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LAS SOMBRAS QUE ACECHAN A UN LADO DE LA GUERRA

María Eugenia Álamos*

Los colores de la Bandera de Ucrania aparecen en estos días por todos los medios de comunicación, en distintos programas, documentales, análisis periodísticos y hasta en la ceremonia de los Oscar intentando visibilizar la situación de guerra que atraviesa este territorio.

Imágenes de tanques rusos, soldados ucranianos, ciudades sitiadas y bombardeos nocturnos se suceden incesantemente en la televisión por todo el globo. Con ellas, también enormes flujos humanos de refugiados que escapan improvisadamente del horror de la guerra en medio de frágiles “corredores humanitarios” establecidos por las partes en conflicto como medio de evacuación.

Este éxodo forzoso está compuesto esencialmente por mujeres, niños y ancianos, quienes son excluidos del “llamamiento a defender con armas su tierra” y deben abandonar todo su universo conocido si quieren preservar su vida y la de su familia mientras dure el conflicto.

Más de 3,7 millones de personas han huido de Ucrania desde que comenzó la ofensiva militar rusa el 24 de febrero y, de acuerdo con las estimaciones actuales de Naciones Unidas, es la crisis de desplazamiento humano que más rápido crece desde la Segunda Guerra Mundial[1].

No obstante, hay un murmullo que está empezando a sonar en medio de estos puntos fronterizos agolpados de refugiados y que preocupa cada vez más a las Organizaciones Internacionales que trabajan en puntos de extrema vulnerabilidad: el tráfico de personas.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) señala que las mujeres que llegan como refugiadas a las fronteras “necesitan protección frente a la violencia de género, el abuso y la explotación sexual (…) porque son particularmente vulnerables a ser víctimas de trata y pueden no ser capaces de buscar ayuda de las autoridades estatales para escapar de una situación de explotación”[2].

En los últimos días, han sido denunciados y apresados varios criminales que pertenecen a redes de trata de personas y que están operando en estos corredores humanitarios, aprovechando la situación de desesperación que existe en las caravanas de refugiados compuesta esencialmente por mujeres y niños que no entienden otro idioma que no sea el suyo y no tienen más opciones que confiar en los voluntarios que van encontrando en el camino y les ofrecen algún tipo de ayuda. En la última semana de marzo, fueron apresados dos ciudadanos italianos que se hacían pasar por “voluntarios” de ayuda humanitaria y que estaban intentando secuestrar mujeres ucranianas para sus redes de trata[3].

La precariedad en la que se encuentra todo el recorrido que deben realizar los refugiados que huyen de la guerra posibilita que estas redes actúen con mayor rapidez producto de la falta de organización y vigilancia necesaria en numerosos puntos del camino para preservar la integridad de estas mujeres y muchos niños que escapan solos, sin comprender los idiomas de quienes se acercan a ayudarlos quedando envueltos en situaciones de extrema vulnerabilidad.

Las redes de trata que trabajan en Ucrania no son nuevas; desde los años noventa, con el desmembramiento de la Unión Soviética, la situación social de la población dentro de Ucrania conllevó a una crisis económica que obligó a muchas familias a fragmentarse y migrar para buscar un sustento a futuro. Según un informe de Human Rights Watch (HRW), entre 1995 y 2000 en dos de las principales ciudades de Ucrania, Lviv y Kiev, las tasas de desempleo femenino superaban el 70%[4].

Según el informe de la Comisión Europea, Ucrania también destacaba como el país en el que más tratantes fuera de la UE habían sido detenidos por tráfico de seres humanos entre 2017 y 2018[5]. De esta manera, muchas mujeres, migraron al exterior o quedaron solas dentro de Ucrania, cayendo en redes de trata que se instalaron en la zona captando mujeres y niños para su mercado internacional, llegando incluso a liderar la temida escala de tráfico de personas con el puesto Nº 8 en países con mayor presencia de redes de trata de mujeres en Europa.

Las actividades ilícitas encuentran un punto de ebullición en el contexto de las guerras actuales, por la intensidad de los movimientos que allí se generan y por las características de trauma que poseen quienes escapan o participan en ellas. Es menester de la comunidad internacional, no sólo dar ayuda y cobijo a quienes llegan o atraviesan sus fronteras, sino preservar la seguridad humana de quienes escapan de la muerte.

De esta manera, la Comisión Europea comunicó oficialmente el 2 de marzo de 2022: «A través de una medida histórica, sin precedentes, la Comisión ha propuesto hoy conceder una protección inmediata y general en la UE a quienes huyen de Ucrania. Todas las personas que huyen de la guerra gozarán de un estatuto seguro y tendrán acceso a educación, atención médica y trabajo. Al mismo tiempo, estamos trabajando para facilitar el cruce eficiente de las fronteras para las personas y sus animales de compañía, con los controles de seguridad necesarios. Se trata de un momento de gran presión para nosotros, pero la Unión Europea y todos y cada uno de sus Estados miembros están demostrando sin lugar a duda que estamos dispuestos a pasar a la acción y a mostrar nuestra solidaridad con Ucrania»[6].

