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TAIWÁN SE MIRA AL ESPEJO DE LA GUERRA EN IRÁN

Roberto Mansilla Blanco*

Imagen: Xinhua/Xie Huanchi

En medio del conflicto bélico entre EEUU, Israel e Irán, el pasado 10 de abril, Cheng Li-wun, la presidente del partido Kuomintang (KMT) y líder de la oposición en Taiwán, visitaba Beijing para reunirse con el presidente de la República Popular China (RPCh), Xi Jinping, bajo la perspectiva de propiciar un clima de distensión en un momento de tensiones globales y escalada militar y bélica.

Por su parte, en Taipei, la capital taiwanesa, el gobierno de Lai Ching-te, en el poder desde enero pasado tras sustituir a Tsai Ing-wen (Partido Progresista Democrático, PPD) acentuaba la política taiwanesa de intransigencia al diálogo con Beijing pero con la atenta mirada sobre lo que estaba sucediendo en Teherán. Más allá de la dinámica del conflicto bélico y de la eficaz capacidad iraní en clave geoeconómica para tomar posición del estrecho de Ormuz, la preocupación del presidente taiwanés se enfocaba en otros aspectos más relacionados con sus sistemas de alianzas y de seguridad.

Con un Estados Unidos atascado e incapaz de derrotar militarmente a Irán, en Taipei surge una interrogante: ¿qué tan fiable es Washington para defender la soberanía taiwanesa en caso de que hipotéticamente Beijing decida realizar una acción unilateral contra la isla, similar a la invasión rusa de Ucrania en 2022?

A priori, la seguridad taiwanesa parece estar blindada por parte de Washington. Desde 1955 existe un Tratado de Defensa Mutua entre EEUU y la República de China (Taiwán), cuya vigencia persiste hasta el año 2056. En 1979, Washington aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán que refuerza estos acuerdos.

En enero pasado, Estados Unidos aprobó un nuevo paquete de modernización militar para Taiwán valorado en US$ 11.100 millones con la finalidad de fortalecer sus defensas vía sistemas de cohetes de alta movilidad (HIMARS), misiles tácticos, artillería autopropulsada, drones, software militar especializado, misiles antitanque (Javelin y TOW), repuestos y mantenimiento para misiles antibuque Harpoon, y otros componentes logísticos.

La «balanza de poder» en Indo-Pacífico

En abril pasado, Estados Unidos firmó una alianza estratégica defensiva con Indonesia para modernizar sus capacidades militares y aumentar los ejercicios conjuntos en el Indo-Pacífico.

Esta alianza, que ha generado divisiones internas en Indonesia, implica avanzar en esquemas de cooperación militar y económica con la vista puesta en evitar que el estrecho de Malaca, estratégico para el comercio mundial y por el que transita el 25 % del transporte marítimo global, se convierta en una especie de Mare Nostrum chino que le permita a Beijing tener capacidad de influencia regional. Una clave geoeconómica similar a la que se observa con Irán en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 15 % de las rutas energéticas y comerciales a nivel mundial; e, incluso pero más moderadamente, Rusia en la escala del mar Negro, tal y como se vio con el bloqueo ruso a la exportación de cereal ucraniano que llevó a una breve crisis alimentaria en 2023.

Visto en perspectiva geoeconómica y geopolítica, tres de las principales rutas económicas globales, los estrechos de Malaca y Ormuz así como el mar Negro, estarían bajo las esferas de influencia de China, Irán y Rusia, los tres principales rivales de Estados Unidos que conforman, con sus matices, el denominado eje euroasiático capacitado para confrontar los intereses del eje «atlantista».

Por tanto cercar por todos los medios a China es la prioridad estratégica global de Washington, con sus consecuentes influencias para aliados de Beijing como Moscú y Teherán. Y el estrecho de Taiwán es clave en este cometido geopolítico. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional adoptada por la administración de Donald Trump en diciembre pasado así lo certifica: la región del Indo-Pacífico y la creciente potencialidad de China como nuevo hegemón se erigen como las prioridades estratégicas para la Casa Blanca.

En este nuevo equilibrio de poder regional, Japón anuncia su intención de remilitarizarse y adoptar una nueva estrategia de seguridad con un enfoque más unilateral. Este escenario obviamente preocupa a China pero también a Corea del Norte. Ante el militarismo in crescendo en Asia Oriental, Pyongyang ya ha anunciado su intención de condicionar, e incluso, renunciar a cualquier esquema de reunificación en la península coreana.

