Archivo de la etiqueta: Cultura

TRADICIÓN

Juan José Santander*

Tradición, al igual que sus hermanas rendición, perdición, bendición y otras, indica una acción, pero a diferencia de todas ellas, que se relacionan con un verbo cuya acción implican, en tradición el verbo no existe: se ha perdido en los caminos de la lengua; es decir, que nos encontramos ante una acción despojada de su antecedente, por así decir, kinético, del verbo. Aunque sea una acción, ésta se nos presenta de manera abstracta.

Y tal vez ese extravío del verbo se deba a que lo que hace la tradición se parece a la sedimentación: de la fluyente y pasajera masa en que está suspendida la sustancia, ante la quietud de aquélla, o su desaparición al irse evaporando o ser absorbida, la sustancia va depositándose al fondo y permanece; es decir que se trata de una acción que responde a la naturaleza de las cosas que la asume por sí misma sin intervención ni voluntad ajena y tiende a preservar esa sustancia que es su esencia frente al tiempo fugitivo e inasible.

Creo que fue Borges quien dijo, refiriéndose a la cuestión de una literatura “nacional”, que es una fatalidad o es nada.

Esa fatalidad es la fuerza de la tradición.

Resulta interesante ver cómo, tras circunstancias calamitosas y catastróficas, la tradición se manifiesta de las más diversas formas y maneras; daré variopintos ejemplos: al caer la dictadura de Salazar en Portugal, surgió una izquierda en el ámbito político que había sobrevivido en la clandestinidad, como las mafias rusas tras el derrumbe del imperio soviético, como la yakuza japonesa que perdura, como la institución familia en la China comunista, como los moriscos y criptojudíos tras sus expulsiones de 1492 en adelante, como el castellano ladino de los judíos sefardís de la diáspora, como el catalán o el vasco o el valenciano o el gallego maguer la primacía del castellano, o los dialectos italianos magari el imperio impuesto del bello toscano o tantísimos ejemplos que van de supersticiones de fundamento médico, higiénico o alimentario más o menos real y efectivo a vestimentas que a través de diversas manifestaciones y modificaciones aún siguen en uso.

Como siguen en uso usos y costumbres milenarias.

Eso es la tradición, y no es la mía mejor que la tuya ni lo contrario.

PERICÓN NACIONAL Ballet Folclórico Nacional. Ministerio de Cultura de la Nación.

El problema lo plantea esa búsqueda innata de raíces que arrastra el ser humano en su condición misma y que deriva de su necesidad de identidad, de un yo, de un nosotros en los que pueda reconocerse. Por una cuestión de salud mental, para empezar.

Y el problema es el que certeramente califica Hobsbawm de “invención de la tradición”, dando varios ejemplos. Es decir, cuestiones, temas, nódulos a los que se va otorgando una antigüedad y ancestralidad que no tienen sino que han ido siendo construidos y fabricados a través de la historia.

Y tal vez todos pueden razonablemente pensarse que han sido antes o más recientemente inventados —i.e., hallados, en el sentido de la “invención de la Santa Cruz” por Santa Elena, madre de Constantino, que conmemora la Iglesia Católica— y ahí del problema brota el conflicto si caemos en suponer o dar por sentado que una tradición es superior o más genuina que otra y, sobre todo, de respetar la ajena sin renunciar ni dejar de reivindicar la propia.

Es donde caemos por haber transformado el significado de “‘confrontación”, que es comparación, cotejo, en “enfrentamiento”. Lo que esconde la peligrosísima tendencia a que si al comparar o cotejar (una y otra tradición, por ejemplo) hallamos diferencias, transformamos éstas en oposiciones y contrariedades. Y ahí, claro, elegimos favorecer a nuestro lado, ése al que sentimos pertenecer, entre otras cosas porque nuestra tradición nos lo ha dado y hemos sido criados en ella.

Y dice Antonio Machado en “Juan de Mairena” que el recurso a la fuerza no implica sólo perder la parte de razón que pudiera tener el otro, sino también la nuestra.

