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¿DEBEN LAS FFAA COMBATIR EL NARCOTRÁFICO?

Victoria Villarruel*

Foto: SAEEG

Hace poco la ex ministra de seguridad del ex presidente Macri, ante la acuciante situación que se vive en la narco ciudad de Rosario, expresó la idea de empeñar las FFAA en la lucha contra el narcotráfico. Bullrich logró su objetivo, manifestó una posible y contundente solución a un problema que día a día se agiganta y cuyas víctimas dilectas son los jóvenes. Esta propuesta adolece de superficialidad y falta de estudio de la legislación vigente.

Empeñar las FFAA en la lucha contra el narco, no es la mera modificación de la ley de Defensa Nacional. En primer lugar, el narcotráfico es un delito federal, y como tal debe ser perseguido por las fuerzas de seguridad y policías federales y la justicia federal. Es decir, si Rosario es una narco ciudad, es evidente que ni la policía local (en este caso la Policía provincial de Santa Fe), ni las fuerzas federales dan adecuada respuesta. Tampoco lo hacen la justicia federal y los políticos que guían a esas fuerzas.

Ese problema no se arregla enviando a las FFAA, que tienen otra misión y no están concebidas ni formadas para reprimir delitos federales. Para esto la Argentina, con la ausencia de austeridad en el gasto público que la caracteriza tiene nada menos que cuatro fuerzas federales, la Policía Federal, la Policía de Seguridad Aeroportuaria, la Prefectura Naval y una fuerza militarmente estructurada, la Gendarmería Nacional. Estas fuerzas que precisamente dependieron de Bullrich cuando ejerció como ministra de seguridad de la Nación.

Hace ya algunos años que la ineficacia policial, la corrupción que promueven las bandas narcos, los recursos casi ilimitados de los que estas disponen y la organización militar que alcanzaron algunas, movió a los EE.UU. a impulsar la idea según la cual los países debían empeñar a las FFAA en la batalla contra el narcotráfico. México lo hizo con el ejército y la marina, y Colombia, dada las características propias de las FARC como organización narco militarizada, empeñó fundamentalmente al ejército. Aún hoy hay militares colombianos encarcelados por la guerra contra las FARC y juicios por lesa humanidad que imputan desde soldados a generales.

El Derecho Internacional Humanitario habilita a las FFAA a intervenir en cuestiones internas de los países, únicamente si el grado de violencia alcanza el nivel de un conflicto armado interno, [art.3 común de las Convenciones de Ginebra] en cuyo caso las FFAA y los oponentes, tienen las mismas obligaciones y responsabilidades para con la población civil inocente, ajena a las hostilidades. Por tanto, los integrantes de las FFAA pueden tirar a matar, siempre y cuando se trate de una situación de combate, porque el oponente, aunque sea civil, al participar de las hostilidades pierde las protecciones de las que es titular. Empero si las condiciones no son propias de un conflicto armado interno, como ocurre en Rosario, esa misma acción es un homicidio, aunque el muerto se trate de un integrante de una banda narco.

Dicho esto, en el hipotético caso en que las FFAA pudieran intervenir, debería existir un marco jurídico adecuado que reconozca la existencia de un conflicto armado interno.

La solución entonces está en formar y capacitar adecuadamente a las fuerzas federales, proveerles el equipamiento necesario, mantener un estricto control de sus actos, así como un adecuado plan de rotación para evitar el exceso de connivencia con el poder de corromper de los narcos, disponer de una adecuada inteligencia criminal, que es diferente a la inteligencia militar, garantizar un apropiado servicio de justicia, eliminar todo tipo de protección política y eventualmente instaurar un programa de recompensas. Deberá también implementarse medidas contra el síndrome de abstinencia de los consumidores y un efectivo programa nacional contra las adicciones, ya que la problemática es de por sí muy compleja y como tal debe abordarse integralmente.

En fin… es más fácil decir que para controlar el narcotráfico hay que enviar a las FFAA, pero sin un marco jurídico adecuado los civiles que dan las órdenes no responden nunca judicialmente, los uniformados terminan presos y con infinidad de causas penales y los narcos alegarán ser las víctimas de las políticas estatales y finalmente cobraran jugosas indemnizaciones pese al daño que le hacen a la sociedad.

Estamos ya en campaña y algunas propuestas buscan al electorado que se hartó de los políticos y que enojados votarán al que represente mejor ese hastío. Pero antes de proponer una medida efectista aunque poco eficiente, creo que debemos reivindicar, recuperar y potenciar el rol fundamental de las FFAA, aumentar el inexistente presupuesto que damos a la Defensa en nuestro país y blindar de un marco legal a quienes mandamos a poner el cuerpo por todos. Fortalecer y capacitar a las fuerzas federales en su rol originario es el primer paso fundamental para combatir un flagelo que asola nuestro país con creciente virulencia. Los instrumentos ya están creados y creo que dotarlos de los recursos necesarios junto con el apoyo legal y político es la respuesta inmediata que espera la población.