El sistema de alianzas estilo balanza de poder de la Europa del siglo XIX comienza a instalarse de manera acelerada en Asia Pacífico y Oriental. La alianza AUKUS impulsada en 2021 por Estados Unidos, Reino Unido y Australia busca su expansión regional con la finalidad de contrarrestar un eje euroasiático China-Rusia-Irán-Corea del Norte capacitado para frenar el expansionismo «atlantista» en la región. Mientras Occidente acelera las sanciones contra Rusia toda vez apuesta por la militarización con horizonte 2030, Moscú ha logrado sortear estas sanciones encontrando nuevos mercados energéticos en el sudeste asiático.

Con este panorama se prevé un avance de la proliferación nuclear con mayor intensidad ante los peligros de volatilidad y conflictividad que se atisban en el horizonte del Indo-Pacífico. Potencias nucleares como Rusia, China, Corea del Norte, India y Pakistán profundizan sus estrategias defensivas. Como ha dejado entrever el Kremlin, la disuasión nuclear supone la principal garantía de soberanía y autonomía para cualquier país.

Mientras se negocia un alto al fuego entre Estados Unidos e Irán, que Washington pretende materializar previo a la cumbre que Trump y Xi realizarán a mediados de mayo en Beijing, la eficaz resistencia iraní y su capacidad para golpear objetivos estratégicos estadounidenses y de sus aliados en Oriente Medio y el Golfo Pérsico persuaden a Taiwán a estudiar todo tipo de alternativas, desde reprogramar prioridades hasta mantenerse expectante ante lo que acuerden Xi y Trump en Beijing.

Tomando en cuenta un contexto global determinado por diversos conflictos desde Ucrania hasta Irán, China y Estados Unidos muy probablemente mantendrán una posición oficial tendiente a la estabilidad. No obstante, y más allá de esta perspectiva de reducción de las tensiones, son varias las aristas que amenazan con tensionar el ambiente.

Un «estrecho» de dilemas en Taipei

En Taiwán observan una realidad de iure: son cada vez menos los países que reconocen oficialmente su legitimidad estatal, siendo en estos momentos doce países. Las elites en Taipei calculan un escenario inquietante: el riesgo de someterse a una especie de aislamiento internacional de facto ante la pérdida de reconocimiento diplomático que afecte su relevancia exterior, en comparación con el ascendente peso de la República Popular China, y cómo ello afectará la capacidad defensiva de Taiwán y su dependencia de sistemas de alianzas, particularmente de Estados Unidos.

A este contexto debe añadirse la cuestión de la identidad nacional, materia de polarizados debates que acrecientan la crispación política en Taipei. Esta división es notoria entre el gobernante PPD y la oposición liderada por el KMT, con enfoques enfrentados en lo que respecta a la relación con China. La líder del KMT, Cheng Li-wun visitará Estados Unidos en junio, lo cual puede anunciar un nuevo momento político en Taipei que condicione la posición intransigente tanto de la anterior presidenta Ing-wen como de su sucesor Ching-te, muy pendiente de lo que se trate en la cumbre Xi-Trump en Beijing.

A nivel geopolítico y de seguridad, en Taipei preocupa la concreción de intereses entre tres potencias nucleares como China, Rusia y Corea del Norte sin olvidar Pakistán e Irán, este último un aspirante a potencia nuclear. El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi visitó Moscú y Beijing previo a las negociaciones con Estados Unidos y la cumbre Xi-Trump, una toma de contacto estratégica con sus aliados más cercanos en medio de las actuales turbulencias globales.

Más allá de la posibilidad de un entendimiento con Beijing, EEUU busca igualmente debilitar la posición china a través de diversas variables. Entre ellas destaca, hasta ahora con escasa efectividad, la creación de discordias entre India y China atizando rivalidades fronterizas. El breve incidente militar fronterizo entre Afganistán y Pakistán escenificado horas antes del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán (28 de febrero) supone otro ejemplo de cómo el riesgo de escalada de conflictos, en este caso en pleno corazón de Asia Central, apunta a escenarios de concreción de marcos de inestabilidad regionales que igualmente definan contrariedades para el eje sino-ruso.

A finales de 2025, China ha realizado ejercicios militares navales disuasivos frente a las costas taiwanesas. Ante este contexto de volatilidad y escenarios imprevisibles, Ching-te percibe las dificultades derivadas del debilitamiento de la posición exterior taiwanesa y ante un posible escenario de “callejón sin salida” por su excesiva dependencia de Washington y su intransigente posición de iniciar un diálogo con Beijing.

