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RUTAS MARÍTIMAS PETROLERAS

Giancarlo Elia Valori*

  1. Las formas de envío de petróleo

Hay tres tipos de clasificación de envío de petróleo. El primero es de acuerdo con la forma en que opera el barco, incluidas las rutas regulares y no programadas. Las rutas regulares (programadas) se utilizan principalmente para transportar mercancía general y se refieren a barcos específicos. Van a puertos específicos en fechas fijas y operan actividades de pasajeros y carga a tarifas de flete estándar. Las rutas no programadas se refieren a rutas seleccionadas temporalmente en función de las necesidades de transporte de mercancías. Los buques, los horarios de navegación y los puertos de escala no son fijos. Estas son rutas que operan principalmente actividades de transporte de carga a granel y de bajo costo.

El segundo tipo se basa en la clasificación por distancia, incluidas las rutas oceánicas y costeras. Las rutas oceánicas se refieren a rutas marítimas de larga distancia y barcos que cruzan los grandes mares desde el Lejano Oriente hasta Europa y las Américas y viceversa.

El tercer tipo se basa en clasificar según la navegación, incluidas las rutas del Atlántico, el Pacífico, el océano Índico y las rutas globales como tales.

  1. Rutas de hidrocarburos

Aquí están las principales rutas de envío de petróleo.

Asia Occidental (Estrecho de Ormuz) – Mar Arábigo – océano Índico – estrecho de Malaca / estrecho de Lombok (60 kilómetros de largo, 40 kilómetros de ancho y 250 metros de profundidad) – Países de Asia Oriental (República Popular China, Japón, Corea del Sur, etc.). Los mayores flujos marítimos provienen del petróleo crudo de Oriente Medio en el Golfo Pérsico. Esta ruta es la mejor manera para que los países de Asia Oriental importen petróleo crudo.

I. Asia Occidental (estrecho de Ormuz) – mar Arábigo – océano Índico – África Oriental – Estrecho de Mozambique – Cabo de Buena Esperanza – Océano Atlántico – Europa Occidental / Costas Orientales de las Américas. La profundidad del agua a lo largo de la ruta prácticamente no tiene restricciones en el tipo de barcos y tanto los superpetroleros (Very Large Crude Carriers) como los mega-petroleros (Ultra Large Crude Carriers) pueden navegar libremente.

II. Golfo Pérsico – estrecho de Ormuz – mar Arábigo – golfo de Adén – Bāb al-Mandab – mar Rojo – canal de Suez – mar Mediterráneo – estrecho de Gibraltar – océano Atlántico – norte de Europa – costa este de América del Norte. A diferencia de la segunda ruta mencionada anteriormente, esta tiene un tiempo de envío más corto, pero debido al poco calado del Canal de Suez, es difícil que pasen barcos grandes y la capacidad de carga es relativamente pequeña.

III. Mar Mediterráneo del norte de África – estrecho de Gibraltar – Países del norte de Europa (Amberes, Rotterdam, etc.). El petróleo crudo de Libia y otros países del norte de África se transporta principalmente a lo largo de esta ruta.

IV. Ruta atlántica a Europa Occidental y América del Norte.

V. África Occidental a través del cabo de Buena Esperanza a los países de Asia Oriental.

VI. África Occidental – estrecho de Malaca – estrecho de Taiwán – China continental. Esta ruta se utiliza para transportar petróleo crudo desde Angola, Nigeria y otros países de África Occidental a China.

VII. Ruta del Caribe: América Latina – canal de Panamá – costa americana del Atlántico Norte.

VIII. Ruta desde el Mar del Norte y América del Sur a China, a través del Cabo de Buena Esperanza.

IX. La costa este de las Américas cruza el océano Atlántico, rodea el cabo de Buena Esperanza y se dirige a los países de Asia Oriental; la costa oeste cruza el océano Pacífico y se dirige a Asia.

X. Ruta desde el sudeste asiático hasta el este de Asia. Esta ruta es principalmente para el transporte de corta distancia. Los buques utilizados son principalmente buques tanque Panamax (buques cuyo tamaño les permite pasar por las esclusas del Canal de Panamá).

  1. Los bastiones geopolíticos de estrechos, canales y canales

Las fortalezas petroleras estratégicas de transporte marítimo son una parte importante de la seguridad energética y geopolítica mundial. Echemos un vistazo más de cerca a ellos.

