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OCEANOPOLÍTICA: SU IMPORTANCIA PARA UN PAÍS “PENINSULAR”

Marcelo Javier de los Reyes*

Algunos conceptos

En 1942 fue editado el libro Mar y Tierra[1] del politólogo, jurista y filósofo político alemán Carl Schmitt (1888 – 1985), en el que se refiere a las dos bestias de la Biblia, a Leviatán y a Behemot —la del mar y la de la tierra—, para ejemplificar la puja entre el poder naval y el poder terrestre, denominados respectivamente talasocracia y telurocracia.

Thalassa (θάλασα) proviene del griego y significa “mar”. Como bien explica el profesor Luis Dallanegra Pedraza,

Cuando uno utiliza el término “política”, se está haciendo referencia a la “toma de decisiones”. “Talasopolítica” tiene que ver, no sólo con el estudio sobre el mar, sino y fundamentalmente, con las decisiones que se toman respecto de él, sus recursos, su ámbito como medio de comunicación, como espacio vital.[2]

Agrega que la Talasopolítica es una rama de la Geopolítica, pero se trata de una disciplina de gran relevancia ya que tiene por objeto de estudio los océanos, que abarcan más de las dos terceras partes del planeta.

El almirante chileno Jorge Martínez Busch (1936 – 2011), quien fue Comandante en jefe de la Armada de Chile entre 1990 y 1997 y, senador institucional, entre los años 1998 y 2006, en 1990 introdujo el término “Oceanopolítica” en ocasión de la inauguración del ciclo del Mes del Mar, al desarrollar el tema “Ocupación efectiva de nuestro Mar. La tarea de esta generación”[3]. El propio almirante Martínez Busch explica:

En aquella oportunidad sostuve que la respuesta nacional al desafío oceánico debía surgir de una apreciación de este orden, fundada en la necesidad de establecer qué acciones pueden ser efectuadas para que el espacio oceánico que está frente a nuestras costas constituya un ámbito de desarrollo y crecimiento para el Estado.[4]

Es de destacar en este párrafo que le compete al Estado la responsabilidad de llevar adelante esas acciones que permitan convertir ese espacio en un “ámbito de desarrollo y crecimiento”.

El marino estadounidense Alfred Thayler Mahan (1840 – 1914), autor de Influencia del Poder Naval en la Historia (1660-1783)”[5] —obra publicada en 1890—, es quien vislumbró la importancia del mar para su país y trazó los objetivos políticos que llevaron a los Estados Unidos a lanzarse al dominio de los mares, que hasta ese momento se encontraba en poder del Reino Unido.

Hacia fines del siglo XIX, el poder naval se constituía el medio más importante para controlar el destino de las actividades de una nación, del mismo modo que para ejercer el control de sus rivales de ultramar.

A partir de lo expuesto por Mahan, cabe tener en cuenta ciertos conceptos como el de “Poder Marítimo”, “Intereses Marítimos” y “Poder Naval”.

El oficial de la Armada de Chile, Jorge Terzago Cuadros, sintetiza estos conceptos de la siguiente manera:

El “Poder Marítimo” es la capacidad de crear, desarrollar, explotar y defender los Intereses Marítimos de un país tanto en la paz como en conflicto. En síntesis, consiste en la facultad que tiene un Estado para usar el mar en su beneficio. El Poder Marítimo está integrado por dos elementos de distinta naturaleza pero complementarios: Los Intereses Marítimos, los cuales le otorgan la sustancia y el Poder Naval que los defienden.[6]

Los “Intereses Marítimos” comprenden el conjunto de beneficios de carácter político, económico, social y militar que obtiene una nación de todas las actividades relacionadas con el uso del mar. Estas labores son llevadas a cabo tanto por el Estado como por los privados en la alta mar, aguas jurisdiccionales, fondos marinos y litoral con la finalidad de aprovechar sus facilidades y explotar los recursos contenidos en ellos[7]. En síntesis, los “Intereses Marítimos” comprenden los valores económicos y sociales de una nación, que concurren en su desarrollo. El “Poder Naval”, por su parte, se refiere a los valores políticos y militares, es decir, a las cuestiones de seguridad, y para ello se requiere de la implementación de Políticas de Estado y de la enunciación y ejecución de los “Intereses Nacionales”.

Avances y retrocesos en la Argentina

Se han cumplido quinientos años de la llegada de la expedición de Fernando de Magallanes a la Patagonia. Entre finales de marzo y principios de abril de 1520, arribó al paraje que denominó Puerto de San Julián con el objetivo de pasar el invierno, aunque las condiciones climáticas y el agotamiento de los bastimentos provocó un malestar en su tripulación, tras proceder a racionalizar los alimentos. Magallanes debió enfrentar un motín, para lo cual dio muestra de su severidad. Tras casi cinco meses de haber tocado tierra, la expedición continuó la travesía.

Cuando los españoles ya se habían establecido en el territorio de la actual Argentina, en 1768, durante la gestión del gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli, la ciudad de Buenos Aires estaba rodeada de unos pocos fuertes que formaban como una línea de circunvalación para protegerla de los malones de los aborígenes.

Es a partir del virreinato de Juan José de Vértiz y Salcedo (1719-1799) —quien se desempeñó como gobernador y capitán general del Río de la Plata entre 1770 y 1776 y como virrey del Río de la Plata entre 1778 y 1783— que se comienza a avanzar sobre la frontera sur, pues la orden era dominar el río Salado, en ese entonces en poder de los aborígenes.

La corona española intentó avanzar hacia el sur con el propósito de llegar al río Negro y llevar a cabo estudios para fundar establecimientos en la costa patagónica, con el objetivo de defenderse de la política británica[8].

En 1778 la corona española ordenó el establecimiento de fuertes y poblaciones en la costa del Río de la Plata hasta el estrecho de Magallanes, más aún en vista de las ambiciones británicas sobre la región. Esta fue la empresa que debió llevar adelante Francisco de Biedma por instrucciones de la corona impartidas al virrey Vértiz. Fue así como se procedió a la fundación de Carmen de Patagones. En esa oportunidad también el alférez de la Real Armada, Basilio Villarino, el piloto al frente de la expedición exploratoria del río Negro, sugirió ocupar Choele-Choel y la confluencia de los ríos Neuquén y Negro. De ese modo la corona española comienza a mostrar su preocupación por la Patagonia y a planificar su defensa y ocupación.

El 9 de julio de 1816 las Provincias Unidas del Río de la Plata declararon su independencia del Reino de España y prontamente procedieron a tomar posesión de las islas Malvinas como herederas de las posesiones españolas. El 6 de noviembre de 1820, el marino y corsario estadounidense David Jewett, al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tomó posesión de las islas Malvinas al mando de la fragata Heroína y procedió al izamiento de la Bandera Nacional en las Malvinas[9].

El “problema del indio” y la expansión de Chile —ambas en buena medida asociadas, habida cuenta que, por un lado, la aparición de los araucanos de este lado de la cordillera de los Andes ocurrió tanto por presiones internas de ese país y, en otras oportunidades, con la ayuda de milicianos chilenos y, por el otro, porque el robo de las miles de cabezas de ganado que llevaban a cabo los malones sobre Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Cuyo, tenía por finalidad su venta en Chile— motivó la efectiva ocupación de ese espacio geográfico durante la presidencia de Nicolás Avellaneda (1874-1880) y cuya empresa militar fue llevada a cabo por el general Julio Argentino Roca.

La expedición de Luis Py a la Patagonia, enviada por el Ministro de Guerra Julio Argentino Roca a finales de 1878, tuvo como misión sostener los derechos que reclamaba la Argentina en el extremo sur del continente y defender ese territorio de la política expansionista de Chile, en momentos en que se avizoraba una guerra entre ambos países. Esta expedición es considerada la primera operación de una división naval de mar de la República Argentina, lo que motivó a que el 1º de diciembre fuera instituido como el Día de la Flota de Mar Argentina.

Un hecho que demuestra el interés que tenía el Estado argentino de proyectar su dominio sobre el Atlántico lo demuestra la adquisición de las instalaciones que había dejado la expedición del Scotia, comandada por el escocés William Speirs Bruce, quien procedió a realizar una cartografía de las islas y estableció una estación meteorológica (la Omond House). El comandante escocés, cuando logró zafar la inmovilidad de su navío apresado con los hielos, navegó hacia Buenos Aires para reaprovisionarse, a la que llegó en diciembre de 1903. Bruce ofreció en venta por $ 5000 las instalaciones al gobierno argentino. El presidente argentino, general Julio Argentino Roca, por decreto del 2 de enero de 1904 aceptó el ofrecimiento de las instalaciones, en cuya negociación prestó su conformidad el embajador británico en Buenos Aires. La base argentina de las islas Orcadas es el establecimiento humano permanente más antiguo de la Antártida.

Inmediatamente fue destinada una delegación argentina que, el 22 de febrero de 1904, izó la Bandera Nacional en la isla Laurie y procedió al establecimiento de personal para proseguir con sus actividades. Esa fecha motivó que se instituyera el 22 de febrero para conmemorar el día de la Antártida Argentina.

Es oportuno recordar la expedición de rescate llevada a cabo por la Corbeta “Uruguay”, que fue acondicionada convenientemente y puesta al mando del Teniente de Navío de la Armada Argentina Julián Irizar, con el objetivo de auxiliar a la expedición del doctor Otto Nordenskjöld en la Antártida, de la que participó el alférez de fragata de la Armada Argentina José María Sobral. La nave zarpó el 8 de octubre de 1903 y cumplió exitosamente su misión, demostrando la capacidad de búsqueda y rescate en aguas antárticas por parte de la Argentina. La proeza de la Corbeta “Uruguay” dio origen a la presencia permanente e ininterrumpida de la República Argentina en la Antártida.