Por otro lado, Li-wun y el KMT también calculan los riesgos del peligroso momento de inestabilidad mundial y cómo este contexto afectará la seguridad de Taiwán. No obstante, su óptica es distinta: apuestan por la distensión con China, el «hermano mayor» que calcula todos sus movimientos con su tradicional «paciencia estratégica».

Casi tres meses después de iniciada la guerra contra Irán con su consecuente crisis económica global, la disuasión y la táctica distensión parecen ser las tendencias que, al menos por ahora, determinarán el nivel de relación entre China y Estados Unidos. En lo concerniente a Taiwán, la disuasión ha sido clave en la reciente cumbre Xi-Trump de Beijing, tal y como lo ha manifestado el presidente chino a su homólogo estadounidense estableciendo de inmediato las «líneas rojas» con respecto al estatus de la isla. Una declaración que en Taipei toman nota de su incidencia.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG. 

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ARMENIA: ¿UNA «NUEVA GEORGIA» PARA RUSIA Y OCCIDENTE?

Roberto Mansilla Blanco*

El pulso entre Rusia y Occidente por el control de las esferas de influencia en el Cáucaso vuelve a escena. Tanto Moscú como Europa preparan sus cartas con el foco en las elecciones parlamentarias de Armenia a celebrarse el próximo 7 de junio, donde se renovarán 101 escaños para el periodo 2026-2031.

Estos comicios suponen un test decisivo para medir la gestión del primer ministro Nikol Pashinián, cuya orientación prooccidental manifiesta un distanciamiento histórico con Rusia, el tradicional aliado armenio en el Cáucaso. Por otro lado, Pashinián deberá medir en las urnas el sentir popular ante la pérdida del enclave armenio de Nagorno Karabaj a manos de su rival histórico, Azerbaiyán, en la breve guerra acaecida entre ambos países a finales de 2023. Desde entonces unos 100.000 armenios huyeron del Karabaj para refugiarse en Armenia.

Macron cantando «La bohème» de Charles Aznavour acompañado a la batería por el primer ministro de Armenia Nikol Pashinyan. Imagen: Agnès Vahramian.

Por otro lado, este 4 de mayo dio inicio en Ereván, la capital armenia, la Cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE), donde los principales líderes europeos, visiblemente liderados por el presidente francés Emmanuel Macron (impulsor de esta iniciativa en 2022) además de la presencia de Canadá, país con una importante diáspora armenia, han dado su visto bueno al europeísmo y atlantismo de Pashinián, manifestado en las intenciones armenias de ingresar en la UE y la OTAN. La inclusión de Canadá en este esquema no es casual: supone un toque de atención de Bruselas hacia Washington ante la necesidad de resetear la relación transatlántica o bien apostar por otros socios.

Rusia ya había advertido a Armenia de las consecuencias que supone este giro prooccidental. Moscú indicó la «incompatibilidad» a la que podría someterse Armenia que, como miembro de la Unión Económica Euroasiática (UEE), aspira a ingresar en la UE. Pero la desconexión rusa de Pashinián sigue adelante. En agosto pasado, Armenia anunció su intención de retirarse de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), coloquialmente calificada como la «OTAN rusa». En marzo de 2025, el Parlamento armenio aprobó abrumadoramente iniciar el proceso de adhesión a la UE.

El factor energético entra en el juego electoral

Así, Armenia se ha convertido en la nueva «frontera» geopolítica entre Rusia y Occidente. En este complejo juego de intereses el presidente ruso Vladimir Putin ya ha movido fichas. La derrota militar armenia frente a Azerbaiyán implicó para el Kremlin alienarse a favor de Azerbaiyán como disuasión contra los intereses prooccidentales de Pashinián. Con Nagorno Karabaj en proceso de reinsertarse dentro del territorio de Azerbaiyán, ambos países firmaron la paz en Washington en agosto de 2025, bajo la iniciativa del presidente Donald Trump.

Desde el punto de vista energético, Armenia es casi absolutamente dependiente de Rusia a través de la filial de la multinacional rusa Gazprom toda vez que la infraestructura gasífera armenia está prácticamente integrada a la rusa. Al mismo tiempo, Rusia es el principal socio comercial armenio y principal surtidor de energía. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), las importaciones armenias de gas y petróleo representan aproximadamente el 77% del suministro energético total. Moscú también posee una base militar en la localidad armenia de Gyumri, otro elemento disuasivo para sus intereses geopolíticos por el control del Cáucaso Sur.

