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EL CHOQUE EN EL VALLE DE GALWAN: IMPERATIVOS ESTRATÉGICOS DE INDIA CONTRA CHINA

Siddhant Hira*

A nivel estratégico, la rivalidad sino-india tiene unas pocas décadas de antigüedad. Históricamente —cada vez que la República Popular China (RPC/China) se enfrenta a presiones internas y externas— ha establecido su dominio en la región al mostrar agresión contra la India. Curiosamente, la India en 1962 y la República Popular China en 2020 se equivocaron a la hora de anticiparse a la otra parte: en 1962, la India no creyó que China libraría una guerra y tampoco China pensó que la India respondería en 2020.

Harsh V. Pant escribió que China ha estado persiguiendo activamente “políticas para prevenir la aparición de otros poderes regionales, o por lo menos para limitar su desarrollo relativo a ella”. Y esto es especialmente cierto desde que Xi Jinping se transformó en el presidente chino en 2012: su gobierno ha sido sinónimo de varias agresiones que incluyen la diplomacia lobo-guerrero, la expansión marítima y los conflictos territoriales. Estos temas se han manifestado en su dominio en el Mar del Sur de China, la Iniciativa de la Ruta del Cinturón (BRI) y la política de trampa de la deuda, la interferencia en Sri Lanka, Nepal, Bangladesh y las Maldivas. La China de hoy ha superado su embarazoso siglo, pero no lo ha olvidado. Y ahora, su interés nacional es un deseo de independencia nacional, igualdad y reconocimiento en la escena internacional.

Los cuatro objetivos clave de su política exterior son la seguridad territorial, la estabilidad política, el progreso económico y la identidad nacional. La seguridad territorial es el objetivo más importante para lograr la seguridad nacional, que garantiza un fuerte control sobre el Estado. La presencia de estabilidad política es crucial en la región para el desarrollo pacífico. Y su política económica es asegurar éxitos —dentro de ciertos límites definidos por el Estado— para las empresas o negocios. Al promover su identidad nacional, China pretende proyectar su influencia cultural al mundo como potencia titular de un estatus y un activo buscador de reconocimiento.

El año pasado, el 15 y 16 de junio de 2020, China atacó a las tropas indias en el punto de patrullaje 14 en el valle de Galwan, a lo largo de la Línea de Control Real (LAC). Creyó que esta vez también el ejército indio estaría en desorden como lo estuvo en 1962. Pero en realidad, el ejército indio era similar a 1967 y 1987. La agresión china en la LAC en realidad comprendió tres escaramuzas separadas involucrando 300 tropas en total.

Durante las conversaciones del 5 de junio de 2020 se acordó desmantelar un campamento del Chinese Observation Post (OP) pero fue repuesto unos días después. Para preguntar sobre la re-erección, el Coronel Santosh Babu —al mando de 16 Bihar— dirigió personalmente un equipo a pie para hablar con el CO chino. Todos se sorprendieron cuando no reconocieron a los chinos; después de haberse desplegado en la región el tiempo suficiente, estaban familiarizados con sus oponentes.

Hubo dos razones para el primer enfrentamiento: la beligerancia de la nueva fuerza china sobre el CO indio preguntando sobre el campamento reconstruido, y luego un soldado chino empujando inmediatamente al Coronel Babu mientras también gritaba obscenidades en mandarín. Fue entonces cuando el CO de 16 Bihar entendió que las acciones chinas no eran de naturaleza táctica sino estratégica, viniendo directamente de Pekín. Estas acciones llevaron a los indios a responder ferozmente con sus puños, saliendo victoriosos después de 30 minutos. 16 Bihar incluso aplastó y luego redujo a cenizas al OP chino.

El segundo altercado es el más conocido, lo que resultó en que India y China perdieran hombres en las gélidas aguas del río Galwan. El Coronel Babu murió en las aguas después de ser golpeado en la cabeza por una piedra grande y cayó al río. Las emociones y la conmoción obviamente eran intensas, pero los indios mantuvieron la calma.