 

* Diplomático retirado. Fue Encargado de Negocios de la Embajada de la República Argentina en Marruecos (1998 a 2006). Ex funcionario diplomático en diversos países árabes. Condecorado con el Wissam Alauita de la Orden del Comendador, por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, M. Benaissa en noviembre de 2006). Miembro del CEID y de la SAEEG.

©2021-saeeg®

 

SERPIENTES QUE HABLAN EN LOS CUADROS

Francisco Carranza Romero*

Obras del artista peruano Harry Chávez

La exposición pictórica “El mito de serpiente resplandeciente” de Harry Chávez (1° de julio – 30 de agosto de 2021) presenta cuadros hechos con innumerables bolitas (cuentas, perlas, gemas y mostacillas) de varios tamaños, colores y brillos. Es el resultado de la labor paciente y constante durante días y meses en el proceso de la exteriorización del mundo interior, el inconsciente histórico, armonización de la fusión de etnias y culturas porque de autor, como peruano inteligente y honesto, ha asumido la realidad multiétnica y multicultural.

El protagonista de los cuadros expuestos en Ccori Wasi (Quri Wasi: Casa de Oro, Galería de Artes Visuales, Universidad Ricardo Palma), es la serpiente, amaru en quechua. Este animal, presente en todo el mundo, ha impresionado tanto al ser humano que aparece en muchos relatos míticos y fábulas, y hasta es un signo zodiacal. En la realidad natural y fantástica pertenece al mundo de abajo, a este mundo y al mundo de arriba. Así se convierte en el símbolo de la fuerza, vida, muerte, misterio, sagacidad y belleza.

En el mundo andino, dos líderes de la insurrección contra el poder español adoptaron sus nombres relacionados con la serpiente: Túpac Amaru I (1572, durante el período del virrey Francisco Álvarez de Toledo quien instituyó la Santa Inquisición). Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui, desde el 4 de noviembre de 1780 hasta el 18 de mayo de 1781). Ambos fueron ejecutados, pero sus muertes no fueron en vano.

De Túpac Amaru II se recuerda el encuentro con el visitador español José Antonio de Areche, enviado del rey de España, quien, entrando al calabozo le pidió con promesas los nombres de otros rebeldes. El rebelde le contestó: “Solamente tú y yo somos culpables; tú, por oprimir a mi pueblo; yo, por tratar de libertarlo de la tiranía”. Murió descuartizado por cuatro bestias, y el lugar ahora se llama Wacaypata (waqay pata: plaza del llanto).

Hay también topónimos: Amarumayu (río de la serpiente), Amartay (amaru ratay: el descenso de la serpiente -el rayo en este caso-. Una laguna en Quitaracsa, Áncash). En la selva la serpiente yacumama (yaku: agua; madre del agua) cuida a los niños cuando se bañan en el río.

¿Tanto le ha impresionado a Harry Chávez el mito de amaru o serpiente? Supongo que su estadía en Corea del Sur por un año como estudiante de intercambio en la Universidad Dankook habría sido también la oportunidad para escuchar relatos y ver las figuras del dragón: serpiente alada con garras de felino que mora en el subsuelo, en el agua y en el mundo de arriba. El dragón es un animal fantástico de mucho poder para el bien y el mal.

Al ingresar a la sala de la exposición uno queda impactado por las miradas humanizadas y amicales de las serpientes de los cuadros, algunas con cabezas de pumas. Después del primer impacto uno reacciona según su imaginación y según sus conocimientos de la cultura peruana y mundial. En mi caso, después de unos minutos inicié el diálogo silencioso con las serpientes. Al salir de la exposición, me despedí del artista visual Harry con quien compartí muchos días en Seúl; pero las serpientes resplandecientes (tilapyaq amarukuna, en el quechua ancashino) me siguen acompañando.

Felicitaciones Harry, sigue reflexionando sobre nuestra rica realidad cultural, resultado de la fusión de etnias y culturas. Ojalá que las serpientes enrolladas de tus cuadros salgan a bailar con otros seres para que todos participemos en la danza del amor y de la fraternidad.

 

* Investigador del Instituto de Estudios de Asia y América (Dankook University, Corea del Sur).