Con la llegada de Putin al poder en 2000, Moscú ha utilizado, con notable asertividad, el factor energético como herramienta geopolítica de influencia en el espacio euroasiático. Esta política no ha estado exenta de tensiones como ha sido el caso de las denominadas «revoluciones de colores» en Ucrania y Georgia (2003), influyendo en diversas dimensiones el pulso ruso-occidental por el control de las rutas energéticas desde el mar Caspio.

Esta dinámica no pierde vigencia este 2026. El gobierno armenio anunció recientemente la posibilidad de retirarse de la OTSC y la UEE ante el alza del precio del gas ruso provocado por la crisis bélica entre EEUU e Irán. De cara a las elecciones parlamentarias armenias, y ante el giro prooccidental de Pashinián, el tema de la dependencia energética de Rusia muy probablemente se afianzará como un debate electoral en Armenia, con capacidad para influir en los apoyos políticos y electorales.

En esta perspectiva, el Kremlin muy probablemente agitará a su favor a sus aliados prorrusos en el país caucásico, desde sectores empresariales hasta la propia Iglesia Ortodoxa armenia. En los últimos meses se han observado tensiones entre el gobierno de Pashinián y la Iglesia Apostólica Armenia, liderada por Karekin II. Desde Rusia, la diáspora armenia ha reaccionado a favor de la Iglesia armenia, contando con el beneplácito del gobierno ruso, incluso a través de manifestaciones en Moscú, San Petersburgo, Krasnodar y Sochi, entre otras ciudades con numerosa presencia de la diáspora armenia.

Para el Kremlin, que mantiene una relación muy estrecha y políticamente estratégica con el patriarcado de la Iglesia Ortodoxa rusa, la instrumentalización de la polémica de Pashinián con la Iglesia armenia se erige como un argumento de peso para incitar a la diáspora armenia en Rusia a defender los «valores nacionales tradicionales» de Armenia y el reconocimiento de la «paternal tutela» de Moscú sobre Ereván.

En un país, Armenia, donde el peso político del lobby de su diáspora es relevante, este factor puede ejercer una influencia determinante en los comicios parlamentarios, en este caso hacia opciones tendientes a «suavizar» las relaciones con Rusia y condicionar la opción «prooccidental» del gobierno de Pashininán.

Las elecciones armenias y el precedente georgiano

Las elecciones parlamentarias armenias de junio próximo poseen un símil con las ocurridas en octubre pasado en la vecina Georgia, cuyo gobierno de Salomé Zhurabishvilli también manifestó un giro prooccidental y se jugaba estas cartas en unas elecciones parlamentarias.

A pesar de varios días de protestas en la capital Tbilisi contra lo que se catalogó como «interferencia rusa» en las elecciones parlamentarias, la opción vencedora fue la del partido Sueño Georgiano, el mismo al que pertenece Zhurabishvilli, pero ahora bajo el liderazgo de Míjeil Kavelashvili más proclive a reorientar sus prioridades geopolíticas hacia Moscú.

Kavelashvili, un ex futbolista de elite que abandonó Sueño Georgiano para fundar el Partido Popular, fue posteriormente elegido en votación indirecta como el nuevo presidente georgiano. Desde entonces, Tbilisi ha iniciado un proceso de distanciamiento con Europa, congelando las negociaciones de admisión iniciadas en 2023. De este modo, el Kremlin aseguró sus intereses en mantener a Georgia dentro de sus esferas de influencia y, al menos momentáneamente, fuera del alcance occidental.

Moscú aspira reproducir ese mismo prisma en las elecciones parlamentarias armenias. El partido de Pashinián, Contrato Civil, tiene como principal contrincante electoral a Samvel Karapetyan, un empresario líder del partido Armenia Fuerte, considerado afecto al Kremlin. Karapetyan se encuentra actualmente encarcelado por intento de sedición contra Pashinián y por presuntos vínculos de corrupción y mercenarios paramilitares.

Putin ha solicitado la participación de Karapetyan en las elecciones, pero la legislación armenia prohíbe la concurrencia electoral de personas con doble nacionalidad considerando que cuenta con pasaporte armenio y ruso.

El cordón sanitario de Putin

En Armenia, Putin espera lograr un triunfo geopolítico similar al acontecido en abril pasado en las elecciones parlamentarias en Bulgaria, que le dieron la victoria al prorruso ex presidente Rumen Radev. Toda vez que la reciente caída del gobierno conservador y europeísta de Illie Bolojan en Rumanía tras una moción de censura puede igualmente ser interpretado como una ganancia indirecta para Moscú.

