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ESPACIO, RECURSOS NATURALES Y VISIÓN DE LARGO ALCANCE

Agustín Saavedra Weise*

Imagen de punit sharma en Pixabay 

Según el geógrafo inglés Sir Halford John Mackinder (1861-1947), las grandes guerras —y hemos tenido muchas a lo largo de los últimos siglos— han sido causadas por el crecimiento desigual de las naciones. Tal cosa no se debe en su totalidad al mayor genio o energía de algunas comunidades en comparación con las demás; en gran medida resulta de la inequitativa distribución del suelo que se ocupa y de lo que podría llamarse “oportunidad estratégica” de unos sobre otros a lo largo de la historia de las civilizaciones (Ideales Democráticos y Realidad, 1919).

Piénsese en cuán diferente hubiera sido el destino de los trece estados originales que formaron los Estados Unidos de América si el país se hubiera fundado en otro lugar y con otra gente. Partir en 1776 desde una excelente ubicación y contar con una buena dirigencia permitió a las 13 ex colonias británicas pasar a ser 50 estados y adueñarse de más de medio continente en un lapso de solo 120 años.

EEUU siguió ganando espacio hasta convertirse en potencia bioceánica con legítimas pretensiones de poder mundial, ya insinuada desde fines del siglo XIX tras su victoria ante España. La nación que fundó George Washington tuvo una enorme ventaja dadas las ubérrimas condiciones del espacio ocupado y ganado, la excelencia de su élite y la abundancia de recursos naturales que sus logros territoriales le proporcionaron.

No existe en la dura arena geopolítica mundial “igualdad de oportunidades” entre naciones. Algunas nacen bien, otras nacen mal, algunas se fortalecen y superan desventajas mientras otras se ahogan —por incompetencia— en sus desventajas o por no saber aprovechar sus pocas ventajas. Al contrario, los pueblos fuertes procuran conseguir de terceros débiles lo que les falta, a veces con resultados positivos, otras con fracasos. Históricamente, se puede inclusive cuantificar la desaparición de estados absorbidos o aniquilados por estados que tuvieron mejores posibilidades y supieron sacar provecho de lo que tenían. Todo dependerá al final de las condiciones objetivas de cada cual, pero también en grado sumo de la calidad y continuidad de sus conductores.

No es cuestión de ser superior o inferior, malo o bueno, de aquí o de allí, sino de quién es capaz de aprovechar su oportunidad en materia de terreno útil y proyección en el tiempo, además de la capacidad de la élite y del valor prioritario que ésta le asigne al lugar que ocupa su pueblo para defenderlo o ampliarlo, esto último si puede y si así le conviene.

Los países que valoran el espacio y preservan recursos siempre tendrán buenas chances. Los que no reconocen ni el valor del espacio ni la necesidad de proteger sus propias materias primas, terminan en el cementerio de las naciones o se transforman en estados frágiles, en un triste yunque de estados martillo más previsores y con mayor capacidad estratégica.

 

* Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Nota original publicada en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/espacio-recursos-naturales-y-vision-de-largo-alcance_253925

PROHIBIDO OLVIDAR

Luis Alberto Briatore*

La batalla aeronaval por nuestras Islas Malvinas fue la más grande que se haya visto desde la Segunda Guerra Mundial.

En la confrontación estuvieron frente a frente, el Reino Unido miembro de la OTAN, tercera flota del planeta y de gran tradición en la guerra naval, ayudada por EEUU, primera potencia mundial, proveyendo armamento, como así también, equipamiento de última generación, además, de suministrar información de inteligencia, datos vitales y sensibles, relacionados a las Fuerzas Armadas de nuestro país.

Como oponente, defendiendo lo que nos pertenece, la República Argentina, la que disponía de aviones con una aviónica antigua y armamento inadecuado para el ataque a objetivos navales, excepto la Armada, que contaba con el efectivo y letal binomio Súper Etendard y el misil aire mar AIM 39 Exocet. El punto a favor de los pilotos argentinos previo a la contienda, era el alto nivel de adiestramiento de las tripulaciones en vuelo.

