PREOCUPA FALTA DE CAUDAL EN HIDROVÍA PARAGUAY-PARANÁ

Agustín Saavedra Weise*

Al margen de la tremenda sequía del año pasado que afectó a todo el sistema fluvial de la Hidrovía Paraguay-Paraná, ahora asoman nuevos horizontes sombríos. Los expertos en la materia señalan que el río Paraná continuará bajando al menos por dos meses más. El hidrómetro de Rosario está midiendo poco más de un metro, algo superior a los escasos 63 centímetros del año pasado, pero lejos aún de los tres metros que se tenían en 2019. La recurrencia de la sequía dificultará enormemente las exportaciones por medio de la vía fluvial. Frente a esta variante —fruto de la casquivana naturaleza, como también probablemente de las anomalías del cambio climático— y que provoca justificada alarma, se requieren urgentes acciones. Recordemos que Bolivia tiene tres puertos comerciales que acceden a la hidrovía mediante el Canal Tamengo: Jennefer, Aguirre y Gravetal.

En 2020 se produjo una gran sequía que no se presentaba desde más de medio siglo atrás; ahora nuevamente se inicia el proceso, algo que justificadamente genera problemas en torno a la navegabilidad, tanto en la zona alta del curso fluvial como en las zonas bajas. El 80% de la gigantesca producción agropecuaria argentina utiliza la hidrovía, la que al mismo tiempo es de uso vital para el Paraguay y también para nuestro país, sobre todo en función de los productos agrícolas del oriente boliviano. Una recurrente situación de sequía traerá muchos inconvenientes; urge procurar soluciones o paliativos en el tiempo más breve posible.

Es necesario que el Comité Intergubernamental de la Hidrovía inicie trabajos de inmediato en torno al tema y que las empresas que tienen a su cargo el dragado y otros servicios complementarios mejoren al máximo la calidad de sus trabajos para intentar minimizar el problema de la sequía. Pero, aun así, hay un límite. Por muy bien diseñada que esté, una barcaza apta para la hidrovía debe contar con mínimos de profundidad para navegar sin problemas y transportar carga útil.

Los que saben de estos temas a fondo afirman que la altura estándar se ubica en los 2,47 metros para que los barcos puedan salir con 34 pies, más o menos 10 metros. La escasa profundidad trae complicaciones, ya que los barcos no pueden llevar la misma carga con respecto a una situación normal. La Comisión de Transporte de la Bolsa de Comercio de Rosario estimó que la bajante ya generó sobrecostos por 300 millones de dólares en el transporte. En Asunción se ha propuesto usar parte de las aguas de la gigantesca represa de Itaipú para intentar subir el nivel hídrico del río Paraguay.

Obviamente, las barcazas que salen de las zonas de Paraguay y Bolivia son las que están más complicadas y algunas quedan varadas. En la parte inferior del curso de agua hay mejores dragados y balizamientos, lo que permite una navegación más segura, algo que no sucede en la parte superior de la hidrovía. Mayor razón —ante esta crisis ya recurrente— para una decidida actuación multinacional de los países que forman la Cuenca del Plata (particularmente Argentina, Bolivia y Paraguay, los principales usuarios) en torno a este problema, el que debe resolverse tan pronto sea posible. Por su lado, Brasil y Uruguay —los otros dos miembros del sistema platense— deben poner de su parte lo que les sea posible en la solución de esta álgida situación, que afecta no solo la navegabilidad sino hasta la propia economía de los países que surcan ese vital curso de agua que es la Hidrovía Paraguay-Paraná.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

 

Nota original publicada en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/preocupa-falta-de-caudal-en-hidrovia-paraguay-parana_231890

¿SERÁ 2021 EL AÑO DEL DESHIELO EN LAS RELACIONES INTERNACIONALES PARA TURQUÍA?