El detonante del tercer y último cuerpo a cuerpo fue cuando 16 Bihar escuchó un dron que estaba monitoreando el área para proporcionar inteligencia de imágenes (IMINT) para un nuevo asalto. India reforzó sus fuerzas con pelotones Ghatak —unidades de infantería de élite que lideran ataques, actuando como “tropas de choque”— del 16 Bihar y el Regimiento 3 de Punjab. Esta fase, de nuevo por encima y a lo largo del río Galwan, implicó el número máximo de ambos lados. También se intercambiaron heridos y bajas. Pero todo el personal tardó tres días más en llegar a sus lados respectivos.

Un año después de la escaramuza del valle de Galwan, tanto la India como China han mejorado su presencia militar, desplegado armas, logística e infraestructura fronteriza. Recientemente, China ha reemplazado dos divisiones en la LAC, ambas incluyendo dos regimientos móviles y un regimiento blindado, de artillería y de defensa aérea cada uno. También están mejorando la construcción detrás de los puntos de fricción en Aksai Chin. Los chinos comenzaron a establecer refugios reforzados para sus tropas, lo que significó el despliegue de tropas durante el invierno. Solo entonces India hizo lo mismo.

La India está bien preparada para contrarrestar estos movimientos a lo largo de la frontera indo-china y —después de Galwan— ha completado proyectos en un año que normalmente habría tomado cinco años. La República Popular China tal vez se sorprendió más por la rápida velocidad de la India en el desarrollo de la infraestructura fronteriza, que es quizás la más frecuente “causa raíz de las tensiones” entre los países: la velocidad de respuesta de la India y la acumulación de tropas se ha visto estimulada por las acciones de China, pero China parece estar viéndolo como una provocación en sí misma. A partir del 10 de marzo de 2021, la India ha construido 57 carreteras, construido y renovado 32 helipuertos, desarrollado 47 puestos avanzados y 12 campamentos de preparación para la Policía fronteriza indo-tibetana. En el ejercicio 2020-2021, la construcción de la frontera india fue de 1.200 kms con más de 1.000 kms a lo largo de ALC.

La nueva política de la India en la frontera sino-india es “defensa ofensiva”: aviones de combate y helicópteros de primera línea se han desplegado como disuasión estratégica, el 1er Cuerpo mecanizado se ha reorientado desde la frontera con Pakistán para manejar el ALC y, si es necesario, golpes relámpagos en el Tíbet. En términos de mano de obra, una formación de 10.000 soldados se ha unido al 17 Cuerpo de Ataque de Montaña, la única fuerza ofensiva de la India contra China especializada en la guerra de montaña. Y 50.000 soldados más acaban de ser estacionados, lo que eleva el total a 200.000 la Fuerzas de Operaciones Especiales de los tres comandos —Paracaidistas del Ejército (Fuerzas Especiales), comúnmente conocido como PARA (SF); los Comandos de Infantería de Marina de la Armada (MARCOS) y los Comandos Garud de la Fuerza Aérea (Garuds)— todos han sido incorporados a posiciones de avance en el este de Ladakh. En noviembre de 2020 MARCOS también se desplegó en el lago Pangong y la adquisición por parte del Ejército de 17 botes de fondo plano para el despliegue rápido de tropas debido a contingencias da crédito a la teoría de que ahora tiene una presencia permanente allí.

Aparte de la posible razón clave explicada anteriormente, hay varios otros factores detrás del ataque de China a ALC. Estos incluyen el amplio poder nacional de China (CNP) y la orden de seguridad asiática, el desapego de la India del Quadrilateral Security Dialogue (QSD, también conocido como Quad), el deseo de participación india en la BRI, el control sobre las líneas marítimas de comunicación (SLOCs), la re-separación de la cuestión indo-paquistaní y el estatus de Ladakh como territorio de la Unión.

