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UNA GUERRA CONTRA NUESTRO MUNDO INVISIBLE

Agustín Saavedra Weise*

 

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Todos recordamos las novelas de Herbert George Wells, en particular las llevadas al cine: “La máquina del tiempo” y “Guerra de los mundos”. En esta última, extraterrestres invaden el planeta en tren de conquista. Dando casi por seguro el triunfo alienígena, he aquí que sus máquinas se desploman y los invasores mueren sin violencia. Los microbios terrestres —esos organismos que viven alrededor nuestro sin ser percibidos por la simple vista— resultaron letales para los invasores. Los humanos se salvaron gracias a esos diminutos acompañantes que tenemos desde los albores de la humanidad. Hasta ahí el final feliz de la novela, veamos ahora la realidad en este 2020.

El mundo humano ha vivido por milenios con bacterias que no siempre han sido ni son amistosas. Algunas nos protegen y otras han ocasionado desastres. En otras palabras: nuestros acompañantes nos protegen, pero también han generado enfermedades de diverso tipo. Como el organismo humano tiene sus propias defensas, en esa batalla al final todo depende de la fortaleza en cada ser de su sistema defensivo. Aun así, se han gestado plagas que pudieron ser evitadas, pero por descuido, lenidad, falta de higiene u otras anomalías propias del ser humano, se desencadenaron calamidades.

La gente se fue acostumbrando a cierto tipo de enfermedades benignas o estacionales, producto de sus virales acompañantes y así fue la cosa por muchos años, aunque con epidemias diversas esparcidas en algunos lugares del globo. El advenimiento de la revolución tecnológica —con sus adelantos e invenciones— pareció anunciar una nueva era con la posibilidad de liberarse de plagas y pestes. No fue así, la propia tecnología sirvió para manipular bacterias diversas, a veces con buena intención, otras con maligna voluntad. Hasta hoy se sospecha que las principales potencias tienen en su arsenal diversos tipos de virus, listos para ser desencadenados si se produce un conflicto en ese campo. Felizmente, hasta ahora prevaleció la contención.

Los gérmenes tradicionales (buenos y malos) viven con nosotros desde el principio de la evolución. Pero he aquí que algunos de esos invisibles seres —que en la ficción de Wells salvaron al mundo— son ahora nuestra Némesis debido a la perversa manipulación ejercida sobre ellos por muchos laboratorios públicos y privados. No en vano el magnate Bill Gates pronosticó en 2015 que la próxima guerra mundial sería contra las bacterias y no entre humanos. Hoy en día vemos a esa lucha desencadenada con toda su crudeza y aunque no soy partidario de las teorías conspirativas, debe admitirse que el tal Coronavirus o Covid-19 ha sido en su momento anunciado, observado y objeto de prevención, sin que se haga nada. Algunos inclusive afirman que pudo haber sido manipulado. Esto no lo sé ni puedo afirmarlo, pero la sospecha queda. El caso es que estamos inermes ante esta guerra entre dos mundos: el mundo en el que vivimos y ese mundo invisible que solo puede observarse con un microscopio.

El futuro es incierto: todo puede cambiar, desde la forma de saludarnos hasta cómo conviviremos y nos comportaremos en los días que vendrán. En esta guerra entre dos mundos el costo en vidas es ya grande y a nivel económico será colosal. Sí sabemos —con certeza— que nuestras vidas jamás serán las mismas, salvo que la sagrada estela de la Providencia ilumine pronto la mente de algún científico y surja la vacuna redentora. Por eso quiero cerrar esta nota con una sentencia del escritor Mario Benedetti: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas“.

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Tomado de El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia,

 

LA HUMANIDAD EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS. DE LA TEOLOGIA A LA INTELIGENCIA.

Marcelo Javier de los Reyes*

El discernimiento es la capacidad de 
distinguir la verdad de la casi verdad.

Charles Spurgeon (1834 – 1892)
Pastor Bautista

 

Introducción

Las comunidades judías y cristianas se encaminan a celebrar sus respectivas Pascuas. Por ello, y por las actuales circunstancias, recordé un pasaje del Antiguo Testamento, quizás el más relevante.

En Éxodo 12, se relata que el Señor les dio a Moisés y Aarón las instrucciones para celebrar la fiesta y la salida de Egipto “el 10 de este mes”, entre las que debían tomar un animal, cordero o cabrito, sin ningún defecto, macho y de un año, el cual debía ser inmolado por toda la asamblea, y con su sangre marcar los dos postes y el dintel de las puertas de las casas donde iba a ser comido. Del mismo modo les advirtió: “Esa noche pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos los primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto”. Quienes tuvieran la marca de sangre en la puerta estarían librados del castigo divino.

