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CAPACITEN AL SECRETARIO DE MALVINAS

César Augusto Lerena*

Estadio Malvinas Argentinas, Mendoza. Durante el Mundial Sub 20 le taparon el símbolo de las Islas y ya habían intentado cambiarle el nombre.

La Ley 27.671, sancionada el 15 de julio de 2022, estableció la obligatoria, periódica y permanente capacitación en la Cuestión de las Islas Malvinas de todas las personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y jerarquías en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación; aunque, a nuestro entender, erróneamente, ésta ley refiera a «la situación colonial en la que se encuentran las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur (en adelante Malvinas) y los espacios marítimos correspondientes, parte integrante del territorio argentino, que desde 1833 son objeto de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido, reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas», cuando debieran resaltarse, lisa y llanamente, los derechos soberanos de la Argentina de esos territorios y reclamar al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (en adelante el Reino Unido) la devolución de Malvinas, además de la Antártida y sus aguas y la plataforma continental extendida (espacios que no se indican), en un todo de acuerdo, a la Res. 1.514 (XV) del 14/12/1960 de la Asamblea General de las Naciones Unidas que, en especial prescribe: «… todos los pueblos tienen un derecho inalienable (…) al ejercicio de su soberanía y a la integridad de su territorio nacional (que) la sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales (que) deberá cesar toda acción armada o toda medida represiva de cualquier índole dirigida contra ellos, y respetarse la integridad de su territorio nacional (que) todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas (y que) todos los Estados deberán observar fiel y estrictamente las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas (…) sobre la base de la igualdad, de la no intervención en los asuntos internos de los demás Estados y del respeto de los derechos soberanos de todos los pueblos y de su integridad territorial».

No se trata entonces de una disputa, sino de la apropiación prepotente del Reino Unido de espacios insulares y marítimos que forman parte indivisible del territorio argentino y de la explotación de sus recursos naturales, que cercena la soberanía nacional y empobrece al pueblo argentino.

Según la Corte Internacional de Justicia «Una disputa legal internacional se puede definir como un desacuerdo sobre una cuestión de derecho o de hecho, un conflicto o un choque de puntos de vista o intereses legales» (Manual sobre la aceptación de la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, 2017-2023) y según la RAE “disputar”, que proviene del latín “disputare”, define esta palabra “como examinar punto por punto una cuestión; exponer razonadamente algo o, controvertir” y sí, “la disputa” es una controversia; es decir, una discusión reiterada entre dos o más que defienden opiniones contrarias y si la Argentina aceptase el alcance de este significado etimológico, le estaría quitando la contundencia que se expresa con una energía que no da lugar a la discusión y la certeza de la convicción expuestas en la Disposición Transitaria Primera de la Constitución Nacional que reza: «La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino».

La soberanía nacional está más allá de la disputa que reconoce la Res. ONU 2065/65 (XX) pese a la ocupación británica; ya que lo que debe exigir la Argentina es su ejercicio pleno cercenado por esta potencia extrajera. No están en discusión posiciones contrarias, se debe reclamar la devolución de los archipiélagos y aguas ocupadas, además de llevar adelante otras medidas activas no bélicas, que la Secretaría de Malvinas no lleva, destinadas a debilitar la posición del Reino Unido en Malvinas y recuperar el territorio usurpado.

La capacitación tampoco puede limitarse a detallar antecedentes y derechos como menciona el artículo 6º de la Ley, sino en avanzar en explicitar qué representa política, estratégica, económica, social y territorialmente, para los argentinos, la apropiación del Reino Unido de estos importantes espacios nacionales.

Refiere la Ley 27.671 en su artículo 3º que la capacitación estará en manos de la Autoridad de Aplicación y el Decreto 720/2022 establece que esta función estará en manos del Ministerio de Relaciones Exteriores a través de la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, que a un año de sancionada esta ley y a tres de aprobada la Ley 27.558 de creación del Consejo Nacional de Malvinas que en su artículo 2º establecía entre sus funciones la de «realizar acciones destinadas a colaborar en la difusión y promoción de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas…»; que a la luz de los recientes hechos donde la FIFA, con acuerdo de la AFA y del gobierno de Mendoza, resolvió tapar el cartel de la bandera nacional y la imagen de las Islas Malvinas, además de cambiar el nombre “Malvinas Argentinas” al estadio de Futbol elegido para jugar el Mundial de Sub 20 de futbol y en el Estadio del Bicentenario de San Juan se impedía el ingreso a personas con símbolos referidos a Malvinas; lo que demuestra la inacción o el fracaso de las acciones del gobierno en destacar e interiorizar la importancia de “la Cuestión Malvinas” y, por el contrario, con criterio economicista, se banaliza la soberanía nacional, con total desprecio del mandato popular.

