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¿PUEDE SIRIA RENACER DE LAS RUINAS DESPUÉS DE UNA DÉCADA DE GUERRA CIVIL? EL PAPEL DE LOS JUGADORES EXTRARREGIONALES.

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de MichaelGaida en Pixabay 

Después de 10 años de guerra civil, según datos del “Observatorio Sirio de Derechos Humanos” (una organización no gubernamental con sede en Londres), 6.800 personas murieron en Siria en 2020, la cifra más baja desde 2011.

En total, en la larga y sangrienta década, 387.000 personas han muerto, de las cuales 117.000 civiles inocentes son víctimas de una guerra que comenzó con una protesta estudiantil y rápidamente se convirtió en una pequeña “guerra mundial” que vio a las fuerzas turcas, iraníes, rusas y estadounidenses en el campo, así como a los contendientes “locales”, a saber, el ejército leal de Al Assad y las diversas milicias indígenas, desde los kurdos del noreste hasta milicianos yihadistas de varios colores o extracciones.

Dada la importancia de Siria en Medio Oriente y en el equilibrio entre el Mediterráneo y el norte de África, puede ser útil volver a rastrear, antes de analizar los posibles acontecimientos de la situación geopolítica desencadenada por el conflicto, las cinco fases a lo largo de las cuales se desarrolló la guerra siria, que ha sido la consecuencia más explosiva y sangrienta de todo el fenómeno de la llamada “primavera árabe”.

La primera fase, en marzo de 2011, fue desencadenada por una manifestación de estudiantes en Deraa que, a raíz de las primeras protestas en Egipto y Túnez, tomaron las calles para exigir la democratización del régimen de Assad, basada en un grupo de liderazgo alauita (una secta minoritaria de derivación chiíta) que había estado en el poder durante más de cuarenta años en un país en el que los sunitas, enemigos históricos de los chiítas, que representan —entonces como hoy— 65% de la población.

La represión policial de las manifestaciones estudiantiles fue dura y, gracias en parte a una hábil campaña de información y desinformación de Al Jazeera —la estación de televisión de Qatar muy hábil en la defensa de los intereses de la “Hermandad Musulmana” protegida y apoyada por el emir de Doha— las protestas se extendieron rápidamente por todo el país, mientras las fuerzas de Al Assad trataban de controlarlas con puño de hierro militar.

Pronto, lo que parecía ser una reedición del 68 francés en forma árabe se convirtió en una evidente guerra civil.

A principios de 2012, la segunda fase de la crisis, la protesta en las calles se convirtió en conflicto armado debido al descenso al campo de milicias cada vez más armadas y organizadas, gracias a las armas y el dinero de Qatar y de la Turquía de Erdogan.

Mientras el régimen de Damasco comenzaba a perder el control de territorios estratégicos en el norte y sur del país, cediendo la ciudad de Alepo a los insurgentes, Irán —preocupado por la suerte del régimen y la minoría alauita—, hizo que las milicias intervinieran en el conflicto. Chiítas de Hezbollah, del vecino Líbano, y “asesores militares” del “Cuerpo de Guardia de la Revolución Iraní”, una poderosa organización paramilitar creada por los ayatolás, intervenían en el conflicto para defender los intereses de Teherán en el extranjero y la estabilidad de la república teocratica al interior.

En la primavera de 2013, el régimen sirio pareció al borde del colapso, pero gracias a la ayuda iraní logró mantener el control de la capital y de los puertos estratégicos de Latakia y Tartus, adonde  fue “invitada” una fuerte presencia naval rusa era.

La tercera fase marca la internacionalización del conflicto, con el nacimiento del autodenominado Estado Islámico y la intervención estadounidense y turca.

En junio de 2014, un grupo político-militar sunita formado por ex miembros iraquíes del régimen de Saddam Hussein, ante la ahora total marginación de la minoría sunita en Irak por parte de la mayoría chiíta, decidió formar el “Estado Islámico de Irak y Siria”, una organización militar yihadista destinada a construir una nueva nación sunita que atrapara a dos Estados considerados “bastardos” porque fueron concebidos por los anglo-franceses.

Las fuerzas armadas del Estado Islámico, bajo el liderazgo del “Califa” Al Baghdadi, conquistaron rápidamente la ciudad de Raqqa y los territorios del noreste en la frontera con Turquía y el Kurdistán iraquí y gracias inicialmente a la ayuda turca amenazaron con exterminar a la población kurda siria y establecer un sangriento régimen de terror en las zonas conquistadas.

