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SCRAMBLED EGGS

F. Javier Blasco*

Expresión inglesa para denominar lo que en España llamamos huevos revueltos o revuelto de huevos que, a diferencia de una corriente tortilla, conocida en nuestras cocinas como francesa, en la que las partes del huevo se unifican previamente antes de ser cocinadas en la sartén, en este caso, se hace sobre la marcha en un recipiente caliente, sin llegar a ser una pasta unida y fina, sino rugosa, nada compacta, fácil de romperse y en donde se aprecian las partes del huevo bien diferenciadas.

Valga este símil para definir la situación en la que ahora nos encontramos, de forma demasiado generalizada en los aspectos político, económico, social, religioso y también, en las propias relaciones internacionales.

La vida y sus consecuencias en la mayor parte del mundo y en España con alta nota, se han convertido en un totum revolutum donde nada ni casi nadie, cumple con su papel. Se ha dado un vuelco a todo, no hay un gobierno, legislación, estamento, organización internacional, alianza o tratado que cumpla con su deber limpia y concretamente.

Ya son muchos los primeros ministros o presidentes de los gobiernos que incumplen la Ley con toda impunidad; algunos juegan al escondite con sus electorados y otros solo buscan perpetuarse a costa de cualquier mal trato o incluso traicionar al Estado al que representan, a sus ciudadanos o a sus tradiciones.

La arbitrariedad de las acciones de los dictadores o aspirantes a ello, es tan clara y patente, que cada vez va tomando un mayor cariz hacia la perversidad, porque la debilidad de la mal llamada Comunidad Internacional, es cada día mayor por la incompetencia de los mandatarios, la debilidad de las instituciones internacionales o el miedo a meterse en problemas mayores que le puedan acarrear graves consecuencias.

Hemos llegado al cambio y momento en el que se ha hecho una gran realidad aquella famosa expresión “Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même”; «Dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo o por sí mismo», usada por primera vez por el francés Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII, contra el intervencionismo del gobierno en la economía. Pero, en esta ocasión hemos trasladado la teoría y el mensaje a toda actividad interna o externa.

Es como si nada cumpliera su papel, todo está mezclado, nada es compacto y homogéneo. Al contrario, es amorfo, débil y demasiado frágil por lo que en cualquier momento o al menor vaivén, se puede romper en muchos pedazos.

Hace algo más de un año que fuimos testigos de la toma de la cuna de la democracia norteamericana por una turba azuzada por el propio presidente saliente, sin que de momento pase nada, salvo a unas cuantas cabezas de turco, que firmemente le creyeron y se han quedado con la brocha en la mano, mientras les quitaban la escalera en la que alegremente se habían subido por su fanatismo y pocas entendederas.     

Llevamos dos años de pandemia con millones de muertos, los hospitales desbordados y aún quedan cientos de miles, por no decir millones de negacionistas, que con sus teorías tratan de revolverlo todo, parar la economía y llegar a tumbar los pilares más sólidos de la salud mundial, a nada que aumente su poder y se generalice más su presencia.

La economía da unos vaivenes increíbles que arrastran a millones de personas al paro, se cierran miles de empresas cada hora y desaparecen negocios e ilusiones forjados con espíritu y esfuerzo que nunca se volverá a recuperar por mucha ayuda que intentemos insuflar.

Tenemos a gobiernos de manipuladas y tan irreconocibles izquierdas, que negocian y se apoyan con y en los principales enemigos de sus estados, con auténticos asesinos, y reprochan a la oposición que se agrupen para hacerles frente, denunciando la paja en el ojo ajeno y obviando la viga en el propio. 

Las encuestas demoscópicas han perdido todo su valor o se fabrican exprofeso para engañar al incauto, captar al indeciso, comprar voluntades o son tan imprecisas, que no aciertan en sus predicciones; y ahora, tras el fiasco en Portugal, hasta las cambian a los pocos días de celebrarse los comicios, por aquello de asustar al votante o acertar siempre, pase lo que pase en la jornada electoral.

En varias partes del mundo, y en España particularmente, gran parte de los tribunales de Justicia o elementos para el arbitrio de los valores y principios, casi toda la Abogacía del Estado y sin paliativos, la misma fiscalía general andan despistadas, anuladas, compradas o totalmente desnortadas.

