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SOBRE EL MINISTERIO DE DEFENSA Y OTROS MINISTERIOS… O LA PARTIDOCRACIA

Marcelo Javier de los Reyes*

Días atrás, la repentina salida del ministro de Defensa Agustín Rossi no se debió a cuestiones referidas a su gestión. Si hubiera sido el caso, no debería haber asumido ese cargo nuevamente. Creo que no sería necesario recordar los robos en los arsenales de las unidades militares e incluso de un misil, al que el desplazado ministro le restó importancia. La salida del ministerio se debió al chiquitaje de la política partidaria, provincial, a la que nos tiene acostumbrados el conjunto de la casta política nacional, que todo lo ensucia y lo destruye. Fue una decisión que, el 28 de julio, tomó el presidente Alberto Fernández ante lo que consideró un acto de rebeldía por parte del ministro, quien se negó a bajar su candidatura como senador nacional por Santa Fe.

A estas alturas, demás está decir que hay un vacío enorme de conocimientos en materia de Defensa. El sistema de Defensa debe estructurarse en función de las relaciones internacionales que tiene nuestro país, de la política exterior que se diseña desde el gobierno nacional y que, además, debe ser coherente con los Intereses Nacionales. Dicho esto, en nuestro caso estas cuestiones no están claras: ni cuáles son nuestros Intereses Nacionales ni nuestra política exterior. De tal modo, que si no tenemos en claro dónde debe estar inserta la Argentina en el contexto de la comunidad de naciones, difícilmente estaremos en condiciones de estructurar nuestro sistema de Defensa.

Esa desconexión de la realidad, hace que no sepamos para qué queremos tener un sistema de Defensa y eso se refleja nítidamente al observar el estado actual de nuestras Fuerzas Armadas y de nuestra industria de producción para la Defensa, una industria imprescindible que permitiría dejar de lado la muletilla del embargo británico, el cual traslapa la realidad, que es que la casta política quiere que las Fuerzas Armadas desaparezcan por inanición.

Si como país no tenemos en claro nuestras hipótesis de conflictos o, en el peor de los casos, los gobiernos de turno las niegan, ¿qué estructura de Defensa podemos delinear?

Durante estos días, hasta el de ayer, en el que se designó al nuevo ministro, circularon por los medios unos pocos nombres que siguen demostrando que al frente de los ministerios —como en otros cargos públicos de suma relevancia— pueden nombrarse los más ineptos, los amigos, los ideologizados o los que ven una oportunidad para hacer sus negocios. En este punto, el Ministerio de Defensa se ha vuelto un lugar apetecible ya que, gracias al FONDEF, tiene disponible una interesante suma de dinero, quizás escasa para actualizar el material de las Fuerzas Armadas pero importante para otros fines.

Ante esta situación, nos debemos un serio debate, pues tenemos en claro quién no sabe nada de defensa y esto ha sido evidente en las últimas gestiones, por las que han pasado por sus cargos principales personajes que van desde operadores inmobiliarios macristas hasta quienes tienen en su ropero su pasado de haberse alzado en armas contra la Nación… algo que también pasó durante el nefasto gobierno de Macri en el Ministerio de Seguridad, el cual fue conducido por quien le dio unas palmaditas en la espalda a los gendarmes —aunque también tiene sobre sus hombros su propio “ARA San Juan”, con los 42 gendarmes muertos en Jujuy— pero que no resolvió la cuestión de fondo: el problema de la Patagonia, que unos pocos advertimos con anticipación suficiente para tomar las debidas medidas. Esa ex funcionaria no solo tuvo definiciones más que controvertidas respecto a la cuestión de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas sino que en la actualidad lleva en su lista a una joven que explícitamente se ha manifestado en contra de los derechos soberanos de la Argentina.

Entonces, tenemos en claro quién no sabe acerca de las cuestiones vinculadas a la defensa pero desconocemos quién puede considerarse un especialista en esta área o, al menos, pueda sentarse al frente del ministerio con la voluntad de escuchar a los que saben, a los técnicos y a los que tengan la mejor de las intenciones para colaborar en una toma de decisiones destinada a salvaguardar los Intereses Nacionales.

La defensa es un área por demás compleja en este siglo XXI en el que ya no se contempla tanto la guerra convencional como las guerras híbridas y la ciberguerra.