Pocos años después, siguiendo los lineamientos planteados por Mahan, otro tucumano —que se suma a los presidentes Avellaneda y Roca—, el Almirante Segundo Storni (1876 – 1954) planteó la necesidad de considerar las cuestiones del mar y de la actividad naviera como Políticas de Estado. Lo hizo a través de sus obras “Proyecto de Régimen de Mar Territorial” en 1911 y “El Mar Territorial” en 1926, en las que abordó la temática del régimen jurídico en el mar de nuestro país. Las obras en cuestión fueron consideradas en la Conferencia de Codificación del Derecho Internacional —que en 1930 se reunió en La Haya— y, posteriormente, en la Primera, Segunda y Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

No obstante, el trabajo de mayor relevancia del almirante Storni en “Intereses Argentinos en el Mar”, de 1916, el cual reúne una serie de conferencias dictadas en el Centro Naval. En esta obra ofrece una visión integral los intereses marítimos argentinos que incluyen el aprovechamiento del mar, al cual apreciaba como el motor del desarrollo nacional, los intereses sobre las islas Malvinas, la Antártida Argentina, el mar argentino y las pesquerías, la plataforma continental, la Defensa Nacional, el derecho del mar, la explotación sustentable de los recursos naturales, el desarrollo de la industria naval y el establecimiento de la marina mercante nacional.

Sus ideas cobraron fuerza en el seno de la Armada Argentina favoreciendo la toma de conciencia marítima no sólo por parte de esa fuerza sino también por parte de la sociedad argentina. Cabe destacar que los diversos gobiernos, hasta la llegada de la democracia, continuaron con las ideas propuestas por Storni, protegiendo los intereses marítimos argentinos a través de su poder naval, la Armada Argentina, y exportando los productos nacionales a bordo de los buques de la empresa ELMA.

Es menester recordar al almirante Segundo Storni con esta frase de su autoría:

La política naval es, ante todo, una acción de gobierno; pero es indispensable, para que tenga nervio y continuidad, que sus objetivos se arraiguen en la Nación entera, que sean una idea clara, un convencimiento de las clases dirigentes, y una inspiración constante de todo el pueblo argentino.

Storni consideraba que la población argentina miraba más a la tierra que al mar, por lo que estimaba que la actividad marítima no arraigaría en nuestra sociedad. Del mismo modo, el poder naval y la marina mercante tenían como misión favorecer la exportación de los productos argentinos en un contexto de una Argentina productora de materias primas, tal como la había concebido la generación del ochenta.

Con respecto a la geografía del país, observaba a la Argentina desvinculada de la región, como si se tratase de una isla.

Frente a la visión de la Argentina “insular”, basada en el análisis de la situación geográfica del país desarrollada por Storni, el general Guglialmelli considera que la Argentina “tiene ‘carácter peninsular’, en la más amplia acepción geopolítica del término. Mantiene en este sentido su condición marítima pero asume, también el rol continental”.

En efecto. Su territorio, al norte de la línea Cabo San Antonio-San Rafael (Mendoza) se articula con la masa terrestre continental “introduciéndose” en ella. Al sur de aquel linde, se prolonga hacia el sur como una cuña entre los grandes océanos. En su extremo austral, esta región incluye los sectores insular y antártico. Debido a esta conformación, nuestro país recibe la influencia del Pacífico (Chile por medio) y del Atlántico, en particular este último, sobre parte de cuyas aguas, plataforma y subsuelo, extiende su soberanía. Teniendo en cuenta, por último la situación de la América del Sur y de la Argentina dentro de ésta, resalta, como lo señaló Storni, su posición periférica y marítima respecto a las masas continentales del Hemisferio Norte.

Todo el espacio argentino se articula con los países vecinos a través de los aspectos geoambientales fronterizos incluidos los medios de integración física (caminos, ferrocarriles, vías fluviales).[10]

En este concepto geopolítico de la Argentina “peninsular” debe considerarse “al mercado interno, apoyado sobre un aparato productivo integrado en lo espacial y sectorial”[11]. El desarrollo de las diversas regiones, cada una aportando sus riquezas a la producción —alimentos, minería, energía, etc.— debe contar con “un sistema de comunicaciones que vincule, además de los puertos, con preferencia a las distintas regiones y sus grandes polos”, lo que permitirá concretar una “estructura económica integrada, independiente y autosostenida, base indispensable para un destino de gran potencia”[12].

En este concepto de la Argentina “peninsular” le otorga gran importancia a los intereses marítimos, lo que lleva a valorar los recursos del mar y el desarrollo —al igual que proponía el vicealmirante Storni— de una Marina Mercante, “con sus beneficios de trabajo e ingreso por fletes y seguros”[13].

Para el general Guglialmelli, la Argentina, en términos geopolíticos es, entonces, “peninsular”: es continental, bimarítima y antártica. Agrega a esto:

Esta conceptuación significa no sólo una situación geográfica, sino también y fundamentalmente, una economía integrada e independiente, un mercado interno en permanente expansión y una irrenunciable vertebración cultural con los países de América del Sur en particular los vecinos y el Perú”[14].

Era consciente de que las grandes potencias y las corporaciones internacionales, o la combinación de éstas con las primeras, procuran mantener la dependencia del mundo periférico, fomentando integraciones regionales en desmedro de la Soberanía Nacional. Como ejemplo de esas integraciones regionales cita la Cuenca del Plata como una prioridad que puede relegar al resto del país.

En la visión del general Gulialmelli debe repararse en esa visión de una Argentina “peninsular”, para lo cual vale aquí la definición de “península” que proporciona el diccionario de la Real Academia Española: “Tierra cercada por el agua, y que solo por una parte relativamente estrecha está unida y tiene comunicación con otra tierra de extensión mayor”.

A su juicio, la Argentina peninsular comienza al sur de la línea San Rafael-Mar del Plata y distingue “un área de transición que cubre hasta la línea imaginaria que une San Antonio Oeste-Neuquén-Ruta 22. Esta región también tiene una zona de frontera. Su gran polo de desarrollo es el alto valle de Río Negro-Zapala. Pero su característica principal es que constituye la sutura con el área patagónica propiamente dicha”[15].

 


Ruta Nacional 22. Atraviesa las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Neuquén y Río Negro.

Se trata de una “península” compartida con Chile, país que ha sabido interpretar su proyección marítima mientras que la Argentina ha perdido su “conciencia marítima”.

¿Qué ha pasado en la Argentina para que ello haya ocurrido?

El quiebre podría fijarse en el Conflicto del Atlántico Sur de 1982, cuando la Armada Argentina, tras el ataque y hundimiento del crucero ARA “General Belgrano”, la Flota de Mar retornó al continente para refugiarse. Ese repliegue constituiría el inicio del proceso de extinción de la Armada Argentina.

Desde entonces, los gobiernos democráticos —en particular desde 1990— dejaron de considerar la proyección oceánica de la Argentina. Durante el gobierno del presidente Carlos Saúl Menem, se procedió a la liquidación de la empresa ELMA, uno de los pivotes del desarrollo que había trazado el almirante Storni. Las empresas pesadas y los astilleros fueron vendidos o sometidos a su extinción.

La política de “desmalvinización” que siguió al conflicto contribuyó en el abandono de la “conciencia marítima”, lo cual fue acompañado por una serie de tratados, acuerdos y declaraciones que los diversos gobiernos democráticos firmaron en detrimento de los “Intereses Argentinos en el Mar”.

Con respecto a las Fuerzas Armadas, debe considerarse que no fueron subordinadas a los gobiernos democráticos sino que fueron humilladas por estos, al punto de poner a la Nación en un estado de indefensión.

 

A modo de conclusión

Si acordamos con el general Guglialmelli de que nuestro país es “peninsular”, y en verdad una gran parte del territorio se proyecta como una península, debemos mirar hacia el mar y poner manos a la obra para reconsiderar nuestros “Intereses Argentinos en el Mar”.

Para revertir esta situación se hace necesaria una serie de condiciones que deberán ser llevadas a cabo por un gobierno que desarrolle una fuerte estrategia en pos de lograr una vertebración del territorio nacional, logrando una armonía entre el continente y el mar.

Del mismo modo, deberá proponerse la recuperación de la “conciencia nacional” a través de acciones más que de declamaciones. Es positivo que en diciembre de 2003, mediante la Ley N°25.860, el Congreso Nacional instituyera el “Día de los Intereses Marítimos”, el 16 de julio “para homenajear y conmemorar el nacimiento de Segundo Storni en Tucumán, en reconocimiento a los valiosos aportes en la materia que realizó el Vicealmirante”. De nada sirve si no se fortalece la presencia de la Argentina sobre el Atlántico a través de su Armada, de las flotas pesqueras, si no se procede a una verdadera protección de sus riquezas contra la depredación que llevan a cabo los pesqueros extranjeros.

Deberán denunciarse acuerdos, tratados y declaraciones que obran en contra de los intereses argentinos.

Deberá procederse a un cambio cultural que promueva nuevamente la proyección oceánica y antártica de la Argentina, para lo cual se requiere poner a funcionar a pleno los astilleros para la construcción de buques comerciales, militares y pesqueros, fundar nuevamente una marina mercante del Estado e instruir en los diversos niveles educativos la importancia de la oceanopolítica.

Finalmente, debe imitarse a otros países y procederse a la creación del Ministerio del Mar. 

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] Carl Schmitt. Tierra y mar. Una reflexión sobre la historia universal. Madrid: Trotta, 2007, 112 p.

[2] Luis Dallanegra Pedraza. “Talasopolítica: el aislacionismo marítimo de América Latina”. Trabajo expuesto entre el 2 y el 6 de septiembre de 2013 en el Curso sobre Teoría y Metodología de la Geopolítica de la UNAM.

[3] Jorge Martínez Busch. “La Oceanopolítica en el desarrollo de Chile”. Revista de Marina, 3/1993, <https://revistamarina.cl/revistas/1993/3/martinez1.pdf>, [consulta: 18/12/2020].

[4] Ídem.

[5] Alfred Thayler Mahan. Influencia del Poder Naval en la Historia (1660-1783)”. Valparaíso: Biblioteca del Oficial de Marina, Academia de Guerra Naval, 2000.

[6] Jorge Terzago Cuadros. “Alfred Thayer Mahan (1840-1914), Contraalmirante U.S. Navy, Su contribución como historiador, estratega y  geopolítico”. Revista de Marina (Chile), 01/02/2006, <https://revistamarina.cl/revistas/2006/1/terzago.pdf>, [consulta: 17/12/2020].