©2021-saeeg®

 

LAS CLAVES DE NUESTRA EVENTUAL RECUPERACIÓN. LO QUE DEBE CONTINUAR Y LO QUE DEBE CAMBIAR.

Grl Heriberto Justo Auel*

Imagen de David Peterson en Pixabay

“O sois lo que debéis ser, o no seréis nada”.

“Para los hombres de coraje se han hecho las grandes empresas”.

Brig Grl José Francisco de San Martín (1778-1850)

 

Las “causas” y los “efectos”.

El “materialismo dialéctico”, ampliamente difundido por los intelectuales marxistas leninistas —desde las universidades y la prensa a lo largo de décadas—, ha logrado que en nuestro tiempo de fuertes crisis generalizadas —con altos índices de pobreza e indigencia— la búsqueda de una solución al drama esté en manos de economistas. Sin embargo, ninguna solución se alcanzará atacando a las consecuencias y no a las causas de este fenómeno sociopolítico ya centenario.

A dicha grave “confusión” —desconcierto, turbación, perplejidad o desasosiego— se ha sumado —como obstáculo para iniciar la recuperación de la Nación Argentina— la existencia en el sistema social —y en particular en la dirigencia política— lo que se ha dado en llamar “el actor moderado”, entendiendo por tal a un “pacifista componedor tolerante” que teme enfrentar los conflictos derivados de la creciente situación revolucionaria que envuelve a Iberoamérica, simulando ignorarla. Los hemos sufrido como “transversales”. Son los “NI”. “Ni chicha ni limonada”.

En el presente, cuando se hace imprescindible reunir fuerzas de los pares para enfrentar a una minoría electoral “revolucionaria”, los “NI” rechazan los liderazgos y llaman a la “unidad de todos”, entendiendo que “el enemigo” aceptará acordar. Esperar que el dogmatismo fundamentalista del “revolucionario” modifique una sola coma de su propuesta, indica un nivel de ingenuidad superior o una hipocresía impuesta por la cobardía del “transculturizado”. ¿No es suficiente —para estas dulces “palomas”— lo que ocurre en Chile o en Colombia o aquí mismo…?

Decíamos hace veinte años[1]:

“Tenemos una cultura/ética heredada que nos identifica. Allí reside la soberanía de la Nación. Es lo que hemos recibido de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestra Patria… Una ética, un conjunto de valores, principios y creencias que es lo que señala Sartori con todo acierto. Es nuestra identidad. Es una personalidad nacional que, frente al “otro” o “los otros”, en un medio internacional interdependiente y globalizado, nos diferencia…, nos permite saber quiénes somos y qué somos y, a partir de allí qué queremos, adonde vamos, cuál es nuestro destino, cuál es el escenario común del conjunto social de pertenencia que transforma a la sociedad en comunidad de ideales y de intereses. He allí la unidad nacional… hoy ausente.

Aquella cultura original, sanmartiniana, era expansiva, generosa, fuerte. Pedía DEBERES, no derechos. Salía a dar, no a pedir. Y no a dar dinero. A dar libertad, a dar independencia, a dar la posibilidad de ser libres e independientes aun al costo de nuestra sangre, cuando aún no teníamos ni Estado ni riquezas. Teníamos por cierto la seguridad de los que éramos y.… lo teníamos a San Martín.

Con el tiempo hemos trasegado a una cultura contractiva, egoísta, débil. De una actitud centrifuga ingresamos progresivamente a una centrípeta: a pedir y no a dar. Figuras menores pretenden cambiar nuestra identidad, nuestra ética; lo que no podemos ni debemos cambiar: la cultura y, cobardemente rechazan nuestro decidido ingreso a la civilización del conocimiento que nos obliga a cambiar lo instrumental, para ingresar al mundo con competitividad y a ¨ser¨, en nuestro tiempo globalizado.”  

 

“O sois lo que debéis ser, o no seréis nada”.

 

La “confusión” y la “cobardía”.

