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RUSIA Y EUROPA: ¿ES TAN INEVITABLE (E INMINENTE) LA GUERRA?

Roberto Mansilla Blanco*

Una mirada a los titulares de los principales medios de comunicación, principalmente europeos, daría a entender la inevitabilidad de una guerra entre Rusia y Europa. Una escalada de tensiones que ocurre en un contexto de distanciamiento transatlántico, desgaste del conflicto ruso-ucraniano, empeoramiento de las redes de suministro y transporte por la guerra en Oriente Medio y configuración exprés de una «OTAN europea» bajo una troika liderada por Alemania, Reino Unido y Francia, que señala a Moscú como su principal amenaza.

Mientras las calles de Europa, especialmente en Francia e Italia, arden con protestas sociales sobre la vivienda, educación, alza del coste de la vida, precariedad laboral, políticas migratorias y aumento del gasto militar, el dominio de la narrativa mediática belicista predomina como instrumento clave para anunciar escenarios de «guerra híbrida» entre Rusia y Europa.

Los medios europeos suelen maximizar con un tono alarmista el discurso del presidente ruso Vladimir Putin, señalándolo como el presunto agresor de una guerra que aparentemente está en camino. A su vez, y mientras Europa aumenta la presión militar contra Rusia, los medios de ese país otorgan un perfil diferente, concentrando su interés en las declaraciones de los altos mandos de la OTAN y la UE, en la magnitud de la crisis socioeconómica europea, la aparente incapacidad de su clase política para ofrecer soluciones efectivas a las demandas sociales y la materialización de una crisis de identidad y valores civilizatorios europeos ante las políticas de regularización migratoria.

Ucrania: ¿salida a la guerra y un final anticipado para Zelensky?

El contexto actual de la guerra en Ucrania está principalmente enfocado en la posibilidad de que Putin y su homólogo estadounidense Donald Trump negocien el final del conflicto a expensas de Kiev y de sus aliados europeos.

En una entrevista, el presidente ucraniano Volodymir Zelensky aseguró que «Trump quiere que Ucrania capitule» y que estamos ante los «días más peligrosos», colocando el foco en las elecciones legislativa del mid-term en EEUU, un test político estratégico para Trump en el que se vislumbra una derrota electoral en gran medida derivada por el alza del costo de la vida ante los elevados precios del carburante.

Las palabras de Zelensky son una clara reacción ante el anuncio de Trump de alcanzar un acuerdo con Putin para liberar 300.000 toneladas de gas ruso a fin de reducir los precios ante la crisis en Oriente Medio derivada de la agresión de EEUU e Israel contra Irán así como de las sanciones europeas contra Rusia que, en octubre, alcanzaron su 22º ronda, la mayor desde el inicio de la invasión en Ucrania en 2022. El precio del crudo Brent, referencia del mercado petrolero, se cotizaba a US$ 109 a mediados de octubre.

Trump ha tenido que recurrir a Putin como «salvavidas» electoral tomando en cuenta la estrecha alianza del mandatario ruso con Teherán así como ante las dificultades en las que se encuentra Arabia Saudita, tercer principal productor petrolero a nivel mundial tras EEUU y Rusia, particularmente ante los ataques contra sus refinerías por parte de los hutíes yemenitas, aliados de Irán. En un contexto prácticamente de guerra abierta en Oriente Medio, el reciente pacto militar entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán se enfrenta a su primer reto con aparentes distorsiones militares operativas, escenario que no descarta la activación de canales diplomáticos de negociación con Teherán.

En los últimos días han sido prolíficas las declaraciones de Trump culpando a Zelensky de no querer la paz en Ucrania. En Kiev han regresado las protestas ante el desgaste de la población por un conflicto estéril y ante las draconianas medidas de reclutamiento militar, cada vez más impopulares. Crece la percepción mediática de que Zelensky muy probablemente tiene los días contados en el poder toda vez que Trump y Putin negocian tanto su final político como el del conflicto, a espaldas de Ucrania y de Europa.

En este esquema de negociación para el final de la guerra en Ucrania podría entrar el presidente chino Xi Jinping toda vez Trump ya ha declarado que Zelensky debería delegar en otro representante para la negociación. Un evidente mensaje de falta de confianza en el presidente ucraniano y de intenciones de buscarle un reemplazo.

Suenan «tambores de guerra» entre Bruselas y Moscú

La tensión ha vuelto a instalarse entre Washington y Kiev mientras Europa, principalmente la troika establecida vía OTAN entre Francia, Alemania y Reino Unido sigue esforzándose en mantener la necesidad de presión militar contra Putin, argumentando un hipotético ataque ruso contra países miembros de la OTAN.

Mientras Trump negocia el «pacto del diésel» con Putin, Ucrania mantiene el pulso atacando las refinerías rusas e incluso sus centros de datos de información. Zelenski también criticó la presunta «intencionalidad política» con la restricción a Ucrania de la señal satelital de Starlink, propiedad de Elon Musk y esencial para Kiev en su esfuerzo bélico contra Rusia. En este apartado las sospechas ucranianas vuelven a apuntar hacia Trump.