En términos del CNP de China y el orden de seguridad asiático, los expertos en relaciones internacionales han declarado este siglo como el “siglo asiático”, pero creo que la presunción del Estado en el valle de Galwan fue un intento de iniciar un “siglo chino”. Antes, el gran plan nacionalista de la RPC era recuperar su gloria perdida durante el “Siglo de la Humillación”, pero ahora ha evolucionado de uno de interés propio a la dominación global. El motivo oculto de China es ser el líder mundial en todos los campos, utilizando métodos cuestionables para una gran mayoría del orden internacional.

Pekín quiere que la India se desprenda del Quad por dos razones principales: la revitalización del Quad limita sus propios objetivos expansionistas y su conciencia de las crecientes ambiciones globales de la India, y cualquier noción que tuviera en sentido contrario fue refutada por la postura militar de Nueva Delhi después de Galwan. La República Popular China ve a la India como su competidor directo en Asia y, para mantenerla bajo control, el presidente Xi Jimping quiere mantener al país fuera de la órbita de los Estados Unidos. China quiere que la India permanezca restringida al sur de Asia, mientras que unos lazos más estrechos con Washington permitirán a Nueva Delhi proyectar poder más allá de su vecindad inmediata.

En cuanto a la cuestión indo-pakistaní, las dos potencias —junto con China— tienen políticas independientes al respecto que se aplican simultáneamente y, por lo tanto, siempre están enfrentadas. Pakistán siempre ha mantenido la cuestión indo-paquistaní dividida con su antigua política de “desangrar a la India a través de mil recortes”, mientras que la India ha hecho continuos intentos de separarla. Y como China considera a la India su rival asiático más poderoso, ha comenzado a volver a separar la cuestión indo-pakistaní. Shivshankar Menon escribe en su libro India and Asian Geopolitics: The Past, Present que “la presencia a largo plazo de China en POK como parte del CPEC es una apuesta china por el continuo control de Pakistán en territorio indio, y ha profundizado el interés chino en la longevidad de un Pakistán dominado por su ejército”. Se ha asegurado de que en la eventualidad de hostilidades más allá del nivel en el valle de Galwan, la India se distraerá y se verá obligada a dividir sus recursos a través de las fronteras pakistaníes y chinas en una guerra de dos frentes.

Incluso cuando Xi Jinping inauguró el BRI en mayo de 2017, el PRC ha estado presionando a la India para participar. Nueva Delhi no concederá a Pekín este deseo, ya que cree que el proyecto es puramente para beneficios estratégicos chinos en lugar de un equilibrio con el de la nación anfitriona, así como el paso de la BRI a través del territorio en disputa —Cachemira ocupada por Pakistán (PoK)— que la India considera firmemente propio.

Bajo el disfraz de su diplomacia de deuda-trampa y la estrategia mayor del “collar de perlas” a través de la BRI, la RPC ha estado desarrollando puertos con fines comerciales para monitorear y, en última instancia, controlar los SLOCs en el mar Arábigo y en el océano Índico. Estos proyectos de desarrollo están a tasas de interés tan altas que la única opción viable para la nación anfitriona es arrendarlos de nuevo a China: Hambantota en Sri Lanka en 2017 por 99 años y Gwadar en Pakistán en 2015 por 40 años son solo dos casos bien conocidos. Los precedentes anteriores han demostrado que las instalaciones de doble uso como base naval nunca pueden descartarse.

El 12 de octubre de 2020, justo un día después de la séptima ronda de conversaciones a nivel de comandantes, China reiteró por segunda vez que “no reconoce el territorio de la Ladakh Union establecido ilegalmente por la parte India”. Cree que una porción de Ladakh es su parte de su territorio y tiene la costumbre demostrada de hacer reclamos geopolíticos históricos unilaterales cuando se trata de la frontera con la India y el territorio en disputa, así como reclamos sobre el estado indio de Arunachal Pradesh. La mayoría de las veces, estas afirmaciones son falsas. Haciéndose eco de Vikram Sood en su book The Ultimate Goal, un adagio explica el quid de la cuestión: di una mentira una vez, es falsa –pero dila innumerables veces– y se convierte en la verdad del Evangelio. O, al menos, se ha difundido lo suficiente como para que tales falsedades solo puedan remediarse mediante una estrategia a largo plazo.