Giancarlo Elia Valori*

En los últimos años, después del torpe y desacertado golpe de Estado que intentó derrocarlo en 2016, el presidente de Turquía Erdogan ha adoptado actitudes cada vez más extremistas y políticas internas e internacionales que prácticamente han aislado a Turquía no sólo de sus aliados tradicionales de la OTAN (de los cuales ha sido socio desde la fundación de la OTAN), sino también de casi todos sus homólogos geopolíticos en Medio Oriente.

En su intento de desempeñar un papel destacado en los juegos en marcha en la región mediterránea y del Cercano Oriente, desde Siria hasta Libia, pasando por Nagorno-Karabaj, el presidente Erdogan ha dado a la diplomacia de su país una deriva islamista —basada, en particular, en el apoyo al movimiento fundamentalista de los Hermanos Musulmanes— que si, por un lado, lo ha fortalecido internamente, por otro le ha llevado a hacer más enemigos de los que razonablemente podría soportar.

El pico del aislamiento internacional de Turquía se mostró descaradamente en octubre del año pasado cuando, después del brutal asesinato en Francia del profesor Samuel Paty, decapitado en la calle por un extremista musulmán de origen azerí porque era “culpable” de haber expuesto las infames caricaturas de Charlie Hebdo sobre Mahoma en las aulas, el presidente Macron arremetió contra aquellos que, “a la sombra de Mahoma” , avivaban las llamas del islamismo radical en Francia con el objetivo de despertar a los jóvenes musulmanes y animarlos a convertir su ira en la marginación social y económica en conflictos religiosos.

Por orden del presidente francés, las fuerzas de seguridad comenzaron a investigar y realizar registros en los círculos salafistas franceses controlados por unos trescientos imanes turcos que se habían instalado en Francia.

Las palabras de Macron y las iniciativas de las fuerzas de seguridad francesas contra el fundamentalismo islámico en Francia desataron la ira del presidente turco, que no dudó en llamar a su colega francés “un cerebro de muerto” que trataba a los musulmanes en Francia “como los judíos fueron tratados en la Alemania de Hitler”.

Las palabras del presidente Erdogan han añadido combustible al fuego de las ya difíciles relaciones entre Francia y la minoría de salafistas activos en el país: pocos días después de las declaraciones públicas de Erdogan, un joven tunecino en Niza mató a tres personas gritando “Alla akhbar”  en la catedral de Niza.

En esa coyuntura, Francia retiró a su embajador de Ankara, congelando sus relaciones con un país que durante décadas había sido considerado un sólido socio comercial, político y militar.

A finales de 2020, las relaciones internacionales de Turquía alcanzaron el nivel más bajo de la historia reciente.

Incluso afirmaciones justificadas como la solicitud de redefinir las fronteras marítimas con Grecia han dejado de ser apoyadas por diplomáticos europeos, mientras que el activismo en Libia para apoyar al Presidente del “Gobierno de Acuerdo Nacional” (GNA), impuesto por las Naciones Unidas pero apoyado por milicias islamistas, ha puesto a Ankara en un curso de colisión con Rusia y Egipto que, a su vez, se han puesto del lado del señor de la guerra “secular” de Cirenaica, Khalifa Haftar.

A finales del año pasado, un país como Turquía que, debido a su pragmatismo en política exterior, no sólo había sido considerado digno de pertenecer a la OTAN, sino también considerado un socio fiable y creíble durante décadas por Europa y los Estados Unidos, se encontró en total aislamiento a nivel internacional y en grandes dificultades a nivel nacional, debido a los efectos de la pandemia y una creciente crisis económica.

Es probablemente en este contexto que, desde principios de este año, el Presidente Erdogan ha cambiado de estrategia y ha lanzado lo que los observadores internacionales han llamado la “ofensiva del encanto”, en un intento de reabrir los canales de diálogo entre Turquía y los países occidentales y las potencias regionales en Medio Oriente (de Israel a Egipto, de Arabia Saudí a los Emiratos), un diálogo que había sido congelado debido a la decisión imprudente y mal considerada de apoyar, siempre y en cualquier caso, a los Hermanos Musulmanes.

