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LA MIGRACIÓN COMO ESTRATEGIA DE PRESIÓN EN EL TABLERO GEOPOLÍTICO: CASOS DE ESTUDIO DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

Juan León Giujusa*

Imagen: RosZie en Pizabay, https://pixabay.com/es/illustrations/gente-valla-refugiados-globo-mundo-8389312/.

 

La instrumentalización de los flujos migratorios mixtos no es un fenómeno nuevo en la política internacional. Sin embargo, ha adquirido una intensidad sin precedentes y dimensiones globales en la era de los movimientos transfronterizos. Este concepto ha sido gradualmente incorporado al acervo discursivo de numerosos actores. Desde el ámbito académico se ha acuñado el término de weaponization of migration[1], mientras en el plano político numerosos Estados europeos, así como la UE en su conjunto, han considerado a la instrumentalización de la migración como una amenaza híbrida. Así lo ha hecho también la OTAN, en el Concepto Estratégico (2022). La instrumentalización, además, adquiere diferentes formas, pero todas refieren a acciones emprendidas por los Estados para utilizar a los migrantes con fines políticos y económicos, en algunos casos para obtener más recursos y en otros forzándolos a cruzar las fronteras hacia otros países de manera incontrolada para ejercer presión[2]. Se trata de una herramienta coercitiva de política exterior para obtener concesiones e inducir cambios.

Sin embargo, no es un fenómeno que afecte solamente a las democracias europeas, si bien es cierto que la estrategia que por excelencia ha adoptado el bloque, la externalización de las fronteras, lo ha colocado en una posición de relativa vulnerabilidad, una situación que algunos de sus socios extra-europeos han sabido explotar. La estrategia de externalización implica el desplazamiento de tareas referidas al control migratorio hacia terceros países, fuera del bloque comunitario, para crear una zona tapón alrededor de éste[3]. A la postre, ello ha significado una creciente dependencia de la UE hacia los gobiernos de terceros países con los que ha llevado a cabo acuerdos migratorios. En este marco, el riesgo de chantaje político se incrementa exponencialmente. Esta última situación se corrobora al analizar el caso marroquí y el turco, dos países con los que el bloque mantiene un conjunto de acuerdos formales e informales en la materia, que incluye no solamente el control migratorio, sino también la readmisión de los expulsados por la Unión. Por un lado, el acuerdo UE-Turquía de 2015 había implicado el ofrecimiento europeo de beneficios económicos, la reapertura de las negociaciones de adhesión al bloque y acelerar la eliminación del visado Schengen para los nacionales turcos. A cambio, Ankara se comprometía a ejercer un riguroso control migratorio y a readmitir a los expulsados por el bloque. Sin embargo, en 2020, Turquía anunció la apertura de la frontera permitiendo el paso de migrantes y refugiados a Grecia. Ello obedecía a la escalada del conflicto en el norte de Siria, donde Turquía estaba llevando adelante una serie de operaciones militares[4]. Así, la estrategia turca perseguía múltiples objetivos. Por un lado, presionar a Europa, mostrando las vulnerabilidades del bloque si Ankara no estaba dispuesta a cooperar en materia migratoria. Por ello, en 2020 logró con éxito presionar para obtener mayores fondos y una colaboración más aceitada en el devenir del conflicto sirio. De aquí se deduce el segundo objetivo de política exterior perseguido por Ankara: moldear la situación en Siria, provocando la caída de al-Assad. Turquía anhelaba fortalecer su rol de potencia regional y participar en la reconstrucción de Siria, a la cual mantendría bajo su esfera de influencia, como indica la política neo-otomana de Erdogan. Para ello, la diáspora siria jugaría un rol crucial. Pero a ello cabe agregar un nuevo objetivo al que también responde la instrumentalización de los migrantes y desplazados: debilitar a los kurdos. Para ello, Ankara favoreció la repoblación de las zonas de los kurdos con desplazados sirios, para evitar la formación de un enclave kurdo autónomo[5]. Reasentando a los refugiados, se generaría un cambio demográfico que diluiría la influencia kurda.