La amenaza del Estado Islámico provocó la primera intervención estadounidense, con bombardeos dirigidos a defender a los kurdos, mientras que Turquía también apoyaba la formación de milicias sunitas reunidas bajo el acrónimo “Jabhat Al Nusra”, las que redujeron progresivamente el control del territorio sirio por las fuerzas leales leales a Damasco.

En 2015, la cuarta fase del conflicto, el destino del régimen de Assad parecía marcado: el ejército de Damasco ni siquiera controlaba toda la capital, el aislamiento internacional del régimen era casi absoluto y las fuerzas sunitas del Estado Islámico y de Al Nusra parecían destinadas a una victoria que entregaría Siria a los fundamentalistas y traería de vuelta al centro de la escena de Oriente Medio una Turquía neo-otomana cuyo líder, Tayyip Recep Erdogan, tiene como objetivo el doble objetivo de reducir permanentemente el irredentismo kurdo y garantizar el papel de Ankara como centro de gravedad de ese escenario.

Es en este punto que Rusia intervino directamente en el campo, flanqueando su fuerza aérea con las fuerzas iraníes desplegadas para defender a Assad y marcando una reversión del destino de un conflicto cada vez más confuso y sangriento.

En la quinta y última fase de la guerra siria, gracias al apoyo militar ruso, que casi conduce a un enfrentamiento directo entre Moscú y las fuerzas turcas, las fuerzas armadas sirias recuperaron no sólo el control total de la capital, sino también de todas las ciudades que habían caído bajo el control del Estado Islámico y de sus aliados, desde Alepo hasta Raqqa, ahora reducidas a una pila de escombros por los combates de calle a calle y los bombardeos rusos y estadounidenses.

La conquista final de Deraa, la ciudad simbólica de la guerra civil, por parte del ejército de Assad a finales de 2018 marcó el fin de las esperanzas de los sunitas y de sus partidarios internos y externos de derrocar al régimen laico-alauita en Damasco, pero, como muestran las 6800 muertes de 2020, Siria puede considerarse pacificada.

La guerra civil siria ha tenido impactos significativos en todo el Medio Oriente y Europa.

Más de 3 millones de refugiados han entrado en Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto. Algunos de ellos también llegaron a Europa a través de Grecia, mientras que Erdogan estaba “convencido”, con una donación de 7.000 millones de euros, de limitar, primero, y luego bloquear el flujo de migrantes sirios al Viejo Continente.

Siria, hoy en día, es un país en ruinas que, sin embargo, sigue siendo un centro fundamental para el equilibrio de Medio Oriente.

El papel desempeñado hasta ahora en el conflicto por Rusia, Irán y Turquía y, aunque marginalmente, por Estados Unidos e Israel, muestra que lo que parecía ser la “primavera árabe” en Damasco en realidad representaba un intento de explotar la impopularidad internacional del régimen de Assad para alterar los equilibrios regionales en favor de Ankara, Qatar y los sunitas más reaccionarios.

A pesar del golpe militar turco que, en 2019, intentó eliminar permanentemente la amenaza kurda de sus fronteras apoderándose del territorio sirio, Siria está volviendo gradualmente a integrarse en el mundo árabe.

Un mundo que ha sobrevivido al impacto de la falsa “primavera” que, mal analizado por un Occidente miope y superficial, no fue enmarcado en un primer momento en su ámbito más realista, es decir, el de un intento bien orquestado por la parte más reforzada del Islam político, de derribar a los gobiernos seculares del mundo árabe-musulmán.

Gracias al compromiso de Al Sisi en Egipto, Damasco ha vuelto a entrar en la Liga Árabe y ha restablecido progresivamente las relaciones diplomáticas con la mayoría de las naciones árabes. El Cairo, con su apoyo a Assad, está tratando de limitar la fuerte presencia de Irán en la región y el activismo sin escrúpulos del presidente turco Erdogan, quien todavía sueña con convertirse en el “dominus” del tablero de ajedrez.

La peor parte de la guerra siria ha terminado. El Califato ha sido derrotado militarmente, pero todavía controla algunas rebanadas de territorio en el noreste del país y sigue siendo capaz de llevar a cabo ataques esporádicos contra las fuerzas armadas regulares.