En Moscú, el ministro de Exteriores Serguéi Lavrov aseguró que «Alemania nos va a declarar la guerra». La declaración viene tras un ataque ruso a Kiev, muy probablemente de carácter disuasivo, mientras el canciller alemán Friedrich Merz visitaba la capital ucraniana.

Durante un Foro de Seguridad celebrado el 13 de octubre en Varsovia, el jefe supremo de la OTAN en Europa, General Alexus Grynkewich, avisó a Rusia: «Si nos atacan, lucharemos». Reino Unido lanza advertencias a sus ciudadanos para prepararse a una «crisis de enorme magnitud y sacrificios en la vida personal». El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, advierte que la guerra ruso-ucraniana entra en «su fase más peligrosa y decisiva» en vísperas del invierno, con el foco en las consecuencias que causarán en Europa su desconexión energética de Rusia.

Grynkevich presentó en Varsovia la estrategia «Teoría de la Victoria» ante un posible conflicto con Rusia, que propone el uso de vehículos aéreos no tripulados (UAV) y sistemas de puntería con inteligencia artificial para repeler posibles ataques. La OTAN podría utilizar fuerzas de defensa terrestre y otros recursos en el marco de la Iniciativa de Disuasión del Flanco Oriental, diseñada para monitorear las amenazas en las fronteras con Rusia y Bielorrusia, utilizando drones de bajo costo y sistemas de armamento militar que operan principalmente de forma autónoma.

En el marco de la 23ª reunión anual del Club Internacional de Debate Valdai, un influyente think tank vinculado al Kremlin, y tras enviar una carta a la OTAN, Putin advirtió que defenderá el enclave de Kaliningrado con armas nucleares en caso de ataque de la OTAN: «El punto de no retorno puede llegar de forma inesperada», indicó el presidente ruso no sin antes insistir en que sus palabras no son «una intimidación» sino «una respuesta» a las declaraciones de dirigentes occidentales y la hipótesis de un posible ataque contra Kaliningrado.

Mark Rutte, secretario general de la OTAN, respondió a las palabras de Putin con alerta máxima y cautela. Tras una reunión en Lituania donde reconoció que no hay indicios claros de movilización y agresión rusa, matizó que espera más ataques híbridos por parte de Moscú para presionar a dejar de ayudar a Ucrania.

De este modo los «tambores de guerra» parecen ir afinando sus sonidos en Europa y Rusia. Durante una comparecencia ante el Parlamento alemán, el jefe de los servicios secretos alemanes Martin Jäger advirtió del riesgo de un «conflicto violento con Rusia. La confrontación a la que nos enfrentamos con Rusia ha adquirido una dimensión nueva y más peligrosa. Moscú apuesta por nuestra debilidad. Tenemos que hacerle frente». Jäger puso como ejemplo el incidente de ataque de drones suscitado en agosto pasado en Leipzig, en el que la UE acusó a Rusia de presunta autoría.

La presidenta de la Comisión Europea Úrsula von der Leyen y la comisaria de Política Exterior Kaja Kallas aceleran la retórica belicista antirrusa, acusando a Moscú de intensificar la guerra híbrida contra Europa con desinformación y ataques de drones para pulsar los sistemas de seguridad. La localidad estonia de Narva, punto caliente entre la OTAN y Rusia, ha realizado un cierre de movilidad fronteriza con Rusia. El presidente letonio Edgars Rinkevics declaró que el «apetito por el riesgo por parte de Putin está incrementándose».

El clima de preguerra ruso-europeo parece anticipar nuevos movimientos geopolíticos. Reino Unido ha expresado la posibilidad de regresar a la UE poniendo fin al Brexit. Mientras pulsa la aprobación del retorno del servicio militar obligatorio, Alemania anunció el envío tropas a la frontera con Lituania.

El ascenso electoral de AfD en las recientes elecciones regionales alemanas es observado como una victoria política del Kremlin con el objetivo de erosionar los apoyos militares y financieros a Ucrania dentro de la UE y la OTAN, buscando igualmente potenciar un entendimiento europeo con Moscú.

La UE y la OTAN temen una posible inherencia rusa vía desinformación y estrategias de guerra híbrida en el calendario electoral europeo en curso este 2026 y previsto para 2027 principalmente en países como España, Francia, Serbia, Bulgaria, Grecia e Italia.

A la espera de cómo avancen las conversaciones con Trump sobre Ucrania, Rusia parece manejar escenarios de intensificación de su ofensiva militar antes del invierno, con el puerto de Odesa en su punto de mira con la finalidad de establecer un control de facto del mar Negro. Ante las advertencias y presiones de la OTAN y la UE, Putin refuerza la opción militarista, fortalecida tras la victoria parlamentaria de su partido Rusia Unida en las elecciones de septiembre pasado. Son cada vez más frecuentes los rumores sobre un reclutamiento masivo de hasta 300.000 efectivos en Rusia.