Por su parte, en 2020 Marruecos dio vía libre a los migrantes que se dirigían hacia las islas Canarias y en 2021 y 2022 abrió la frontera con Ceuta y Melilla (enclaves españoles con soberanía contestada). El motivo fue un conflicto diplomático con España, país en el que había sido hospitalizado Brahim Gali, líder del Frente Polisario en el Sahara Occidental (o presidente de la República Saharaui). En este caso, el gobierno marroquí, fortalecido por la decisión de 2020 del presidente estadounidense Trump, quien reconocía la soberanía de Rabat sobre el Sahara Occidental, intensificó las presiones para modificar la posición española y de otros países europeos en la cuestión. Una vez más, se pone de manifiesto la utilización de las migraciones como arma de presión para torcer la política exterior española. La maniobra ha tenido éxito, en tanto el presidente español, mediante una carta dirigida al rey Mohamed VI, en 2022, varió la posición histórica sobre esta cuestión en favor de Marruecos. Se trata de un acto de notoria relevancia: la otrora metrópoli ha pasado a apoyar la idea de que el territorio saharaui se integre en Marruecos bajo su soberanía[6]. Esta carta ha inaugurado un nuevo período en las relaciones diplomáticas, caracterizado por la cooperación migratoria entre ambos países que implica la concesión de beneficios económicos de Europa hacia Marruecos. Así, podemos concluir que el objetivo marroquí era doble: ejercer represalias por la hospitalización de Gali y, en un plano más general, obtener el apoyo español respecto de la postura marroquí sobre el Sahara Occidental.

Por otro lado, se ofrecería una imagen parcial si no se incluyeran aquellos países con los que no existe o se han interrumpido los acuerdos formales o informales y que también han instrumentalizado a los migrantes y solicitantes de asilo. Aquí destaca el accionar del gobierno de Bielorrusia. La crisis migratoria artificial, generada por Lukashenko, comenzó en 2021, pero actualmente aún se observan algunas tensiones y movimientos en la frontera. Luego de las elecciones bielorrusas de 2020, consideradas fraudulentas por parte de la comunidad internacional, la UE respondió con un paquete de sanciones[7]. Lukashenko anunció el fin del acuerdo de readmisión y comenzó a organizar traslados y a facilitar el tránsito de migrantes y refugiados procedentes de Irak, Afganistán, Yemen y Siria, hacia la Unión. Al orquestar estos movimientos, Lukashenko pretendía presionar al bloque para que levantara las sanciones políticas y económicas, pero también esperaba legitimarse como presidente, sentándose a la mesa de negociación junto a los países europeos.

Cabe hacer una aclaración adicional: las democracias europeas, a su manera y con ciertos matices, también han sido partícipes de esta tendencia hacia la instrumentalización de los flujos migratorios mixtos al convertirlos en moneda de cambio o en un objeto de trueque en las transacciones con sus socios extra-europeos. Así, han condicionado la cooperación, la asistencia económico-financiera y diferentes concesiones para inducir a los terceros países a actuar como los gendarmes de Europa. Ésta es la contracara del mismo fenómeno.

Finalmente, como se sostuvo inicialmente, este tratamiento a los migrantes ha adquirido dimensiones que exceden a la UE. En este marco más general, cobran relevancia las estrategias de dos países respecto de los refugiados afganos: la República Islámica de Irán y Pakistán. Ambos países se caracterizaron por su histórica política de puertas abiertas. Pero sus intereses colisionan en el escenario afgano y han impulsado un cambio abrupto en sus estrategias, devenidas ahora en políticas de expulsión conforme se modificaba la dinámica política regional. En términos generales, Pakistán desea fortalecer su papel en Asia Central y Afganistán constituye la plataforma para alcanzar tal objetivo, mientras que Irán busca afianzar su rol como potencia regional en Medio Oriente y sortear los efectos de la batería de sanciones que pesan sobre el país. Para ello, su vecino de Asia Central desempeña un rol de relevancia[8].