Casi todo en ellos, es un trágala indecente, una forma de mirar para otro lado, dejar que pase el chaparrón y no darse por enterado cuando el propio gobierno les pone a parir, no acepta sus decisiones o cambia las leyes para que todo lo que antes era blanco, ahora sea negro para alcanzar un sucio objetivo sin miramientos ni preocupación.   

No hay tiempo para el reproche de la corrupción, cada día más generalizada, que campa a sus aires y nadie la para. Solo persisten aquellos que otrora eran y siguen siendo grandes escándalos sonados e incluso causa o motivo para fundamentar una falsa moción de censura; pero, ahora los nuevos casos, cómo los protagonistas son del otro bando, no suponen la menor crítica ni inquietud en la ciudadanía ni en la mayoría de los medios de comunicación.

Se ofende y se ataca a la Iglesia como si fuera la única responsable de pederastia, abusos de todo tipo o acaparamiento de propiedades y poder; cuando, si bien tiene su gran parte de culpa y ha vivido siglos demasiado bien, no es la única institución que merece un castigo y cierto tipo de revisión por su mala gestión al ocultar determinadas crisis sin parangón.

Hoy en el mundo cualquiera hace demostraciones de fuerza, amenaza al vecino con invadirle o se ríe de la comunidad mundial, sin que le pase nada. La ONU no es ni sombra de lo que fue, un mastodóntico instrumento en manos de un podrido e inoperante CSNU con un inventado derecho de veto para los siete mayores truhanes de la historia.

La OTAN se ha convertido en un club de perros ladradores, que amenazan, amagan, pero que nunca muerden y dispuestos a sacar la bandera blanca a la menor amenaza, porque no tiene capacidades ni voluntad propias y está en manos de los que buscan solventar sus propios problemas e intereses, que cada vez más frecuentemente, están muy lejos de los confines o las ideas de la misma Alianza.

La UE en la arena internacional, ni está ni se le espera; porque no tiene entidad militar suficiente, no hay un líder adecuado o capaz de manejar este cotarro y sólo demuestra algo de valía para cuestiones económicas, aunque a veces se ejecuten sin el debido control y concierto.

Los sátrapas y tiranos del mundo proliferan como las setas; lanzan misiles cada semana; aumentan sus armas nucleares; amenazan al mundo o, la nueva moda; cambian la historia, ofenden al que de siempre era su amigo del alma y ahora, tras más de doscientos años de independencia, le acusan de tirano, explotador y asesino de su propia cultura; cuando, de no haber sido por aquellos, muchos de estos que ahora despotrican, seguirían con taparrabos y comiéndose unos a otros, tal y como siempre fue su historia.

Hay iluminados y fantasiosos que, en busca de popularidad, no dudan en llevar a su país a la bancarrota, le sacan de la UE, le llevan al caos y a la pobreza y además de reírse de sus ciudadanos por tamaña vileza, incumplen sus obligaciones personales en mitad de la pandemia y no les pasa nada más que un simple mal trago, que pronto se pasará como ocurre con todo en este mundo desnortado y dirigido por pequeños cerebros, por incapaces o terroríficos malvados en busca de grandeza.

En fin, el mundo está revuelto, muy revuelto y lo malo de todo esto es que cada día hay más hambre, más diferencias entre la gente y son los bolsillos de los ciudadanos los que pagan estas “grandes proezas” y sus consecuencias, pero, como si fuéramos borregos, ninguno es capaz de poner sus pies en pared y salir a la calle a decir basta ya, esto es un atraco y una gran torpeza.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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DIOS, PATRIA, HOGAR

Santiago González*

¿Una respuesta política nacida desde lo religioso para enfrentar el globalismo financiero y el marxismo cultural?