Cuando los dirigentes de un país ingresan en “confusión conceptual”, la sociedad ingresa a una grave “decadencia”. Pierde el rumbo de su destino. Desde nuestro punto de vista ¿cuál ha sido la confusión de nuestra dirigencia? ¿Cuándo “se jodió” la Joven Argentina? Nuevamente reiteraremos aquí, lo que decíamos en el año 2002:

“Nuestra cultura y su correspondiente ética política tiene un sostén, que es la religión. Nuestra religión ha resuelto el problema de las relaciones sociales y políticas. Al hombre que va al templo se le dice: “cuando salgas del templo, compórtate en función de estos valores y de estos principios” y ello otorga un buen margen de convivencia de la diversidad, en libertad. Por supuesto que también hay muchos confundidos, que creen que los valores y principios son las modas y, consecuentemente, los cambian o relativizan como si fuesen sombreros. Estos equívocos se pagan muy caros. 

Si en una cultura y en su respectiva ética está la identidad, un cambio en los valores significa una pérdida de soberanía. En las últimas décadas la relativización de nuestros valores, principios, tradiciones y arraigo en la confusión intelectual provocada por cierta modernidad o moda trajo el malentendido entre “la continuidad y el cambio”, que están postergando nuestra capacidad de recuperación.

Lo que debe continuar es la cultura y lo que debe cambiar es la dinámica civilización.

Vivimos una etapa de altísima dinámica de mutación civilizatoria y debemos impulsar a nuestra gente para que ingrese a ese cambio, para ingresar cuanto antes a la etapa “de la civilización del conocimiento”. No hemos podido desarrollar integralmente “la etapa de la civilización industrial”. Hoy, cuando el mundo desarrollado transita la etapa posindustrial, debemos recuperar el tiempo de las décadas perdidas.

Pero, para ello hay una condición inexorable: recuperar lo que no debe cambiar, nuestra identidad cultural”.

Una dirigencia —en crisis— que no ha planteado los objetivos políticos de largo plazo de la Nación Argentina, no tiene nada que defender. Tiene miedo. Quienes tienen qué defender, tienen coraje y éste vence al miedo. Así lo hicieron en el nacimiento de la Patria nuestros dirigentes “cultos y corajudos”. Así lo expresábamos en el 2002 motivados por el escandalosos drama del 2001[2]:

“La Argentina originaria fue la de los “Bravos Granaderos” o la de “Los Infernales de Güemes” que lucharon para dar libertad e independencia sin pedir nada a cambio. ¿Qué es lo que ha cambiado? ¿Dónde están hoy los “tauras” y “malevos” del viejo Buenos Aires?

¿Qué es lo que ha cambiado en aquella Argentina inicial, sin Estado —es decir sin instituciones—, sin economía, con una población dispersa en islotes distanciados, pero fuerte en su identidad cultural, en su ánimo generoso y valiente, en su perfil tradicional hispano-criollo y católico…

Hemos llegado a esta Argentina que no sabe adónde va, que no conoce su destino porque no sabe quién es, con líderes que temen al conflicto y lo niegan en las plazas públicas, al punto de que un reciente Presidente de la República expresó que no teníamos “hipótesis” de conflicto, con lo cual daba por muerta a la Nación Argentina. Solo los muertos no tienen conflictos y nosotros hoy, no solo somatizamos la crisis del año pasado, sino dos posguerras que debieran ser el motor para nuestro renacimiento. Pero estas guerras son negadas u omitidas… Eso es cobardía.

Algo nos ha ocurrido. Algo que no se ve con los ojos del cuerpo, pero que tenemos que percibir, abarcar, comprender… para superar el problema. Debemos atacar a la crisis-decadencia en su raíz, en su origen… en su profundidad y no en sus consecuencias superficiales.

Vivimos los efectos de una crisis prolongada, de una crisis-decadencia cultural-política y de sus consecuencias: una aguda depresión socioeconómica. Indudablemente, son tiempos duros, durísimos. Tenemos miseria en un país naturalmente rico. Desocupados donde todo está por hacerse. Emigración en un país vacío. Hambre en “el granero del mundo”. En un país bendecido por Dios con todos los climas, con montañas, pampas, mares, bosques, con enormes ríos… y con gente hambrienta, durmiendo en las calles.

Un país con Premios Nobel y creador de tecnologías de punta no ha logrado integrar su industria, no se anima a competir…, pide y no da…, siempre culpa a otros de sus desgracias…, de sus propios y gruesos errores inspirados en teorías conspirativas o muertas.