 

* Diputada de la Nación por La Libertad Avanza. Abogada. Presidente del Partido Demócrata de la Provincia de Buenos Aires. Secretaria General del Partido Demócrata Nacional. Presidente de CELTYV.

El presente artículo puede ser reproducido libremente.

LA GNA Y EL “PROYECTO HUEMUL”

Revista GNA*

Ronald Richter fue un científico austríaco, nacionalizado argentino que se hizo famoso en 1951 con el “Proyecto Huemul”.

El plan consistía en un intento para generar energía barata mediante fusión nuclear en una “planta atómica”. El lugar elegido para llevarlo a cabo fue la isla Huemul, en el lago Nahuel Huapi (Río Negro). Era un lugar perfecto: con aire limpio para los aparatos, abundante agua como fuente energética y sobre todo aislada del mundo, lo que permitiría a Ronald Richter trabajar sin que nadie supiera cuál era su verdadero objetivo. El gobierno de la época había construido un mini pueblo con una docena de casas para técnicos, alcantarillado para desagües, una usina eléctrica, galpones, un laboratorio con enormes paredes de 2 metros de ancho, salones para conferencias. Todo estaba custodiado por un contingente de gendarmes que debía patrullar la isla y darle custodia personal al físico cada vez que viajaba a Bariloche. El jefe de ese personal cierta vez entre sonrisas relató, que Ronald Richter hacía detonar cargas de TNT cuyas explosiones eran claramente audibles en Bariloche que estaba a 8 Km. Al parecer su intención era que lo asociaran con sus experimentos atómicos.

De Buenos Aires llegaban trenes con muebles, ladrillos y equipos, Richter se sentía el rey de Bariloche y nadie podía contradecirlo porque gozaba de la protección del Gobierno.

Ronald Richter (1909 -1991)

En dicha ciudad había periodistas extranjeros y el mundo miraba a Argentina con asombro y preocupación porque para esos años se evidenciaba como una futura potencia. En sus primeros meses, el ingeniero decía que llevaba a cabo experimentos, además de construir grandes estructuras, pero tres años después surgieron las primeras dudas. Fue entonces que se descubrió que todo era una gran y millonaria farsa a tal punto que se supone que lo engañó hasta al mismo Perón prometiendo colocar al país delante de los EE.UU. que en los años de posguerra dedicaba esfuerzos a la investigación nuclear.

Desde hace 67 años el “Proyecto Huemul”, de un millonario costo son sólo escombros.

 

Artículo publicado originalmente en la Revista GNA 74, noviembre de 2022.

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SUBMARINOS DESCONOCIDOS EN GOLFO NUEVO

Revista GNA*

Submarino ruso Zulú IV

Algunos no lo saben, pero la Armada Argentina detectó positivamente en nuestras aguas varios submarinos desconocidos. En los casos más importantes documentados oficialmente se los persiguió y se los atacó con bombas de profundidad.

 

En el golfo Nuevo en Chubut, el 21 y 22 de mayo de 1958, un grupo de naves de la Armada en ejercitaciones, detectó un submarino navegando sumergido, que fue atacado en repetidas ocasiones logrando finalmente escapar.

El segundo acontecimiento, sucedió entre el 20 y 29 de octubre de 1959 cuando la fragata ARA Heroína descubrió otro submarino en Comodoro Rivadavia. Se lo persiguió, incluso con aviones Neptune de la Aviación Naval, también con resultados negativos.

El tercer caso fue el más memorable y se vivió también en el Golfo Nuevo. Ocurrió el 30 de enero de 1960 y, durante casi 37 horas, naves y aviones de nuestra Armada acosaron un submarino furtivo hasta que por escasos segundos emergió una torreta afuera del golfo. Aparentemente se habría fugado, pero en forma simultánea nuestros barcos habían descubierto sumergida aguas adentro otra nave y la estaban acosando. Los comandantes de la Armada entonces entendieron que eran dos los submarinos; el que había emergido lo hizo para confundir y cesara el ataque contra su compañero. Lo que llama la atención fue que en ninguno de los tres casos se defendieron. Eso hace pensar que no llevaban torpedos por ser submarinos espías en alguna misión. Lamentablemente la tecnología de los dos intrusos detectados era muy superior a los atacantes, lograndoescapar. Las operaciones terminaron el 26 de febrero de ese año. Nunca se sabrán los motivos de persistir varias veces esos submarinos en recorrer nuestro litoral marítimo y su nacionalidad. Las autoridades navales que participaron de esa operación estiman que serían de la flota soviética clase Zulú IV en la clasificación de la OTAN, con motores diesel, aptos para largas distancias y botados en 1957. Es decir, de lo más avanzado de la época. Naturalmente la URSS negó la participación en el hecho.

Queda flotando la incógnita: ¿Cuántas veces submarinos fantasmas habrán paseado por nuestras costas sin ser detectados?

 

Artículo publicado en la Revista Tiempo GNA 74, noviembre de 2022.