Si uno observa a los “funcionarios multifacéticos” que nos proporciona esta casta política, termina por revalorizar lo que hace décadas escribió el analista político australiano Robert Moss en su libro El colapso de la democracia (Buenos Aires: Atlántida, 1977, 293 p.), quien nos dedicó un “Prólogo para argentinos”. En esas primeras páginas contradice la “famosa y optimista frase norteamericana” de que la democracia es “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, algo que según Moss “probablemente jamás haya existido, sino en algunas pequeñas comunidades rurales”. Para Robert Moss democracia “significa gobierno del político y, en todas las democracias contemporáneas, eso equivale a gobierno del político de partido” (la cursiva es del propio autor). Aún más, expresa,

El pueblo puede decidir en elecciones celebradas periódicamente qué grupo de políticos de partido lo va a gobernar, pero sería ridículo suponer que el pueblo tiene alguna influencia decisiva sobre lo que se hace entre una y otra elección.

En este sentido, hace una excepción en el caso de Suiza, país que celebra periódicos referéndums que le otorgan un cierto poder de decisión al pueblo. Para el autor, la democracia es nada más y nada menos que “un mecanismo para designar y reemplazar gobiernos a través de la decisión de una mayoría”.

Entonces la “democracia se confunde con la partidocracia”, la que aparentemente “fomenta la mediocridad en lugar de promover el surgimiento de verdaderos conductores”. Esto es más que evidente en nuestra Argentina y es la cuestión que nos lleva a considerar cuál es la capacidad de numerosos políticos para ocupar cargos de ministros, de secretaros, subsecretarios o directores nacionales.

Cuando el libro de referencia fue publicado, Moss abrigaba para la Argentina una esperanza que, vista más de cuarenta años después, se ha convertido en una decepción:

Si la Argentina logra superar sus problemas actuales podría llegar a desempeñar un papel preponderante en la elaboración de un nuevo modelo de gobierno de transición, cuyo principal objetivo sería el respeto por “la libertad del individuo y de la familia, en el marco de una sociedad segura, ordenada y justa”.

Para finalizar, cito otro párrafo que si bien está dirigido a los argentinos, entiendo podría extenderse hacia el resto de los iberoamericanos, quienes deberíamos en forma conjunta trabajar para lograr un modelo de desarrollo propio que nos engrandezca como región, concretando el sueño de la “Patria Grande”, el cual se aprecia cada vez más lejano. Nos decía Moss a los argentinos:

Si la Argentina desea apartarse del ciclo de desgobiernos demagógicos, intervención militar y gobiernos partidistas incompetentes, que han obstaculizado su historia desde 1945 —y le han impedido materializar su tremendo potencial de gran nación— deberá hacerlo a través de un modelo de gobierno creado por argentinos para argentinos.

Luego de leer esto no puedo menos que recordar que varios años antes, nada menos que José Ortega y Gasset, en una visita que hizo a la Argentina en 1939 nos dijo: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas!”

Bien, hemos superado la alternancia de la intervención militar pero no hemos logrado superar la alternancia de “gobiernos partidistas incompetentes”, los que en este ciclo democrático han logrado poner de rodillas a nuestro país. Para “materializar” ese “tremendo potencial de gran nación” que tiene nuestra Argentina, hoy deberemos empezar desde varios escalones más abajo.

Al analizar el camino de la democracia argentina he logrado internalizar la frase del personaje de la serie Sense8 de Netflix, la “hacktivista” Nomi Marks, quien expresó: “La esperanza es la decepción aun no descubierta”.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

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CUANDO UN REY ARMENIO GOBERNÓ EN MADRID

Marcelo Javier de los Reyes*


Escudo de armas del Reino Armenio de Cilicia (1078-1375)

Durante la Baja Edad Media, un grupo de armenios constituido por hombres comunes, nobles, dirigentes y comerciantes, huyó del reino bagrátida de Armenia (880-1045) ante el avance de los turcos selyúcidas —cuyo imperio prosperó entre los años 1028 y 1307 en la región que actualmente ocupan Turkmenistan, Irán, Iraq, Siria, Turquía y El Líbano—, para formar el reino armenio de Cilicia, en la región sudoriental de Turquía. Este reino fue fundado por la dinastía armenia Rubénida o Rupénida, que tomó el nombre de su fundador, Rubén I o Rupén I (1025–1095), quien quizás haya sido miembro de la dinastía Bagratuni, que había gobernado Cilicia tras la caída en 1045 de la ciudad de Ani, ubicada en la provincia de Kars (actual Turquía).