Turquía sigue siendo una amenaza para la estabilidad de Siria, un país semidestruido, con una economía colapsada, un colapso cerrado por las sanciones estadounidenses y por la pandemia del Covid 19.

Egipto, los Estados del Golfo y Rusia están trabajando para normalizar las relaciones de Siria con el resto del mundo, iniciando los primeros pasos en el proceso de reconstrucción física de un país en ruinas. China y Corea del Norte también están en el juego, un juego que tendrá repercusiones económicas importantes y positivas para los protagonistas del proceso en el futuro.

Por ahora, Europa y Estados Unidos están mirando, contentándose con mantener un sistema de sanciones indiscriminadas que tienen efectos negativos no sobre la estabilidad del régimen sino sobre el bienestar de sus ciudadanos.

Después de una década de guerra, Siria tiene derecho a la paz y a la reconstrucción, un proceso complejo al que Europa debe mirar pragmática y racionalmente, recordando la reflexión de Henry Kissinger de que “la paz no se puede hacer en Medio Oriente sin Siria”.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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LA NUEVA RUTA DE LA SEDA. EL ACUERDO DE FIN DE AÑO ENTRE LA UNIÓN EUROPEA Y CHINA ABRE NUEVOS ESCENARIOS GEOPOLÍTICOS

Giancarlo Elia Valori*

El año que acaba de empezar no parece destinado a ser más pacífico que el que acaba de terminar.

Mientras el mundo sigue afligido por la pandemia de Covid-19, los Estados Unidos, que pueden presumir de ser “la democracia más antigua” de la era moderna, no sólo sufren impotentes el ataque del virus, sino que están pasando por una crisis interna sin precedentes que cuestiona seriamente su codiciado papel como superpotencia mundial.

El 6 de enero pasado, el Capitolio en Washington fue agredido por una multitud de “simpatizantes de Trump” que, inflamados por las palabras subversivas de un presidente que no parece resignarse a la derrota electoral, irrumpió violentamente en la Cámara en un intento de impedir que el Congreso contara los votos electorales para certificar la victoria del presidente electo Joe Biden en las elecciones pasadas de noviembre. El ataque devolvió a Estados Unidos a los tiempos oscuros de las primeras elecciones de Abraham Lincoln cuando, en 1860, once Estados del sur se negaron a reconocer el resultado electoral e iniciaron un intento de interrumpir la República que resultó en una sangrienta guerra civil.

El imprudente aventurerismo de Donald Trump que, en los próximos días, podría conducir a su derrocamiento, no sólo está causando una profunda crisis en la configuración interna de la sociedad estadounidense y sus instituciones, sino que también corre el riesgo de socavar seriamente la credibilidad de Estados Unidos a nivel mundial y conducir a una importante reducción de sus ambiciones geopolíticas.

A lo largo de sus cuatro años en el cargo, Donald Trump ha intentado “contener” a China económica y políticamente, imponiendo aranceles y derechos a los productos chinos importados en los Estados Unidos y apoyando el “movimiento de la democracia” en Hong Kong que ha estado causando disturbios en la antigua colonia británica durante casi dos años. Al incitar a sus partidarios a desafiar y oponerse a la entrega presidencial, ha entregado un arma de propaganda en un plato de plata a un país como China que, después de ser el primero en ser golpeado por la pandemia, también fue el primero en salir con éxito de ella.

Mientras recordaba que cuando los manifestantes asaltaron y asolaron la colina del Capitolio de Hong Kong en 2019, tanto el Secretario de Estado Mike Pompeo como el Presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, la demócrata Nancy Pelosi, aplaudieron el comportamiento violento de los manifestantes, fue fácil para la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Hua Chunying, acusar a los estadounidenses de “doble rasero” en la evaluación moral y política de sus propios comportamientos y otros.

En una conferencia de prensa convocada para comentar el ataque de Washington al Capitolio, Hua Chunying dijo: “Creo que este asalto es un deja vu … Veo que en los Estados Unidos hay diferentes reacciones a lo que sucede en casa en comparación con lo que sucedió en Hong Kong en 2019 …”.

Más allá de las escaramuzas propagandísticas, en el año en que se celebra el centenario de la CPC, China sigue anotando puntos a su favor en la competencia geopolítica y económica con los Estados Unidos.

El 30 de diciembre de 2020, se informó de la noticia del histórico acuerdo de inversión entre China y la Unión Europea.