El coraje y valentía de los guerreros alados, equilibraron y hasta estuvieron a punto de inclinar la balanza hacia el bando celeste y blanco. Prueba de ello, fueron los 7 buques hundidos, 5 fuera de servicio, 12 con daños de diversa consideración. De un total de 39 buques, el 63 % recibió el castigo feroz de los certeros ataques propinados por la aviación argentina.

Aun con un alto porcentaje de derribos propios, uno de los más altos en la historia de las guerras aéreas, con pérdidas de muchas y valiosas vidas, la intensidad de los ataques nunca declinó a lo largo del cruento conflicto, comprometiendo la Fuerza Aérea Sur – FAS en cada oleada todo el material y personal disponible. El precio gaucho fue muy alto, un raudal de sangre derramada sobre la turba malvinense, de almas que desde esos gloriosos días custodian desde el cielo, las Islas Malvinas, con la firme convicción y esperanza de una futura recuperación.

Un detalle que evidencia la magnitud de lo logrado, se encuentra tatuado en misma piel de los aviones de combate argentinos, los que se atrevieron atacar a la poderosa flota inglesa. Son los únicos del planeta que ostentan distinguidas cucardas, las que ilustran con la silueta del buque hundido y la fecha del ataque, el haber enviado al fondo del mar a navíos de guerra de gran porte, y por aquellos días, de última generación, los que yacen como testimonio y para siempre, en las profundidades del rocoso lecho marino malvinense.

Invocando al honor del guerrero

Durante la capitulación, el 14 junio de 1982, el Reino Unido despacha las actas para que sean firmadas por los comandantes argentinos.

Aquel día el Comandante de la Fuerza Aérea Sur, el Brigadier Ernesto Crespo, se encontraba en su puesto comando en la Base de Comodoro Rivadavia cuando recibió una llamada desde las islas Malvinas. Los británicos le exigían la rendición incondicional, comunicándole que estaba incorporado al acta de capitulación, documento que debía firmar sin objeción alguna y a la brevedad.

Luego de escuchar lacerante mensaje, corta intempestivamente la llamada, actitud que evidenció la inadmisibilidad al pedido inglés.

A los pocos minutos, el teléfono volvió a sonar. En este segundo enlace, los mandos ingleses proponían un radical cambio de postura. Intentando evitar nuevos letales ataques, le piden a cambio de firmar la rendición, su “palabra de honor” de que no va a atacar más a las tropas colonialistas.

El Brigadier Crespo luego de analizar el complejo escenario junto a su Estado Mayor, mientras el componente militar argentino en Malvinas se había rendido, entregando su armamento y todo elemento de interés para el enemigo, determinan, que ante el alto costo de vidas y la compleja situación imperante, el persistir con los ataques aéreos ya era inútil.

Con dolor, accedió y dio “su palabra de honor” de que no atacaría más la aviación de combate argentina. 

Aquella promesa verbal y no escrita, desoyendo el deseo inicial del enemigo, puso de manifiesto el uso de un valor muy sagrado para un guerrero argentino, “la palabra de honor”. Escueta frase de compromiso que bastó para cesar por completo las hostilidades por parte de los aviones combate de la FAS.

Hecho que pone de manifiesto la actitud de los hombres pertenecientes al componente aéreo durante el conflicto, desde el soldado más moderno hasta su comandante.

Una obligada revisión

La determinación y valentía de los pilotos argentinos, el trabajo en equipo de todo el personal involucrado en las acciones bélicas tanto en continente como en las islas, junto a las decisiones como la que acabamos de mencionar, fue la que forjó el enorme prestigio de la Fuerza Aérea Argentina ante el mundo entero.