Rumanía, miembro de la UE y la OTAN, lidera una posición favorable a la ayuda militar y financiera a Ucrania así como una tendencia antirrusa que puede revertirse en caso de nuevas elecciones. El Kremlin tiene intereses muy concretos en propiciar cambios de gobierno igualmente en la vecina Moldavia, país candidato a la adhesión a la UE con un gobierno europeísta y con el conflicto de Transnistria como un posible efecto expansivo del existente en Ucrania.

Con ello, Rusia intenta asegurar un «cordón sanitario» prorruso y «anti-UE y OTAN» desde el mar Caspio hasta el mar Negro, propiciando así un corredor estratégico para sus intereses y concretando una especie de Mare Nostrum ruso precisamente en el mar Negro, con la base naval de Sebastopol en Crimea como motor militar y ante las expectativas de controlar el puerto de Odesa, bajo soberanía ucraniana. En este esquema se incluye igualmente el acercamiento ruso al nuevo gobierno sirio como principal proveedor de petróleo. A pesar de las reticencias occidentales, Moscú y Damasco inician una relación más estrecha en la que Rusia preserva sus intereses en el país árabe, donde tiene dos bases militares y un acceso importante a aguas mediterráneas.

Este contexto motiva a Europa a apresurarse a mover fichas en Armenia. La cumbre en Ereván de la Comunidad Política Europea ha atendido las prioridades armenias en cuanto a la supresión de los visados para los armenios que visitan la UE con el fin de facilitar los intercambios tanto turísticos como comerciales. La cuestión es fundamental para el gobierno armenio dado que los europeos no precisan de visado para visitar Armenia.

Por otro lado está EEUU. La pax de Trump en Nagorno Karabaj se interpreta como la intención de Washington por retornar con fuerza al siempre inestable tablero geopolítico caucásico y jugar con fuerza sus cartas para atraer esferas de influencia con la intención de reducir la capacidad operativa de sus rivales ruso y chino.

Como lo viene siendo para Rusia después de la breve guerra en Nagorno Karabajo, el actor clave para EEUU es Azerbaiyán. En medio de la ofensiva estadounidense e israelí contra Irán, el vicepresidente D.J. Vance estuvo de visita en Bakú, un gesto simbólico que refuerza el papel de Azerbaiyán como actor de equilibrio en el Cáucaso. Para Bakú resulta esencial este peso geopolítico que le confiere ganancias en sus relaciones con Rusia, EEUU, Turquía e incluso Irán y China.

El fortalecimiento de Azerbaiyán es observado con recelo por su histórico rival, Armenia, razón por la que Pashinián ha acelerado los contactos con Europa para asegurar aliados que le permitan equilibrar el nuevo juego de poder en el Cáucaso al tiempo que le garantice los apoyos exteriores para una victoria en los comicios parlamentarios.

Y Europa, consciente de que no puede quedar atrás ante los nuevos equilibrios de poder global, busca en Armenia revitalizar su posición sin condicionantes desde Washington. Mientras Trump, fiel a su estilo manipulador, anuncia la retirada de 5.000 efectivos militares estadounidenses de Alemania profundizando la crisis interna en la OTAN mientras advierte de que va a reforzar la seguridad del transporte de mercancías en el estrecho de Ormuz, la UE busca en Armenia el «camino de Damasco» que le devuelva a la relevancia incluso recreando una nueva relación transatlántica vía Canadá ante la intransigencia de Trump. Pretensión tan legítima como ambiciosa pero sumamente compleja en este nuevo sistema de poder mundial donde un «neo-imperialismo» 2.0 comienza a cobrar forma.

Pero volviendo a la siempre turbulenta e imprevisible dinámica caucásica: ¿se convertirá Armenia en el nuevo peón occidental para reducir la influencia regional rusa?; por el contrario, ¿Moscú finalmente logrará reproducir una especie de «plan Georgia» que le permita recuperar su peso geopolítico en el Cáucaso? Con una Europa que busca su reivindicación (y reinvención) ante la crisis transatlántica y las amenazas de desconexión de Trump con la OTAN, ¿se advierte como inevitable un conflicto militar directo entre Europa y Rusia en un contexto que anuncia un nuevo tipo de guerra, menos convencional y más digital vía drones, IA y misiles hipersónicos?