Después de siete años de negociaciones, durante una conferencia telefónica entre el presidente chino Xi Jinping y el presidente de la Comisión Europea, Úrsula Von Der Leyen, con el presidente francés Emmanuel Macron, la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se adoptó el “Acuerdo Global sobre Inversiones” (CAI).

Es un acuerdo histórico que abre una nueva “Ruta de la Seda” entre Europa y el enorme mercado chino. Los principios básicos del CAI tienen por objeto un reequilibrio sustancial del comercio entre Europa y China, ya que el segundo ha mostrado hasta ahora poca apertura hacia la primera.

Con este acuerdo, China se está abriendo a Europa en muchos sectores importantes, con especial atención a la producción y los servicios.

En estos sectores, China se compromete a eliminar las normas que hasta ahora han discriminado fuertemente a las empresas europeas, garantizando la seguridad jurídica de quienes tienen la intención de producir en China, así como alineando a las empresas europeas y chinas a nivel reglamentario, y fomentando el establecimiento de empresas conjuntas y la firma de acuerdos comerciales y de producción.

En el sector manufacturero, se impulsará el sector “automotriz”, con referencia específica a la producción de automóviles eléctricos, pero también a la producción de productos químicos, materiales para telecomunicaciones y dispositivos sanitarios de nueva generación.

Por lo que se refiere al sector servicios, China fomentará la inversión europea en servicios en la nube, servicios financieros, atención sanitaria privada y los servicios relacionados con el transporte aéreo y marítimo.

En todos los sectores cubiertos por el CAI, los inversores y productores europeos ya no sufrirán discriminación alguna con respecto a los competidores chinos, incluidas las empresas estatales, ni se les negará el acceso a sectores productivos hasta ahora prohibidos a los extranjeros.

El acuerdo también prevé garantías que facilitarán a las empresas europeas el tratamiento de la documentación necesaria para cumplir con todos los procedimientos administrativos y obtener autorizaciones legales, eliminando así los obstáculos burocráticos que tradicionalmente han dificultado el funcionamiento de las empresas europeas en China.

Es la primera vez en su historia que China se abre de esta manera a las empresas extranjeras y la inversión. En vista de atraerlos, China se ha comprometido a alinear en términos de costes laborales y protección del medio ambiente, alineando así progresivamente sus normas con las europeas, en términos de lucha contra la contaminación y los derechos sindicales.

Con el fin de concretar y hacer visible este compromiso, China se adhiere tanto a los Acuerdos Climáticos de París como al Convenio Europeo de organización del trabajo.

Al comentar la firma del acuerdo, el Presidente Von Der Leyen subrayó que «este es un paso fundamental en nuestras relaciones con China. El acuerdo proporcionará a los inversores europeos un acceso sin precedentes al mercado chino, lo que permitirá a nuestro negocio crecer y crear puestos de trabajo. También compromete a China a adherirse a los principios de transparencia y no discriminación y reequilibra fundamentalmente nuestras relaciones económicas con China.

El acuerdo China-Europa es otra pieza del mosaico de relaciones comerciales y políticas sobre la que China quiere construir el papel geopolítico de una nación que, según estimaciones de crecimiento, está destinada a alcanzar el primer lugar en el ranking mundial en términos de PIB a finales de la década.

De hecho, el CAI sigue por sólo un mes la firma de la “Asociación Económica Integral Regional” (RCEP), un acuerdo de importancia estratégica firmado por China con los diez países de la ASEAN y con Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.

El RCEP ha sido descrito como “el mayor bloque de comercio e inversión del mundo” y esencialmente crea un área de cooperación económica y libre comercio en la que participan 2.200 millones de personas que producen el 28% del comercio mundial y más del 30% del PIB mundial.

Los países del RCEP representan el 50% de la producción manufacturera mundial, el 50% de la producción de automóviles y el 70% de la electrónica. El RCEP elimina el 90 por ciento de los aranceles sobre el comercio en la región de los signatarios, creando así una enorme zona de libre comercio asiática que ve, por un lado, la marginación de la India y, por otro, el crecimiento del papel de China en Asia oriental.

Los acuerdos CAI con Europa y los acuerdos RCEP con socios asiáticos marcan sin duda un punto de inflexión histórico en las relaciones entre China y el resto del mundo. Los Estados Unidos siguen excluidos de estas relaciones, ya que actualmente están bloqueados en un proceso de transición que limita no sólo su actividad democrática, sino también su operatividad y credibilidad internacional.