Después de iniciar un canal secreto de cooperación con Israel en un intento de encontrar una solución a la guerra civil a pequeña escala sobre Nagorno-Karabaj —en la que Turquía, con el soporte “clandestino” de Israel, apoyó con éxito las razones de los turcomanos musulmanes azerbaiyanos, en detrimento de la mayoría armenia cristiana—, el presidente Erdogan decidió reabrir las relaciones con Egipto.

Después de ocho años de tensas o ausentes relaciones, Turquía ha reabierto la puerta al diálogo con Egipto bajo la bandera de una “Realpolitik” que el presidente Erdogan parecía haber olvidado.

Desde 2013, cuando el general Al Sisi derrocó al gobierno del presidente Morsi —líder de los Hermanos Musulmanes en Egipto y ganador de las elecciones de 2012—, el presidente Erdogan lo había llamado repetidamente “un asesino” y “un tirano”. Las relaciones entre los dos países se habían enfriado definitivamente cuando el presidente turco había dado descaradamente refugio y asilo político a todos los asesores y colaboradores de Morsi y a todos los miembros de los Hermanos Musulmanes que habían huido a Turquía para escapar de la represión.

El 12 de marzo de 2021, en una declaración sorpresa, el presidente Erdogan admitió en una conferencia de prensa que había “tomado medidas diplomáticas” para lograr la “reconciliación con Egipto”.

El ministro de Asuntos Exteriores, Melvut Cavusoglu, confirmó ese cambio de línea política diciendo que “después de años de hostilidad y desconfianza mutua… había llegado el momento de reiniciar gradualmente los contactos con Egipto”.

Según fuentes diplomáticas, hay dos razones principales que han convencido al presidente turco para cambiar su actitud hacia su (probablemente antiguo) rival Al Sisi.

La primera se remonta al total y ya sofocante aislamiento de Turquía en toda la región del Mediterráneo y de Medio Oriente.

La segunda es mucho más práctica y pragmática: la posibilidad de discutir con Egipto una nueva definición de las fronteras marítimas de Turquía en el Mediterráneo podría permitir a Turquía negociar —desde una posición más sólida— el problema de las “12 millas” y permitirle extender, dentro de límites aceptables, las fronteras de las aguas territoriales, actualmente “estranguladas” y cubiertas por la proximidad de las islas griegas a la costa turca.

Según el gobierno turco, un acuerdo entre Turquía y Egipto sobre fronteras marítimas podría conducir a un nuevo acuerdo sobre el mismo tema con Israel, útil para la explotación conjunta de los campos submarinos de gas frente a Chipre, Egipto e Israel.

Según fuentes muy fiables y cualificadas, el jefe del Servicio Secreto turco (MIT), general Hakan Fidan, ha recibido órdenes directas del presidente Erdogan de restablecer los contactos y las relaciones (interrumpidos desde 2013) con el Servicio Secreto egipcio, el Mukhabarat Al Amma.

Gracias al compromiso personal del emir de Qatar, Tamin Ben Hamad al Thani, quien es el último aliado del presidente Erdogan que permanece en la región, el MIT ha establecido contactos con colegas egipcios a principios de marzo de este año y, como gesto de cooperación hacia Egipto, las autoridades de seguridad turcas han colocado a treinta “Hermanos Musulmanes” egipcios, que habían sido acogidos como refugiados en Turquía, bajo estricto control de seguridad en vista de su posible extradición.

Mientras tanto, las autoridades turcas han pedido a los tres canales de televisión egipcios “alojados” en Turquía, a saber, las cadenas Al Shaq, Mekamleen y Watan, que bajen el tono de sus críticas contra el gobierno egipcio y dejen de insultar al presidente egipcio Al Sisi. A los tres canales se les ha pedido abruptamente que “revisen sus políticas editoriales” si quieren seguir disfrutando de la hospitalidad turca.