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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LA DIPLOMACIA PRAGMÁTICA DE COREA DEL SUR Y LAS VISITAS DEL PRESIDENTE A INDIA Y VIETNAM

Ruvislei González Saez*

Introducción

Desde que Lee Jae Myung asumió la presidencia de Corea del Sur en junio de 2025 promovió un cambio en la política exterior del país. El mandatario surcoreano ha desplegado una «diplomacia pragmática» justamente en momentos de un escenario internacional altamente complejo. Seúl se mueve en un entorno geopolítico delicado entre una fuerte alianza con Estados Unidos y un fuerte relacionamiento económico con China, justamente cuando estos dos últimos son rivales estratégicos. Aun así, el presidente Lee entiende que Washington es su principal garante de seguridad, mientras Beijing su mayor socio económico, y debe mantener un equilibrio, pero estimula una política exterior enfocada en los intereses nacionales. En este sentido, desarrolla la diversificación de las relaciones con el propósito de reducir la excesiva dependencia no solo de estos países, sino también de regiones.

La hábil diplomacia promovida por Corea del Sur en el actual entorno permite sortear los diversos impactos, sin obviar los efectos negativos de los conflictos regionales, especialmente en el Medio Oriente con gran afectación a la economía global. Recientemente se ha visualizado los intercambios directos de Lee con los principales líderes de Estados Unidos, China, Japón, Unión Europea, Francia, Filipinas, por citar algunos. Por el otro lado, ha adoptado una política de aproximación hacia la República Popular Democrática de Corea y menos agresiva hacia Rusia. La autonomía estratégica que intenta sortear Corea del Sur en las condiciones actuales aún no ha enfrentado su gran desafío dado que la atención mundial está enfocada en otra parte del mundo. Aun así, se abren oportunidades con naciones del llamado Sur Global. En este sentido, Lee Jae Myung viajó en la segunda mitad de abril de 2026 a la India y Vietnam, dos actores relevantes en la región asiática en diferentes dimensiones. 

Relevancia de la visita del presidente de Corea del Sur a la India

El presidente de la República de Corea Lee Jae Myung, realizó una gira oficial de Estado a la India por invitación del primer ministro Narendra Modi, del 19 al 21 de abril de 2026. Ésta constituyó la primera visita del mandatario Lee a la India, pero también la de un líder surcoreano en más de ocho años a la nación de Asia Meridional y el tercer encuentro en persona entre los dos líderes, tras sus diálogos previos celebrados al margen de las cumbres del Grupo de los Siete (G-7) y del Grupo de los 20 (G-20) en 2025. El propósito central fue el fortalecimiento de la cooperación bilateral en diversas áreas, incluida la construcción naval, el comercio, las inversiones, la inteligencia artificial (IA), los semiconductores, las tecnologías críticas y emergentes, los intercambios culturales y pueblo a pueblo. También discutirán sobre cuestiones regionales y mundiales de interés mutuo.

Corea del Sur y la India elevaron su relacionamiento en 2015 al nivel de Asociación Estratégica Especial. Ambos habían establecido en 2009 un Acuerdo de Asociación Económica Integral (AAEI) y tras la visita los dos países acordaron acelerar las negociaciones para actualizar dicho acuerdo en el presente año, así como establecieron el objetivo de aumentar el comercio bilateral de los 25 000 millones de dólares actuales a 50 000 millones para 2030[1].

Las conversaciones entre Lee y Modi se produjeron mientras ambos países buscan reforzar y diversificar sus relaciones internacionales en medio de la incertidumbre económica mundial y las interrupciones de las cadenas de suministro provocadas por la guerra de Irán. Los dos países constituyen para la otra parte socios relevantes, dado que no existen diferencias geopolíticas entre ellos y cada uno ha mantenido una posición de respeto y apoyo a la otra parte.

En el marco de la gira las dos partes firmaron 15 documentos destinados a impulsar el comercio, la inversión y la cooperación en ámbitos como la construcción naval y la IA, así como a crear un comité de cooperación industrial a nivel ministerial dedicado a la cooperación económica. Entre los acuerdos, un memorándum de entendimiento (MOU) sobre la construcción naval pretende apoyar la participación de las compañías surcoreanas en los proyectos de construcción naval de la India, incluidos aquellos para construir instalaciones de astilleros y ofrecer apoyo a la producción. Las dos naciones también acordaron establecer un «Centro Coreano en Mumbay», que servirá como un recinto para actuaciones de K-pop y centro para la cultura coreana, concebido como un espacio que fusione el K-pop y Bollywood, la industria cinematográfica india en lengua hindi[2].