Después de que el sello distintivo de la política exterior estadounidense en la era de Trump se redujo a imponer aranceles al comercio con China, la pérdida gradual de credibilidad de la administración estadounidense ha neutralizado los intentos del Secretario de Estado Mike Pompeo de reunir a una amplia coalición internacional anti china liderada por los Estados Unidos.

El RCEP está ahí para demostrar lo frágiles que han sido los intentos de Estados Unidos de contrarrestar económica y políticamente a China, ya que dos de los socios estratégicos de Estados Unidos como Corea del Sur y Australia han hecho literalmente oídos sordos a los llamamientos estadounidenses y han llegado a un acuerdo histórico y estratégico con China.

El CAI pone a Europa en comunicación y en una conexión cada vez más estrecha con lo que durante siglos fue “El Reino Medio”, es decir, una China que ha optado por reducir sus barreras ideológicas para abrir nuevos caminos de progreso económico y, con suerte, un desarrollo democrático.

Representantes franceses y alemanes estuvieron presentes en la firma del CAI.

Mientras Europa abría la “nueva Ruta de la Seda”, el país que dio origen a De Gasperi, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, y a Marco Polo, protagonista de la apertura de la primera “Ruta de la Seda”, estuvo visiblemente ausente de la mesa de negociación.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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2020 ANNUS HORRIBILIS

F. Javier Blasco*

Suelo realizar un pequeño análisis recordatorio político-social a nivel global cuando el año termina. En este caso, tengo que decir, sin lugar a dudas, que ha sido el peor y más largo año de mi vida, y creo no ser una excepción en esta percepción. Mala percepción que me lleva al convencimiento de que al igual que ya pasó con el cambio de milenio, no cambiará nada al sonar las últimas doce campanadas, extrañamente huecas, en una Puerta del Sol vacía y desolada. Pensar que con arrancar con ilusión la última hoja de un calendario demasiado manoseado, millones de veces consultado y muy usado con muchas anotaciones, deseos y encuentros forzosamente cancelados, todo va a cambiar, es como creer en que los burros vuelan o que mañana nos va a tocar la lotería.

Generalmente, las tragedias se suelen crear y encauzar desde un cierto tiempo atrás y una vez logrado el periodo de madurez, suelen explotarnos en la cara; seguidamente, crecen hasta que alcanzan su cenit o momento de máximo esplendor, desde donde inician la rama descendente de una curva que, no tiene por qué ser obligatoriamente simétrica a la anterior.

De hecho, creo que nadie pone en duda que 2020 será recordado como el año de las mascarillas obligatorias y de la pandemia del Covid; pandemia, que no en vano se conoce como Covid-19 por haberse empezado a detectar en dicho año. También será recordado por la obtención de una serie de vacunas tras una gran inversión, un esfuerzo titánico y mucha presión sobre la industria farmacéutica y los órganos de control de la salud y los medicamentos, que dicho sea de paso, se han “cubierto de gloria” como la Organización Mundial de la Salud que en toda la gestión, ha sido un auténtico fracaso; esfuerzos, prisas y presiones, que ya veremos si no nos saldrán aún más caros por no haberse respetado los plazos y algunos procedimientos. Vacunas que también, forzando la máquina, en las postrimerías del año, asistimos a su espectacular y publicitada inoculación; cosa, que pretendiendo ser masiva y de manos de la UE para toda Europa, se ha convertido más bien en otro apoyo a la sui generis y permanente campaña de propaganda de cada gobierno a poco que haya intervenido en su gestión, producción y acceso; que exalta la tremenda ilusión de las gentes por salir del pozo, a la vez que invade de dudas las mentes de muchas personas sobre su efectividad e inocuidad. Es una oportunidad para que los políticos puedan colgarse medallas ajenas como una vía para resarcir u ocultar previos y graves errores. Yo personalmente, tengo mis dudas sobre el alcance real de esta campaña masiva ya que, en realidad, somos tantos los millones de habitantes en el mundo, que a simple vista, manteniendo el ritmo, resulta casi imposible llegar a alcanzar cifras alegremente especuladas en tan corto espacio de tiempo; algunos especialistas lo estiman en tres años para cumplirlo.