[7] Ídem.

[8] Estanislao Zeballos. Op. cit., p. 22.

[9] Marcelo Javier de los Reyes. “A doscientos años de la toma de posesión de las Malvinas por las Provincias Unidas. Ayer y hoy”. Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), 04/04/2020, <https://saeeg.org/index.php/2020/04/04/doscientos-anos-de-la-toma-de-posesion-de-las-malvinas-por-las-provincias-unidas-ayer-hoy/>.

[10] Juan Enrique Guglialmelli. Geopolítica del cono sur. Buenos Aires: El Cid Editor, p. 78.

[11] Ibíd., p. 79.

[12] Ibíd., p. 80.

[13] Ídem.

[14] Ídem.

[15] Ibíd., p. 267.

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ARGENTINA: LA APREMIANTE NECESIDAD DE RECUPERAR LA INDUSTRIA DE LA DEFENSA

Marcelo Javier de los Reyes*

Corbeta ARA “Gómez Roca”, Clase MEKO-140A16 Batch 2, construida en el Astillero Río Santiago, Ensenada, Argentina.

Vuestro valor ha deslumbrado no sólo al pueblo argentino sino que somos muchos los que en el mundo estamos orgullosos que seáis nuestros hermanos pilotos.

Del Coronel Pierre Clostermann, héroe francés de la Segunda Guerra Mundial, a los pilotos argentinos

 

Introducción

Se le atribuye al ex Secretario de Estado de los Estados Unidos Henry Kissinger haberse referido a la Argentina en una reunión de la Trilateral Comisión, celebrada en Costa de Marfil en 1985. En esa oportunidad habría dicho que “O la Argentina acepta su papel de exportador de materias primas, o procederemos a su libanización”.

Estas expresiones tuvieron lugar tan sólo tres años después de que la Argentina enfrentara no sólo al Reino Unido sino también, virtualmente, a la OTAN en el Conflicto del Atlántico Sur.

Desde entonces, por diversas razones, las Fuerzas Armadas Argentinas han visto languidecer su poder de fuego llegando a la preocupante situación actual. Los sucesivos gobiernos británicos han implementado un verdadero boicot destinado a impedir que nuestro país adquiera el armamento necesario para proteger su territorio —el octavo en extensión a escala mundial— y su extensa plataforma continental que se proyecta sobre el Atlántico Sur.

El Reino Unido les ha prohibido a sus socios vender material bélico a la Argentina que tuviera componentes británicos. Esa sería una de las razones que ocasionó en su momento la demora en la reparación del malogrado rompehielos “ARA Almirante Irizar”, fundamental para el desarrollo de las campañas antárticas así como para las operaciones de salvamento y rescate (Operaciones SAR), en cumplimiento de los tratados internacionales que nuestro país ha suscrito (Ley Nº 22.445).

Años atrás se había difundido la noticia que la Argentina podría adquirir 24 aviones Saab Gripen NG mediante un memorándum firmado entre nuestro país y Brasil a partir de la producción de esas aeronaves en nuestro vecino del MERCOSUR. Pues bien, la propia empresa sueca se encargó de informar que esa operación no se realizaría en función del embargo militar impuesto por el Reino Unido a la Argentina, por el cual no se nos debe proveer ni armas ni componentes militares.

De tal manera que Argentina tiene pocas opciones: o adquiere armamento por fuera de las industrias de Occidente, por ejemplo a empresas de China, India, Pakistán o Rusia, por citar algunos ejemplos, o se pone en campaña para poner a punto sus propias industrias destinadas a la producción para la defensa.

Su relevancia

Luego de más de tres décadas de abandono, los diez años de la presidencia de Carlos Menem, los del gobierno de los Kirchner, los del gobierno de Mauricio Macri —a los que sumaremos los de la actual gestión a pesar del promocionado Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF)— las Fuerzas Armadas carecen de los medios materiales para cumplir con su misión específica: la defensa de la Soberanía Nacional.

Por otro lado, haciendo una digresión no poco importante, cabe agregar que también carece de recursos humanos, es decir, de un número considerable de militares profesionales que puedan llevar a cabo esa misión. Muchos dejaron las fuerzas por los bajos salarios o porque las propias fuerzas no contaban con los medios para los cuales se habían capacitado. Por consiguiente, empresas aéreas nacionales y extranjeras se llevaron los pilotos formados por las tres fuerzas con el dinero que el Estado Nacional había invertido en su formación. Una situación similar ocurrió en la década de 1990 cuando el gobierno del presidente Carlos Menem cerró la Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA) y los oficiales formados por la Escuela Nacional de Náutica —fundada nada menos que el 25 de noviembre de 1799 gracias a la visión de Manuel Belgrano— debieron buscar trabajo en las empresas marítimas privadas, pero en esa época no con la misma suerte, pues muchos fueron mal remunerados. Debe destacarse que varios efectivos del Ejército y de la Armada renunciaron para incorporarse a la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, oportunidad en la que el jefe de gobierno de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta y el presidente Macri procedieron a, prácticamente, destruir la Policía Federal Argentina. De modo tal que, actualmente, el total de efectivos de las Fuerzas Armadas es inferior al de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, con más de 90.000 miembros.

En 2013 el gobierno nacional, mediante el Decreto 636/2013, creó la Secretaría de Ciencia, Tecnología y Producción para la Defensa, con el objetivo de impulsar “la investigación científica, el avance tecnológico y el crecimiento productivo de la industria para la Defensa nacional como pilares fundamentales para el resguardo de la soberanía argentina y sus recursos estratégicos”. En ese marco se procura desarrollar lo que se denominó el “Polo Industrial-Tecnológico para la Defensa” con la intención de consolidar “las capacidades de las empresas y los institutos en la órbita del Ministerio de Defensa”.

El complejo incluye:

  • la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM),
  • el Complejo Industrial Naval Argentino (CINAR)
  • la Fábrica Argentina de Aviones “Brigadier San Martín” (FAdeA),
  • Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF),
  • el Instituto Geográfico Nacional (IGN),
  • el Servicio de Hidrografía Naval (SHN) y
  • el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).

En el pasado estas áreas tuvieron un papel muy importante en el desarrollo del país, tanto en la producción para la defensa como para el ámbito civil, y su recuperación es trascendental en términos estratégicos y de soberanía.

Como se ha mencionado ut supra, el Conflicto del Atlántico Sur ha puesto en evidencia las limitaciones que nuestro país tiene no sólo para armarse para la defensa sino también para reparar y reacondicionar el material existente. De tal manera que nuestro país debe debatir si continuará en esta coyuntura de indefensión ante una agresión externa y de imposibilidad de cumplir adecuadamente la vigilancia de nuestra Zona Económica Exclusiva (ZEE), objeto de la depredación de nuestra riqueza ictícola por parte de buques extranjeros. Este saqueo de nuestros recursos marinos ―que significa la pérdida de millones de dólares― obedece a la política de desidia implementada por los gobiernos desde 1990, la que ha impedido que nuestra Armada y nuestra Fuerza Aérea cuenten con buques y aviones capaces de ejercer el control de nuestra soberanía. El Ejército Argentino no está exento de esas carencias pues, fundamentalmente se lo provee de vehículos de transporte para cumplir con las tareas subsidiarias de las Fuerzas Armadas, pero no de blindados, cañones, helicópteros, aviones, etc. 

Situación actual y primeros pasos

A pesar de lo grandioso que significa expresar que el objetivo es crear un “Polo Industrial-Tecnológico para la Defensa”, debe considerarse nuevamente que las tres décadas de abandono de las industrias destinadas a la defensa no permitirían hablar de esta cuestión en términos tan optimistas.

Si nos preguntáramos qué industria de estas está en plena capacidad de producir algo de calidad militar en serie, la respuesta ―en líneas generales― sería ninguna. Sería justo reconocer que algunas de estas industrias pueden comenzar, gradualmente, a dar algunas respuestas a las necesidades de la defensa de la Nación. Entre estas podemos destacar a la DGFM y FAdeA y, en menor medida, INVAP y CINAR.

Todas precisan contar con material humano calificado ya que durante estos años se ha perdido personal idóneo y la falta de objetivos y de directrices claras no mantuvo actualizado al que permaneció en actividad. Por tal motivo, una de las principales tareas consiste en capacitar al personal. Lo propio habría que hacer con las instalaciones fijas para que respondan óptimamente a las mencionadas necesidades.

Para este propósito debe recurrirse a la cooperación de otras áreas, como por ejemplo la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que ha alcanzado un considerable conocimiento en el segmento espacial, y ARSAT, con su soporte de comunicaciones satelitales y por fibra óptica, que dan sostenimiento a buena parte de las posiciones desplegadas. De tal modo que es necesario tener en cuenta estos dos actores.

En este contexto sería relevante poseer una compañía estatal de celulares ya que buena parte del soporte de comunicaciones de nuestras fuerzas terrestres ―insólitamente― se realiza por celular.

A los efectos de establecer un potencial orden de precedencia de capacidades a recuperar en términos militares, es imprescindible ―para todos los casos y de manera urgente― la generación de una masa crítica de especialistas que, necesariamente, deberá formarse en el exterior.

Por otra parte, será imprescindible poner a las Fuerzas Armadas como usuarios finales de la tecnología. Deberá reconocerse que uno de los grandes vicios de los últimos cuarenta años ha sido que los militares se vieron involucrados dentro de los proyectos y no como usuarios. En adelante, a los efectos de tener éxito en el objetivo producir para la defensa nacional, el desarrollo deberá estar en manos de las áreas competentes.

Del mismo modo, Argentina debe recuperar su capacidad misilística perdida con el desmantelamiento del proyecto Cóndor II. En la actualidad, nuestro país no posee defensa aérea de precisión guiada, sino sólo artillería convencional. Como consecuencia de esa decisión tomada durante el gobierno del presidente Menem, hoy la planta de Falda del Carmen está en manos de la CONAE, parte de la misma se destruyó y ya no se cuenta con el personal calificado involucrado en ese proyecto. Esta prioridad debería ser considerada como una cuestión de Estado y bajo la esfera del propio Ministerio de Defensa o de la Presidencia de la Nación.