Sin embargo, aunque la solidaridad es necesaria, no alcanza para preservar la vida de quienes se encuentran en este momento en situaciones de peligro inminente. No sólo en puntos fronterizos, donde la vigilancia este presente, sino en los caminos espontáneos que toman los refugiados que van orientándose unos a otros, atravesando bosques, montañas, aldeas desoladas o puntos despoblados. Ahí, donde no están presentes los ojos que protegen y vigilan, es dónde los peligros se hacen realidad.

Todos nos hemos conmovido con la imagen del niño ucraniano de 11 años de la localidad de Zaporiyia, en Ucrania central, que recorrió 1.700 kilómetros —1.200 de ellos en soledad— hasta reunirse con unos familiares en Bratislava (Eslovaquia) con sólo una bolsa de plástico, su pasaporte y un número de teléfono escrito en su mano. De acuerdo con la publicación del cuerpo de seguridad eslovaco que lo recibió, el niño “llegó completamente sólo” a Eslovaquia porque su madre viuda y con varios hijos ha tenido que quedarse en la ciudad de Zaporiyia cuidando de la abuela del niño que está inmovilizada.

Para muchos de nosotros, es impensado enviar a nuestros hijos solos en un tren con destino a un país que se encuentra a 1.700 kilómetros de distancia, pero esta historia se replica miles de veces en este momento para quienes están inmersos en situación de guerra. La desesperación es tan fuerte, la necesidad de supervivencia en contextos de incertidumbre nos lleva a situaciones que jamás imaginamos. El niño, en riesgo extremo. La madre, en riesgo extremo también sola en un territorio ocupado a merced de las bombas.

Esta historia, que se viralizó en las redes gracias a los voluntarios que asisten en la frontera, se asemeja a la de otro niño de cuatro años que ingresa a la frontera en Medyka (Polonia) llorando en soledad… Lo hemos visto TODOS, incluso los monstruos que acechan en la oscuridad a la espera de cazar a sus víctimas. Este niño, tuvo suerte (¿?) porque lo recibió un voluntario de Cruz Roja y enseguida lo protegió, pero ¿cuántos niños, niñas y mujeres no tienen la misma suerte desapareciendo del camino sin dejar rastro alguno?

La ayuda es necesaria, la solidaridad en tiempos de guerra. Pero no debemos olvidar que la protección y la seguridad son fundamentales para preservar a quienes huyen de la guerra, desolados, desesperanzados y sin voz, caminando sin saber dónde ir y con lágrimas en los ojos.

El crimen organizado (incluido el tráfico sexual, de órganos y, con frecuencia, el trabajo forzado) no es la única amenaza. Los refugiados también son explotados por individuos. Personas en Polonia, Alemania, Reino Unido y otros lugares han abierto sus hogares a los refugiados, la mayoría con las mejores intenciones. Pero lamentablemente no todos, habiendo actualmente muchas denuncias de mujeres que fueron alojadas por particulares que se ofrecieron a ayudarlas en estaciones de tren y luego terminaron quitándoles el pasaporte para retenerlas y explotarlas[7].

Debemos organizar y extremar sistemas de vigilancia específicos en todo el trayecto humanitario con la finalidad de minimizar todo lo posible la actividad de estas redes criminales que actúan en la oscuridad y convierten en sombras a quienes anhelan vivir en paz.

* Geógrafa (UNLP) y Becaria Doctoral del Programa Argentino Alemán de Intercambio Académico en Estudios Culturales Interdisciplinarios de Europa y América Latina CUAA; Ibero-Amerikanisches Institut von Berlín, Universität Rostock y UNLP. Consultora Externa en Migraciones Internacionales para África, Europa y América en la Organización Internacional para las Migraciones – OIM/ONU. Especialista en Contenidos sobre Derechos Humanos y Defensores del Medio Ambiente en el Instituto Interamericano de Derechos Humanos – IIDH en Costa Rica. Miembro de la Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior – RAICES y la Red de Científicos Argentinos en Alemania (RCAA). Miembro de la SAEEG.

Referencias

[1] Lola García. “El desgarrador llanto de un niño al abandonar Ucrania y entrar en Medyka (Polonia) | Vídeo”. El Periódico, 09/03/2022, https://www.elperiodico.com/es/internacional/20220309/nino-llora-entrar-medyka-polonia-refugiado-ucrania–dv-13346287

[2] Noemí López Trujillo. “Tráfico de mujeres ucranianas: el riesgo de que las refugiadas sean captadas para la explotación sexual”. Newtral.es , 26/03/2022, https://www.newtral.es/trafico-mujeres-ucranianas-redes-trata/20220326/.

[3] Katya Adler. “Rusia y Ucrania: los traficantes que se hacen pasar por falsos voluntarios para captar refugiadas ucranianas”. BBC News, 28/03/2022, https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60895320

[4] Ídem.

[5] “Ucrania: la Comisión propone la protección temporal para las personas que huyen de la guerra en Ucrania y directrices para los controles fronterizos”. Comisión Europea (Representación en España), comunicado de prensa, 02/03/2022, https://spain.representation.ec.europa.eu/noticias-eventos/noticias-0/ucrania-la-comision-propone-la-proteccion-temporal-para-las-personas-que-huyen-de-la-guerra-en-2022-03-02_es

[6] Ídem.

[7] Katya Adler. Op. cit.