“Dios, patria, hogar”, proclamaban las leyendas escritas con desafiante pintura negra sobre los paredones encalados del pueblo. A mí y a mis amigos nos causaban gracia y curiosidad, una porque conocíamos a los que las escribían y, a pesar de que ponían cara de malos y usaban tremendo bigote, no nos parecían muy preparados para sostener cualquier desafío, y la otra porque no entendíamos la necesidad de la proclama, tan seguros estábamos de contar con un Dios, una patria y un hogar. Esas seguridades sin embargo iban a durar poco. Casi sin darnos cuenta, entrábamos a la vez a la adolescencia, a la década de 1960 y a una etapa de transformaciones vertiginosas que estremecerían hasta los cimientos esas certidumbres.

¿Cómo podíamos saber, entonces, que Dios sufría desde hacía casi un siglo el ataque encarnizado de la Europa cristiana, y que su muerte ya había sido anunciada como una buena nueva? ¿Cómo podíamos anticipar que la patria sucumbiría bajo la doble agresión de la violencia y el saqueo en las décadas siguientes, las de nuestra juventud y madurez, las décadas en las que la vida para la que nos estábamos preparando debía rendir sus frutos? ¿Cómo podíamos imaginar siquiera que el hogar, la familia, ese reducto último de la certidumbre y el amparo, el lugar del reposo, la alimentación y el abrazo, iba a ser blanco de la metralla que ahora, ante nuestros ojos, hace saltar por el aire sus últimas astillas?

¿Cómo podíamos sospechar que algún día, ante la mirada interrogante de nuestros hijos, sólo íbamos a tener perplejidad y silencio como respuesta?

Evidentemente, nuestros amigos de los bigotazos y el pelo aplastado habían olfateado con la debida anticipación algo que nosotros no percibíamos. Y que tampoco, para ser honestos, queríamos percibir, encandilados unos con la conquista del espacio y los avances tecnológicos que probaban la eficacia del capitalismo, obnubilados otros con la revolución cubana y el Concilio Vaticano II, que señalaban el camino inevitable hacia el socialismo y el hombre nuevo. Ni unos ni otros veíamos en nuestras opciones una amenaza contra Dios, ni contra la patria ni contra el hogar, porque los juzgábamos tan eternos como el agua y el aire, como Borges decía de su ciudad.

Y sin embargo, aquí estamos: sin Dios, con la patria hecha añicos y ya casi sin hogar.

La situación en la que hemos caído es resultado de una combinación de factores tan disímiles, dispersos y azarosos que parecería difícil imaginar una conspiración. Podría decirse que si hay una conspiración su origen no es de este mundo, cosa que movería a risa a algunos, pero que otros tomarían muy en serio, especialmente los que creen en la eficacia operativa del demonio. Sabemos, sin embargo, que hay personas en condiciones materiales e intelectuales de ayudar al azar (o al diablo) y orientar las cosas en determinada dirección. Al fin y al cabo, lo del Nuevo Orden Mundial fue una idea emanada de esas personas y propuesta claramente y con todas las letras, no un invento de las mentalidades conspirativas.

La idea de reordenar el mundo brotó tras la caída del muro de Berlín, que no separaba, como se cree habitualmente, al Occidente capitalista del Este socialista: era en realidad un dique de contención contra los desbordes de uno y otro lado, obligaba a cada bando a preservar una cierta apariencia de virtud. Cuando el hormigón cayó bajo la presión de las multitudes, lo peor del capitalismo se fundió en un abrazo con lo peor del socialismo, con el que mantenía antiguas y documentadas relaciones, y desde entonces vienen marchando juntos hacia la instauración global de una nueva esclavitud, políticamente totalitaria, como siempre imaginaron los comunistas, y económicamente libertaria, como siempre imaginaron los capitalistas.

La tarea no parecía sencilla. ¿Cómo someter nuevamente a la esclavitud a un hombre al que las mismas élites habían ensoñado desde la Revolución Francesa con las ideas de libertad, igualdad y fraternidad? Personas inteligentes, no tardaron en encontrar una solución simple, económica y orwelliana: cambiar el sentido de las palabras.