Hasta el presente mucho se ha hablado de FAdeA pero la planta tiene un potencial que debería ser explotado. Debería ser puesta en valor para la recuperación, mantenimiento y fabricación en serie de aeronaves con poder de fuego. Dada la extensión de nuestro territorio y las necesidades de las campañas antárticas, Argentina debe contar imperiosamente de aviones tipo Hércules o similares, así como de otros más pequeños y helicópteros para transporte de fuerzas de despliegue rápido. La reciente oferta realizada por la Federación de Rusia permitiría una sustancial mejora de la situación mediante la transferencia de tecnología pero lo óptimo sería desarrollar y producir nuestras propias aeronaves.

A los efectos de la defensa, debe recuperarse el complejo otrora conocido como “Domecq García” (hoy CINAR) y recuperar la experiencia adquirida en el armado de corbetas, fragatas y submarinos.

Otro punto a considerar es potenciar las capacidades de CONAE-INVAP en electrónica de punta, con la intención de desarrollar drones, software, radares y otros productos que hoy constituyen un apoyo importante en cualquier actividad operativa, tanto de seguridad como de defensa.

Como un logro a destacar es el progreso obtenido en simuladores desarrollados por profesionales del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF). Se trata del simulador de tiro transportable (de pistola y fusil) SIMRA II, el simulador de vuelo, VISUALPAMPA y el simulador en red de tanques NEONAHUEL, desarrollado conjuntamente con el Ejército. También puede considerarse un éxito el Sistema Lanzacohetes Múltiple (SLM) CP-30 desarrollado por el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF) y producido íntegramente en el país por Fabricaciones Militares.

Sistema Lanzacohetes Múltiple (SLM) CP-30
Una real necesidad de desarrollar la producción para la defensa nacional

En función del interés nacional, sería importante que la repotenciación de las áreas concernientes a la defensa no sea una mera declamación. Argentina debe nuevamente desplegar su capacidad para, desde el punto de vista militar, lograr el autoabastecimiento de radares, blindados, cañones, buques, drones y aviones, incentivando el desarrollo científico y tecnológico pero no de una “manera artesanal”, como se ha realizado en el pasado, sino en una producción en serie que también permita la exportación de ese material. Del mismo modo, el complejo deberá atender a las necesidades del desarrollo aeroespacial de nuestro país.

Desde un punto de vista de una producción destinada a la industria y al uso civil, el complejo contribuirá en el desarrollo siderúrgico, minero, de la marina mercante y del transporte ferroviario. En lo que respecta a este último, la recuperación de la red ferroviaria nacional y la construcción de nuevos ramales que conecten las ciudades y las zonas productivas del interior del país contribuirán en gran manera al desarrollo de las economías regionales, cuestión de enorme importancia para generar empleo en nuestras provincias. El desarrollo ferroviario debe verse como un elemento estratégico a escala nacional desde tres puntos de vista:

  • transporte de mercaderías: implica fletes más económicos, menos contaminante e implica un menor deterioro de nuestras rutas y autopistas al reducir el transporte a través de camiones,
  • transporte de personas: más económico, más seguro y
  • uso militar: nuestras Fuerzas Armadas precisan contar con un transporte para el despliegue de su material, el cual en la actualidad se encuentra limitado por la reducción de la red ferroviaria y por los intereses de los sectores privados.
Publicidades de la producción ferroviaria de Fiat Concord. Cuando Argentina fabricaba y exportaba material ferroviario.

Respecto del transporte ferroviario de pasajeros es importante señalar que el desarrollo de la red nacional podría favorecer a numerosas localidades del interior a través de la implementación de “ferrobuses” que las vinculen entre sí. Este proyecto puede ser llevado a cabo por el sector privado como por los municipios que inviertan en este tipo de transporte, tanto en forma individual como mediante la unión de dos o más comunas.

En función de considerar la recuperación de la red ferroviaria y la producción de material ferroviario como una cuestión de Estado, sería necesario que los actuales ociosos talleres del sector queden bajo la esfera del Ministerio de Defensa.

Estos proyectos hacen necesaria grandes sumas de dinero pero atento a los beneficios que el desarrollo de las industrias de defensa tendrá para la Argentina es imprescindible asumir que esos fondos serán destinados a una inversión y no a un gasto. La Defensa Nacional debe considerarse de modo preventivo, como quien adquiere un seguro para su vehículo ante cualquier eventualidad.

A modo de conclusión

A propósito de la desafortunada cita de Henry Kissinger, debe recordarse que en abril de 1984 el entonces Presidente Raúl Alfonsín manifestó su preocupación ante el fenómeno de la “libanización”. En esa oportunidad dijo: “Yo pienso que o levantamos las banderas nacionales u otros levantarán en nuestra nación banderas que no son las nuestras, como ha pasado en Líbano”.

La historia reciente del mundo ha dado muestras que esto puede ocurrir ―la ex Yugoslavia es un claro ejemplo, Iraq, Siria y Ucrania son otros― y Argentina debe estar preparada para los desafíos.

Lamentablemente nuestras Fuerzas Armadas están más afectadas por un enemigo interno que por un embargo británico: nuestra dirigencia política. Nuestros políticos están más dedicados a las minucias de la política interna no tienen ninguna noción de las cuestiones estratégicas, al punto que aborrecen de que se hable de “hipótesis de conflicto”. Sin embargo, no quepa duda que hasta nuestros vecinos contemplan hipótesis de conflicto. Resulta extraño que se omita hablar de esto cuando en nuestra historia reciente tuvimos que enfrentar un conflicto bélico, el cual está lejos de poder considerarse cerrado. El Reino Unido sigue fortaleciendo su poderío militar en la región y la creciente tensión internacional en el norte podría convertir al Atlántico Sur en un teatro de operaciones.

Por otro lado, el contencioso con los denominados “fondos buitres” le presentó a la Argentina un “cisne negro” —siguiendo a Nassim Nicholas Taleb— cuando, en octubre de 2012, el buque escuela de la Armada Argentina, la Fragata Libertad, fue retenida en el puerto de Tema, en Ghana, cuando se encontraba realizando un viaje de instrucción.

En función de ello, debe pensarse en términos estratégicos para que la Argentina pueda responder a los conflictos previsibles y pueda estar preparada para aquellos que pueden considerarse contingentes.

La producción para la defensa no debe considerarse un gasto sino una inversión que presenta aspectos positivos, entre los que pueden destacarse los siguientes:

  • favorece el desarrollo científico y tecnológico nacional;
  • incentiva la innovación, tanto en la producción con fines bélicos como en el resto de las industrias;
  • estimula la inversión privada nacional y extranjera, como así también la firma de tratados estratégicos con otras potencias;
  • crea puestos de trabajo calificados;
  • incrementa las exportaciones en un rubro no tradicional para la Argentina, lo que significa divisas para nuestra economía;
  • satisface las necesidades de transporte y de nuestras industrias y
  • beneficia a las PYMES argentinas al incluirlas como proveedoras de este gran proyecto de desarrollo nacional.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

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VISIONES GEOPOLÍTICAS CONTRAPUESTAS. UN SIGLO DE PÉRDIDA DE INICIATIVA EUROPEA. (SEGUNDA PARTE)

Marcelo Javier de los Reyes*

El 1º de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. 1944, escombros del Castillo Real de Varsovia. Foto: El Castillo Real de Varsovia, Arx Regia Casa Editorial del Castillo Real en Varsovia, 1997.

El Castillo Real de Varsovia fue reconstruido entre los años 1971 y 1984 conforme a la voluntad de la nación polaca. Foto: El Castillo Real de Varsovia, Arx Regia Casa Editorial del Castillo Real en Varsovia, 1997.
De la Segunda Guerra Mundial a la Guerra Fría

Durante el período de entreguerras, se combinaron una serie de factores políticos, ideológicos, económicos y sociales que fueron creando un clima de tensión que, finalmente, desembocó en una nueva guerra de alcance global.

La puja entre el fascismo, el comunismo y el liberalismo estuvo marcada por los espacios de poder. La humillación de Alemania por parte de Francia mediante la firma del Tratado de Versalles en 1919 —en venganza por la derrota en la guerra franco-prusiana de 1870-1871— y el incumplimiento de lo pactado por las potencias occidentales con Italia, fueron algunos de los tantos motivos que llevaron a la guerra que comenzó el 1º de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte de las tropas de la Alemania nazi.

El desarrollo de los acontecimientos fue llevando a que cada vez más naciones se involucraran en la guerra, a partir del respaldo retórico que los gobiernos de Francia y el Reino Unido le brindaron a Polonia. Las “democracias occidentales” parecían no haber querido tomar conocimiento de que unos pocos días antes Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores de la Alemania nazi, fue recibido en el aeropuerto de Moscú “engalanado de esvásticas y una banda de música que lo recibió al son de Deutschland, Deutschland über Alles”[1]. Esas esvásticas que adornaban de extremo a extremo el aeropuerto eran utilizados en los filmes soviéticos antinazis y luego fueron llevados a la antigua Legación austríaca, donde se alojaría la comitiva alemana[2].

El 23 de agosto de 1939, Ribbentrop y su par soviético, Viacheslav Mólotov, firmaron el Pacto Germano-Soviético en presencia de Stalin, que consistía en un acuerdo para estrechar los vínculos de amistad y de cooperación política y comercial pero que contenía un protocolo secreto por el cual se repartían “el noroeste de Europa en dos esferas de influencia y concedía a ambos signatarios vía libre para devorar a sus vecinos más inconvenientes (de acuerdo a sus intereses defensivos)”[3].

23 de agosto de 1939. De derecha a izquierda: Joachim von Ribbentrop, Viacheslav Mólotov y Iósif Stalin.

Antes de esto, Stalin ya había procedido a una gran purga a través del “Gran Terror”, que ocasionó la muerte de millones de ciudadanos soviéticos, incluyendo a la mitad de los altos oficiales del Ejército Rojo, los que fueron asesinados o enviados a los gulags entre 1938 y 1939.