Estratégica gira oficial de Lee Jae Myung a Vietnam

Finalizada la visita a la India, el mandatario surcoreano continuó hacia Vietnam para realizar una visita de Estado entre el 22 y el 24 de abril. Las relaciones entre Corea del Sur y Vietnam se han transformado en un ejemplo de Asociación Estratégica Integral desde 2022 que ha permitido el beneficio mutuo. Los vínculos se han elevado constantemente y las delegaciones de alto nivel han sido sistemáticas en los últimos cuatro años. El pasado año 2025, en agosto, el secretario general del Partido Comunista de Vietnam (PCV), To Lam realizó una gira por Corea. En noviembre del mismo año el entonces presidente vietnamita Luong Cuong, en el marco de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), asimismo realizó una visita a ese país del este asiático, mientras que en el mismo mes el presidente de la Asamblea Nacional de la República de Corea, Woo Won-shik, viajó a Hanoi.

En 2026 el viaje del presidente Lee Jae Myung marcó un hito de gran relevancia al ser el primer jefe de Estado extranjero recibido por el nuevo liderazgo vietnamita tras el XIV Congreso Nacional del Partido, en el que To Lam fue elegido además como presidente del país. En su visita por la nación del sudeste asiático, el mandatario surcoreano se reunió con los principales líderes vietnamitas. Hanoi es un socio clave en la política surcoreana hacia el sudeste asiático, especialmente en el marco de la Iniciativa de Solidaridad Corea del Sur-Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

En la esfera económica, la República de Corea sigue siendo la principal fuente de inversión extranjera directa de Vietnam, su segundo mercado turístico más grande después de China y el segundo mayor proveedor de asistencia oficial para el desarrollo (AOD). Además, la República de Corea es el tercer socio comercial más grande de Vietnam después de China y Estados Unidos (y viceversa) y el tercer mercado de destino laboral más grande. Es decir, en lo económico, comercial y financiero existe una profunda interrelación entre ambas partes.

Tal como se expresaba anteriormente, Corea del Sur se consolida como el mayor inversor extranjero en Vietnam, con un capital acumulado superior a los 90 mil millones de dólares, mientras que el comercio bidireccional alcanzó aproximadamente 88 mil millones de dólares en 2025. Las discusiones de los líderes se centraron en tres prioridades estratégicas fundamentales:

    1. Elevar el comercio bilateral a una meta de 100 mil millones de dólares a corto plazo y 150 mil millones para 2030, promoviendo un intercambio más equilibrado y sostenible.
    2. Profundizar la integración en las cadenas de suministro globales, especialmente en semiconductores, tecnologías digitales, datos, baterías y energías limpias.
    3. Fortalecer el vínculo entre la inversión, la innovación y la formación de recursos humanos, permitiendo que Vietnam ascienda en la cadena de valor global mientras se abren nuevos espacios de mercado para las empresas surcoreanas[3].

La visita del presidente Lee y su delegación a Vietnam tuvo resultados concretos prácticos. No fue casual la presencia de los líderes de los conglomerados principales surcoreanos en esta delegación, incluidos el presidente de Samsung Electronics, Lee Jae-yong; el presidente del Grupo SK, Chey Tae-won; el presidente del Grupo LG, Koo Kwang-mo; y el presidente del Grupo Lotte, Shin Dong-bin. Los intereses de Corea del Sur son estratégicos en Vietnam, especialmente ahora en momentos de tensiones geopolíticas globales y que no desaparecerán al corto plazo.

Las dos naciones, en el campo empresarial firmaron 74 MOU sobre la cooperación en varias áreas, incluida la IA, energía, infraestructura y tecnologías, según la Cámara de Comercio e Industria de Corea del Sur (KCCI). SK Innovation y SK Telecom firmaron un MOU con el Centro Nacional de Innovación de Vietnam sobre el desarrollo de un centro de datos de IA en la provincia vietnamita de Nghe An. Daewoo Engineering & Construction también firmó un MOU con SaigonTel de Vietnam para la construcción conjunta de un proyecto de centro de datos. El constructor de centrales nucleares Doosan Enerbility concertó un acuerdo con la Corporación de Servicios Técnicos PetroVietnam y la Corporación por Acciones de Construcción PetroVietnam para cooperar en proyectos de nuevas centrales nucleares en Vietnam[4].