Los conspiradores, o el mismísimo demonio, procedieron por etapas: en nombre de la libertad comenzaron por separar al hombre de Dios para privarlo del sentido trascendente de la vida, que lo unía en alabanza y oración al conjunto de los demás hombres y de todo lo creado; después se dedicaron a socavar sus vínculos de pertenencia e identidad, especialmente la patria, pero también el terruño o el barrio, la lengua o la música, en aras de una igualdad global e indiferenciada que excede largamente lo social, incapaz de suscitar identificación, pertenencia o lealtad alguna; ahora, a favor de una fraternidad tan inclusiva como estéril, apuntan con la ideología de género contra la familia, bastión último de anclaje y de sentido para un hombre en trance de ser despojado de todas las ligazones y raíces que necesita para desarrollarse y crecer con cierto grado de salud.

Este hombre, así desamparado, perdido y angustiado, el hombre que las mentes más lúcidas de Europa vienen describiendo con un sentido de urgencia cada vez mayor, no sabe cómo enjugar su desesperación: las drogas, la promiscuidad, las experiencias extremas, nada le alcanza para cubrir el vacío al que lo han arrojado las consignas de libertad, igualdad y fraternidad en su versión perversa. Ese hombre está listo y predispuesto para recibir, con alivio de náufrago y agradecimiento perruno, el yugo del esclavo. El yugo, claro está, ya no tiene el perfil grosero del madero o el herraje, sino que llega en el suntuoso envase de la tecnología y la modernidad, tan amable y seductor que le resulta irresistible.

Hablemos también de libertad de mercado y derecho de propiedad, palabras cuyo significado se ha trastocado hasta lo irreconocible. ¿Podemos hablar de libertad de mercado cuando toda la economía capitalista se mueve hacia la concentración, cuando cada vez menos personas deciden sobre áreas cada vez más amplias del comercio, la industria, las finanzas y los servicios, cuando cada vez hay menos espacio para el emprendimiento personal, se trate del ejercicio de las profesiones liberales, o de la simple farmacia, ferretería o almacén de barrio? ¿Podemos hablar de derecho de propiedad, cuando el único derecho de propiedad resguardado es el de los bienes materiales pese a que la persona también es dueña de intangibles como su historia, su patria, su religión, su lengua, sus opiniones e incluso su cuerpo, amenazados todos por el poder de coerción del Estado?

El nuevo orden le recuerda permanentemente al ciudadano su condición de esclavo, cuya supervivencia depende de un amo cuyo rostro ni siquiera conoce, pero al que debe someterse sin chistar si no quiere perder su ciudadanía, que ya no consagra la Constitución, sino una tarjeta de crédito, un alquiler o un abono, puesto que cada vez le resulta más difícil ser propietario de nada. La palabra que mejor define la situación del nuevo esclavo es precariedad: casi nada de su vida está efectivamente bajo su control, todo es transitorio y puede acabarse en cualquier momento, desde el empleo hasta el matrimonio, para usar una palabra realmente anticuada. Especialmente, y uno sospecha que deliberadamente, ya no puede ser propietario de una casa, un cuarto propio, un lugar donde caerse muerto. En cualquier momento puede encontrarse literalmente en la calle.

Sospecho que eso es deliberado, porque hay algo sagrado en la casa propia: Mircea Eliade dice que su construcción replica el gesto creador y fundacional de los dioses, y constituye un eje en torno del cual ordenar el propio mundo y una suerte de eslabón con lo sagrado. En la casa propia, cada hombre funda su propio linaje, y la ocasión suele ser debidamente señalada. Cuando finalizó la construcción del techo de la que sería nuestra casa familiar, mi padre agasajó a constructores y amigos, y en la flamante cumbrera se colocó una rama de pino, según fotografías que pude ver en el álbum familiar. La imposibilidad de tener su propia casa corta el último vínculo del hombre con la divinidad. Asunto que nos lleva de regreso al comienzo de esta nota.

Si se las mira con un poco de atención, todas las acciones del globalismo financiero asociado al marxismo cultural que venimos describiendo son “disolventes”, como decían los militares respecto del accionar de la izquierda: apuntan a romper o desatar todos los vínculos que anudan al hombre con su Dios, con sus compatriotas, con su familia, para dejarlo aislado, inerme e impotente. Esta comprobación tiene la virtud de mostrarnos el camino para hacerles frente: propone un plan de resistencia y un programa de acción. Si el propósito de estos conspiradores (o del demonio, vaya uno a saber) es desligar al hombre de sus referencias trascendentes y existenciales, ¿deberíamos responder reparando esas ligaduras, religándolo? ¿Una respuesta política nacida desde lo religioso? Dios para afianzar una patria, patria para levantar un hogar, hogar para formar hombres y mujeres cabales. No hay abuso de retórica ni tampoco mucha novedad en esto: la Argentina que supo enorgullecernos se hizo en gran medida así.