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DOS DÉCADAS DE IMPACTOS GEOPOLÍTICOS

Alberto Hutschenreuter*

Llevamos apenas poco más de dos décadas en el siglo XXI y ya atravesamos impactos geopolíticos mayores, es decir, disrupciones internacionales desestabilizantes con base o características político-territoriales.

No deberíamos sorprendernos: hace un siglo, la política internacional ya había experimentado la guerra ruso-japonesa, el caos en los Balcanes, la gran catástrofe de 1914-1918, el desafío que implicaba para los países el establecimiento de un régimen revolucionario en Rusia, el derrumbe de cuatro imperios, y el gran desafío que suponía construir un orden internacional tras una guerra (además de una pandemia que causó 50 millones de muertos).

A partir de allí, casi todo el siglo XX estuvo signado por la geopolítica, al punto que, parafraseando una de las principales obras del gran Raymond Aron, fue “un siglo de geopolítica total”: comenzó con una pugna relativa con territorios entre Rusia y un ascendente Japón, y acabó con el gran desplome político-territorial del siglo, la desaparición de la Unión Soviética.

¿Será el siglo XXI otra centuria de geopolítica total? Seguramente, aquellos que conceden a los “nuevos temas” (robótica, redes digitales, inteligencia artificial, comercio, “blockchain”, movimientos y relaciones sociales interestatales, informática, genética, “vida 3.0”, etc.) un lugar de cambio de la historia relativizan la relevancia de la geopolítica (como también de la anarquía internacional y su “regulador”, la guerra), del mismo modo que lo hicieron aquellos que en los noventa vieron el comercio, la tecnología y la globalización como realidades superadoras de los fenómenos internacionales fragmentadores.

Pues bien, ojalá les acompañe la razón y el mundo finalmente marche hacia un auténtico orden mundial-aldeano basado en la confianza, la cooperación y la justicia internacional. Nada amparará más a la humanidad frente a las disrupciones o grandes apagones estratégicos que una configuración u orden internacional, esto es, un régimen de convivencia entre estados que (como nos sugiere la experiencia) más nos aproximará a aquello que denominamos paz.

Pero los hechos internacionales vividos en estas dos décadas del siglo XXI no nos permiten demasiado suponer que nos encontramos relativamente próximos a un ancla que sujete las relaciones internacionales a ese bien público mundial que es el orden.

Tampoco podemos asegurar que será otro siglo de geopolítica integral. Pero hasta hoy los acontecimientos con base en el factor geopolítico han sido categóricos. Volviendo a Aron, para este autor los órdenes internacionales son órdenes territoriales. Podríamos decir, por tanto, que los desórdenes internacionales implican desórdenes territoriales.

En este sentido, el siglo XXI se inició con un acontecimiento geopolítico mayor: el ataque perpetrado por el terrorismo transnacional sobre el territorio más protegido del planeta, Estados Unidos. El ataque implicó un notable cambio en la naturaleza geopolítica de este actor fáctico o no estatal, es decir, el terrorismo el 11-S alcanzó su mayor resultado desde que en los años noventa abandonó su territorio clásico de acción, el norte de África y Oriente Medio, para proyectarse a cualquier parte del mundo, particularmente al territorio y dominios del por entonces poder predominante del mundo, Estados Unidos, como así a otros sitios apóstatas.

De modo que, si por geopolítica consideramos intereses políticos volcados o proyectados sobre determinados territorios con propósitos relativos con la obtención de ganancias de poder, el ataque el 11-S fue resultado, ante todo, de un cambio de escala en el sentido o nuevo rango territorial de un fenómeno no estatal.

Pero también el siglo XXI comenzó con la ampliación de la OTAN, un hecho de fin de la década del noventa, aunque acaso fue, por lo que ha sucedido después, el primer acontecimiento del nuevo siglo.

La ampliación de la Alianza Atlántica hacia el este y el sur de Europa en términos prácticamente indefinidos explica, en gran medida, la guerra en Ucrania y el estado de “no guerra” entre Rusia y Occidente, pues el acercamiento de la OTAN a la frontera rusa y la ambigüedad de Bruselas en relación con las demandas de Kiev de sumarse a la cobertura política-militar disparó lo que en Rusia denominan “medidas contraofensivas de defensa”, consideradas por el Kremlin ante amenazas externas como la aproximación de alianzas militares a sus fronteras o situaciones internas en las ex repúblicas que puedan afectar el interés nacional de Rusia (dichas amenazas se encuentran en los documentos relativos con la concepción estratégica rusa).

Sin duda que Rusia transgredió el derecho internacional al invadir Ucrania, y hoy se registra en ese país y en los países vecinos de Europa del este un serio descenso de la seguridad humana, e incluso aumentó el riesgo en el nivel de la seguridad estratégica; pero si no se considera que la ampliación indefinida de la OTAN supone la ruptura de la concepción de seguridad indivisible, pues Occidente pretende incrementar su seguridad en detrimento de la seguridad de Rusia, un actor de más alta sensibilidad territorial que cualquier otra potencia preeminente, se deja de lado la clave (básicamente geopolítica) para comprender esta innecesaria crisis y guerra.