Concluida una sucesión de inimaginables y osadas acciones heroicas, contra un enemigo que se creía invencible, además de despertar la admiración de la aviación toda, también forzó por parte de las grandes potencias bélicas, a efectuar un pormenorizado análisis de las acciones, y a posteriori, a consecuencia de ello, implementar profundos cambios, reescribiendo manuales de doctrina, estrategia y táctica militar, en base a lo actuado sobre las gélidas aguas del Atlántico Sur.

Nadie es profeta en su tierra

La Biblia pone en boca de Jesús las siguientes palabras: “De cierto os digo, que ningún profeta es aceptado en su propia tierra” (Lucas 4:24). Aludía a sí mismo, pues muchos pobladores de la zona en la que predicaba no creían que él fuese el enviado de Dios, tal cual como lo había anunciado el profeta Isaías.

Luego de veinte siglos, lamentablemente algo similar sucede en nuestro suelo con los héroes malvineros y últimos próceres argentinos pertenecientes a las tres Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, Aviación Civil y Marina Mercante.

La reputación de nuestros guerreros fue percibida y valorada de inmediato en su justa medida fronteras afuera, y no, inadmisiblemente, por el Estado Nacional, al que pertenecen con orgullo, y por el que entregaron la vida.

Seres humanos excepcionales que cumplieron como nadie el juramento de defender a la Patria, no han sido considerados y valorados aun como se debe, ni tampoco, ha sido escuchado su mensaje luego de morir por nosotros, por Dios y por la Patria.

Instituciones defensoras de la soberanía, con una formación de excelencia, las que dieron testimonio de obrar en valores en defensa del suelo soberano, han sufrido un debilitamiento paulatino e ininterrumpido desde aquellos días, como parte de un objetico de estado tácito, cayendo por una pendiente que aún no se detiene. Imposibilitadas de cumplir con su función específica, por no disponer de las herramientas necesarias para hacerlo, pasando a ser parte de uno de los pilares más débiles de nuestra sociedad. 

“La esperanza nunca se pierde, porque siempre se tiene la esperanza de encontrarla” (Carlos Arturo Arregoces Alvarez-Literario).

Para cerrar, gritare bien fuerte una y otra vez, una potente frase buscando invocarla.

“¡VIVA LA PATRIA!”

 

* Egresó como Alférez y Aviador militar de la Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea Argentina en 1981 (Promoción XLVII) y como Piloto de Combate de la Escuela de Caza en 1982. Fue Instructor de vuelo en la Escuela de Caza y en aviones Mirage y T-33 Silver Star (Bolivia). En el extranjero voló Mirage IIIEE como Jefe de Escuadrilla e Instructor en el Ala 111 del Ejército del Aire (Valencia, España) y T-33 Silver Star como Instructor de Vuelo en el Grupo Aéreo de Caza 32 y Asesor Académico en el Colegio Militar de Aviación en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Su experiencia de vuelo incluye 3.300 horas de vuelo en reactores y 200 horas en aviones convencionales.

Licenciado en Sistemas Aéreos y Aeroespaciales del Instituto Universitario Aeronáutico (Córdoba, Argentina) y Master en Dirección de Empresas de la Universidad del Salvador.

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PROGRESISMO Y SALSA HUMANA

Marcos Kowalski*

Propician la instauración del progresismo, la sanción de leyes provenientes de un internacionalismo, que denigran las formas y el fondo de la educación, destruyen los valores del hombre argentino, menosprecian los símbolos patrios.

 

Desde el momento en que el ser humano dejo evidencias escritas sobre su existencia, unos 4.000 años antes de Cristo, en Sumer, testimonió sus emociones, sus necesidades, su organización y sus costumbres, es decir comenzó a contar la historia, a dejar registro escrito de los valores del comportamiento del hombre en cuanto tal, su vinculación con Dios, su sentido religioso y la influencia telúrica que lo ataba al suelo de sus orígenes y a sus comunidades con sentido de pertenencia, los dos sentidos que mueven la humanidad.