Teniendo en cuenta la agresión china a lo largo de ALC, la India tiene que tomar una decisión difícil: ¿seguir siendo un cuidador de cercas y equilibrar sus lealtades entre Estados Unidos y Rusia, o elegir un lado y mantenerse firme en su decisión? ¿Qué tanto se involucra con Quad? El crecimiento económico y el desarrollo sin duda ayudarán a tomar esta decisión, así como desempeñar un papel crucial en la lucha contra la RPC. Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta clara y definitiva, ya que China siempre ofusca su razonamiento estratégico, sus decisiones y sus acciones.

Dado que ni las conversaciones diplomáticas (Mecanismo de Trabajo para la Consulta y Coordinación) ni las conversaciones militares (nivel de Comandante de Cuerpo) con China están logrando ningún avance concreto todavía, creo que el único método para que la India aborde el Estado es una combinación de comprensión de la historia, el idioma y la cultura chinos, el establecimiento de una política estratégica práctica que no sea de naturaleza reaccionaria ni receptiva y una red de inteligencia desarrollada, la casi paridad económica y el desarrollo de habilidades que surgen de los juegos de guerra en varios escenarios en todos los campos. China siempre ha jugado a largo plazo, y ahora es el momento de que India derrote a la oposición..

 

* Graduado de Relaciones Internacionales y cursante de la Maestría en Estudios de Seguridad Nacional en el King’s College de Londres. Investiga acerca de la intersección de las Fuerzas de Operaciones Especiales, Inteligencia, Seguridad Internacional y Política Exterior —especialmente en el contexto indio— y en las relaciones sino-indias.

 

Artículo publicado originalmente el 05/07/2021 en OFCS.Report – Osservatorio – Focus per la Cultura della Sicurezza, Roma, Italia, https://www.ofcs.it/internazionale/galwan-valley-clash-strategic-imperatives-for-india-against-china/#gsc.tab=0

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor.

 

 

9 DE JULIO. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA INDEPENDENCIA DESDE EL SIGLO XXI.

Marcelo Javier de los Reyes*

El 24 de marzo de 1816 se reunió el Congreso de Tucumán en un contexto conflictivo dados los resquemores que despertó en el litoral la hegemonía que ejercía la ciudad de Buenos Aires. A pesar de estas tensiones y de que no todas las provincias participaron del Congreso, pues las del litoral —la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe— estaban en guerra contra el gobierno central, el 9 de julio de 1816 las Provincias Unidas proclamaron su independencia.

Mucho ya se ha escrito respecto a los hechos que siguieron a esa proclamación y a los vaivenes que desde entonces vivió la Argentina.

El propio Manuel Belgrano, quien a diferencia de nuestros actuales dirigentes luchó por nuestra independencia haciendo grandes esfuerzos y muriendo en la pobreza, llegó a expresar: “Yo espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajarán para remediar sus desgracias. ¡Ay Patria mía!”

Recientemente, el 20 de junio, se cumplieron 201 años de ese pronunciamiento de uno de nuestros más importantes próceres, quien durante el virreinato cumplió numerosas funciones públicas y luego luchó incansablemente por la independencia. A diferencia de nuestra dirigencia, que no ha intentado imitarlo, Belgrano murió en la pobreza y con una gran angustia en un contexto en el que la Patria se encontraba en un estado de gran convulsión interna. Quizás la misma angustia que muchos argentinos sentimos al ver el camino de autodestrucción que hemos emprendido en las últimas décadas. Porque ya no somos ese “crisol de razas” que nos enseñaban en la escuela pública, prácticamente la única escuela que existía en la niñez de los que cursamos más de seis décadas y la que nos igualaba a todos con el guardapolvo blanco. Del mismo modo que nos igualaba el Servicio Militar Obligatorio, en el que nos cruzábamos los jóvenes de todas las religiones, provincias, etnias y clases sociales y económicas que conformábamos esa “comunidad organizada” conocida como Nación, es decir, un conjunto de personas que comparten vínculos históricos, culturales, religiosos, etc., que tienen conciencia de formar parte de un mismo pueblo o comunidad.