Más allá de las advertencias que reputados expertos en Occidente realizaron cuando la OTAN comenzó a extenderse, recientemente analistas y personalidades en Estados Unidos y Europa han remarcado que la situación actual fue resultado de lo que podemos denominar “transgresiones estratégicas y geopolíticas” por parte de Occidente. Por caso, Thomas Friedman prestigioso analista estadounidense, ha sostenido que “Esta es la guerra de Putin, pero Estados Unidos y la OTAN no son enteramente inocentes”. El analista cita largamente a George Kennan, quien en 1998 advirtió que la ampliación de la OTAN era un error estratégico. Por su parte y más recientemente, Javier Solana, ex secretario general de la OTAN (1995-1999) y Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE (1999-2009), sostuvo que “vivimos las consecuencias de sugerir que Ucrania entraría a la OTAN”.

El ascendente político-territorial es tan fuerte en esta cuestión que ha conmocionado al mundo, que la única posibilidad de lograr un cese de fuego en Ucrania radica en la renuncia de Kiev a ser (eventualmente) parte de la OTAN, es decir, alguna forma de neutralidad o neutralización político-territorial del país que elimine toda posibilidad de que Rusia limite al oeste con fuerzas y capacidades de la OTAN.

Por supuesto que desde comienzos de siglo y hasta hoy hubo otros numerosos hechos y nuevas situaciones de cuño eminentemente geopolítico, por caso, el establecimiento de Estados Unidos en la zona del Golfo Pérsico cuando en 2003 desplegó capacidades para luchar contra el terrorismo; la proyección de Rusia hacia el Ártico; el impulso de China a través de la “tierra orilla” del sur de Asia y de la masa terrestre de Asia central; la relocalización del terrorismo en zonas de África; la pugna entre las potencias medias regionales en Siria; la reafirmación territorial de los estados en tiempos de la pandemia; la creciente relevancia del territorio virtual como nueva dimensión de la geopolítica; la nueva fase del “imperialismo de suministros”; los crecientes requerimientos de materias primas por parte de la nueva “industria limpia” y las nuevas tecnologías; la posible emergencia de “custodios” de territorios sensibles para el mundo; las alteraciones geográficas con fines relativos con el poder; la creciente importancia de la “geopolítica popular” (que incluye el papel de medios y otros modos de cultura popular); el avance en materia de “geopolítica subterránea” o “vertical”, etc.

Prácticamente, dos décadas de “geopolítica total”. Pero, además, los estudios relativos con escenarios (realizados antes de la actual guerra en Ucrania) son bastante preocupantes. Por ejemplo, el último Informe del Foro Mundial relativo con los “Riesgos globales 2022” y más allá es altamente preocupante en relación con lo que podría aguardar a la humanidad. https://www.weforum.org/reports/global-risks-report-2022

Desde nuestro campo de estudio, la geopolítica prácticamente domina los temas del informe, que remarca la temática medioambiental como el segmento de mayor preocupación. Pero hay dos territorios no menos inquietantes en relación con lo que podría suceder en ellos: ciberespacio y el espacio exterior.

Respecto del primero, se estima que los ataques en territorio digital se multiplicarán sensiblemente en los próximos años. Las acometidas implican las relaciones entre estados, pero también el comercio electrónico. Se considera que para 2024 el valor global del comercio digital ascenderá a 800.000 millones de dólares, es decir, como advierte el analista de “World Politics Review” Stewart Patrick, habrá una mayor superficie para ataques.

En cuanto al segundo, se teme que pueda suceder una crisis en el espacio exterior, “territorio” que ha adquirido enorme relevancia como consecuencia de la cantidad de satélites en órbita. Se estima que en los próximos veinte años podría haber 70.000 satélites, tráfico que expande las posibilidades de incidentes, pero también abre posibilidades para la denominada guerra asimétrica. Asimismo, como bien advierte el autor citado, los marcos regulatorios que existen para el espacio exterior son hoy insuficientes para cuestiones como la explotación de recursos en dicho “territorio”.

Concluyendo, podemos observar tres impactos geopolíticos en poco más de dos décadas. Pero, además, hay otras muchas realidades y situaciones nuevas que responden a la lógica que asocia política, territorio y poder. No sabemos si será otro siglo de “geopolítica total”, pero hasta ahora, la geopolítica, que nunca se fue, mantiene un protagonismo categórico.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

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EL CHOQUE DE LAS CULTURAS EN 2022

Heriberto Justo Auel*

Imagen de azazelok en Pixabay

“Las líneas divisorias entre las culturas serán los frentes de batalla del futuro» (1)

S. Huntington

 

1) “La cultura es lo que importa”. (2)

2) La “Tercera Roma” y sus guerras híbridas. (9)

3) Las guerras asimétricas – híbridas – limitadas de Putin. (13).

 

1) “La cultura es lo que importa”. (2)

Cuando finalizó la última guerra mundial —llamada “Guerra Fría”— en 1989/1991 se inició una posguerra caracterizada por la “confusión” de los intelectuales dedicados al seguimiento de la situación estratégica internacional. Hubo varias predicciones. Quien estuvo más cerca de los acontecimientos bélicos que advenían fue S. Huntington, en una publicación —1993— aparecida en la prestigiosa revista “Foreing Affairs” (1): “las líneas divisorias entre las culturas serán los frentes de batalla del futuro”.