En los últimos años, Pakistán ha esgrimido argumentos vinculados a las condiciones económicas y de seguridad para explicar las deportaciones masivas en que se ha embarcado. También ha sostenido que ya no impera en el país vecino una situación de guerra que justifique la acogida de refugiados afganos, pese a los múltiples reportes de organizaciones no gubernamentales que dan cuenta de la opresión y la violación a los derechos humanos. Sin embargo, Bibi[9] explica que las expulsiones en masa encuentran su razón de ser en el deterioro de los lazos afgano-pakistaníes desde el regreso Talibán al poder en 2021. El gobierno pakistaní confiaba que los talibanes apoyaran al gobierno de Islamabad y contribuyeran a mantener bajo control al TTP, conocido como los Talibanes pakistaníes. Pese a tal pronóstico, el régimen de Kabul ha fortalecido al TTP, mostrando más lealtad a éste que al Estado pakistaní. El TTP, envalentonado por la nueva geopolítica regional, decidió poner fin al alto el fuego con el gobierno pakistaní en noviembre de 2022. La respuesta de Islamabad, al ver sus intereses amenazados, ha versado sobre nuevas y masivas órdenes de deportación a migrantes y refugiados afganos desde 2023, en flagrante violación al derecho internacional. La autora también resalta que Islamabad tenía intenciones de celebrar acuerdos con el gobierno afgano en términos que coadyuvaran a restaurar la influencia pakistaní en la región y, al no lograr esta actitud cooperativa, ha comenzado a presionar a los talibanes mediante expulsiones masivas que sin dudas añade tensiones y coacciona a los talibanes, en medio de la ya difícil situación nacional, inmersa en una profunda crisis político-social, económica, alimenticia y humanitaria en general.

Por su parte, Irán también siguió una política de puertas abiertas durante décadas respecto de los solicitantes de asilo afganos. En este caso, la instrumentalización adquiere dos vías. Por un lado, se ha favorecido el reclutamiento forzoso de migrantes y refugiados afganos por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), específicamente a través de su brazo de operaciones exteriores, la Fuerza Quds, formando la Brigada Fatemiyoun, un grupo paramilitar proxy. El reclutamiento ha sido efectuado bajo coerción o a raíz de promesas, en su mayoría incumplidas[10]. La Brigada ha sido desplegada en defensa de causas iraníes y como forma de acrecentar el liderazgo regional. En cuanto al segundo canal, Teherán busca afianzar su influencia sobre los asuntos de Kabul y es precisamente aquí donde rivalizan los intereses iraníes y pakistaníes.

Siguiendo este último aspecto, una política más restrictiva respecto de los flujos comenzó a implementarse en marzo de 2022. Irán declaró no haber encontrado fundamentos que den cuenta de un riesgo sistemático de daños y violaciones graves a los derechos humanos en Afganistán. De esta manera, la tasa de deportación se incrementó[11]. Este endurecimiento de las políticas de deportación, pese a las denuncias de violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Afganistán, permite a Teherán gestionar a la población refugiada en clave de instrumento de presión geopolítica. El país ha logrado demostrar que, con los millones de refugiados que se encuentran en su territorio, puede afectar seriamente la estabilidad de su vecino mediante deportaciones en masa, lo que lo convierte en un actor a ser tenido en cuenta en el proceso de reconstrucción afgano. Melamed Visbal y Peláez Barceló[12] sostienen que el gobierno iraní ya está en condiciones de manipular la agenda del régimen talibán mediante el recurso a la amenaza de emplear programas de deportaciones masivas, lo que generaría insoportables presiones sociales, políticas, económicas y humanitarias.

La confluencia de las políticas de expulsión de Irán y Afganistán representan una carga en términos de acogida, provisión de servicios e integración de los deportados afganos imposible de abordar por parte del régimen de talibán. Pesa sobre Kabul el cúmulo de las presiones procedentes de Irán y de Pakistán, inherentemente irreconciliables, en tanto ambos compiten por acrecentar su influencia sobre Afganistán y manipular sus asuntos internos.

Todos los casos citados permiten efectuar una serie de inferencias: las respuestas de acogida, sea a los migrantes o a los solicitantes de asilo, se alejan de las explicaciones más superficiales (como la ayuda humanitaria pura) y se responden a partir de dinámicas de poder e intereses geopolíticos que desnudan las diferentes tácticas de poder duro que instrumentalizan y explotan las vulnerabilidades de los migrantes y desplazados. Una serie de intereses orbitan entorno a estas respuestas, a saber, económicos (utilización de la “crisis” para obtener fondos internacionales), políticos (ganar influencia en ciertos países y regiones, proyectar una imagen de liderazgo, presionar a otros Estados al incrementar su posición negociadora), o de seguridad (utilizar los flujos para justificar intervenciones, contención de amenazas regionales y la utilización de refugiados para influir en conflictos vecinos). Esta imbricación de intereses de diversa índole sigue un mismo patrón de conducta: primero, la adopción de políticas migratorias receptivas, que optimicen la población en función de los intereses del poder, creando ciertas composiciones poblacionales; luego, se abre paso a la instrumentalización de los flujos mediante diferentes tácticas. Con ello, la demografía en general, y la migración en particular, sea voluntaria o forzada, se han convertido en armas de la geopolítica global. Así, la movilidad humana ha devenido, con lastimosa frecuencia, en una herramienta de poder duro, en una forma de confrontación, donde las personas son despojadas de su humanidad para convertirse en un recurso de poder capaz de allanarle, al Estado que las instrumentaliza, el camino hacia la consecución de sus intereses geopolíticos o de acrecentar su poder en la arena regional y global. En este campo de la geoestrategia, los migrantes y desplazados se ven reducidos a meros recursos de que disponen ciertos Estados para la consecución de sus objetivos de política exterior.