Eso ocurriría en una noche pero debía ser recordado por generaciones. Efectivamente, era una sola noche. Las poblaciones actuales verán pasar al “exterminador” durante meses y, en buena medida, el castigo dependerá de la capacidad de sus gobernantes para campear la crisis del coronavirus.

En una nota publicada por The Jerusalem Post su autor dice que algunos “cristianos devotos” creen que el coronavirus es una profecía apocalíptica, y lo demostrarían comparando “las misteriosas similitudes entre los eventos actuales y la profecía del fin del mundo presentada en el Nuevo Testamento en el Libro de Apocalipsis”[1]. El autor de la nota también menciona a los “Cuatro Jinetes del Apocalipsis”… Una vez más, el maravilloso Libro del Apocalipsis o de la Revelación, es tergiversado y desnaturalizado por algunas interpretaciones libres que gustan de utilizarlo en los momentos de catástrofes e incertidumbres.

Bajemos a la realidad

La realidad es que no se trata de un “castigo divino” sino de un grupo de hombres que está jugando a ser Dios en una desenfrenada e ilimitada carrera no sólo irracional sino también carente de toda emoción. Afortunadamente, el mencionado artículo también recoge una opinión que desmiente que se trate del Armagedón y abre la puerta a ciertas teorías, como la que considera que el COVID-19 sería una creación de un laboratorio, más precisamente, un “arma biológica”. Para muchos esto sería una teoría conspirativa… como si la historia no estuviera plagada de conspiraciones…

Es comprensible —ya por incredulidad, ya por ingenuidad, ya por falta de información, ya por la “necesidad salvadora de negar”— que muchas personas no puedan creer que el hombre, creador de los “derechos humanos” y poseedor de grandes virtudes como la caridad y la solidaridad, pueda llevar a cabo acciones de esta naturaleza, aunque hayan leído u oído sobre numerosas guerras. La utilización de armas biológicas ya tuvo lugar en la edad Antigua, hace 3.500 años, por los hititas. Por aquella época se sabía que la oveja portaba la tularemia o fiebre de los conejos, enfermedad infecciosa grave causada por la bacteria Francisella tularensis, que se transmite de los animales a las personas. Este es el primer registro de guerra biológica[2].

Bartolo Luque Serrano nos informa que en 1097, durante las Cruzadas, cuando se llevaba a cabo el asedio a la ciudad de Nicea, en Asia Menor, los Cruzados catapultaron cabezas humanas que no solo tenían por propósito amedrentar al enemigo sino también porque esos objetos “biodescompuestos” provocaban enfermedades[3]. Podrían mencionarse otros ejemplos, como el uso de armas químicas durante la Primera Guerra Mundial —por parte de alemanes y británicos—, la Unidad 731 del ejército japonés que, durante la Segunda Guerra Mundial, experimentó con humanos para desarrollar armas biológicas. Bien, hasta aquí alguien podría argumentar que se trataba de enemigos en una guerra y que ningún gobierno haría semejante experimento con su propia población. Muy bien, es cierto… relativamente cierto.

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Durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial se creó el complejo ultrasecreto de Porton Down, en Wiltshire, Reino Unido, el cual —desde 2004— es estudiado por el profesor de historia moderna de la Universidad de Kent en Canterbury Ulf Schmidt, quien recibió una subvención del proyecto Wellcome Trust para investigar la historia y la ética del programa de guerra química y biológica en el Reino Unido durante la Guerra Fría. Miles de militares de las fuerzas armadas británicas se ofrecieron como voluntarios para participar en los experimentos secretos sobre los efectos de las armas químicas y biológicas llevados a cabo en ese establecimiento de investigación del gobierno en Porton Down[4]. Se cree que entre 1945 y 1989, unos 3.400 militares participaron en ensayos con agentes nerviosos, pero varios miles más desde su creación fueron sometidos a experimentos con gas mostaza, fosgeno, sarín y otros agentes nerviosos, ántrax, Yersinia pestis (la bacteria de la peste), mescalina, ácido lisérgico y otras drogas. En 1953, los experimentos llevaron a la muerte del militar Ronald Maddison, de 20 años, investigación de la que participó el profesor Ulf Schmidt como experto histórico. El 6 de mayo de ese año se vertieron 200 miligramos de sarín líquido sobre una doble capa de ropa del uniforme del soldado de la Real Fuerza Aérea Británica. A la media hora había perdido el conocimiento y poco más tarde falleció[5].