Para algunos quizás nunca hayamos sido plenamente independientes pero está claro que los pasos que hemos dado nos han llevado a dudar de nuestra independencia debido a que hemos perdido lo que se denomina “Poder Nacional”. Este es uno de los conceptos que nuestra dirigencia ha dejado de usar, así como otros, por ejemplo “Soberanía Nacional”, “Identidad Nacional”, porque han sido reemplazados por los falsos y desiguales “derechos humanos”, por la fantasiosa “integración”, declamaciones que distan de la realidad.

No somos independientes si no hay producción nacional y si el país está maniatado por una gran deuda externa.

No somos independientes si quienes son elegidos para administrar la República —la “res” (cosa, o asunto) y publica (el pueblo), la “cosa pública”— despilfarran los fondos públicos en su propio beneficio —los “partidarios de sí mismos”, como los denominaría Belgrano—, haciendo populismo, mientras se esquilma a los trabajadores, a los jubilados y a los sectores productivos.

No somos independientes si no se defiende cada metro cuadrado de la Patria, si no se fortalece la Seguridad Interior y si no se provee a las Fuerzas Armadas del material necesario para cumplir con su misión de custodiar la Soberanía Nacional, nuestra integridad territorial.

No somos independientes si se destruyen los valores, las tradiciones, mientras se ideologiza cada sector de nuestras vidas y del Estado en función de una “agenda global” impuesta o de tendencias subversivas que incrementan la división nacional.

Asistimos hoy a la desestructuración de esas bases que llevaron más de cuatro décadas del siglo XIX para lograr la unidad, dejando atrás las guerras civiles, y redactando una Constitución Nacional (1853) que permitió iniciar una etapa de crecimiento, de desarrollo productivo que puso a la Argentina de las primeras décadas del siglo XX entre los países más desarrollados del mundo, en el que la educación común, gratuita y obligatoria (Ley 1.420, de 1884, presidencia de Julio Argentino Roca) y unos salarios superiores a los de algunos países de Europa, provocaron algo que fue un orgullo nacional: la “movilidad social”.

Tan relevante fue la Argentina que se erigió como modelo para otras naciones; que incluso varias tomaron hasta los colores de nuestra Bandera Nacional para darse sus propias enseñas patrias.

Con todo, en ese mismo siglo XX comenzó la declinación a causa de los golpes de Estado cívico-militares —que tuvieron su origen en 1930— y de la emergencia, nuevamente, del caudillismo, del culto a la personalidad que aún perdura en esta Argentina del siglo XXI.

Los grandes pasos de las primeras décadas del siglo XX, como la creación de YPF o de la siderurgia nacional, fueron acortándose.

La independencia proclamada el 9 de julio de 1816 parece hoy como algo que en esa época no existía: una foto. Sí, una imagen estática, un grito congelado en el espacio y en el tiempo.

Es hora de que los argentinos asumamos que la independencia es una labor diaria, una tarea inconclusa que —debido a nuestro retroceso en todos los órdenes— requiere que reconstruyamos nuestros valores y nos reunamos para ser parte de una nueva dirigencia nacional que promueva que Dios y la Patria le reclamen a la actual dirigencia política por todo el daño ocasionado a la Nación y paguen por el verdadero genocidio que están causando a través de la generación diaria de pobres en un país rico, por la creación de ese grupo de jóvenes “que ni estudia ni trabaja” en un país que fue un faro que iluminó a otras naciones con su educación y con su cultura. Desde hace años, esta Argentina impulsa al exilio a aquellos jóvenes que tienen las ambiciones normales de cualquier ciudadano que habita en un “país normal”.