Paupérrimo. Una verdadera muestra de sumisión e inadmisible falta de difusión nacional de los derechos argentinos sobre estos territorios nacionales y un exceso de facultades de instituciones internacionales y nacionales en cuestiones que violan la Constitución Nacional. Resulta obvio, que no se ha cumplido con el artículo 4º de la ley de Capacitación que refiere a incorporar tanto “las dimensiones de sensibilización como de transmisión de conocimientos”.

Al respecto, Ariel Rolfo (Pal’Sur, 27/05/2023) sostiene “que la respuesta de la Secretaria de Malvinas respecto al ultraje a nuestros símbolos fue correcta pero insuficiente ya que por competencia deberían haber hecho la denuncia por violación del Artículo 222º del código penal y al no hacerlo están siendo pasibles a la sanción penal por el artículo 248º del citado Código, al configurarse la figura delictual de incumplimiento de los deberes de funcionario público”.

Mientras esto ocurre en la Argentina y en el marco de la inconducente política que lleva la Secretaría de Malvinas de la Cancillería de promover el diálogo con los británicos, cooperar unilateralmente con los isleños y buscar apoyos teóricos, el Reino no hace más que avanzar sobre nuestros territorios y apropiarse de los recursos pesqueros, petroleros y gasíferos. De los 11.410 Km2 de Malvinas que en 1982 invadía en Malvinas hoy ocupa 1.639.900 km2 de territorio insular y marítimo argentino; construyen puertos; mejoran su logística y las pistas de aterrizaje; modernizan el armamento militar; aumentan las relaciones con nuestros vecinos Brasil, Chile y Uruguay; optimizan sus relaciones societarias con España para favorecer el ingreso de los productos pesqueros sin arancel a la Unión Europea; otorgan licencias pesqueras con las que se apropian de 250.000 toneladas por año por un valor en el comercio final de orden de los 6.000 millones de dólares; empresas británicas realizan exploraciones pesqueras en el área de Malvinas y la Zona Económica Exclusiva Argentina; la empresa Borders & Southern Petroleum (B&S) desarrolla el concepto de condensado de gas cuyo proyecto inicial de 640 millones de U$S permitiría recuperar la inversión dentro del primer o segundo año de producción según el precio del petróleo y, la embajada británica en la Argentina pretende culturizar nuestro pueblo invitando a jóvenes argentinos a “visitar sus vecinos los isleños” o enseñarle inglés a los catamarqueños, como si el Estado argentino no tuviera capacidad de hacerlo.

Tal vez sería bueno, empezar por capacitar a la Autoridad de Aplicación, si es que no queremos que la ignorancia, someta a los pueblos a la colonización, a la expoliación sus recursos esenciales y consecuente pobreza.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente de la Fundación Agustina Lerena (Fundada el 21/10/2002), Presidente Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana, CESPEL (Fundada el 02/04/1989).

Autor de “Malvinas 1982-2022. Una gesta heroica y 40 años de entrega” (2021) y de “Pesca Ilegal y Recursos Pesqueros Migratorios Originarios de los Estados Ribereños de Latinoamérica y El Caribe” (2022).

https://www.youtube.com/watch?v=-zhBhbCs720
Así bajaban el cartel que tapaba a las Islas Malvinas en el Estadio de Mendoza.
Fuente: Ámbito.

OTRA DE LAS INNUMERABLES GUERRAS OLVIDADAS: MYANMAR.

Isabel Stanganelli*

Imagen de Gordon Johnson en Pixabay

Se independizó como Birmania en 1948 junto con todos los nuevos países que sucedieron a la “India británica”. A diferencia de Pakistán, todos los restantes lo lograron pacíficamente. Lamentablemente ni Birmania ni Sri Lanka pudieron evitar posteriores guerras civiles. Luego de varios años y diversas intervenciones Sri Lanka logró alguna estabilidad, pero el destino de Myanmar continúa incierto.