En Madrid, el presidente de gobierno Pedro Sánchez acusó a Rusia de utilizar la guerra híbrida con la crisis migratoria de Ceuta y Melilla presentada en agosto pasado. Moscú ha desestimado esta presunta injerencia en Ceuta pidiendo pruebas al gobierno español. Toda vez que en el marco de la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado, Rusia y Marruecos reforzaron su alianza estratégica, una clara señal de advertencia para Madrid.

Presionado por la crisis interna, Sánchez convocó el adelanto de elecciones generales en España para el próximo 29 de noviembre. Algunas fuentes de inteligencia en Europa y España advierten de posibles operaciones de desinformación rusa durante la campaña electoral. Reacciones políticas aparte, el clima de escalada de tensiones prebélica parece instalarse sin tapujos entre Bruselas y Moscú.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG. 

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PENSAMIENTO CRÍTICO Y ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA

Marcelo Javier de los Reyes*

«La gente exige la libertad de expresión como compensación por la libertad de pensamiento que rara vez utiliza».

Sören Kierkegaard (1813 – 1845)

 

El 4 de diciembre de 2025, por iniciativa del entonces diputado nacional Julio Pereyra (mandato cumplido), llevamos a cabo una presentación en el Consejo del Partido Justicialista de Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires.

La presentación fue dirigida a jóvenes menores de 35 años y para ello conté con la colaboración de otros miembros de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), me refiero a Daniel Alberto Symcha y a Nicolás Dallavalle.

En el comienzo de la exposición me referí al «silencio», algo a lo que actualmente parece que un gran número de personas le teme. Es que vivimos en un «ruido» permanente. Sin embargo, el silencio no significa que no haya comunicación. Lo gestual, la comunicación no verbal es comunicación y, por cierto, muy importante.

También hice hincapié en las imágenes, porque no es lo mismo pensar en las imágenes del siglo XIX o de épocas anteriores ―silenciosas, calladas― que ver los videos que hoy nos asedian a través de las redes sociales y toda pantalla que tengamos cerca.

Todo este ruido nos impide tener nuestras necesarias «pausas reflexivas», nuestro encuentro con nosotros mismos, esas pausas que nos alejan de la alienación. Y ¿qué tiene que ver con el pensamiento crítico? Mucho.

Ya hace tiempo que vivimos en lo que se ha denominado «la era de la información» pero en verdad vivimos en un ruido permanente, inmersos en una «infraestructura mediática» que no nos permite distinguir la información de la desinformación y/o de la manipulación.

Hemos pasado en pocos años de las tecnologías de la revolución industrial a las tecnologías de la cibernética, las que favorecieron la comunicación, pero también la incomunicación de las personas porque por un lado nos podemos comunicar con facilidad y en tiempo real pero, por otro, nos aislamos.

Ya en los años 90 del siglo pasado, algunos pensadores nos advirtieron de los problemas que nos traerían los avances tecnológicos. Uno de ellos fue el francés Paul Virilio (1932 – 2018), autor de El cibermundo, la política de lo peor, quien nos alertaba de los peligros de la revolución cibernética, de la «aceleración», y advertía sobre el «accidente general». Ya no se trataba de un accidente puntual como el del Titanic o del descarrilamiento de un tren sino de un accidente más abarcativo que afectaría a la totalidad del mundo.

Bien, recordemos el gran corte de energía que ocurrió en nuestro país en la mañana del domingo 16 de junio de 2019 que afectó también a Uruguay y el gran corte de electricidad que afectó a España y Portugal el 28 de abril de 2025, causando apagones masivos que paralizaron el transporte y la actividad comercial en la Península Ibérica y en el sur de Francia: muchas personas se encontraban con que no podían regresar a sus casas o viajar al trabajo porque se paralizaron los transportes o porque todo dependía del dinero electrónico. Si dependen de una billetera electrónica es probable que no puedan ni comprar una botella de agua en el kiosco. Interesante para los defensores del dinero electrónico.

Volvamos al ruido y a la forma agresiva en que una información se monta sobre otra no nos da tiempo o no nos permite distinguir entre la verdad y la «media verdad» o la noticia falsa.

A esto sumemos las redes sociales, un constante bombardeo de palabras expresadas en pocas líneas, imágenes y videos que constantemente están captando nuestra atención … en realidad, provocando intencionalmente nuestra distracción.

En este entorno de ruido, ¿quién verdaderamente está pensando? O, dicho de otro modo, ¿quién está pensando libremente?

A mi criterio, hoy no hay palabra más bastardeada que la de «libertad» y no hay mayor confusión que la de creer que la libertad proviene del exterior. Muy por el contrario, la libertad está en nuestro interior, porque más importante que la libertad de expresión es la libertad de pensamiento y para pensar debemos apaciguar los ánimos, debemos alejarnos del entorno ruidoso porque todo ese ruido nos agobia y esas circunstancias que provienen del exterior nos limitan.

Entonces, no se trata de modificar la realidad, lo que es una vía hacia el fracaso, sino de la adopción de una postura diferente frente a esa «infraestructura mediática», una postura que nos lleve hacia una libertad interior, hacia una gobernanza de uno mismo, de nuestras emociones y recuperar o asumir la valentía de poder pensar de manera diferente a como piensa la «manada».