Los que hemos estado bajo bandera hemos jurado “defenderla hasta perder la vida”. Los niños, en las escuelas, realizan la ceremonia de Promesa de Lealtad a la Bandera Argentina. Debemos repensar acerca de esto y trabajar para que estas fórmulas no sean meras declaraciones, sino que adquieran el verdadero sentido que encienda la llama que ilumine y suministre la energía vital necesaria para la fundación de una Segunda República, para una Reconstrucción Nacional.

Dotémonos del espíritu de cuerpo que nos permita peregrinar hacia la “Argentina prometida”.

Desarrollemos el sentimiento de argentinidad para ser verdaderamente independientes como lo soñaron nuestros próceres y quienes les sucedieron en la historia, quienes dieron su vida en 1982, quienes trabajaron incansablemente por la grandeza de la República.

Recordemos al Libertador General San Martín, quien nos trazó el camino: “Cuando la Patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla”.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

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AL SONAR DE LOS TAMBORES Y AL COMPÁS DEL TARARÍ

F. Javier Blasco*

Frase que encabeza el primer párrafo de un muy conocido pasodoble de temática y uso militar para amenizar los desfiles, las marchas y los pasacalles titulado “Soldadito español”. Su autor, el compositor de zarzuelas, revistas musicales y sainetes, Jacinto Guerrero, lo compuso para la revista musical “La orgía dorada”, revista estrenada en 1928.

Su letra sencilla y pegadiza, arrastrada hasta nuestros días, quiso ser y así lo consiguió, un sencillo y a la par sincero homenaje al más que vilipendiado Ejército español, a sus soldados y a todo lo que la marcha e incorporación a las guerras lejanas implica y rodea para los afectados y sus familiares.

Nació como una necesidad de paliar los graves efectos producidos por los sangrientos y desastrosos avatares bélicos que se habían sucedido en las décadas inmediatamente anteriores: las guerras de independencia de Cuba y Filipinas y las campañas de Marruecos.

Marcha que me viene a colación porque aún recuerdo claramente la mañana del 11 de septiembre de 2001, en la que atónitamente vi desplomarse las torres gemelas cuando me encontraba en el despacho del General jefe de la División de Planes del Cuartel General de la OTAN en Nápoles (AFSOUTH), a la sazón mi Jefe, despidiéndome por final de ciclo y destino, tras tres años de duros trabajos para tratar de llevar cierto orden y concierto a la entonces provincia serbia de Kosovo; y que hoy es un país independiente, reconocido por otros muchos países y que por los designios de la suerte, nuestra selección de futbol ha tenido que jugar en su contra, a pesar de que España, por razones obvias, no lo ha reconocido como país soberano e independiente.

En aquella mañana, llena de atentados por doquier, se rompió súbitamente la paz mundial y se daba un giro copernicano al equilibrio entre fuerzas; los norteamericanos al verse amenazados en su propio territorio —por segunda vez en su historia— forzaron a que el presidente Bush declarara la llamada “guerra contra el terrorismo” y, de paso, invocara el artículo 5° del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, por lo que nosotros con nuestros soldados aparecimos allí en Afganistán como integrantes de una amplia coalición internacional.

Nuestras capacidades de proyección, alimentación y sostenimiento de operaciones lejanas debieron multiplicarse por varios cientos ya que con esa intervención, a pesar del paraguas norteamericano, las distancias y los medios a trasladar no solo se aumentaban sino que se sofisticaban aún más con medios aéreos y complejos sistemas de vigilancia, de seguridad y adecuados sistemas sanitarios para participar en una verdadera guerra.

