jineteadas, las procesiones al Gauchito Gil, a la Virgen, a la Difunta Correa, al aniversario del fallecimiento de Güemes. Poco más. Pero si algo quedó claro con el triunfo de la copa del mundo fue que a la primera oportunidad, y cuando el poder se descuida, los argentinos, cual cucarachas, salimos de nuestros escondites y con orgullo desfilamos. También queda claro, aunque la gente fina, superada y rivadaviana de Buenos Aires se fastidie, que las Malvinas son un símbolo de identidad.

Softpower

Nosotros no somos maestros en el tema. Debemos aprender de quienes sí lo son. Como podamos, hay que ejercerlo, sin ceder un centímetro.

El primer paso es restaurar la autoestima de nuestro pueblo. Resaltar todos nuestros puntos fuertes. Los premios internacionales, ya sean científicos o deportivos o de ballet, canto lírico o clavicordio.

Amigarnos con el éxito y ser refractarios al fracaso.

La sensación de logro se expande y nos cubre a todos. Del atleta (ya sea la selección de fútbol, el equipo de Copa Davis o en los JJOO) hacia todos aunque uno tenga que rebuscárselas cartoneando.

Nos permite seguir un día más. Celebrar la vida. Este programa se puede empezar en lo inmediato.

Complementariamente hay que tener un proyecto, lo más detallado posible, para cuando logremos llegar al gobierno (que no es el poder). En artes, comunicación, educación que implique desandar la destrucción de estas últimas décadas y volver a valorizar no sólo nuestros logros sino armar un andamiaje para la construcción de éxitos futuros. Además de permitir que atletas y artistas alcancen su máximo potencial.

El primer paso del largo camino hacia el Imperio

Asimismo tenemos que tener un plan nacional para recuperar nuestra prosperidad y una estrategia geopolítica para insertarnos en el mundo.

En cuanto al plan nacional económico, escribo sobre el tema desde hace años. Aumentar las exportaciones (mediante baja de impuestos y divisa a precio libre), triplicar el área fértil del país por un esquema de riego/control de inundaciones. Mejorar el nivel de vida de la población mediante: 1. pleno empleo, 2. alto salario (objetivo U$D 1.400 mensuales), 3. eliminación de impuestos a los alimentos, combustible, servicios públicos. Conectar al país en flete (FFCC, sistema de cargas aéreas, puertos, hidrovía) y comunicaciones. Fibra óptica y satelital para todo el país. Redistribuir la población por todo el territorio.

En cuanto a la parte financiera: dinero fuerte (si hay que volver al patrón oro, lo haremos), reservas en oro, ahorro de las familias. (Esto último lo escribí en detalle).

Gasto público consolidado: 25% del PBI. Sistema impositivo simplificado: pocos impuestos, bajas alícuotas, sin adelantos impositivos.

Reconstrucción del capital familiar: propiedad de la casa y del auto, sistema de autoproducción de alimentos en todos los casos que sea posible. En fin, descripto en ENDURO, no voy a aburrir.

Social. Cuidar la salud de la población: prevención, detección temprana de enfermedades, controles periódicos, sistema de asistencia. Especial énfasis en niños, madres y ancianos. Educación: deshacer la aberración desde el Congreso Educativo a hoy. Volver a procedimientos, normas de disciplina, contenidos y formación docente pre diciembre 1975. Reinstalar el festejo de fechas patrias y religiosas. Eliminar todas las prohibiciones instaladas antifecundidad y antireligión (edictos contra las reinas de belleza y las procesiones religiosas).

Duro. Rearmar Fuerzas Armadas. Aumentar dotación. Mejorar sueldos. Acabar con la delincuencia común y pacificar al país. Administrar justicia. Volver a determinar cuáles son las industrias estratégicas y asegurar la autoprovisión y generación de excedentes exportables (ej. fertilizantes, plaguicidas, maquinaria agrícola). Ser autónomo en fletes de comercio exterior. Rehabilitar astilleros. FFMM. En fin, ya fue descripto.

Deuda externa. Nuestra gran ancla atada al cuello. Hay que deshacernos de ella y para siempre, como hizo Rusia en el siglo XXI. Es nuestro puntapié inicial para el camino de crecimiento. Habrá que aprender de quienes se sacaron ese San Benito de encima y repetir lo que sea aplicable. El objetivo es que Argentina tenga cero deuda externa en 10 años. Es totalmente posible por dos razones: 1. el dólar cae de precio y nuestra deuda está en dólares y a tasa fija; 2. el plan económico que propongo implica quintuplicar las exportaciones y llevarlas en poco tiempo a 500 mil millones de dólares anuales. Nuestra principal preocupación es que ahora seres como Massa no contraigan deuda a tasa variable (como hizo Martínez de Hoz).