Según fuentes de prensa saudíes, muchos miembros de los Hermanos Musulmanes que se han refugiado en Turquía han sido presuntamente puestos bajo arresto domiciliario.

La diplomacia puesta en marcha por el presidente Erdogan a través del MIT está empezando a dar sus frutos: los contactos entre Fidan y su homólogo egipcio, el general Abbas Kamel, han llevado a un acuerdo en Libia que ha favorecido el nombramiento de Abdelhamid Dabaiba como presidente del “Gobierno de Acuerdo Nacional” para reemplazar al ahora desacreditado Fayez Al Sarraj.

También gracias al compromiso tras bambalinas de los servicios secretos turcos y egipcios, bajo la supervisión vigilante del Mossad israelí, la “ofensiva del encanto” del presidente Erdogan está empezando a dar sus frutos y, después de años de movimientos desconsiderados, imprudentes y aventureros, probablemente llevará a Turquía de vuelta a la mesa de negociaciones, después de renunciar al fundamentalismo musulmán, contribuyendo así a la búsqueda del “deshielo” en las relaciones internacionales que el mundo necesita para reparar el enorme daño causado por la pandemia.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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AL SONAR DE LOS TAMBORES Y AL COMPÁS DEL TARARÍ

F. Javier Blasco*

Frase que encabeza el primer párrafo de un muy conocido pasodoble de temática y uso militar para amenizar los desfiles, las marchas y los pasacalles titulado “Soldadito español”. Su autor, el compositor de zarzuelas, revistas musicales y sainetes, Jacinto Guerrero, lo compuso para la revista musical “La orgía dorada”, revista estrenada en 1928.

Su letra sencilla y pegadiza, arrastrada hasta nuestros días, quiso ser y así lo consiguió, un sencillo y a la par sincero homenaje al más que vilipendiado Ejército español, a sus soldados y a todo lo que la marcha e incorporación a las guerras lejanas implica y rodea para los afectados y sus familiares.

Nació como una necesidad de paliar los graves efectos producidos por los sangrientos y desastrosos avatares bélicos que se habían sucedido en las décadas inmediatamente anteriores: las guerras de independencia de Cuba y Filipinas y las campañas de Marruecos.

Marcha que me viene a colación porque aún recuerdo claramente la mañana del 11 de septiembre de 2001, en la que atónitamente vi desplomarse las torres gemelas cuando me encontraba en el despacho del General jefe de la División de Planes del Cuartel General de la OTAN en Nápoles (AFSOUTH), a la sazón mi Jefe, despidiéndome por final de ciclo y destino, tras tres años de duros trabajos para tratar de llevar cierto orden y concierto a la entonces provincia serbia de Kosovo; y que hoy es un país independiente, reconocido por otros muchos países y que por los designios de la suerte, nuestra selección de futbol ha tenido que jugar en su contra, a pesar de que España, por razones obvias, no lo ha reconocido como país soberano e independiente.

En aquella mañana, llena de atentados por doquier, se rompió súbitamente la paz mundial y se daba un giro copernicano al equilibrio entre fuerzas; los norteamericanos al verse amenazados en su propio territorio —por segunda vez en su historia— forzaron a que el presidente Bush declarara la llamada “guerra contra el terrorismo” y, de paso, invocara el artículo 5° del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, por lo que nosotros con nuestros soldados aparecimos allí en Afganistán como integrantes de una amplia coalición internacional.

Nuestras capacidades de proyección, alimentación y sostenimiento de operaciones lejanas debieron multiplicarse por varios cientos ya que con esa intervención, a pesar del paraguas norteamericano, las distancias y los medios a trasladar no solo se aumentaban sino que se sofisticaban aún más con medios aéreos y complejos sistemas de vigilancia, de seguridad y adecuados sistemas sanitarios para participar en una verdadera guerra.