2020 también será recordado porque, como consecuencia de la mencionada pandemia y en parte porque ya se venía anunciando, hemos entrado en la peor crisis económica mundial jamás vista hasta la fecha ni tras momentos pretéritos de gran desasosiego y dificultad para la humanidad; crisis que precisará fuertes inversiones durante más de tres años para ser superada. Casualmente en uno y otro caso, España —con el gobierno social comunista que nos mal gobierna— es el segundo país europeo con mayor número de decesos por millón de habitantes tras Italia y el penúltimo país en el ranking mundial de las riquezas y deudas públicas en relación con su PIB, siendo sólo superados negativamente por Argentina.

Es el año en el que contra todo pronóstico avanzado y reiterado por multitud de encuestas y medios, Trump ha perdido la posibilidad de ser reelegido para su segundo mandato consecutivo y que, por mucho que insista él mismo, su menguante cohorte de convencidos o paniaguados y una caterva de gentes que, aunque puedan estar bien formados, han caído en la trampa saducea del burlón gánster norteamericano por la que promulga que han hecho trampas y le han robado muchos de sus votos, aunque la justicia, incluida la Corte Suprema —amoldada a su imagen y conveniencia— parece no darlo por cierto ni probado. No sé si esta teoría será fruto de su invención o algo de veraz tendrá, aunque todo apunta a que de ser así, pocos votos serán. Su caída en desgracia es una realidad, que algunos anunciábamos allá por marzo o abril cuando las cosas se empezaron a poner serias y se veía claramente que algunos dirigentes políticos no se tomaban la pandemia con la suficiente y necesaria atención. En EEUU, al contrario de lo que parece, su electorado es muy exigente y bastante formado, que cambia de criterio según los aciertos o errores de quienes les gobiernan; por lo que, a pesar de determinados aciertos en el área económica y laboral, que nadie se los puede quitar, no perdonan hechos como la xenofobia o el racismo interno y el tomarse la vida o su seguridad y protección a la ligera, riéndose palpable y estúpidamente de las medidas que al respecto, toman los demás.

Dicen que Trump es un hombre de éxito y ha sido un buen mandatario porque en sus cuatro años de gobierno ha cerrado varios conflictos, no ha llevado a su país a alguno nuevo y que, como suele ser tradición de la Casa Blanca, se ha esforzado en ampliar las relaciones amistosas entre Israel y los países árabes. Puntos estos de los que discrepo directamente porque, si bien a simple vista son ciertos, todos aquellos conflictos, que son varios, que él ha dado por cerrados lo han sido en falso y dando lugar a otro tipo de abusos derivados de abandonar a su suerte a aquellos que durante años y con muchos sacrificios fueron sus aliados y que han dado todo mientras permanecieron en coalición o bajo su paraguas y amparo. Conviene recordar que el país que lidera el mundo, no es que tenga que entrar en guerra con todo aquel que se le suba a la espalda o se ría en sus barbas, pero si cumplir con sus amenazas una vez lanzadas oficialmente y ejercer plenamente el papel que se espera de él; sobre todo, si las amenazas a la paz mundial son directas, públicas y notorias como ha ocurrido con Irán y Corea del Norte en más de una ocasión. Países que a pesar de todas las fanfarronadas, amenazas y movimientos de distracción o acercamiento de Trump, han seguido con sus respectivos programas de armamento, nucleares o de mejora de sus misiles; siendo mucho más prósperos y eficaces ahora que hace cuatro años. Y por último, en lo referente al fomento de las relaciones entre Israel y los países árabes, a nadie se le escapa que este fenómeno suele traer efectos nocivos; es un arma de doble filo, porque mejorarlas siempre tiene un precio, supone un peligro para otros que están al margen y puede ser el germen de posteriores alianzas contrarias o de conflictos de mayor envergadura.

En este año, tras algo más de dos años de conversaciones, finalmente se ha consumado el Brexit; una pésima estrategia y peor maniobra táctica de unos malos políticos que por exceso de confianza de unos o un celo mal interpretado aderezado de un chovinismo exacerbado de otros, han tirado por la borda el sueño europeo del que fueron arte y parte importante y fundacional allá en los tiempos en los que la miseria y la necesidad recorrían como la muerte con su guadaña las tierras de Europa, asoladas tras dos incomprensibles e inhumanas guerras mundiales. Sólo la habilidad y la constancia de una mujer alemana (otra vez una alemana al rescate de Europa), la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von del Leyen, su saber hacer y un buen equipo liderado por ella misma, han conseguido, aunque in extremis, que dicha ruptura no fuera tan brutal y dura, como se vaticinaba. Sin llegar a ser así, ya estamos viendo el caos internacional creado con los transportes en Dover, lo que demuestra que los británicos son incapaces de manejar por si solos estas situaciones y augura que las consecuencias para ambas partes, aunque se cumpla lo acordado, serán muy graves y difíciles de enmendar, por lo auguro que todos los implicados en esta lucha tendremos más que perder que ganar.