Geopolítica – El Imperio Austral

El presidente de China sostuvo en su discurso para conmemorar los 100 años de existencia del Partido Comunista que habían terminado con la era de la humillación. Se refiere a la primera guerra del opio, cuando Gran Bretaña invadió China.

Nuestra era de humillación comienza con el embargo de armas que impone el Reino Unido luego de la Guerra del Atlántico Sur (algunos arguyen, razonablemente, que comenzó en el golpe de 1976 con el endeudamiento criminal de nuestro país).

Ahora tenemos que diseñar el camino de la reconstrucción. Que debe ser económica, mental y moral.

El Imperio Austral implicará: recomponer, mínimamente, lo que era el Virreinato del Río de la Plata, tal vez como una confederación de naciones. Bolivia, Paraguay, Uruguay, Guinea Ecuatorial, la Antártida Argentina, nosotros y quien se quiera sumar. Probablemente conectarse cultural y económicamente con el Río Grande del Sur.

Establecer excelentes relaciones con los países de Asia, África y musulmanes del Magreb y Medio Oriente. Explotar la admiración que sienten por nosotros los habitantes de las ex-colonias británicas, que saben de qué se trata ese yugo. Y la gran fórmula: exportar, exportar, exportar. Esto les permitió a China e India: acumular capital industrial, agropecuario, inmobiliario y tecnológico (al retener las rentabilidades obtenidas), invertir fuertemente en educación, salud y vivienda; tener FFAA a la altura de los recursos a defender. En algún punto, es lo mismo que hizo Argentina en su período de paz (entre la Guerra de Paraguay y los Años de Plomo).

Con una economía fuerte, sin deuda soberana, con una buena administración de la cosa pública (paz interna, unión, justicia, respeto a la libertad de las personas) lograremos el fortalecimiento del patrimonio individual y familiar: salud, capacitación, educación, artes, vivienda, ahorros.

Para ser lo que queremos hacer, no alcanza con la actual población (esto suena raro cuando la mitad de la fuerza laboral se encuentra desocupada o subocupada). Debemos a) volver a las familias numerosas e incrementar el índice de fertilidad mediante un plan de apoyo a la natalidad, b) invitar a todos los cristianos del mundo, en particular de Occidente, que se vean perseguidos por la élite que les gobierna, a instalarse aquí. Nuestro softpower es seductivo.

Ingresaremos a una nueva era. Ocuparemos el lugar que nos corresponde por ser el país con la octava superficie más grande del mundo. Debemos ser una de las 10 potencias mundiales.

No somos como el gobierno nos quiere pintar. Ellos nos quieren cobardes, ventajeros, pusilánimes, acomodaticios. Somos todo lo contrario. Peleamos por nuestros sueños y somos ganadores; aún luego de un sinfín de reveses.

Hacia el Imperio Austral. El primer paso ya lo dimos.

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Notas

[1] Resaltó la importancia estratégica de los yacimientos de litio en Bolivia, Chile y Argentina.

[2] Kissinger propuso como política de Estado (de EEUU) asesinar la mayor cantidad posible de niños del Tercer Mundo, y mejor aún, evitar que fueran concebidos ya que, según sus palabras, representaban un riesgo bélico para su país de adopción y además utilizarían recursos naturales que los estados desarrollados necesitaban para sí. Por el contrario, Perón entendió —al igual que Juan Bautista Alberdi [«gobernar es poblar»]— que la mejor defensa de nuestra Patria era el nacimiento de niños.

La existencia de humanos dificultaba, al entender del Pentágono y de la administración Nixon, la apropiación de materias primas y otros recursos en los países subdesarrollados. Estas dos miradas quedaron evidenciadas en la Conferencia de Bucarest de 1974, organizada por UNICEF. Ese día ganó la votación la República Argentina. Pero quien ríe último, ríe mejor.

En este caso, quien se ríe por ahora, es el gobierno de los EEUU. El jefe de Gabinete, Agustín Rossi, se ufanó, días atrás, en nombre del gobierno argentino, de haber asesinado a más de 150.000 compatriotas en sólo dos años. Como lo quería Kissinger y su amigote Robert McNamara.