 

* Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y se inició en la actividad periodística en el diario La Prensa de la capital argentina. Fue redactor de la agencia noticiosa italiana ANSA y de la agencia internacional Reuters, para la que sirvió como corresponsal-editor en México y América central, y posteriormente como director de todos sus servicios en castellano. También dirigió la agencia de noticias argentina DyN, y la sección de información internacional del diario Perfil en su primera época. Contribuyó a la creación y fue secretario de redacción en Atlanta del sitio de noticias CNNenEspañol.com, editorialmente independiente de la señal de televisión del mismo nombre.

 

Publicado originalmente el 01/03/2019 en gaucho malo El sitio de Santiago González https://gauchomalo.com.ar/dios-patria-hogar/

FOCO EN LA SITUACIÓN RUSIA – UCRANIA

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de Clker-Free-Vector-Images en Pixabay 

Los Estados Unidos de América y Rusia han estado recientemente en desacuerdo sobre el tema de Ucrania.

Semanas atrás, los líderes de las dos superpotencias detrás de la situación ucraniana convocaron a una reunión sobre la crisis. Aunque ambos trazaron una línea clara entre ellos durante la reunión, no hicieron ningún compromiso político, lo que demuestra que el juego de ajedrez político que rodea a Ucrania no ha hecho más que empezar.

En lo que fue visto como una conversación “franca y pragmática” por ambas partes, el presidente Putin le dejó en claro al presidente Biden que no estaba satisfecho con la implementación del Acuerdo de Minsk-2 del 11 de febrero de 2015 (que, además de establecer acuerdos de alto el fuego, también reafirmó los arreglos para la futura autonomía de los separatistas prorrusos), ya que la OTAN continúa expandiéndose hacia el este. El presidente Biden, a su vez, señaló que si Rusia se atrevía a invadir Ucrania, los Estados Unidos de América y sus aliados impondrían fuertes “sanciones económicas y otras medidas” para contraatacar, aunque no se consideraron despliegues de tropas estadounidenses en Ucrania.

Aunque ambos jugaron bien sus cartas y acordaron que continuarían negociando en el futuro, las conversaciones no calmaron la situación en la frontera ucraniana y, después de que las dos partes emitieron advertencias civiles y militares mutuas, el desarrollo futuro en la frontera ucraniana sigue siendo muy incierto.

Desde noviembre de 2020, Rusia ha tenido miles de soldados estacionados en la frontera de Ucrania. El tamaño de las fuerzas de combate desplegadas ha puesto bastante nervioso al Estado vecino.

La crisis actual en Ucrania se ha profundizado desde principios de noviembre de 2021. Rusia, sin embargo, ha negado cualquier especulación de que está a punto de invadir Ucrania, enfatizando que el despliegue de tropas en la frontera ruso-ucraniana es puramente con fines defensivos y que nadie debería señalar con el dedo tal despliegue de fuerzas en el territorio de la propia Rusia.

Es obvio que tal declaración no puede convencer a Ucrania: después de la crisis de 2014, cualquier problema en la frontera entre las dos partes atrae la atención y Ucrania todavía tiene conflictos esporádicos con separatistas pro rusos en la parte oriental del país.

En primer lugar, la razón fundamental por la que la disputa entre Estados Unidos y Rusia sobre Ucrania es difícil de resolver es que no hay una posición o espacio razonable en la arquitectura de seguridad europea liderada por Estados Unidos que coincida con la fuerza y el estatus rusos.

En los últimos treinta y dos años, los Estados Unidos de América han excluido por la fuerza cualquier propuesta razonable para establecer una seguridad amplia e inclusiva en Europa y han construido un marco de seguridad europeo posterior a la Guerra Fría que ha aplastado y expulsado a Rusia, al igual que lo hizo la OTAN cuando contuvo a la Unión Soviética en Europa entre 1949 y 1990.