Si analizamos al sujeto humano en forma ontológica, comprobaremos que su esencia no ha cambiado mucho desde sus comienzos históricos hasta hoy. Con los griegos aparecía el pensamiento filosófico, el paso del mito al logo y se establecieron las bases del pensamiento moderno occidental, pero los valores del ser humano, su sentido religioso y su sentido social, como integrante de su comunidad no cambiaron, solamente los filósofos lo trataron de explicar.

Nada hubo, ni hay, nuevo bajo el sol, salvo la vanidad de algunos que, sin conocer la historia humana, o queriendo contrariarla, sin tener en cuenta los sentidos religiosos y de nacionalidad, fueron elaborando hipótesis que ponen al hombre en un centralismo a expensas de la fe en Dios y despreciando su pertenencia al solar patrio. Es la búsqueda de una “humanidad” de ficción, que siempre se les viene escapando por estar despegada de la verdadera esencia humana, la salsa que mueve la vida a través de los tiempos.

El intento vano de desviar la humanidad de la cultura greco-romana-cristiana, toda injerencia en la salsa humana del hombre, nos lleva a padecer imposturas pretenciosas que intentan imponer como normal la contra-natura de minorías que escudados en presuntos nuevos valores “progresistas” pretenden imponerlos con un dogmatismo y una intolerancia absoluta a toda opinión diferente, dedicándose a destruir los valores históricos, el sentido religioso y nacional del ser humano, que se formaron a lo largo de los siglos.

Como ejemplo podemos ver que la discusión sobre los derechos de género de hombres y mujeres se ha convertido en una fantasmagoría total, donde estas acciones llevadas a cabo bajo la bandera del progreso son un error. La idea de que un niño tenga el derecho para determinar su género debería ser considerado como un verdadero crimen de lesa humanidad.

El carácter soberbio, la personalidad desmesuradamente egoísta y ególatra impulsada desde el “Leviatán” de Hobbes, el hedonismo como único motor el hombre, haciendo que bajo la premisa de que la esencia humana es en realidad una “construcción” cultural, quieran estos “pensadores”, llenos de sus imposturas intelectuales, des-construir, es decir destruir, lo que por su mala interpretación de la historia llaman paradigmas culturales.

Es así como vemos que la promoción de ideologías individualistas y materialistas como el liberalismo y el comunismo derivan en la formación de grupos sectarios, que creen, piensan y sienten que cualquier modificación o evolución a su pensamiento único no es posible. Es el fanatismo propio de los que creen ser dueños de la verdad absoluta.

Es el fanatismo lo que hace creer a toda costa algo increíble. No se somete ante lo evidente, sino a lo que escapa a la racionalidad. Por ello, hay personas inteligentes y racionales en diversas facetas de su vida pero que, en cambio, pueden ser fanáticas en otras, en realidad pretendiendo calmar sus ansiedades personales.

Al no tener en cuenta la verdadera esencia humana, al SER que se opone a todo lo que no es y jamás será y lo hace mediante la libertad, que justamente es aquello que mueve, que transforma, que impulsa, que troca la posibilidad en realidad, ese SER que con sus sentidos, religioso y nacional y haciendo uso de su libertad se opone y reacciona frente al pensamiento “progresista”.

Es entonces que el iluminado progresista sufre la tremenda frustración de ver fracasar sus intentos de materializar el “cambio” y el pretendido “hombre nuevo” que se propuso generar, vuelve a ser el viejo hombre de siempre, porque todos los entes son fieles a su esencia y siempre vuelven a sus bases originales, máxime cuando el “progresismo” no resulta natural, haga lo que se pretenda hacer para cambiarlos.

Recordemos que los estudiosos de la psiquis, como Freud, terminaron reconociendo que “el instinto humano es perfecto e inmutable”, que Carl Jung, contrarió en ideas a Freud en cuanto a vincular la “libido” solamente a lo sexual, definió lo que llamo “inconsciente colectivo” como una forma de fuerza vital, como explicación a lo que nosotros damos en llamar sentido Nacional del ser humano.