[3] Aborto, LTGB, calentamiento global (Ley de Humedales), destrucción de la flota mercante, privatización de los puertos, expoliación del Atlántico Sur, y varios etcéteras más.

[4] En Capital Federal y en las grandes ciudades están censuradas. Tampoco son festejadas en la televisión abierta.

[5] Que fue un 10 y el presidente de la Nación se ausentó a mitad del acto en Tucumán el día anterior, 9. Alberto Fernández directamente no va.

 

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Artículo publicado originariamente el 01/04/2023 en Restaurar, https://restaurarg.blogspot.com/2023/04/imperio-austral.html.

HECHO EN ARGENTINA

Iris Speroni*

Es una cancha inclinada y el árbitro que juega en contra es el BCRA como ejecutor y nuestra dirigencia política como autor intelectual del crimen.

 

En los últimos años describí el daño que la diferencia de tipo de cambio produce en los sectores exportadores, en particular, en los agropecuarios, fácilmente cuantificable: 100.000 familias menos en los últimos 15 años, retraso respecto a los países limítrofes, caída del nivel de vida general de la población, desocupación, informalización del trabajo con su consecuente abuso y desesperanza, tristeza generalizada.

Hoy quiero referirme al perjuicio que el retraso cambiario provoca en los sectores industriales, en particular en los cordones industriales.

Este fenómeno, que hoy solamente voy a enunciar, debería ser estudiado en profundidad, toda vez que es lo contrario a lo que las élites gobernantes (tanto del FdT como de JxC) sostienen. De hecho afirman, sin que les tiemble la mandíbula, que las autoridades buscan el retraso cambiario para “defender el salario de la población”.

Esto último es mentira. La defensa del salario es sólo una excusa para mantener el régimen que realmente prefieren: transformar el dinero mal habido (a.k.a. “el canuto”) a divisas valuadas a mitad de precio. Un empresario proveedor del Estado transforma sus dividendos a dólares subvaluados, acrecentando su ganancia medida en dólares. De igual forma, un político corrupto que recibe sobornos, transforma los mismos a dólares a mitad de precio; en ese sencillo acto duplica el valor del fruto de su crimen gracias a la gentileza del BCRA.

Ésa es la razón y no otra por la cual los políticos (FdT, PRO, UCR, CC) y sus amigos proveedores del Estado custodian con uñas, dientes y malas artes al dólar deprimido, aunque la consecuencia —a esta altura, luego de 11 años consecutivos—- sea imposible de ocultar: salario inferior al de Brasil, pobreza generalizada, desocupación, 50% de trabajo informal, jubilaciones miserables, cierre permanente de explotación (industriales y/o agropecuarias y/o comerciales), quiebra general del aparato productivo.

El dólar atrasado conjuntamente con la alta carga impositiva, genera un efecto de pinzas que asfixia a las explotaciones industriales, en particular a las PyMes, hasta lograr llevarlas a la quiebra.

Es cierto que algunos industriales se favorecen con el dólar barato. Compran rollos de tela en India, China o Pakistán con un dólar a $ 176 (07/12/2022, BNA). Luego lo llevan a cooperativas textiles para su confección à façon (eufemismo por pagar salarios por debajo del convenio colectivo de trabajo y no respetar las reglas de seguridad laboral). Usan energía eléctrica subsidiada por el Estado Nacional. Luego, el producto final lo venden a precios de la Quinta Avenida de Nueva York.

Pero son los menos.

Para el resto de los industriales, la situación es más que diferente. La producción industrial no agroindustrial es de calidad media o alta en la mayoría de los casos. No tan buena como la alemana (supongamos) pero no de mala calidad como la peor del sudeste asiático. Ha sobrevivido e incluso exportado por mantenerse en un rango intermedio entre los precios de los productos alemanes de gran calidad y los precios de productos chinos de baja calidad.

Eso les permitió tener su propio nicho. A eso hay que agregar producciones, a veces de pequeños volúmenes de exotismos de calidad. Como los helicópteros de Cicaré, o las tablas de surf de fibra de vidrio. Excelencia y buen precio. Imbatibles.

Hay productos críticos. Argentina necesita tener al menos un fabricante de jeringas descartables. Importar vietnamitas puede ser más barato, pero en caso de riesgo en la cadena de suministros, por la razón que sea, uno no puede quedarse sin insumos claves. Es un tema de seguridad nacional. El ejemplo de las jeringas puede extrapolarse a más de decenas de miles de productos.