Dicho de otro modo, que dejemos de pensar a partir de lo que escriben o dicen otros y que pasemos a desarrollar un «pensamiento crítico».

Debemos distinguir entre las «imágenes mediáticas» y la «realidad» que percibimos a partir de desarrollar nuestro pensamiento crítico, el cual nos permite determinar cómo los medios de comunicación y las redes sociales nos deforman esa realidad.

El sociólogo y activista político Todd Gitlin (1943 – 2022) decía que «la noticia es una trama cognitiva», «un producto industrial que promueve ideas e ideologías» que puede inducir a un cambio social. La información que recibimos tiene un objetivo claro y no es el de «informarnos» sino el de manipularnos y tiene su origen en unas pocas grandes agencias de noticias ―las que denomino como las «mayoristas de la información»― y utilizan como vehículos intermediarios a los medios y a los que aún hoy siguen llamando «periodistas», verdaderos «operadores políticos», mercenarios, empleados de medios que responden a diversos intereses, a medios que son parte de corporaciones económicas que influyen en la sociedad y en la cultura de esa sociedad para favorecer sus intereses económicos y políticos. Al menos así funciona en el mundo occidental, en el «mundo libre».

La humanidad convive en un entorno de medios de comunicación y de redes sociales que son un producto industrial diseñado por estudios psicológicos y desarrollo tecnológico. Si asumimos esta manipulación podremos comenzar a darnos cuenta de que el árbol no nos debe tapar el bosque.

Se dice que la información es poder, pero habría que hacer algunas salvedades sobre esa remanida expresión. Por un lado, saber distinguir si determinada información es fidedigna. En tal sentido, también es preciso conocer la fuente. Si es un medio, saber si es confiable, si es un periodista o un investigador, conocer su ideología o su pertenencia a una determinada institución, quién financia a esa institución, etc.

El «torrente mediático» afecta nuestra capacidad de memorizar, nos provoca un déficit de atención, nos hace menos sociables, afecta nuestra memoria, promueve el individualismo, incrementa nuestros sesgos cognitivos. En síntesis, el bombardeo de información afecta nuestro modo de pensar y nuestra conducta.

Es claro, vivimos en una «omnipresencia mediática».

Como ya he expresado, hoy el lector, el oyente y el televidente recibe la información «masticada» por «opinólogos», empleados por estos multimedios con la intención de «orientar» al ciudadano de a pie en lo que debe pensar.

Los medios no sólo invaden nuestros hogares sino también todo lo que nos rodea. Entramos a un bar o a una confitería, a un local cualquiera, y por lo general hay algún televisor encendido, aunque quizás sin volumen, pero la imagen nos interpela. Ahí estamos en esa transición de homo sapiens ―producto de la palabra escrita― al homo videns de Giovanni Sartori. Sartori nos dice que para el homo videns «la palabra está destronada por la imagen». En un artículo que publiqué en 2023, titulado «El arte de pensar», ya me referí a Sartori y a cómo las imágenes y las pantallas atentan contra nuestro pensamiento abstracto. Tras tres décadas desde que Sartori nos alertara sobre ello, el pensamiento abstracto y el pensamiento crítico están en peligro de extinción.

Quizás, dado que he hablado del ruido y del silencio, sea apropiado aquí citar a Deepak Chopra:

Sin silencio no puede existir una apreciación real en la vida, la cual es tan delicada como un capullo de rosa cerrado.

El silencio nos ayuda a incrementar nuestra percepción.

Claro, la desinformación tiene objetivos y en muchos casos se ha logrado imponer mentiras como parte de la historia de la humanidad. ¿Cómo nos desinforman? Con las denominadas fake news, falsas noticias, con un «exceso» de información sobre un determinado tema, lo que procura desinformar o tapar algún otro tema que se evita que llegue a conocimiento del público.

Como parte de la desinformación, paradójicamente, también existen agencias de noticias y ONGs que dicen combatir la desinformación pero que lo hacen desde sus propios puntos de vista, sus sesgos y sus intereses … o responden a quienes financian su existencia. No se olviden de mirar en sus páginas webs, si tienen, quienes les proporcionan sus recursos.

No hay que olvidarse de la «propaganda», utilizada por todos los gobiernos desde hace mucho tiempo. En 1917, el presidente Woodrow Wilson creó el Comité de Información Pública, un aparato de propaganda para convencer a sus ciudadanos de involucrar a los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, comité mediante el cual se divulgaban noticias y publicidad que sería el origen de la moderna propaganda de Estado.

Cabe mencionar que, en 1928, Edward Bernays ―sobrino de Sigmund Freud― publicó su libro Propaganda destinado a que «personas invisibles» produzcan un cambio social en las masas, moldeando el pensamiento, los valores y la respuesta de los ciudadanos. Introdujo el concepto de «Ingeniería del consentimiento». El gobierno invisible es el verdadero gobierno.