  1. El estrecho de Ormuz se encuentra entre Omán e Irán, conectando el golfo Pérsico, el golfo de Omán y el mar Arábigo (30 kilómetros de ancho, con una profundidad media de 80 metros). Es una de las rutas más importantes del mundo. En 2020, registró un volumen de comercio de petróleo de 18 millones de barriles por día, lo que representa casi el 50% del volumen total del comercio de petróleo por mar para ese año. Según los datos de BP Energy, Qatar exportó 3,7 billones de pies cúbicos de gas natural licuado (GNL) a través del estrecho en 2016, lo que representa más del 30% del comercio mundial de GNL.
  2. Situado entre Indonesia, Malasia y Singapur, el estrecho de Malaca es una importante ruta de transporte que conecta el Océano Índico, el Mar del Sur de China y el Océano Pacífico. El estrecho tiene aproximadamente 930 kilómetros de longitud, con una anchura mínima de 38 kilómetros y una profundidad media de 25 metros. El número de petroleros que ingresan al Mar del Sur de China (desde Singapur hasta el vecino Taiwán) a través del Estrecho de Malaca es tres veces mayor que el del canal de Suez y cinco veces mayor que el del canal de Panamá. Es el salvavidas marítimo de los países asiáticos. El estrecho de Malaca es la ruta más corta que conecta el Medio Oriente y los mercados asiáticos, incluidos China, Japón, Corea y todo el Pacífico. Los envíos de petróleo a través del estrecho aumentaron a 16 millones de barriles por día en 2016, frente a 14,5 en 2011, con el petróleo crudo representando entre el 85 y el 90 por ciento, lo que lo convierte en el segundo puesto de avanzada más ocupado del mundo..
  3. El estrecho de Singapur sigue el estrecho de Malaca al sureste: tiene 114 kilómetros de largo y 16 kilómetros de ancho, con una profundidad media de 22 metros. Forma un cuello de botella natural en el transporte marítimo, lo que aumenta las posibilidades de colisiones de buques o derrames de petróleo. También se ha convertido en una de las últimas zonas activas para los piratas. Si el estrecho de Malaca se cerrara, casi la mitad de los barcos del mundo deberían moverse por Indonesia. Esto afectaría a la capacidad mundial de transporte, aumentando así los costos de transporte y ejerciendo una presión al alza sobre los precios mundiales de la energía. El volumen de petróleo crudo transportado a través del Estrecho de Malaca representa aproximadamente el 15% del consumo mundial.
  4. El canal de Suez se encuentra en Egipto y conecta el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo. Es una ruta estratégica para el petróleo y el gas natural desde el Golfo Pérsico hasta los mercados europeos y norteamericanos. Es la frontera entre Asia y África y el paso de agua más directo entre Asia y África y Europa. La longitud total del canal es de 193,3 kilómetros; el ancho de los canales paralelos es de 205-225 metros, y la profundidad promedio es de 22 metros. El tonelaje máximo que pasa por ella es de 210.000 toneladas. Según la compañía Kpler-Leading Commodity Data & Analytics Solutions, 1,74 millones de barriles por día (bpd) de los 39,2 millones de bpd de petróleo crudo importado por mar en 2020 pasaron por el Canal de Suez. Debido a los límites de profundidad, el Canal de Suez no puede ser cruzado por superpetroleros y megapetroleros. Cuando la Autoridad del Canal de Suez extendió la profundidad del canal a 66 pies en 2010, se crearon los barcos Suezmax, es decir, los barcos cuyo tamaño permite su paso por el canal de Suez. Celebró su 150º aniversario. La mayor parte de los flujos de petróleo que pasan por el canal de Suez se dirigen al norte a los mercados europeos y norteamericanos, y al sur a los mercados asiáticos. Las exportaciones de petróleo de los países del golfo Pérsico representan el 84% de los flujos hacia el norte. Las exportaciones de petróleo de Rusia representan el 17% de los flujos hacia el sur, seguidas por Turquía, Argelia y Libia, que en conjunto representan el 12% de los flujos hacia el sur. Los flujos totales a través del canal de Suez han estado creciendo constantemente desde 2009, con aumentos en 2015 y 2016 que reflejan el aumento de la producción y las exportaciones de la OPEP. El oleoducto de transporte Suez-Mediterráneo de 200 millas (Sumed), inaugurado en 1977 y construido por las empresas italianas Saipem y Snamprogetti (ENI Group) y por Montubi y Cimi de Finsider, transporta petróleo crudo desde el mar Rojo hasta el Mediterráneo. La capacidad total del oleoducto es de 2,34 millones de barriles por día. Cuando los barcos no pueden navegar por el Canal de Suez, el oleoducto Sumed es la única ruta alternativa que puede transportar petróleo desde el Mar Rojo hasta el Mediterráneo. Si el oleoducto Sumed se cerrara, los petroleros deberían desviarse al Cabo de Buena Esperanza en el extremo sur de África, agregando miles de millas a los envíos de Arabia Saudita a Europa y hasta los Estados Unidos de América Si el oleoducto Sumed se cerrara, los petroleros deberían desviarse al cabo de Buena Esperanza en el extremo sur de África, agregando miles de millas a los envíos de Arabia Saudí Europa y hasta los Estados Unidos de América.