El 17 de septiembre de 1939, pocos días después de la invasión alemana, la Unión Soviética inició la propia en la zona polaca que se había repartido previamente con los nazis. El 22 de septiembre alemanes y soviéticos se encontraban en la localidad polaca Brześć Litewski (hoy Brest-Litovsk, en la actual Belarús), donde ese día las tropas de ambos bandos hicieron un desfile conjunto para celebrar su victoria.

El 30 de noviembre la Unión Soviética, sin previa declaración de guerra, invadió Finlandia. Luego de tres meses y medio de combate y de una fuerte resistencia por parte de unas fuerzas finesas en inferioridad de condiciones, el 12 de marzo de 1940 fue firmado el Tratado de paz de Moscú por el que Finlandia traspasó partes de su territorio a la Unión Soviética pero logró conservar su independencia.

Con su Lebensraum Hitler nuevamente se dirigió hacia el este. El 22 de junio de 1941 Alemania dio inicio a la “Operación Barbarroja”, nombre en clave dado por Adolf Hitler al plan de invasión a la Unión Soviética, que habría dado lugar al mayor exceso de violencia de la historia bélica moderna. Lo que pareció una exitosa operación relámpago terminó en una larga y cruenta confrontación para ambos países. Los alemanes no pudieron llegar a Moscú y los soviéticos comenzaron su camino hacia Berlín.

Las democracias occidentales se mantuvieron en silencio cuando la Unión Soviética invadió Polonia, pues no deseaban confrontar con Stalin, el asesino de masas que luego sería uno de los aliados.

Con respecto al escenario del Asia-Pacífico, cabe recordar que en mayo de 1941, debido a la apropiación de combustible estadounidense en Hai Phong, actual Vietnam, el gobierno estadounidense frenó las exportaciones de materias primas de Filipinas a Japón para que obstaculizar su avance en China. Como respuesta a la ocupación japonesa de la Indochina francesa, el presidente Franklin D. Roosevelt “en forma creciente presionó diplomática y económicamente al Japón, hasta llegar a una prolongada crisis que culminó a partir del 25 de julio de 1941, cuando Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda suspendieron su comercio con Japón y sometieron a este país a un cerco económico casi completo”[4]. Los tres países también procedieron a congelar los bienes japoneses y suspendieron todo intercambio comercial con el Imperio japonés. Del mismo modo, en Terranova, en agosto de 1941, se comprometió mutuamente con el primer ministro del Reino Unido “a prestarse ayuda recíproca en el caso de que Estados Unidos, Gran Bretaña o un tercer país que aún no estuviese en guerra, fuese atacado por Japón en el Pacífico”[5].

El presidente Roosevelt asimismo había establecido un embargo de las exportaciones de petróleo.

Se puede afirmar que el ataque a Pearl Harbor, a todas luces no fue una “sorpresa estratégica”. El capitán de navío Mitsuo Fuchida, quien condujo el ataque a Pearl Harbor, afirmó que luego de analizar la propuesta de Estados Unidos del 26 de noviembre de 1941 —entregada por el Secretario de Estado Cordell Hull a los representantes del Imperio japonés en Washington y redactada en duros términos—, el gobierno y el Alto Mando de Japón llegaron a la conclusión “de que la propuesta era un ultimátum tendiente a subyugar al Japón y hacer inevitable la guerra”[6]. La fuerza de tareas japonesa ya estaba rumbo hacia Pearl Harbor y el ataque quedaba supeditado a la mencionada propuesta estadounidense pero el gobierno japonés había decidido continuar con los esfuerzos de paz “hasta el último momento”[7]. Otro dato de interés que proporciona el capitán Fushida es que la decisión de atacar un domingo obedecía a que tenían información de que “la Flota de los Estados Unidos volvía a Pearl Harbor los fines de semana después de los períodos de instrucción en el mar”[8]. Luego agrega que informes de inteligencia sobre las actividades de la Flota del Pacífico retransmitidas desde Tokio, informaban que el día 5 de diciembre el USS Lexington había dejado el puerto y que se estimaba que el USS Enterprise también estaba operando en el mar[9]. Ambas naves eran los portaviones estadounidenses, las dos naves más importantes en Pearl Harbor, las cuales habrían sido sacadas a alta mar debido al conocimiento del ataque japonés.

PEARL HARBOR. POSICIÓN APROXIMADA DE BUQUES DE ESTADOS UNIDOS.
ACORAZADOS 8
CRUCEROS 9
DESTRUCTORES 20
SUBMARINOS 5
BUQUE HOSPITAL 1
más buques de abastecimiento y taller, cañoneros, petroleros, remolcadores, etc. En total 86 buques de combate y de servicio, sin contar embarcaciones menores y buques auxiliares.
Los acorazados llevan nombres de Estados: Arizona, Nevada, Tennesse, Maryland, Oklahoma, West-Virginia, California y Pensylvania (en dique seco).
Los cruceros llevan nombres de ciudades: Raleigh, Honolulu, Helena, St. Louis.
Vestal –buque taller–, Oglala –minador–, Neosho (petrolero), Shaw (destructor, estaba en dique seco flotante nº 2), Downes y Cassin (destructores, estaban en un dique seco junto al acorazado Pensylvania), Curtiss (buque madre para hidroaviones), Utah (acorazado radiado, servía como blanco).
Fuente: Robert A. Theobald. El secreto final de Pearl Harbor

El mayor testimonio de que el ataque japonés no fue una “sorpresa estratégica” es el libro del contraalmirante estadounidense Robert A. Theobald, titulado The final secret of Pearl Harbor. The Washington contribution to the Japanese attack, publicado en abril de 1954[10]. En su libro el contraalmirante Theobald acusó a la administración del presidente Franklin Delano Roosevelt de no alertar a los comandantes de Pearl Harbor —ocultando la información de inteligencia— sobre el ataque con la intención de llevar a los Estados Unidos a la guerra. En el prólogo de su libro, el contraalmirante Husband E. Kimmel —comandante de la Flota del Pacífico y comandante en Jefe de la Base Naval de Pearl Harbor, quien fue destituido de su cargo y degradado—, expresa:

Los estudios realizados por el Contraalmirante Theobald lo han llevado a la conclusión que estuvimos desprevenidos en Pearl Harbor debido a que los planes del Presidente Roosevelt requerían que no se enviara aviso alguno que alertara la Flota del Pacífico.[11]

De ese modo, los Estados Unidos, país que tuvo varios empresarios y empresas que apoyaron al gobierno de Hitler durante el período de entreguerras, como Henry Ford —condecorado en 1938 con la Gran Cruz del Águila por parte de Alemania—, Prescott Bush (padre y abuelo de los presidentes estadounidenses), IBM, General Motors —que había adquirido la empresa Opel—, entre otros, presionaron a Japón procurando el pretexto para ingresar a la guerra. El 8 de diciembre de 1941, el Congreso de los Estados Unidos declaró la guerra al Imperio de Japón y el día 11 a Alemania, inmediatamente después que lo hubiera hecho el gobierno de Berlín.

Un hecho más, entre los tantos que se podrían destacar, es que en plena guerra, en 1943, el presidente “Roosevelt declaró que Arabia Saudí era ‘vital para la defensa de los Estados Unidos’, y el reino saudí se pudo beneficiar de generosos préstamos, a la vez que declaraba la guerra al Eje”[12]. En 1944 se formó ARAMCO, la Arabian American Oil Company, como subsidiaria de la Standard Oil de California, SOCAL, que ya en 1933 había firmado un acuerdo con el monarca saudí para realizar prospecciones petrolíferas en su territorio[13]. Los intereses en función de la geopolítica del petróleo implementada por el Reino Unido y los Estados Unidos se fueron afianzando. Arabia Saudí ingresaría en 1945 como miembro pleno cuando, al año siguiente, se creara la Organización de las Naciones Unidas.

Hacia el final del conflicto, cuando las fuerzas del Eje (Alemania, Italia y Japón) fueron derrotadas, la Polonia que las “democracias occidentales” pretendieron salvar de la Alemania nazi —y la excusa por la cual ingresaron a la guerra tras sostener durante años la “política de apaciguamiento”— fue entregada sin más a la Unión Soviética… al igual que Europa Central y Oriental. La guerra terminó pero las ilusiones de “democracia” y de “libertad” no se concretaron para las poblaciones de esos países. Las democracias occidentales redujeron la extensión de la “Europa libre” con su alianza con el asesino de masas Stalin, lo que no exime a Hitler de sus pecados pero hay que tener en cuenta que los de las potencias occidentales no fueron menores.

Nuevos organismos internacionales, como las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la FAO, organización dedicada a la alimentación y la agricultura, fueron creados a partir de esta guerra, los cuales se convirtieron en actores protagonistas en el decurso mundial desde 1945.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa perdió aún mayor poder de iniciativa en el contexto internacional. Para levantarse de sus ruinas debió contar con el apoyo económico de los Estados Unidos mediante el Plan Marshall. De este modo, la gran potencia del norte aparecía como la que —junto al maltrecho Imperio británico— había derrotado “al mal”. Sin embargo, era natural que media Europa quedara en manos de la que llevó el mayor esfuerzo de guerra, la Unión Soviética, que con su poder terrestre y con 27 millones de muertos llegó a Berlín antes que las fuerzas británicas y estadounidenses. A decir verdad, el peso de la guerra en víctimas humanas recayó sobre Alemania y la Unión Soviética.

De este modo, Europa Occidental quedó sujeta al “nuevo orden europeo” impuesto desde Washington pero creado durante la guerra a través de los acuerdos celebrados por los “Tres Grandes” (Roosevelt, Churchill y Stalin) en las conferencias en las que, finalmente, se dividieron las zonas de influencia. Como resultado de ello, Alemania fue dividida en dos, dando luego lugar a la República Federal Alemana (RFA) y a la República Democrática Alemana (RDA), y la ciudad de Berlín también fue sujeta a una partición.

La alianza se quebró, como era natural y como lo había previsto Churchill, y prontamente se inició el conflicto que pasó a la historia como Guerra Fría. El mundo quedó a merced de dos bloques: el capitalista, liderado por Washington, y el comunista, liderado por Moscú. Ambas fuerzas intentaron imponer sus voluntades sobre el resto del mundo y con motivo de ese forcejeo las viejas potencias coloniales europeas debieron aceptar el proceso de descolonización para dar nacimiento a nuevos países.