El reino armenio de Cilicia se mantuvo independiente entre 1078 y 1375, fue un aliado de los Estados cruzados creados por los europeos y representó una llama que permitió mantener viva la cultura y el nacionalismo armenios.

Cilicia no era una región nueva para los armenios ya que algunos de ellos vivían en esa región desde el siglo I a.C., desde la época de Tigranes II, rey de Armenia entre 95 – 55 a. C.

Cabe destacar que el rey Tiridates III se cristianizó en 301 y convirtió al cristianismo en la religión oficial del Reino de Armenia, siendo el primer Estado del mundo que adoptó esa religión, dando inicio a la conversión masiva del pueblo.

El reino armenio de Cilicia fue conocido también como Armenia Menor, ya que sus pobladores llegaron de la Armenia del Cáucaso, la Gran Armenia. Los armenios buscaron seguridad en el Mediterráneo, en donde adquirieron cierto poder y se unieron a los cruzados franceses que se dirigieron a Tierra Santa para liberarla de lo que los cristianos consideraban el infiel.

Tres siglos después de su fundación, el reino cayó bajo el control de los mamelucos, quienes procedían de Asia Central y eran mayoritariamente guerreros de origen caucásico que habían llegado a Egipto como esclavos, pero que en 1250 lograron hacerse del poder derrocando a la dinastía, lo que llevó a que Egipto se constituyera como sede de un sultanato en Oriente Próximo. La aristocracia mameluca gobernó el país en nombre del sultán de Constantinopla. En su expansión los mamelucos, islámicos, lograron nuevamente desplazar a los armenios de su reino pero ahora del de Cilicia.

Mapa del siglo XIII del Reino armenio de Cilicia, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22140870

Gobernaba por entonces Levon V de Armenia (1342-1393) —más conocido como León V—, quien fue soberano de ese reino armenio entre los años 1374 y 1393. Era hijo de Juan de Poitiers-Lusignan, de la dinastía franca de los Lusignan, y de Isabel de Armenia, descendiente de  Rupén o Rubén, el fundador de la ya mencionada dinastía de los Rupénidas o Rubénidas. Cuando los mamelucos derrotaron a los armenios, León V se refugió en la fortaleza de Kapan, en donde se rindió ante los mamelucos, quienes lo enviaron a El Cairo en 1375. Permaneció en Egipto siete años en calidad de prisionero. Desde Egipto escribía a los reyes cristianos para solicitarles ayuda para su liberación.

En 1382 el rey Juan I de Castilla, conmovido por la situación del monarca armenio, envió a unos emisarios a pagar el rescate. Juan de Loric llegó a El Cairo con joyas y otras riquezas así como halcones para pagar la liberación de León V.

El rey armenio logró su objetivo y llegado a la península procuró el respaldo de otros monarcas cristianos, para lo cual emprendió viajes por los reinos de Europa. Su intención era organizar una cruzada para liberar su Armenia Menor pero su esfuerzo no resultó como él deseaba.

Su protector, Juan I, había contraído recientemente matrimonio en segundas nupcias con Beatriz de Portugal. El rey de Castilla se compadeció de su par armenio y decidió nombrarlo señor de Madrid, Andújar y Villarreal, la actual Ciudad Real. A ello se sumó una considerable renta pero la realidad es que Madrid se convirtió virtualmente en la capital de Armenia, ya que León V de Armenia pasó a ser León I de Madrid.

Los madrileños no se sintieron muy contentos con ser súbditos de un monarca extranjero, por lo que se fue generando un movimiento entre el pueblo primero y entre los nobles después. Ante estas quejas, Juan I debió firmar una cláusula que dejara en claro que la cesión hecha por el monarca castellano no sería hereditaria, por lo que el título que ostentaba León I debía morir con él.