  1. El estrecho llamado Bāb al-Mandab, que significa en árabe la “Puerta de la Lamentación” o la “Puerta de las Lágrimas”, es una fortaleza marítima entre el Cuerno de África y oriente Medio y un enlace estratégico entre el Mediterráneo y el océano Índico. Situado entre Yemen, Yibuti y Eritrea, el estrecho conecta el Mar Rojo, el Golfo de Adén y el Mar Arábigo. El estrecho tiene aproximadamente 26-32 kilómetros de ancho y tiene una profundidad máxima de 310 metros, con algunas islas volcánicas dispersas. La isla de Perim divide el estrecho en dos canales, el más pequeño de los cuales, en el lado asiático, conocido como estrecho de Alejandro, tiene unos 3,2 kilómetros de ancho y 30 metros de profundidad. El canal más grande, conocido como Dakt al-Mayun, está en el lado africano, con un ancho de unos 28,8 kilómetros y una profundidad de agua de 323 metros, y es difícil de navegar debido a los numerosos arrecifes y rápidos. Como se ha visto anteriormente, la mayoría de las exportaciones de petróleo del golfo Pérsico llegan a través del canal de Suez y el oleoducto Sumed a través del estrecho de Bāb al-Mandab. En 2018, unos 6,2 millones de barriles por día de petróleo crudo y productos refinados similares pasaron a través del estrecho de Bāb al-Mandab a Europa, Estados Unidos de América, frente a los 5,1 millones de barriles por día en 2014. En julio de 2018, dos superpetroleros saudíes fueron atacados por los rebeldes chiítas hutíes de Yemen (Ansar Allah), suspendiendo así los envíos de petróleo en el mar Rojo y planteando preocupaciones del mercado sobre la seguridad del transporte en el estrecho de Bāb al-Mandab. Este cruce de comunicación se ha convertido en una ruta importante para el tráfico marítimo general también entre los océanos Pacífico, Índico y Atlántico. Algunos lo llaman el corazón estratégico del mundo, ya que es una ruta marítima muy concurrida: la zona también es un refugio para los piratas somalíes. El cierre del estrecho permitiría a los petroleros del golfo Pérsico llegar al canal de Suez o al oleoducto Sumed y luego desviarse hacia el sur hacia el extremo sur de África. Esto aumentaría en gran medida el tiempo y los costos de transporte.
  1. Los estrechos turcos, que incluyen el Bósforo y los Dardanelos, separan Asia de Europa. El Bósforo (del griego: “estrecho del ganado” o “vado de buey”) es una vía fluvial de 31 kilómetros de largo, 700 metros de ancho y 121 metros de profundidad que conecta el mar Negro con el mar de Mármara. Los Dardanelos (el antiguo Helesponto, conocido en turco como estrecho de Çanakkale) es una vía fluvial de 61 kilómetros de largo, con una anchura mínima de 1,2 y una profundidad media de 60 metros. Conecta el mar de Mármara con el mar Egeo y el mar Mediterráneo. Ambas vías fluviales suministran petróleo de Europa occidental y meridional de Rusia y otros países euroasiáticos, incluidos Azerbaiyán y Kazajstán. Se estima que 2,4 millones de barriles por día de petróleo crudo y productos derivados del petróleo navegaron a través del estrecho turco en 2016, más del 80% de los cuales era petróleo crudo. Los envíos de petróleo a través del estrecho turco disminuyeron desde los 2,9 millones de barriles por día registrados en 2011. El tráfico a través de los dos estrechos ha disminuido constantemente en la última década. Es probable que los envíos de petróleo aumenten en el futuro a medida que aumente la producción de crudo de Kazajstán, ya que el país exporta más petróleo crudo a través del mar Negro. Los estrechos turcos se encuentran entre las vías fluviales más difíciles del mundo, con unos 48.000 barcos que pasan a través de ellos cada año, lo que convierte a la zona en uno de los bastiones marítimos más concurridos del mundo. De hecho, la congestión del tráfico está causando problemas a los petroleros.
  2. El canal de Panamá es una ruta vital que une el océano Pacífico, el mar Caribe y el océano Atlántico. El canal tiene 82 kilómetros de largo, 90/150-240/300 metros de ancho y 12 metros de profundidad como máximo. Los buques de carga Panamax antes mencionados generalmente pueden transportar de 65 a 80.000 toneladas pero, debido al límite de calado del canal, su capacidad máxima de carga está limitada a aproximadamente 52.500 toneladas y el resto de la carga se transborda. Más de 12.525 barcos pasaron por el Canal de Panamá en 2021, transportando 287.486.205 toneladas de carga. Las rutas marítimas alternativas al canal de Panamá incluyen el estrecho de Magallanes, el cabo de Hornos y el estrecho de Drake en el extremo sur de América del Sur, pero tales opciones aumentarían significativamente el tiempo y los costos de tránsito. Aunque el petróleo y los productos derivados del petróleo representaron el 30.1% de las principales mercancías que fluyen a través del canal de Panamá en 2021, no es una ruta importante para tales envíos. El petróleo y los productos refinados en dirección norte (del Pacífico al Atlántico) en esta ruta representan apenas el 6.9% de todos los envíos de carga; mientras que el 42,7% del petróleo refinado y sin refinar se envió al sur desde el Atlántico hasta el Pacífico el año pasado.
  1. El estrecho de Dinamarca es el canal que une el mar Báltico y el mar del Norte. Tiene 480 kilómetros de largo y 290 kilómetros de ancho en su punto más estrecho. Es una ruta importante para las exportaciones de petróleo ruso a Europa. En 2016, unos 3,2 millones de barriles de productos petrolíferos fluyeron a través del estrecho de Dinamarca todos los días. Después de abrir el puerto de Primorsk en 2005, Rusia trasladó la mayor parte de sus exportaciones de petróleo a los puertos bálticos. Las exportaciones de petróleo de Primorsk a través del estrecho de Dinamarca representaron casi la mitad de las exportaciones totales en 2011, pero cayeron al 32% en 2016. Pequeñas cantidades de petróleo de Noruega y del Reino Unido (menos de 50.000 barriles por día) también fluyen hacia el este a través del Estrecho a los mercados escandinavos.
  2. El cabo de Buena Esperanza se encuentra en el extremo sur de Sudáfrica y es un importante punto de tránsito para el tráfico mundial de petroleros. Los envíos de petróleo crudo alrededor del cabo de Buena Esperanza representan aproximadamente el 9% de todo el petróleo comercializado por mar. La Administración de Información de Energía de los Estados Unidos estimó que los flujos de petróleo que rodeaban el cabo de Buena Esperanza en 2016 fueron de aproximadamente 5,8 millones de barriles por día, lo que representa casi el 9% del comercio marítimo mundial. El cabo de Buena Esperanza es otra ruta alternativa para los barcos que navegan hacia el oeste para evitar el golfo de Adén, Bāb al-Mandab y el Canal de Suez, pero con un mayor costo y tiempo de tránsito.