Con excepciones, los Estados que cuentan con numerosos grupos étnicos suelen forjar alianzas y éstas rivalizan con otras. Max Weber ha analizado lo suficiente la índole de las relaciones familia-clan-tribu y este país no resulta excepción para sus conclusiones.

Algo menos del 90% de sus habitantes son budistas, 8% católicos —porcentaje menor pero tan destacado por su nivel educativo que sin importar la religión de los estudiantes, prefieren instituciones católicas para obtener sus títulos—.

Debo confesar que he estado en Myanmar. Que me enamoré de Myanmar. Sus paisajes, su gente, su cultura, los momentos compartidos con algunas comunidades.

Llegué en vuelo desde Tailandia. Era imposible —y sigue siéndolo— conseguir visa para visitar este Estado, “el país ermitaño” en Occidente, sin embajadas en el continente americano y bajo sanciones; solo pude obtener el permiso desde Bangkok. De hecho Myanmar cuenta actualmente con 20 embajadas en Asia, nueve en Europa y una en Oceanía (en Australia)… Fin del inventario.

Durante el breve vuelo me sorprendió la cantidad de fotógrafos entre el pasaje: resulta que en otro vuelo —privado— viajaba de visita el rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej (Rama IX), y la prensa lo acompañaba en el mío.

Nueva sorpresa al arribar al hotel: una alfombra roja cubría la entrada y a cada lado de la escalera había efectivos militares vestidos con los trajes características de los principales grupos nacionales. El rey de Tailandia se hospedaba en el mismo hotel y estaba por llegar.

Respecto de los birmanos, 80% de la población, la junta militar que gobernaba desde 1988 el país había decidido cambiar el nombre de Birmania por Myanmar por una cuestión de respeto a las restantes minorías. Hoy esa decisión está en entredicho (es posible que la queja provenga justamente de la mayoría birmana).

Por razones obvias no estaban en esa escalera las “mujeres jirafa”, a las que desde niñas se les incorpora un anillo de oro en el cuello a los que se agrega uno cada año. ¿El objetivo? Siendo un lugar tan vulnerable, protegen el cuello de las niñas-mujeres de los zarpazos de los grandes felinos del país.

Pero es la ultraminoría musulmana la perseguida al punto de señalarse los ataques contra ella como genocidas o referirse a ellos como limpieza étnica: son los rohingya, con los que estamos familiarizados en Occidente gracias a la serie de Netflix Pine Gap. El tratamiento de esta cuestión, como veremos, ha dañado la reputación de la máxima figura actual y premio Nobel Aung San Suu Kyi…

Destaquemos que más del 65% de la población nacional es rural, que el país situado entre el trópico de Cáncer y el Ecuador es mayormente selvático, la base de la alimentación es el arroz y, como detalle, el animal de tiro es el elefante.

Las sanciones y las turbulencias del gobierno hicieron de Myanmar, uno de los países más pobres de la región. Sobreviven modos tradicionales de subsistencia.

Cuando visité Myanmar, la activista Aung San Suu Kyi se encontraba bajo arresto domiciliario. Hija del general Aung San, asesinado por otros militares de diferente signo político, quien era reconocido como uno de los padres de la Patria e incluso billetes de la moneda local llevaban su retrato. Su hija había ganado las elecciones en 1990 pero la junta militar desconoció los resultados. Un año después sus hijos recibieron en su nombre la distinción en Estocolmo. Aung San Suu Kyi tenía amplia experiencia en Occidente y había trabajado para numerosas instituciones incluyendo la ONU hasta contraer matrimonio con un británico, elemento utilizado por la junta para negarle el cargo ganado en los comicios: estaba casada con un extranjero… Con el tiempo el motivo fue ser la viuda de un extranjero y luego haber estado en prisión…

Conocida como “The Lady” —“La Dama”—, siempre tuvo posibilidades de abandonar su país, pero jamás tuvo garantías de la junta en poder volver a ingresar. Su actividad de oposición política y su modalidad al estilo Gandhi la hicieron merecedora de otros importantes premios relacionados con la democracia y la paz mundial.