En el marco de este nuevo conflicto y siguiendo la promesa hecha a través de la Declaración de Balfour, en 1947 se aprobó el Plan de la ONU para la partición de Palestina, mediante una resolución que contemplaba la formación de dos Estados —Israel y Palestina— sobre el mandato británico. Esta partición fue rechazada por los países árabes y por la dirigencia palestina que le declararon la guerra al nuevo Estado judío, dando origen a la guerra árabe-israelí de 1948, que finalizó con la victoria de Israel, que logró ampliar militarmente su territorio más allá del plan original de la ONU.

En el marco de la Guerra Fría, Estados Unidos impulsó la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), fundada por doce países, signatarios del Tratado de Washington: Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Dinamarca, Francia, Países Bajos, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, el Reino Unido y Portugal. Posteriormente se incorporaron Grecia y Turquía, en 1952; la República Federal de Alemania, en 1955 y en la actualidad está integrada por 29 países[14].


Washington, 4 de abril de 1949. Firma del Tratado del Atlántico Norte.

Como contrapartida, en 1955, los países del bloque socialista crearon el Pacto de Varsovia, su propia organización militar para enfrentar los desafíos del bloque occidental.

A pesar de ser el aliado más confiable de Washington, el Reino Unido también encontró sus limitaciones. Ejemplo de ello fue la crisis del Canal de Suez, cuando el presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser —quien derrocó al rey Faruq I mediante un golpe de Estado, proclamó la república y estableció el “nacionalismo socialista árabe”— procedió a nacionalizar el canal en detrimento de los intereses británicos y franceses. Nasser había fortalecido sus fuerzas armadas con material proveniente de los países socialistas, en particular, Checoslovaquia, y su gobierno reconoció a la República Popular China.

El Reino Unido, Francia e Israel formaron una alianza en contra de Egipto, país que contó con el respaldo de los países árabes. El triunfo militar de estos aliados fue acompañado de una gran decepción cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética, diplomáticamente, le impusieron a Francia, el Reino Unido e Israel retirar sus ejércitos. Por su parte, Egipto debía detener el envío de armamento a las guerrillas que luchaban contra Israel. Las Naciones Unidas desplegaron un cuerpo especial (UNEF) en la península del Sinaí, para mantener aisladas las fuerzas israelíes y egipcias.

Un segundo caso fue el visto bueno que los Estados Unidos le dieron al Reino Unido para llevar adelante su campaña al Conflicto del Atlántico Sur, para lo cual le cedieron la base aeronaval de la isla Ascensión y se arbitraron las medidas para reemplazar en Europa las operaciones británicas en el marco de la OTAN.

Nuevos organismos fueron abroquelando a los países europeos. En París, en abril de 1951 fue creada la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), por parte de los países del BENELUX (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo), Alemania, Francia e Italia, cuyo tratado entró en vigor en 1952 y es la base sobre el que se firmó el Tratado de Roma, en 1957, que fue el origen de la Comunidad Económica Europea, a la que progresivamente se fueron incorporando otros países y que en noviembre de 1993 pasó a ser la actual Unión Europea. Desde la CECA las instituciones sucesoras fueron incrementando el poder supranacional en detrimento de las decisiones de los gobiernos de los países miembro. En este punto cabe citar a Hans-Peter Martin y Harald Schumann:

El que este proceso haya avanzado tanto, a pesar de todos los retrocesos, se lo debe Europa en gran medida al canciller federal alemán en el cargo desde 1982. El mayor logro de Helmut Kohl no es la realización de la unidad alemana, sino su inconmovible insistencia en la europeización de la política nacional. Kohl solo demostró lo en serio que se tomaba esto en diciembre de 1991, cuando redactó en la neerlandesa Masstricht los párrafos del Tratado que debía convertir en una Unión la vieja Comunidad Europea. Contra la masiva resistencia del Bundesbank, de su propio partido y de gran parte de la élite conservadora, puso entonces, en alianza con Francia, el viejo sueño de la moneda común en el orden del día europeo. Con seguro instinto de poder, Kohl y su entonces interlocutor François Mitterand advirtieron la importancia de este paso mucho antes que sus electores e incluso que la mayoría de sus asesores: El dinero común podía ser la clave de la unificación política del continente y abrir paso a la liberación del dominio americano. Porque la unión monetaria, aunque no entre en vigor hasta el año 2001, dará a Europa la posibilidad de recuperar una parte importante de soberanía estatal en el ámbito de la política monetaria, financiera y tributaria. Entonces los tipos de interés y de cambio europeo dependerán mucho menos que hoy del mercado norteamericano.[15]

Sin embargo, la comunidad europea ya desde 1973 tenía el “Caballo de Troya” dentro de sí: el Reino Unido. En noviembre de 1962, el presidente francés, Charles de Gaulle recibió al primer ministro británico, Harold Macmillan —con la intención de obtener la aprobación de De Gaulle para que su país pudiera ingresar a la CEE—, durante su retiro de verano en el castillo de Rambouillet, a las afueras de París. De Gaulle le expresó que si quería unirse a Europa debía abandonar su “relación especial” con los Estados Unidos. En 1963, el general francés declaró “que Francia abriga dudas sobre la voluntad política del Reino Unido de ingresar en la Comunidad”, con lo cual se suspendieron las negociaciones de adhesión de todos los países candidatos[16]. De Gaulle se manifestó en contra del ingreso británico en una conferencia de prensa celebrada el 14 de enero de 1963. El 27 de noviembre de 1967 volvió a negarse en otra conferencia de prensa.

El presidente francés, general Charles de Gaulle, diciembre de 1962. Fotografía: AFP / Getty Images

Como había previsto sagazmente el general De Gaulle, el Reino Unido jugaría para sí y para los Estados Unidos. Tras lograr ingresar a la CEE y continuar dentro de su sucesora la Unión Europea, gozó de beneficios especiales, como no adherir al Tratado de Schengen (1985) ni adoptar el euro, cuya entrada en vigor fue en 2002.

La implosión soviética y la supuesta “postguerra fría”

Antes de abordar la implosión soviética es justo recordar algunos antecedentes que llevan a la comprensión del radicalismo islámico para lo cual es necesario referirse escuetamente a la guerra en Afganistán, en donde se había producido el “Gran Juego” entre británicos y rusos en el siglo XIX. Este “nuevo juego” se produce durante el gobierno iraní de Mehdi Bazargan, quien lo encabezó de forma interina tras la Revolución Islámica, gobierno con el que Estados Unidos mantenía contactos.

Además del triunfo de la mencionada revolución en 1979, el 4 de noviembre se llevó a cabo el asalto de la embajada de los Estados Unidos y el secuestro de los diplomáticos. A finales del mes de diciembre el Ejército Rojo ingresó a Afganistán.

Arabia Saudí y las monarquías del golfo, wahabitas y sunitas, no estaban dispuestos a perder el control religioso en favor de los chiítas iraníes por lo que se aliaron a los muyahidín afganos, que solo contaban con algunas facciones de filiación wahabita y con los partidarios de la yihad armada[17]. En el noroeste de Pakistán, en torno a Peshawar, en donde existían bases y campos de entrenamiento, había tres millones de refugiados, “el caldo de cultivo para el islámico internacional”[18]. Con financiamiento saudí, armamento estadounidense, tráfico de heroína y colaboración de los servicios de inteligencia paquistaní y estadounidense, el ISI (Inter-Services Intelligence) y la CIA, además del componente religioso de las grandes organizaciones paquistaníes, principalmente Jami’at-e islami fundada por Abul Ala Mawdadi (Aurangabad, India, 1903 – Búfalo, Estados Unidos, 1979), periodista y teólogo musulmán fundamentalista que desempeñó un papel importante en la política paquistaní y la red de madrasas deobandis[19].

Este movimiento, apadrinado por los Estados Unidos, Arabia Saudí, los Estados del Golfo y Pakistán, desempeñó un papel clave en la derrota que sufrieron las tropas soviéticas en 1989 y que llevó a la evacuación del país. Pero allí también está el semillero que dio origen al terrorismo de sesgo islámico.

En abril de 1992 Kabul y Afganistán cayeron en manos de los muyahidín. En 1994 aparecieron los talibán, quienes durante ese año se apoderaron de Kandahar y de las provincias meridionales de Lashkargah y Helmand. Los talibán gobernaron la casi totalidad de Afganistán entre 1996 y 2001 y la empresa petrolera argentina Bridas de Carlos Bulgheroni obtuvo un contrato para la construcción de un gasoducto de 1.492 kilómetros desde Turkmenistán hasta Pakistán con el visto bueno de los talibán. Bien pronto, con el avance de los Estados Unidos en el espacio postsoviético, la empresa argentina fue perdiendo todos sus negocios en favor de las estadounidenses, principalmente con Unocal[20].

Estos datos son relevantes para comprender los motivos que fueron llevando a la implosión soviética y a la expansión de los Estados Unidos en el espacio postsoviético. La globalización propuesta por Washington estaba en marcha en un esquema que los propios estadounidenses y algunos analistas internacionales consideraron como “unipolar”.

Hans-Peter Martin y Harald Schumann proporcionan una definición de lo que se debe entender por globalización:

La globalización, entendida como la liberación de las fuerzas del mercado mundial y la pérdida de poder económico de los Estados, es para la mayoría de las naciones un proceso impuesto, al que no pueden sustraerse. Para América, era y es un proceso que su élite política y económica ha puesto en marcha y mantiene voluntariamente. Sólo Estados Unidos pudo mover al Gobierno de Japón a abrir el mercado interior japonés a las importaciones. Sólo el Gobierno de Washington puede obligar al régimen chino a cerrar 30 fábricas de video y CD, que ganaban miles de millones con el robo de derechos de propiedad intelectual y la piratería de productos. Por último, sólo el Gobierno Clinton pudo arrancar a los rusos el consentimiento a la intervención militar en Bosnia, que puso fin a la carnicería en los Balcanes. El crédito de diez mil millones de dólares del FMI, concedido justo a tiempo para la campaña electoral de Boris Yeltsin, fue la recompensa, en el verano de 1996.[21]

Rusia se había debilitado. La crisis económica produjo la escasez de productos básicos y la oxidación del material de guerra.