 

* Licenciado en Relaciones Internacionales, Universidad de Palermo, Argentina. Estudiante de la Maestría en Estudios Internacionales, Universidad Torcuato Di Tella.

Miembro del Centro de Estudios Estratégicos de Relaciones Internacionales (CEERI).

Columnista en política internacional, Diario Distrito Interior, General Villegas, provincia de Buenos Aires.

 

Referencias

[1] Greenhill, Kelly M. «Weapons of Mass Migration: Forced Displacement as an Instrument of Coercion». Strategic Insights, v. 9, issue 1, Spring-Summer 2010, p. 115-159, http://hdl.handle.net/10945/11515.

[2] Díez Peralta, E. «La instrumentalización de las migraciones en la frontera exterior oriental de la UE: el derecho de asilo en la encrucijada». Revista de Derecho Comunitario europeo, n° 81, p. 171-212, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10326883.

[3] Gabrielli, Lorenzo. «La externalización europea del control migratorio: ¿La acción española como modelo?». CIDOB, https://www.cidob.org/publicaciones/externalizacion-europea-del-control-migratorio-accion-espanola-como-modelo.

[4] Díez Peralta, E. Op. cit.

[5] Nachawati Rego, L. «La caída de la dinastía Asad en Siria: factores locales, regionales y globales». Anaquel de Estudios Árabes, vol. 36, n° 1, 2025, p. 1-12. https://doi.org/10.5209/anqe.100223 .

[6] Del Valle Gálvez, A. «Weaponising migration: Ceuta y Melilla en las relaciones España-Marruecos, su reforzamiento estratégico como ciudades de la UE en la orilla sur del Mediterráneo». En I. González García y A. del Valle Gálvez, Ceuta y Melilla: la Unión Europea en la orilla sur del Mediterráneo. Ceuta: Centro de estudios internacionales y europeos del área del Estrecho, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2023, p. 51-76, http://hdl.handle.net/10498/33792.

[7] Díez Peralta, E. Op. cit.

[8] Beidollahkhani, Arash. «Strategic tensions and geopolitical necessity: prospects for securitization of Iran-Pakistan relations in the globalization context». Journal of Globalization Studies, vol. 14, n° 1, p. 94-109, https://www.sociostudies.org/authors/beidollahkhani_arash/.

[9] Bibi, Sumaira. «Repatriating Afghan refugees from Pakistan: background, implications, and consequences for bilateral relations and regional dynamics». Quarterly on Refugee Problems, vol. 63, n° 2, p. 141-155, https://doi.org/10.57947/qrp.v63i2.152.

[10] Farivar, Masoos. «What happened to Iranian proxies in Syria?» VOA, 13/12/2024, https://www.voanews.com/a/what-happened-to-iranian-proxies-in-syria-/7901149.html

[11] European Union Agency for asylum (EUAA). «Iran: situation of Afghan refugees». EUAA, 2022, https://euaa.europa.eu/publications/iran-situation-afghan-refugees

[12] Melamed Visbal, J. y Peláez Barceló, D. «La estrategia de expansionismo hegemónico iraní en Siria y Afganistán». Revista Científica General José María Córdova, vol. 18, n° 32, p. 749-767, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8693064.