Mientras alternaba prisión domiciliaria, prisión en la nueva capital —en una ocasión no se le permitió descender del taxi frente a su casa por una semana— o en hospitales, Aung San Suu Kyi fue objeto de las situaciones más insólitas. Una de ella fue la aparición en su casa de un periodista que había nadado un ancho lago para llegar, permaneció tres días en su domicilio para restablecerse y de paso entrevistarla y retornó nadando… Fue descubierto y no resultó fácil eximir de responsabilidad a La Dama. Entre tanto ocurrieron las protestas de 2007, levantamientos budistas y el devastador paso del ciclón Nargis entre otros eventos.

El mundo siguió sancionando al país. Posiblemente haya colaborado en ello que tenía buenas relaciones con China y naturalmente facilitaba el acceso de ese país al océano Índico donde cuenta con una base en las islas Cocos para observar los movimientos de India o incluso integrar el conocido “collar de perlas” en dicho océano.

Incluso hubo presión occidental para que fuera expulsada de la ASEAN, pero los miembros de esta organización respondieron que no tenía sentido aislar al país puesto que ya había elegido estar aislado. También tiene status de observador oficial en la Organización de Cooperación de Shanghai.

Durante la vigencia de la junta hubo cierres de universidades. Los estudiantes, sin importar que tan avanzados estaban en sus carreras debieron recurrir al campo para encontrar trabajo.

Uno de los elementos que reducía las protestas era la gran cantidad del presupuesto nacional asignada a los templos budistas, así como los obsequios y ornamentos de oro que la junta les asignaba.

La magnificencia de los templos del complejo Shwedagon en la anterior capital, Yangón, supera todo lo imaginable. Solamente la pagoda Shwedagon, de 110 m. de altura, está cubierta por planchas de toneladas de oro y en su parte superior cuenta con casi 5.500 diamantes y más de 2.300 rubíes. Todo el complejo abarca 46 hectáreas —la superficie del Vaticano es de 44 hectáreas— donde cuenta con docenas de otros templos, santuarios, más de 60 stupas (un tipo de arquitectura budista hecha para contener reliquias, que deriva probablemente de los antiguos túmulos funerarios) y pequeños altares como los que representan los ocho días de la semana budista.

Pero todo el país cuenta con templos. Solamente la ciudad de Bagan supera los 4.000 y ya forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad (UNESCO).

Toda esta información y la óptica de la filosofía oriental pueden ayudarnos a comprender la estrategia de las sucesivas juntas militares de guarecerse detrás del Buda a través del visible mantenimiento de los templos donde se lo venera: una vez más la religión como instrumento de dominio.

Pero la historia de Myanmar también nos muestra a monjes budistas inmolándose. Y justamente en 2007 la junta debió sofocar una revuelta budista.

Hubo elecciones en 2010 pero fueron consideradas fraudulentas y siguió la guerra civil, con los budistas contra la junta militar pero también contra los rohingya.

Finalmente en las elecciones de noviembre 2020 el partido de Aung San Suu Kyi resultó ganador con ella como Consejera de Estado.

El golpe de Estado no se hizo esperar. El 1º de febrero de 2021 el flamante gobierno fue destituido y La Dama, de 77 años, acaba de ser condenada a 33 años de prisión por diversos delitos cuya comisión no puede ser verificada.

De todos modos su nombre ha estado perdiendo brillo durante la última década por el no reconocimiento del genocidio contra los rohingya, grupo al que ni siquiera reconoce derecho a estar en el país. Ya se le han retirado varias distinciones otorgadas por su lucha por la paz, la libertad y la democracia.

La situación en Myanmar es desesperante: en los dos años transcurridos se evalúa que cerca de 3.000 civiles han perdido la vida y la población se cuestiona por que no recibe ayuda de la comunidad internacional, que observan que si se ocupan de la situación de Ucrania.

Independientemente de que un argumento es que ésta es una cuestión interna, nos sobran ejemplos de situaciones internas que han merecido la intervención de la comunidad internacional. Posiblemente Myanmar es otra víctima del trastorno por déficit de atención de la comunidad internacional. Con ello colabora que el país es poco conocido porque justamente sus sucesivos gobiernos no han favorecido las visitas, el turismo ni el ingreso de los medios.