Muerte del soldado Maddison. Fuente: <https://www.kent.ac.uk/porton-down-project/TS4.jpg>

En Estados Unidos, en 1949, fueron colocadas bacterias inofensivas en el sistema de aire acondicionado del Departamento de Defensa para ver qué efectos producía su exposición sobre los humanos. Entre el 20 y el 27 de septiembre de 1950 un buque de la armada estadounidense se aproximó a la costa de San Francisco y roció una nube de microbios sobre la ciudad. Este experimento fue practicado sobre una población de 800.000 habitantes (“Operación Sea-Spray”). En 1966 otro experimento se llevó a cabo en la estación Broadway del subterráneo de Nueva York, en donde se esparcieron bacterias sustilus varilus.

Habría muchos más ejemplos pero quien quiera seguir creyendo en una dieta basada en murciélagos puede seguir haciéndolo.

“La peor falla de inteligencia en la historia de los Estados Unidos”

Una nota publicada por Foreign Policy considera que el coronavirus es la peor falla de inteligencia en la historia de los Estados Unidos[6]. El autor, Micah Zenko, escribe acertadamente que la mayoría de los líderes carecen de disciplina para formular un análisis basado en el riesgo y pocos son capaces de desarrollar los planes de contingencia necesarios[7]. Agrega algo más interesante cuando afirma que aún más raro es el líder que logra identificar correctamente la principal amenaza con suficiente antelación para desarrollar e implementar esos planes[8]. Una vez más la falla caería sobre quién debe tomar las decisiones y, en este caso, es el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, un líder que padece incontinencia verbal y que no se cansa de repetir que se trata del “virus chino”. Otro que también falló al momento de tomar las medidas adecuadas ha sido el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, uno de los padres del Brexit, … hoy enfermo de coronavirus al igual que su ministro de Salud[9]. Sin embargo Johnson fue previsor y nombró a su “designated survivor”, Dominic Raab, secretario de Asuntos Exteriores[10]. Dada la gravedad del contagio sería deseable que no haya que designar sucesivos “designated survivors”.

Mi percepción es que la nota de Micah Zenko tiene una seria contradicción entre el contenido y el título porque en el título hace referencia a una “falla de inteligencia” pero en el texto pone el acento en que la responsabilidad recae sobre los decisores, quienes no toman en cuenta la información de inteligencia. Zenko menciona que, frente a otras “sorpresas estratégicas” —Pearl Harbor, la revolución iraní y el 11 de Septiembre—, la actual se produjo por una indiferencia sin precedentes, aún más por una negligencia deliberada.

A mi juicio, estas afirmaciones ameritan una digresión. Con respecto a Pearl Harbor, a todas luces no fue una “sorpresa estratégica”. El capitán de navío Mitsuo Fuchida, quien condujo el ataque a Pearl Harbor, afirmó que luego de analizar la propuesta de Estados Unidos del 26 de noviembre de 1941, el gobierno y el Alto Mando de Japón llegaron a la conclusión “de que la propuesta era un ultimátum tendiente a subyugar al Japón y hacer inevitable la guerra”[11]. La fuerza de tareas japonesa ya estaba rumbo hacia Pearl Harbor y el ataque quedaba supeditado a la mencionada propuesta estadounidense pero el gobierno japonés había decidido continuar con los esfuerzos de paz “hasta el último momento”[12]. Otro dato de interés que proporciona el capitán Fushida es que la decisión de atacar un domingo obedecía a que tenían información de que “la Flota de los Estados Unidos volvía a Pearl Harbor los fines de semana después de los períodos de instrucción en el mar”[13]. Luego agrega que informes de inteligencia sobre las actividades de la Flota del Pacífico retransmitidas desde Tokio, informaban que el día 5 de diciembre el USS Lexington había dejado el puerto y que se estimaba que el USS Enterprise también estaba operando en el mar[14]. Ambas naves eran los portaviones estadounidenses, las dos naves más importantes en Pearl Harbor, las cuales habrían sido sacadas a alta mar debido al conocimiento del ataque japonés.

El mayor testimonio de que el ataque japonés no fue una “sorpresa estratégica” es el libro del contraalmirante estadounidense Robert A. Theobald, titulado The final secret of Pearl Harbor. The Washington contribution to the Japanese attack, publicado en abril de 1954[15]. En su libro el contraalmirante Theobald acusó a la administración del presidente Franklin Delano Roosevelt de no alertar a los comandantes de Pearl Harbor —ocultando la información de inteligencia— sobre el ataque con la intención de llevar a los Estados Unidos a la guerra. En el prólogo de su libro, el contraalmirante Husband E. Kimmel —comandante de la Flota del Pacífico y comandante en Jefe de la Base Naval de Pearl Harbor, quien fue destituido de su cargo y degradado—, expresa:

Los estudios realizados por el Contraalmirante Theobald lo han llevado a la conclusión que estuvimos desprevenidos en Pearl Harbor debido a que los planes del Presidente Roosevelt requerían que no se enviara aviso alguno que alertara la Flota del Pacífico.[16]

Edición del libro del contraalmirante Theobald por el Círculo Militar, Argentina.