No se puede entonces propiciar el “cambio” si no una evolución. En los entes, en los SERES, no se puede cambiar su razón para SER; en el humano en particular, se pueden enriquecer sus pensamientos mediante distintos estímulos, pero no cambiarlo. El hombre hoy como siempre se cocina en su propia salsa y no en la que le quieren imponer olvidando su naturaleza.

No todo es objeto de debate o de crítica, como pretende el progresismo, que a partir de la escuela de Frankfurt impulsa la filosofía crítica. Ni existe el multiculturalismo de Heidegger sino deferentes formas de entender la cultura; se pueden discutir ideas, pero el hombre no puede salirse de sí mismo, de su instinto, en definitiva, de su esencia.

La pretensión intelectual del “progresismo” es en realidad una ficción que acompaña a las socialdemocracia, al liberalismo, al neoliberalismo, al movimiento libertario y al neomarxismo, a todas a las ideologías derivadas del materialismo dialéctico y del sentido hedónico, que tiene al egoísmo como motor de las acciones del hombre y desatiende el factor altruista que es el que motiva al ser humano como esencialmente social.

En el caso de Argentina, la influencia de poderosos poderes internacionales que intentan el manejo de una globalización cultural, propician la instauración del progresismo, la sanción de leyes provenientes de un internacionalismo, que denigran las formas y el fondo de la educación, destruyen los valores del hombre argentino, menosprecian los símbolos patrios, para desnacionalizar la comunidad, comprometiendo a la Nación, mediante préstamos impagables que se garantizan con la dependencia.

Todo esto cuenta con la participación concreta de una casta política desprendida de todo apego al patriotismo y complaciente con el internacionalismo, que se presenta en cada elección, con varias opciones de la misma cosa, todas caras de la misma moneda liberal-libertaria-progresista-neo-marxista, opciones que están organizadas como resultante de un juego, que es en realidad, una gran interna de facciosos apátridas.

La Nación Argentina está a merced de una “casta política” apátrida que la pone en un estado total de postración, en lo político y económico, pero sobre todo en lo cultural y espiritual. Apátridas que pretenden hacernos perder la conciencia de nuestra argentinidad, haciéndonos digerir una contracultura mundialista y renegar de nuestra autentica Tradición Nacional y de nuestra historia.

Para poder volver a dimensionar al hombre en su esencia, solo hace falta llevarlo a hacer consiente nuevamente los valores ocultos en su inconsciente colectivo, hacer que descubra nuevamente su sentido Nacional, la historia común con otros compatriotas, en la comprensión que de ello se desprende su presente y futuro para poder llevar adelante sus propios proyectos de vida, la de sus descendientes y su comunidad.

Se deben reconquistar los valores culturales y los símbolos que nos identifican y aúnan como argentinos, rescatar desde el fondo del alma de cada uno y de la mayoría de los ciudadanos, el sentimiento nacional oculto, destituyendo los mitos de imposturas que contra la naturaleza, promueven bajo el pretexto de valores universales destruir nuestra humanidad, nuestra cultura y nuestra Nación.

No nos queda más que reiterar lo que dijimos un sinfín de veces; comprendemos el derrotismo, escepticismo y desesperanza de muchos, pero no lo compartimos, creemos en el sentido Nacional de los argentinos y que hay muchos patriotas dispuestos a servir a la Patria pero involucrémonos en una lucha inquebrantable, inteligente y dirigida con astucia y sabiduría y pidiendo la ayuda de Dios para volver a ser una Nación de compatriotas libres.

 

* Jurista USAL con especialización en derecho internacional público y derecho penal. Politólogo y asesor. Docente universitario. Aviador, piloto de aviones y helicópteros. Estudioso de la estrategia global y conflictos.

Publicado originalmente en Restaurar el 27/10/2021, http://restaurarg.blogspot.com/2021/10/progresismo-y-salsa-humana.html