Allí se encuentran hoy —24/02/2022— casi treinta años después, Oriente y Occidente —en sus “líneas de borde”— en las preliminares de la batalla de una predecible guerra que será —probablemente— la más importante desde la II Guerra Mundial. No hemos dicho Este y Oeste, como le llamábamos a la confrontación ideológica de la Guerra Dría. En Ucrania se encuentran hoy con violencia dos culturas: la Occidental y la Oriental, aunque la etnia sea común.

Huntington, ocho años después de aquella publicación del año 2001 —cuando comenzaba la nueva guerra mundial “Contraterrorista Global”— publicó un nuevo libro (2) con un subtítulo sugestivo, que enriqueció su tesis anterior: “Cómo los valores dan forma al progreso humano”. Los “valores” corresponden al campo la cultura y el “progreso humano” al de la civilización.

Esta aclaración es central para evitar nuevos desatinos en la “profunda crisis generalizada” y en los “estados de guerra” que nos abarcan a los argentinos.

Decíamos hace unos meses (3): “La reciente y desastrosa retirada de EE.UU de Afganistán —que huele a derrota— traerá muchas consecuencias para Occidente y en particular para la UE. China que —somatiza serios problemas internos— no dejará de explotar al máximo esta retirada. El ISIS, Al-Qaeda y los Talibanes recibieron el inesperado regalo de un “santuario” rico en minerales y drogas, en plena “Isla Mundial”.

El mundo “talasocrático” demostró no comprender la complejidad de su opuesto mundo “telurocrático”, no abarcó la complejidad de la guerra mundial en acto y menos aún a la pugna por la supremacía mundial”. Se mantuvo muy cerca de Venus y cada vez más lejos de Marte y olvidó el sabio consejo de Vegetius —S. IV d. C.—: “si quieres la Paz, ármate para la guerra”.

Desde nuestro punto de vista dirigentes occidentales culturalmente poco formados han cometido graves errores de apreciación geopolítica y han acometido decisiones políticas y estratégicas totalmente equivocadas e inoportunas. Quienes hayan estudiado los recientes discursos del ex KGB son conscientes del desprecio que siente —el tirano presidente ruso— por una Europa que abandonó su identidad fundacional como núcleo fundador del Occidente Cristiano.

El Estado de Bienestar y la 4ta Internacional en los sesenta y la progresía amoral de los ochenta, llevaron a una Europa —autodestruida en sus guerras civiles— a la actual situación de impotencia frente a los desafíos de la hora. Ya el 28/11/2007, en el Nro. 1039 de Libertad Digital, los europeos demostraban ser conscientes de su situación, pues decían:

Putin ha gruñido. El oso ruso una vez más pone en evidencia su crónica sensación de vulnerabilidad. Demasiada frontera para un estado tan frágil. Pero hay más. Rusia no ha aceptado nunca la desintegración de la Unión Soviética y, por lo tanto, el que las antiguas repúblicas populares se hayan ido integrando en la Unión Europea y la OTAN. El paso dado por Polonia y Chequia va más allá de ser miembro de la Alianza Atlántica, supone, como en el caso del Reino Unido, una opción estratégica en el medio y largo plazo para formar parte del dispositivo de seguridad norteamericano. Eso molesta y mucho en Moscú”.

Aun así, la UE y la OTAN nunca lograron organizar su propia fuerza de Defensa. Cuando Trump llegó a la presidencia les quitó los fondos para su Seguridad y retiró a las tropas adelantadas en la UE. Hoy los EE.UU. de un debilitado Biden no enfrentarán militarmente a un conductor decidido, que acaba de ganar el “juego de la gallina” (4) con Washington. Recurrirá —a lo sumo— al “soft-power”, por varias causas.

La guerra civil en Ucrania no podrá escalar a guerra nuclear internacional, pero además allí está presente el moderador estratégico de Putin, XI Jinping —“asociado estratégico de coordinación global”— que seguramente asumirá su rol de gran potencia en ciernes —controlando a una guerra asimétrica/híbrida/limitada— que retiene el peligro de una eventual escalada que obstaculizaría a su macro maniobra geopolítica mundial.

China y Rusia —el Oriente telurocrático— actuando de consuno podrían lograr una victoria militar limitada que supere las sanciones económicas internacionales —a mediano plazo— reteniendo sus objetivos geopolíticos y estratégicos locales en la confrontación por el poder hegemónico con el Occidente talasocrático en pleno desarrollo en la última década, con manifiesto sigilo de las partes. Crimea/Sebastopol es el objetivo central.

Al presidente chino “no le preocupa la confrontación de las “autocracias Vs. democracias” —como a Biden—. Centralmente le preocupa y ocupa el poder imperial chino en ascenso” (5).

Ucrania —dentro de la Geopolítica clásica— fue una pieza fundamental de la “Isla Mundial” y de la “Tierra Corazón” de McKinder y los actuales líderes europeos ¿no lo saben? (6). Hoy, aquel valor geopolítico histórico se ha transferido al campo de la situación estratégica internacional. Es una valoración de otra naturaleza.

Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, al solicitar su riesgoso ingreso a la UE y a la OTAN, demostró carecer de inteligencia estratégica exigida por las circunstancias regionales. Otorgó una oportunidad a Putin. Luego de la implosión soviética y del ingreso de países del ex Pacto de Varsovia a la UE y a la OTAN, el valor de Ucrania —como glacis estratégico de la Federación Rusa— cobró una revalorización exponencial. Es imposible que Kiev lo ignorara y que confiara en la Europa “progre”, que hoy lo ha dejado solo.   