Y aunque es cierto que una fracción de la ayuda destinada al conflicto en Europa podría alcanzar para pacificar Myanmar, el argumento de que lo de Europa podría terminar en una nueva guerra mundial podría encubrir el sentimiento de que existen Estados que son centrales y otros menos importantes (¿una forma de “racismo”?).

El hecho de que la junta ahora no tenga serios rivales y de que lo que ocurre ahí no haya producido la devaluación de ninguna moneda, no ha impedido que la Unión Europea impusiera una quinta ronda de sanciones en noviembre o que la ONU advirtiera con adopción de medidas… las aplicadas durante décadas no impidieron el descenso al horror de la población de Myanmar.

 

* Profesora y Doctora en Geografía/Geopolítica, Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Magíster en Relaciones Internacionales, UNLP. Secretaria Académica de la SAEEG.

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¿QUÉ NOS DICEN LOS CULTIVOS DE ADORMIDERA EN AFGANISTÁN?

Isabel Stanganelli*

Imagen de Gordon Johnson en Pixabay

«Afganistán es el modelo de lo que se puede alcanzar en Iraq».

George W. Bush, discurso ante la Asamblea de la ONU.

 Septiembre 2002

 

Hubo batallas, sucesivos presidentes, cambios de Constitución, rotación de «responsables» de garantizar la paz y la «democratización»  vigente en Occidente. Estamos refiriéndonos a 20 años, el doble de la estancia soviética en el país.

Y me referiré solamente a un aspecto de las actividades y objetivos en Afganistán durante esas dos décadas: los cultivos de amapola.

Resulta de utilidad mencionar que luego del petróleo y las armas, las drogas son el tercer producto mundial de comercio. El Triángulo de Oro —Myanmar, Laos, Tailandia— había sido la mayor zona productora de opio[1] del planeta durante la Guerra Fría, pero la Media Luna de Oro —con Afganistán como punto de partida— pronto sustituyó con creces a la anterior como parte de la post Guerra Fría[2]. Y fue justamente una buena fuente de ingresos durante la resistencia a la ocupación soviética 1979-1989.

La cuestión es que en 2003, una hectárea, cultivada con trigo rendía US$ 350, una con adormidera —en un 75% amapola blanca— rendía US$  6.150. Si tenemos en cuenta que este cultivo es menos exigente, es fácilmente colocable en el mercado, su valor es ínfimo en relación con el valor de venta final por lo que los compradores pueden incrementarlo sin mayores pérdidas —siempre tendrán consumidores en el ancho mundo—, puede ser guardado o acopiado indefinidamente y permite comprar todo lo imaginable: armas, alimentos, protección… Resulta el producto perfecto para sostener una guerra y también para reconstruir un país. 

Evolución de los cultivos

Este cultivo existe en Afganistán desde hace siglos, pero hemos visto que su uso comercial se inició durante la ocupación soviética del país. Los muyahidines —sostenidos por la CIA— tenían cultivos. Enviaban la morfina base a Pakistán o a Turquía donde era transformada en heroína. Tanto la resistencia a la ocupación soviética como la posterior guerra civil entre los grupos que habían expulsado a los soviéticos, pero que no lograron acuerdo para gobernar el país, fueron destruyendo las infraestructuras agrícolas, los principales canales de irrigación y las rutas al mercado de todas las restantes fuentes de ingreso nacionales, además de producir la emigración de la población. Con respecto a la población más capacitada, comenzó a destacarse en foros científicos y académicos en países vecinos y ya no regresaron.

Después del retiro soviético, y ya sin Rocky ayudando, el país perdió los subsidios de Moscú, no recibió más ayuda de Washington ni del resto del mundo —salvo la ocasional de Pakistán—. Los señores regionales de la guerra, líderes de tribus y clanes, lucharon entre sí, provistos de importantes fuerzas a las que pagaban, alimentaban, vestían y armaban —y cuya fidelidad compraban— con el dinero que aportaban los crecientes cultivos de opio.

Era la última década del siglo XX y en su transcurso Afganistán no solo sustituyó al Triángulo de Oro en la producción de opio sino que recibió la actividad de Pakistán, donde estaba comenzando a ser considerada ilegal.