El profesor Daniel Añorve Añorve, en un artículo de su autoría, cita un trabajo de Ana Teresa Gutiérrez del Cid, titulado Fénix de Oriente, en el que “ilustra el período de confrontación entre algunos magnates, que o bien actuaban al margen de la ley o actuaban dentro de ésta, pero sirviendo a intereses extranjeros por un lado, y a un grupo de hombres de Estado, nacionalista y relativamente conservador, los siloviki, aliados centrales de Vladimir Putin”[22]. Efectivamente, con la asunción de Vladimir Putin al gobierno de la Federación de Rusia en 1999 comenzó a revertirse el estado de anarquía que imperaba en el país y a recuperar no solo la economía sino también sus fuerzas armadas.

Sólo poco tiempo después de la llegada de Putin al poder, se produjeron los atentados del 11-S de los que se responsabilizó a varios ciudadanos saudíes. Respecto de este ataque ya se ha hablado y se ha escrito mucho pero le otorgó un rol protagónico al terrorismo de sesgo islámico, cuya principal organización era Al-Qaeda, la que tuvo sus orígenes a fines de la década de 1980, como ya se explicó ut supra, en los muyahidín que enfrentaban la ocupación soviética en Afganistán. Su líder, Osama Bin Laden habría abandonado Afganistán en 1989, para retornar en 1996 con el objetivo de dirigir los campos de entrenamiento y proceder al ataque los militares y civiles estadounidenses. Se le atribuyeron los atentados del 7 de agosto de 1998 de las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenia en África.

Lo que resultó más insólito es que los atacantes eran saudíes pero el gobierno estadounidense decidió llevar la guerra a Afganistán.

La política exterior y de defensa estadounidense dio un giro geopolítico y puso la mira en Medio Oriente y Asia Central, procurando arrastrar a los países europeos en su guerra. Alemania y Francia fijaron su posición respecto a estos cambios y tomaron una actitud más dura en oportunidad de la invasión a Iraq en 2003 bajo el pretexto de las armas de destrucción masiva… que finalmente no se encontraron. Algunos países europeos acompañaron la campaña estadounidense, Reino Unido y España, además de algunos que antes integraban el espacio soviético.

En un artículo escrito por el coronel de artillería español José Luis Pontijas Calderón, pone en evidencia ese cambio de la política estadounidense y su alejamiento con respecto a sus aliados europeos. Del mismo modo, también menciona como el Reino Unido frenó numerosas iniciativas europeas, en favor de los Estados Unidos y en función de los cambios geopolíticos que implementaron los diferentes gobiernos estadounidenses en las últimas décadas. Para ello analiza la política exterior de Washington, los cambios mencionados y la actitud de los gobierno británicos[23] [24]. Pontijas Calderón, respecto del Reino Unido, expresa:

Sus objetivos principales del período post-Guerra Fría fueron:

      • Mantener el vínculo transatlántico con EE. UU., garante de sus dos ejes geoestratégicos tradicionales.
      • Impulsar y contribuir a la expansión geopolítica global occidental.

Para ello, Londres estuvo a la vanguardia de la expansión de la OTAN y de la UE hacia el Este, así como cooperó militar y diplomáticamente con los esfuerzos estadounidenses en Irak, Afganistán y otros teatros. También promovió numerosas iniciativas de cooperación en el seno de la Alianza (Partenariado por la Paz, Diálogo Euro-Mediterráneo, etc.) y abogó por la expansión de esta como gestor de crisis en el ámbito global durante la cumbre de Washington de 1999.

Por otro lado, para neutralizar cualquier intento de desarrollar una capacidad europea de defensa autónoma, Londres promovió el desarrollo de la Identidad de Defensa y Seguridad Europea (EDI, por sus siglas en inglés). La idea era fortalecer la vos de los europeos en el seno de la Alianza, a la vez que ofrecía una forma de planear y conducir operaciones de la Unión Europea Occidental (UEO) a través de los acuerdos “Berlín +” OTAN-UEO.[25]

El Reino Unido cumplió su misión tal como lo había previsto Charles De Gaulle y dado el distanciamiento de los Estados Unidos de Europa —en el marco de un nuevo período global en el que el gobierno estadounidense ya no puede pedirle a China que cierre sus fábricas de video y CD, ni torcer la política de la Federación de Rusia a cambio de un crédito del FMI— en 2016, el gobierno de Londres llamó a un referéndum para que su población decidiera si deseaba continuar dentro de la Unión Europea o no. Como se sabe, esa votación fue manipulada a través de la consultora Cambridge Analytica. Asimismo, debe recordarse que el presidente Donald Trump contribuyó al distanciamiento con su guerra de aranceles a las importaciones.

La decisión de los gobiernos de Francia y Alemania de impulsar un ejército fue percibida por Trump como un insulto. Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, justificó esa iniciativa porque “Europa necesita reducir su dependencia de los demás”. Aún fue más allá al expresar: “Tenemos que protegernos de China, de Rusia e incluso de Estados Unidos”[26].

Pareciera que la partida del Reino Unido, le brindó el espacio a Emmanuel Macron y Angela Merkel para avanzar en la creación de un Ejército europeo[27] e, incluso, una suerte de “consejo de seguridad” de la Unión Europea, similar al de la ONU, el cual “podría emitir una posición europea sobre los conflictos internacionales”[28].

Por su parte, Donald Trump había calificado a la OTAN de “obsoleta” en oportunidad de su visita al nuevo cuartel general de la Alianza en Bruselas y les pidió a sus miembros que pusieran más dinero: “Veintitrés de los 28 países miembros siguen sin pagar lo que deberían y lo que supone que deben pagar por su defensa”[29].

Cuando se cumplía el 70º aniversario de la creación de la OTAN, Donald Trump manifestaba su intención de retirar a su país de la Alianza. Macron, por su parte, llegó a expresar que “lo que estamos experimentando actualmente es la muerte cerebral de la OTAN”[30], haciendo referencia a la imprevisibilidad estadounidense bajo la presidencia de Donald Trump, declaración que no fue compartida por Angela Merkel.

2019. El Palacio de Buckingham fue el escenario donde la OTAN celebró el 70º aniversario de su fundación.

Ya antes de esas expresiones sobre la OTAN, en marzo de 2019, Macron convocó a una cumbre a los responsables de una treintena de servicios europeos con el objetivo de construir una cultura estratégica común y “poner en marcha un colegio o foro común que sirva para intercambiar experiencias y alentar la reflexión sobre los retos a los que se enfrentan los servicios de inteligencia europeos, desde el yihadismo a la creciente agresividad del Kremlin o el ascenso imparable de China”[31].

Del mismo modo, por iniciativa del gobierno francés, a finales de febrero de 2020, veintitrés países europeos crearon una nueva cooperación de inteligencia: el Intelligence College in Europe, Colegio de Inteligencia en Europa (ICE, por sus siglas en inglés). El ICE se fundó oficialmente en París en mayo de 2019 pero respondió a una iniciativa del presidente Macron, cuando, en septiembre de 2017, en un discurso en la Universidad de la Sorbona en París propuso una nueva cooperación entre los servicios de inteligencia europeos con el objetivo de lograr una Inteligencia europea más independientes de la información y del conocimiento de las grandes potencias, como Estados Unidos, China o Rusia[32].

A modo de conclusión

La llegada de los turcos en el siglo XIV, la caída del Imperio Bizantino y la instalación del Imperio Otomano significó la ruptura de las comunicaciones terrestres entre Europa y Asia. Eso obligó a las potencias de la época, más precisamente España y Portugal, a buscar nuevas rutas para llegar al Lejano Oriente.

El Imperio ruso, a lo largo de varios siglos, con su extensión hacia el este, se encontraba conectando ambos continentes nuevamente, lo que significó una amenaza para el Imperio británico, con el cual tuvo que lidiar en Afganistán en lo que se denominó el “Gran Juego”. La construcción del Transiberiano y su inauguración en 1904 representaron otra alarma para Londres ya que amenazaba sus mercados asiáticos.

La carrera armamentística estaba en marcha entre las potencias europeas y nuevos actores se involucraban en el escenario internacional.

Cabe recordar que durante el siglo XIX el Imperio británico se expandió por el mundo y colonizó islas y pasos vitales para el control de los mares y pasos estratégicos del mundo.

Previo a la Primera Guerra Mundial, los británicos percibieron que la expansión hacia el este del Imperio alemán ponía en riesgo sus posesiones, su dominio comercial y el control de los pozos petrolíferos de Medio Oriente a través del espacio terrestre. Durante el transcurso de la misma, recurrió a tratados y acuerdos secretos para repartirse el Imperio otomano y establecer una cuña en Medio Oriente para evitar el avance alemán y la construcción de su ferrocarril que podía alcanzar los puertos del golfo Pérsico.

La Revolución Bolchevique contó con el apoyo de dos países de dos bandos enfrentados en la guerra, Estados Unidos y Alemania, pero había algo en común: fue respaldada por capitalistas que deseaban vengarse del zar por sus políticas consideradas racistas. La revolución rusa sirvió para tabicar a las potencias centrales en su camino hacia el este y puso los caminos y los ferrocarriles —como el Transiberiano— bajo control del gobierno comunista. Eso forzaba a que las telurocracias se vieran obligadas a utilizar los mares para alcanzar el Lejano Oriente o cualquier punto de Asia y, como ya se ha mencionado, el control marítimo estaba en manos del Reino Unido y de la, entonces, nueva talasocracia: los Estados Unidos. El comercio europeo quedaba íntimamente ligado a estas dos potencias capitalistas.

La Gran Guerra fue el hito fundamental para poner a Europa en una posición subordinada respecto de los Estados Unidos y del Imperio británico.

Los resentimientos de la Primera Guerra Mundial se incrementaron durante el período de entreguerras y las ideologías se enfrentaron tanto al interior de algunos países como en buena parte de Europa. El estallido de la Segunda Guerra era inminente y, una vez más, los que serían los dos polos ideológicos se unieron para enfrentar a los países centrales: Alemania y sus aliados europeos.