Como se puede inferir del análisis anterior, bloquear una de estas fortalezas es suficiente para dañar a un país o un área geopolítica bien definida. En tal caso, la talasocracia tendría más posibilidades que una telurocracia que ignora las alianzas prospectivas en vista de probables crisis de escenarios.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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OPERACIÓN MILITAR ESPECIAL DE RUSIA EN UCRANIA

Ricardo Zedano*

Para entender la razón por la que la Federación de Rusia decidió realizar una operación militar especial en las Repúblicas de Donetsk y Lugansk, cuya independencia fue reconocida el 20 de febrero último por Moscú. Primero es necesario citar algunos momentos históricos que nos ayudarán a hacer una conclusión más aterrizada sobre el proceder de Rusia en lo que respecta a la operación militar especial que viene realizando con el objetivo de imponer la paz, de desmilitarizar a Ucrania y extirpar de dicho país al grupo nazi y fascista, cuyos representantes se han enquistado en el poder y gozan del apoyo de EEUU y sus aliados de la OTAN.

En este sentido, cabe destacar que el antagonismo entre Rusia y EEUU, que tiene bajo su yugo a Europa y a muchos países, data desde hace muchos, pero muchos años. Pero no vamos a ahondar mucho en la historia. Tomaremos como punto de partida 1991, año en que la OTAN prometió a Rusia, tras la caída de la Unión Soviética, que no avanzaría ni una pulgada hacia Europa del Este y así evitar conflictos bélicos.

Esa promesa no fue cumplida. Los rusos le recordaron reiteradas veces. La OTAN contestó últimamente que esas promesas no están plasmadas en ningún documento oficial y por esta razón todo lo que se haya hablado son solo palabras. En vista de que la OTAN solo toma en consideración todo lo que este en los documentos, Rusia alega a documentos aprobados por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), a la que pertenecen 57 países, incluida Rusia. Entre dichos documentos tenemos:

La carta sobre la seguridad europea, Estambul, noviembre de 1999, que dice lo siguiente:

La Carta contribuirá a la formación de un espacio de seguridad común e indivisible, y favorecerá la creación de un área de la OSCE sin líneas divisorias ni zonas con distintos niveles de seguridad.

Declaración conmemorativa de Astaná. Hacia una comunidad de seguridad, que dice lo siguiente:

La seguridad de cada Estado participante está inseparablemente ligada a la de todos los demás. Cada Estado participante tiene el mismo derecho a la seguridad. Reafirmamos el derecho inherente de todos y cada uno de los Estados participantes a poder elegir o modificar sus disposiciones de seguridad, con inclusión de los tratados de alianza, a medida que evolucionen. Cada Estado tiene también derecho a la neutralidad. Cada Estado participante respetará los derechos de todos los demás en esas esferas. No reforzarán su seguridad a expensas de otros Estados.

Pero la Alianza Atlántica pasa por desapercibido esa parte de la carta y de la declaración: la seguridad común e indivisible, así como el hecho de que cada Estado participante respetará los derechos de todos los demás en esas esferas. No reforzarán su seguridad a expensas de otros Estados.

Como verán, EEUU y la OTAN aplican parte conveniente de lo consignado en sus documentos para justificar sus fechorías, haciendo uso de acuerdos y otros como si fueran un menú. Y si el menú ya nos les gusta absolutamente, pues lo cambian por uno que ellos redacten en el momento.

Es importante resaltar que, Der Spiegel, uno de los semanales más populares de Europa y más importante en Alemania, reveló que la OTAN sí prometió que no se expandiría hacia Europa del Este en contradicción a las declaraciones del actual secretario de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, quien afirmó hace unos días que ese bloque militar nunca hizo ese tipo de promesa.

