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GUAYANA ESEQUIBA: ¿OBLIGANTEMENTE ANTE LA CORTE?

Abraham Gómez R.*

El Alto Tribunal de la Haya —como ya se sabe— el 18 de diciembre del año pasado, admitió su jurisdicción y competencia (en una resolución rara, pero inevadible) para proceder a conocer forma y fondo en este pleito, conforme a la demanda, contra nuestro país, interpuesta por Guyana; cuya pretensión procesal (contenida en su petitorio) resultará fácilmente desmontable para la delegación venezolana, si se determina nuestra comparecencia y hacernos parte del juicio; por cuanto, hasta el día de hoy, la excolonia británica  no posee el menor asidero histórico, cartográfico, ni jurídico de lo que en el escrito solicitan a la Sala Juzgadora de la Organización de las Naciones Unidas.

A pesar de que nuestro país, como Estado-Parte, no ha dado su consentimiento para que se lleve adelante tal Proceso jurídico, mucho menos haber suscrito —con antelación— cláusulas compromisorias de obligación; esta acción de juzgamiento no se paralizará por ausencia de alguna de los concernidos directos. Y que incluso, de acuerdo con el artículo (53) del Estatuto de la CIJ, puede llegar a haber resolución sentencial, así alguna delegación no se haga presente.

Por supuesto, para resolver en ausencia de alguna representación estatal —porque invoque no comparecencia— antes debe la Corte examinar —muy bien— los contenidos de los artículos 36 y 37 de su propio Estatuto, para asegurarse “de que la demanda está bien fundada en cuanto a los hechos y al derecho”.

Cuando tuvimos la ocasión de recorrer el país —en casi todas sus universidades—dictando la conferencia, “Guayana Esequiba: litigio histórico y reivindicación en justicia”, nos agradó el inmenso interés que la mencionada controversia ha despertado y concitado en bastantes sectores de la población venezolana.

Como nunca, la gente desea explicaciones sobre lo acaecido, en contra de Venezuela, el día 03 de octubre de 1899, y suscrito en la írrita y nula resolución, denominada Laudo Arbitral de París.

Hemos venido haciendo —con detenimiento y objetividad— en cada exposición discursiva un análisis crítico del vil despojo del cual fuimos víctima hace más de un siglo, mediante la citada tratativa perversa de talante político-diplomática, por parte de los imperios de entonces.

En casi todos estos intercambios de opiniones en las universidades y otros organismos o a través de la red y los medios de comunicación se nos hace la misma pregunta: ¿Por qué estamos obligados a discernir con la contraparte por ante la Corte Internacional de Justicia?

La respuesta que ofrecemos resulta invariable. Porque exactamente ha sido esa la estrategia (como una especie de emboscada jurídica) que siempre estuvo jugando Guyana.

Sus asesores: el iraní Payam Akhavan y el excanciller guyanés Shridath Ramphal les han recomendado que, habiendo llegado la contención a la CIJ, deben mantenerse en ese escenario, con la aviesa intención de procurar una sentencia rápida y sin más dilaciones, que les favorezca. Agréguese allí una “ayudita” de algunos países y otros entes, caso de la Commonwealth y Caricom.

Suficientemente es sabido que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) convocó, para actos por separados, a las delegaciones o coagentes de Venezuela y Guyana; configuradas ambas naciones como Partes en litigio en la controversia sostenida por la Guayana Esequiba.

Para el día 08 de marzo del 2022, le corresponderá comparecer a la representación de la ex colonia británica para que exponga, con carácter de ratificación (si es el caso), los alegatos de su demanda.

Guyana volverá a pedir en su Pretensión Procesal que la Corte ratifique que el citado Laudo constituyó una “liquidación completa, perfecta y definitiva” de todas las cuestiones relacionadas con la determinación fronteriza. En otras palabras, aspiran que el Alto Tribunal de La Haya sentencie como Cosa Juzgada (res judicata) con base en los hechos que narra en su escrito la contraparte guyanesa, sumamente interesada y a su conveniencia.