Por todo lo expuesto, debemos desarrollar los anticuerpos para identificar las noticias falsas y desarrollar, asimismo, lo que Edward De Bono (1933 – 2021) definió como «pensamiento lateral»:

Igual que el pensamiento vertical, el pensamiento lateral es un modo de usar la mente. Constituye un hábito y una actitud mental.

Primero, es relevante comprender que poseer mucha información no implica un adecuado manejo de ésta. Como ha expresado Carl Sagan (1934 – 1996):

Saber mucho no es lo mismo que ser inteligente. La inteligencia no es sólo información, sino también juicio para manejarla.

Por tanto, cantidad no es calidad pero el análisis de la información es esencial.

Segundo, es importante ir abandonando el «pensamiento lineal» para desarrollar el «pensamiento lateral». Sin este pensamiento se nos hará difícil comprender la realidad en estos tiempos vertiginosos y de incertidumbre.

Tercero, hay que empezar por dudar de todo. René Descartes (1596 – 1650) la tenía clara. Cuando recibamos una noticia o un video, por ejemplo por Whatsapp, o cuando lo vemos en una red social, y nos genera mucha indignación o rabia de manera inmediata, hay que frenar y pensar. Es muy probable que estén usando nuestras emociones para manipularnos, por lo que antes de reenviarlo es mejor pensar y analizar de qué se trata y cuál es el objetivo.

Tip clave: si una noticia te genera mucha indignación o rabia inmediatamente, ¡FRENA! Es muy probable que te estén usando tus emociones para manipularte.

He aquí algunas pistas:

    • No limitarse a leer los títulos de las noticias. Leer la noticia entera. Confirmar si el contenido es coherente con el título.
    • Confrontar la noticia con otras fuentes. Triangular la información.
    • Escribir el título de la noticia en un buscador.
    • Averiguar la fuente de la información: periodista, autor, medio, fundación, financiamiento del medio o de la ONG, la pauta publicitaria, etc.
    • Verificar los datos, cifras y demás información proporcionados por la noticia o el artículo.
    • Verificar la fecha de publicación. Muchas veces se distribuyen noticias que son viejas.
    • Verificar el contexto de la publicación.
    • Si se trata de una parte de la noticia, de un video o de un audio, corroborar que no haya sido sacada de contexto.
    • Si la recibimos de un contacto, preguntarle de quién la recibió y si verificó la información.
    • Desconfiar de los audios. Muchas veces están «armados» con la intención de confundir o desinformar. Este es un fenómeno que abunda en WhatsApp en determinados contextos políticos.
    • Si se trata de una imagen, buscarla en un buscador para verificar si es real o está sacada de otro contexto o si ha sido adulterada.

No hay que olvidarse lo que oportunamente nos recomendó Abraham Lincoln:

¿Qué nos queda?

Como docente siempre me propuse algo al entrar a un aula: provocar el debate para llevar a la reflexión y motivar los hábitos de lectura, incluso los que están más allá de nuestras necesidades profesionales. La lectura de textos filosóficos, históricos, teológicos y de ficción, por citar algunas temáticas, contribuyen a la generación de un pensamiento creativo y la lectura de libros de textos de cierta complejidad nos ayudarán a desarrollar un pensamiento crítico que, como podrá observarse, tiende a desaparecer por efecto de los medios masivos de comunicación y del uso de las redes sociales que, por otro lado, ocasionan un empobrecimiento de nuestro vocabulario.

Ya nos lo advirtió el escritor español nacido en 1951 en Cartagena, autor de más de dos docenas de novelas ―entre ellas Territorio Comanche, El capitán Alatriste, El Club Dumas, El pintor de batallas, Falcó, El italiano) y ex corresponsal de guerra en el Líbano, África, Chipre, El Salvador, los Balcanes…, el español Arturo Pérez Reverte:

Las redes son formidables, pero están llenas de analfabetos, gente con ideología pero sin biblioteca, y pocos jerarquizan. Es el lector el que debe discernir e interpretar. Dan igual valor a una feminista de barricada que a un premio Nobel.

También pronosticó que «El mundo que viene es audiovisual. La letra impresa está condenada a desaparecer. Tardará más o menos. Pero no hay que dramatizar». Una coincidencia de opinión con Sartori.

En la actualidad la información nos atropella y nos invade en todos los ámbitos y sólo podremos discernir lo que nos llega o se nos quiera imponer si estamos armados intelectualmente para filtrarla o para silenciarla si es necesario.

Como lo expresé en un artículo publicado en 2025, asistimos a una «contrarrevolución cultural». Sólo podremos lograr esto si desarrollamos un pensamiento crítico. La realidad es que se está llevando a cabo ―al menos en el mal denominado «mundo occidental»― una «contrarrevolución» frente a la «revolución» que se inició con la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg en el año 1440, la revolución que introdujo paulatinamente al ser humano en la lectura.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director ejecutivo de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Profesor de Inteligencia de la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de la Universidad Nacional de La Plata.

Autor del libro «Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones», Buenos Aires: Editorial Almaluz, 1ª edición 2019, 2da edición 2024.