 

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GEOINGENIERÍA: EL ARMA NO SINTÉTICA PARA SOMETER LA ECONOMÍA DE UN PAÍS POBRE, DESDE EL PODER ECONÓMICO, TECNOLÓGICO Y MILITAR

Gabriel Francisco Urquidi Roldán*

Foto link https://www.minutouno.com/sociedad/desastre-bahia-blanca-un-fuerte-temporal-inundaciones-evacuados-y-suspension-actividades-n6120770

 

En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas y rápidas transformaciones tecnológicas, la capacidad de los Estados para intervenir en procesos naturales plantea desafíos inéditos. Desde las armas químicas de la Primera Guerra Mundial hasta los programas de modificación climática del siglo XX, la relación entre clima y poder ha evolucionado hasta convertirse en un nuevo instrumento estratégico. Hoy, la geoingeniería —entendida como la manipulación deliberada del clima y el ambiente— abre un debate sobre su potencial uso como ARMA NO SINTÉTICA para influir en economías nacionales sin recurrir a violencia directa.

De las armas químicas a la manipulación del clima

Durante la Primera Guerra Mundial fuerzas militares utilizaron gases como cloro y fosgeno, cuya efectividad dependía de los vientos predominantes. Su dispersión atmosférica transformó al clima en un factor táctico. Años después, científicos como Vincent Schaefer lograron provocar la primera nevada artificial en 1946 mediante la dispersión de hielo seco sobre nubes[1].

Este hito científico abrió el camino a investigaciones más ambiciosas, algunas de carácter militar. Entre ellas se destaca la «Operación Popeye», realizada por Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam, con el objetivo de prolongar los monzones para entorpecer la logística enemiga[2].

La magnitud del impacto de estas intervenciones llevó a la comunidad internacional a negociar la Convención sobre la Prohibición de Utilizar Técnicas de Modificación Ambiental con Fines Militares (ENMOD) de 1977, ratificada posteriormente por diversos países[3].

La Guerra Fría y el clima como vector estratégico

Durante la década de 1950, parte del discurso científico-militar alertaba que el control del clima podría convertirse en un factor de dominación global. Un ejemplo temprano de esta visión se observa en el interés de Estados Unidos por programas de investigación atmosférica con potencial dual. Entre ellos, décadas más tarde, surgiría el programa HAARP, frecuentemente relacionado ―de forma verificada o especulativa― con experimentos de alta energía sobre la ionosfera[4].

Asimismo, reportes periodísticos han señalado históricas preocupaciones de inteligencia sobre la posibilidad de manipulación climática como herramienta geopolítica[5].

Vulnerabilidad climática y poder económico

Cabe mencionar los eventos climáticos extremos, como las DANA que afectaron a España o la inundación catastrófica de Bahía Blanca en Argentina:

    • Bahía Blanca ya había sido duramente afectada por un fuerte temporal en diciembre de 2023, que provocó destrozos, cortes de servicios y, según reportes periodísticos, un saldo de 13 víctimas fatales.
    • El 7 de marzo de 2025 la ciudad sufrió una de las peores catástrofes climáticas de su historia: se registraron precipitaciones extraordinarias ―del orden de 290 a 350 milímetros en pocas horas― lo que desbordó ríos y canales de drenaje e inundó amplias zonas urbanas.
    • Se reportaron al menos 16 muertos, numerosas personas desaparecidas, miles evacuados y decenas de miles de damnificados.
    • Las inundaciones representaron un evento de recurrencia centenaria, con niveles de agua que en algunos barrios superaron los dos metros de altura.

Demuestran que la infraestructura moderna es extremadamente vulnerable a perturbaciones meteorológicas graves[6] [7].

Aunque tales fenómenos no tienen relación comprobada con acciones humanas deliberadas, su impacto económico evidencia el potencial estratégico de la modificación del clima.

Una economía dependiente de exportaciones agrícolas, rutas marítimas estables o infraestructura energética se vuelve susceptible a:

    • inundaciones intensificadas,
    • sequías prolongadas,
    • interrupciones logísticas,
    • alteraciones en temperaturas y lluvias y
    • afectación de instalaciones portuarias o petroleras.

La manipulación ambiental adquiere así un valor estratégico capaz de alterar mercados, tensar balanzas comerciales o erosionar la estabilidad política de un país.

Infraestructura oceánica y capacidades tecnológicas

En los océanos del mundo operan buques equipados con antenas de gran potencia, plataformas petroleras abandonadas convertidas en nodos de comunicación y estaciones meteorológicas flotantes. Aunque la mayoría desempeña funciones científicas, comerciales o de telecomunicaciones, su capacidad dual es evidente.

Una misma antena puede medir radiación ionosférica o interferir comunicaciones. Un radar atmosférico puede predecir tormentas o estudiar mecanismos que permiten alterarlas.