Los dos países han estado desarrollando el Instituto de Ciencia y Tecnología Vietnam – Corea del Sur (VKIST) como centro neurálgico de colaboración, así como en la expansión de su red a nivel nacional. Con la intención de impulsar la segunda fase, promoverán áreas como la IA, los semiconductores y las tecnologías avanzadas, con el objetivo de convertir los resultados de investigación en productos y modelos comercializables. El proyecto contará con financiación no reembolsable del gobierno surcoreano, por un valor aproximado de 30 millones de dólares, y se implementará hasta 2033.

Con la gira oficial del mandatario de la República de Corea a Hanoi, se demostró que la cooperación en materia de defensa y seguridad se amplió en los ámbitos del diálogo político, la creación de capacidad y la industria de la defensa y la seguridad. Los intercambios culturales y educativos, junto con los lazos entre personas, a través de la cooperación laboral, el turismo, los programas de estudio en el extranjero y las visitas familiares, están creciendo tanto en volumen como en intensidad. En 2025 la República de Corea fue la segunda fuente más grande de turistas internacionales de Vietnam, con 4.3 millones de llegadas, lo que representó el 21 % de todos los visitantes extranjeros al país. La comunidad vietnamita en la República de Corea (que suma más de 350.000) y la comunidad coreana en Vietnam (aproximadamente 200.000) están sirviendo cada vez más como puentes vitales entre las dos naciones[5].

Consideraciones finales

En el contexto actual y sobre la base de la diplomacia pragmática de Lee Jae Myung, Corea del Sur promueve la diversificación de las relaciones, especialmente con actores no tradicionales y que han tenido un peso creciente en su economía nacional. Los retos del orden desequilibrado internacional vigente implican para Seúl la necesidad de promover los lazos con otras potencias medias y países relevantes para su desempeño económico, financiero y tecnológico. No es casual las visitas efectuadas por el presidente Lee a India y Vietnam, dos importantes socios.

Los acuerdos logrados entre Corea del Sur y la India tras la reciente gira oficial contribuirán sin dudas a transformar sus vínculos de confianza en una asociación orientada al futuro. Demuestran en medio del alto nivel de volatilidad y de crisis sistémica, que los países asiáticos profundizarán su relacionamiento intrarregional con mayor fuerza, ante retos derivados de las tensiones marcadas en Ucrania e Irán y que pueden agudizarse en otras partes del mundo, incluyendo el propio Caribe.

Con la visita efectuada a Vietnam se demostró la relevancia de este país como uno de los tres actores más importantes en su diversificación económico, comercial y financiera. Hoy Vietnam tiene un mayor rol comercial que India para Corea del Sur y aunque ambos países son sedes de inversiones de compañías surcoreanas, sin dudas, la nación del Sudeste Asiático por su carácter geopolítico deviene en un centro clave especialmente para conglomerados como Samsung.

La gira efectuada por el presidente Le Jae Myung a estas dos naciones, tiene un significado estratégico y práctico en medio de las complejidades actuales. Contribuyó a la elevación de la confianza mutua y a la profundización del relacionamiento económico-financiero. Ambas visitas condicionaron resultados exitosos y la complementariedad en un marcado proceso de evolución tecnológica de las tres naciones (Corea del Sur, India y Vietnam) aunque en diferentes gradaciones.

 

Referencias bibliográficas

[1] «India y Corea del Sur acuerdan casi duplicar el comercio bilateral a 50.000 millones para 2030». Associated Press, 20/04/2025, https://www.greenwichtime.com/news/world/article/india-y-corea-del-sur-acuerdan-casi-duplicar-el-22215441.php.

[2] Lee Hana. «Corea del Sur y la India acuerdan cooperar en las cadenas de suministro energético en medio de la guerra en Oriente Medio». Yonhap, 20/04/2026, https://sp.yna.co.kr/view/ASP20260420003000883?section=national/index.

[3] «Presidente surcoreano comienza visita de Estado a Vietnam».  Agencia Vietnamita de Noticias (VNA), 21/04/2026, https://es.vietnamplus.vn/presidente-surcoreano-comienza-visita-de-estado-a-vietnam-post234760.vnp.

[4] «Lee insta a una cooperación más estrecha con Vietnam en las cadenas de suministro de materias primas». Yonhap, 24/04/2026, https://sp.yna.co.kr/view/ASP20260424000200883.

[5] Nguyen Vu Tung. «South Korean President Lee’s visit to Vietnam to define the future of bilateral relations». Asia News, 22/04/2026, https://asianews.network/south-korean-president-lees-visit-to-vietnam-to-define-the-future-of-bilateral-relations/.

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