 

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LA MENTE HUMANA COMO OTRO DOMINIO DE LA GUERRA

Marcelo Javier de los Reyes*

Imagen de dlsd cgl en Pixabay

 

«El arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar».

Sun Zi

 

Las agencias de noticias y los medios se ocupan de las guerras cinéticas, sobre todo de aquellas que atañen a los grandes intereses internacionales, pero existen otras guerras que hoy son ignoradas u olvidadas, como por ejemplo la guerra civil de Sudán ―que estalló el 15 de abril de 2023 en el territorio de la República de Sudán, cuando se produjeron los primeros combates entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido en todo ese país― y otros tantos conflictos que se están produciendo mientras leemos este texto. Sin embargo, otras guerras no son ni ignoradas ni olvidadas, sino que no son percibidas o sólo son percibidas por muy pocos. Se trata de dos tipos de guerra, la guerra híbrida y la guerra cognitiva.

En la antigüedad la guerra operaba sobre dos dominios, la tierra y el mar. Con la aparición de los aviones, que tuvieron su primera acción bélica en la primera guerra balcánica de 1912 y 1913, aparece el tercer dominio, el dominio del aire, que tuvo un mayor desarrollo en la Primera Guerra Mundial.

Más recientemente se incluyeron dos nuevos dominios, el espacio y el ciberespacio que es un dominio global dentro del entorno de la información.

Ahora la guerra se libra en un sexto dominio: la mente humana por lo que la seguridad de un Estado debe operar sobre seis dominios: aire, tierra, mar, espacio, ciberespacio y la mente humana.

La guerra híbrida

Se trata de un concepto que comenzó a utilizarse hace pocos años y que es motivo de debate debido a que sus métodos no son nuevos, sino que residen en lo que se conoce como guerra irregular y asimétrica adaptada a estos tiempos[1] [2].

Con este concepto sucede lo mismo que con el «nuevas amenazas» que comenzó a usarse en los años 90 del siglo pasado, como consecuencia de la implosión de la Unión Soviética en 1991 y del proceso de globalización. Este concepto se refería a las amenazas que afectaban la estabilidad de los Estados, la seguridad regional o global y que engloba al terrorismo, el narcotráfico, al crimen organizado, al tráfico de armas y personas, etc. Sin embargo, ninguna de estas amenazas era nueva. Si nos referimos al terrorismo podemos ir a la Biblia y allí nos encontramos con uno de los discípulos de Jesús, Simón el «Zelote», término que aparece mencionado varias veces en el Nuevo Testamento y que se refiere a los que integraban un partido nacionalista judío del siglo I, en tiempos de Jesucristo, quienes no dudaban en hacer uso de la violencia, por lo que para algunos historiadores representan uno de los antecedentes del terrorismo. Dentro de ese movimiento había algunos que podían ser más violentos y que se los conocía como sicarios, denominados así por asesinar con una sica, puñal o daga pequeña que podía ser escondida bajo la túnica.

En el Imperio ruso el zar Alejandro II sobrevivió a cinco atentados hasta que murió a consecuencia del perpetrado el 1° de marzo de 1881. Ejemplos como estos podrían citarse muchos.

Respecto del narcotráfico podemos remitirnos a la Guerra del Opio, conflicto que mantuvieron China y el Reino Unido entre los años 1839 y 1842, a partir de la introducción en China de opio cultivado en la India y comercializado por la compañía británica de las Indias Orientales.

De tal manera que con el concepto de guerra híbrida sucede algo similar, pero vamos a aceptarlo más allá de que no hay una clara definición sobre el mismo. En ella se emplean amenazas tradicionales, recurre a acciones incruentas pero que pueden combinarse con otras que sí lo son y que procura aprovecharse de las vulnerabilidades y debilidades del enemigo. Se lleva a cabo a través de:

    • la desinformación y manipulación de la información,
    • propaganda,
    • intervención electoral,
    • sabotaje,
    • acciones económicas,
    • acciones diplomáticas,
    • tácticas convencionales o no convencionales,
    • promoción de disturbios sociales,
    • el uso del ciberespacio,
    • la utilización de proxys 
    • la interferencia en los sistemas de comunicación

y demás acciones que tienen por objeto esmerilar las capacidades del enemigo y provocar el desánimo de su población. Se trata entonces de una evolución en las formas de hacer la guerra pero que tiene su raíz en los conflictos asimétricos.

En tal sentido podría considerarse que se trata del empleo tanto de fuerzas convencionales como de tácticas irregulares.

En los Estados Unidos este concepto fue teorizado por el general James N. Mattis ―quien fue secretario de Defensa entre los años 2017 y 2019 y que en 2005 publicó, junto con el teniente coronel Frank G. Hoffman, La guerra del futuro: la llegada del conflicto híbrido― y en Rusia por el general Valery Gerasimov[3].