Se preguntarán y qué tiene que ver este preámbulo con la operación militar especial para defender a la población de Donbás, que incluye las poblaciones de Lugansk y Donetsk, Repúblicas que limitan con Rusia. Tras el golpe de Estado perpetrado por fuerzas políticas nacionalista y rusofóbicas, apoyadas y bendecidas por EEUU y Europa, que se caracteriza por sus tendencias nacionalistas ultra radicales y neonazis, se intensificó los intentos de atacar a Rusia. Mediante leyes discriminatorias se prohibió la lengua rusa que una gran parte de Ucrania habla desde hace varias décadas, se cerraron escuelas en que se impartían las materias en ruso, la gente adulta empezó a perder sus trabajos porque no habla ucraniano.

A ello se suma la aprobación de la Ley de los pueblos autóctonos, que no incluye la etnia rusa, lo que divide la sociedad y poniendo en riesgo la seguridad de millones de rusos, si no me equivoco, equivalente al 17 % de la población del país eslavo. Todo esto condujo a que ese mismo año de la toma del poder mediante el golpe de Estado las Repúblicas de Lugansk y Donetsk se autoproclamaran independientes del gobierno central. Desde ese entonces sus poblaciones viven bajo el terror de los ataques militares de Ucrania, que provocó la muerte de más de 13 mil personas en el transcurso de 8 años. ¿Dónde estaban EEUU y la Unión Europea que no han denunciado y condenado esos actos de genocidio? ¿Acaso esas familias que perdieron sus seres queridos no merecen compasión? ¿Por qué no se ha condenado la muerte de 42 activistas pro rusos, quemados vivos en la casa de los sindicatos en Odessa en mayo del 2014? Los autores de esta tragedia siguen libres e impunes, nadie investiga las muertes de esas personas. EEUU y la Unión Europea que todo lo saben, resulta que de esto no saben nada. ¿Por qué no reconocen los Derechos Humanos de la población de Donbás? ¿Qué diferencia existe entre las muertes de ultranacionalistas y nazis y la de los ciudadanos de Donbás? La opinión pública exige explicaciones.

Y bien, como es sabido por los que ya despertaron gracias a que leen diversas fuentes de información, EEUU decidió aprovechar el conflicto interno ucraniano para continuar con los planes de expansión de la OTAN en Europa del Este, quebrantando una vez más sus compromisos plasmados en la Carta y Declaración de Estambul y Astaná antes mencionadas.

Para ello aplica:

  • la financiación de grupos ultranacionalistas y de tendencia nazi en Ucrania a través de Organizaciones No Gubernamentales (ONG)”,
  • el fomento de la rusobia en el país utilizando las redes sociales y otros medios,
  • realización de ejercicios militares junto con sus socios de la OTAN en las fronteras de Rusia,
  • la presencia constante de instructores militares que preparan a los ucranianos para la guerra con Rusia, que fomentaban poco a poco,
  • inducir a los ultranacionalistas para que realizaran una vez más una operación de limpieza étnica y conseguir que finalmente Rusia se vea directamente involucrada para después acusarla de invasora.

En vista de los preparativos para la realización de la operación de limpieza étnica, Rusia se vio forzada a reconocer la independencia y soberanía de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk para defender en el marco de los acuerdos de amistad, cooperación y asistencia mutua a la población de Donbás, desmilitarizar a los grupos nazis de Ucrania, enjuiciar a sus miembros y crear las condiciones para que el pueblo de Ucrania se recupere y empiece una vida normal y de buena vecindad con otros países de la región.

En este último punto, hay que reconocer que EEUU y sus “socios” de la OTAN lograron enfrentar a dos pueblos hermanos. Así es, Rusia no podía quedarse con los brazos cruzados viendo que, por tercera vez, ojo con esto, por tercera vez, se intentara llevar a cabo una acción genocida, denominada «guerra de relámpago», contra la población de Donbás en la que viven más de 800 mil ciudadanos de Rusia y más de un millón de ruso parlantes entre los 4 millones de habitante de dicha región.

Rusia y sus ahora aliados de Lugansk y Donetsk realizaron operaciones de evacuación de una parte de la población de Donbás hacia territorio de Rusia, para que no sufra las consecuencias de lo que ya se veía llegar, a diferencia de los ultranacionalistas y nazis que actualmente están emplazando armamento de artillería y misiles en las zonas residenciales para utilizar a la población como escudo, pues bien saben que Rusia no se atreverá a atacar a la población civil. A propósito, esa táctica está consignada en los manuales terroristas en otros países. Y no dudo que el régimen ucraniano aplique actos genocidas contra su propia población. Pregúntenle a los occidentales. Además de ello, los ultranacionalistas han entregado miles de armas a la población en las calles de forma indiscriminada para crear el caos. Además, han puesto en libertad a delincuentes de las cárceles para que marchen al frente de combate. Nada de esto habla la prensa “internacional”. Si han preguntado por qué.