Los gobiernos ingleses y guyaneses que han ocupado 159.500 km2, la séptima parte de nuestra soberanía por el costado este; fundamentalmente, a partir de Burnham hasta el presidente actual Irfaan Ali, en la obsesiva búsqueda de invocar la denominada Prescripción Adquisitiva (darle eficacia jurídica al apoderamiento perpetrado; justificado por el tiempo en que allí han permanecido) sobre la extensión geográfica venezolana que nos arrebataron con vileza.  En esta ocasión, pretenden que sea la Corte que falle a su favor.

Frente a la interposición incoada en contra nuestra que está conociendo, como Proceso jurisdiccional, la Corte Internacional de Justicia, ¿qué debemos hacer?

Prestemos atención a lo siguiente. Primero, para que quede claro, es una decisión de Política de Estado; por cuanto, la presencia de la delegación venezolana en la Corte la determina —únicamente— el presidente de la República. Sería recomendable que consultara a algunos estudiosos en la materia.

A partir de un hipotético “visto bueno” para comparecer, qué procede entonces. Veamos: nos correspondería presentarnos el 08 de marzo del año 2023, ante tal entidad sentenciadora; con lo cual estaríamos —de hecho y derecho— admitiendo su competencia y jurisdicción. Paso siguiente, sería nombrar un juez ad-hoc, que pasaría a incorporarse de pleno derecho a la Corte, en nuestro nombre; procederíamos, consecuencialmente, a consignar el Memorial de Contestación de la demanda. Obviamente, todo lo anterior: nuestra comparecencia o no ante la Corte Internacional de Justicia está condicionada —repito— a la determinación que sobre el particular tome el Jefe de Estado venezolano, conforme a sus atribuciones contenidas en el artículo (236) de nuestra Constitución Nacional.

Reconocemos que han aflorado en todas las regiones de Venezuela aportes significativos para alcanzar pronto un arreglo “práctico y satisfactorio”, en este pleito.

Tales alternativas pudieron haber resultado elogiables aproximaciones, algunos años atrás, para solucionar el litigio.

A mi modo de ver, las etapas de negociación directa (que no la quiere Guyana), la conciliación, la mediación y el arbitraje prácticamente han sido superadas; porque el asunto controversial escaló a nivel de la Corte Internacional de Justicia; y en ese Tribunal no hacen “arreglos” de los citados tipos; sino que aplican el derecho y solo, excepcionalmente, por mutuo acuerdo de los Estados contrapuestos, podría dar una solución ex aequo et bono (actuando por lo equitativo y bueno); si las partes así lo convinieren, según el numeral segundo, artículo 36 del Estatuto de la Corte.

 

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua-  Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Miembro de la ONG “Mi mapa de Venezuela”.

 

AGUSTÍN SAAVEDRA WEISE

Marcelo Javier de los Reyes

Nos habíamos acostumbrado a leer sus columnas dominicales de opinión que escribía para el diario “El Deber” de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, así como para otros medios o los artículos que escribía especialmente para nuestro Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID) o nuestra Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), a las que aceptó integrar de forma desinteresada y a las que honró con su presencia y colaboración.

Sus artículos sobre temas novedosos, geopolítica, economía, política internacional, ciencia, tecnología y otros —siempre con algún condimento de historia—, nos enriquecían y, a través de ellos, fluían sus profundos conocimientos sobre un amplio abanico de temas.

Mi querido amigo Agustín era economista, politólogo y diplomático de carrera. Amaba a la Argentina —donde estudió en la Universidad del Salvador (USAL)—tanto como a su propia Patria, Bolivia.

Alcanzó el mayor cargo al que un diplomático puede aspirar: fue Canciller de su país durante la presidencia de Guido Vildozo Calderón, en 1982. Pero también fue Embajador ante la República Argentina (1989-1993) durante el gobierno de Jaime Paz Zamora.

Conocí a Agustín a través de un amigo en común, un diplomático argentino. Bien pronto comenzamos a relacionarnos académicamente, intercambiando opiniones pero por mi lado siempre aprendiendo de él. Hacia 2014, un mismo diagnóstico de salud y en el mismo momento nos llevó a compartir mucho más que cuestiones académicas y nos unió más en nuestra amistad. Recordaré siempre su afectuoso saludo “mi querido amigo Marcelo Javier” —el cual me ha quedado grabado con su tono de voz—, al que yo respondía con “mi querido amigo Agustín”.