Pronto entendimos que no solo había que luchar contra el terrorismo, sino que nuestra misión era aún más grande y honrosa; salvar a un pueblo entero y en especial a sus mujeres y niños de las garras de unos desalmados que les trataban peor que al ganado y despreciaban continuamente sus derechos humanos. Nuestros resortes de cooperación internacional saltaron con eficacia y despreocupación, y además veíamos que éramos bienvenidos por los países aliados y que los nativos claramente nos agradecían nuestra presencia y esfuerzo.

Pero, a pesar de todo aquello, nos dimos cuenta que aquello no era una simple operación de paz y mucho menos más humanitaria que otra cosa; los zarpazos de las balas, las esquirlas de las minas contra carro, las explosiones al paso de nuestros convoyes y los derribos de helicópteros, no se hicieron esperar.

El enemigo estaba bien dotado de armas de todo tipo y cuya procedencia, a pesar de aparentar no ser muy clara, todos sabíamos que venía de los anteriores apoyos norteamericanos a los entonces sus amigos y ahora enemigos y señores de la guerra y a ciertos oscuros intereses de países que siempre buscan la forma y el modo de actuar contra Occidente, Estados Unidos, la OTAN y otro tipo de aliados con el trapicheo de armas y explosivos.

La misión se alargaba, los resultados positivos se hacían esperar, los atentados y auténticos combates se multiplicaban, los contingentes se agrandaban y el gasto en vidas, la mucha sangre derramada y el ingente y caro material echado a perder en aquellas tierras inhóspitas y duras empezaban a pasar factura a España. Todo ello recordaba a los tiempos pretéritos en los que nació la canción del soldadito español que da título a este humilde trabajo y homenaje. Pasodoble que, sin ser consciente de su significado y origen, lo he tatareado y oído sonar varias veces, ya que se empleaba en los acuartelamientos y bases aéreas a la hora de las despedidas y la formación de agrupaciones o batallones ad hoc que se encuadraban para participar en dicha misión; misión, que a todas pintas, nunca iba a terminar de forma positiva ni con resultados que justificaran tanto esfuerzo humano y económico y los demasiados desvelos tan lejos de la patria.

Como Coronel Jefe del Regimiento Aero transportable nº 29, Isabel La Católica he tenido que formar e instruir a varios contingentes a desplazarse a dicha misión. Cuanto me hubiera gustado partir con ellos, pero los contingentes formados por mis hombres y mujeres soldados durante mis dos años de mandato, no tenían la entidad suficiente para que su Coronel partiera al mando de ellos —por aquel tiempo también participábamos a la vez en la misión en Iraq de la que Zapatero nos sacó de forma tan poco honrosa y nada profesional— por lo que les despedía como el padre que ve marchar, envuelto en zozobra y en ocultas lágrimas, a sus hijos a la incierta aventura y me apresuraba a ser el primero en llegar a recogerlos a su vuelta, cansados y cambiados en cuerpo y alma.

Tras cumplir mis dos años de mando, me despedí del Regimiento sin haber perdido ni uno de los casi ochocientos efectivos que me fueron entregados dos años antes; había cumplido mi deseo y sueño, mantenerlos a todos juntos; vivos y sanos y así lo recalqué en mi discurso de despedida frente a todos ellos formados el día antes de entregar el Mando y la Bandera a mi sucesor.

Pero el inefable transcurrir de la vida, la mala suerte o ambos a la vez me arrastraron a que en un corto periodo de tiempo, tuviera que ir a recibir en Getafe a muchos, demasiados féretros de compañeros de helicópteros —unidades en las que también pasé muchos años de mi vida— y de suboficiales y tropa de mi apreciado Regimiento; a estos últimos les recordaba tanto por sus caras cómo por muchos de sus nombres, sonrisas o gestos al despedirme con cierta alegría y nostalgia aquel mi último día en Pontevedra, cuando ellos ya estaban ultimando sus preparativos para su próxima e inminente rotación en Afganistán.