Pronto entendimos que no solo había que luchar contra el terrorismo, sino que nuestra misión era aún más grande y honrosa; salvar a un pueblo entero y en especial a sus mujeres y niños de las garras de unos desalmados que les trataban peor que al ganado y despreciaban continuamente sus derechos humanos. Nuestros resortes de cooperación internacional saltaron con eficacia y despreocupación, y además veíamos que éramos bienvenidos por los países aliados y que los nativos claramente nos agradecían nuestra presencia y esfuerzo.

Pero, a pesar de todo aquello, nos dimos cuenta que aquello no era una simple operación de paz y mucho menos más humanitaria que otra cosa; los zarpazos de las balas, las esquirlas de las minas contra carro, las explosiones al paso de nuestros convoyes y los derribos de helicópteros, no se hicieron esperar.

El enemigo estaba bien dotado de armas de todo tipo y cuya procedencia, a pesar de aparentar no ser muy clara, todos sabíamos que venía de los anteriores apoyos norteamericanos a los entonces sus amigos y ahora enemigos y señores de la guerra y a ciertos oscuros intereses de países que siempre buscan la forma y el modo de actuar contra Occidente, Estados Unidos, la OTAN y otro tipo de aliados con el trapicheo de armas y explosivos.

La misión se alargaba, los resultados positivos se hacían esperar, los atentados y auténticos combates se multiplicaban, los contingentes se agrandaban y el gasto en vidas, la mucha sangre derramada y el ingente y caro material echado a perder en aquellas tierras inhóspitas y duras empezaban a pasar factura a España. Todo ello recordaba a los tiempos pretéritos en los que nació la canción del soldadito español que da título a este humilde trabajo y homenaje. Pasodoble que, sin ser consciente de su significado y origen, lo he tatareado y oído sonar varias veces, ya que se empleaba en los acuartelamientos y bases aéreas a la hora de las despedidas y la formación de agrupaciones o batallones ad hoc que se encuadraban para participar en dicha misión; misión, que a todas pintas, nunca iba a terminar de forma positiva ni con resultados que justificaran tanto esfuerzo humano y económico y los demasiados desvelos tan lejos de la patria.

Como Coronel Jefe del Regimiento Aero transportable nº 29, Isabel La Católica he tenido que formar e instruir a varios contingentes a desplazarse a dicha misión. Cuanto me hubiera gustado partir con ellos, pero los contingentes formados por mis hombres y mujeres soldados durante mis dos años de mandato, no tenían la entidad suficiente para que su Coronel partiera al mando de ellos —por aquel tiempo también participábamos a la vez en la misión en Iraq de la que Zapatero nos sacó de forma tan poco honrosa y nada profesional— por lo que les despedía como el padre que ve marchar, envuelto en zozobra y en ocultas lágrimas, a sus hijos a la incierta aventura y me apresuraba a ser el primero en llegar a recogerlos a su vuelta, cansados y cambiados en cuerpo y alma.

Tras cumplir mis dos años de mando, me despedí del Regimiento sin haber perdido ni uno de los casi ochocientos efectivos que me fueron entregados dos años antes; había cumplido mi deseo y sueño, mantenerlos a todos juntos; vivos y sanos y así lo recalqué en mi discurso de despedida frente a todos ellos formados el día antes de entregar el Mando y la Bandera a mi sucesor.

Pero el inefable transcurrir de la vida, la mala suerte o ambos a la vez me arrastraron a que en un corto periodo de tiempo, tuviera que ir a recibir en Getafe a muchos, demasiados féretros de compañeros de helicópteros —unidades en las que también pasé muchos años de mi vida— y de suboficiales y tropa de mi apreciado Regimiento; a estos últimos les recordaba tanto por sus caras cómo por muchos de sus nombres, sonrisas o gestos al despedirme con cierta alegría y nostalgia aquel mi último día en Pontevedra, cuando ellos ya estaban ultimando sus preparativos para su próxima e inminente rotación en Afganistán.