La inmigración natural o por persecuciones y la falta de agua como consecuencia del cambio climático, son factores que no son nuevos, pero sí que han sido incrementados por la ausencia de entendimiento y voluntad para paliarlos entre los principales países contaminantes (EEUU, China, India y Rusia) y porque la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP26), que iba a tener lugar en Glasgow el pasado noviembre, tuvo que ser pospuesta debido a la pandemia del Covid-19. Baste recordar, que la última, celebrada a finales de 2019 en Madrid y que debía ser auspiciada por Chile, debido al boicot de los mencionados países, acabó francamente mal y hasta obligó a maratonianas reuniones para elaborar un papel “vacío de contenido” para salir del paso.

Como consecuencia de lo anterior, y debido a otro tipo de presiones de índole político o religioso, los que no tienen nada que perder y mucho que ganar y los que se sienten verdaderamente oprimidos continúan sus movimientos masivos hacía el Norte tanto en África como en América en busca de un trabajo, su familia desplazada anteriormente o la seguridad frente a las persecuciones que algunos sufren; movimientos que aprovechan las mafias e incluso determinados países para obtener pingües beneficios con dinero manchado de sangre y sudor de unos pobres desgraciados que se ven forzados a inhumanas emigraciones o también y como no, para someter a irresistibles presiones a sus países vecinos con los que mantienen acuerdos o relaciones de “vecindad”, que suelen ser francamente lucrativos para una parte en los aspectos económicos, mejoran su prestigio zonal o ayudan en la búsqueda de mejores posiciones en el dominio territorial.

En este sentido, cobra un especial protagonismo Turquía, un país que lleva años reteniendo a millones de emigrantes procedentes de Asia, Oriente Medio y África a cambio de apoyos multimillonarios y determinadas tibias esperanzas de una potencial integración aunque muy lejana y prácticamente imposible por parte de la UE. Situación, a la que hay que añadir un exacerbado afán de expansionismo de la mano del omnipotente Erdogan, un nuevo sultán dictador y sátrapa —en su segunda afección aprobada por la RAE (Persona que gobierna despótica y arbitrariamente y que hace ostentación de su poder)— que desde hace años maneja a su antojo un país al que progresivamente ha ido cambiando en todos sus aspectos políticos, religiosos y sociales y que no ha dudado en protagonizar un autogolpe de Estado para poder detener y juzgar impunemente a todo aquel político, militar o religioso que se oponía a los grandes cambios que ya había hecho o a introducir en su país y sociedad. Trata de recuperar el esplendor y el poder del antaño Imperio otomano y para ello, no duda en aliarse o litigar por sus cuatro costados, crear conflictos donde no los hay y buscar o renacer todo tipo de enemigos o aspiraciones territoriales o como últimamente sobre recursos energéticos en el Mar Mediterráneo. Es capaz de realizar alianzas comerciales y de otro tipo con potenciales enemigos como Irán o Rusia aún a costa de poner en peligro su importante papel en la OTAN y su relación bilateral con EEUU y otros países musulmanes.

En el campo del expansionismo y las satrapías no debemos olvidarnos de papel jugado por Putin y Xi Jinping; dos caudillos que se encuentran cada vez más implicados en la lucha por el liderazgo mundial en los aspectos políticos, económicos y militares mientras en EEUU se produce el relevo presidencial y se decide claramente el papel a realizar por Biden; cosa que no tiene nada fácil si se dedica a enderezar o desatar todos los entuertos y nudos dejados atrás por su antecesor.