Hacia 1996 el grupo mayoritario pashtún de ideología talibán logró imponerse a la Alianza del Norte (uzbekos, tadjikos, hazaras) y tomó Kabul. Entre sus medidas impuso la reducción de esta producción y solicitó ayuda internacional para subsidiar a los campesinos que sustituyeran este cultivo. Recibieron unos 630.000/año durante cinco años… Colombia recibió en el mismo lapso 399 millones anuales…

Como consecuencia, los cultivos en Afganistán no se redujeron: pasaron de 58.400 hectáreas en 1997 a 91.000 en 1998. Y siguieron incrementándose. Los campesinos necesitaban alimentarse y recuperarse de los daños producidos por los conflictos. Lamentablemente éstos continuaron.

Fue exactamente en 1999 cuando la producción de 4.565 toneladas superó a la de todo el resto del mundo incluyendo al Triángulo de Oro, llegando a alcanzar el 70% del total mundial.

Sin embargo en el año 2000 se redujo a 3.300 toneladas en plena época de cosecha —julio—; el entonces gobernante Mullah Omar prohibió los cultivos, hizo incendiar los laboratorios de heroína y encarcelar a los campesinos que no destruyeran sus cultivos. Esta decisión se debió a que Washington afirmaba que el gobierno talibán se sostenía con armas adquiridas con los ingresos provenientes del opio. En 2001 se siguieron reduciendo las hectáreas cultivadas, 1.625 hectáreas, 96% de reducción. Posiblemente el 4% restante proviniera de áreas aún no controladas por los talibán, las de la aún beligerante Alianza del Norte.

La llamativa reducción en 2001 fue y sigue siendo objeto de numerosas especulaciones: ¿se buscaba reducir la oferta para aumentar su precio? (personalmente no creo pues esto beneficiaba a la alianza rival septentrional), ¿se procuraba lograr el reconocimiento del gobierno por la ONU?, ¿el levantamiento de sanciones y la ayuda internacional? Al menos la solicitaron. Y lograr reducir en un año el 96% de un cultivo no deja de ser un logro asombroso.

Numerosos diplomáticos occidentales advirtieron que si se perdía este gesto los cultivos volverían. Pero el entonces presidente Bush Jr. bloqueó cualquier gesto a favor de la rehabilitación diplomática de los talibán al reclamar la entrega de Osama bin Laden como consecuencia de 11-S.

Afganistán «protegida» por Occidente

En 2002, ya sin los talibán, la ONU señaló el colapso total de la ley y el orden en Afganistán. Según Estados Unidos se plantaron 30.700 hectáreas, 74.000 según la ONU y hubo provincias que hasta incorporaron cultivos de cannabis —marihuana—. En 2003 la ocupación entregó semillas de trigo para sustituir el cultivo de adormidera, pero curiosamente donde se entregaron esas semillas fue donde más se cultivó amapola y ese año se produjo 6% más opio que el año anterior, 75% del opio del mundo con 61.000 hectáreas bajo cultivo —según Estados Unidos—, 80.000 para la ONU, el doble de superficie que en 2002.

Gran cantidad de sindicatos, organizaciones y hasta campesinos y funcionarios preferían compartir las ganancias antes que combatir: «vuelva en una semana y no encontrará los cultivos». Por pocos dólares negaban haber visto siquiera laboratorios. «Los americanos están enojados…. destruyamos algunos cultivos a orillas del camino»… El gobierno carecía de capacidad para investigar la corrupción oficial por drogas.

En 2004 el área cultivada se incrementó en 40%, incorporándose áreas nuevas y se esperaba que para 2005 el incremento de cultivos fuera del 43%. La ONU señaló un gran deterioro en la situación general y la existencia de campos que incorporaron maquinaria nueva, algo no hallado en otros cultivos.

Las familias próximas a Kabul que destruyeron los cultivos de opio quedaron en la miseria: se instalaron minas en sus campos para evitar nuevos cultivos.

Este era el gráfico de la evolución de la producción desde el retiro soviético hasta los primerísimos años de la ocupación occidental.
La misión de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán

En 2020 se cultivaban 224.000 hectáreas. Ya en 2018 la Oficina de Drogas y Crimen de la ONU aseguró que los opiáceos colaboraban entre el 6 y el 11% del PBI y superaban el valor de los servicios y bienes exportados. Afganistán ya estaba superando en producción el 90% mundial[1].