Guerra cognitiva

El concepto de guerra cognitiva es una forma de guerra híbrida y se refiere a una guerra no convencional que se vale de herramientas cibernéticas

    • para alterar los procesos cognitivos del enemigo,
    • explotar los sesgos mentales y el pensamiento irreflexivo
    • y provocar distorsiones en su pensamiento para influir en la toma de decisiones y entorpecer sus acciones. Esto tanto a nivel individual como social.

El objetivo es atacar e incluso destruir la forma en que el individuo construye su propia realidad, su autoconfianza mental. Su propósito es degradar el proceso de conocimiento y el uso del conocimiento. De esta manera se erosiona la confianza que sustenta a una sociedad.

La guerra cognitiva se vale de la información, pero de aquella que recolectan las grandes corporaciones tecnológicas y la vigilancia masiva para explotar el Big Data, es decir la información que nosotros proporcionamos estemos donde estemos. Cabe agregar la definición que la Unión Internacional de Telecomunicaciones proporciona para ese concepto: «Big Data es un paradigma para hacer posible la recopilación, el almacenamiento, la gestión, el análisis y la visualización, potencialmente en condiciones de tiempo real, de grandes conjuntos de datos con características heterogéneas»[4]. A través de estos datos obtienen nuestros perfiles y, a partir de ellos, operan para cambiar nuestra forma de pensar.

La guerra cognitiva tiene un alcance global y afectan tanto al individuo como a los Estados y las organizaciones multinacionales y procura el control del ser humano.

La OTAN financió un estudio titulado Cognitive Warfare, publicado en noviembre de 2020, elaborado por el militar francés François du Cluzel ―actualmente jefe de servicio en Innovation et Entrepreneuriat ISAE-SUPAÉRO, Toulouse, Francia― quien expresa que

la naturaleza de la guerra ha cambiado. La mayoría de los conflictos actuales permanecen por debajo del umbral de la definición tradicionalmente aceptada de guerra, pero han surgido nuevas formas de guerra, como la guerra cognitiva (CW), mientras que la mente humana ahora se considera como un nuevo dominio de guerra.[5] [6]

La guerra cognitiva se basa en el «papel cada vez mayor de la tecnología y la sobrecarga de información» que llevan a que «las habilidades cognitivas individuales ya no serán suficientes para garantizar una toma de decisiones informada y oportuna».

Acerca del concepto «sobrecarga de información», se refiere que nunca el hombre tuvo acceso a tanta información como en el presente. Hay un exceso de información y ya en la década de los 90 hablábamos de infoxicación.

La atención es un recurso limitado y desde este sistema se trata de ganar la atención para que no la obtengan otros. Por eso se recurre a denostar al que piensa diferente.

La guerra cognitiva no está asociada a las armas, por lo menos a las tradicionales, y su campo de batalla es el cerebro. Recurre a un nuevo tipo de armas, las armas neuronales o neuroarmas. De tal manera que la mente humana es el nuevo dominio de la guerra.

Es una guerra silenciosa que se lleva a cabo a través de ataques sutiles y persistentes. Es diferente a la guerra de información y no se trata de un control mental sino de algo peor. Esta guerra no trata de cambiar lo que pensamos sino la forma en cómo pensamos y se vale tanto del emocionalismo como del infatilismo. Se afirma que nuestra sociedad actual sufre un proceso de infantilismo que comienza ya en los años 1960 y hoy se hace evidente en la escasa lectura de libros, en la forma en que nos expresamos, en la forma que escribimos a partir de las nuevas tecnologías y de las redes sociales. Nuestra sociedad actual también ha tendido a la pérdida de memoria o, mejor expresado, a no memorizar. La tecnología contribuye notablemente a la pérdida de nuestra memoria y a lo que tendemos es a saber buscar la información. Podemos recordar la información sin mayores detalles pero sí sabemos dónde podremos recuperarla.

Se produce entonces una atrofia de nuestras capacidades intelectuales. Se ha perdido el pensamiento crítico a partir de la imagen

Además del emocionalismo y del infantilismo, el hombre tiene una necesidad inmediata de la esperanza, del placer. Las redes sociales favorecen esto con algo tan sencillo como los «me gusta». De ahí la dependencia que el hombre moderno tiene por las tecnologías y por la conexión a las redes sociales, a una hiperconectividad. Todo este sistema provoca una adicción que opera sobre las emociones. En este sentido, es importante saber que la toma de decisiones no se basa en la razón sino en las emociones.

Se trata de que las personas adopten la «actitud correcta» y para ello utiliza la Inteligencia Artificial, los algoritmos. Recordemos el caso de la consultora Cambridge Analytica que trabajó en la campaña a favor del «Vote Leave» que derivó en el Brexit y en la campaña electoral de Donald Trump en 2016. Los servicios de la compañía fueron contratados en campañas electorales en la República Checa, India, Italia, Kenia, Nigeria, Rumania e incluso en las elecciones celebradas en 2015 en Argentina —por el partido del ex presidente Mauricio Macri—, entre otros países.