El bloque occidental está nuevamente poniendo en práctica la táctica que utilizó en la Segunda Guerra Mundial y que trajo muchos dividendos a los que fabrican y venden armas: hizo que la Alemania nazi de ese entonces entre en una guerra a muerte con la URSS para después declararle la guerra a la última supuestamente debilitada. Pero el tiro le salió por la culata.  La URSS venció. Pero a costas, lamentablemente, de más de 25 millones de muertes. Ahora es Ucrania la que está jugando el rol de aquella Alemania. Ojo, hablo de la élite política ucraniana que está en el poder y que amenaza con reanudar su programa nuclear. Pregunta: ¿Le gustaría a usted vivir al lado de un país con un gobierno nazi, con una élite política psíquicamente inestable? Yo creo que no. Y Rusia tampoco. En el caso de Ucrania, a Occidente también les saldrá el tiro por la culata. El pueblo de Ucrania no quiere guerra con el de Rusia. Son pueblos hermanos. Son eslavos. Y estos son mayoría frente a los que tienen complejo de inferioridad.

Lo que está haciendo Rusia en estos momentos es nuevamente salvar a la humanidad de una tercera guerra mundial. Si la élite nazi ucraniana se hace del arma nuclear, tengan por seguro que tendremos una tercera guerra mundial, y los que ahora tienen pena y condenan el accionar de Rusia en todos los formatos, incluidas las redes sociales, estarán escondidos en sótanos aterrorizados por los bombardeos, llorando a sus hijos que serán reclutados para pelear por intereses totalmente ajenos a ellos y a los de sus países, muriendo en el campo de batalla como carne de cañón y condenados al olvido. O simplemente dejaremos de existir, porque en esa guerra no habrá vencedores.

En esta ocasión Rusia actuará del mismo modo que lo viene haciendo en las últimas décadas donde Occidente ha provocado conflictos bélicos cerca de sus fronteras. Para que quede claro, citaré unos ejemplos: en 2008 Rusia impuso la paz en Osetia del Sur y Abjasia tras la operación genocida perpetrada por Georgia también patrocinada en ese entonces por EEUU y la OTAN. ¿Qué casualidad, verdad? En esa ocasión el Ejército ruso, vuelvo a repetir, impuso la paz, desmilitarizó la región, ingresó en territorio georgiano y desarmó a las tropas georgianas para que no hagan más daño y abandonó el territorio de Georgia. Nada más. Lo mismo ocurrió en Kazajistán este año. Es más, en el caso de Ucrania, Rusia concede la oportunidad a los ultranacionalistas para que depongan las armas, regresen a sus hogares y les proporciona refugio en territorio ruso con sus familias, si corren peligro en Ucrania después de deponer las armas. Pregunta: ¿En los países que sufrieron la invasión de EEUU y de la OTAN gozaron de esa oportunidad? La respuesta creo que es evidente. Lo que llevaron solo fueron muertes, destrucción, hambre, pobreza y otros más.

La comunidad internacional debe saber una cosa: Rusia no bombardea hospitales, niños, mujeres y ancianos, escuelas o edificios residenciales como lo han hecho EEUU y la OTAN, por ejemplo, en la ex Yugoslavia, dividiéndola por completo, en Irak, Afganistán, Libia, Siria entre otros. Y en muchos casos sin contar con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.

Las estadísticas lo dicen todo. EEUU, según el Pentágono, tiene más de 600 bases e instalaciones militares desplegadas en el mundo, «oficialmente», es decir tres veces más que el número de países existentes, esto sin contar un gran número de instructores militares residiendo permanentemente en varios países, incluso latinoamericanos, con el cuento de la cooperación técnico-militar entre los países involucrados. Un número significativo de dichas bases está concentrado en Europa con más de 60 mil efectivos. Ahora cabe la pregunta: ¿Creen que un país es libre y soberano con tantas bases y militares en su territorio? No lo creo.

Conclusión, si Rusia se queda en Ucrania después de terminada la operación militar especial, estaremos frente a una invasión, pero no de esas como las innumerables que llevaron a cabo EEUU y sus aliados de la OTAN y que la comunidad internacional no ha condenado con el fervor debido. Si entra y sale como lo hizo en el caso de Georgia y Kazajistán, mínimo merecerá el respeto de los que se adelantaron en tildarla de invasora, sin antes informarse bien, y el agradecimiento de las poblaciones que sufrieron las consecuencias del genocidio perpetrado por el gobierno de Ucrania. Y que por todos los medios la comunidad internacional abogue por el levantamiento de todas las sanciones impuestas contra Rusia que nada bueno le trae a la economía del mundo.

 

* Periodista. Federación de Periodistas del Perú. Corresponsal de “La Voz de Rusia”. Consejero de Comercio Exterior de la Cámara de Desarrollo, Comercio e Industria Perú-Rusia (CADECOMIN PERU).