Estas infraestructuras, visibles desde satélites y presentes en rutas marítimas globales, conforman un entramado tecnológico cuya utilización ―según la orientación política de los Estados― podría reforzar tanto la investigación climática como la proyección de poder.

Geoingeniería: arma no sintética del siglo XXI

En su aplicación civil, la geoingeniería puede aportar soluciones frente al calentamiento global. Sin embargo, bajo un uso hostil, abre escenarios preocupantes:

    • debilitamiento económico sin intervención militar directa,
    • presión diplomática o comercial basada en vulnerabilidades climáticas,
    • manipulación de ciclos agrícolas,
    • alteración de suministros energéticos y
    • desestabilización social por impactos indirectos del clima.

La ENMOD prohíbe explícitamente estas prácticas, pero en un sistema internacional caracterizado por asimetrías tecnológicas, la fiscalización resulta limitada.

Conclusión

La geoingeniería representa un campo donde convergen ciencia, poder y geopolítica. El desafío global consiste en garantizar que estas tecnologías permanezcan dentro del ámbito pacífico, transparente y cooperativo. En un mundo interconectado, la manipulación deliberada del ambiente podría transformarse en un mecanismo silencioso de dominación económica, capaz de debilitar a un Estado sin violar formalmente su soberanía territorial.

La verdadera pregunta es si la humanidad será capaz de prevenir ese escenario.

 

* Licenciado en Seguridad. Especialista en Análisis de Inteligencia y Maestrando en Inteligencia Estratégica Nacional, con experiencia en estrategia, geopolítica, tasalopolítica, producción de información, así como en Seguridad y Protección de Infraestructuras Críticas.

 

Referencias

[1] Matt Novak. «Weather control as a Cold War weapon». Smithsonian Magazine, 05/12/2011, https://www.smithsonianmag.com/history/weather-control-as-a-cold-war-weapon-1777409/.

[2] Mauricio Saldívar. «Operación Popeye: cuando el clima se usó como arma de guerra». Meteored, 11/09/2022, https://www.meteored.com.ar/noticias/actualidad/operacion-popeye-cuando-el-clima-se-uso-como-arma-de-guerra.html.

[3] «Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental con fines militares». Instituto de Relaciones Internacionales, UNLP, 1998, https://www.iri.edu.ar/publicaciones_iri/manual/Ultima-Tanda/Desarme/18.6.%20Convenci%F3n%20sobre%20la%20prohibici%F3n%20de%20utilizar%20t%E9cnicas%20de%20modificaci%F3n%20ambiental.pdf.

[4] «HAARP to begin the largest set of experiments at its new observatory». University of Alaska Fairbanks, 2024, https://www.uaf.edu/news/haarp-to%20begin-largest-set-of-experiments-at-its-new-observatory.php.

[5] «La CIA y la manipulación del clima». La Jornada, México, 07/03/2015, https://www.jornada.com.mx/2015/03/07/opinion/025a1eco.

[6] Valeria Román. «Inundaciones trágicas en España: qué es una DANA meteorológica y por qué puede ocurrir en otras zonas». Infobae, 30/10/2024, https://www.infobae.com/america/medio-ambiente/2024/10/30/inundaciones-tragicas-en-espana-que-es-una-dana-meteorologica-y-por-que-puede-ocurrir-en-otras-zonas/?gad_source=1&gad_campaignid=20993778607&gbraid=0AAAAADmqXxQE3_eRFAdkBHbEEHA-otSu_&gclid=CjwKCAiA86_JBhAIEiwA4i9Ju1paKE3WFbhTpTYiWXN3cexmEHEzZ098mVk9VWfTF6q-2e4nr8Gb8hoC4AIQAvD_BwE.

[7] Agustín Gulman. «Bahía Blanca, la ciudad argentina que busca reinventarse tras una inundación mortal». El País, América Futura, España, 22/09/2025, https://elpais.com/america-futura/2025-09-22/bahia-blanca-la-ciudad-argentina-que-busca-reinventarse-tras-una-inundacion-mortal.html.