En 2019, en vísperas de la publicación de mi libro, aceptó gustosamente a escribir el prefacio, dando muestras nuevamente de su caballerosidad y generosidad.

El pasado día 21 me envió un mensaje de audio presagiando lo que vendría. Fue como una despedida.

Se ha ido físicamente un hombre valioso, no sólo para Bolivia o para la Argentina, sino también para el mundo. Un gran pensador —en tiempos en los que el mundo carece de personas con esa cualidad— pero sobre todo una excelente persona. Y como tal, nos ha dejado todo: su respeto, sus conocimientos, su experiencia, sus enseñanzas pero, lo más relevante, el recuerdo que deja un buen amigo, al que lamentablemente no conocí personalmente. Esa es la mejor herencia que puede dejar un hombre de bien.

Descanse en paz mi querido amigo Agustín.

 

LA CRECIENTE VIGENCIA DE LA INTELIGENCIA EN UN MUNDO INCIERTO

Marcelo Javier de los Reyes*

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 

El derrumbe del Muro de Berlín en 1989 y la implosión de la Unión Soviética en 1991 fueron dos hitos históricos que, vistos ya a la distancia, pusieron fin a ese mundo “peligroso” de la Guerra Fría —si es que aceptamos que la misma terminó por esos años, cuestión con la que disiento—, un hecho feliz para los alemanes y para el mundo pero que significó abrir la Caja de Pandora. Ese mundo que parecía que nos llevaría a un conflicto de dimensiones impensables, hoy puede apreciarse como más seguro, más equilibrado y por sobre todo más previsible.

Aquí estamos hoy en este mundo complejo, confuso e incierto, en el que no cabe, bajo ningún punto de vista, considerar que un organismo de Inteligencia debe ser disuelto sino reestructurarlo, profesionalizarlo y hacerlo eficiente en función de los intereses de la Nación. Se trata de una tarea que no debe estar en manos de improvisadores porque, después de algunos lustros, los resultados están a la vista.

En otro artículo ya me he referido a que la Inteligencia es la segunda más antigua de la humanidad. Creo que no cabe mencionar la primera, porque la conocen, y si no agudicen su imaginación.

Desde sus orígenes, la Inteligencia ha ido desarrollándose desde el espionaje —es decir, reunión de información—, incorporando en su evolución diferentes técnicas y tecnologías.

Recién en el siglo XIX comienzan a crearse algunos servicios, como el de Prusia, organizado por Wilhelm Stieber, a pedido del canciller Otto von Bismarck. Ese servicio fue importante para que Prusia venciera en la guerra a Austria (1866) y a Francia (1870/71); luego de esta última conflagración, Prusia logró la unificación alemana.

La guerra de Secesión estadounidense también contribuyó con grandes innovaciones como resultado de la revolución industrial: el uso de globos cautivos, la implementación de la mensajería de señales y el uso de los recursos que proporcionó el desarrollo de las comunicaciones. Ambos bandos progresaron en las operaciones de interceptación y señales de telégrafo, así como en el criptoanálisis y la criptografía.

En este terreno es importante destacar el desarrollo que tuvo la codificación durante el período de entreguerras con la máquina Enigma de Alemania y la máquina japonesa que los estadounidenses denominaron Purpple, el “Código Púrpura”.

Mientras que los polacos avanzaron en la decodificación de la máquina Enigma, los británicos crearon una instalación militar en Bletchley Park con el mismo objetivo. Estaba bajo la dirección del matemático, filósofo y criptógrafo Alan Turing, considerado uno de los padres de la informática moderna.

Como lo demuestran documentos de la Agencia de Seguridad Nacional, la NSA, desclasificados en 2010, durante la Segunda Guerra Mundial los británicos buscaron que los estadounidenses se sumaran tanto en el intercambio de información como en el desarrollo tecnológico militar.