Artículo publicado el 27/02/2022 en Federación de Periodistas del Perú,  https://fpp.org.pe/operacion-militar-especial-de-rusia-en-ucrania/

LO QUE NOS DICE LA CRISIS DE UCRANIA SOBRE LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN EL SIGLO XXI

Alberto Hutschenreuter*

La decisión rusa de aumentar sus capacidades militares en la frontera con Ucrania con el fin de intervenir eventualmente en este país ocupando la zona del Donbás, ha elevado la tensión entre Rusia y Occidente a una cota sin precedentes en los últimos treinta años. El hecho que se trate de dos actores preeminentes implica que, si bien la crisis tiene lugar en una región del mundo, la placa geopolítica de Europa del este, las repercusiones de la misma, en caso de producirse intervención y enfrentamientos, serán de alcance global. En cuanto a un escenario de escalonamiento mayor, es decir, querellas militares entre Rusia y la OTAN, la carencia de registros en materia de choques entre poderes con capacidades militares totales vuelve casi imposible la traza de escenarios. 

Pero hasta el momento, con marchas y contramarchas, la diplomacia se mantiene activa, aunque también hasta el momento en Occidente se ha evitado toda referencia a la “demanda cero” de Moscú, esto es, la petición rusa de garantías relativas con el abandono por parte de la OTAN de continuar la expansión al este, es decir, al inmediato oeste y sur de Rusia; indudablemente, se trata de la “clave de bóveda” para salir de la preocupante situación. 

Ahora bien, más allá del desenlace que llegue a tener esta crisis mayor entre Estados, quizá es pertinente plantearnos qué nos dice la misma sobre el estado de las relaciones internacionales, particularmente tras el tremendo seísmo mundial que ha causado la COVID-19, una de cuyas manifestaciones más discernibles ha sido y es el grado de desconfianza y poco sentido de unión, particularmente entre los actores poderosos. 

Por tanto, si ante una amenaza no estatal letal e invisible como son los virus los países priorizaron la vía nacional por sobre la vía de una ampliada cooperación, vía que se pregona y hasta pondera en cuestiones como el riesgo ambiental, ¿podemos realmente sostener que hay o habrá cambios favorables o de escala en las relaciones entre Estados? Entonces, de nuevo: ¿qué nos dice la crisis en Europa del este sobre ello?

Comencemos por el rasgo principal en dichas relaciones: la anarquía internacional, es decir, la ausencia de un gobierno mundial superior que centralice la política entre las múltiples unidades políticas.

Desde comienzos de este siglo han surgido corrientes de pensamiento que relativizan la anarquía entre Estados como rasgo central de la disciplina. Consideran que mantener aquello que la teoría sostiene hace décadas es hoy un ejercicio perimido. Más todavía, piensan que insistir en dicho rasgo ha creado algo así como una “anarchophilia”, o “discurso de la anarquía”, que no resiste una conectividad global que va creando diferentes niveles de anarquía; es decir, se van estableciendo, a diferencia de la vieja anarquía fragmentadora, diferentes planos de “anarquías cooperativas”. En alguna medida, ello va fundando un grado de “gobernanza mundial”. 

Sin duda que el mundo está más conectado que nunca y las redes son cada vez más profusas. Pero ello no ha implicado que las relaciones internacionales se hayan des-jerarquizado. Por el contrario, los reparos y cuidados de los Estados frente a fenómenos percibidos como “relocalizantes” de su autoridad los empujaron a fortalecer mecanismos de control (más, por supuesto, en aquellos actores políticamente centralizados). 

En estos términos, la “tercera imagen” a la que se refería Kenneth Waltz (“un perimido”), la estructura anárquica como causa de rivalidad y confrontación entre Estados, continúa siendo tan válida como cuando ese autor la consideró en su obra “El hombre, el Estado y la guerra”, escrita hace más de sesenta años. 

Las “nuevas formas”, que parecen haber afirmado una “sociedad internacional”, no equivalen a la superación de la sustancia de las relaciones internacionales. Por más que nos esforcemos en tratar de ver al mundo desde el sitio del idealismo-liberal, siempre acabaremos sintiéndolo desde el poder, la seguridad, los informes de inteligencia, las capacidades propias y las inciertas intenciones de sus principales protagonistas, los Estados; por cierto, todos componentes categóricamente presentes en la crisis en Europa del este y más allá también. 

Por otro lado, guerra y geopolítica: la crisis actual volvió a recentrar estos “vocablos malditos”.  

Queda suficientemente en claro que por más intentemos mantenernos lejos de ellos, la guerra y la geopolítica vienen a nosotros. También aquí hay nuevas corrientes que nos dicen que en un mundo bajo el “imperio” de la interdependencia, la conectividad y la inteligencia artificial, guerra y geopolítica se encuentran en camino de ser moderadas y hasta superadas. 

Cuando terminó la Guerra Fría, pareció que con ella se fueron esas realidades que habían marcado a fuego el siglo XX. Es verdad que (siguiendo la “moda” de entonces) no se habló de “el fin de la guerra”, aunque sí de “el fin de la geopolítica”. Treinta años después, estamos de lleno frente a ambas realidades, en acción (la geopolítica) y en potencia (una guerra mayor). De nuevo, la corriente de los anhelos ve el mundo en términos de Locke y Kant, es decir, comercio y paz. Pero, en verdad, y no solo por la crisis de Europa del este, lo que vemos en el mundo está más cerca de Hobbes (rivalidades) y “semi-Locke” (“comercio beligerante”). 