La nueva derrota de Alemania y el avance de la Unión Soviética hasta Berlín llevaron el límite del bloque comunista hasta esa ciudad. La postguerra giró en torno al “enemigo comunista” y los Estados Unidos forjaron el “nuevo orden europeo”, restringiendo aún más cualquier iniciativa europea. Para consolidar su poder propuso la creación de la OTAN y unos años después de la creación de la CEE, el Reino Unido ingresó al bloque para paralizar desde adentro a la “Europa libre”. Luego del Brexit (2016), varios artículos recordaron la advertencia de Charles De Gaulle.

Cuando los soviéticos se expandían por Afganistán, la región del “Gran Juego”, los estadounidenses se valieron de sus aliados saudíes y paquistaníes para apoyar militar y económicamente a los muyahidín, los que serían el germen del futuro terrorismo de sesgo islámico que los gobiernos de Estados Unidos utilizaron para reemplazar al “enemigo comunista” luego de la implosión de la Unión Soviética y con más razón tras la llegada de Vladimir Putin al gobierno de la Federación de Rusia.

Con respecto a los intereses hidrocarburíferos, los Estados Unidos se abocaron a boicotear los ductos que favorecieran a Rusia así como llevaron adelante la “guerra contra el terrorismo global” ocupando Afganistán, provocando la caída de Saddam Hussein en Iraq y luego, junto a otros socios europeos, procedió no sólo a establecer centros clandestinos de detención sino que también respaldó a los rebeldes sirios que dieron lugar a la creación del autodenominado Estado Islámico en su enfrentamiento con el gobierno de Siria.

En todas estas campañas, el Reino Unido fue su gran aliado, alineándose automáticamente a la política expansionista diseñada por Washington.

El fortalecimiento de Rusia y el desafiante crecimiento de China alejaron aún más a Estados Unidos de Europa, la que durante décadas acompañó la política estadounidense aun en contra de sus propios intereses al enfrentarse con Rusia, su proveedor energético natural.

La OTAN fue convertida más claramente en el brazo militar de las ambiciones estadounidenses, lo que encontró un freno ante la posición asumida por Francia y Alemania en vísperas del ataque a Iraq.

Este distanciamiento se incrementó y el “Caballo de Troya” debía dejar la Unión Europea para, con mayor libertad, poder acompañar a los Estados Unidos. Asimismo, se liberó de los controles financieros del bloque europeo, lo que no es un hecho poco importante para Londres, la “city” que controla la mayoría de los paraísos fiscales a lo largo y a lo ancho del mundo.

El Brexit parecería haber devuelto la conciencia y la identidad a Europa, la que ahora propone crear su propio sistema de defensa independiente de los lineamientos dictados desde Washington. Con respecto a la Inteligencia, la convocatoria del presidente francés para crear el colegio europeo, contó con la participación de dos miembros no comunitarios: Noruega y el Reino Unido.

A pesar de estas decisiones, la pregunta aún queda sin responder: ¿Serán capaces los europeos de crear su propia alianza militar al margen de la OTAN? Solo el tiempo podrá responderla.

Para finalizar, es pertinente recordar que en 1982, en oportunidad de su visita a Santiago de Compostela, el papa Juan Pablo II se refirió a la consolidación de la Europa unida expresando una frase que repetiría en otra visita a España en 2006: “Europa, vuelve a encontrarte, sé tú misma, aviva tus raíces”.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Citas bibliográficas y notas

[1] Norman Davies. Europa en guerra. 1939-1945. ¿Quién ganó realmente la segunda guerra mundial? Buenos Aires: Planeta, 2008, p. 209.

[2] Michael Bloc. Ribbentrop. Buenos Aires: Javier Vergara Editores, 1994, p. 255.

[3] Ibíd., p. 210.

[4] Robert A. Theobald. El secreto final de Pearl Harbor (La contribución de Washington al ataque japonés). Buenos Aires: Círculo Militar (Biblioteca del Oficial), julio de 1954, p. 59.

[5] Ídem.

[6] Mitsuo Fushida. “Yo conduje el ataque sobre Pearl Harbor”. En: Robert A. Theobald. Op. cit., p. 306.

[7] Ídem.

[8] Ibíd., p. 307.

[9] Ídem.

[10] Robert A. Theobald. Op. cit., 202 p.

[11] Ibíd., p. 15.

[12] Alejandro Salamanca Rodríguez. “Arabia Saudí V: petróleo con sabor americano (1938-1953)”. Desvelando Oriente, 07/12/2016, <https://desvelandooriente.com/2016/12/07/arabia-saudi-5/>, [consulta: 20/10/2020].

[13] Ídem.

[14] Los demás países miembros son: España (1982); Hungría, Polonia y la República Checa (1999), que fueron los primeros países ex comunistas en entrar en la OTAN. Poco después, en la Cumbre de Praga, en 2002, denominada “cumbre de la transformación”, la OTAN invitó a siete países (Rumania, Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Letonia y Lituania) a adherirse, y en marzo de 2004, los siete ingresaron en la Alianza. En 2009 fue el turno de Albania y Croacia y, finalmente, el último Estado en convertirse en Aliado hasta la fecha ha sido Montenegro, en 2017. La OTAN mantiene una política de puertas abiertas “a cualquier otro Estado europeo que esté en condiciones de favorecer el desarrollo de los principios del presente Tratado y de contribuir a la seguridad de la región del Atlántico Norte” (artículo 10 del Tratado de Washington)”. Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (España).

[15] Hans-Peter Martin y Harald Schumann. La trampa de la globalización. El ataque contra la democracia y el bienestar. Madrid: Taurus, 1998, p. 270-271.

[16] “La Historia de la Unión Europea – 1963”. Sitio web de la Unión Europea, <https://europa.eu/european-union/about-eu/history/1960-1969/1963_es>.

[17] Gilles Kepel. La yihad. Expansión y declive del islamismo. Barcelona: Península, 2001, p. 207.

[18] Ídem.

[19] Los deobandis son uno de los grupos de los musulmanes. Está íntimamente relacionado con la Universidad de Deoband, en India (Dar al-‘Ulum, “Casa del Conocimiento”. En sus orígenes en la India ya expresaba un fuerte rechazo contra el avance de Occidente y su civilización materialista laica en el subcontinente indio. Sus objetivos eran preservar las enseñanzas del Islam, su fuerza y sus rituales, resistir a las destructivas actividades misioneras del invasor británico y su cultura y difundir el Islam y su cultura.

[20] Ahmed Rashid. Los talibán. El Islam, el petróleo y el nuevo “Gran Juego” en Asia Central. Barcelona: Península, 2001, 375 p.

[21] Hans-Peter Martin y Harald Schumann. Op. cit., p. 270-271.

[22] Daniel Añorve Añorve. “El juego geopolítico de la Rusia postsoviética: su comprensión a través de cinco círculos”. Revista Mexicana de Política Exterior, nº 115, enero-abril de 2019, p. 45-67.

[23] José Luis Pontijas Calderón, “Entender el juego geopolítico europeo (I)”. Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), 16/10/2019, <http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2019/DIEEEA29_2019JOSPON_EEUU.pdf>.

[24] José Luis Pontijas Calderón, “Entender el juego geopolítico europeo (II)”. Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), 30/10/2019, <http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2019/DIEEEA30_2019JOSPON_Europa.pdf>.

[25] Ídem.

[26] Ídem.

[27] La creación del Eurocuerpo se originó a partir del Tratado del Elíseo firmado entre el Presidente francés Charles de Gaulle y el Canciller alemán Konrad Adenauer el 22 de enero de 1963. Su objetivo era intensificar la cooperación franco-alemana en materia de defensa. En 1987 el presidente François Mitterand y el canciller Helmut Kohl anunciaron la puesta en marcha del Consejo de Seguridad y Defensa franco-alemán que iba a permitir la creación de la Brigada franco-alemana en 1989, la que entró en operatividad en 1991. El 14 de octubre del mismo año, ambos Jefes de Estado enviaron una carta conjunta al Presidente del Consejo Europeo en la que le informaban su decisión de intensificar aún más su cooperación militar, sentando así las bases de un Cuerpo de Ejército en el cual podrán participar también otros Estados miembros de la Unión Europea Occidental (UEO). El 22 de mayo de 1992, durante la Cumbre de La Rochelle, Mitterand y Kohl crearon oficialmente el Eurocuerpo con la adopción del informe común de los ministros de Defensa francés y alemán. El 1º de julio de 1992, un Estado Mayor provisional se estableció en Estrasburgo para crear las bases del Cuartel General del Eurocuerpo.

[28] Bernardo de Miguel. “Merkel secunda la propuesta francesa de crear un Ejército europeo”. El País, 13/11/2018, <https://elpais.com/internacional/2018/11/13/actualidad/1542120243_022296.html>, [consulta: 14/11/2018].

[29] “Trump, la OTAN y la UE: amor y desamor en 2018”. Euronews, 26/12/2018, <https://es.euronews.com/2018/12/26/trump-la-otan-y-la-ue-amor-y-desamor-en-2018>, [consulta: 27/12/2018].

[30] “Emmanuel Macron warns Europe: NATO is becoming brain-dead”. The Economist, 07/11/2019, <https://www.economist.com/europe/2019/11/07/emmanuel-macron-warns-europe-nato-is-becoming-brain-dead>, [consulta: 27/12/2018].

[31] Miguel González, Marc Bassets. “Macron reúne en París a los jefes de los servicios de espionaje europeos”. El País, 04/03/2019, <https://elpais.com/internacional/2019/03/04/actualidad/1551726724_825535.html>, [consulta: 06/03/2019].

[32] Christopher Nehring. “Colegio de Inteligencia en Europa: nueva plataforma conecta al servicio europeo de inteligencia”. Deutsche Welle, 08/04/2020, <https://www.dw.com/es/colegio-de-inteligencia-en-europa-nueva-plataforma-conecta-al-servicio-europeo-de-inteligencia/a-53068415>, [consulta: 08/04/2020].

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