A ello se suma que los burócratas de Bruselas parecieran ignorar que toda Política Exterior debe tener un correlativo apoyo de fuerza. De lo contrario, tal como hoy lo estamos comprobando, la UE “farolea” (7).

La lección en curso ¿será suficiente para los “pacifistas” del Norte y para los nuestros? —que aquí son aún más abundantes y torpes—. La oportunidad para los asiáticos estaba servida: la debilidad de Biden y el invierno de la UE. Dieron el paso, largamente planificado. El vecindario buscará evitar el efecto dominó y allí estará presente el coeficiente de la paciencia oriental.

Xi Jinping ha perforado el “Corolario Spykman de la doctrina McKinder” con la “Ruta y la Franja de la seda” y homologa simultáneamente al corolario cerrando sobre Occidente su propio “shatterbelt” creando “la tierra orilla externa” —que abarca a Iberoamérica— con sus inversiones y alguna presencia.

Tartufo —que como estadista demuestra día a día que no pasa de ser un abogado “ave negra” (8)— se equivocó de capital: su ofrecimiento como “puerta de entrada” era para Beijing, no para Moscú. Putin no tiene espalda para responder a semejante propuesta inaudita. Tartu ¿no le extrañó la mirada que le destinó el dueño de casa? Ud. siga apostando: alguna vez tendrá un acierto. Entérese: para Vladimir, Ella —la Jefa—, solo le reserva YPF.

2) “La “Tercera Roma” (9) y sus guerras híbridas (10).

En 1918 Oswald Spengler publicó “La Decadencia de Occidente”. Revisó este volumen en 1922 y publicó además un segundo, titulado “Perspectivas de la historia mundial”, en 1923. Spengler presentaba la Historia Universal como un conjunto de culturas —Antigua o Apolínea, Egipcia, India, Babilónica, China, Mágica y la Occidental o Fáustica— que se desarrollaban independientemente —unas de otras— pasando a través de un ciclo vital compuesto por cuatro etapas: Juventud, Crecimiento, Florecimiento y Decadencia, como el ciclo vital de un ser vivo que tiene un comienzo y un fin determinado.

Con base en este esquema y aplicando un método que él llamó “morfología comparativa de las culturas”, proclamó que la cultura occidental se encontraba en su etapa final, es decir, en la decadencia y afirmó que era posible predecir los hechos por venir en la historia del Occidente.

El 13/05/2004 —en la Biblioteca del Senado Italiano— el Cardenal Ratzinger despedía a los representantes que concurrían a Bruselas para votar por la aprobación o rechazo de la nueva Constitución —giscardiana— de la UE. Historió la prolongada decadencia de Occidente y señaló: “los europeos se odian a sí mismos”, “tienen su alma marchita”.

En dicha Constitución, la UE “arrojaba a Cristo por la ventana”. Dos años después, Jürgen Habermas —de la “Escuela de Frankfurt”— enfrentaba al Cardenal por TV en Ratisbona, sosteniendo que la Fe y la Razón eran incompatibles.

En simultáneo con estos hechos de una Europa “transculturizada” —cuya descomposición moral tenía su epicentro a las Universidades— y transitaba —en su segunda posguerrra— desde el “existencialismo” hasta el “nihilismo”, Vladímir Vladimirovich Putin —desde el año 2000— nuevo líder de la Rusia postsoviética, rescataba los símbolos de la “Gran Madre Rusia” (10) y ponía a su lado al Jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, a quien le devolvía más de cincuenta templos —que los bolcheviques habían transformado en depósitos—.

Volvía a existir la “Tercera Roma”, mientras la UE demolía a la “Primera Roma”.

Europa, además de expresar un preciso concepto geográfico, es también un concepto cultural: la espiritualidad cristiana, la filosofía griega y el derecho romano. La UE de la 4ta Internacional —tan cerca de Venus— con su antropología racionalista se apartaba de la Fe, olvidando que la religión es el sostén permanente del SER, de la identidad, de la pertenencia a un agrupamiento humano: de su cultura.

Rusia es el país más extenso del mundo y en esta enorme geografía la cultura europea llega hasta los Urales —allí está la “Tercera Roma”— más allá Rusia es asiática, es la infinita Siberia, nexo cultural y geográfico con la China Imperial de Xi. ¿Hay un Vladimir europeo y otro asiático?

En principio diremos que en sus discursos demuestra entender la fuerza superior del SER espiritual. Mientras Europa Occidental busca el “bien-estar”, él desea restablecer la espiritualidad de la “Gran Madre Rusia” sobre los escombros de la URSS implosionada.  Napoleón decía: “Hay en el mundo dos poderes. La espada y el espíritu. El espíritu siempre ha vencido a la espada”. Hoy el moscovita lo comprueba en las calles de Kiev. Los ucranianos —pueblo de cofín— luchan por su SER. No olvidan el Holodomor (11) de 1932.