Además, el deseo largamente acariciado de Rusia de integrarse en la “familia europea” e incluso en la “comunidad occidental” a través de la cooperación con los Estados Unidos de América —que, en los días del impotente Yeltsin, no lo consideraba un socio igualitario sino una semicolonia— se ha visto ensombrecido por las acciones resueltas de la OTAN, que se ha expandido hacia el este para elevar aún más su estatus como única superpotencia, al menos en Europa, tras su reciente fracaso en Afganistán.

Mantener una paz duradera después de las grandes guerras (incluida la Guerra Fría) en el siglo XX se basó en tratar al lado derrotado con tolerancia e igualdad en la mesa de negociaciones. Los hechos han demostrado que esto no ha sido tenido en cuenta por la política de los Estados Unidos de América y sus aduladores occidentales. Tratar a Rusia como el perdedor en la Guerra Fría equivale a frustrarla severa y despiadadamente, privándola así de la característica constitutiva más importante del orden de seguridad europeo posterior al corto siglo.

A menos que Rusia reaccione con medios más fuertes, siempre estará en una posición de defensa y nunca de igualdad. Rusia no aceptará ninguna legitimidad por la persistencia de un orden de seguridad europeo que la priva de intereses vitales de seguridad, queriendo convertirla en una especie de protectorado rodeado de bombas nucleares de fabricación estadounidense. La prolongada crisis ucraniana es la última barrera y el eslabón más crucial en la confrontación entre Rusia, los Estados Unidos de América y Occidente. Es una advertencia para aquellos países europeos que en las últimas décadas se han visto privados de una política exterior propia, no solo de obedecer las órdenes de la Casa Blanca.

En segundo lugar, la cuestión ucraniana es un problema estructural importante que afecta a la dirección de la construcción de la seguridad europea y nadie puede permitirse perder en esta crisis.

Si bien Europa puede lograr la unidad, la integridad y la paz duradera, el desafío clave es si realmente puede incorporar a Rusia. Esto depende crucialmente de si la expansión de la OTAN hacia el este se detendrá y si Ucrania podrá resolver estos dos factores clave por sí sola y de forma permanente. La OTAN, que ha seguido expandiéndose en la historia y la realidad, es la amenaza más letal para la seguridad de Rusia. La OTAN continúa debilitando a Rusia y privándola de su condición de Estado europeo y se burla de su estatus como gran potencia. Impedir que la OTAN continúe su expansión hacia el este es probablemente el interés de seguridad más importante no solo de Rusia, sino también de los países europeos sin política exterior propia, pero con pueblos y público que ciertamente no quieren ser arrastrados a una guerra convencional en el continente, en nombre de un país que tiene un océano entre Europa y ella misma como cinturón de seguridad.

La solución factible actual para garantizar una seguridad duradera en Europa es que Ucrania no se una a la OTAN, sino que mantenga un estatus permanente de neutralidad, como Austria, Finlandia, Suecia, Suiza, etc. Este es un requisito previo para que Ucrania preserve su integridad territorial y soberanía en la mayor medida posible, y también es la única solución razonable para resolver el profundo conflicto entre Rusia y los Estados Unidos de América.

Con este fin, Rusia firmó el mencionado Acuerdo de Minsk-2 de 2015. Sin embargo, al observar la evolución de la OTAN en las últimas décadas, podemos ver que no tiene absolutamente ninguna posibilidad de cambiar una política de membresía de “puertas abiertas” bien establecida.

Los Estados Unidos de América y la OTAN no aceptarán la opción de una Ucrania neutral, y el nivel actual de toma de decisiones políticas en el país está dirigido a otros. Por estas razones, Ucrania ahora parece moralmente desmembrada, y tiene un parecido sorprendente con el Berlín dividido y las dos Alemanias anteriores a 1989. Se puede decir que la división de Ucrania es un signo de la nueva división en Europa después de la Primera Guerra Fría, y la construcción de la llamada seguridad europea —o más bien la hegemonía estadounidense— termina con la realidad de una Segunda Guerra Fría entre la OTAN y Rusia. Hay que decir que esto es una tragedia, ya que las consecuencias devastadoras de una guerra serán pagadas por los pueblos de Europa y, ciertamente, no por los de Nueva Inglaterra a California.