No existe la paz total, ni siquiera existe la paz sino el orden; sin embargo, existe la guerra total. Y en Europa del este, aunque difícilmente suceda, la posibilidad de una confrontación armada entre poderosos nos dejaría ante un territorio desconocido: la “guerra post-total”. En cuanto a la geopolítica, es decir, política-territorio-poder, a la luz de los acontecimientos tal vez deberíamos preguntarnos si el siglo XXI no va camino a ser otro siglo de geopolítica total. 

 

Por otra parte, la pugna por Eurasia no solo supone una continuidad geopolítica con el siglo XX, sino que la iniciativa geoeconómica de China, presentada en 2013, supone la emergencia de una concepción geopolítica de nuevo cuño, una suerte de diagonal político-territorial euroasiática entre los enfoques terrestres y los de tierras costeras. Un rumbo que, por primera vez, tendría a un actor no blanco como protagonista central. 

En tercer término, en las relaciones internacionales no existen “buenos y malos”. 

En la actual crisis hay cierto sesgo a presentarla como una contienda entre liberales defensores de la seguridad y conservadores revisionistas geopolíticos; un eufemismo por “buenos” de un lado, “malos” del otro. Pero en las relaciones internacionales solo existen intereses y competencia. En la materia lo central es el poder, y el poder es un concepto relacional: importa si le permite lograr a un actor, frente a un determinado rival, ganancias o ventajas, precisamente de poder. 

De nuevo recurrimos a Waltz, pues su “segunda imagen” alude a los Estados como causa de confrontaciones. Pero allí el autor no hace referencia alguna a “Estados buenos” y “Estados benevolentes”; podrán existir políticas exteriores agresivas, pero siempre lo serán en función de intereses o ambiciones. En relación con la crisis actual, Occidente exige a Rusia que practique el “pluralismo geopolítico”, es decir, una concepción benevolente que consiste en respetar la soberanía en su “vecindad”. Ahora, ¿practica la OTAN el pluralismo geopolítico cuando se expande sin considerar reparos y aprensiones territoriales de Rusia? ¿Qué habilita a la OTAN a hacerlo? ¿La victoria en la Guerra Fría? ¿Algún sentido de repartidora de justicia internacional? 

Hans Morgenthau (¿acaso “otro perimido”?) sostuvo entre sus principios de realismo político algo que deberíamos considerar sobremanera en relación con lo que estamos tratando: “El realismo político se niega a identificar las aspiraciones morales de una nación en particular con los preceptos morales que gobiernan el universo”.

En cuarto lugar, en caso de inseguridad los Estados no tienen a quién acudir.

Básicamente, nos estamos refiriendo a lo que se conoce como “autoayuda”. Aquí tenemos una realidad contundente en relación con la condición de anarquía que prevalece en las relaciones internacionales. Por ello, a menos que un Estado se encuentre bajo la protección de otro u otros, está obligado a contar con sus propias capacidades para sobrevivir. 

Nada existe en el mundo de hoy que nos haga considerar que en este tema hay “nuevas realidades”. Stanley Hoffmann diría que existe “lo de costumbre”, es decir, recursos propios y vigentes que permiten a los Estados afrontar per se una situación de amenaza a su seguridad e intereses mayores. 

Las inversiones en materia de defensa son contundentes: en 2020, dos billones de dólares, y en 2021, posiblemente un 2.8 por ciento más que en 2020, En este marco, al menos 12 países de la OTAN incrementaron sus partidas hasta quedar en un 2 por ciento del PBI, tal como lo demandaba Washington. 

Finalmente, las posibilidades relativas con un multilateralismo ascendente

El multilateralismo en baja ha sido una realidad durante los años previos a la llegada de la COVID-19. La pandemia expuso dicha realidad y la ausencia de régimen internacional no es una realidad que favorezca el fortalecimiento del multilateralismo. No obstante, hay reputados expertos, por caso, el embajador argentino Ricardo Lagorio, que sostienen que las respuestas que exigen los desafíos globales necesariamente impulsarán la lógica multilateral por sobre la territorial. 

Pues bien, en buena medida, el desenlace de la crisis en Europa del este podría ser un hecho favorable, es decir, si allí finalmente predomina una resolución que combine casos donde diplomacia y reconocimiento superaron conflictos, como sucedió en la crisis de los misiles de 1962 y en la Conferencia de Helsinki de 1975 (un “Helsinki 2.0”, como la ven hoy), quizá existan posibilidades para abordar otras temáticas (armas estratégicas, ataques cibernéticos, clima, etc.).

Pero si finalmente la situación permanece o, peor, hay confrontación, la situación internacional se orientará hacia la desconfianza y la rivalidad, es decir, el mundo se alejará de cualquier esbozo de orden y multilateralismo ascendente. Será un mundo donde no habrá ni guerra ni paz. 

En breve, hemos tratado aquí algunos de los principales temas de las relaciones internacionales en un contexto de discordia creciente entre Occidente y Rusia. Hay otras cuestiones, pero las desarrolladas seguramente serán suficientes para dudar y continuar reflexionando sobre el mundo del siglo XXI. 

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

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