Respecto del ataque del 11-S ya se ha hablado y se ha escrito mucho. Casi inmediatamente a los hechos, Thierry Meyssan escribió su libro 11 de septiembre de 2001. La terrible impostura. Ningún avión se estrelló en el Pentágono[17]. Para muchos se trata de un libro que se inserta en las teorías conspirativas pero resulta difícil creer —entre otras cosas— que unos árabes tomaran unas pocas clases de vuelo en avionetas y luego tuvieran la gran capacidad para estrellar grandes aviones de pasajeros contra el World Trade Center. Más insólito resultó que los atacantes eran saudíes y que ello haya motivado invadir Afganistán…

Retornando al tema del coronavirus, resulta extraño que algunas personalidades como Bill Gates hayan podido predecir la pandemia y hacer esta advertencia en enero de 2017, cuando le dijo a la BBC: “Mantengo los dedos permanentemente cruzados para que no nos llegue una gran epidemia como la gripe en los próximos diez años”[18]. Bill Gates fue uno de los que organizó el encuentro Event 201, un ejercicio de simulación en vivo para preparar a líderes públicos y privados para dar respuesta ante una pandemia. Del mismo participaron el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, en asociación con el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates[19]. Del Event 201 salieron una serie de recomendaciones, lo que daría a la redacción de otro artículo.

En función de ello, resultaría inexplicable asumir que después de los antecedentes de la gripe aviar, del SARS (H5N1), del N1H1, y del actual SARS-CoV-2, se considere que la inteligencia no ha tomado sus previsiones. Lo singular es que mientras el brote avanzaba Trump seguía hablando del “virus chino”. Sin embargo, mientras Trump insistía en ello, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, publicó en Twitter un video de Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, en momentos en que se dirigía a un comité del Congreso —el 11 de marzo—, en el que reconoció que algunas muertes por influenza en Estados Unidos se identificaron más tarde como casos de COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus[20]. Del mismo modo, se informó que cientos de atletas del ejército estadounidense asistieron en octubre de 2019 a la ciudad de Wuhan a los Juegos Mundiales Militares. De estos juegos participaron 9.603 deportistas militares procedentes de 104 países y, luego de su celebración, varios estadounidenses fueron hospitalizados por “una extraña neumonía”[21]. Podría afirmarse que, casi en paralelo, se estaba llevando a cabo el ejercicio Event 201.

Algunas reflexiones finales

Ahora, consummatum est, se habla de un “fallo de inteligencia”.

El ataque a Pearl Harbor no fue un fallo de inteligencia, sino un ocultamiento de la información producida por la inteligencia. En este caso la responsabilidad recaería sobre los tomadores de decisión, quienes deciden escuchar a sus servicios de inteligencia o bien desestimar la información que éstos les proporcionan o utilizarla para otros fines. Tampoco lo habría sido el ataque del 11-S.

Es evidente que si Bill Gates se manifestó en enero de 2017 alertando acerca de una pandemia, lo cual fue replicado en medios de todo el mundo, y teniendo como antecedentes los demás casos de enfermedades ya mencionadas, resulta desestimable que los organismos de inteligencia no hayan tenido en cuenta la propagación de una enfermedad que podría derivar en una pandemia. Aún más, los medios han informado que, en el caso de Estados Unidos, en enero, el presidente Trump había recibido advertencias de los servicios de inteligencia, las cuales fueron desestimadas por el mandatario[22].

No obstante, lo más apropiado es que la preparación para un hecho de esta naturaleza haya tenido que ser considerada por los respectivos ministerios de Salud y por los tomadores de decisión al más alto nivel.

Cabe aquí recordar a Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), quien expresó: “A cada época la salva un pequeño puñado de hombres, que tienen el coraje de ser inactuales”.

Quizás haya que reparar en que hay una gran carencia de masa crítica en las respectivas sociedades o, al menos, que quienes la integran no tienen acceso a la toma de decisiones. De este modo, el liderazgo ha sido puesto en manos inexpertas al momento de manejar las crisis. Una mente maliciosa podría pensar que tal vez no se trate de falta de experiencia sino de intencionalidad. Sin embargo, la Historia —a la que deberíamos recurrir más seguido en busca de enseñanzas— deja entornada la puerta a quienes quieran conocer.

El gran desafío a los que nos someten estos tiempos es intentar encontrar la verdad entre la razón y las creencias.