En tercer lugar, la naturaleza engañosa de la diplomacia estadounidense-rusa y la miopía de la UE, sin una política exterior propia con respecto a la construcción de su propia seguridad, son las principales razones de la actual falta de confianza mutua entre los Estados Unidos de América —que se basa en el servilismo de la mencionada UE— y Rusia,  aterrorizada por el cerco nuclear en sus fronteras.

Estados Unidos se aprovechó de los profundos problemas de la Unión Soviética y del celo y las políticas de Rusia por el cambio auto infligido en la década de 1990 —de hecho, un punto de inflexión— a expensas de la diplomacia de “compromiso verbal”.

En 1990, en nombre de la Administración del presidente George H. W. Bush, el Secretario de Estado de los Estados Unidos Baker hizo una promesa verbal al entonces líder soviético, Mikhail Gorbachev, de que “después de la reunificación, después de que Alemania permaneciera dentro de la OTAN, la organización no se expandiría hacia el este”. La Administración del Presidente Clinton rechazó esa promesa alegando que era la decisión de su predecesor y que las promesas verbales no eran válidas, pero mientras tanto George H. W. Bush había incorporado a los Estados bálticos a la OTAN.

A mediados de la década de 1990, el Presidente Clinton indirectamente hizo un compromiso verbal con el entonces líder de Rusia, el pusilánime Yeltsin, de respetar la línea roja por la cual la OTAN no debería cruzar las fronteras orientales de los Estados bálticos. Sin embargo, como ya se ha dicho anteriormente, la Administración del presidente George H. W. Bush ya había roto esa promesa al cruzar sus fronteras occidentales. Es lógico pensar que, a los ojos de Rusia, la «diplomacia de compromiso verbal” es con razón sinónimo de fraude e hipocresía que los Estados Unidos de América están acostumbrados a implementar con Rusia. Esta es exactamente la razón por la que Rusia insiste actualmente en que Estados Unidos y la OTAN deben firmar un tratado con ella sobre la neutralidad de Ucrania y la prohibición del despliegue de armas ofensivas (es decir, nucleares) en Ucrania.

Igualmente importante es el hecho de que después de la Primera Guerra Fría, los Estados Unidos de América, con su mentalidad de apresurarse a recoger los frutos de la victoria, atrajeron a 14 países pequeños y medianos al proceso de expansión, causando crisis en las regiones periféricas de Europa y creando ingeniosamente rusofobia en los países de Europa Central, Balcánica y Oriental.

Este completo desprecio por el “concierto de las grandes potencias” —un principio de siglos de antigüedad fundamental para garantizar una seguridad duradera en Europa— y la práctica de “ser prudente y tonto” han llevado artificialmente a una prolongada confrontación entre Rusia y los países europeos, de la misma manera que entre los Estados Unidos de América y Rusia. La antigua tendencia de enfatizar la primacía global de los Estados Unidos de América mediante la creación de crisis y la invención de enemigos reafirma la trágica realidad de su propia emergencia como un peligro para la paz mundial.

Con todo, la crisis de Ucrania es un tema clave para la dirección de la seguridad europea. Estados Unidos no detendrá su expansión hacia el este. Rusia, arrinconada, no tiene otro camino que reaccionar con todas sus fuerzas. Esto anuncia la Segunda Guerra Fría en Europa, la agitación duradera y la posible partición de Ucrania serán su destino inmutable.

El peor de los escenarios será una guerra convencional en el continente entre las tropas de la OTAN y las fuerzas rusas, causando millones y millones de muertos, así como destruyendo ciudades. La guerra será convencional porque Estados Unidos nunca usaría armas nucleares, pero no por la bondad de su corazón, sino por temor a una respuesta rusa que eliminaría el territorio estadounidense del nivel de seguridad de NBC.

Hasta el punto de que echaremos de menos los buenos viejos tiempos del Covid-19.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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