A esos efectos, en 1942, Turing viajó de incognito a los Estados Unidos. Entre las actividades que debía llevar a cabo en ese país, Turing debía aprender y comprender el método de encriptación vocal que se estaba empleando con éxito en las comunicaciones telefónicas entre Roosevelt y Churchill y debía conocer el sistema SIGSALY”, un equipo de encriptación vocal que permitió la comunicación radiotelefónica directa entre los altos mando estadounidense y británico a través del Atlántico norte y entre los almirantes y los generales en las operaciones del Pacífico sur. En oportunidad de ese viaje, Turing se reunió con Claude Elwood Shannon, quien trabajaba en los departamentos de criptografía de Bell, creador de la “Teoría de la información”.

Este es el punto de partida para dos temas que en la actualidad están dando mucho que hablar:

    • el espionaje global, a partir de la alianza de que iniciaron el Reino Unido y los Estados Unidos, lo que dio origen al exclusivo club denominado Five Eyes (“Cinco Ojos”) o Red Echelon, y
    • el desarrollo de la Inteligencia Artificial, mediante la cual, entre otras cosas, se puede manipular la información o influir en las tendencias de los individuos.

En esta evolución, durante el siglo XX, la Inteligencia también comenzó a ser pensada científicamente. Terminada la Segunda Guerra Mundial, el profesor de historia de la Universidad de Yale, Sherman Kent, comenzó a teorizar sobre la actividad y publicó su conocido libro Inteligencia Estratégica. En esa línea le siguió Washington Platt, quien escribió un libro que en Argentina fue publicado con el título Producción de Inteligencia. Principios básicos. Ambos pusieron en evidencia que la Inteligencia estratégica era imprescindible para los responsables de la conducción civil y militar de un Estado.

De ahí la importancia que tiene la Inteligencia respecto de la toma de decisiones. Debemos pensar que a diario nosotros procuramos información para luego tomar decisiones. Lo hacemos antes de salir de nuestras casas, viendo el estado del tránsito para saber por cuál camino nos conviene ir hacia nuestro trabajo; cómo va a estar el tiempo, para saber si debemos abrigarnos, llevar un paraguas… Si vamos a un supermercado comparamos el peso de los productos con los precios, observamos la calidad de los productos y luego definimos cuál compramos. Es así cómo hacemos uso de la inteligencia en nuestra vida cotidiana.

Entonces, ¿cómo no considerar la relevancia que tiene la Inteligencia en la toma de decisiones al más alto nivel de un Estado?

Cabe recordar aquí a Sun Zi, quien en el Arte de la Guerra expresa que

La buena inteligencia es el preludio de la victoria.

Se le atribuye a Federico “el Grande” de Prusia la célebre frase

Se puede perdonar ser derrotado, pero nunca ser sorprendido.

Ahora bien, ¿qué es la Inteligencia?

En principio, hay que dejar bien claro que “inteligencia” no es sinónimo de “información” sino que es el procesamiento del cúmulo de información que se ha reunido.

La Inteligencia es un término polisémico:

    • Inteligencia es información procesada.
    • Inteligencia es el proceso por el cual se procesa —valga la redundancia— la información.
    • Inteligencia es el producto de ese proceso.
    • Inteligencia es organización, entendiendo por esto al organismo que se ocupa de esta actividad.

En función de lo antedicho, es relevante que la sociedad tome conciencia de la importancia que tiene que su país cuente con un excelente servicio de Inteligencia. En la Argentina, donde los políticos emparejan la Inteligencia con los “sótanos de la democracia”, cuando ellos son los actores principales del Inframundo —entendido en su acepción de “mundo mitológico situado bajo tierra en el que viven espíritus y seres terroríficos”—, es necesario hacer una gran labor respecto a la “cultura de Inteligencia” y a la “cultura de la Defensa”, ya que ambas áreas son claves para garantizar la Seguridad, la integridad territorial, la Soberanía Nacional, la preservación de los recursos del Estado —incluidos los recursos naturales—, entre otras misiones.