¿Qué nos pasó? Hablamos todo el día de dinero, de desarrollo económico. Nadie habla de desarrollo político, nadie habla de nuestra cultura extraviada. Le dedicamos toda la tinta de los diarios y todos los minutos de la televisión al problema financiero y fiscal y no se aborda el origen de nuestros problemas, sino de sus consecuencias y… reitero, si no corregimos la causa de la crisis, no salimos de la crisis.

La crisis permanente —irresuelta— continuará agravándose constantemente, llevándonos a la disgregación violenta de una sociedad corrompida. Si seguimos mirándonos el ombligo, sin asimilar la triste experiencia que hemos acumulado a través los graves errores cometidos, que no asumimos, difícilmente llegaremos a entender que no hemos “APRENDIDO A APRENDER”, como lo dice la sabiduría china.

¿Qué nos pasó?… De la cultura fuerte, expansiva, generosa, segura de sí misma de aquel tiempo fundacional, de aquellos varones culturalmente Españoles-Habsburgos como quien preside esta sala, el General don José Francisco de San Martín y Matorras, pasamos progresivamente a la cultura débil, contractiva, egoísta y pedigüeña. Pasamos desde la actitud centrífuga a la centrípeta. De pedir deberes a exigir derechos.

Sentada sobre una economía natural intacta, sobre su inmensa riqueza…. vestida con los jirones de sus harapos la Argentina, en las puertas del siglo XXI pide limosna… ¡Y le pide limosna a quien en el mismo día, le niega el voto-sanción a Cuba por los derechos humanos!”

De aquel inaugural y audaz País Tucumanés surgieron patricios-estadistas que hoy necesitamos de regreso:

Juan Bautista Alberdi: el pensador que nos legó la Constitución que interpretaba la síntesis histórica que dictaba la conciencia colectiva de la naciente Argentina. Puso los cimientos de una nueva Nación.

Nicolás Avellaneda: que consolidó a nuestra identidad sincrética a través de la Educación —la formación espiritual equilibrada del nuevo ciudadano— desde el Hogar y la Escuela.

Julio Argentino Roca: que pacificó a la Argentina, activó a las nuevas Instituciones Constitucionales y abrió las compuertas a la civilización, rescatando los elementos positivos de quienes le precedieron en la presidencia. En su segundo mandato triunfó ante el anarco-comunismo que había ingresado a fines del siglo XIX con una Gran Estrategia y nos puso en el umbral de la industrialización, que no supimos integrar. No en vano su figura es el enemigo del progre-revolucionario de nuestros días.

“Para los hombres de coraje se han hecho las grandes empresas”.

 

* Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército Uruguayo. Ha cursado las licenciaturas de Ciencias Políticas, de Administración, la licenciatura y el doctorado en Relaciones Internacionales. Se ha desempeñado como Observador Militar de la ONU en la Línea del Cese de Fuego del Canal de Suez.

Se ha desempeñado como Profesor Titular de Polemología, Estrategia Contemporánea y Geopolítica, en Institutos Militares Superiores y en Universidades Públicas y Privadas. Ha sido conferencista invitado en el país y en el exterior. Ha publicado numerosos artículos sobre su especialidad y cinco libros acerca de la evolución de la situación internacional en la posguerra fría. Actualmente se desempeña como: Presidente del “Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires” (IEEBA), Presidente de la “Academia Argentina de Asuntos Internacionales” (AAAI) y Director del “Instituto de Polemología y Estrategia Contemporánea” (IPEC), de la Universidad Católica de la Plata (UCALP). Es miembro activo de la Asociación Argentina de Derecho Internacional y miembro Honorario del Instituto de Teoría del Estado. 

 

Notas

[1] H. J. Auel. “La Seguridad Estratégica de la Región en el Nuevo Escenario Internacional”. IEEBA, Enero de 2002, www.ieeba.org

[2] H. j. Auel. “En las vísperas de una Segunda Argentina”. IEEBA, 17/04/2002, www.ieeba.org

 

©2021-saeeg®