Todo apunta a que en este aspecto de mantenerse preparados para asaltar el podio mundial al menor descuido norteamericano, es el chino el que más papeletas tiene de ganar. Una vez pasados los apuros económicos provocados por Trump y casi superados los agobios derivados del origen de la pandemia, nacida en aquellas tierras de forma natural o provocada, mantiene su política de expansión por el Mar del Norte de China, la reconstrucción de sus viejas y nuevas rutas de la seda, una serie de acuerdos bilaterales económicos de extrema importancia y presiones específicas sobre territorios que le son adversos a sus intereses, como Hong Kong. Azuza con determinadas alianzas los rescoldos del siempre encendido brasero entre la India y Pakistán, países nucleares, en permanente liza y que no paran de mejorar e incrementar sus capacidades militares, sobre todo, la India.

Latinoamérica se mantiene en su constante ebullición como durante hace ya demasiado tiempo; un continente que ofrece tierras ricas en recursos naturales, gentes amables y trabajadoras; pero al mismo tiempo y en demasiados casos, se ha convertido en un nido y maternidad de los peores sátrapas, dictadores y corruptos políticos de la actualidad, que en muchos casos, subyugan o someten a sus pueblos de forma física y en otros, los más, les expolian sus riquezas de forma habitual; así como usan todo tipo de corruptelas y amañan resultados electorales sin pudor ni dignidad; países a los que sus corruptelas, sin el mínimo reparo, les llevan a asociar entre ellos. Cómo guinda que adorna el pastel, solo les faltaba que algún iluminado exdirigente político o aprendiz de brujo de determinado país europeo, como España, aparezca por aquellas tierras más de vez, que de en cuando, para con extrañas y posiblemente suculentas o rentables agendas, remover, aún más si cabe, la porquería almacenada en los rincones de los países sumergidos en profundas crisis políticas.

El continente africano siempre sumido en un caos perfecto en su ribera mediterránea donde diversos países foráneos quieren meter su cuchara; en busca de liderazgos zonales entre Argelia y Marruecos; con un Sahara a punto de estallar una guerra internacional con implicaciones directas o indirectas para varios países, entre ellos España; donde las filiales del Estado Islámico como Boko Haram, siembran el pánico y la muerte entre los cristianos de diversos países de franja central, Nigeria, Chad y Camerún entre ellos y con una abundante y muy joven población que sin cesar, busca su acomodo en Europa para lo que se lanza a las pateras o a asaltar las vallas de Ceuta y Melilla sin pensar en los peligros que les puedan acarrear. Un continente rico y floreciente, mal dirigido y peor explotado desde la época colonial, que no ha pasado desapercibido ni a Rusia ni a China para asentar sobre él sus bases comerciales, totalmente rentables y ya veremos cuáles serán las consecuencias de estas hazañas.

Sobre España, asegurar que anteriormente quedó bien claro el nivel de prestigio mundial en los aspectos de gestión económica y sanitaria; solo falta añadir que su gobierno social-comunista, aliado o apoyado por los peores enemigos de la nación, se ha empeñado en cambiar las reglas del juego y ponerlo todo patas para arriba aunque afirma lo contrario; tomaron al asalto los medios de comunicación, controlan lo que se publica en las redes sociales, invaden y acosan permanentemente a la justicia y tienen anulado al poder legislativo de tal forma y manera, que es totalmente imposible introducir ni una sola modificación o enmienda a la ingente cantidad de Leyes o Reales Decretos emanados al amparo de una situación de emergencia derivada del Estado de Alarma más largo y escandaloso de la historia mundial. Con escaso o nulo prestigio internacional; acosada por su vecino del Sur; con no pocos problemas con Gibraltar a resolver a marchas forzadas; pendiente de la llegada de las limosnas europeas para poder respirar y a la espera de que, cuando el gobierno acabe sus destructivos mandatos, alguien vendrá para arreglar las cosas a base de restricciones y recortes y poder paliar el desproporcionado y caprichoso gasto y las costosas alegrías que nos dejaron tan mal. Un año, en el que el engolado presidente ha cerrado, hoy mismo, su programa político para el periodo anual efectuado su enésima plática a la nación con su habitual aspecto chulesco, excesivo maquillaje, mintiendo a manos llenas y amparándose en ciertos informes de aduladores rebuscados adrede para la ocasión, que ya no se conforman con adularle solo en privado.

Las previsiones meteorológicas para estos últimos días del año y los primeros del próximo, anuncian que la mayor parte del territorio europeo y español en particular se mantendrá nevando y espero que en esta ocasión se haga realidad aquello de “año de nieves, año de bienes”; aunque tal y como está el mundo y para nosotros con las ocurrencias y actuaciones del gobierno, nunca se sabe que puede pasar.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España.  Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.                       

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