En estas épocas difíciles e inciertas, en los que se hace complejo encontrar la verdad, debemos escudriñar toda la información a la que tenemos acceso. El camino para ello es el discernimiento —asimismo esencial para la toma de decisiones—, es decir, tener la capacidad intelectual para distinguir lo verdadero de lo falso —de la desinformación o de las medias mentiras— para lograr acercarnos a la verdad.

 

* Licenciado en Historia egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (1991). Doctor en Relaciones Internacionales, School of Social and Human Studies, Atlantic International University (AIU), Honolulu, Hawaii, Estados Unidos. Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires, Editorial Almaluz.

 

Referencias

[1] Omri Ron. “Why do some Christians believe coronavirus is an apocalyptic prophecy?”. The Jerusalem Post, 26/03/2020, <https://www.jpost.com/international/why-do-some-christians-believe-coronavirus-is-an-apocalyptic-prophecy-622425>, [consulta: 26/03/2020].

[2] Siro Igino Trevisanato. “The ‘Hittite plague’, an epidemic of tularemia and the first record of biological warfare”. En: Medical Hypotheses, 69(6):1371-4, February 2007.

[3] Bartolo Luque Serrano. El mundo es un pañuelo: Un paseo pluridisciplinar por la ciencia. Valencia: Publicaciones Universitat de Valencia, 2009, p. 122.

[4] “The History of Biochemical Warfare Research and Human Experimentation, 1945 – 1989”. University of Kent (School of History), <https://www.kent.ac.uk/porton-down-project/>, [consulta: 27/12/2019].

[5] “The History of BiochemicalWarfareResearch and Human Experimentation, 1945 – 1989. Ronald Maddison”. University of Kent (School of History), <https://www.kent.ac.uk/porton-down-project/PortonMaddisonPage4.html>, [consulta: 27/12/2019].

[6] Micah Zenko. “The Coronavirus Is the Worst Intelligence Failure in U.S. History”. Foreign Policy, 25/03/2020, <https://foreignpolicy.com/2020/03/25/coronavirus-worst-intelligence-failure-us-history-covid-19/>, [consulta: 25/03/2020].

[7] Ídem.

[8] Ídem.

[9] “Boris Johnson y su ministro de Salud tienen coronavirus”. La Nación, 27/03/2020, <https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/sorpresa-reino-unido-boris-johnson-tiene-coronavirus-nid2347930>, [consulta: 27/03/2020].

[10] Adam Bienkov. “Boris Johnson has tested positive for the coronavirus. Here’s what happens if he becomes too ill to remain prime minister”. Business Insider, 27/03/2020, <https://www.businessinsider.com/coronavirus-what-happens-boris-johnson-too-ill-prime-minister-covid-2020-3>, [consulta: 27/03/2020].

[11] Mitsuo Fushida. “Yo conduje el ataque sobre Pearl Harbor”. En: Robert A. Theobald. El secreto final de Pearl Harbor (La contribución de Washington al ataque japonés). Buenos Aires: Círculo Militar (Biblioteca del Oficial), julio de 1954, p. 306.

[12] Ídem.

[13] Ibíd., p. 307.

[14] Ídem.

[15] Robert A. Theobald. The final secret of Pearl Harbor. The Washington contribution to the Japanese attack. Nueva York: Devin – Adair Company, abril de 1954, 202 p.

[16] Robert A. Theobald. El secreto final de Pearl Harbor (La contribución de Washington al ataque japonés). Buenos Aires: Círculo Militar (Biblioteca del Oficial), julio de 1954, p. 15.

[17] Thierry Meyssan escribió su libro 11 de septiembre de 2001. La terrible impostura. Ningún avión se estrelló en el Pentágono. Buenos Aires: El Ateneo, 2002, 253 p.

[18] “El mundo es vulnerable a una gran epidemia, le dice Bill Gates a la BBC”. BBC Mundo, 01/01/2017, <https://www.bbc.com/mundo/noticias-38470286>, [consulta: 22/01/2020].

[19] “About the Event 201 exercise”. Center for Health Security (Johns Hopkins University), <http://www.centerforhealthsecurity.org/event201/about>, [consulta: 28/2/2020].

[20] Ben Westcott y Steven Jiang. “Un diplomático chino dice que el ejército de EE.UU. llevó el coronavirus a Wuhan”.  CNN en Español, 13/03/2020, <https://cnnespanol.cnn.com/2020/03/13/un-diplomatico-chino-esta-promoviendo-la-teoria-de-la-conspiracion-de-que-el-ejercito-estadounidense-trajo-el-coronavirus-a-wuhan/>, [consulta: 18/03/2020].