En este punto cabe señalar que el rey armenio no buscó malquistarse con los habitantes de Madrid, por lo que tomó medidas favorables como la reducción de impuestos y su compromiso de no despedir funcionarios. No obstante, su mira estaba en la recuperación de su reino y de su corona, por lo que se dirigió a Navarra en procura de fondos para su empresa. Ante el fracaso de la gestión, marchó a Francia, en donde no logró convencer a Carlos VI, quien se limitó a cederle el castillo de Saint-Ouen y una renta. A pesar de ello, León I de Madrid seguía con su obsesión de ser nuevamente León V de Armenia y con ese propósito se involucró en la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, para interceder entre los beligerantes con la intención de lograr la paz y llevar ese espíritu bélico hacia la cruzada que le permitiera retornar a su Armenia de Cilicia.

La muerte lo sorprendió en París en 1393 sin lograr su propósito y sus restos yacen en la basílica de Saint Denis, donde yacen los monarcas franceses.

Esta es la historia de cómo Madrid, por unos pocos años, llegó a ser capital de Armenia antes que del reino de España.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

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LAS ETAPAS Y OPCIONES DE LA PRODUCCIÓN DE ENERGÍA A PARTIR DEL HIDRÓGENO

Giancarlo Elia Valori*

Hay tres formas principales de utilizar la energía del hidrógeno:

1) combustión interna;

2) conversión a electricidad utilizando una pila de combustible;

3) fusión nuclear.

El principio básico de un motor de combustión interna de hidrógeno es el mismo que el de un motor de combustión interna de gasolina o diesel. El motor de combustión interna de hidrógeno es una versión ligeramente modificada del motor de combustión interna de gasolina tradicional. La combustión interna de hidrógeno quema hidrógeno directamente sin usar otros combustibles o producir vapor de agua de escape.

Los motores de combustión interna de hidrógeno no requieren ningún entorno especial costoso o catalizadores para realizar completamente el trabajo, por lo que no hay problemas de costos excesivos. Muchos motores de combustión interna de hidrógeno desarrollados con éxito son híbridos, lo que significa que pueden usar hidrógeno líquido o gasolina como combustible.

El motor de combustión interna de hidrógeno se convierte así en un buen producto de transición. Por ejemplo, si no puede llegar a su destino después de repostar, pero encuentra una estación de reabastecimiento de hidrógeno, puede usar hidrógeno como combustible. O puede usar hidrógeno líquido primero y luego una estación de reabastecimiento de combustible regular. Por lo tanto, la gente no tendrá miedo de utilizar vehículos impulsados por hidrógeno cuando las estaciones de repostaje de hidrógeno aún no están muy extendidas.

El motor de combustión interna de hidrógeno tiene una pequeña energía de ignición; es fácil lograr la combustión, por lo tanto, se puede lograr un mejor ahorro de combustible en condiciones de trabajo más amplias.

La aplicación de la energía del hidrógeno se logra principalmente a través de pilas de combustible. La forma más segura y eficiente de usarlo es convertir la energía del hidrógeno en electricidad a través de dichas células. El principio básico de la generación de energía de pila de combustible de hidrógeno es la reacción inversa de electrólisis del agua, el hidrógeno y el oxígeno suministrados al cátodo y al ánodo, respectivamente. El hidrógeno que se separa – después de la reacción del electrólito – hace que los electrones emitidos alcancen el ánodo a través del cátodo por medio de una carga externa.

La principal diferencia entre la pila de combustible de hidrógeno y la batería ordinaria es que esta última es un dispositivo de almacenamiento de energía que almacena energía eléctrica y la libera cuando es necesario, mientras que la pila de combustible de hidrógeno es estrictamente un dispositivo de generación de energía, como una planta de energía.

Lo mismo que un dispositivo de generación de energía electroquímica que convierte directamente la energía química en energía eléctrica. El uso de la pila de combustible de hidrógeno para generar electricidad, convierte directamente la energía química de combustión en energía eléctrica sin combustión. La tasa de conversión de energía puede alcanzar del 60% al 80% y tiene una baja tasa de contaminación. El dispositivo puede ser grande o pequeño, y es muy flexible.

Básicamente, las baterías de combustión de hidrógeno funcionan de manera diferente a los motores de combustión interna: las baterías de combustión de hidrógeno generan electricidad a través de reacciones químicas para propulsar automóviles, mientras que los motores de combustión interna usan calor para conducir automóviles.