Más tarde, les lloré en silencio uno a uno en sus improvisadas capillas ardientes, así como visité a algunos heridos en el hospital Gómez Ulla cuando aún conservaban el estupor en sus rostros y miradas. Me fundí en un fuerte abrazo con su Capitán en la base área al descender del avión, un hombre joven, emprendedor y muy ilusionado, que siempre estaba dando ejemplo y sufría los esfuerzos y riesgos con sus soldados y que, para su suerte o desgracia, viajaba en el helicóptero menos afectado en aquel ataque o incidente; caso y hecho que nunca fue limpia o realmente aclarado y pronto se tapó bajo el mando del ministro Bono.

Como es sabido, las penas nunca llegan solas, por lo que en breve, el goteo de muertes en las mismas y sucesivas rotaciones también me llevó a recordarles y hasta llorarles a todos y todas a medida que sus nombres se iban apilando en la larga lista de caídos en la contienda.

Como muchos de los españoles, estaba convencido de que tamaño y gran esfuerzo valía la pena; nuestras fuerzas cumplían una misión sublime y eran muy queridos entre aquellos que recibían su ayuda de forma directa o indirecta; pero aquella euforia o simpleza que lograba desde mi punto de vista me hacían olvidar que la envidia, la inquina y la traición son parte consustancial del pensamiento humano y quizá mucho más exacerbadas en las mentes de las gentes de aquellas tierras. Personas que sospechan de todo y todos por estar curtidas bajo la bota opresora, el trapicheo con la droga, la revancha y la Ley del Talión; donde las mujeres y los niños —sobre todo las niñas— son objeto de chanza, abuso, desprecio, canje y corrupción y que aquellos acercamientos y determinados grados de amistad se convierten para muchos de ellos en cosas o amistades muy peligrosas, que en el momento que puedan y tengan ocasión, deberán ser corregidas lo más brutalmente posible para que sirvan de ejemplo y no se vuelvan a dar con los que por ser extranjeros, son enemigos de ellos y de su religión por mera definición.

Hace dos días vimos a SM el Rey ir a recibir a las pocas decenas de los últimos militares españoles que regresaban, cuando alguien por encima de nosotros, allá en la Casa Blanca, ha decidido que tras veinte años de lucha encarnizada y desigual sobre un terreno tan hostil, se ha terminado sin ninguna explicación más la misión en Afganistán y otra vez más, no hemos tardado en recoger a toda prisa, dejar lo no necesario y marchar de regreso a casa. La escena me recordó en sentido contrario y salvando las grandes distancias, al regreso de los últimos de Filipinas; aquellos soldados que lucharon bravamente durante cientos de días lejos de España sin saber que nuestro gobierno había decidido dar por terminado el conflicto y entregar aquella colonia, pero que por seguir cumpliendo sus órdenes recibidas, mantuvieron una débil posición muriendo uno a uno, salvo unos pocos, por los embates del enemigo, la miseria y la infección.

Supervivientes del destacamento de Baler fotografiados el 2 de septiembre de 1899, a su llegada a España. MUSEO DEL EJÉRCITO. (Fuente: EL PAÍS).

Hoy he leído un pequeño artículo de un buen amigo hablando del tema, en el que se preguntaba para que habíamos empleado veinte años en aquella zona y misión y yo me sumo a su pregunta y, cómo ya he mencionado anteriormente, añado mi gran preocupación por aquellos nativos que crecieron y trabajaron de alguna forma a nuestro lado haciéndonos la vida más llevadera y ahora se quedan solos sin nuestra protección, al albur de la represalia y de la opresión.

Sirva este pequeño trabajo como recuerdo y homenaje de un viejo Coronel, y espero que no sea el único, a todos aquellos hombres y mujeres que dieron su vida o regaron con su sangre aquellas tierras y parajes cumpliendo con la misión encomendada aunque, tras veinte años nos sigamos preguntando de qué ha servido tanto esfuerzo y hasta el regalo de su propia vida tan generosamente regalada, al igual que las de los soldaditos españoles de aquella simple y pegadiza canción que así empezaba; al sonar de los tambores y al compás del tararí…

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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