[21] Fernando Navarro. “La teoría china del origen del coronavirus: apuntan a EEUU y los Juegos Mundiales Militares”. El Español, 15/03/2020, <https://www.elespanol.com/deportes/20200315/teoria-coronavirus-apuntan-eeuu-juegos-mundiales-militares/474952717_0.html>, [consulta: 17/03/2020].

[22] “Trump desoyó en enero las advertencias de los servicios de inteligencia sobre la ‘grave amenaza’ del coronavirus”. RT, 21/03/2020, <https://actualidad.rt.com/actualidad/347002-inteligencia-advertir-trump-grave-amenaza-coronavirus>, [consulta: 22/03/2020].

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AÑO 2020 DE NUESTRO SEÑOR: EL NUEVO ORDEN CORONA AL VIRUS

Der Landsmann

Si la cinematografía es un barómetro de la sociedad, resulta curioso que durante los ‘felices veinte’ el cine europeo produjera cintas como un ‘Nosferatus’, vampiro tan expresionista como el médico alemán ‘Caligari’, ‘La parada de los monstruos’ o el ciclo del Doctor Mabuse, sin olvidar las primeras versiones de Frankenstein y su monstruo, la amplia gama de vampiros (a lo Lon Chaney , a lo Lugosi, etc.) y aquel inolvidable ‘M. El vampiro de Dusseldorf’, películas todas ellas que demostraban la verdadera situación de la sociedad europea más allá de la inconsciente alegría y del delirio consumista que ya entonces se presentía.

Fue Jaspers quien, en su “Origen y meta de la historia’, puso el dedo en la llaga demostrando que el horrible drama de la I Guerra Mundial no había sido superado todavía: ‘Después de la guerra cayó el crepúsculo sobre todas las civilizaciones. Presentíase el fin de la humanidad de esa encrucijada en que vuelven a fundirse para desaparecer o para nacer de nuevo, todos los hombres, todos los pueblos. No era aún el fin pero en todas partes se admitía ya ese fin como una posibilidad. Todos vivíamos esperando en una angustia espantosa o en un fatalismo resignado”.

Los millones de muertos de Verdún y del Marne, los hombres que fueron sepultados a miles bajo las trincheras, los que sucumbieron en las insensatas cargas a la bayoneta, fueron una visión excesivamente aterradora para aquella generación y las venideras. Los monstruos, los seres aberrantes que el cine recreó no eran más que la sublimación en el celuloide de aquel estado de espíritu.

En los últimos días, vemos como los infectados por COVID-19 crecen exponencialmente en número y muchos ven señales apocalípticas en ello. Cierto es que, guerras y pestes, han sido un factor importante de control demográfico, pero, como bien me comentaba mi padre días atrás, la peste generalmente se lleva a los viejos, y la guerra a los jóvenes.

Si hablamos de pestes, la historia tiene un rico historial de ellas. Hagamos un pequeño repaso:

    • La viruela: se cree que apareció en el 10.000 a. de C. Llegó a ser tan mortal que tan solo el 30% de los afectados conseguía sobrevivir, muriendo por las altas fiebres, deshidratación y complicaciones derivadas. Especialmente terrible fue el siglo XVIII, donde la viruela literalmente conseguía diezmar a las poblaciones afectadas. Se calcula que ha matado a más de 300 millones de personas a lo largo de toda su historia.
    • El sarampión: causante de la segunda mayor pandemia de la historia. No tiene en sí una cura específica y, al igual que con el ébola, lo único que podemos hacer es prevenir el contagio. La enfermedad se conoce desde hace más de 3000 años y su principal problema es la alta tasa de contagio. Hasta el momento ha matado a más de 200 millones de personas y todavía no se ha erradicado.
    • La gripe española: acabó con la vida de entre el 3% y el 6% de la población mundial. Entre 1918 y 1920 se calcula que murieron entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo.
    • La Peste Negra: Esta enfermedad es causada por Yersinia pestis, que es una bacteria, no un virus y un agente todavía activo en poblaciones pequeñas y zonas rurales. La Peste Negra o Bubónica, fue la pandemia de peste más letal de la historia, 75 millones de personas que sucumbieron durante la mitad del siglo XIV.
    • El VIH o Sida (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida): es la quinta pandemia mundial más importante, ha matado en el mundo a más de 25 millones de personas y actualmente todavía sigue siendo un peligro. Detalle curioso es que el virus podría tener un origen artificial, de laboratorio.
    • La Plaga de Justiniano: Esta pandemia, como su nombre indica, comenzó allá por el siglo VI, en el Imperio Bizantino. Aunque no se tiene la certeza absoluta, probablemente la peste fue causada por una cepa de Yersinia pestis, la misma bacteria causante de la Peste Bubónica o Negra. Probablemente matara casi a 25 millones de personas en el Mediterráneo hasta que se mitigó por fin en el siglo VIII, y llegó a destruir hasta la cuarta parte de toda su población.
    • La tercera pandemia: Así se denomina comúnmente a la tercera pandemia de peste bubónica que comenzó en la provincia de Yunnan en China en el siglo XIX. Esta pandemia estuvo activa hasta 1959 y provocó en apenas una decena de años la muerte de más de 12 millones de personas. En esta ocasión le tocó el turno a Asia, donde Manchuria y Mongolia fueron las zonas más castigadas por la pandemia.
    • El tifus: Normalmente afecta a poblaciones rurales o muy aisladas debido a los vectores principales y a sus reservorios animales. Aunque el tifus ha matado a más de 4 millones de personas a lo largo de su historia, no supone un peligro demasiado presente en el mundo moderno.
    • El Cólera: es una pandemia actual causada por Vibrio cholerae, una bacteria. El Cólera cuenta con tres grandes pandemias, ocurridas en el siglo XIX y epidemias muy extensas en el siglo XX cuya suma total supera los tres millones de muertos.
    • La gripe de Hong Kong: Esta es una pandemia más de gripe, causada muy probablemente por una variación de la Gripe A H3N2. Esta variante, que apareció durante el verano, podría ser una cepa mutante que se propagó en muy poco tiempo por todo el mundo siguiendo las mismas líneas de difusión que la llamada fiebre asiática de 1957. Esta pandemia de gripe se llevó por delante casi a un millón de personas en muy poco tiempo, y es una de las razones por las cuales saltan las alarmas cada vez que se habla de la gripe, o de la gripe aviar.