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LUCES Y SOMBRAS DEL ACUERDO MERCOSUR-UNIÓN EUROPEA EN LA PESCA

César Augusto Lerena*

Los agricultores y ganaderos de Europa, se manifestaron el miércoles pasado en Bruselas con corte de calles, tractorazos, huevazos y quemas diversas en rechazo al Acuerdo de Asociación Estratégica MERCOSUR – UNION EUROPEA. Es notable que productores, aún subsidiados, le teman al ingreso de materias primas del MERCOSUR que en la Argentina se les aplican retenciones a las exportaciones. Ello deja en evidencia que el modelo agropecuario europeo está agotado y se sostiene mediante políticas de protección.

Habría que decir también que el Acuerdo que se propone se queda a medio del camino y no parece que el gobierno nacional y los dirigentes sectoriales de nuestro país lo hayan leído en profundidad, porque se siguen aplicando aranceles a las importaciones y varias cláusulas demoran su eliminación o quedan sujetos al libre albedrio de los europeos para proteger a sus economías.

La posición del Presidente Luiz Inácio Lula de Silva es muy razonable respecto a concluir de una vez por todas un Acuerdo que lleva más de 25 años de discusión y donde cuatro Estados soberanos están siendo tratados como si estuvieran mendigando un aporte de Europa y no avanzando hacia un Acuerdo de “Asociación Estratégica” como su denominación indica.

Francia, Italia, Hungría y Polonia se oponen, mientras España, Alemania y los países nórdicos solo piensan que puede ser útil para compensar la relación con Estados Unidos y China.

Este Acuerdo permitiría un potencial mercado de 780 millones de consumidores, pero la apertura irrestricta que tiene el gobierno argentino en la actualidad contrasta con las restricciones que pone Europa para garantizar que no haya una invasión de productos en el mercado europeo en perjuicio de los productores de esa comunidad, lo que la primera Ministra de Italia Meloni, llama “garantías recíprocas adecuadas para nuestro sector agrícola”.

El Acuerdo se divide en dos partes, uno de Asociación UE – MERCOSUR (EMPA) que refiere a los aspectos políticos y de cooperación, basados en el respeto mutuo, la igualdad, la reciprocidad y la democracia y otro Comercial Interino (iTA) de carácter provisional que trata las cuestiones comerciales que, podría firmarse el 20 de diciembre y, la ratificación total podría llevar un par de años porque requiere la aprobación del Parlamento Europeo y no menos de quince Estados.

La Cancillería Argentina no ha publicado el Acuerdo sino una suerte de carta de buenas intenciones; pero, la estructura principal de los más de 20 capítulos y anexos crea una zona de libre comercio entre la Unión Europea y el MERCOSUR para unos 780 millones de consumidores, eliminando aranceles con transiciones de hasta quince años; pero, con “salvaguardas” en favor de la Unión Europea.

Los europeos estiman exportaciones a su favor de 49.000 millones de euros anuales y no están estimados los beneficios para los países del MERCOSUR. Da la sensación de ser un marketing muy útil para la política y no tanto para la producción nacional, porque ni siquiera están medidos los beneficios económicos. 

Es importante porque incluye cláusulas de sostenibilidad respondiendo al Acuerdo de Paris en contra de la deforestación, aunque no tiene contrapartidas para darle créditos a los países del MERCOSUR y penalizar la contaminación europea. Avanza sobre la promoción de la transición verde, la biodiversidad y los derechos de los indígenas.

La Unión Europea concedería un acceso preferencial inmediato al 82% de las importaciones agroalimentarias del MERCOSUR; pero, “sujeto a contingencias arancelarias y medidas de “salvaguardia” si hubiese daño grave a los productores europeos” (Capítulo 2, Anexo I). No parece un Acuerdo, sino más bien una concesión de Europa a los países de Sudamérica, con una cláusula gatillo, para desactivar los eventuales beneficios, además de no indicar la contraparte respecto a las exportaciones de Europa.

Define a los “productos originarios” indicando que deben tener al menos el 60% de valor regional (Capítulo IV Anexo 4 A) y, eso puede afectar las exportaciones industriales argentinas.

Respecto a las Medidas Sanitarias y Fitosanitarias, el Capítulo 7 indica que deben armonizarse los estándares y las normas de seguridad y ello no parece un inconveniente ya que las normas argentinas, como el Código Alimentario Argentino y el Reglamento de Inspección de Productos (Decreto 4238/68) están a la par de las más avanzadas del mundo. Sí, es preocupante, cuando se indica que “las Partes aplicarán el principio de precaución para riesgos sanitarios, permitiendo medidas preventivas sin pruebas concluyentes”, lo cual permitía a la Unión Europea, tomar medidas para-arancelarias restrictivas para reducir las exportaciones argentinas sin causa evidente.