Curiosamente se responsabilizó y se sigue culpando a los talibán de dicha evolución y cae en el olvido la reducción del 96% de los cultivos decretada por el Mullah Omar antes de su destitución y la ocupación del país por Occidente. La elevada distribución de los cultivos es un hecho documentado y creciente a partir de 2002, coincidente con la ocupación extra continental.

Luego de 20 años en Afganistán, de haber implementado estrategias de toda índole y de haberse retirado cediendo nuevamente el gobierno al entonces derrocado régimen que había eliminado el cultivo en forma drástica, hoy se acusa a los talibán de enriquecerse con el mismo. Contradicción…

Reconocer la imposibilidad de controlar los cultivos por parte del gobierno de Estados Unidos y la OTAN debido a que no controlaban la totalidad del territorio ni aun habiendo permanecido 20 años es un argumento que se contradice con las noticias que recorrieron el planeta durante ese período.

De todos modos ya había algunos indicios de que algo no estaba saliendo bien… En 2017 el Washington Post informó que soldados estadounidenses pagaban a los granjeros para que dejaran de cultivar la amapola, intentaron esterilizar los suelos con productos químicos, bombardearon laboratorios[2] —operación «Tempestad de hierro»— y hasta llegaron a ocuparse de arrancar flores con las manos. Fue el año en que la superficie cultivada superó holgadamente las 300.000 hectáreas. Y es fácil deducir que si hubieran estado cerca de lograr erradicar los cultivos habrían sumido en la pobreza al pueblo al que querían «liberar». Nueva contradicción… El pueblo se habría lanzado contra los «liberadores».

Conclusiones

La Alianza occidental no había aprendido nada del pasado. Para los afganos, vencedores ante Alejandro, el imperio británico y el soviético, esta última incursión no fue más que otra invasión bárbara y la resistieron como a las anteriores con los recursos y alianzas que se les presentaron. Continúa siendo un bastión en el centro de Asia.

Por otra parte, llama la atención la desigualdad absoluta entre los dos contendientes. ¿Con qué estrategia ingresaron Washington y sus aliados en Kabul? ¿Asignar el control de Kabul a ciertos socios internacionales —hasta que se hizo cargo la OTAN— mientras las tropas estadounidenses presentaban dudosas batallas en el sur sin saber si los señores de la guerra que los protegían en realidad eran «leales»?

¿Obligando a intervenir a Pakistán para restar «profundidad estratégica» a los talibán? Esto también resultó una mala decisión como comprobamos con los bombardeos y la destrucción por drones de este país vecino que «no estaba ayudando lo suficiente».

Hemos visto que la batalla contra la adormidera resultó perdida y patética.

Además… en 20 años ¿no pudieron contar con al menos un estratega capaz de lograr algún triunfo, algo que aunque fuera por un instante iluminara esta estéril agonía de dos décadas que terminó con la entrega del poder a los mismos que habían sido derrocados y el abandono a su suerte de aquellos afganos que decidieron apostar por la superpotencia?

No hubo planeamiento estratégico y si entre los integrantes de la coalición hubo alguien capaz de advertir el peligro, no fue escuchado.

Lamentablemente Sherman Kent no se equivocó al advertir que por acertada que fuera la evaluación de los analistas y estrategas, nada obliga a quienes comandan a escucharlos.

 

* Profesora y Doctora en Geografía/Geopolítica, Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Magíster en Relaciones Internacionales, UNLP. Secretaria Académica de la SAEEG.

 

Referencias

[1] El opio es base para producir morfina, goma de opio y heroína.

[2] Si bien la Media Luna de Oro originalmente se refería a Afganistán, Irán y Turquía, la situación internacional la transformó en el principal centro de producción y origen de rutas, principalmente hacia el norte, oeste y sur de esta república.

[3] “El lucrativo negocio del opio. La guerra de las amapolas: el fracaso de EEUU en Afganistán que aupó a los talibanes”. El Confidencial, 21/08/2021, https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-08-21/guerra-taliban-eeuu-afganistan-amapolas-heroina_3238702/ [consulta: 20/02/2023].

[4] Hubo más de 200 bombardeos que debieron ser suspendidos debido a su alto costo y a la vez a su ineficacia.

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