Más tarde, les lloré en silencio uno a uno en sus improvisadas capillas ardientes, así como visité a algunos heridos en el hospital Gómez Ulla cuando aún conservaban el estupor en sus rostros y miradas. Me fundí en un fuerte abrazo con su Capitán en la base área al descender del avión, un hombre joven, emprendedor y muy ilusionado, que siempre estaba dando ejemplo y sufría los esfuerzos y riesgos con sus soldados y que, para su suerte o desgracia, viajaba en el helicóptero menos afectado en aquel ataque o incidente; caso y hecho que nunca fue limpia o realmente aclarado y pronto se tapó bajo el mando del ministro Bono.

Como es sabido, las penas nunca llegan solas, por lo que en breve, el goteo de muertes en las mismas y sucesivas rotaciones también me llevó a recordarles y hasta llorarles a todos y todas a medida que sus nombres se iban apilando en la larga lista de caídos en la contienda.

Como muchos de los españoles, estaba convencido de que tamaño y gran esfuerzo valía la pena; nuestras fuerzas cumplían una misión sublime y eran muy queridos entre aquellos que recibían su ayuda de forma directa o indirecta; pero aquella euforia o simpleza que lograba desde mi punto de vista me hacían olvidar que la envidia, la inquina y la traición son parte consustancial del pensamiento humano y quizá mucho más exacerbadas en las mentes de las gentes de aquellas tierras. Personas que sospechan de todo y todos por estar curtidas bajo la bota opresora, el trapicheo con la droga, la revancha y la Ley del Talión; donde las mujeres y los niños —sobre todo las niñas— son objeto de chanza, abuso, desprecio, canje y corrupción y que aquellos acercamientos y determinados grados de amistad se convierten para muchos de ellos en cosas o amistades muy peligrosas, que en el momento que puedan y tengan ocasión, deberán ser corregidas lo más brutalmente posible para que sirvan de ejemplo y no se vuelvan a dar con los que por ser extranjeros, son enemigos de ellos y de su religión por mera definición.

Hace dos días vimos a SM el Rey ir a recibir a las pocas decenas de los últimos militares españoles que regresaban, cuando alguien por encima de nosotros, allá en la Casa Blanca, ha decidido que tras veinte años de lucha encarnizada y desigual sobre un terreno tan hostil, se ha terminado sin ninguna explicación más la misión en Afganistán y otra vez más, no hemos tardado en recoger a toda prisa, dejar lo no necesario y marchar de regreso a casa. La escena me recordó en sentido contrario y salvando las grandes distancias, al regreso de los últimos de Filipinas; aquellos soldados que lucharon bravamente durante cientos de días lejos de España sin saber que nuestro gobierno había decidido dar por terminado el conflicto y entregar aquella colonia, pero que por seguir cumpliendo sus órdenes recibidas, mantuvieron una débil posición muriendo uno a uno, salvo unos pocos, por los embates del enemigo, la miseria y la infección.

Supervivientes del destacamento de Baler fotografiados el 2 de septiembre de 1899, a su llegada a España. MUSEO DEL EJÉRCITO. (Fuente: EL PAÍS).

Hoy he leído un pequeño artículo de un buen amigo hablando del tema, en el que se preguntaba para que habíamos empleado veinte años en aquella zona y misión y yo me sumo a su pregunta y, cómo ya he mencionado anteriormente, añado mi gran preocupación por aquellos nativos que crecieron y trabajaron de alguna forma a nuestro lado haciéndonos la vida más llevadera y ahora se quedan solos sin nuestra protección, al albur de la represalia y de la opresión.

Sirva este pequeño trabajo como recuerdo y homenaje de un viejo Coronel, y espero que no sea el único, a todos aquellos hombres y mujeres que dieron su vida o regaron con su sangre aquellas tierras y parajes cumpliendo con la misión encomendada aunque, tras veinte años nos sigamos preguntando de qué ha servido tanto esfuerzo y hasta el regalo de su propia vida tan generosamente regalada, al igual que las de los soldaditos españoles de aquella simple y pegadiza canción que así empezaba; al sonar de los tambores y al compás del tararí…

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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