Putin nació en San Petersburgo y por lo tanto es ruso-europeo. Conoce y estudia profundamente a la UE. Como presidente de toda Rusia —en el 2022— está más cerca de Beijing que de Bruselas. Por formación conoce al “meridiano de poder de Haushofer” en su desplazamiento hacia el este —sobre el océano Pacífico— y participa de la macro-maniobra imperial china (12). Paso a paso ha buscado restablecer la “grandeza” perdida de Rusia y de su propio poder. Ello se objetivó en su guerra de los “cinco días”  —2008— en Georgia. Abjasia y Osetia se desprendieron e independizaron, reteniendo “fuerzas pacificadoras” rusas.

En 2014 cayó en Ucrania el presidente pro ruso Yanukovich, quien había suspendido la negociación con la UE sobre un acuerdo de libre comercio. Meses después rusos parlantes de Crimea/Sebastopol se levantaron contra Kiev. Un amañado referéndum terminó por desprender esta región de Ucrania, que se incorporó al territorio ruso. Inmediatamente dos enclaves pro rusos —Donetsk y Lugansk— derrotaron a las fuerzas ucranianas y dieron lugar a los Acuerdos de Minsk I y II. Fue cuando —según el presidente Zelenski— la UE le prometió su incorporación a dicha alianza y se creó el leitmotiv de una operación política ejecutada con fuerza. En todos estos conflictos Moscú ejercitó operaciones de Guerra Híbrida.

3) Las guerras asimétricas – híbridas – limitadas de Putin. (13).

En el ensayo de marras (13) citábamos al Cnl Á. J. A. García —del IEEE— que decía:

“Al mundo occidental se le acaba el tiempo. A pesar de que en la actualidad la tecnología más puntera, las mayores empresas, las mejores universidades, los ejércitos más potentes y las mayores fortunas siguen en el lado occidental, principalmente en Estados Unidos, la balanza se está invirtiendo rápidamente”. 

Entendemos que es en este encuadramiento internacional en el que actúa Putin, particularmente desde el año 2014. Dispone para sus propósitos estratégicos fundamentalmente de dos recursos: el gas y sus FF.AA., que incluyen un arsenal nuclear similar al de Estados Unidos.

Su recurso en gas abastece a la UE —entre el 41 y el 65 % de su consumo—. Moscú ha jugado con la llave de paso para ajustar su precio, pero actualmente sería la UE quien podría romper los contratos de compra y afectar seriamente a la economía rusa. China puede ser el consumidor que la reemplace, si bien esta alternativa llevará su tiempo. Un indicio peligroso del caso ha sido el bloqueo a la certificación del gasoducto en construcción “Nord Stream 2” por parte de Alemania, cuando Moscú reconoció a la República de Donbás.

Las FF.AA. de la Federación Rusa son consideradas las segundas más poderosas del mundo, detrás de las fuerzas estadounidenses y las más potentes de Europa.​ Las FF.AA. de Ucrania no alcanzan a un tercio de sus capacidades y carecen de poder nuclear. Sin embargo, Putin ha tenido que apelar tempranamente al alistamiento de las Fuerzas Nucleares, debido a la actitud ucraniana y a los apoyos internacionales que recibe Kiev, constantemente. Los rusos se encontraron en 2022 con un “pueblo en armas”, situación impuesta por su asimetría con Ucrania.

Cuando se produjeron los primeros hechos bélicos en el este de Ucrania y en Crimea —2014—, la comunidad occidental se sorprendió, no solo por lo que los rusos hicieron sino también por cómo lo hicieron, ya que sus acciones no encajaban en ninguno de los conceptos occidentales sobre los conflictos armados contemporáneos.

La popularización del término “guerra híbrida” se puede atribuir al teórico militar estadounidense Frank Hoffman quien, en su famoso “Conflicto en el siglo XXI”, hizo un intento de conceptualizar la evolución del entorno del campo de batalla, que trasciende la comúnmente división lineal aceptada entre tipos regulares e irregulares de guerra.

Hoffman argumentó que “el desenfoque de los modos de guerra, el desenfoque de quién lucha y con qué tecnologías se llevan a cabo, produce una amplia gama de variedad y complejidad llamada guerra híbrida”.

Según Mason Clark —en septiembre de 2020—“el ejército ruso define una guerra híbrida como un esfuerzo de nivel estratégico para dar forma a la gobernanza y a la orientación geoestratégica de un estado objetivo, en el que todas las acciones, incluido el uso de fuerzas militares convencionales en conflictos regionales, están subordinadas a una campaña de información”.

Y agregaba: “El marco de la guerra híbrida rusa incluye específicamente el uso de operaciones militares convencionales y carece de un límite entre las operaciones de representación ‘negables’ y la desinformación, por un lado y el conflicto convencional, por el otro” (14).

El Comandante de las FF.AA. rusas, Grl Valery Gerasimov —autor de la doctrina que lleva su nombre— en un artículo de 2013 expresaba: “En el siglo XXI hemos visto una tendencia a desdibujar las líneas entre los estados de guerra y los de paz. Las guerras ya no se declaran y, una vez comenzadas, proceden de acuerdo con un patrón desconocido”.