Lo deseable es tener un mercado que conviva con productos de gran calidad, medios y muy baratos, para todos los usos y gustos y de todos los orígenes. De igual manera, poder exportar productos industrializados al nicho de mercado que nos cuadre.

Todo esto, que funcionó y que dio lugar a la industrialización media de nuestro país, es triturado por acciones coordinadas del Estado Nacional. La primera y más grave es el tipo de cambio atrasado. Toda industria argentina debe competir no con el mundo sino con el mundo a mitad de precio, ya que quien importa y compite con el productor argentino, compra con un dólar a $ 176 y no a $ 316: paga el 55,7% del valor del producto, por obra y gracia del BCRA. Ningún arancel aduanero, suponiendo que exista, puede compensar esta distorsión de precios. Por más eficiente que sea un industrial, por más salarios de hambre que pague (los salarios nuestros son inferiores a los brasileños y a los chinos) puede lograr que sus costos sean casi la mitad de los competidores.

Es una cancha inclinada y el árbitro que juega en contra es el BCRA como ejecutor y nuestra dirigencia política como autor intelectual del crimen.

Si por alguna razón un industrial logra sobrevivir la política cambiaria todavía le queda la inestabilidad macroeconómica y fiscal.

Nuestra macroeconomía se caracteriza por inflación, altas tasas de interés, retrasos en la cadena de pagos, cambios bruscos en los precios relativos y cambios regulatorios permanentes. A eso debemos agregar inestabilidad en los suministros porque, (¿quién hubiera podido imaginarlo?) regalar dólares a mitad de precio lleva a faltas periódicas de divisas.

Por lo tanto nuestro industrial hasta ahora debe:

  • competir contra importadores que obtienen el producto al 55,7% de su valor.
  • pagar tasas de interés superiores a 70% y/o descontar cheques a tasas entre 90% y 120%.
  • inflación permanente de costos.
  • devaluación diaria de los valores a cobrar (las ventas pendientes de cobro de la empresa pierden su valor en forma diaria gracias a que la inflación es del 7% mensual).

A esto hay que agregar el abuso fiscal. Quien produce debe pagar impuestos por adelantado (percepciones y retenciones de impuestos a los ingresos brutos y previsionales e IVA cuando se cobran las facturas por ventas). Impuestos a las transacciones: impuestos a las transferencias bancarias (a.k.a. “impuesto al cheque”), IVA, impuesto a los ingresos brutos, tasas de seguridad e higiene entre otros. Impuestos adelantados por ganancias futuras.

Para una empresa pequeña y mediana los costos son diversos, dañinos y distorsivos. Los impuestos pagados por adelantado le quitan capital de trabajo. Le impiden crecer, reponer maquinaria o insumos, mejoras, e incluso llegan a poner a riesgo su propia cadena de pagos. Los impuestos argentinos no sólo son muchos y caros (altas alícuotas) sino difíciles. Las reglamentaciones son intrincadas y se necesitan verdaderos expertos en criptografía para descifrarlos.

Los particulares no deberían ser agentes de retención de otros civiles. Cobrar impuestos es una obligación de las agencias estatales y sus decenas de miles de empleados bien pagos. Ser agente de retención es una carga pública injusta por la carga horaria que significa. Uno está haciendo el trabajo que corresponde a otros.

Todo esto hasta acá puede parecer una queja y lloriqueo de la patronal.

Sin embargo, la contrapartida ha sido el cierre de decenas de miles de empresas, la desindustrialización del país, la vulnerabilidad con insumos críticos, la devaluación del trabajo, la condena a millones de argentinos a la informalidad (la “economía social”, eufemismo que usa el presidente Alberto Fernández), la pobreza y la pérdida de dignidad.

Once años de manipulación del tipo de cambio, once años de caída del PBI per cápita y reducción del salario de US$ 750 por mes a US$ 250.

Soluciones
  • Tipo de cambio sin manipulación del BCRA (a.k.a. “alto” o “competitivo”).
  • Eliminación de decenas de impuestos y reformulación de los que queden.
  • Tasa de interés moderada.
  • Eliminación de la inflación.
  • Reservas en el BCRA.
  • Una Aduana que funcione y no sea un nido de contrabandistas.
  • Echar a los que gobiernan.

 

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Artículo publicado el 10/12/2022 en Restaurar, http://restaurarg.blogspot.com/2022/12/hecho-en-argentina.html,