Debido a que el vehículo de pila de combustible no implica combustión en el proceso, no hay pérdida mecánica o corrosión. La electricidad generada por la batería de combustión de hidrógeno se puede utilizar directamente para impulsar las cuatro ruedas del vehículo, dejando así fuera el dispositivo de transmisión mecánica. Los países que están desarrollando investigaciones son conscientes de que la batería del motor de combustión de hidrógeno pondrá fin a la contaminación. La investigación y el desarrollo de tecnología ya han producido con éxito vehículos de pila de hidrógeno: las industrias de poda de automóviles de vanguardia incluyen GM, Ford, Toyota, Mercedes-Benz, BMW y otras compañías internacionales importantes.

En el caso de la fusión nuclear, la combinación de núcleos de hidrógeno (deuterio y tritio) en núcleos más pesados (helio) libera enormes cantidades de energía.

Las reacciones termonucleares, o cambios radicales en los núcleos atómicos, son actualmente nuevas fuentes de energía muy prometedoras. Los núcleos de hidrógeno implicados en la reacción nuclear, como el hidrógeno, el deuterio, el flúor, el litio, el iridio (obtenido especialmente de meteoritos caídos en nuestro planeta), etc., obtienen la energía cinética necesaria del movimiento térmico y provocan la reacción de fusión.

La propia reacción termonuclear detrás de la explosión de la bomba de hidrógeno, que puede producir una gran cantidad de calor en un instante, todavía no puede utilizarse con fines pacíficos. Bajo condiciones específicas, sin embargo, la reacción termonuclear puede lograr una reacción termonuclear controlada. Este es un aspecto importante para la investigación experimental. La reacción termonuclear controlada se basa en el reactor de fusión. Una vez que un reactor de fusión tiene éxito, puede proporcionar a la humanidad la fuente de energía más limpia e inagotable.

La viabilidad de un reactor de fusión nuclear controlado más grande es tokamak. Tokamak es un dispositivo de forma toroidal que utiliza un potente campo magnético para confinar el plasma. Tokamak es uno de los varios tipos de dispositivos de confinamiento magnético desarrollados para producir energía de fusión termonuclear controlada.

A partir de 2021, es el principal candidato para un reactor de fusión. El nombre tokamak proviene del ruso (toroidal’naja kamera s magnitnymi katuškami: cámara toroidal con bobinas magnéticas). Su configuración magnética es el resultado de una investigación realizada en 1950 por los científicos soviéticos Andrei Dmitrievič Sakharov (1921-1989) e Igor’ Evgen’evič Tamm (1895-1971), aunque el nombre se remonta más precisamente a 1957.

En el centro de tokamak hay una cámara de vacío en forma de anillo con bobinas enrolladas en el exterior. Cuando se energiza, se genera un enorme campo magnético espiral dentro del tokamak, que calienta el plasma en el interior a una temperatura muy alta, lo que logra el propósito de la fusión nuclear.

La energía, los recursos y los problemas ambientales necesitan urgentemente la energía del hidrógeno para resolver la crisis ambiental, pero la preparación de la energía del hidrógeno aún no está madura, y la mayor parte de la investigación sobre materiales de almacenamiento de hidrógeno todavía se encuentra en la etapa de laboratorio exploratorio. La producción de energía de hidrógeno también debe centrarse en la producción “biológica” de hidrógeno.

Otros métodos de producción de hidrógeno son insostenibles y no cumplen los requisitos de desarrollo científico. Dentro de la producción biológica, la producción microbiana requiere una combinación orgánica de ingeniería genética e ingeniería química para que la tecnología existente pueda utilizarse plenamente para desarrollar organismos productores de hidrógeno que cumplan los requisitos lo antes posible. La producción de hidrógeno a partir de biomasa requiere una mejora continua y una promoción vigorosa de la tecnología. Es un proceso difícil.

El almacenamiento de hidrógeno centrado en el descubrimiento de nuevos aspectos de los materiales o su preparación aún no está a nivel industrial a gran escala. Teniendo en cuenta los diferentes mecanismos de almacenamiento de hidrógeno, y el material a utilizar, también necesita más estudio.

Además, cada material de almacenamiento de hidrógeno tiene sus propias ventajas y desventajas, y la mayoría de las propiedades del material de almacenamiento tienen las características que se relacionan con la aductividad y las propiedades de un solo material, más comúnmente conocido.

Por lo tanto, se cree que los esfuerzos deben centrarse en el desarrollo de un material compuesto de almacenamiento de hidrógeno, que integre las ventajas de almacenamiento de múltiples materiales individuales, en la línea de mayores esfuerzos futuros.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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