Decíamos hace unos meses (15): Las “guerras hibridas” son un natural derivado de las “guerras asimétricas”. Son un recurso del débil frente al fuerte. En 2006 las empleó el Hezbolà frente a Israel, en 2014 lo hizo el Dáesh, también Rusia en su intervención en Ucrania o China en la construcción de islas artificiales en el Mar de China Meridional, de modo que recientemente se popularizaron en el ámbito de la seguridad internacional.

En lo que se refiere a la guerra “limitada” —como lo fue la del Atlántico Sur en 1982— se trata de una condición que impone el agresor —en lo que hace a espacios y medios— y que exige a nivel Comando y Control de las partes equipos altamente adiestrados para conducir a las fuerzas, regulando su ritmo e intensidad según evolucionen las negociaciones abiertas, simultáneamente, con o sin intervención de terceros. Lo opuesto es la “guerra total”, en ella la negociación no existe. Putin negocia con Zelenski en Bielorrusia, luego de comprobar que el “comediante” es un soldado. Ahora veremos si los Comandos y Controles funcionan en Moscú y en Kiev. Pese a nuestra experiencias recientes, nuestra Seguridad Estratégica está a “años luz” de esas posibilidades.

Como “no hay mal, que por bien no venga”, es oportuno que dos europeos de otro tiempo les recuerden a los europeos de hoy y a sus apéndices americanos, dos buenos consejos: uno de Vegetius —S IV d.C.— -que ya hemos citado más arriba y otro de Séneca —S. I d.C.— “Peor que la guerra, es tenerle miedo a la guerra”.

 

“Las líneas divisorias entre las culturas serán los frentes de batalla del futuro»

 

A Ella y a Tartufo queremos recordarles que somos argentinos: hispanos /criollos/católicos, es decir, no somos del Oriente-Asiático —ni chinos, ni rusos—. Somos Occidentales Cristianos y estas categorías no son camisetas de futbol. Son identidades culturales. Y

LA CULTURA ES LO QUE IMPORTA

 

* Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército Uruguayo. Ha cursado las licenciaturas de Ciencias Políticas, de Administración, la licenciatura y el doctorado en Relaciones Internacionales. Se ha desempeñado como Observador Militar de la ONU en la Línea del Cese de Fuego del Canal de Suez. Comandó tropas de llanura, montaña, aerotransportadas y mecanizadas.

 

 

Citas y aclaraciones

(1) S. Huntington. “El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”. Foreing Affairs -1993- y Ed. Planeta -1996-.

(2) S. Huntington y L Harrison. “La cultura es lo que importa”. Ed. Planeta . 2001.

(3) H. J. Auel. “La cultura, la civilización y la guerra: continuidad y cambio”. Diciembre de 2001. www.ieeba.org

(4) El juego de la gallina: es una competición de automovilismo o motociclismo en la que dos participantes conducen un vehículo en dirección al del contrario; el primero que se desvía de la trayectoria de choque pierde y es humillado, por comportarse como un gallina.

(5) H. J. Auel. “La cultura, la civilización y la guerra. Para entender la real naturaleza de la ´grieta´.”Septiembre de 2021, www.ieeba.org

(6) H. J. Auel. “Absoluta prioridad en el año 2023: la recuperación del Estado Institucional”. Febrero 2022, www.ieeba.org

(7). Farolear: Presumir, fanfarronear o darse importancia haciendo o diciendo cosas exageradas y presuntuosas.

(8). Abogado ave negra: (o cuervos) son sinónimos que en la jerga aseguradora se refieren a abogados que viven de estafar a víctimas de accidentes de tránsito o laborales.

(9). La “Tercera Roma”: No habían transcurrido unas pocas décadas desde la Caída de Constantinopla a manos del Imperio Otomano —el 29 de mayo de 1453— cuando ya algunos nominaban a Moscú como la «Tercera Roma», o la «Nueva Roma«.​ Las raíces de este sentimiento comenzaron a gestarse durante el reinado de Iván III, quien había contraído matrimonio con Sofía Paleóloga. Sofía, sobrina de Constantino XI, el último soberano de Bizancio, e Iván podían reclamar ser herederos del derrumbado Imperio Bizantino (o Imperio Romano de Oriente) la “Segunda Roma”. Esa idea Imperial permanece.

(10). Gran Madre Rusia: Todos los pueblos rusos, incluyendo kazajos, tayikos, ucranios, bielorrusos, etc. sienten bajo la piel la pertenencia de esa etnia regional.

(11). Holodomor: palabra ucraniana que significa «matar de hambre». El programa diseñado por el Estado soviético en 1932 tuvo una doble finalidad: eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a las colectivizaciones forzosas de sus tierras, sobre todo a los kulaks, pequeños propietarios de tierras y ganado y, reprimir cualquier síntoma de rebrote del nacionalismo ucraniano que se defina como proeuropeo y/o anti-Moscú.

(12). H. J. Auel. La geopolítica del “virus chino”. Mayo de 2020, www.ieeba.org

(13). H. J. Auel. “Las guerras híbridas en el ámbito de una nueva guerra mundial”. Abril de 2021, www.ieeba.org

(14) “El manual bélico de Vladimir Putin: qué es la “guerra híbrida”, y por qué se cree que podría ser la estrategia rusa en Ucrania”. Infobae Digital, 22/02/2022.

(15). H. J. Auel. La amenaza híbrida en la “quinta campaña”. Julio de 2020, www.ieeba.org