No están suficientemente claros, los compromisos previstos en el Capítulo 13° de “cero deforestación para 2030” respecto a si la penalización será globalmente al MERCOSUR o a los países individualmente. Del mismo modo, habría que estudiar el alcance referido a las “contramedidas proporcionales” que podrían tomarse frente a una medida que anule o menoscabe sustancialmente los beneficios del Acuerdo (Art. 78°) para no dejarlo librado al criterio de una de las partes.

En el Capítulo 20° se reconocen 350 indicaciones geográficas europeas con exclusividad por 20 años, cuestión que la Argentina ya está aplicando; aunque sería importante también definir la denominación de origen de un número importante alimentos y especies. Por ejemplo, en materia de pesca, Europa no debería seguir comercializando especies argentinas pescadas en Malvinas por buques españoles, indicando simplemente que proceden del Atlántico Sur, del Mar Austral o Falklands. Es un engaño al consumidor.

Los europeos esperan exportar al MERCOSUR con arancel cero vino, aceite y carne porcina, entre otros y recibir materias primas críticas como litio y cobre, intercambios que parecen muy beneficiosos para esa comunidad y ciertamente perjudicial para la producción regional de Argentina. La Unión Europea se beneficiaría con la exportación de productos industriales y agroalimentarios finales con destino a las góndolas.

Como comentamos todo sujeto a “salvaguardas” que permitirían la suspensión temporal de las importaciones de alimentos, como pescados, crustáceos, moluscos, carne, azúcar, etc. y el carácter de “cuota” y no de libre exportación; ya que las medidas prevén cuotas arancelarias preferenciales (TRQ) de eliminación inmediata o gradual de entre 10 a 15 años para sectores sensibles, lo que hace bastante imprevisible todo a la luz de las referidas “salvaguardas”.

El pescado congelado (por ej. Merluza) se reduciría el arancel del 7/10% a 0% en forma inmediata. Podría ser beneficioso si ello también tiene en cuenta la recepción de productos listo para consumidor congelados, no si solo refiere materias primas para transformar en Europa. Lo mismo ocurre con los calamares que se reducirían a 0% en forma inmediata y, es de esperar que las anillas o rabas de calamar colocados en el Corte Inglés o las bocatas de calamar de la Plaza Mayor de Madrid (mis preferidas) tengan el beneficio del arancel del 0%. Por otra parte, los langostinos, el producto estrella de Argentina, que tiene aranceles del orden del 12% llegaría al 0% en 3 a 5 años. Es mucho tiempo y más aún, con la cuestión de las “salvaguardas”. Por cierto, también hay que terminar con las certificaciones que no son otra cosa que una barrera paraarancelaria. La Argentina deberá jerarquizar la certificación del INIDEP y SENASA. Lo otro, será un buen argumento para las “salvaguardas” o para justificar la suspensión de las exportaciones por el “principio de precaución” europeo.

Este Acuerdo podrá considerarse importante para el sector pesquero si de los 2.000 millones de dólares que en la actualidad exporta se pasará a los 3.000 millones de dólares como producto del mayor valor agregado exportado a la Unión Europea y entre otras cosas reducir en forma “inmediata” los plazos para la exportación de langostinos y, claro está, el gobierno nacional debe terminar con las absurdas retenciones a la exportación.

No es un tema menor la importación de buques desde la Unión Europea y en particular desde España. La Argentina no debe aprobar estas importaciones –como ha ocurrido con los buques de investigación para el INIDEP– cuando tiene una industria naval en condiciones de construir cualquier tipo de buque.

Tampoco se puede dejar pasar por alto la Ley 24.184 de protección y promoción de las inversiones británicas que establece que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte recibirá los mejores beneficios otorgados a terceros países.

La Unión Europea plantea en el Acuerdo cuestiones de trazabilidad y sostenibilidad, pero el Acuerdo debería dejar establecido en forma explícita que los países que lo integran deben abstenerse de explotar los recursos migratorios de Argentina, Brasil y Uruguay y los argentinos en las aguas argentinas de Malvinas.

Es una buena oportunidad para hacer un Acuerdo de beneficio mutuo, no una nueva demostración de que los argentinos miramos a Europa solo como un ejemplo a seguir.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente del Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana (CESPEL). Sitio web: cesarlerena.com.ar.