En este sentido, debemos considerar que los españoles han dado en llamar “la cultura de Inteligencia”,

una política de sensibilización pública iniciada en 2003 por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) con el objetivo de mejorar el conocimiento de la sociedad en lo que respecta al fin y las funciones del Servicio de Inteligencia, como institución que forma parte del Estado democrático y que actúa al amparo de la legislación y controlado por ésta. Intenta demostrar también la importancia del análisis y de la Inteligencia como herramienta clave para la toma de decisiones estratégicas, tanto a nivel estatal como en el ámbito privado, en un entorno cada vez más globalizado e incierto.

La Cultura de Inteligencia se enmarca en una iniciativa más global, la llamada Cultura de Seguridad, que es compartida por los integrantes de la Comunidad de Inteligencia española. El objetivo común es que todos los actores sociales adquieran conciencia de que tienen un papel activo en la salvaguarda de la seguridad, y que sólo la suma de esfuerzos puede garantizar la seguridad y la defensa de los valores que compartimos.[1]

A este respecto, en la Argentina tenemos una gran labor por delante, porque es fundamental que el conjunto de la sociedad comprenda la necesidad de que nuestro país cuente con unas Fuerzas Armadas, con unas Fuerzas de Seguridad y con una Inteligencia eficaces y eficientes.

En función de ello, estimo apropiado realizar algunas reflexiones que, para mí, son vitales.

No puede haber desarrollo si no hay seguridad, si la sociedad no goza de un bien tan preciado como la paz, que le permita utilizar su energía en la creatividad, en la producción y no pensando en cómo protegerse de la delincuencia o del crimen organizado.

No puede haber desarrollo si no hay un sistema de Defensa eficaz y eficiente, porque no se puede ejercer la Soberanía sobre el Territorio Nacional, lo que impide el aprovechamiento de los recursos y de las capacidades de la Nación. Pensemos por ejemplo en la depredación de las riquezas del Atlántico Sur.

La Inteligencia es esencial para lograr estos objetivos pero jamás debe confundirse Inteligencia con Seguridad. La Inteligencia es mucho más que eso y, precisamente, al trabajar favoreciendo la prevención, le puede ahorrar un gran esfuerzo a las Fuerzas de Seguridad y a las Fuerzas Armadas.

La Inteligencia Estratégica puede contribuir al desarrollo de la Nación, articulando los medios, los recursos con los fines, para lograr los objetivos nacionales. Apelando a la Inteligencia Competitiva puede contribuir al desarrollo económico de la Argentina en su conjunto, público y privado.

Los analistas de Inteligencia Estratégica deben tener una gran apertura, una visión global, pero no una visión limitada a lo geopolítico, sino una visión que le permita incorporar el arte, la teología, la sociología, la filosofía, la literatura. ¿Por qué digo esto? Porque la creación artística, lo que escribe un intelectual o un filósofo nos puede brindar indicios del rumbo que está tomando una sociedad.

Comprender las religiones, los cambios religiosos, más precisamente los cambios en la composición de una sociedad desde un punto de vista religioso pueden significar un cambio en las tradiciones, en las libertades civiles y en la emergencia de nuevos conflictos.

En línea con esto vale recordar al reconocido autor Walter Laqueur, quien se planteó si la Inteligencia debe ser considerada un arte o una ciencia.

La Inteligencia es fundamental en un momento en que los Estados nacionales declinan y el mundo está siendo sometido por el imperio de los mercados.

Para cerrar, cito a Nigel West (seudónimo del historiador militar, político y ex parlamentario británico Rupert William Simon Allason), autor especializado en temas de seguridad, inteligencia, espionaje y servicios secretos, quien en una entrevista expresó:

El centro de mi argumento era que no contar con un buen servicio de inteligencia significa terminar en un baño de sangre. Si uno es sorprendido, se termina en guerra. Esto pasó en Corea, la Guerra de los Seis Días, Afganistán y la Guerra del Golfo. La inteligencia salva vidas.[2]

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] Sitio oficial del Centro Nacional de Inteligencia (España), https://www.cni.es/es/culturainteligencia/introduccion/

[2] Graciela Iglesias. “La guerra secreta por las Malvinas”. “La Argentina estuvo a punto de ganar la guerra”. La Nación, 19/10/1997, <https://www.lanacion.com.ar/209373-la-argentina-estuvo-a-punto-de-ganar-la-guerra>, [consulta: 16/10/2017].

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