También aparecen los que relacionan las fechas y llegan a la conclusión de que hay una pandemia global cada 100 años, tomando en cuenta los siguientes datos:

    • 1720: la última pandemia de peste bubónica a gran escala, también llamada  la gran peste de Marsella. (100.000 muertos en Marsella).
    • 1820: pandemia de cólera que tuvo lugar en Asia, (Tailandia, Indonesia y Filipinas). (100,000 muertos en Asia).
    • 1920: la  gripe española, infectó a 500 millones de personas y mató a más de 100 millones de personas en el mundo, esta pandemia fue la más mortal de la historia.
    • 2020: China se enfrenta a una gran pandemia, 5 ciudades chinas de 11 millones de habitantes están en cuarentena, completamente aisladas del resto del mundo. El Coronavirus es la pandemia actual.

Llama poderosamente la atención que todo el trayecto recorrido hasta ahora es idéntico al desarrollo del film “Contagio” (2011), desde el “inicio” “murciélago-cerdo” en una provincia China, la consiguiente pandemia a nivel mundial y la muerte de 25.000.000 de personas en menos de un año.

No se termina de entender si es un virus de diseño o no. China por lo pronto, salió fortalecida económicamente de la pandemia. ¿Pero qué ocurre en el resto del globo? ¿Cómo reaccionan las distintas sociedades ante la cuarentena impuesta por las autoridades?