Cambridge Analytica se había especializado en la recopilación y en el análisis de datos que serían utilizados en campañas publicitarias y políticas. En combinación con información obtenida de Facebook, la consultora británica afirmó que tenía 5.000 puntos de datos en casi todos los votantes en Estados Unidos. Con ese cúmulo de información podía crear perfiles psicográficos de los usuarios y sus contactos, es decir que con ellos podía clasificarlos según sus actitudes, aspiraciones y otros criterios psicológicos con el objetivo de encontrar rasgos comunes en grupos para efectuar una segmentación sobre la base de algunos de sus aspectos psicológicos. Luego se centró en los llamados «persuables» —los «persuadibles»—, es decir, en aquellas personas que en una campaña electoral se denominan «indecisos», las cuales fueron blanco de un bombardeo de mensajes personalizados a los efectos de influir en su decisión.

El caso Cambridge Analytica llevó a que la Federal Trade Commission (FTC) —Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos—, en marzo de 2018, abriera una investigación luego de que se revelara que Facebook había vendido a Cambridge Analytica los datos de los usuarios recolectados mediante un test de personalidad. La red social fue acusada de haber compartido de manera inapropiada los datos de 87 millones de usuarios con Cambridge Analytica. Tras más de un año de investigaciones, la FTC le aplicó una multa de US$ 5.000 millones a Facebook por malas prácticas en el manejo de la seguridad de los datos de los usuarios, ya que fueron vendidos sin su consentimiento y sin su conocimiento.

Se trata entonces de un verdadero hackeo de la mente. El hombre es inoculado con una nueva forma de pensar y de esa manera también se convierte en un arma que favorece a la guerra cognitiva porque, a su vez, propaga el mensaje recibido. Así como los libros de autoayuda nos inducían a cambiar nuestras percepciones sobre nosotros mismos a través de pensamientos que nos llevaban a generar creencias, la guerra cognitiva nos lleva a generar creencias pero en un sentido negativo. Lleva a que el ser humano acepte como lógico lo ilógico.

La guerra cognitiva es silenciosa, es global, apunta a enemigos y propios y es permanente. Su costo económico es mucho menor que el de una guerra cinética, se lleva a cambo sin que el objetivo tome conciencia de cómo se está operando sobre él pero es diseñado por un equipo de profesionales que estudian a los individuos y a las sociedades sobre las que se va a operar. Se vale de las ciencias (neurobiología, informática, biotecnología, psicología) y de la tecnología (inteligencia artificial, digitalización, Big Data).

Para enfrentar esta guerra debemos desarrollar una gran capacidad de discernimiento para poder distinguir lo verdadero de lo falso, desarrollar la intuición, así como un proceso de «alfabetización mediática» que nos permita recuperar el «pensamiento crítico» para poder reflexionar acerca de la información que nos llega, verificar las fuentes y, sobre todo, volver a la lectura de libros.

Finalmente, también es importante ofrecer resistencia al «torrente mediático» y tener la valentía de expresar nuestra opinión personal en medio de la «manada».

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director ejecutivo de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Profesor de Inteligencia de la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de la Universidad Nacional de La Plata. Autor del libro «Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones», Buenos Aires: Editorial Almaluz, 1ª edición 2019, 2da edición 2024. Investigador Senior del IGADI, Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, Pontevedra, España.

 

Referencias

[1] Sobre este debate, ver: Guillem Colom Piella. «Guerras híbridas. Cuando el contexto lo es todo». Revista Ejército, n° 927, junio 2018, p. 38-44, https://www.ugr.es/~gesi/Guerras-hibridas, [consulta: 17/10/2021].

[2] También aborda este debate el general Fabián Sánchez García. «El conflicto híbrido ¿Una nueva forma de guerra?». El enfoque multidisciplinar en los conflictos híbridos, Ministerio de Defensa, Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2012, Colecciones: Seguridad y Defensa, 51, España, ISBN: 978-84-9781-753-0.

[3] Sobre este tipo de guerra en Rusia sugiero la siguiente lectura: Marcos Kowalski. «Conflictos híbridos y la Doctrina Gerasimov». Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), 10/07/2021, https://saeeg.org/index.php/2021/07/10/conflictos-hibridos-y-la-doctrina-gerasimov/.

[4] Media Centre. «Los Miembros de la UIT acuerdan una norma internacional para los grandes volúmenes de datos (Big Data)». Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), https://www.itu.int/net/pressoffice/press_releases/2015/66-es.aspx, [consulta: 14/02/2024].

[5] François du Cluzel. «Cognitive Warfare». ComCiência (Laboratório de Estudos Avançados em Jornalismo, Labjor de la Unicamp de la Unicamp, en sociedad con la Sociedade Brasileira para o Progresso da Ciência, SBPC), junio-noviembre 2020, https://www.comciencia.br/wp-content/uploads/2022/11/Guerra_Cognitiva_Cluzel_OTAN.pdf, [consulta: 14/02/2024].

[6] François du Cluzel. «Keynote 3: Cognitive Warfare, a Battle for the Brain». NATO, 2022, https://www.sto.nato.int/document/keynote-3-cognitive-warfare-a-battle-for-the-brain/, [consulta: 18/02/2024].

 

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