    • Rusia: tiene un alto porcentaje de acatamiento. Putin ha tomado muy seriamente la situación mundial y ha hecho tomar conciencia a su pueblo de la gravedad de la pandemia. El alcalde de Moscú, Serguei Sobyanin, firmó un decreto el 5 de marzo «Sobre la introducción de la alerta máxima». El documento obligaba a quedarse en casa a los que llegaron de China, Corea del Sur, Irán, Italia, Francia, Alemania y España. El ayuntamiento moscovita avisó que están utilizando cámaras de reconocimiento facial para detectar al confinado que abandone su lugar.  La caza a los infractores aumentaron los miedos a la enfermedad, también buscarán potenciales infectados con redadas «en lugares de residencia, en lugares de trabajo, en el metro». La medida no hace distinciones entre rusos y extranjeros. Fueron tajantes en su mensaje a los turistas: «Abstenerse de hacer este viaje. En este momento no se debe hacer turismo». La pena más grave, de cinco años, se da en caso de escapar de la cuarentena doméstica, infectar a alguien y que la persona infectada muera. Si las acciones de la persona enferma sólo condujeron a la infección múltiple de otras personas, sin muertes, afronta una multa de hasta mil euros al cambio actual, trabajo comunitario o un año de privación de libertad. Estos castigos están previstos en el artículo 236 del Código Penal de la Federación de Rusia sobre violación de las normas sanitarias y epidemiológicas. En el aeropuerto se pide a los pasajeros que vienen de países de riesgo que rellenen cuestionarios. Los fotografían de frente y de perfil, toman análisis de cada uno y prometen que los resultados se conocerán en seis horas. Si se detecta riesgo se ordena a todos los pasajeros que permanezcan en cuarentena en casa durante las próximas dos semanas. El Ministerio de Salud en Moscú detalla que el gobierno ruso ha incluido el coronavirus en la lista de enfermedades que representan un peligro para otros, y que «la violación de la ley conlleva responsabilidad». Los jefes de las regiones rusas recibieron instrucciones de «introducir medidas restrictivas rápidamente». En caso de peligro de propagación de enfermedades infecciosas, el derecho a la libertad de circulación puede limitarse de conformidad con la ley.
    • Alemania: prioriza los exámenes de diagnóstico y demuestra que no es solo una buena manera sino un componente esencial de la lucha contra la pandemia, los alemanes se estaban preparando incluso antes de que el coronavirus llegara al país, Alemania tiene la capacidad de realizar 160.000 exámenes de diagnóstico por semana. En las calles de Alemania no se permitirá que haya grupos de más de dos personas, a menos que se trate de miembros de una misma familia. Tiene la mayor concentración de hospitales en Europa: 1.900 para sus 82 millones de habitantes y 28.000 camas en Unidades de Cuidados Intensivos. Aunque los exámenes pueden llegar a ser costosos, el ejemplo alemán de examinar de forma gratuita a los ciudadanos, debe ser tomado globalmente ya que puede ayudar a minimizar los efectos negativos de la pandemia sobre la economía.

En contraposición tenemos a los países latinos en los cuales no se toma con la seriedad que corresponde esta pandemia. Es la diferencia entre una mentalidad nacionalista y con respeto al bienestar común de la sociedad y aquellos gobernados por regímenes sinárquicos que al contar con recursos naturales siguen al pie de la letra las directivas del Nuevo Orden Mundial de reducir su población para economizar recursos que deben ser exportados para usufructo de su gente.

    • Argentina: es un típico caso de ello, estamos bajo una orden gubernamental de cuarentena y sin embargo se observan colas de 5 cuadras en los cajeros automáticos en los cuales se ve mayoría de jóvenes que buscan cobrar sus planes sociales, sin respetar las distancias mínimas, sin los recaudos para evitar el contagio. Se ve demasiados vehículos circulando, gente en las calles, familias enteras fuera de su casa, niños sin protección. Si se quiere aplanar la curva van a tener que implementar un toque de queda y si aun así no se toma conciencia, se deberá llegar al estado de sitio con las fuerzas del orden patrullando las calles. Urge evitar el contagio masivo para el cual, a diferencia de los países anteriormente citados, no estamos preparados. El sistema sanitario, si se llega a tal estadio, va a colapsar inevitablemente. Nuestra sociedad ha perdido los valores, los códigos y toda ética.

La diversidad de nuestros problemas fluye de una insuficiente conciencia nacional, de la escasez de gente responsable de sí misma, que imponga el ritmo de su acción y de su espíritu al paso de la nación entera.

Ha muerto el soñar. Solo vive la bestia, la bestia salvaje que pisotea a los tímidos y a Los fuertes, a Los inocentes y a los culpables.

Todo titubea, el armazón de los Estados, las leyes de las relaciones sociales, el respeto a la palabra.

Sin amor, sin fe, el mundo se está asesinando a sí mismo.

El siglo ha querido, ciego de orgullo, ser tan sólo el siglo de los hombres.

Este orgullo insensato le ha perdido. Ha creído que sus máquinas, sus «stocks». Sus lingotes de oro, le podrían dar la felicidad. Y sólo le han dado alegrías, pero no la alegría, no esa alegría que es como el sol que nunca se apaga en los paisajes que antes, ha llenado de ardiente esplendor. Las tristes alegrías de la posesión se han endurecido como púas y han herido a los que, creyéndolas flores, las acercaban a su rostro…

Desaparecerá, porque era contraria a las leyes del corazón y a las leyes de Dios. Él solo, Dios, daba al mundo su equilibrio, dominaba las pasiones, señalaba el sentido de los días felices o desgraciados.

Aunque se reúnan todas las conferencias del mundo y se agrupen los jefes de Estado y los expertos, nada podrán cambiar. La enfermedad no está en el cuerpo. El cuerpo está enfermo porque lo está el alma. Es el alma lo que tiene que curarse y purificarse.

La salvación del mundo está en la voluntad de las almas que tienen fe.

Por Der Landsmann para SAEEG


Bibliografía:

  •  https://hipertextual.com/
  • Thule
  • América peligra – S. Borrego
  • Almas Ardiendo – L. Degrelle

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